Los libros del verano 2019

Compartimos aquí los nuevos libros que nos hemos planteado leer en el grupo  pues pensamos que son buenas opciones de lectura para el verano. Cada título lleva enlace al registro correspondiente en el catálogo del Centro de Documentación María Zambrano o al de alguna librería en el caso de libros que aún están en proceso de adquisición, y en la mayoría de ellos se da acceso también a información y/o a alguna crítica de los mismos aparecida en distintos medios.

Comenzamos con libros de jóvenes narradoras andaluzas o residentes en Andalucía sobresalientes:

De otras escritoras españolas actuales:

De clásicas españolas:

  • El sur (2014), de Adelaida García Morales
  • La insolación (2007), de Carmen Laforet [según algunas críticas está a la altura de ‘Nada‘, ya leído por el grupo]

De escritoras extranjeras actuales:

De escritoras extranjeras clásicas:

Más recomendaciones de lecturas estivales podéis encontrarlas en las guías del verano del Centro de Documentación.

Esperamos que estas propuestas contribuyan a que paséis un feliz verano 2019.

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Vídeo

Nuestras canciones del verano 2019: ‘Lost of you’ y ‘Halo’, por LP (Laura Pergolizzi)

Este año celebramos conjuntamente el verano y el Día Internacional del Orgullo LGBTI con la compositora y cantante norteamericana Laura Pergolizzi, más conocida por LP – su nombre comercial- y su gran éxito ‘Lost of you‘:

Según algunos medios, se trata de la cantante lesbiana más de moda, cosa nada extraña dada su brillantez, también en su labor compositora para cantantes como Cher, Rihanna o Beyonce.

Y como la celebración es doble y hemos nombrado a Beyonce, ampliamos a dos el número de canciones de este verano con esta versión de ‘Halo‘, canción que conocemos por la popular cantante norteamericana y en cuya composición parece que intervino nuestra singular artista del verano:

¿Impresionante, no?

Y nada más, solo desearos un feliz y reivindicativo Día del Orgullo LGBTI, preludio de un estupendo verano, para cuyo disfrute próximamente incluiremos una entrada en el blog de lecturas que recomendamos para las fechas estivales.

 

En un café, de Mary Lavin

Sesión 90 (12 de junio de 2019) Mary Lavin (Massachusetts, Estados Unidos, 1912- Irlanda, 1996)

En un café / Mary Lavin– Madrid : Errata Naturae, 2018.– 420 p.

“… Una de las certezas que tenemos al leer esta reunión de historias es que, todas juntas, forman casi una cosmogonía, la novela de una vida, de una familia, de un país. Y pese a estar muy arraigadas en la sociedad irlandesa de su tiempo, trascienden la época y el lugar, pues se ocupan de temas centrales, y desde perspectivas por las que no pasa el tiempo: el amor, el desamor, la familia, la maternidad, la emigración, los tabús…”

Más información y primeras páginas en la web de Errata Naturae.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el
Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Conjunto de relatos, algunos de ellos deslumbrantes, entre los que yo destacaría especialmente Tom (páginas 87-110), Una historia con estructura (p. 277-306) y El hijo de la viuda (307-322), y quizá también En un café (p. 253-276), y algún otro de cuya lectura quizá podría prescindirse si se tiene poco tiempo, como por ejemplo La escapadita, si bien esto es una opinión personal.

¿Qué opinó el grupo? Pues a la mayoría le encantó todo el libro y a las menos les pasó como a mí, si bien seguramente los ejemplos de relatos que les habían interesado más y menos pueden diferir de mis gustos, al menos en parte.

Más cosas que se dijeron del libro, además de la excelencia de la traducción, es que los relatos sugieren muy bien el ambiente rural de la Irlanda de la época, con personajes muchas veces un poco oscuros, tristes, pesimistas, con peso importante de prejuicios y de la religión, en contraste con la belleza y luminosidad del paisaje; la presencia de la emigración transatlántica, tan importante en este país en aquellos tiempos; lo bien que muestra la condición humana, los sentimientos de los personajes, su ‘trastienda emocional’, y los ‘recovecos’ de las relaciones humanas; la importancia del tejido de lo cotidiano, en el que circunstancias o episodios que en principio pueden parecer anecdóticos cobran gran importancia. Además de esto, una compañera comentó que, si bien pensaba que los relatos eran magníficos, a la vez le habían parecido tremendamente misóginos, y es cierto que se podría decir que en general los personajes femeninos son tratados con menos simpatía que los masculinos.

Y lo que quizá se podría destacar por encima de todo es que la autora monta la mayoría de las historias sin apenas trama, sin la típica estructura argumental de introducción, nudo y deslace, tan explotada ya en la literatura y a la que se acogen tantos best-sellers o aspirantes a ello. Por cierto que la propia escritora hace mención al tema en Una historia sin estructura, sobre la que recomiendo encarecidamente leer la cita de las páginas 280 a 282 que va abajo en la que uno de los personajes achaca a la escasez de argumento de la literatura hecha por mujeres la falta de interés de los hombres por la misma. Y como ejemplo de esta falta de argumento al uso citaría el relato titulado En un café. También es especialmente interesante la inclusión de la presencia de propia autora en algunos de los relatos: indirectamente en Una historia sin estructura y de forma expresa en El hijo de la viuda, para mí los mejores de un libro que, a pesar de lo dicho, no dudo en calificar en general como espléndido.

Citas

P. 90: … Cada vez que pienso en lo que significa ser joven, mi mente se inunda de imágenes de un chiquillo, un chiquillo corriendo por tierras despobladas bajo un cielo plagado de pájaros. Mi padre hizo míos sus recuerdos.

P. 95-96: … mi padre nunca se sintió en la obligación de escribir igual una palabra en la misma frase, no digamos ya en la misma página. Era como si tuviera la sensación de que podía darles un significado nuevo a las palabras con cada grafía, o, al menos, una inflexión distinta. Era como si para él cada letra poseyera un atributo visual y pudiera transmitir un mensaje más allá de las simples palabras. Cuántas veces no lo vi echarse hacia atrás después de redactar laboriosamente una carta, igual que un pintor se alejaría del caballete, y, agarrando la pluma, salpicar la página de nuevo, poniendo el punto de una i o el palito de una te, añadiendo eses y haches o duplicando una ele o un ce a una velocidad vertiginosa hasta que consideraba que había dotado la composición de un efecto más potente.

P. 122: Es muy lista, ¿verdad que sí? -comentó la chica, con un tono de voz en el que tuvo la precaución de combinar notas de envidia y lisonja, como un buen agricultor mezcla la hierba cuando prepara un prado.

P. 161: … Pero tampoco sabía que una mentira podía adoptar toda clase de formas, y que se podía decir una sin abrir siquiera la boca.

P. 253: No hacía mucho que había descubierto el local, y se dejaba caer con frecuencia, cada vez que estaba en Dublín. Ahora odiaba cualquier otro sitio. Para empezar, porque sabia que era muy poco probable que hubiera puesto un pie allí si Richard aún viviera. Y esta certeza contribuía a devolverle una ilusión de la identidad que por propia voluntad perdió al casarse, pero perdió por partida doble, y en contra de su voluntad, al enviudar.

P. 257: Y si no podía recordarlo, a voluntad, ¿qué significaba el tiempo? ¿Para qué servía haber vivido el pasado, si desaparecía por completo detrás de nosotros?

P. 259: Ya sé, ya sé. Al final te toca decir lo que se espera de ti, y te sientes degradada.

P. 277: A la mesa estaban saliéndole ampollas, los cercos azules y húmedos de los vasos que la gente iba soltando sin cuidado…

P. 280-282: … Lo único que hago es darle mi opinión … Y lo que pienso, si me permite que se lo diga sin rodeos, es que sus cuentos, en su forma actual, por muy buenos que sean, nunca atraerán a un hombre. Puede que atraigan a las mujeres. Pro nunca atraerán a los hombres. Un hombre leería una o dos páginas de su trabajo y lo desecharía. Porque -hizo una pausa-, porque un hombre busca algo con un poquito de sustancia, ¿sabe lo que quiero decir? Un hombre busca algo más denso, no sé si me explico.

-Sus cuentos, por el contrario, son muy flojos. No tienen apenas argumento…

-Y los finales -prosiguió-. ¡Sus finales son malísimos! No son finales. ¿Sus cuentos se interrumpen a medias! ¿Puedo preguntarle por qué?
Me temo que esbocé una sonrisa desdeñosa.
-La vida tiene muy poco argumento -contesté-. La vida normalmente se interrumpe a medias.

-Mi consejo es que les dé más forma sus cuentos, más argumento; ¡deles una esturctura, por así decir!
-¡Pero eso sería distorsionar la verdad! -protesté, con intención de desarrollar una respuesta.
-¿Por qué dice eso? -exclamó, cortándome-. Puede que haya veces en que la vida parece carente de forma, que nuestras acciones no tengan nada que ver unas con otras, pero igualmente hay miles de veces en que los incidentes de la vida no solo manifiestan una estructura, ¡sino que esta estructura está tan clara y bien marcada como el diseño de esta alfombra!

P. 312-313: De modo que, tal vez, si os cuento lo que creo que podría haber pasado si Packy hubiera matado a la vieja gallina clueca, no me acusaréis de abusar de mis privilegios de escritora. Como conocedora que soy del arte de narrar sin tomar notas, no apelo más ahora a vuestra credulidad que cuando os he contado en primer lugar lo que pasó.
De hecho, algunas veces es más fácil inventar que recordar con detalle, y, de no ser así, tanto el arte de narrar como el arte de chismorrear se marchitarían en un instante.

P. 321: … Y es posible que su versión de la historia, la de ellos, tenga cierta dosis de verdad. Quizá muchas de nuestras acciones posean esa cualidad doble, esa posibilidad de alternativa, y solo mediante una minuciosa observación y una sinceridad absoluta sigamos el camino que se nos destina, que, por muy trágico que sea, resulta mejor que la tragedia que nos buscamos nosotros solos.

P. 332: Se miró las delgadas manos, con las uñas partidas, y una fina urdimbre de líneas marcadas por la suciedad. Y entretanto los demás la miraron a ella. Miraron a aquella hermana, la más joven de todos, y sintieron un escalofrío en el momento en que identificaron su propia decadencia en la de ella.

P. 334: Irán diciendo que ha habido discrepancias con respecto al testamento -dijo Nonny, que al menos conservaba un rasgo de juventud: la excesiva susceptibilidad.

P. 336:… La vida era igual en las tinieblas y a la luz. Era igual para la solterona y para la desliñada madre de familia. Siempre eras tú misma, independientemente de donde fuera o lo que hicieras…

Más sobre el libro

Más libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

De esta autora solo contamos con el lote para grupos de lectura y con el ejemplar de sala del título que nos ocupa pues por el momento no hay más libros de la misma editados en castellano.

Concha Méndez: memorias habladas, memorias armadas, de Paloma Ulacia Altolaguirre

Sesión 89 (14 de mayo de 2019)Concha Méndez (Madrid, 1898- México, 1986)

Concha Méndez: memorias habladas, memorias armadas / Paloma Ulacia Altolaguirre; presentación de María Zambrano. — Sevilla : Renacimiento, 2018.– 208 p.

“La poeta Concha Méndez (1898-1986) fue una personalidad muy dinámica que con su energía y su creatividad destacó en varios de los capítulos más emblemáticos de la vida cultural española del siglo XX. Novia de Luis Buñuel, amiga de Maruja Mallo y Salvador Dalí, discípula de Rafael Alberti y Federico García Lorca, ella fue una figura muy conspicua en el mundo de la vanguardia artística de los años veinte, mientras que en los años treinta, coincidiendo con su matrimonio con Manuel Altolaguirre, entró a formar parte de la generación del 27, colaborando con su marido en la edición de revistas tan importantes como Héroe, 1616 y Caballo verde para la poesía. Sin embargo, si la vida de Concha Méndez merece ser recordada no es tanto por su amistad con tal o cual figura famosa, sino más bien por su propia historia de emancipación. Una historia de independencia ejemplar que en estas Memorias habladas es recogida con gran afecto, pero también con mucha gracia, por su nieta Paloma Ulacia Altolaguirre, al armar el relato de cómo su abuela fue liberándose de los tabúes del mundo en que había nacido para ir creando poco a poco –en poesía, pero también en teatro– un mundo propio, a la altura de su experiencia y a la medida de sus deseos.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

“Uno nace para cumplir un destino determinado y la vida se encarga de ir poniendo a nuestro paso circunstancias y gentes que nos ayudan a cumplirlo…”, dice Concha Méndez al principio del capítulo III de estas preciosas memorias. Y desde luego que ella cumple su destino de poeta -y dramaturga- y persona fundamental del mundillo cultural de su época a pesar de las dificultades que tuvo que afrontar para ello.

Todas las componentes del grupo estuvimos de acuerdo en la reunión al respecto. Y, como más o menos vino a decir una compañera, cuando comenzamos a leer los distintos recuerdos vertidos en las memorias es como si abriéramos botes de deliciosa mermelada; esta compañera destacó, además, la exquisita presentación de la obra de la mano de María Zambrano, la filósofa que da nombre a nuestro Centro de Documentación que también sufrió el exilio americano, al igual que Concha Méndez.

También se dijo en la reunión que las menciones en el libro a la Guerra Civil española nos habían recordado ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún, otro libro fundamental que tuvimos la ocasión de leer en el grupo hace un tiempo de una autora que compartió con Concha Mendéz muchas vivencias, como puede ser su participación en el Lyceum Club Femenino de Madrid o la experiencia del exilio republicano.

Esto me lleva a mencionar la magnífica labor de recuperación que está realizando la editorial sevillana Renacimiento de obras de autoras españolas esenciales del siglo pasado no suficientemente conocidas y/o valoradas todavía, como son el libro que nos ocupa y el de Elena Fortún mencionado en el párrafo anterior. Con un cuidado de la estética que hace sus ediciones aún más atractivas.

Un libro, pues, de lectura imprescindible que nos acerca a nuestra historia reciente de la mano de esta ‘sinsombrero‘, una mujer fuerte, valiente, rebelde, resiliente, divertida, sensible, solidaria, intuitiva, moderna, libre… que, además, supo rodearse de lo más granado de la época y los lugares que le tocó vivir.

Y como muestra de ello, aquí compartimos unas citas de la obra para abrir boca…

Citas

P. 7-8 [de la Presentación de María Zambrano]: La risa y el misterio juntos era siempre ella. Se esperaba que dijese más cuando ya lo había dicho todo. Era una mujer con arrojo y también con algo de misterio que no conseguía del todo ocultar.

Había mucha alegría, mucha inventiva, mucho hacer algo maravilloso sin nada, que es el arte supremo.

P. 14-15 [del Prólogo de Paloma Ulacía Altolaguirre]: … Después de la guerra se quedó al margen, desilusionada de todo. Al reflexionar sobre la guerra misma, comprendió que los españoles habían sido víctimas de una trampa impuesta por el exterior, que bajo pretexto de defender ideales se habían asesinado entre hermanos, amigos y vecinos. Sumada a esta desesperanza, a esta tristeza por haber visto tanta muerte, estaba la misoginia de sus contemporáneos…

Los exiliados, sobre todo los hombres porque las mujeres se asimilaron a la vida cotidiana, siguieron con sus antiguos pleitos entre partidos políticos, en tertulias, en cafés; continuaron siendo víctimas de las ideologías, tan intransigentes como lo fueron durante la guerra, aunque en el exilio sin que el exterior les facilitara las armas para matarse. Y Concha Méndez estaba en contra de cualquier discusión política que atentara contra la integridad moral y física de las personas. La guerra le dio esa lección. Desilusionada de la humanidad asumió su exilio con dignidad, adaptándose a su nueva realidad…

P. 16: … pasé mi adolescencia viendo gente que llegaba a nuestra casa a visitarla para preguntarle sobre sus contemporáneos. No recuerdo que fuera nadie a preguntarle quién era ella.

P. 17: Con el tiempo comprendí que lo que le interesaba era subrayar que a pesar del sufrimiento había vivido como quiso vivir y que, por lo tanto, no cambiaría su destino por otro ni por el de nadie más…

P. 24: … Recuerdo la visita de un amigo de mis padres. Al presentarnos al señor, éste preguntó a mis hermanos: «Pequeños, ¿qué queréis ser de mayores?». No recuerdo lo que contestarían, pero viendo a a mí no me preguntaba nada, teniendo toda la cabeza llena de sueños, me le acerqué y le dije: «Yo voy a ser capitán de barco». «Las niñas no son nada», me contestó…

P. 25: … A nosotras, las niñas, nos enseñaban en la escuela materias distintas a las que aprendían los niños; a ellos ellos los preparaban para que después siguieran estudios superiores; nosotras, en cambio, recibíamos cursos de aseo, economía doméstica, labores manuales y otras cosas que nos harían pasar de colegialas a esposas, mujeres de sociedad, madres de familia…

P. 32: Pienso sólo en contar anécdotas y no en buscar una interpretación de mi vida. La autobiografía la dejo para las personas mayores. Y es que me olvido que soy vieja. Sólo cuando miro mi cuerpo recuerdo que tengo edad; pero hace muchos años que no me miro al espejo y así vuelvo a mi juventud…

P. 38: Tengo un concepto de la vida extraño, bueno, no es extraño, es mío. Creo que no es concepto, es algo que he aprendido viviendo. La vida es un camino…

P. 40: … Copiaba reproducciones de cuadros, que transformaba cambiando la posición de las cosas, la dimensión, los colores; mientras pintaba, cantaba. De todos los cuadros que hice, mi familia no guardó ninguno: creían que, por haber sido pintados por una mujer, no tenían valor; en realidad, no lo tenían, pero era doloroso el desaliento de mi medio ambiente.

P. 42: … Al soñar, no dejamos de vivir; en el sueño llevamos una vida enteramente surrealista. Hay personas, como yo, que tenemos el inconsciente muy cerca, y en la vigilia nos comportamos como si estuviéramos soñando… Buñuel… en París… le pasó lo que, a cualquiera, al encontrarse libre: se descubrió…

P. 43:… Lo que yo quería era viajar. La mayoría era dada a las mujeres a los veinticinco años; la tenía y era tiempo de emanciparme de la familia y del medio. Sin embargo, para liberarme me hacía falta una preparación, primero descubrirme, para luego entrar con solidez en las nuevas aventuras. Empecé interesándome por la política y poniendo en duda todos los aspectos de mundo en el que me había movido hasta entonces. La gente que me rodeaban la había conocido en los bailes, jugando al tenis, o en las corridas de toros. Todos estos amigos se resumían en el aforismo de Balzac: «La vida elegante es el arte de no hacer nada». Deseaban solo vagar y divertirse. Tenían educación para el trato y las buenas costumbres, porque en la escuela nos preparaban para hacer un buen papel en la sociedad. Maruja Mallo, que proponía liberar las reacciones primarias, la espontaneidad, decía que todos esos buenos tratos y buenas costumbres no eran más que mala educación,. Decía que el colegio nos condicionaba a ser unos hipócritas.

P. 45: … Me hubiera gustado ir a la Universidad. Un día acudí de oyente a un curso de literatura geográfica… Volví muy contenta a casa. Entré. Mi madre hablaba por teléfono y me llamó: «Venga usted aquí. Al acercarme, me dio con la bocina en la cabeza. Me dio porque se había enterado por un hermano de mi presencia en la universidad. Me abrió la sien y me salió un chorro de sangre; del golpe sentí que se me había ido Dios a quién sabe dónde…Ya era mayor de edad y pisar la universidad era imposible.

P. 48: … había conocido a la pintora Maruja Mallo y empecé a salir con ella por Madrid. Íbamos por los barrios bajos, o por los altos, y fue entonces que inauguramos un gesto tan simple como quitarse el sobrero…

P. 49-50: En 1926 se fundó en Madrid el Liceo Club Femenino. Era una asociación de señoras que se preocupaban por ayudar a las mujeres de pocos recursos, creando guarderías y otras cosas. Pero sobre todo era un centro cultural con bibliotecas y un salón para espectáculos y conferencias. Yo fui una de las fundadoras… Dentro de las conferencias que organizamos, una vez invitamos a Benavente, que se negó a ir, inaugurando como disculpa una frase célebre del lenguaje cotidiano: «¿Cómo quieren que vaya a dar una conferencia a tontas y a locas?»…

P. 53: … Maruja me pintó un cuadro precioso. Estaba envuelta en un mantón de Manila y reclinada en un sillón; a mis pies, libros con portadas de colores y a mis espaldas, una terraza con fondo de cipreses..

P. 60: Algunas veces nos acompañaban los hermanos sordomudos de Pilar [Zubiaurre]. Me entendía mejor con el que estaba soltero. Por medio de gestos, de mímica, me explicaba que el interior del hombre es un laberinto, una serie de habitaciones, por las que se tiene que pasar primero una, luego otra, y así, igual que las muñecas rusas, se va destapando el interior, los años, el pasado; expresaba cosas muy profundas. A su lado me sentía en una película muda.

P. 95-96: Nuestra vida [de Manuel Altolaguirre, su esposo, y ella] era sedentaria pero rica, porque no hay mejor manera de leer poesía que dejando caer las letras, una a una, sobre la plancha.
Ya dije que alrededor de nuestro trabajo estaban nuestros amigos que iban a ver las impresiones todos los días. Estoy segura de que fue fundamental el trabajo editorial que Altolaguirre empezó con Emilio Prados en la revista Litoral, y que después continuó conmigo, para que el grupo de amigos llegara a formarse como Generación del 27…
Editábamos sólo poesía, porque Manolo y yo trabajábamos solos en la imprenta, nos hubiera sido imposible incluir ensayos o cuentos. Él era el tipógrafo y yo, vestida de mecánico, la fuerza que hacía girar la imprenta…

P. 103-105: … Por lo visto, España fue utilizada para discutir y plantear problemas ajenos a ella. Por un lado, los nazis habían comprado a los militares encabezados por Franco, y por otro, se infiltró la ideología estalinista. Ellos pelearon entre sí y a nosotros no confundieron. Los españoles peleaban entre hermanos y todos perdimos, en ambos lados se cometieron horrores e injusticias…
Habíamos citado a unas personas en el café de la Granja del Hernar y mientras los estábamos esperando, cayó una bomba en la Cibeles. Aquel estruendo creó tal terror entre la gente que el café se vació y todos salimos corriendo… Ese mismo día se empezó a escuchar una voz salida de no sé dónde, de un altavoz oculto en la ciudad, una voz que decía: «¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!». Después esa misma voz se empezó a propagar la radio y por todas partes… Cuando se pasaba enfrente de las embajadas de Alemania y d Italia, desde adentro del edificio disparaban a quien cayera, a cualquiera que pasara, para provocar desorden y terror. Lo mismo sucedía en las iglesias, los curas con un fusil tiraban a la gente que pasara por la calle…
Los anarquistas hacían unos desastre terribles en las casas; entraban en todas aquellas que parecían tener algo de valor, saqueándolas y aterrizando a las familias… En cambio, los comunistas eran más ambles. Estábamos aterrorizados…

P. 112: … Al llegar a Haití, tuvimos que bajarnos del barco y ver aquella isla, con sus perros famélicos … Y luego, en el mercado los vendedores no tenían cambio … porque la miseria era tan grande que nunca vendían nada … Y como contraste, se veían los potentado por la calle, todos muy bien vestidos en lino blanco, pasaban indiferentes antes esa realidad de la que eran culpables.

P. 138-139: … Fue pasando el tiempo sin nada importante en mi vida hasta que un día Manolo salió de viaje a Madrid y a París… Ya dije que aunque no vivía con nosotros, todas las mañanas de todos los días venía a vernos… Un día antes de que saliera de viaje, vino a despedirse y salí a acompañarle a la puerta. Subió al coche y detrás de los cristales me dijo adiós con la mano: «Adiós». Aquel gesto con los dedos me recordó un sueño que tuve sobre mi madre poco antes de que muriera. Soñé que mi hermana y yo íbamos con ella viajando en un vagón de tercera. Cuando llegamos a la estación, descienden ellas y yo me quedo para bajar el equipaje; ya en el andén, veo que mi madre desaparece y aparece en un vagón de primera, diciéndome, tras un vidrio, con un gesto de mano: «Adiós». Aquel adiós de Manolo me horrorizó. A los veinte días recibimos la noticia telefónica de que se había accidentado en un automóvil viajando por España. La mujer con la que iba murió instantáneamente y él quedó mal herido… Mi marido muerte el 27 de julio, el día de mi cumpleaños.

P. 152-154: Si de volver se tratara, volvería siempre a los recuerdos de infancia. Pero ahora voy a hablar de mi juventud, de un viaje que hice a una región de España que se llama Las Hurdes. Viajé a aquella región …. acompañando a una de las doncellas que trabajaban en casa.
Aquel viaje me transformó el mundo, me abrió a la realidad de las doncellas, aquellas que nos servían, que sabían todo acerca de nosotros, mientras que nosotros desconocíamos su origen, la miseria y la cueva en la que habían nacido. Y al conocer la injusticia, me volví mejor.

P. 147-148: Caí. Decía que caí en una depresión. Me tendí en la cama para morir… Llegó mi hija,. No, fue mi nieto mayor, que me agarró por los hombres, y con mi voz sin peso le dije: «Me he suicidado» … Finalmente fui a parar a la sección psiquiátrica del Sanatorio Español. Me vaciaron el estómago … Empezaron a dosificarme el antidepresivo y me sentí mejor. Cuando apareció en las librarías mi Antología poética … y me llevaron al sanatorio el libro comprendí que mi vida estaba llena de estímulos y me dieron gana de vivir.
Aquel placer de volver a la vida se contrataba con el sufrimiento de las personas que conocí en el psiquiátrico. Conocí a muchas mujeres, porque mi temperamento atrae a los infelices y a los introvertidos que quieren contar su vida. Con cualquier persona puedo hablar; siento el mismo interés por la vida de mi lavandera, que por la vida de la señora de negocios que se instala durante el verano en un pabellón de lujo del hospital psiquiátrico… Al mes volví a casa. Y debe de haber sido la misma voluntad del destino que me impidió morir la que me hizo ver lo que hacía años no veía. Cuando se llega a viejo se tiene la necesidad de levantarse en la madrugada para ir al baño, yo me levanté la noche de mi llegada y vi un amanecer precioso y de cerca el jardín. Por todo esto que veía, me entró de golpe una gana de continuar, un anhelo de vida, una alegría por despertar cada mañana.

P. 154: … Ahora quiero citar un poema que publiqué en Buenos Aires porque representa un estado de ánimo frecuente en mí:

Al nacer cada mañana,
me pongo un corazón nuevo
que me entra por la ventana…

Más sobre el libro

Libros relacionados con la autora disponibles en nuestro Centro de Documentación

Pulsar en el siguiente enlace.

 

Vídeo

‘La culpa’ de las Cadiwoman en el Día de la Madre 2019

En los pasados carnavales gaditanos las geniales Cadiwoman dedicaron una canción a las madres que, como podéis ver, comienza diciendo “La culpa, pa fuera…”

Poco se parecen estas madres a la imagen de beatitud de las mismas dada en la campaña comercial en torno al Día de la Madre de este año de unos conocidos grandes almacenes…

Esperamos que disfrutéis con el vídeo, sobre todo las madres, que para eso ha sido vuestro día.

Y por si os habéis quedado con ganas de más, aquí tenéis el repertorio completo de las ‘Las Femme Fatale, de bar en peor’, que así han llamado las Cadiwoman a su chirigota este año.

Como dicen ellas, mea culpa.

Día del Libro 2019: 5 obras, 5 autoras del mundo

Celebramos la semana del Día del Libro difundiendo en redes sociales 5 de los libros leídos por nuestro grupo de lectura de autoras de diversos orígenes geográficos, uno por cada uno de los días laborables de la semana.

Comenzamos el lunes 22 con ‘Farándula‘, de la española Marta Sanz, novela sobre el mundo del teatro como metáfora de la sociedad y sus cambios en nuestro país. El Centro de Documentación cuenta con casi toda la producción editorial de esta autora ya que es especialmente interesante desde el punto de vista de género por ser un tema muy presente en su obra y en su labor docente y como articulista en prensa.

Por proximidad geográfica continuamos el martes 23, Día del Libro propiamente dicho, con la escritora portuguesa Lídia Jorge y su libro de relatos ‘Los tiempos del esplendor‘, cuyo lote nos donó la Fundación Tres Culturas. Con ello tuvimos acceso a una autora sumamente grata e inteligente, de un país tan cercano al nuestro pero al que seguramente no prestamos la atención que merece. Especialmente interesante resulta, pienso, el acercamiento de muchas de sus narraciones al mundo de las colonias portuguesas y esa forma tan sutil de dejar abierta la interpretación de sus relatos a la imaginación de quienes los leen. Además del lote referido, en el Centro de Documentación contamos con otras obras de la autora.

El miércoles 23 le tocó el turno a ‘Nada crece a la luz de la luna‘, de la noruega Toborg Nedreaas, una novela que muestra los estragos de la pobreza y del amor romático de una autora de gran reconocimiento en su ámbito geográfico y que en nuestro país ha cobrado nueva actualidad dos años después de la edición del libro en castellano por ser citado en ‘Poder y gloria’, la última película de Almodóvar.

El jueves 24, con ‘Sueños desde el umbral: memorias de una niña de harén‘, de Fatema Mernissi, nos acercamos a Marruecos, un país de otro continente tan cercano y lejano a la vez. Resulta una delicia leer esta autobiografía novelada y comprobar cómo nuestras ancestras han luchado porque las mujeres alcancemos los mismos derechos que los hombres incluso en culturas tan patriarcales, en general, como la árabe. De esta autora, quien fuera profesora universitaria y figura de gran relevancia intelectual en el mundo árabe y cuya labor dedicó casi en exclusiva a la condición femenina en las sociedades musulmanas, contamos en el Centro de Documentación con todas sus obras editadas en castelano.

Y finalizamos el viernes 26 dando el salto a América con ‘Apegos feroces‘, otra magnífica autobiografía, en esta ocasión de la neoyorquina Vivian Gornick, periodista, escritora y activista feminista estadounidense considerada una de las voces más destacadas en los años 70 de la segunda ola feminista de Estados Unidos. Esta obra, que narra la a veces complicada relación de la autora con su madre con la ciudad de Nueva York como fondo, ha tenido su continuación natural con ‘La mujer singular y la ciudad‘, de edición reciente en nuestro país.

Con esta pequeña panorámica de libros de escritoras del mundo hemos pretendido hacerles un homenaje por lo mucho que nos han hecho aprender y disfrutar, además de contribuir a la difusión que tan interesantes obras merecen.

Con la ventaja añadida de que de todos los libros citados el Centro de Documentación cuenta con lotes de 20 ejemplares a disposición del grupo de lectura que desee solicitarlos en préstamo.

Para esto -y mil cosas más- servimos las Bibliotecas 😉

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Madre de leche y miel, de Najat El Hachmi

Sesión 88 (2 de abril de 2019)Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979-)

Madre de leche y miel / Najat El Hachmi– Barcelona : Destino, 2018.– 380 p.

“Madre de leche y miel narra en primera persona la historia de una mujer musulmana del Rif, Fátima, que ya adulta, casada y madre, deja atrás a su familia y el pueblo donde ha vivido siempre, y emigra con su hija a Cataluña, donde lucha para tirar adelante. En esta historia se narran las dificultades de esta inmigrante, además del desajuste entre todo lo que ha vivido hasta ahora, y en lo que creía, y este nuevo mundo. También se narra su lucha para tirar adelante y dar un futuro a su hija. Articulada como un relato oral en que Fátima vuelve al cabo de los años de visita a la casa familiar y cuenta a sus siete hermanas todo lo que ha vivido.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)fundacion-tres-culturas

Valoración

A esta autora tuvimos el placer de conocerla en persona en la Fundación Tres Culturas, donde vino invitada por el club de lectura de su Biblioteca [fotos de recuerdo al final de la entrada]. Allí nos enteramos, por ejemplo, de que escribe en catalán y de que por ahora no ha sido ella quien se ha encargado de las versiones en castellano de sus obras.

Respecto a este libro en concreto, hubo división de opiniones en la reunión de nuestro grupo de lectura. Aunque la obra nos había interesado en general por sus personajes principales y su temática, a algunas se nos había hecho un poco pesada y pensábamos que se podría haber aligerado de algunas páginas. Algo difícil, quizá, dado el estilo de relato ‘oral’ en los capítulos en que Fatima, la madre marroquí protagonista de la historia, le cuenta a sus hermanas las vicisitudes pasadas y cómo consiguió salir adelante en Cataluña, donde había emigrado con su hija pequeña desde el Rif en busca de un marido que se había ido anteriormente allí y que no daba señales de vida. Para tan largo viaje Fatima apenas contaba con medios materiales ni humanos ya que, por ejemplo, era analfabeta y no tenía conocimiento alguno de la lengua y la cultura del lugar de destino.

En cualquier caso, decir que la obra refleja muy bien la difícil vida a la que se enfrentan en el país de acogida (!?) las personas inmigrantes, más cuando estas son mujeres, sin formación ni contactos, y para colmo son árabes, es decir, de una cultura muy diferente a la nuestra aunque geográficamente apenas haya distancia entre nuestros respectivos países. Por señalar algo ventajoso para las mujeres en esta situación, decir que aquí pueden gozar de más libertad que en su país de origen, de cultura más acusadamente patriarcal, por decirlo suavemente. Por ejemplo, la protagonista de la novela consigue finalmente un trabajo medianamente aceptable en una fábrica y con ello una autonomía económica que, seguramente, no habría conseguido en su tierra, si bien hasta llegar a una situación laboral digna antes tiene que pasar por gran cantidad de trabajos precarios. Curioso, por cierto, que al final decida irse de la fábrica cuando a la misma van llegando trabajadores árabes, por los que se siente observada y ‘controlada’, tal como lo sería en su propio país.

En la primera parte de narración, que transcurre en Rif, es muy bonito ver las tiernas relaciones familiares entre hijas, madres y abuelas. Lo que no impide que se muestre cómo las mujeres están allí sometidas a una cultura en la que la violencia machista es algo común y corriente, dado que estas son consideradas como personas de segunda categoría con las que se puede hacer lo que se quiera, incluido someterlas a abusos sexuales y/o maltratos físicos. Y no siempre cuentan con la solidaridad de otras mujeres, como sería lo esperable. Dicho todo esto, lógicamente, con carácter general.

Hablando de las relaciones familiares entre mujeres, en el libro también conforta ver cómo muchos conocimientos básicos para la vida son transmitidos por las madres en la mayoría de las culturas y de las familias. Entre las cosas que pueden resultar un poco chocantes en el mismo mencionar el tono de tragedia con que es relatada la retirada del pecho de su madre a una hija motivada por el nacimiento de un nuevo bebé; o que quizá pueda resultar un poco impostada la pasión sexual de Fatima hacia su marido, ya que este no da la impresión de preocuparse por la satisfacción de su joven esposa a ningún nivel. Una cosa simpática es conocer que el amor a las hijas e hijos en el Rif lo sitúan metafóricamente en el hígado en vez de en el corazón, como sucede por estos lares. Y algo también triste es ver el desgarro -que ya hemos conocido en otras obras de diversas culturas- de las madres que han luchado para que sus hijas tengan una formación que ellas no han tenido la oportunidad de adquirir y que con el tiempo esto les supone el extrañamiento y alejamiento vital de sus hijas, más cuando, como es el caso, madre e hija viven en contextos mentales culturales diferentes.

En definitiva, la obra parece tratarse de un homenaje de la autora a su madre y a tantas otras mujeres que emigraron o que lo siguen haciendo -o intentando- hoy en día para conseguir una vida mejor, también para sus hijas e hijos, aunque para ello tengan que pasar por peligros, sacrificios y trabajos sin fin. Un homenaje muy merecido al que también nos queremos sumar desde aquí.

Citas

P. 63: … Invocaba a mi madre, a su madre y a su abuela y a todas las mujeres que nos han precedido, y les pedía fuerzas para aguantar aquel momento…

P. 69: … Fátima mía eran dos palabras que la envolvían con los brazos de su padre y la niña se paraba a reflexionar sobre el hecho de que unas simples palabras, que le llegaban a los oídos sin tan siquiera tocarla, le hicieran sentir una calidez como sea… Las palabras duran más que las cosas, se decía ella…

P. 98: … En general toda mujer que se opusiera deliberadamente a lo establecido era considerada una cualquiera…

P. 99: … Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada no servía para nada…

p. 122: … Me recordé a mí misma por qué había llegado allí. Que había ido a encontrar mi sitio, mi hogar, pero que este me había rechazado. Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo mi madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus propios pies que por algo tienes un buen par.

P. 182: … La voz de su madre […] era a buen seguro lo que más extrañaría.

P. 196-197: … Cuando le conté a Latifa lo que habíamos encontrado al llegar aquí, no sabéis cómo sufrió por mi, se puso tanto en mi piel que pensé que de un momento a otro se quedaría sin aire. Pero después, cuando le conté cómo había decidido levantarme sobre mis propios pies y convertirme en el padre de mi hija, en un hombre, le pareció un milagro de Dios. El hígado es el hígado, me dijo, solo los que han sufrido saben lo que es.

P. 253: Y sí que es lo mismo, hermanas, entonces no lo sabíamos, pero los hombres son iguales en todas partes. Yo me fiaba de los cristianos porque veía que no se excedían con las mujeres. Si los mirabas a los ojos ellos no pensaban que querías algo, y en absoluto te decían nada ni te seguían por la calle. Pero también has de tener cuidado con ellos porque son como los demás.

p. 261: … era aferrarse a Mohamed, ser en el otro…

P. 267: … Es mi hijo, me ha salido del vientre. Pero las leyes d ellas madres en nada se parecen a las del gobierno…

P. 273: … El incidente de aquel hombre de las manos heladas me hizo revivir el miedo antiguo que llevamos las mujeres en el cuerpo…

P. 277: … ¿Os acordáis de que os dije que me contaba tantas cosas al principio? ¿Que casi todo lo que aprendí de aquel nuevo mundo me lo explicó ella? Pues de pronto se calló, ahora apenas le podía sacar una frase completa…

P. 311: … Vosotras no podéis entenderlo, aquí las cosas son diferentes, las jóvenes son de las madres hasta que son de su marido, de su madre al marido, pero allí las mujeres hacen lo que quieren, pueden ganar dinero trabajando y entonces no le han de dar explicaciones a nadie.

P. 340: … Sentí mi cuerpo invadido por espasmos, por nudos de hacía muchos años, de dolor, de sufrimiento, de cosas que yo no recuerdo pero mi cuerpo sí…

P. 368: … Se echa tanto de menos al paisaje como a las personas…

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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Galería de fotos del encuentro con la autora en la Fundación Tres Culturas

Finalmente, aquí están las fotos mencionadas de componentes de nuestro grupo de lectura con la joven autora catalana-marroquí, tomadas en la reunión que mantuvimos con la misma el martes 29 de enero de 2019, conjuntamente con el club de la Fundación Tres Culturas, gracias a la amable invitación de la responsable de la Biblioteca de dicha entidad, que también aparece con nosotras en las imágenes.

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