El color del silencio, de Elia Barceló

Sesión 84 (4 de diciembre de 2018)Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957-   )

El color del silencio / Elia Barceló. — Barcelona: Roca, 2017.– 477 p.

“Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Me temo que la valoración de este libro la vamos a ventilar en pocas líneas: en general la gran mayoría opinamos que estábamos ante una novela con clara vocación de superventas (no en vano en la faja del libro se recoge la siguiente cita de Julia Navarro: “Una novela que lo tiene todo para ser el libro del año”).

En lo positivo decir que a algunas de las componentes del grupo nos ha resultado entretenida y más interesante que otras obras del mismo estilo (por ejemplo que ‘El tiempo entre costuras’, de María Dueñas, o que ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón). O que a algunas nos pareció un acierto la presentación panorámica inicial de la trama y los personajes principales mediante la descripción de una ‘constelación familiar‘ a la que asiste al principio de la novela Helena (con ‘h’), la protagonista de la misma (aunque a otras esta cuestión precisamente les rechinó por sonarles a algo cuando menos esotérico). O que algunas expresaron cierta simpatía por el carácter fuerte y nada complaciente de la protagonista (como se supone que no debemos ser las mujeres si queremos ser atractivas al ‘sexo opuesto’), en comparación con el de su fiel compañero, por el que otras manifestamos cierta ‘atracción’, si bien otra componente del grupo dijo que “no le ponía nada” (preguntada posteriormente por mí al respecto me respondió que le cambiara de sexo, a ver qué me parecía entonces. Tenía razón…). Alguien comentó también que la actitud de desapego de la protagonista con su hijo podría considerarse como ‘transgresora’, encontrando la oposición de quien opinaba que, en vez de dedicarse a indagar solo solo sobre sus problemas con su madre, la protagonista se debería haber ocupado más de su relación -o falta de la misma- con su propio hijo (la Maternidad, uno de los grandes -y controvertidos- temas en los que profundizar en el grupo en todas las ocasiones que haga falta). Y que el libro muestra la cruedad e inmoralidad de integrantes del bando rebelde de la Guerra Civil española -e implicados en la trama de bebés robados, agrego-, hecho que una compañera agradecía que se diera en la obra (aunque uno de los personajes es un fascista asesino, sí, pero se comporta como padre comprensivo y amantísimo). En fin, algo es algo.

En lo negativo ya se ha mencionado que percibimos una clara voluntad de la autora por escribir un bestseller: obra de misterio con protagonista cosmopolita pintora de éxito perteneciente a familia adinerada viviendo en una casa de lujo rodeada de paisajes exóticos -parte de la novela se desarrolla en una idílica mansión situada a las afueras de Tánger- (recordemos las palabras de Julia Navarro). Personajes planos, no se percibe la vida en su profundidad como en los buenos libros de verdad, dijeron compañeras. Y algunos párrafos que pueden ‘rechinar’, como por ejemplo el que hay al final de la página 97: “Era un dolor exquisito, como cuando se toca con la punta de la lengua una muela sensible.“, que tiene su continuidad en la página siguiente, que comienza de esta forma: “Podría haberse entregado a esos recuerdos tan exquisitamente dolorosos durante una eternidad…“, o la que hay sobre la mitad de la página 141 que dice así: “La idea la llevó a mirar fijamente las dos cajas cerradas que presumiblemente estaban llenas de palabras que no habrían sido escritas pensando en ella y ahora se le revelarían, se le abrirían impúdicamente de piernas, como una prostituta en un puerto oriental…“. Ni tan siquiera el hecho de que la novela esté bajo el peso de un enigma que no se rebela hasta el final parece que haya gustado mucho a la mayoría del personal pues, como dijo una componente del grupo -que se declaró gran aficionada a la novela negra-, el desenlace de la obra es perfectamente previsible, cuestión que ya habían comentado también otras compañeras.

Por no finalizar esta valoración tan negativamente, decir que a mí me parece que en el libro hay ciertas reflexiones en las que valdría la pena detenerse (mirar las citas), aunque alguna sea discutible o cuando menos matizable (como la de la página 130, y pienso en el movimiento #MeToo, por ejemplo), o, en opinión de otras componentes del grupo, la comparación que la protagonista hace entre la escritura y la pintura en una supuesta entrevista que se recoge de la página 290 a la 294, de la que extraigo el siguiente fragmento ilustrativo: “Un escritor puede ser extremadamente claro y preciso, si quiere, pero también puede ser extremadamente vago. Un pintor, por el contrario, tiene que comprometerse. Siempre. No puede mentir ni disimular. Escribiendo se puede esquivar el compromiso; hay muchos grados de vaguedad que no llaman demasiado la atención y que pueden usarse para crear diferentes efectos, pero cuando uno pinta tiene que decidirse.”. Aunque opino que también esta idea es discutible y/o matizable, como en el caso anterior, y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la pintura abstracta o la pintura conceptual; pero este no es el tema que nos ocupa así que mejor dejar las reflexiones al respecto para otro marco más adecuado.

Bueno, parece que al final el comentario del libro ha dado más de sí de lo esperado inicialmente, tal como sucedió en la reunión en torno al mismo (curiosa y precisamente).

Citas

P. 130 [pensamientos de Marc, joven pintor que está a punto de enrollarse con la protagonista la noche de antes]: Estaba dispuesto a todo para conseguirlo [el éxito], a cualquier cosa. Eso siempre lo había sabido y la noche anterior se había presentado la primera oportunidad real de demostrarlo. No le daba ninguna vergüenza. Era una simple contraventa. Cantidades de mujeres habían pasado por lo mismo y la sociedad siempre lo había aceptado. Un genio, incluso ya anciano, se encapricha de una chica joven y guapa, ella se deja hacer y él la ayuda a llegar al lugar en el que ella siempre quiso estar. Muchas actrices habían pasado por ello, cantantes, bailarinas, presentadoras de televisión… Y muchas artistas que, arrimándose a la sombra de un gran hombre, pudieron empezar a mostrar lo que sabían hacer.

También era una práctica habitual entre homosexuales: un mentor de edad y un muchacho que empieza en la rama que sea.

¿Por qué, sin embargo, cuando se trataba de un chico y una mujer mayor la situación dejaba ese regusto tan nauseabundo? ¿Se sentiría igual si Helena tuviera teinta años? Igual sería una compraventa…

P. 349: -A veces en ciertos momentos se dicen cosas sin pensar -intentó ayudar Carlos.

-Sí, cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.

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Poema para el 25 de Noviembre de 2018: ‘Sh, sh eh guapa’, de Isabel Martín

Isabel Martín es una joven poeta feminista. Además de escribir, canta flamenco de maravilla y dicen que tiene también grandes cualidades para las artes plásticas, quizá por estar relacionadas con su profesión, la arquitectura.

De su obra ‘90.3 de vaciante‘ -título de resonancias marineras, según dijo la autora en una presentación reciente del mismo en Sevilla-, editado en 2018 por la editorial Crecida, hemos escogido para este 25 de noviembre el poema titulado ‘Sh, sh eh guapa‘, escrito por la autora un día que, tras conocer la tristemente famosa sentencia del juicio de La Manada, salió a la calle y como primera de una serie de agresiones un tipo le increpó por la calle con un “sh, sh eh guapa”. El poema dice así:

No soy ¡sh sh sh!
No soy ¡eh guapa!

Soy Isabel, María, Amparo, Julia.
Soy Manuela, Lucía, Paloma, Ana.

Soy tu madre, tu hermana, tu compañera de trabajo,
tu amiga, la que pasa por ahí.

Soy del 70%1 que ha sufrido violencia física o sexual a manos
de una pareja.

Soy tu madre, tu hermana, tu compañera de trabajo,
tu amiga, la que pasa por ahí.

Soy a la que llamas calienta-pollas.
La que escucha tu… “no me dejes así ya que estás”

Soy la de la talla M con extra de curvas intallables.

Soy la que acabas de asesinar y van 622.

Soy la que ve los anuncios de reglas limpias,
azules (¿?) que huelen a nubecitas.

Soy por la que dices levantas tu puño machista en las
manis del 8 de marzo, “compañero” activista.

Soy una bruja.

Soy la bisnieta de “la pobre” que era muy guapa y
simpática con la que los hombres se portaron mal.

Soy la que violaste asqueroso cabronazo.

Soy la de “es que iba provocando”.

Soy la que se cansa de “supuestos” casos de (…)
y de “presuntos” asesinos.

Soy a la que no da las gracias.

Soy la que cuidó y cuida y está hasta el coño.

Soy la de “hija tú no tengas prisa de hombre que ahí se te acaba
todo”.

Soy a la que obligáis a parir (que no a ser madre).

Soy a la que temes libre.

Soy a la que llamaste marimacho y guarra.

Soy Antonia,
Esther,
Laura,
Ángela,
Alba,
Frida.

No soy ¡sh sh sh!
No soy ¡eh guapa!
———————————————————————————————–
1. ONU Mujeres: Acabar con la violencia contra mujeres y niñas
2. www.feminicidio.net España 2018 hasta 29 agosto

Saludamos, pues, a esta nueva generación de mujeres que lucha creativamente y con rotundidad contra la violencia machista, a veces sutil y otras abiertamente agresiva, a la que muchas veces están expuestas.

No me resisto a mencionar que durante la presentación referida, organizada por la Fundación María Fulmen y en la que también participaron las poetas andaluzas ya veteranas pero igual de reivindicativas Eloísa Galindo y Lola Callejón, introducidas por otra gran poeta, Carmen Herrera, Isabel contó que había conocido a esta última siendo niña, cuando su padre le llevaba a recitales poéticos en su ciudad natal, y que era quien le había inducido a pensar que también las mujeres podían ser poetas y que ella quería ser una de ellas.

Y es que es importante contar con referentes femeninos inspiradores, como es sin duda el caso de esta joven poeta onubense, que en este poema expresa maravillosamente la frustración de tantas mujeres jóvenes ante la violencia machista.

¡No a la violencia machista!

Las autoras mencionadas en nuestro Centro de Documentación

Obras de Eloísa Galindo
Obras de Carmen Herrera Castro

Canción para el 25 de Noviembre de 2018: ‘Caza de pañuelos’, de Rayden

Para conmemorar el 25 de noviembre, este año elegimos una canción del rapero madrileño David Martínez Álvarez, conocido artísticamente con el nombre de Rayden.

La letra, tomada del artículo ‘‘Caza de Pañuelos’, de Rayden: letra, audio y un gran significado‘, de Judith Torquemada (Happyfm.es, 28 de septiembre de 2018), es la siguiente:

¿Qué parte del no es la que no entienden?

No sabes quién soy y no sabes lo que te pierdes,
ya verás mañana, seguro que te arrepientes.
Que yo tengo a quien quiera, se mueren por verme,
pero que quede entre nosotros, a nadie se lo cuentes.

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
Pero ellos van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.

“Mira como viste, seguro que lo busca”.
“Pero si no se resiste, seguro que le gusta”.
“Si ella no quería, ¿por qué no lo denuncia?”
“Lo pediría a gritos, ¿de quién será la culpa?”

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
Pero ellos van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.

Pero ellos salen a la caza del placer,
no saben de qué trata tratar bien a la mujer.
Abuso de poder y del empoderamiento,
desde el mismo momento en que vinimos a nacer.
Tanto por cambiar, aún queda tanto por hacer.
Por hacernos mirar, y aún queda más por aprender.
Que las primeras muestras deben nacer de nosotros,
y ante todo respeto, tanto mutuo como propio.

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
“Que quede entre nosotros, a nadie se lo cuentes”.

Y es que últimamente ha surgido una nueva generación de raperas y raperos que están consiguiendo revertir los mensajes de este género musical con su prosa feminista e inclusiva, como recoge Noelia Ramírez en un artículo reciente sobre el alicantino Arkano (Smoda, 24 de septiembre de 2018).

Nos congratulamos de este cambio de tendencia y esperamos que las letras de estas nuevas y nuevos poetas de nuestro tiempo tengan reflejo en la realidad de la juventud, tan expuesta aún hoy a mensajes y comportamientos de violencia machista.

Y el domingo 25 de noviembre todo el mundo a la calle para reivindicar que se termine con la lacra social de la violencia de género.

El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Sesión 83 (6 de noviembre de 2018)Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939)

El cuarto de la criada / Margaret Atwood. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 6ª e.– 412 p.

“Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres…

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Hace ya un tiempo que teníamos gana en el grupo de leer esta novela -publicada originalmente en 1985-, entre otras cosas por la popularidad que ha alcanzado en los dos últimos dos años gracias a la emisión de la multigalardonada serie de televisión basada en la misma.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, se trata de una obra de ciencia ficción distópica en la que mujeres en edad y condición de procrear son esclavizadas para ser utilizadas con dicho fin por parejas ‘pudientes’ no fértiles.

Con este argumento parece, pues, que nos encontramos ante una novela claramente ‘feminista’, si bien la propia autora aclara en la introducción de la obra que “Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro…En ese sentido, muchos libros son «feministas».”

Compartimos, pues, lo dicho por la autora, subrayando el hecho de que en la obra las mujeres no solo son importantes sino que son las protagonistas fundamentales de la trama, que se basa precisamente en una capacidad exclusiva del género femenino como es la de traer descendencia al mundo, algo que, paradójicamente, en vez de haber supuesto importantes beneficios para las mujeres, se ha usado a lo largo de la historia en su contra, desde las situaciones extremas que plantea esta distopía hasta otras más sutiles como el sostener que las mujeres donde están mejor es en su casa al cuidado de sus criaturas, incluso en los casos en que esto les suponga una dependencia económica absoluta y la dificultad, si no la imposibilidad, de incorporarse al trabajo remunerado pasada la época de crianza. Además de extender este rol de ‘cuidadoras’ al servicio del resto de la familia, incluyendo al marido o compañero y a las personas mayores y/o discapacitadas de la unidad familiar. Un trabajo, cómo no, sin remuneración económica, como bien argumenta la profesora y activista feminista italiana Silvia Federici.

Nos encontramos, pues, ante una obra de ciencia ficción que basa su argumento en una de las raíces del patriarcado -intuyo que la principal-, régimen que busca la sumisión de las mujeres en pos de unos servicios a la comunidad que le son ‘naturalmente’ (?!) propios y para lo que el sector dominante cuenta con otras mujeres como cómplices para adoctrinar y/o aprovecharse de las que están en una posición más débil, mujeres cómplices que previamente han sido víctimas, a su vez, de adoctrinamiento para que vean estas situaciones de inferioridad femenina como ‘normales’, ‘naturales’.

Se menciona esto porque la novela muestra lo que podríamos denominar como falta de ‘sororidad‘ entre la mayoría los personajes femeninos que aparecen en ella, siendo curioso que esta palabra, divulgada bastante más tarde por la antropóloga mexicana feminista Marcela Lagarde, sale ya en este texto de 1985 como una propuesta de Luke, pareja inicial de la protagonista, como equivalente femenino al de ‘fraternidad’ (véase cita de las páginas 34 y 35).

Cosas que se dijeron en la reunión sobre la obra:

-Magnífica, en su contención

-Conmovedora

-Aterradora, terroríficamente actual (véase, si no, las ideas defendidas por líderes políticos actuales de dentro y fuera de nuestras fronteras)

Una compañera, no obstante de haber expuesto con anterioridad que la obra le había llegado profundamente, comentó que le extrañaba que en la misma la autora no hubiera aprovechado para argumentar cómo es precisamente el capitalismo, y las dificultades que el mismo supone a la hora de ser madre, el causante principal de la baja tasa de maternidad de las mujeres en la actualidad (en el texto se habla de ‘pereza’ de las mujeres -véase la cita de la página 164-, pero nada se dice de en este sentido).

En fin, se puede decir que en general pensamos que estamos ante una obra de ‘aterradora’ actualidad, que además de con las políticas retrógradas y contra las mujeres que algunos sectores de la sociedad pretenden imponer, se puede enlazar con otro tema tan del momento como es el de la maternidad subrogada, que está dando lugar a la creación de granjas de mujeres en países pobres para tener un mercado de bebés disponible que dé respuesta a la demanda de los países ricos.

Decir también que la obra crea un universo onírico de una estética inquietante, basado en gran medida en unas vestiduras femeninas recatadas y estereotipadas según la posición en la sociedad, procedentes de la iconografía religiosa occidental según explica la autora en la introducción de la obra, un texto verdaderamente interesante, donde además de sobre el carácter feminista o no de la novela, Margaret Atwood también clarifica la posición de la misma respecto de la religión o sobre si se trata o no de una predicción del futuro que nos espera.

En la parte menos positiva, comentar que alguna de las componentes del grupo de lectura sostuvieron que la obra no estaba a la altura de otras del género (como por ejemplo ‘1984’, de George Orwel, o ‘Un mundo feliz’, de Aldoux Husley, si bien estamos hablando de cumbres de este tipo de literatura) y que quizá en algunos momentos la lectura se puede hacer un poco tediosa, sobre todo para quienes no nos declaramos seguidoras de la literatura fantástica. Apostillar también que algunos comentarios que expresa la protagonista de la obra más que en su propia voz suenan como en la voz de la autora, lo cual puede resultar un poco chocante (ver citas de las páginas 114 y 314).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior, como se puede deducir del resto de los comentarios recomendamos vívamente la lectura de esta novela, también a modo de vacuna ante la que se ha demostrado falsa creencia de que todos los derechos de las mujeres han sido logrados de forma permanente y definitiva por la sociedad occidental.

Y es que ya lo decía Susan Faludi cuando publicó ‘Reacción: la lucha declarada contra la mujer moderna‘ (1991) que la lucha de las mujeres por su liberación se asemejaba al hecho de limpiar el polvo, que cuando lo llevas a cabo piensas que se trata de una tarea superada definivamente pero al poco tiempo compruebas que el polvo se ha depositado de nuevo sobre los muebles y tienes que empezar a limpiar de nuevo.

Habrá, pues, que seguir trabajando por el establecimiento real y efectivo de los derechos de las mujeres y la consolidación de los mismos de nuestro entorno inmediato. Y practicar la sororidad en nuestro entorno inmediato y dentro y fuera de nuestras fronteras.

Citas de la obra

P. 34-35: Confraternizar significa comportarse como con un hermano. Me lo dijo Luke. Dijo que no existía ningún equivalente de comportarse como una hermana. Según él, tenía que ser sororizar, del latín…

P. 52: En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.

Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño… No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema… Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.

P. 65: Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.

P. 94: Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobres otras mujeres… La noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.

P. 114: Este lavabo era para los chicos… Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público. ¿Para qué? ¿Tiene algún propósito tranquilizador? La ostentación de un distintivo común a todos ellos, que les hace pensar que todo está en orden, que están donde deben estar. ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres? Cierta manera de desabrocharse, de abrir la entrepierna despreocupadamente. Como cuando los perros se olisquean.

P. 115: … Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.

P. 124 [Defred sobre Serena Joy, la esposa del comandante en cuya casa ‘sirve’]: Incluso a su edad experimenta el deseo de adornarse con flores. Es inútil, le digo mentalmente..., ya no puedes usarlas, te has marchitado. Las flores son los órganos genitales de las plantas; lo leí una vez en alguna parte.

P. 133: … Él tiene algo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.

P. 124 [Habla la madre de Defred]: Vosotros los jóvenes no sabéis apreciar lo que tenéis… No sabéis por lo que hemos tenido que pasar para conseguir que estéis donde estáis. Ahí lo tienes, pelando zanahorias. ¿Sabéis cuántas vidas de mujeres, cuántos cuerpos de mujeres han tenido que arrollar los tanques para llega a esta situación?

P. 164: Por supuesto, algunas mujeres creían que no habría futuro, pensaban que el mundo estallaría. Es la excusa que ponían, dice Tía Lydia. Sostenían que carecía de sentido tener descendencia. A Tía Lydia se le dilataban la fosas nasales: cuánta perversidad. Eran unas perezosas, añadía. Unas puercas.

P. 301: Les hemos dado más de lo que les hemos quitado, dijo el Comandante. Piensa en los problemas que tenían antes. ¿Acaso no recuerdas los bares para solteros, la indignidad de las citas a ciegas en el instituto o la universidad? El mercado de la carne. ¿No recuerdas la enorme diferencia entre las que conseguían fácilmente un hombre y las que no? Algunas llegaban a la desesperación, se morían de hambre para adelgazar, se llenaban los pechos de silicona, se hacían recortar la nariz. Piensa en la miseria humana.

P. 309: … Cuanto más difícil nos resultaba amar al hombre que teníamos al lado, más nos empeñábamos en creer en el Amor, abstracto y total. Siempre esperábamos una encarnación. Esa palabra hecha carne.

Y en ocasiones ocurría, por una vez. Esa clase de amor viene y se va, y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas: Yo te amaba, y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada, porque era una tontería, algo sorprendente y precario….

P. 316: … Sin embargo, hay algo seductor en esta prenda, encierra el pueril atractivo de engalanarse. Y sería tan ostentoso, una burla a las Tías, tan pecaminoso, tan libre… La libertad, como todo lo demás, es relativa.

P. 323-324: … Tal vez ha alcanzado ese estado de intoxicación que, según se dice, inspira el poder, ese estado que hace que algunos se sientas indispensables y crean que pueden hacer lo que les venga en gana.

P. 324 [Defred habla con el comandante en cuya casa ‘sirve’]:

-Creía que esas cosas estaban prohibidas -comento.

-Oficialmente, sí -reconoce-; pero, al fin y al cabo, todos somos humanos.

-¿Y eso qué significa?

-Significa que es imposible escapar a la naturaleza -asegura-. En el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad. Es lógico, forma parte de la estrategia de la procreación. Es el plan de la naturaleza…

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El hijo de todos, de Louise Erdrich

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Louise Erdrich (Little Falls, Estados Unidos, 1954-   )

El hijo de todos / Louise Erdrich. — Madrid : Siruela, 2017.- 365 p.

“Con una prosa desgarradora, Louise Erdrich en El hijo de todos examina con gélida belleza las insondables consecuencias de una tragedia cotidiana. A través de una intensa historia de duelo y redención, la autora propone un personal acercamiento a temas universales como el poder curativo del amor o la insaciable necesidad de consuelo que todos los seres humanos necesitan .”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

No hubo mucho tiempo en la reunión para hablar de esta obra pues se trataba de una sesión doble y la autora del segundo de los libros elegidos para leer en el verano nos honró con su presencia. Aún así el debate en torno al mismo estuvo animado y la mayoría de las componentes del grupo de lectura afirmaron que el libro les había llegado profundamente.

Encina, una de las compañeras del grupo, nos ha proporciondo por escrito su visión de la obra, siempre enriquecedora, como podéis comprobar seguidamente:

En esta novela, que me ha llegado al alma, la pena por la muerte del hijo está siempre presente, hay una interacción profunda y personal con la realidad de la pérdida:

“-Me pregunto quién eres ahora, dijo Nola.

-Soy sólo yo, dijo Peter, el mismo de siempre.

-No es verdad. Nunca más seremos los mismos.

La novela es algo más que la inefable tragedia del día fatídico que ya aparece al inicio y el impacto que tiene en las dos familias afectadas. El argumento está creado en círculos concéntricos y los personajes, que son muchos y complejos, tienen vidas que reflejan caminos intrincados, llevando la historia en muchas direcciones, desde reveladores episodios del pasado lejano hasta la agudeza del presente.

Así, la autora retorna a 160 años antes y teje las historias de las antepasadas de LaRose, el personaje principal, que es un niño de cinco años. El joven LaRose recibe de su abuela LaRose la historia del siglo XVIII cuando la primera LaRose fue entregada como esclava a un tratante de pieles por una mujer objibwe. La niña a su vez es salvada por Wolfred, el asistente blanco del tratante, que huye con ella y ambos se mantienen vivos en su huida a través de la naturaleza salvaje gracias a las habilidades indígenas de la niña y su conocimiento tradicional de las plantas venenosas.

La autora, de origen indioamericano, incide en la realidad de la comunidad india que vive bajo la sombra de la opresión racial desde la invasión del colonialismo europeo y que empuja a los indígenas hacia la asimilación. Por eso buscan una seña de identidad en viejas tradiciones culturales y modos de ser que todavía retienen los ancianos de la tribu, y vemos cómo la tradición de mitos y saberes pasa de padres a hijos.

El estilo de la novela es una mezcla de prosa y lirismo, pues junto con referencias culturales norteamericanas del día a día (acontecimientos políticos, sociales, etc.), el relato está teñido de espiritualidad y mitología: capacidad de comulgar con fantasmas y proyectarse uno mismo al cielo o en otros animales, por ejemplo; pasado y presente están ligados como el bien y el mal. El sentimiento final ejerce un efecto curativo, de redención a través de la inocencia y bondad del niño protagonista y de la entrega del padre – “Mi hijo será ahora vuestro hijo”-, dando a entender que las heridas y la muerte son inevitables, pero que el perdón y la reparación son preferibles a la cólera y la venganza.

Cosas que se dijeron del libro en la reunión, muy en consonancia con la visión de Encina anteriormente expuesta:

– En la obra hay más de un hijo de todos (como se puede comprobar al leerla)

– Nos ofrece una visión de una sociedad, de una cultura, muy desconocida por nosotras, muy distinta, además, de la imagen que se da en las películas de los pueblos nativos de América del Norte

– Uso muy poético del lenguaje

– Todos los personajes son importantes, todos tienen una presencia contundente

– Muy interesante la componente mágica y onírica del relato

– Mezcla la vida ‘ordinaria’ con la magia, lo espiritual, con las raíces ancestrales

– Muestra el proceso de ‘domesticación’ de los internados para menores

– Muy interesante la cultura de la reparación de las tribus indias, muy ligadas a la madre tierra

– Neutralidad moral del relato, los personajes no son presentados de forma maniquea

– Personaje central conmovedor

– La autora, de origen indio, muestra sus grandes conocimientos antropológicos, ligados, además, con la historia de su propia familia

A esto yo agregaría lo conmovedora que es también la relación, el cuidado de las dos hermanas mayores, Jossette y Snow, de sus hermanos y de la hija del matrimonio ‘reparado’. Sin olvidar a la inteligente abuela LaRose.

Y, por poner alguna pega, decir que a veces hay saltos ‘raros’ en el relato y también algunas cosas que no se entienden bien, problema este último que parece proceder de la traducción, que peca, además, de algunos fallos ortográficos menores.

Citas del libro

P. 33 [LaRose abuela]: … Billy había sido cruel, narcisista, listo. Su amor había supuesto una carga en nada diferente al odio. A veces sus ironías todavía la atosigaban por sorpresa desde el mundo de los espíritus. La gente creía que había sido fiel a su memoria porque había sentido una total adoración por Billy Peace. Dejaba que la gente dijese lo que quisiera. En realidad, él le había enseñado todo cuanto necesitaba saber de los hombres. No necesitaba aprender más.

P. 164: … no le gustaba que lo mirasen y nunca miraba a nadie a los ojos, a no ser que una maestra le sujetara la cabeza y lo obligara. Sacaba de quicio a las maestras blancas. En aquellos días, los indios raras veces miraban a la gente a los ojos. Incluso en estos tiempos, es algo incomodo, nada sincero sino invasivo

P. 240:

–  … yo quiero ir al instituto con Jossette y Snow…

–  Hay chicos conflitivos en ese instituto. Alcohol y drogas.

– Hay drogas en todas partes. Además, ¿recuerdas? Soy una marginada. Me odian a rabiar.

Ahora Peter se echó a reír. Maggie no era capaz ni de fingir autocompasión. No había la menor lástima en ella. Estaba orgulloso de ella y ella lo sabía.

P. 304-305: Esa era la Nola que él conocía, no la que sonreía demasiado. Esta es la dinámica de la familia, no la familia feliz fabricada sin agravios, sin ira, sin una voz más alta que otra, sin dolores consentidos, en la que él se sentía tan solo.

P. 313-314: La señal de la televisión de Romeo era tan mala que estaba seguro de que no se había consultado a Condoleezza antes de anunciar el inicio de la guerra… Qué inútil, pensó Romeo. No se puede impedir que la gente amante de la guerra haga lo que más le gusta hacer. Además, frugalidad. Esas bengalas gigantes seguramente iban a caducar en una semana.

Y una receta de ensalada de patatas que viene en el libro

P. 356-357: La víspera había tenido a Hollis y a Coochy pelando dos sacos de nueve kilos de patatas cada uno. Ella las había troceado y cocinado, sin que se deshicieran. Había dejado que las patatas se enfriaran por la noche en grandes barreños y marinaran en aceite, vinagre, sal, pimienta y cebolla picada… Con sumo cuidado fue incorporando mahonesa mezclada con suficiente mostaza como para darle un llamativo color dorado. Pero sin pasarse para que no tuviera demasiado sabor a mostaza. Cortó en pequeños dados dos tarros de pepinillos y también los añadió. Snow había hervido una docena de huevos y los metió en agua fría para evitar que las yemas se tornaran verdosas. Ahora vertían sobre la masa grumosa y amarilla… los huevos sazonados con un poco pimiento. Josette pinchó una patata que sobresalía. Se la comió. Asintió a la ensaladera con una mueca sabia y pausada.

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Día de las Escritoras 2018

 

Este año el Centro de Documentación María Zambrano y las Bibliotecas de los Centros Provinciales del Instituto Andaluz de la Mujer nos hemos sumado a la celebración del Día de las Escritoras.

Los actos conmemorativos de tan sugerente Día han tenido lugar en esta ocasión el  lunes 15 de octubre simultaneamente en las sedes de todos los Centros Provinciales y han consistido en la lectura a cargo de escritoras y profesionales -muchas de ellas integrantes de grupos de lectura feminista- residentes en las respectivas provincias de un Manifiesto y de los siguientes fragmentos de obras de escritoras andaluzas o ligadas a Andalucía, precedidos por breves semblantes de las mismas:

Manifiesto

  1. Josefa Moreno (Jaén, 1820-?)
  2. Carmen de Burgos (Almería, 1876-1932)
  3. Isabel Oyarzábal (Málaga, 1878-1974)
  4. Zenobia Camprubí (Malgrat del Mar-Barcelona, 1887-1956)
  5. Victoria Kent (Málaga, 1898-1987)
  6. María Laffitte (Sevilla, 1902-1986)
  7. María Zambrano (Vélez Málaga-Málaga, 1904-1991)
  8. Eena Martín Vivaldi (Granada, 1907-1998)
  9. Concha Lagos (Córdoba, 1907-2007)
  10. Mercedes Formica (Cádiz, 1913-2002)

En la galería de imágenes creada al efecto se accede a las fotos y a un vídeo de los actos realizados en los distintos Centros Provinciales.

La actividad ha sido comisariada por la escritora Carmen G. de la Cueva, de La Tribu, y se enmarca en la campaña ‘Hojas Perennes: Un Otoño de Letras en Femenino‘, que este año, además de la celebración objeto de esta entrada, se plantea la formación y dinamización de clubes de lectura feminista ligados a las Bibliotecas de los Centros Provinciales que aún no cuentan con los mismos, actividad esta última a cargo de la psicóloga y animadora sociocultural Paola Fernández Zurbarán.

Todo un lujo haber contado con la participación de tantas y tan valiosas mujeres en los actos y con un público atento a las lecturas de escritoras imprescindibles pero no lo suficientemente reconocidas en la mayoría de los casos, todas ellas rebeldes y transgresoras, eso sí, como no podía ser de otra forma.

Seguimiento de los actos en prensa:

Finalizar con imágenes del cartel y el folleto diseñados por Constanza del Junco para la campaña ‘Hojas Perennes: Un Otoño de Letras en Femenino’:

 

 

Sabias: la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Adela Muñoz Páez (La Carolina, Jaén, España, 1958-   )

Sabias : la cara oculta de la ciencia / Adela Muñoz Páez. — Barcelona : Debate, 2017.– 366 p.

“Con Sabias: la cara oculta de la ciencia, Adela Muñoz Páez rescata la historia de algunas de las mujeres que han hecho contribuciones relevantes en la ciencia y paralelamente, para entender por qué fueron tan escasas y hoy son tan desconocidas, realiza un fascinante recorrido por la historia de las mujeres de la ciencia.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

La sesión en torno a este libro fue muy especial ya que a la misma asistió la autora de la obra, Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla.

La propuesta de lectura de este ensayo la hice yo, ya que el año anterior por su gran interés lo había elegido para comentarlo en un número monográfico especial de Daimon: Revista Internacional de Filosofía dedicado a ‘Género, Ciencia y Conocimiento‘, reseña a la que se accede en este enlace y que recoge tanto la presentación y valoración de la obra como una síntesis de la misma.

Poco puedo agregar a lo expuesto ya en la reseña referida, solo que, como se dijo en la reunión, este tipo de obras son fundamentales para dar a conocer al gran público mujeres que han contribuido de forma importante al progreso de la humanidad, tan olvidadas hasta ahora en los libros de texto, las obras de referencia, etc., etc.

También que, como afirmó una compañera del grupo, profesora de literatura jubilada, la obra tiene una escritura exquisita a pesar de no tratarse de un texto estrictamente literario y de pertencer a una científica, no a una escritora profesional.

Eso me recordó, si se me permite la anécdota, que estudiando yo Ciencias Químicas en la Universidad de Granada hace ya muuuchos años, el primer curso tuve una profesora de Biología que nos suspendía si teníamos tres o más faltas de ortografía en los exámenes. A esa profesora, además, le debo una de las pocas clases magistrales de las que tuve ocasión de disfrutar en esta carrera, que versó sobre la teoría de la evolución de Darwin, perfectamente aceptada, defendida y explicada por la profesora, a pesar de que ella era católica convencida, como nos dijo al principio de su exposición.

Volviendo a la obra y a la reunión que nos ocupa, Adela respondió a la compañera mencionada que la versión final del libro le había conllevado un gran trabajo de revisión y de síntesis, al tener que recortar y recortar el texto original, mucho más extenso, para adaptarse al formato de una publicación de distribución comercial. Cosa que me atrevo a decir que es de agradecer pues es sabida la falta de tiempo de la que todo el mundo suele adolecer en la actualidad.

También se destacó en la reunión el interés especial del capítulo 13, titulado ‘Feministas y universitarias’ (p. 221-239), un resumen estupendo de los orígenes del feminismo y de la conquista del acceso de las mujeres a la universidad en el ámbito anglosajón, y del capítulo 17, dedicado ‘España siglo XX, un comienzo esperanzador’ (p. 285-298) -época calificada por la autora como la Edad de Plata de la ciencia española- que trata sobre el inicio del movimiento de liberación de la mujer y del acceso a la educación superior de las mujeres en nuestro país. Y es que, según la autora, la reivindicación feminista del acceso al conocimiento explica las posibilidades posteriores de las mujeres para llegar a tener presencia en el mundo de la ciencia, en particular, y del conocimiento en general.

Finalizar recomendando asistir, quienes puedan hacerlo, a la representación teatral titulada ‘Científicas: pasado, presente y futuro’ con la que Adela y otras profesoras de la Universidad de Sevilla pretenden proporcionar a la gente joven, y en especial a las niñas y a las adolescentes, referentes femeninos en el mundo de la ciencia con el fin de animarles a que sigan esta opción de estudios (más información en el Canal Ciencia de dicha Universidad: http://canalciencia.us.es/cientificas-pasado-presente-y-futuro/).  O ver en línea la charla de Adela Muñoz Páez para TEDxSevilla titulada ‘El complejo Marie Curie‘, en la que la autora, caracterizada de la famosa científica, muestra cómo la misma no dejó que las circunstancias adversas condicionaran su vida, cómo su destino se lo forjó ella misma.

Y ya no me queda más que agradecer en nombre del grupo a Adela su amabilidad y generosidad viniendo a nuestra reunión a pesar de sus múltiples e importantes ocupaciones, y afirmar, tal como cerraba la reseña de la obra mencionada al principio, que este libro corrobora como pocos la afirmación de que la ciencia es cultura, en este caso de género y, por extensión, universal.

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