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Nuestra canción del verano 2016: Hasta el final, de Monica Moss

Me llamó la antención una entrevista a Monica Moss en Diariocrítico.com en la que la cantante sostenía un discurso explícitamente feminista. Siguiéndole la pista encontré otra entrevista en Mujeres Valientes en la que, por ejemplo, denunciaba la masculinización del lenguaje.

Esto me llevó a buscar entre sus trabajos nuestro “hit del verano 2016”, siendo elegida la canción ‘Hasta el final’, de su último disco ‘Forever perras’:

 

Según se sostiene en el blog Mundocabaret, este tema aborda “el hilo conductor de todo el álbum, el canto a la fuerza creadora de la mujer y cómo se integran el ‘yo público’,  ‘yo privado’ y ‘yo trascendente’ a lo largo de la existencia.”

Más información sobre esta artista de Chamberí en su web.

Feliz y creativo verano 2016!

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Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

Sesión 64 (14 de junio de 2016)

alicia

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951-)

Hombres desnudosHombres desnudos / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Editorial Planeta, 2015 — 474 p.

Resumen:  “Nadie puede imaginar hasta qué punto los  tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. ‘Hombres desnudos’ es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

En esta ocasión resulta bastante difícil hacer la entrada correspondiente al libro, entre otros motivos porque plantear aquí el coloquio que tuvo lugar en torno al mismo sería destriparlo (término preferido por la Fundación del Español Urgente -Fundéu- al anglicismo tan de moda últimamente).

Decir, eso sí, que la obra gustó en general; incluso, algunas componentes que habían comenzado su lectura con ciertas reticencias comentaron que habían aprendido mucho con las reflexiones de los distintos personajes de la novela. En cualquier caso, también hubo voces disidentes que comentaron que, a pesar de que la autora no se puede considerar como tal, el libro les había parecido profundamente machista por la escasa definición de los personajes femeninos y mayor desarrollo de los masculinos, por crearte simpatías con los segundos y antipatías con los primeros, por justificar hechos injustificables, etc.

No entendí yo del todo la obra de esa forma, aunque sí que pienso que puede dar pie a la justificación de ciertos hechos; a mí en lo que me hizo pensar la novela sobre todo es en el empobrecimiento material y moral a los que puede dar lugar la crisis económica, especialmente con personas procedentes de la clase media, no acostumbradas, por tanto, a luchar por la supervivencia desde siempre como es en el caso de las personas más pobres.

En fin, baste decir que la obra es de fácil lectura, como siempre pasa con esta autora, que es muy interesante el recurso de la voz narrativa cambiante y que puede dar lugar al debate de interesantes cuestiones como la prostitución -y si hay diferencias entre la masculina y la femenina-, las relaciones entre las distintas clases sociales, las relaciones familiares, las relaciones de pareja, los modelos de masculinidad, la violencia machista -y no solo por un personaje tan abiertamente misógino y violento del amigo del personaje principal- o la mencionada crisis de valores ocasionada por la crisis económica.

Y decir, en definitiva, que la novela no es lo que puede parecer de primeras y que si bien es una obra de fácil lectura es de difícil digestión.

Lo que no me atrevo es a afirmar si la autora justifica o simplemente muestra ciertos hechos. Mejor, quizá, oírle a ella en la entrevista que le hizo el programa de RTVE ‘Página 2’ en noviembre de 2015, a ver si nos aclara un poquito al respecto:

 

Citas del libro

p. 35 [Piensa Irene]:

Mis amigos adoptantes de hijos, parejas encantadoras, también se han unido al grupo que me ofrece «cualquier cosa que necesite» tras mi separación. […] No he vuelto a verlos, no me han llamado por teléfono ni una sola vez. Pensar que «los amigos me han fallado» comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así. Los amigos siempre me han importado de un modo relativo, sirven para cubrir necesidades sociales: salir a cenar, charlar distendidamente…, poco más. […] Nunca he visto con mis propios ojos ninguna de esas amistades épicas de los hombres ni la intimidad total que dicen que puede darse entre mujeres. ¿Fidelidad hasta la muerte? Ni los perros te la proporcionan.

p. 37 [Piensa Irene]

Genoveva Bernat, todo un personaje. La próxima vez que me llame le diré que sí, que quiero salir con ella. […] Al menos con ella no tendré la sensación de que están juzgándome, compadeciéndome, intentando sacarme información sobre mi ruptura para lanzarse a murmurar cuando ya me haya ido. […]

p. 98 [Habla y piensa Irene]:

Bueno, Teresa, ya sabes cómo son las separaciones. Se pasa mal […] Pero cuando he llegado a la firma del divorcio, se ha sentido interesada de verdad […]

Naturalmente no puede regresar y presentarse ante el grupo con el saco vacío de cotilleos […]

p. 100 [Piensa Irene]

Nunca me había fijado en cómo habla Teresa. Resulta vulgar, como una dependienta de supermercado ¿Hablo yo igual? Probablemente sí. No era consciente, pero viéndolo desde fuera… Cuanto más te alejas de un paisaje, con más perspectiva lo divisas. Todas las mujeres de mi grupo social hablamos así: una mezcla de palabras cultas y expresiones populares oídas en la calle. Parecemos más modernas de esa manera. […]

p. 124 [Habla Javier y piensa Sandra]

¡Cuidado, Sandra, cuidado con lo que vas a decir! […]

Lleva razón, cuidado, cuidado con lo que digo. No quiero hacerle daño. No quiero ofenderlo. No quiero perderlo […]

p.124 [Piensa Sandra sobre Javier]

[…] ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se ha dejado influenciar por un tipo al que, en circunstancias normales, despreciaría? Iván, un marginal, un machista, un grosero, un lumpen. […]

[Pongo esta cita porque me ha resultado curiosa la lista de descalificaciones por la mezcla de deméritos con prejuicios]

p. 191-193 [Piensa Javier]

[…] mi benefactor es un tipo con quien no me une el más mínimo vínculo […] Un tipo que no ha leído un libro en su vida. […] He pensado en regalarle un libro que pueda gustarle, que lo sumerja en uno de los grandes placeres que se le brindan al ser humano, pero sinceramente, no sé cuál escoger. Descartados los clásicos, cuyo lenguaje no es fácil, y que deben de sonarle a obligatoriedad escolar. […] Descartados los clásicos he pensado también en contemporáneos con garra: Palahniuk, Cheever, Carver…, pero no sé si le interesarán. Quizá debería descender un peldaño mis pretensiones y comprarle una novela de Stephen Kingg, o por el contrario, subir de golpe todos los peldaños posibles y ponerle en las manos ‘Crimen y Castigo’. […] Quiero ser su Pigmalión, mucho peor que eso, estoy comportándome como uno de eso miembros de una pareja desigual que quiere cambiar al enamorado a su imagen y semejanza. Patético. […] ¿Quién me he creído que soy? Iván es muy superior a mí. Yo soy un paria, un desclasado, un inútil. […] Él ha sabido buscarse la vida, espabilarse, convertir las duras condiciones de su pasado en una realidad cómoda y sin traumas. […]

p. 193 [Piensa Javier]:

[…] He visto con toda claridad que nuestra relación era un montaje cuyas reglas de funcionamiento las dictaban los demás. Es siempre así […] Nuestro caso era simple: pareja joven, ambos con trabajo. Buena colaboración en las tareas domésticas. Cierta solidaridad: hoy por ti mañana por mí. Amigos comunes, aficiones comunes. Salidas consensuadas: al cine, a cenar. Fines de semana tranquilos. Sexo seguro y garantizado. Todo en su lugar. Cambia una sola pieza de ese artefacto […] y la cosa se ha jodido. […]

p. 249 [Piensa Genoveva]

[…] ¡Verlo para creerlo! Aunque me temo que es cosa de todos los hombres en general. También los maridos se olvidan de cómo empezaron las cosas y van metiéndose en tus asuntos cada vez más. Exigen, protestan, preguntan, dan el supercoñazo y enseñan su peor cara. […] ¡Tranquis, tíos!, tú eres tú y yo soy yo. […]

[Para fijarse también en la muestra del habla de un personaje de la clase ‘pudiente’ mencionada en una cita anterior]

p. 258-259 [Piensa Javier]

Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportaría felicidad. […] La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz. ¿Quién puede permitirse vivir una existencia plácida dedicada a enseñar, a leer, a pensar, a convivir en paz? […]

p. 346 [Habla Javier]:

A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad.

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Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

La puerta de los ángeles, de Penelope Fitzgerald

Sesión 63 (3 de mayo de 2016)

Penelope_FitzgeraldPenelope Fitzgerald (Lincoln, 1916-2000)

puertaLa puerta de los ángeles / Penelope Fitzgerald.– Madrid: Impedimenta, 2015. — 231 p.

Resumen:  “Fred Fairly, un brillante joven, tiene ante sí un prometedor futuro como profesor de Ciencias en Cambridge, siempre y cuando respete una de las normas ancestrales del college al que pertenece. El St. Angelicus, como el Monte Athos, se caracteriza por no haber permitido que ninguna mujer traspase sus muros desde hace más de quinientos años. Por tanto, el matrimonio es algo impensable. Pero parece que Fred, miembro de la peculiar Sociedad de los Desobedientes, comienza a rebelarse contra la rigidez del mundo que le rodea: empieza por confesar a su padre que ha perdido la fe y, tras un aparatoso accidente de bicicleta, acaba por enamorarse de una misteriosa joven con un dudoso pasado. Y es que en cualquier lugar, hasta en el riguroso St. Angelicus, existe una puerta oculta.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Reunión poco nutrida pero no por ello poco animada.

Menos una de las asistentes que había comenzado a leer el libro y esperaba a conocer otras opiniones para decidir si le merecía la pena continuarlo hasta el final o no, el resto manifestamos lo mucho que nos había gustado.

Y es que la novela es interesante y grata a la vez, así que el juicio general expresado en la reunión es que es totalmente recomendable.

Una de las compañeras, por ejemplo, apuntó que, en contraste con ‘Farándula‘, la obra leída el mes anterior, el estilo de esta novela pausado, sin aspavientos, sencillo pero a la vez profundo y sofisticado le había encantado, haciendo que su lectura hubiera sido para ella adictiva y deliciosa (con la ventaja de que ella lo había leído en su versión original, ya que es de Filología inglesa).

Otra asistente comentó que sin ser una obra conceptualmente feminista en la práctica lo es y mucho, ya que, por ejemplo, describe el ambiente social de una época en la que las mujeres estaban luchando por la consecución de sus derechos, entre ellos el del voto; o por el retrato que hace de la protagonista femenina, una joven que, a pesar de su humilde procedencia, pretende formarse y ganarse la vida en un trabajo cualificado -la enfermería- por el que siente una profunda vocación y para el que demuestra sobrada capacidad.

Una sociedad difícil para las mujeres la que muestra la novela -la Inglaterra de principios del siglo XX-, en la que las chicas que quisieran trabajar estaban sometidas a dificultades de todo tipo, como el deber de mostrar en todo momento una conducta intachable a la vez de tener que soportar acoso sexual en el trabajo, en los transportes públicos, etc., además de la imposibilidad de formarse en la universidad y de integrarse plenamente en los ambientes culturales del momento.

Todo ello aderezado con personajes amables -mención especial merece aquí el protagonista masculino-; con ese sentido de la ironía tan británico; con unas descripciones de interiores y de paisajes realmente sugerentes; o con el reflejo fidedigno de un ambiente científico que la autora parece que conocía bien, con principios fundamentales sometidos a cambios profundos, al igual que la sociedad en los que estos sucedían.

En definitiva, un libro muy estimulante que nos ayuda a conocer la historia reciente y con ello a respetar aún más a unas antepasadas que contribuyeron de forma tan importante a la mejora sustancial de la situación actual de las mujeres, al menos en lo que a Occidente se refiere.

[Para ilustrarse de forma amena sobre la lucha de las sufragistas recomendamos el telefilm Iron Jawed Angels: derecho al voto para la mujer, disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación, o la película Sufragistas, estrenada recientemente]

Citas del libro

P. 49-50:

Al final de su primer año como profesor adjunto, Fred pensó que debía confesarle a su padre [pastor protestante] que ya no era cristiano, pero de manera que le causara la menor aflicción posible. El dilema le parecía más propio de 1857 que de 1907 […] Fred, que contemplaba el pasado con tanta bondad como el presente, pensaba que, aún en el nuevo siglo, no debía menospreciar aquello que se había tenido en tan alta estima. No le quedaba más remedio que ir a casa y hablar con su padre, cara a cara, exponiéndole sus motivos, como solían hacer los hijos para tratar un tema en el que la razón, por desgracia, carecía de poder. Actuar de ese modo era lo mínimo que exigía la cortesía. Pero no cabía duda de que su padre se sentiría profundamente consternado. […]

P. 59-62 [Fred va a visitar a su familia y confesarle a su padre que ya no es cristiano]:

Su madre, Hester y la señora Burden, que iba desde el pueblo a cocinar y ocuparse de las tareas más pesadas de la casa, estaban sentadas, cosiendo […]

¡Mi querido Freddie! –exclamó la señora Gairly–. ¡Qué agradable sorpresa!

Hester, no tan fría como de costumbre, dijo:

Espero que sepas lo que estamos haciendo. Son los colores del WSPU [Women’s Social and Political Union, principal asociación a favor del sufragio femenino en Gran Bretaña]. Fabricamos pancartas para la marcha de Birmingham […]

Pero, madre, ¡tú no estás a favor del sufragio femenino! –dijo Fred–. Hemos hablado de ello en varias ocasiones…

Ahora está a favor. Todas lo estamos –le interrumpió Julia– […]

Toda ha cambiado, Freddie –dijo Hester–. Ahora es distinto. Ahora nadie se ríe. Vimos la foto de la gente que estaba haciendo huelga de hambre en el Daily Mail.

[…]

¿Está padre en su despacho?– preguntó.

Por supuesto –dijo Julia–. No se le ocurriría aparecer por aquí. Sabe lo que estamos haciendo y le da pánico.

Fred fue al estudio. Sin tomar asiento y sin decidirse aún a abordar la cuestión, aunque fuera poco a poco, comenzó a justificarse con frases entrecortadas. Su padre le tendió una mano […].

Entonces dijo:

Cuando me explicaste que querías estudiar Ciencias Naturales en la universidad, lo que te ha proporcionado, supongo que por fortuna, tu actual empleo, di por supuesto que eso te llevaría, tarde o temprano, a concluir que la idea del alma no tiene sentido. Todo lo que te pido es que no me cuentes nada al respecto. Las mujeres de esta casa, como tal vez ya hayas visto con tus propios ojos, nos han abandonado definitivamente. No podemos contar con ellas para ningún fin práctico.

No creo que nos hayan abandonado, padre. Esta concentradas en lo que hacen, que no es lo mismo.

Freddie, me han dicho que hay sobras en la despensa. ¿Tienes idea sobre cómo se cocinan las sobras?

Las sobras no se cocinan. Son sobras porque sobraron de algo que se había cocinado antes.

Su padre sonrió y suspiró.

P. 81:

Parece usted más seguro de su nombre que ella misma– dijo el señor Wrayburn.

¿Por qué dice eso? ¿La está censurando?– preguntó Fred, decidido a levantarse y abandonar la clínica […]

¿Censurarla? ¡Por supuesto que no la está censurando –exclamó la señora Wrayburn–. ¿Por qué debería una joven, o cualquier otra mujer, dar explicaciones sobre lo que hace? ¿Por qué está obligada a recordar su nombre si no quiere hacerlo? Todo cuanto tenemos derecho a preguntar es: ¿predominan en su carácter los más elevados ideales? ¿Recorre la senda que conduce a la dicha? ¿Se encuentra en armonía con el nuevo siglo?

P. 195:

Después de que Fred regresara a su asiento, la señora Wrayburn prestó juramento y dijo que se dedicaba a sus labores.

Sería licenciada –dijo–, si la universidad permitiera licenciarse a las mujeres.

Señora Wrayburn, se dedica usted a sus labores –prosiguió el inspector– […]

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Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

#DíadelLibroCDMZ 2016: #RecomiéndanosCDMZ, #CítanosCDMZ

princesa-guisante-Elena-OdriozolaIlustración de Elena Odriozola para la cubierta del cuento ‘La princesa y el guisante

Con motivo de la celebración esta semana del Día del Libro 2016 os invitamos a que, como comentarios a esta entrada, recomendéis libros escritos por mujeres que os hayan gustado especialmente. Y si tenéis el libro a mano y os apetece, compartid también algún pasaje que os haya interesado en particular.

Los recomendaciones y citas que nos hagáis serán incluidas en la web de Recomendaciones del CDMZ y las difundiremos a través de Twitter.

Gracias por participar en #RecomiéndanosCDMZ y #CítanosCDMZ!

Farándula, de Marta Sanz

Sesión 62 (5 de abril de 2016)

Marta_Sanz

Marta Sanz (Madrid, 1967-)

NH553_Farándula.inddFarándula / Marta Sanz.– Barcelona : Anagrama, 2015. — 231 p.– (Narrativas hispánicas ; 553)

Resumen:  “Valeria Falcón es una actriz de cierta notoriedad que cada jueves visita a una vieja gloria del teatro, Ana Urrutia. La Urrutia padece el síndrome de Diógenes y no tiene dónde caerse muerta. Su ocaso se solapa con la eclosión de un capullo en flor, Natalia de Miguel, una joven aspirante que enamora al cínico Lorenzo Lucas, álter ego de Addison DeWitt. Nadie tendrá derecho a destrozar la felicidad de Natalia de Miguel, una chica muy delgada que en pantalla da gordita. Por su parte, el ganador de la copa Volpi, Daniel Valls, confronta su éxito, su dinero y su glamour con la posibilidad de su compromiso político. A menudo llega a una conclusión: Soy un débil mental. Charlotte Saint-Clair, su esposa, lo cuida como una geisha y odia a Valeria, gran amiga de Daniel.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Esta novela fue la más votada por las componentes del grupo del listado de lecturas candidatas para el año 2016, recogido en la entrada Los libros del 2015 de este mismo blog.

Y es que el libro, además de haber recibido el Premio Herralde de Novela 2015, había sido declarado como mejor obra de ficción en castellano de 2015 por los suplementos culturales de los diarios El País (Los 10 mejores libros del año) y El Mundo (Lo mejor del 2015).

Así pues, las expectativas eran muy altas, lo que quizá haya contribuido a que, si bien el libro ha gustado mucho a algunas de las componentes del grupo, a otras no ha terminado de convencer del todo, en lo que también puede haber influido la mirada amarga sobre los hechos que narra y los personajes que describe y un estilo demasiado ‘rápido’, por decirlo de algún modo (el estilo vertiginoso, la rica fluencia verbal y la búsqueda denodada del sarcasmo se hacen demasiado mecánicos”, afirma el crítico José Carlos Mainer en Babelia).

En cualquier caso, se trata de una obra lúcida (“La lucidez es una navaja que se te clava en el ojo”, afirma la autora en una entrevista que le realizó Javier Rodríguez Marcos para Babelia) y muy moderna tanto en su contenido (trata sobre el teatro, pero también de ‘realities shows’, de hostigamiento de personas famosas en las redes sociales, de devaluación de la cultura en general; no en vano, en la citada entrevista la autora habla, en relación a sus preocupaciones, sobre el papel que representa la cultura en un momento de cambio de modelo, agregando que “Antes la marca de este país eran sus artistas y hoy es Inditex”), como en la forma en que está escrita, con un estilo fluido, de frases cortas y muy dinámicas.

Casualmente (!?), con un estilo algo escueto pero no por ello falto de expresividad fue calificada la obra en la reunión, de la que se dijeron cosas como las siguientes:

  • Moderna y vibrante, con personajes bien definidos
  • Tono ácido y trepidante
  • Rápida e incisiva
  • Actual; Estamos leyendo lo que estamos viviendo
  • Interesante, sin más
  • Lenguaje a veces vulgar, a veces un poco de ‘épater le bourgeois’
  • La autora disecciona al modo de la cirugía, llega al fondo de los personajes y de las situaciones

Lógicamente, parte del debate derivó hacia la degradación de ciertos medios supuestamente ‘culturales’ -la televisión, fundamentalmente-, si bien la componente más joven del grupo nos hizo notar cómo también hay personajes que aprovechan su popularidad y los nuevos medios de comunicación de forma muy positiva, mencionando como ejemplo a Emma Watson y su Our Shared Shelf‘, el club de lectura feminista en línea que ha creado en la plataforma Goodreads (se puede ampliar información sobre el club en el artículo ‘Una estantería compartida‘, de Ana Padilla Fornieles). En esta línea, también se mencionó como buen ejemplo de este tipo de personajes a la polifacética creadora de la serie ‘Girls‘,  Lena Dunham,   convertida en la voz de una generación de mujeres jóvenes, de quien el año pasado se anunció que iba a dirigir una nueva serie, ‘Max‘, una comedia sobre el movimiento feminista de los sesenta.

Mujeres jóvenes potentes, reivindicativas y luchadoras, algo que gustaría poder decir de los personajes de la novela que nos ocupa… En cualquier caso, yo diría que potentes sí que son todos los personajes femeninos, cada uno a su manera, sobre todo Valeria Falcón, la principal protagonista de la obra, inteligente y solidaria a la vez, y buena actriz si bien al modo de tiempos pasados (ver citas de sus pensamientos en el apartado siguiente).

Para concluir: una obra fácil de leer pero no tanto de digerir, ya que la autora pone ante nuestros ojos una realidad no muy halagüeña, y es que, como dice en la entrevista mencionada, “… los libros que me interesa escribir son los que hacen visible la ideología invisible, esa que tenemos naturalizada, las creencias, los valores que ya no nos cuestionamos. No es verdad que los libros, leer, saber cómo funciona el mundo te haga feliz. La lucidez es una navaja que, como la de Buñuel, se te clava en el ojo. A lo mejor luego sirve para reparar un daño, pero de momento duele.”

Finalmente comentar que se puede completar la lectura con el visionado de la película a la que tanto alude la novela, ‘Eva al desnudo‘, maravillosamente protagonizada por Bette Davis, también disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación.

Citas del libro

P. 172-173: “[…] Miró a su alrededor y, pese a no querer sentir lo que estaba sintiendo, sintió que estaba rodeada de unicornios hostiles […] Mascaban chicle y hablaban a voces. Animales que queriendo vestir bien vestían mal. Horteras. Relinchaban. Rumiaban paja. Unicornios irrecuperables que se comportaban en el teatro como niños a la hora del recreo. Mili no sabía si era mejor contar con este tipo de público o con ninguno; se acordaba de una representación de ‘Las hijas de Buffalo Bill’: tres actores en escena; cinco espectadores; dos de fueron en el descanso de la obra… –«Por eso dejé el teatro»-. La sensación de desnudez, la desolación.

Y, no obstante, era maravilloso deleitarse en la cara de los niños ante una representación de títeres. Ávidos, concentrados, dando réplica a los muñecos. Pidiendo palos o compasión. Después, algo se torcía. Mili pensaba que esa torsión, ese cambio de rumbo, se relacionaba con una medida perversa del tiempo. Con la velocidad de los microondas y las batidoras. Con los quince segundos que dura un anuncio de televisión. Hoy el público del que ella formaba parte -albina de Uganda- no se merecía el espectáculo que iba a presenciar –«Por eso dejé el teatro»-. Desconfiaba de la utilidad de la educación […]”

P. 211: “«Nosotros no tenemos miedo de la gente. Nosotros somos ellos», Mariana […] Volvía a hablar de la gente y , cuando lo hacía, Lorenzo intentaba adivinar si la carga de la chispa eléctrica de dentro de su ojos era angelical o demoniaca, porque la gente son maestras de niños huérfanos, niños huérfanos, campeones paralímpicos de natación, asesinos, la madre Teresa de Calcuta y el Papa del Palmar de Troya, violadores y viejecitas que viven solas y que nunca han roto un plato […] lectores que estropean los libros y lectores que los dignifican […] progenitores que llevan a sus vástagos a los castings infantiles para anuncios, concursantes […] cirujanos plásticos que se lucran con la estupidez ajena y otros que reconstruyen la cara de una joven abrasada por el ácido […]”

P. 221, 128, 230: [Habla Valeria Falcón] “Me pienso pensando y puede que ése haya sido mi gran problema . Fenomenológica y abstrusa, me pienso pensando y creo que ya no debo dar muchas más explicaciones de por que dejé la farándula y me quedé en mi piso […] escribiendo sobres las cosas que pasan y sobre cómo me pienso pensando. Convulsivamente.

[…] Pero estamos engañados porque sólo DeWitt [crítico de teatro en la película ‘Eva la desnudo] dirige las modulaciones vocales, con su diapasón en ‘la’. Con su destreza sibilina. Él se camufla hablando del teatro mientras en el fondo expresa su miedo, su odio, sus ganas de domar a esas divas, violentas e inseguras, que somos todas las mujeres. También yo me mancho de esa mirada de DeWitt y ridiculizo a Charlotte Saint-Clair. Si esta historia la hubiera contado ella, de habría llenado de detectives y haba empezado con la desaparición de un actor famoso: Charlote lleva hasta ese extremo su asunción del discurso liberal. Pinto la doble cara de la estupidez de Natalia, la agresividad misántropa y desabrida de Ana Urrutia. Soy Lorenzo Lucas y una polla rechoncha me sirve de antenas. Y no me orienta nada mal. Me pinto a mí misma, yo, la pésima y esperanzada actriz dramática. Me hago a mí misma el favor de no querer a todo el mundo y me gano el derecho de no ser una completa imbécil.

[…] Los actores vocacionales, los ingenuos, los estúpidos, se ganan las perras en fiestas infantiles, aceptan un trabajo de dependiente o de captador de clientes de oenegés […]

Hoy mi empatía se muestra en esta antipatía con la que escribo. Soy una radical que rechina cortando el acero. Quizá mi «me pienso pensando» constituye una prueba: la de que soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celosía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que uno sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras.

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Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Muestra de cortos ‘Somos Muchas y Valientes’ 2016

encabezamiento-somos-muchas-y-valientes-2016

El próximo jueves, 31 de marzo, a las 21 h. en la Sala El Cachorro (C/Procurador, 19. Triana, Sevilla) tendrá lugar la muestra de cortos ‘Somos Muchas y Valientes’ que todos los años organiza el colectivo Cámara Lenta y promueve el Centro de Documentación María Zambrano para conmemorar el Día Internacional de las Mujeres.

Como en años anteriores, ‘Somos muchas y valientes’ mostrará cortometrajes dirigidos por mujeres y/o que abordan de forma directa diferentes cuestiones de género. Pretendemos con ello contribuir a la visibilización de los discursos de las mujeres en un contexto, el de la exhibición audiovisual, muy sesgado por la discriminación y la desigualdad.

Los cuatro cortometrajes son los siguientes:


rio-abiertoRío abierto (Ana Rosa Diego, 2015), 16’

Todas las personas tenemos heridas. Bailamos como terapia… Algunas de las mujeres que bailan han sufrido maltrato, pero quise que hubiera otras y también hombres. Bailando me cuesta distinguirlas. Creamos un todo donde se diluyen los miedos.

Más información


victor-xxVíctor XX (Ian Garrido, 2015), 19’45’’

Víctor tiene la necesidad de explorar su género. Vive en un pequeño pueblo pesquero de Almería junto a su madre y su novia Rahma, y es en la ciudad, cubierto de anonimato, donde se descubre.

Más información y tráiler


lalo-principe-rosaLalo, el príncipe rosa (Gema Otero y Juan Antonio Muñoz, 2015), 2’18’’

Lalo es un niño tranquilo, cariñoso, divertido, cantarín y muy charlatán. Su sueño es convertirse en príncipe rosa, para él los príncipes azules son aburridos porque se llevan todo el día probando zapatos y comiendo perdices.

Más información y corto


agosto-sin-tiAgosto sin ti (María Elorza y Maider Fernández, 2015), 23’

Agosto sin ti es la forma que tienen dos amigas de compartir un tiempo que, de hecho, no han pasado juntas: las vacaciones del mes de agosto. A través de un intercambio de breves vídeos en forma de diario, Maider y María reconstruyen su “agosto sin ti”.

Tráiler


En breve, y como siempre, una copia con todos los cortos de la muestra estará disponible en nuestro Centro de Documentación.

Para descargar: Cartel de ‘Somos Muchas y Valientes 2016‘.

Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout

Sesión 61 (1 de marzo de 2016)

Elizabeth_Strout_Headshot

Elizabeth Strout (Portland, 1956-)


Olive Kitteridge / Elizabeth Strout ; traducción de Rosa OlivePérez Pérez. — Barcelona : El Aleph, 2012. — 324 p.

Resumen: “Olive Kitteridge lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Aunque la asistencia a la reunión fue reducida, la mayoría de quienes estuvimos en la misma comentamos lo mucho que nos había gustado el libro y su personaje central, Olive Kitteridge.

Y es que a pesar de su apariencia -y en parte también de su fondo- de dureza, Olive se percibe como un ser sentimental a la vez que inteligente, si bien un poco irritable y, desde luego, no es de quienes muestran fragilidad o van derrochando simpatía por la vida con el fin de que el resto de la gente se compadezca y/o le quiera, cuestiones comúnmente atribuidas a las mujeres. Estos rasgos de su carácter hizo que nos preguntáramos si nos gustaría y si nos sería o no grato relacionarnos con ella si fuera una persona real de nuestro entorno. Porque este tipo de personas que van tan a las claras, tan sin subterfugios, no siempre cae bien, como lo demuestra la mala opinión que muestra el hijo de Olive sobre la misma y la relación distante y extremadamente fría que establece con ella al hacerse adulto.

Esa mala opinión también la expresó especialmente una de las asistentes a la reunión, que mantuvo durante todo el tiempo que se trataba de un personaje odioso, una mala persona que hasta había pegado a su hijo cuando este era pequeño (y aquí yo me pregunto cuántas madres y padres no lo han hecho alguna vez, si bien esto no puede disculpar un acto injustificable que, contrariamente a lo que a veces se mantiene o se ha hecho en el pasado, no se realiza por el bien del menor sino como un desahogo violento sin valor educativo alguno, siendo una práctica que debería desaparecer totalmente de los usos familiares).

Pero, volviendo a la novela, y en concreto a cómo está escrita, comentar la forma tan curiosa que tiene la autora de la misma de hacernos llegar a su personaje principal, ya que no solo se le conoce directamente mediante los capítulos centrados en Olive -y en ocasiones también en Henry, su marido-, sino también a través de breves comentarios sobre ella o apariciones de la misma en capítulos protagonizados por otros personajes del pueblo. Es precisamente en esos capítulos donde se puede llegar a detectar la gran sensibilidad y hasta la grandeza moral de un personaje que no por ser fuerte deja de conmoverse y de ser solidario con las personas de su entorno.

Finalmente comentar la exitosa y multipremiada miniserie de televisión del mismo título basada en el libro, dirigida por Lisa Cholodenko con guión de Jane Anderson, y producida y protagonizada por Frances McDormand -no se nos ocurre una actriz mejor para dar vida al personaje-, que, si bien respeta el espíritu de la novela, no responde exactamente a los hechos que se narran en la misma. Esta serie, Olive Kitteridge, también está disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación.

Citas del libro

P. 79: “… Pero… se dijo que no era ni más ni menos patética que ninguno de ellos… Y la gente era buena… Oh, definitivamente había gente buena en el mundo…

… Angie se dio cuenta que había comprendido algo demasiado tarde y que la vida debía de ser eso, comprender algo cuando ya era demasiado tarde…”

P. 89: “… Su opinión personal es que la vida depende de lo que ella considera ‘grandes alegrías’ y ‘pequeñas alegrías’. Las grandes alegrías son cosas como contraer matrimonio o tener hijos, intimidades que te mantienen a flote, pero estas grandes alegrías contienen peligrosas corrientes ocultas. Por eso también son necesarias las pequeñas alegrías: un dependiente amable en unos grandes almacenes, por ejemplo, o la camarera… que sabe cómo te gusta el café…”

P. 121-122: “Olive Kitteridge se había echado a llorar. Si había alguien del pueblo que Harmon creía que jamás vería llorar, esa era Olive…

Olive alargó la mano y acercó una silla para sentarse con la cabeza de la muchacha apoyada en su generoso regazo. Le acarició el cabello y cogió unos cuantos mechones entre los dedos, señalándoselos a Daisy y a Harmon con un gesto antes de tirarlos al suelo. Uno perdía el pelo cuando estaba desnutrido…

La escena siempre recordaría a Harmon al día en que la bola de fuego había entrado por la ventana y había dado la vuelta al salón. Porque en la habitación se palpó una suerte de cálida electricidad, algo asombroso y de otro mundo, cuando la muchacha se puso a llorar y Daisy llamó finalmente a su madre por teléfono, quien dijo que iría a recogerla por la tarde y prometió que no volvería a internarla. Harmon se marchó con Olive, dejando a la muchacha envuelta en una manta en el sofá. Ayudó a Olive Kitteridge a subirse al coche; luego… se fue a casa, sabiendo que algo en su vida había cambiado. No habló de ello con Bonnie.”

P. 141: “… Le habían pasado cosas pero daba igual. Puso las espalda recta. También a otras personas les había pasado cosas.” [Olive Kitteridge]

P. 154: “Nunca se repondrían de aquella noche. Y no porque los hubieran tomado como rehenes en un baño… No, nunca se repondrían de aquella noche porque habían dicho cosas que cambiaban su concepto del otro. Y porque, desde entonces, ella había estado llorando interiormente, incapaz de quitarse de la cabeza al muchacho pelirrojo con su cara magullada y asustada, tan enamorada de él como cualquier colegiala… dispuesta a confeccionarle un mono de jardinero como el contacto de la cárcel le había dicho que podía hacerle…”

P. 156-157: “y pensó que, a fin de cuentas, la vida era un regalo, que una de las cosas que tenía envejecer era saber que muchos momentos no eran solo momentos, sino regalos… Fuera lo que fuera lo que les deparara la vida…, la gente se veía impulsada a celebrar las fiestas porque sabía, de algún modo, que la vida era algo digno de festejar.”

P. 189: “Louise… recitó, en voz baja:

Los chicos al pajar, las chicas a estudiar…”

P. 190: “Oh, vamos, Olive. Las personas somos como somos. Siempre me pareció que tú, precisamente, lo entendías.”

P. 197-198: “Cuando regresó a casa una tarde, miró en un cajón de viejas fotografías… Una fotografía de Henry cuando era pequeño… Otra fotografía suya en la Marina, alto y delgado, solo un crío, de hecho, esperando a que empezara la vida. ‘Te casarás con una bestia y la querrás’, pensó Olive. ‘Tendrás un hijo y lo querrás. Serás amable hasta la saciedad con la gente cuando vaya a comprarte medicinas, alto con tu bata blanca. Terminarás tus días ciego y mudo en una silla de ruedas. Esa será tu vida’.”

p. 199: “… ¿Habían sabido ser serenamente felices en esos momentos? Lo más probable era que no. En general, cuando vivían la vida, las personas no eran suficientemente conscientes de que la estaban viviendo…”

P. 237: “… ¿Sabes lo que dijo un día en clase la señora Kitteridge?… Siempre recuerdo que un día dijo: ‘Que no os dé miedo vuestra sed. Si os da miedo vuestra sed seréis tan memos como el resto de la humanidad’.”

P. 246: “… Olive sintió algo que no esperaba volver a sentir: unas inesperadas ansias de vivir. Se inclinó hacia adelante y miró por la ventanilla: agradables nubes pálidas, el cielo azulísimo, los campos reverdecidos, la ancha extensión de agua; visto desde allí arriba, todo parecía maravilloso, increíble…”

P. 258: “Cuando Olive salió del instituto aquella noche…. tuvo la sensación… de que la habían visto. Y ni tan siquiera había sabido que se sentía invisible.

Por entonces ella se consideraba casi vieja…”

P. 271: “… Jamás había tenido un amigo tan leal, tan bueno, como su marido.

Y, no obstante, de pie detrás de su hijo, esperando a que cambiar el semáforo, recordó que, durante su vida en común, hubo veces en que sintió una soledad tan honda que en una ocasión…. mientras se empastaba una muela, la dulzura con que el dentista le había vuelto la barbilla con sus suaves dedos le había parecido una atención de una ternura casi insoportable, y había tragado saliva, mientras se le escapaba un gemido de nostalgia y se le llenaban los ojos de lágrimas…” [Olive Kitteridge]

P. 292: “… A veces la señora Kitteridge la miraba muy fijamente, cuando se suponía que la clase estaba trabajando. Una vez le dijo en el pasillo: ‘Si alguna vez quieres hablar conmigo de lo que sea, puedes hacerlo’.”

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