El piano oriental, de Zeina Abirached


Sesión 69 (7 de febrero de 2017)

Zeina Abirached ( 1981-)

El piano oriental/ Zeina Abirached. — Barcelona : Salamandra Graphic, 2016.– 196, [16] p. : principalmente il.

“En esta nueva obra de corte autobiográfico ambientada en el Beirut de los años sesenta, Zeina Abirached se inspira en los desvelos de su bisabuelo por crear un piano ‘bilingüe’ que le permita tocar con el instrumento occidental los cuartos de tono de las melodías orientales.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)

fundacion-tres-culturas

Valoración

Primer cómic que leemos en el grupo de lectura, aunque mejor sería denominarle novela gráfica, o mejor aún biografía/autobiografía gráfica, dado que lo que cuenta la autora en el mismo es la historia de su abuelo mezclada con la suya propia.

Y la experiencia nos ha encantado, pues, sin ser expertas en la materia, nos ha parecido un libro exquisito tanto en el aspecto visual -con sus dibujos exclusivamente en blanco y negro- como en sus contenidos, al mostrarnos lo cerca que pueden estar dos culturas aparentemente contrapuestas en algunos aspectos como es la oriental y la occidental gracias, fundamentalmente, a un idioma universal como es la música y el arte en general.

Si bien al principio puede sentirse cierto desconcierto con la alternancia no muy clara entre la historia del abuelo y la de la nieta -y autora de la obra-, pronto se le va cogiendo el ‘tranquillo’ y se puede disfrutar con tranquilidad de la doble historia de vida y de las imágenes en que se representa, a veces muy ‘orientales’ por el preciosismo del dibujo y la profusión de adornos, y otras de una simplicidad sorprendente por lo mucho que evocan con recursos muy elementales (ver la imagen final, por ejemplo, en la que una simple raya en el horizonte con un pequeño barquito nos hace ‘ver’ el mar desde una ventana de una ciudad de interior como es París; o mirar las imágenes del principio, cuando  los chasquidos que salen de los zapatos de charol del abuelo al andar casi ‘se oyen’).

Mezcla de culturas en la vida del abuelo y su búsqueda para poder expresar con el mismo piano melodías orientales y occidentales, y mezcla de culturas en la vida de la nieta, que desde el principio se mueve entre dos idiomas, el árabe y el francés, y dos paisajes vitales, al fijar finalmente su residencia en París pero volviendo siempre a su Beirut natal.

Muy interesantes también nos han resultado las disquisiciones de la autora en torno al lenguaje, algunas de las cuales pueden verse en las citas del final.

Más cosas que se le dijeron sobre el cómic en la reunión: poético, profundo, historia de la construcción de una identidad, evocador, como una melodía…

En contraposición, también alguna comentó la poca hondura vital que muestra la autora en el cómic, quizá debido a su juventud. Y es que, por ejemplo, habla de las pequeñas ‘discriminaciones’ que sufre por ser una chica árabe -burguesa, no lo olvidemos- en una ciudad occidental pero nada o casi nada menciona la larga guerra civil de su país que asoló su ciudad durante bastante tiempo. O la escasa presencia de las mujeres en la obra. Y en lo personal, y como funcionaria convencida de la importancia de los servicios públicos, no me hizo mucha gracia la triquiñuela del abuelo para faltar a su trabajo oficial…

Pero nos quedamos con lo mucho de positivo que tiene esta novela gráfica y lo mucho que nos ha hecho disfrutar, viendo y sintiendo que el mundo es a la vez uno y múltiple. Y con la idea de que a pesar de que la odisea del abuelo de la autora no llegara a puerto, al no conseguir finalmente que se construyera su piano oriental, esta le había dado un objetivo vital y la oportunidad de viajar a Europa y de conocer a grandes figuras de la música del mundo árabe, lo que bien le valió la pena (“Cuando partas hacia Ítaca / pide que tu camino sea largo / y rico en aventuras y conocimiento…”, como comienza ‘Ítaca‘, el maravilloso poema de Constantin Kaváfis).

Citas

P. 124-124: “Al llegar a Francia tuve que separar mis dos mikados [refiriéndose a sus dos idiomas]. Separar con delicadeza cada palillo sin derribar la estructura

P. 172: “¿Sabes qué decía Fernandel al poeta Miguel Zamacois? ‘Tener acento es hablar de tu país mientras hablas de otra cosa’

Más sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

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