Vídeo

Canción para el 25N 2016: ‘I Play the Kora’, por Les Amazones d’Afrique

Para conmemorar el 25 de noviembre, este año elegimos la canción ‘I Play the Kora’ interpretada por Les Amazones d’Afrique, primer supergrupo femenino de África Occidental:


Este vídeo está subtitulado en inglés (no parece estar disponible con subtítulos en castellano), pero la letra es fácil de entender:

Soy tu madre, ámame,
soy tu hermana, ámame.
soy tu esposa, ámame,
no tienes derecho a pegarme.
Nosotras las mujeres, todas las mujeres,
queremos ser respetadas.
Hombres, escuchadnos,
la canción que cantamos es para ti,
nuestros problemas y tristezas son nuestras armas
y queremos compartirlas contigo.
Hombres, mujeres, todas y todos somos criaturas de dios.
Juntémonos para luchar contra la injusticia
porque todas y todos somos iguales

Una preciosa canción interpretada de la mejor y más bella manera posible, de forma que su mensaje pueda llegar a todas las personas, mujeres y hombres de África y del resto del mundo.

Más información del grupo en su Facebook.

Y entrevistas a las integrantes del grupo en el siguiente vídeo:


Un rayo de sol africano para la eliminación de las violencias machistas en todas las latitudes del planeta.

La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich

Sesión doble 65 (4 de octubre de 2016)

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Svetlana Alexievich (31 de mayo de 1948-)

la-guerra-no-tiene-rostro-de-mujerLa guerra no tiene rostro de mujer/ Svetlana Alexiévich. — Barcelona : Penguin Random House, 2015 — 365 p.

Resumen:  “Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Libro verdaderamente estremecedor pero muy humano; la dureza de muchos de los testimonios de mujeres recogidos en el mismo hizo que algunas integrantes del grupo -según manifestaron en la reunión- obviaran ciertos pasajes, o, incluso, dejaran de leerlo.

Comenzar la valoración afirmando sin ambages que se trata de una obra de literatura bélica profundamente ‘pacifista’: la autora, tras entrevistar a cientos de mujeres rusas que habían participado de forma activa en la Segunda Guerra Mundial, concluye, entre otras cosas, que: Cada vez la guerra nos gusta menos, nos cuesta más justificarla. Para nosotros ya es el asesinato, nada más. Al menos para mí lo es.(p. 20). Y es que, junto con algunos testimonios, lo mejor del libro son las reflexiones de la autora sobre el material con el que está trabajando (ver una selección en las citas).

Y libro profundamente femenino, ya que se trata del testimonios de mujeres que casi nunca habían relatado sus experiencias en la guerra pues nadie se había interesado por ellas. Una guerra, la de las mujeres, muy diferente a la guerra de los hombres; “Tenemos dos guerra… eso está claro…”, dice el esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’ (p. 131). La guerra de los hombres es de hazañas heroicas y grandilocuencia histórica, la de las mujeres está llena de hechos pequeños, cotidianos, aunque en muchas ocasiones no exentos de la heroicidad atribuida casi en exclusiva a los hombres. Además, las mujeres sufren también en las guerras otras violencias dirigidas casi en exclusiva contra ellas, como son las violaciones masivas de mujeres como parte de los ‘botines de guerra’ o el ser mal vistas las combatientes al regresar de la guerra por dudar la población en general de su moral y comportamiento (‘sexual’) mientras estuvieron en el frente.

Quizá hubiera sido interesante, para completar la visión de la guerra, los testimonios de otras mujeres, las no directamente implicadas en la guerra y que, sin embargo, sufrieron la violencia contra la población civil que esta necesariamente conlleva. Y es que este libro me recordó otros que sí que dan esa visión, como el magnífico ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí‘, de Manuel Chaves Nogales, la preciosa novelaLa voz dormida‘, de Dulce Chacón -leída en su día por el grupo de lectura-, o la recientemente editada ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún, cuya lectura espero que abordemos en el grupo en breve, dadas las magníficas críticas que ha cosechado. Claro que después de la ingente actividad de la autora del libro que nos ocupa con la realización y el tratamiento de una enorme cantidad de entrevistas a  mujeres combatientes, esa otra labor de indagación hubiera sido prácticamente imposible, así que bien está el libro como está.

En definitiva, una obra dolorosa pero absolutamente necesaria, que te hace sufrir pero que también te hace más sabia (o sabio), y que, desde luego, te hace odiar aún más algo tan absurdo, cruel y actual como es la guerra, todas las guerras, más si cabe si eres mujer.

Citas

P. 13-14: “A lo largo de dos años, más que hacer entrevistas y tomar notas, he estado pensando. Leyendo. ¿De qué hablará mi libro? Un libro más sobre la guerra… ¿Para qué? Ha habido miles de guerras, grandes y pequeñas, conocidas y desconocidas. Y los libros que hablan de la guerra son incontables. Sin embargo… siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la «voz masculina». Todos somos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones «masculinas». De las palabras «masculinas». Las mujeres mientras guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra «femenina», sino la «masculina». Se adaptan al canon. Tan solo en casa, después de verter algunas lágrimas en compañía de sus amigas de armas, las mujeres comienzan a hablar de su guerra, de una guerra que yo desconozco. De una guerra desconocida para todos nosotros. Durante mis viajes de periodista, en muchas ocasiones, he sido la única oyente de unas narraciones completamente nuevas. Y me quedaba asombrada, como en la infancia. En esos relatos entreveía el tremendo rictus de los misterioso… En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. O cómo son derrotadas. O qué técnica se usó y qué generales había. Los relatos de las mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.

P. 25: “… El valor en la guerra y el valor en el pensamiento son dos valores diferentes…

P. 26: “No me limito a apuntar. Recojo y sigo la pista del espíritu humano allí donde el sufrimiento transforma al hombre pequeño en gran hombre. Donde el ser humano crece […] Veo su alma. Entonces ¿en qué consiste mi conflicto con el poder? Ya lo he descubierto: las grandes ideas necesitan hombres pequeños, no les interesan los grandes hombres. Un gran hombre es excesivo e incómodo. Es difícil de moldear. Yo en cambio busco al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquel que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador. Hizo el milagro.

P. 41: “[…] ¿Por qué el mal no nos sorprende? ¿Por qué nuestro consciente carece del sentimiento de asombro ante el mal?

P. 57: “[...] Lo que estoy recopilando lo definiría como «el saber del espíritu». Sigo las pistas de las existencia del alma, hago anotaciones del alma… El camino para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El «cómo fue» no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha viso y qué ha comprendido? Sobre la vida y la muerte en general. Sobre sí mismo, al fin y al cabo…

P. 127: “Todo se repite… Una vez más, paso un largo rato mirando los álbumes de fotografías familiares, decorados con amor y cuidado […] Me gusta encontrarme con este respeto hacia sus vidas, con documentos que certifican su amor por el pasado y por todo lo vivido. Por los rostros entrañables…

P. 133: “Tuvieron que pasar decenas de años hasta que Vera Tkachenco, una conocida periodista, publicara […] un artículo sobre nosotras, explicando que también habíamos luchado en la guerra. Explicando que había mujeres excombatientes que se habían quedado solas, que no se habían casado y que no tenían casa…

P. 131: “-Tenemos dos guerra… eso está claro…- Saul Guénrijovich [esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’] interviene en la conversación-. Cuando empezamos a recordar, yo me doy cuenta enseguida: ella recuerda su guerra, yo la mía. A mí también me pasaron cosas parecidas a eso que le ha contado de la casa […] pero yo no lo recuerdo… Se me escapó… En aquel momento me parecía una nadería. Una tontada…

P. 151: “«Mi marido, caballero de la Orden de la Gloria, fue condenado a diez años de trabajo forzados después de la guerra […] Lo único que hizo fue escribir a su compañero de universidad y contarle lo que le costaba sentirse orgulloso de nuestra Victoria: habíamos abarrotado de cadáveres nuestro terreno y el ajeno. Lo habíamos bañado en sangre. Enseguida le detuvieron.. Le quitaron las hombrearas…

P. 155: “«Ay, nenas, qué puñetera fue esa guerra… Vista con nuestros ojos. Con ojos de mujer… Es horrenda. Por eso no nos preguntan…»

P. 165: «En la sala del hospital donde yo trabajaba había dos heridos… Eran un alemán y un tanquista de los nuestros… Fui a verlos.

»-¿Cómo se encuentra?

»-Yo bien -dijo el tanquista-. Pero este está sufriendo.

»-Es un nazi…

»-Ya, pero yo estoy bien y él sufre.

»Ya no eran enemigos, eran personas, tan solo dos hombres malheridos en la misma habitación. Entre ellos surgió una relación humana. Tuve oportunidad de observar en más de una ocasión que eso ocurría muy rápido…»

P. 197: “Alrededor de la vida, igual que alrededor de la muerte, hay mucho trabajo. No solo se trata de cargar y disparar, no solo se colocan minas y se desactivan, se bombardea y se hace volar por los aires; no solo se trata de lanzarse al ataque, sino que también hay que lavar la ropa, preparar la sopa, hornear el pan, fregar las ollas, cuidar a los caballos […] De pequeños asuntos. Sé que a menudo no se piensa en todo eso. «Del trabajo habitual de las mujeres, había montones», recuerda Aleksandra Iósifovna Mishútina, auxiliar sanitaria…

P. 221: “… Muy pronto, ya en las primeras conversaciones, me di cuenta: independientemente del tema concreto del que hablaran, incluso hablando de la muerte, las mujeres siempre mencionaban la belleza, ese eje indestructible de su existencia: «Estaba tan bella en el ataúd… Parecía una novia…» (A.Strófseva, soldado de infantería). O bien: «Me tenían que entregar la medalla y mi camisa militar ya estaba muy vieja. Le hice un ribete de gasa en el cuello. Algo blanco… Me sentía tan hermosa en ese momento […] Luego hubo un bombardeo, se me quedó la camisa hecha un asco…» (N. Ermaliva, soldado de transmisiones) […]”

P. 281-282: “«Mi primer beso…

»El subteniente Nikolái Bielojvósóstik… Ay, me he puesto roja, y eso a pesar de que estoy hecha una abuelita […] Era mi primer amor… ¡O tal vez el único! ¿Quién sabe?… Yo creía: ‘Nadie de la unidad sospecha nada’ […]

»En su entierro… Yacía sobre una capa militar de lona, le acababan de matar […] Había llegado la hora de despedirnos de él… Me dijeron: ‘¡Tú la primera!’. El corazón me dio un salto, comprendí… que… todos sabían de mis sentimientos. Todos lo sabían… Tuve un pensamiento fugaz: ¿tal ve él también lo sabía? Allí estaba… Dentro de nada le bajarían al foso… Le cubrirían de arena… Pero me alegró enormente pensar que tal vez él lo sabía […]

»Toda mi vida he vivido con este recuerdo… Aquel instante. Las bombas caían… Él… tendido sobre aquella capa militar… Ese momento… Y yo tan alegre…. sonreía para mis adentros. Parecía una chiflada. Me alegraba porque él, quizá, sabía de mi amor….

P. 287: “[…] Allí a menudo no había testigos de los actos de valor, al igual que tampoco los había de la traición.

P. 341: “[…] Eso… sucedía… Rara vez sale en nuestros libros, pero es la ley de la guerra. Los hombres llevaban tanto tiempo sin mujeres… y además, claro, el odio nos desbordaba. Entrábamos en un pueblo o en un aldea: los tres primeros día se dedicaban al saqueo y a… […]

»Recuerdo… claro que recuerdo a una mujer alemana violada. Yacía desnuda, en la entrepierna le habían metido una granada. Ahora siento vergüenza, pero en aquel momento no la sentí […]”

P. 364: “… No me gustan los juguetes bélicos, los juguetes de guerra para niños. Los tanques, las metralletas… ¿Quién los ha inventado? Me revuelven el alma. Yo nunca les he comprado ni regalado a los niños juguetes de guerra. Ni a los míos ni a los de los demás. Una vez alguien trajo a casa un avioncito de guerra y una metralleta de plástico. Los envié directamente a la basura. ¡Al momento! Porque la vida humana es un regalo tan grande… ¡El mayor regalo! Las personas no somos dueñas de ese regalo…

Más noticias y opiniones sobre la obra

La ternura de los lobos, de Steff Penney

Sesión doble 65 (4 de octubre de 2016)

Imagen relacionada

Steff Penney, 1969-

ternuraLa ternura de los lobos/ Steff Penney. — [Barcelona] : Salamandra, D.L. 2008.– 448 p.

Resumen:  “Antes de que los rigores del invierno se ciernan sobre Dove River, un poblado fundado por pioneros escoceses en el noreste de Canadá, una mujer halla el cadáver de un trampero local al mismo tiempo que su hijo, de diecisiete años, desaparece en una excursión de pesca. Los hechos atraen hasta aquel remoto lugar a un variado grupo de personas dispuestas a esclarecer el crimen, o a beneficiarse de él, desde un joven delegado de la poderosa Hudson Bay Company hasta un curtido y arruinado periodista. Cuando la señora Ross decide emprender ella misma la búsqueda de su hijo, adentrándose en el bosque acompañada de un taciturno pero experto rastreador, se ponen en marcha también una serie de personajes cuyas insólitas historias confluyen hacia un destino común en el majestuoso e imponente marco de la tundra nevada… Los hombres y mujeres que conforman esta novela deberán saldar cuentas con el pasado antes de afrontar los desafíos del presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

 

Valoración

Como se ha comentado en la entrada anterior, dedicada al Día de las Escritoras, esta novela, primera de la autora, es una mezcla de géneros -western, novela histórica, de misterio, psicológica, etc.- que te atrapa desde el primer momento.

Y es que la obra es una delicia que nos ha gustado por igual a todas las componentes del grupo de lectura; incluso, ha habido alguna que la ha definido como el libro del verano pues se lo ha recomendado a un montón de gente.

Se trata de una novela coral pero de una clara protagonista, la señora Ross. Muy curiosa, además, la forma de la autora de explicitarlo, haciendo que esta hable en primera persona del singular y refiriéndose al resto de personajes en tercera persona. Una protagonista que a lo largo de la novela se va revelando como inteligente, valiente, con corazón, incluso tierna…

Estupendos también los retratos de los personajes secundarios, algunos de ellos verdaderamente entrañables. Mis favoritos: María y Donald. María, un ser libre e inteligente que intenta cultivar su intelecto a pesar de las circunstancias adversas -ser chica en aquella época y vivir en un pueblo con poca capacidad para desarrollar todo su potencial-; preciosas, además, la relaciones de María con su padre y con su hermana, a la que reconoce no solo bella sino tan inteligente como ella misma. Y Donald, un chico sensible y cabal, en búsqueda siempre de la acción correcta y que no renuncia al amor, que, con el desarrollo de la novela, se va volviendo menos convencional de lo que podía parecer al principio (llamo aquí la atención sobre el emocionante párrafo que aparece en las páginas 440 y 441 de la edición reseñada, especialmente esclarecedor de cómo este personaje ‘vive’ la relación con su amada).

Sin olvidar el paisaje en el que se desarrolla la acción, el noreste de Canadá, maravillosamente descrito y muy presente siempre en la novela, tanto que una integrante del grupo dijo que era como un personaje más. Con más valor, si cabe, al decirnos otra compañera que al parecer la autora había querido ir a conocer en directo el escenario de su novela pero que, dada su agorafobia, se había tenido que conformar con documentarse con mapas y libros consultados en la Biblioteca Británica.

En definitiva, una delicia de libro que me ha hecho rememorar lo bien que lo pasaba leyendo novelas de aventuras cuando era adolescente, con el añadido, además, de que, siendo un libro de acción, incluso de misterio, a la vez es psicológico y profundo, trufado de frases y pensamientos de los que dejan poso.

Terminar, pues, diciendo que podemos afirmar de esta novela que con ella se disfruta del placer de la lectura, nada más y nada menos.

 

Citas del libro

p. 14 [Señora Ross] : … Ando deprisa, impulsada por la cólera, con la cabeza alta. Seguramente parezco contenta.

p. 15 [Señora Ross] : ¿Señor Jammet? empiezo con una voz que me suena de una afabilidad irritante-. Señor Jammet, perdone la molestia, pero es que quería preguntarle…

p. 25: [Sobre la señora Ross]: … tiene un porte regio y una cara francamente bonita, aunque su gesto adusto es incompatible con la verdadera belleza.

p. 61 [Señora Ross]: Cuando sólo pensaba en mí misma, no tenía más que chasquear los dedos para que los hombres me complacieran en todo. Ahora que trato de ser mejor persona, ya ves: mi marido me da la espalda y no me mira a la cara. Pero quizá sea sólo cosa de la edad: cuando una mujer se hace mayor pierde encanto y poder de persuasión, y eso no tiene remedio.

p. 69 [Señora Ross]: La primera vez que veo a alguien le miro las bocamangas, los zapatos, las uñas, etcétera, a fin de deducir posición social y económica.

p. 73 [Donald]: No era esto lo que esperaba él cuando salió de Escocia. Entonces parecía que este vasto y solitario país encerraba una promesa de dureza, que el clima riguroso y la vida simple forzosamente habían de templar el valor del hombre, limpiándolo de mezquindad. Pero no ha sido así, o quizá sea culpa suya, quizá sea que él no se dejó limpiar. Quizá, para empezar, le ha faltado solidez moral.

p. 73: Donald no sale de su asombro de cómo habla esta muchacha. Le parece oír vagamente la voz de su padre decir en aquel didáctico tono suyo: “El deso de escandalizar es un rasgo infantil que se pierde al madurar.” No obstante, María podría ser cualquier cosas menos inmadura. Entonces Donald recuerda que ya no tiene por qué estar de acuerdo en todo con su padre.

p. 147 [Señora Ross]: Mi marido me dio lo que yo no esperaba alcanzar: un sentimiento de legitimidad. Y la convicción de que aquí había una persona a la que no tendría por qué ocultarle nada. No tenda que fingir. Supongo que lo que quiero decir es que lo amaba. Sé que él también me quería, pero no estoy segura de cuándo dejó de ser así.

Angus da media vuelta y, dormido, me abraza, algo que no ha hecho en mucho tiempo. No me atrevo a moverme, porque no sé si se da cuenta de lo que hace o está soñando. Al cabo de un rato, gruñe y se vuelve otra vez de espaldas a mí. Me parece que nunca, ni en los peores momentos del manicomio, cuando murió mi padre, me había sentido tan sola.

p. 175 [Señora Ross. Pasaje revelador de un dato]: Me vuelvo a mirar a los perros, que se han tumbado en la nieve, muy juntos para darse calor. Curiosamente, el más pequeño, de color arena, es perra; se llama Lucie, que él pronuncia ‘Lucí’, a la francesa. Es mi nombre, por lo que siento cierta afinidad con ella: parece cariñosa y confiada, como se supone que son los perros, muy distinta de Sisco, su compañero, que tiene pinta de lobo, unos inquietantes ojos azules y un gruñido amenazador. Me da la impresión de que existe cierta simetría entre los dos perros y las dos personas que hacemos este viaje. Me pregunto si Parker también lo habrá pensado, a pesar de que, naturalmente, no le he dicho mi nombre de pila ni es probable que él lo pregunte.

p. 177 [Señora Ross]: Es curioso cómo nos mueve la vanidad hasta en las circunstancias menos apropiadas. Pero, me digo, la vanidad es uno de los atributos que nos distinguen de los animales, por lo que quizá deberíamos enorgullecernos de ella.

p. 186-187 [Señora Ross]: Cuando le pregunto a Parker si esto es prudente, él se ríe. Dice que en esta región no hay osos. ¿Y lobos?, pregunto. Él me dedica una mirada de conmiseración.

-Los lobos no atacan a las personas. Pueden acercarse por curiosidad, pero no las atacarían.

-No sé de ningún caso en que los lobos atacaran sin ser provocados. Nosotros no hemos sido atacados, y ha habido lobos observándonos.

-¿Está despierta, señora Ross?

-Sí, consigo susurrar con el corazón en la garganta, imaginado toda clase de horrores al otro lado de la lona.

-Si puede, acerque la cara a al abertura y mire fuera. No se asuste, no hay nada que temer. Quizá le interese.

Al principio no veo más, pero al cabo de unos momentos percibo un leve movimiento en las sombras… ¡Un lobo! Los tres animales se observan con intenso interés, al parecer sin agresividad, pero también sin intención de darse la espalda. Se oye un aullido, quizá del lobo…. Parece estar solo. Se acerca unos pasos y luego retrocede, como el niño tímido que quiere unirse al juego pero no está seguro de ser bien recibido.

Durante unos diez minutos, observo esta escena de casi muda comunicación entre perros y lobo y acabo por olvidar el miedo. A mi lado, Parker también observa. Aunque no vuelvo la cara, lo siento muy cerca, tanto que hasta puedo olerlo. Lo noto poco a poco; el aire es tan frío que mata los olores. Siempre me había parecido que esto era de agradecer, pero el olor que percibo ahora no es a perro, ni siquiera a sudor, es un olor vegetal, a vida…

p. 177 [Señora Ross]:

-Me alegro de que me avisara

-Hace años… -Se interrumpe, como sorprendido de sí mismo por su locuacidad. Yo espero-. Hace años encontré un cachorro de lobo abandonado. Quizá a la madre la habían matado o echado de la manada. Lo eduqué como a un perro. Durante un tiempo se mostró contengo y cariñoso, una buena mascota. Me lamía la mano y se revolcaba con ganas de jugar. Pero creció y se acabó el juego. Recordó que era un lobo, no una mascota. Miraba a lo lejos. Un día despareció. Los chippewas tienen parea eso una palabra que significa “el dolor de la memoria”. No puedes domesticar a un animal salvaje, porque siempre recuerda de dónde viene, y algún día querrá volver.

p. 217: … El sonido es ineludible: tenue pero insistente, como la voz de la conciencia.

p. 219 [Donald]: … Porque sólo si es respetado puede un hombre conquistar el amor, ya que en el amor de una mujer tiene que haber parte de admiración.

p. 391: Pero también una casa vacía tiene algo que ofrecer al buen observador… Cosas que la gente no se molesta en recoger porque no valen nada, porque nadie las querría, ni siquiera la persona que vivía aquí.

Es muy poco lo que queda de nosotros.

p. 409: … ¿Cuál es el hombre que no ansía hacer el bien si, al mismo tiempo, se beneficia con ello?

p. 421 [Señora Ross]: Cuántas veces advertimos la acción de fuerzas implacables en el momento en que están actuando? Yo no me daba cuenta. Y por el contrario, ¿cuántos hechos que imaginamos trascendentales se evapora como la bruma matinal sin dejar rastro?

p. 440-441 [Rememoración de una vida; no se recoge el párrafo por no desvelar el final de la novela]

Más noticias y opiniones sobre la obra

10+1 Libros para celebrar el Día de las Escritoras 2016

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Hoy, 17 de octubre de 2016, se celebra por primera vez en nuestro país el Día de las Escritoras, promovido por la Federación Española de Mujeres Directivas (FEDEPE) y la Asociación Clásicas y Modernas en colaboración con la Biblioteca Nacional, y al que se han sumado diversas entidades.

Para contribuir a tan interesante y necesaria efeméride, a continuación reseñamos diez más un libros escritos y protagonizados por mujeres ‘disfrutados’ ya por nuestro grupo y que invitamos a que nadie se prive del placer de su lectura:

  1. Recuerdos míos, de Isabel García Lorca. XV Premio Comillas de autobiografía, biografía y memorias, en esta obra la hermana pequeña del genial poeta granadino rememora su infancia y juventud, con gran profusión de referencias a su querido y admirado hermano. Como se menciona en la propia presentación del libro, de la autora se podría decir como de uno de los personajes de ‘El canto de la alondra‘: “… tenía una buena colección de anécdotas. Era observador[a], veraz y afable, posiblemente los principales requisitos para ser un[a] buen[a] narrador[a]”.
  2. Memorias de Leticia Valle, de Rosa Chacel. La autora vallisoletana, sobradamente merecedora e injustamente olvidada de los principales premios literarios del país, en esta novela parece mostrar claves simbólicas acerca de algunos episodios reales de su vida y de personajes decisivos de su biografía, como Ortega y Gasset.
  3. El cuarto de atrás, de Carmen Martín Gaite. De la escritora salmantina por excelencia, es a la vez un libro sobre el oficio de escribir, un libro de memorias y una novela fantástica. Solo decir que en Estados Unidos lo han entronizado como el gran clásico de la literatura española contemporánea, como mencionaba Tereixa Constenla en un artículo en El País.
  4. Nada, de Carmen Laforet. Ganadora de varios premios, esta obra sorprendió cuando se publicó originalmente en 1944 no solo por la juventud de la escritora barcelonesa -tenía 23 años cuando la escribió- , sino también por la cruda -y nada común por entonces- descripción de la sociedad de aquella época.
  5. La voz dormida, de Dulce Chacón. Emocionante novela histórica de la escritora extremeña prematuramente desaparecida. En la misma se narra la vida en la cárcel y fuera de ella de mujeres víctimas de la guerra civil y la posguerra española. Se llora y se disfruta por igual.
  6. La ridícula idea de no volver a verte, de Rosa Montero. También de época más reciente, esta obra de la escritora y periodista madrileña es una sabia y emocionante reflexión sobre la vida, a la vez que una especie de memorias en paralelo al diario que Marie Curie comenzó tras la muerte de su esposo.
  7. Un matrimonio perfecto, de Elizabeth von Arnim. Australiana de nacimiento pero educada en Inglaterra, esta escritora de agudos humor e ingenio narra maravillosamente en esta obra, sin embargo, un sutil pero muy claro caso de violencia de género.
  8. Toda pasión apagada, de Vita Sackville-West. Admirada y querida por Virginia Wolf, esta escritora y diseñadora de jardines inglesa hace en este precioso libro una reivindicación del derecho de las mujeres mayores a llevar la vida que elijan para sí mismas, sin prestar atención a presiones familiares ni de ningún otro tipo.
  9. El verano sin hombres, de Siri Hustbedt. Bonita novela de la escritora norteamericana en la que la protagonista comienza con problemas psicológicos debidos a una traumática separación conyugal para terminar viviendo una vida plena en estrecha relación con otras mujeres, entre ellas su madre e hija queridas.
  10. La ternura de los lobos, de Stef Penney. Uno de los últimos libros leídos por el grupo de lectura. Solo decir que esta novela, primera de la autora inglesa, es una mezcla de géneros -western, novela histórica, de misterio, psicológica, etc.- que te atrapa desde el primer momento, y de la que se puede decir con toda propiedad que con ella se disfruta del placer de la lectura, nada más y nada menos.

10+1 Una habitación propia, de Virginia Woolf. No se puede terminar una relación de libros en honor al primer Día de las Escritoras sin mencionar este clásico de la espléndida escritora inglesa. De lectura deliciosa, se trata de una de las obras más importantes de la autora y una de las piedras angulares del pensamiento feminista.

Como menciona Montserrat Barba Pan en About en español, la tesis que va desgranando Virginia Woolf a lo largo de seis capítulos y 150 páginas de Un cuarto propio es clara: la mujer necesita dinero y un espacio propio (cuarto, habitación, estudio,…), que le permita aislarse de sus tareas familiares, para así poder escribir con libertad. Ya ha pasado a la historia una de sus citas más célebres: “Les dije suavemente que bebieran vino y que tuvieran una habitación propia“. Una frase que hoy en día sigue vigente: busca tu mundo, tu espacio, tu independencia como mujer.

Un ejemplar de todas las obras reseñadas están disponibles en nuestro Centro de Documentación para el público en general, además de en lotes de 20 ejemplares para su préstamo a grupos de lectura.

¡Feliz y lector Día de las Escritoras 2016!

Vídeo

Nuestra canción del verano 2016: Hasta el final, de Monica Moss

Me llamó la antención una entrevista a Monica Moss en Diariocrítico.com en la que la cantante sostenía un discurso explícitamente feminista. Siguiéndole la pista encontré otra entrevista en Mujeres Valientes en la que, por ejemplo, denunciaba la masculinización del lenguaje.

Esto me llevó a buscar entre sus trabajos nuestro “hit del verano 2016”, siendo elegida la canción ‘Hasta el final’, de su último disco ‘Forever perras’:

 

Según se sostiene en el blog Mundocabaret, este tema aborda “el hilo conductor de todo el álbum, el canto a la fuerza creadora de la mujer y cómo se integran el ‘yo público’,  ‘yo privado’ y ‘yo trascendente’ a lo largo de la existencia.”

Más información sobre esta artista de Chamberí en su web.

Feliz y creativo verano 2016!

Vídeo

Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

Sesión 64 (14 de junio de 2016)

alicia

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951-)

Hombres desnudosHombres desnudos / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Editorial Planeta, 2015 — 474 p.

Resumen:  “Nadie puede imaginar hasta qué punto los  tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. ‘Hombres desnudos’ es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

En esta ocasión resulta bastante difícil hacer la entrada correspondiente al libro, entre otros motivos porque plantear aquí el coloquio que tuvo lugar en torno al mismo sería destriparlo (término preferido por la Fundación del Español Urgente -Fundéu- al anglicismo tan de moda últimamente).

Decir, eso sí, que la obra gustó en general; incluso, algunas componentes que habían comenzado su lectura con ciertas reticencias comentaron que habían aprendido mucho con las reflexiones de los distintos personajes de la novela. En cualquier caso, también hubo voces disidentes que comentaron que, a pesar de que la autora no se puede considerar como tal, el libro les había parecido profundamente machista por la escasa definición de los personajes femeninos y mayor desarrollo de los masculinos, por crearte simpatías con los segundos y antipatías con los primeros, por justificar hechos injustificables, etc.

No entendí yo del todo la obra de esa forma, aunque sí que pienso que puede dar pie a la justificación de ciertos hechos; a mí en lo que me hizo pensar la novela sobre todo es en el empobrecimiento material y moral a los que puede dar lugar la crisis económica, especialmente con personas procedentes de la clase media, no acostumbradas, por tanto, a luchar por la supervivencia desde siempre como es en el caso de las personas más pobres.

En fin, baste decir que la obra es de fácil lectura, como siempre pasa con esta autora, que es muy interesante el recurso de la voz narrativa cambiante y que puede dar lugar al debate de interesantes cuestiones como la prostitución -y si hay diferencias entre la masculina y la femenina-, las relaciones entre las distintas clases sociales, las relaciones familiares, las relaciones de pareja, los modelos de masculinidad, la violencia machista -y no solo por un personaje tan abiertamente misógino y violento del amigo del personaje principal- o la mencionada crisis de valores ocasionada por la crisis económica.

Y decir, en definitiva, que la novela no es lo que puede parecer de primeras y que si bien es una obra de fácil lectura es de difícil digestión.

Lo que no me atrevo es a afirmar si la autora justifica o simplemente muestra ciertos hechos. Mejor, quizá, oírle a ella en la entrevista que le hizo el programa de RTVE ‘Página 2’ en noviembre de 2015, a ver si nos aclara un poquito al respecto:

 

Citas del libro

p. 35 [Piensa Irene]:

Mis amigos adoptantes de hijos, parejas encantadoras, también se han unido al grupo que me ofrece «cualquier cosa que necesite» tras mi separación. […] No he vuelto a verlos, no me han llamado por teléfono ni una sola vez. Pensar que «los amigos me han fallado» comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así. Los amigos siempre me han importado de un modo relativo, sirven para cubrir necesidades sociales: salir a cenar, charlar distendidamente…, poco más. […] Nunca he visto con mis propios ojos ninguna de esas amistades épicas de los hombres ni la intimidad total que dicen que puede darse entre mujeres. ¿Fidelidad hasta la muerte? Ni los perros te la proporcionan.

p. 37 [Piensa Irene]

Genoveva Bernat, todo un personaje. La próxima vez que me llame le diré que sí, que quiero salir con ella. […] Al menos con ella no tendré la sensación de que están juzgándome, compadeciéndome, intentando sacarme información sobre mi ruptura para lanzarse a murmurar cuando ya me haya ido. […]

p. 98 [Habla y piensa Irene]:

Bueno, Teresa, ya sabes cómo son las separaciones. Se pasa mal […] Pero cuando he llegado a la firma del divorcio, se ha sentido interesada de verdad […]

Naturalmente no puede regresar y presentarse ante el grupo con el saco vacío de cotilleos […]

p. 100 [Piensa Irene]

Nunca me había fijado en cómo habla Teresa. Resulta vulgar, como una dependienta de supermercado ¿Hablo yo igual? Probablemente sí. No era consciente, pero viéndolo desde fuera… Cuanto más te alejas de un paisaje, con más perspectiva lo divisas. Todas las mujeres de mi grupo social hablamos así: una mezcla de palabras cultas y expresiones populares oídas en la calle. Parecemos más modernas de esa manera. […]

p. 124 [Habla Javier y piensa Sandra]

¡Cuidado, Sandra, cuidado con lo que vas a decir! […]

Lleva razón, cuidado, cuidado con lo que digo. No quiero hacerle daño. No quiero ofenderlo. No quiero perderlo […]

p.124 [Piensa Sandra sobre Javier]

[…] ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se ha dejado influenciar por un tipo al que, en circunstancias normales, despreciaría? Iván, un marginal, un machista, un grosero, un lumpen. […]

[Pongo esta cita porque me ha resultado curiosa la lista de descalificaciones por la mezcla de deméritos con prejuicios]

p. 191-193 [Piensa Javier]

[…] mi benefactor es un tipo con quien no me une el más mínimo vínculo […] Un tipo que no ha leído un libro en su vida. […] He pensado en regalarle un libro que pueda gustarle, que lo sumerja en uno de los grandes placeres que se le brindan al ser humano, pero sinceramente, no sé cuál escoger. Descartados los clásicos, cuyo lenguaje no es fácil, y que deben de sonarle a obligatoriedad escolar. […] Descartados los clásicos he pensado también en contemporáneos con garra: Palahniuk, Cheever, Carver…, pero no sé si le interesarán. Quizá debería descender un peldaño mis pretensiones y comprarle una novela de Stephen Kingg, o por el contrario, subir de golpe todos los peldaños posibles y ponerle en las manos ‘Crimen y Castigo’. […] Quiero ser su Pigmalión, mucho peor que eso, estoy comportándome como uno de eso miembros de una pareja desigual que quiere cambiar al enamorado a su imagen y semejanza. Patético. […] ¿Quién me he creído que soy? Iván es muy superior a mí. Yo soy un paria, un desclasado, un inútil. […] Él ha sabido buscarse la vida, espabilarse, convertir las duras condiciones de su pasado en una realidad cómoda y sin traumas. […]

p. 193 [Piensa Javier]:

[…] He visto con toda claridad que nuestra relación era un montaje cuyas reglas de funcionamiento las dictaban los demás. Es siempre así […] Nuestro caso era simple: pareja joven, ambos con trabajo. Buena colaboración en las tareas domésticas. Cierta solidaridad: hoy por ti mañana por mí. Amigos comunes, aficiones comunes. Salidas consensuadas: al cine, a cenar. Fines de semana tranquilos. Sexo seguro y garantizado. Todo en su lugar. Cambia una sola pieza de ese artefacto […] y la cosa se ha jodido. […]

p. 249 [Piensa Genoveva]

[…] ¡Verlo para creerlo! Aunque me temo que es cosa de todos los hombres en general. También los maridos se olvidan de cómo empezaron las cosas y van metiéndose en tus asuntos cada vez más. Exigen, protestan, preguntan, dan el supercoñazo y enseñan su peor cara. […] ¡Tranquis, tíos!, tú eres tú y yo soy yo. […]

[Para fijarse también en la muestra del habla de un personaje de la clase ‘pudiente’ mencionada en una cita anterior]

p. 258-259 [Piensa Javier]

Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportaría felicidad. […] La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz. ¿Quién puede permitirse vivir una existencia plácida dedicada a enseñar, a leer, a pensar, a convivir en paz? […]

p. 346 [Habla Javier]:

A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad.

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La puerta de los ángeles, de Penelope Fitzgerald

Sesión 63 (3 de mayo de 2016)

Penelope_FitzgeraldPenelope Fitzgerald (Lincoln, 1916-2000)

puertaLa puerta de los ángeles / Penelope Fitzgerald.– Madrid: Impedimenta, 2015. — 231 p.

Resumen:  “Fred Fairly, un brillante joven, tiene ante sí un prometedor futuro como profesor de Ciencias en Cambridge, siempre y cuando respete una de las normas ancestrales del college al que pertenece. El St. Angelicus, como el Monte Athos, se caracteriza por no haber permitido que ninguna mujer traspase sus muros desde hace más de quinientos años. Por tanto, el matrimonio es algo impensable. Pero parece que Fred, miembro de la peculiar Sociedad de los Desobedientes, comienza a rebelarse contra la rigidez del mundo que le rodea: empieza por confesar a su padre que ha perdido la fe y, tras un aparatoso accidente de bicicleta, acaba por enamorarse de una misteriosa joven con un dudoso pasado. Y es que en cualquier lugar, hasta en el riguroso St. Angelicus, existe una puerta oculta.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Reunión poco nutrida pero no por ello poco animada.

Menos una de las asistentes que había comenzado a leer el libro y esperaba a conocer otras opiniones para decidir si le merecía la pena continuarlo hasta el final o no, el resto manifestamos lo mucho que nos había gustado.

Y es que la novela es interesante y grata a la vez, así que el juicio general expresado en la reunión es que es totalmente recomendable.

Una de las compañeras, por ejemplo, apuntó que, en contraste con ‘Farándula‘, la obra leída el mes anterior, el estilo de esta novela pausado, sin aspavientos, sencillo pero a la vez profundo y sofisticado le había encantado, haciendo que su lectura hubiera sido para ella adictiva y deliciosa (con la ventaja de que ella lo había leído en su versión original, ya que es de Filología inglesa).

Otra asistente comentó que sin ser una obra conceptualmente feminista en la práctica lo es y mucho, ya que, por ejemplo, describe el ambiente social de una época en la que las mujeres estaban luchando por la consecución de sus derechos, entre ellos el del voto; o por el retrato que hace de la protagonista femenina, una joven que, a pesar de su humilde procedencia, pretende formarse y ganarse la vida en un trabajo cualificado -la enfermería- por el que siente una profunda vocación y para el que demuestra sobrada capacidad.

Una sociedad difícil para las mujeres la que muestra la novela -la Inglaterra de principios del siglo XX-, en la que las chicas que quisieran trabajar estaban sometidas a dificultades de todo tipo, como el deber de mostrar en todo momento una conducta intachable a la vez de tener que soportar acoso sexual en el trabajo, en los transportes públicos, etc., además de la imposibilidad de formarse en la universidad y de integrarse plenamente en los ambientes culturales del momento.

Todo ello aderezado con personajes amables -mención especial merece aquí el protagonista masculino-; con ese sentido de la ironía tan británico; con unas descripciones de interiores y de paisajes realmente sugerentes; o con el reflejo fidedigno de un ambiente científico que la autora parece que conocía bien, con principios fundamentales sometidos a cambios profundos, al igual que la sociedad en los que estos sucedían.

En definitiva, un libro muy estimulante que nos ayuda a conocer la historia reciente y con ello a respetar aún más a unas antepasadas que contribuyeron de forma tan importante a la mejora sustancial de la situación actual de las mujeres, al menos en lo que a Occidente se refiere.

[Para ilustrarse de forma amena sobre la lucha de las sufragistas recomendamos el telefilm Iron Jawed Angels: derecho al voto para la mujer, disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación, o la película Sufragistas, estrenada recientemente]

Citas del libro

P. 49-50:

Al final de su primer año como profesor adjunto, Fred pensó que debía confesarle a su padre [pastor protestante] que ya no era cristiano, pero de manera que le causara la menor aflicción posible. El dilema le parecía más propio de 1857 que de 1907 […] Fred, que contemplaba el pasado con tanta bondad como el presente, pensaba que, aún en el nuevo siglo, no debía menospreciar aquello que se había tenido en tan alta estima. No le quedaba más remedio que ir a casa y hablar con su padre, cara a cara, exponiéndole sus motivos, como solían hacer los hijos para tratar un tema en el que la razón, por desgracia, carecía de poder. Actuar de ese modo era lo mínimo que exigía la cortesía. Pero no cabía duda de que su padre se sentiría profundamente consternado. […]

P. 59-62 [Fred va a visitar a su familia y confesarle a su padre que ya no es cristiano]:

Su madre, Hester y la señora Burden, que iba desde el pueblo a cocinar y ocuparse de las tareas más pesadas de la casa, estaban sentadas, cosiendo […]

¡Mi querido Freddie! –exclamó la señora Gairly–. ¡Qué agradable sorpresa!

Hester, no tan fría como de costumbre, dijo:

Espero que sepas lo que estamos haciendo. Son los colores del WSPU [Women’s Social and Political Union, principal asociación a favor del sufragio femenino en Gran Bretaña]. Fabricamos pancartas para la marcha de Birmingham […]

Pero, madre, ¡tú no estás a favor del sufragio femenino! –dijo Fred–. Hemos hablado de ello en varias ocasiones…

Ahora está a favor. Todas lo estamos –le interrumpió Julia– […]

Toda ha cambiado, Freddie –dijo Hester–. Ahora es distinto. Ahora nadie se ríe. Vimos la foto de la gente que estaba haciendo huelga de hambre en el Daily Mail.

[…]

¿Está padre en su despacho?– preguntó.

Por supuesto –dijo Julia–. No se le ocurriría aparecer por aquí. Sabe lo que estamos haciendo y le da pánico.

Fred fue al estudio. Sin tomar asiento y sin decidirse aún a abordar la cuestión, aunque fuera poco a poco, comenzó a justificarse con frases entrecortadas. Su padre le tendió una mano […].

Entonces dijo:

Cuando me explicaste que querías estudiar Ciencias Naturales en la universidad, lo que te ha proporcionado, supongo que por fortuna, tu actual empleo, di por supuesto que eso te llevaría, tarde o temprano, a concluir que la idea del alma no tiene sentido. Todo lo que te pido es que no me cuentes nada al respecto. Las mujeres de esta casa, como tal vez ya hayas visto con tus propios ojos, nos han abandonado definitivamente. No podemos contar con ellas para ningún fin práctico.

No creo que nos hayan abandonado, padre. Esta concentradas en lo que hacen, que no es lo mismo.

Freddie, me han dicho que hay sobras en la despensa. ¿Tienes idea sobre cómo se cocinan las sobras?

Las sobras no se cocinan. Son sobras porque sobraron de algo que se había cocinado antes.

Su padre sonrió y suspiró.

P. 81:

Parece usted más seguro de su nombre que ella misma– dijo el señor Wrayburn.

¿Por qué dice eso? ¿La está censurando?– preguntó Fred, decidido a levantarse y abandonar la clínica […]

¿Censurarla? ¡Por supuesto que no la está censurando –exclamó la señora Wrayburn–. ¿Por qué debería una joven, o cualquier otra mujer, dar explicaciones sobre lo que hace? ¿Por qué está obligada a recordar su nombre si no quiere hacerlo? Todo cuanto tenemos derecho a preguntar es: ¿predominan en su carácter los más elevados ideales? ¿Recorre la senda que conduce a la dicha? ¿Se encuentra en armonía con el nuevo siglo?

P. 195:

Después de que Fred regresara a su asiento, la señora Wrayburn prestó juramento y dijo que se dedicaba a sus labores.

Sería licenciada –dijo–, si la universidad permitiera licenciarse a las mujeres.

Señora Wrayburn, se dedica usted a sus labores –prosiguió el inspector– […]

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