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Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Sesión 72 (9 de mayo de 2017)

Angelika Schrobsdorff (1927 – 2016)

Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada / Angelika Schrobsdorff ; traducción de Richard Gross.– 1ª ed.– Madrid : Errata Naturae ; [Cáceres] : Periférica, 2016 .– 587 p.

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el excelente partido que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Por sus buenas críticas (véase la entradaLos libros del 2016…‘ de este mismo blog), este título había creado grandes expectativas en el grupo -quedó el segundo en las votaciones que se hicieron para determinar las lecturas de este año- y hay que decir que no las ha cubierto, o al menos no del todo, o al menos no del todo en el caso de algunas de las asistentes a la reunión.

Si bien la protagonista de esta singular biografía ha encandilado a una parte del grupo, a otra en cambio el hecho de que la misma recorriera un largo camino desde la chica judía de familia acomodada convencional que comenzó siendo hasta llegar a la mujer liberada -sexualmente hablando- en la que se convirtiera con el tiempo no les ha parecido mérito suficiente como para dedicarle todo un libro (de 587 páginas, no lo olvidemos).

En cualquier caso, sí puede afirmarse que la madre de la narradora rompió con muchos tabúes y se adelantó a su tiempo en una cuestión tan moderna como el actualmente denominado ‘poliamor’ (ver varios artículos al respecto en Pikara Magazine, por ejemplo), siempre desde presupuestos heterosexuales, para mayor exactitud. Sin embargo, como sostenían algunas compañeras, en otros aspectos fue bastante tradicional, como en el hecho de su dependencia económica siempre, primero de sus padres y después de maridos y/o amantes.

Esta cuestión hizo rememorar en el grupo antiguas disquisiciones ‘filosóficas’, como las de Carlos Castilla del Pino en su clásico ‘Cuatro ensayos sobre la mujer‘ [en nuestra Biblioteca] sobre que ciertas relaciones sexuales dentro del matrimonio podrían considerarse como una forma de prostitución. Y quizá sería interesante ‘revisitar’ esta obra con una mirada crítica actualizada pero de momento mejor seguir con la que nos ocupa.

Antes mencionar que hubo una compañera que dijo que la obra con ‘Mi madre, in memoriam‘, de Richard Ford [también en nuestra Biblioteca], era mucho mejor. Pero ya sabemos que las comparaciones son muy relativas y que un libro no tiene por qué quitar a otro por mucho que compartan temática.

Volviendo a nuestra biografía, pues, finalizar comentando que lo que no se puede negar es que la autora de la obra tiene grandes dotes psicológicas, como muestran las descripciones tan agudas de los personas citados en la misma -¿quizá demasiado complaciente con las figuras masculinas ?- y que la madre biografíada fue, desde luego, una mujer singular, ávida de conocimientos y un tanto revolucionaria para su tiempo, aunque sus circunstancias personales e históricas no favorecieran su total independencia, cosa que sí aconsejó al final de sus días a su hija, como se puede verse en la siguiente cita (página 163):

Pero el matrimonio seguía siendo para Else la vocación y la realización de la mujer, y el marido, aquel que le proporcionaba el estatus, la seguridad material y una tarea, por no decir razón, de vida. Y aunque más tarde se saltara los preceptos morales de su generación, no lo hizo como consecuencia de una emancipación exhaustiva, sino únicamente en el ámbito de la libertad sexual. Sólo en una fase tardía de su inexorable autognosis me decía en una carta: «Esfuérzate, haz algo de ti, te juro que merece la pena. Mira cómo he malgastado yo mi talento y mi inteligencia durante toda una vida, y ahora estoy donde estoy. ¡Justa consecuencia!».

Otras citas

P. 29 [Habla Else, la madre protagonista de la obra]: “Me intimidaba de tal manera que me hacía sentir pequeña e inferior…

P.29: “Fue para ambos el primer amor, y si bien caló hondo en Fritz, el suyo no podía compararse con el de Else. Era típicamente masculino: exigente, celoso, egoísta, susceptible, dominado por el instinto y a menudo intolerante. Para Else, en cambio, aún atrapada en la trampa del amor, la tutela y los principios paternos, significaba la satisfacción de su vida

p. 31-32: “Else se echó a llorar. Tenía miedo todo el tiempo: miedo de desconcertarlo si le hablaba de asuntos triviales, miedo de decepcionarlo si no sabía responder a una pregunta profunda, miedo de hacerlo enfadar si no le permitía que le desabotonara la blusa, miedo de contrariarlo si tenía que cancelar una cita, miedo a su ironía e irritabilidad, miedo a su ansia y deseo, miedo a su humor cambiante.

«Siempre eras distinto -escribió-, ya el niño pequeño, ya el maestro insistente; ya el poeta soñador, ya el histrión exaltado; ya el amigo comprensivo, ya, a menudo, el hombre incomprensible que de buenas a primeras se ponía hosco, enojado, insufrible…»”

p. 34 [Sobre Else]: “… Escribió lo siguiente : «No admiro al emperador, mi patrima me isnpira toda clase de sentimientos salvo el patriótico. Detesto la guerra, y nunca comprenderá que una persona pueda tener el poder de mandar a hombres jóvenes a la muerte».

p. 38: “Yo conocía a… mi madre como la muer que enfilaba por su propio camino sin reparar en daños ni perjuicios…

p. 203-2014: “… Nunca me sentí tan libre, tan a gusto y tan arropada como en el piso de mis abuelos Kirschner… En su casa no era la niña complicada y extravagante ni el gran talento; con ellos era, sencillamente, una niña, una niña querida, que había que tratar con calma y cuidado.

p. 349: “Continuación de la carta de Else a Ilse Hirsch: «No hago nada, como siempre. Si a uno lo han mimado toda la vida, si siempre lo han descargado de lo pesado y desagradable, probablemente es incapaz de ponerse a trabajar de repente y montar una existencia…».

Más sobre la obra

La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich

Sesión doble 65 (4 de octubre de 2016)

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Svetlana Alexievich (31 de mayo de 1948-)

la-guerra-no-tiene-rostro-de-mujerLa guerra no tiene rostro de mujer/ Svetlana Alexiévich. — Barcelona : Penguin Random House, 2015 — 365 p.

Resumen:  “Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Libro verdaderamente estremecedor pero muy humano; la dureza de muchos de los testimonios de mujeres recogidos en el mismo hizo que algunas integrantes del grupo -según manifestaron en la reunión- obviaran ciertos pasajes, o, incluso, dejaran de leerlo.

Comenzar la valoración afirmando sin ambages que se trata de una obra de literatura bélica profundamente ‘pacifista’: la autora, tras entrevistar a cientos de mujeres rusas que habían participado de forma activa en la Segunda Guerra Mundial, concluye, entre otras cosas, que: Cada vez la guerra nos gusta menos, nos cuesta más justificarla. Para nosotros ya es el asesinato, nada más. Al menos para mí lo es.(p. 20). Y es que, junto con algunos testimonios, lo mejor del libro son las reflexiones de la autora sobre el material con el que está trabajando (ver una selección en las citas).

Y libro profundamente femenino, ya que se trata del testimonios de mujeres que casi nunca habían relatado sus experiencias en la guerra pues nadie se había interesado por ellas. Una guerra, la de las mujeres, muy diferente a la guerra de los hombres; “Tenemos dos guerra… eso está claro…”, dice el esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’ (p. 131). La guerra de los hombres es de hazañas heroicas y grandilocuencia histórica, la de las mujeres está llena de hechos pequeños, cotidianos, aunque en muchas ocasiones no exentos de la heroicidad atribuida casi en exclusiva a los hombres. Además, las mujeres sufren también en las guerras otras violencias dirigidas casi en exclusiva contra ellas, como son las violaciones masivas de mujeres como parte de los ‘botines de guerra’ o el ser mal vistas las combatientes al regresar de la guerra por dudar la población en general de su moral y comportamiento (‘sexual’) mientras estuvieron en el frente.

Quizá hubiera sido interesante, para completar la visión de la guerra, los testimonios de otras mujeres, las no directamente implicadas en la guerra y que, sin embargo, sufrieron la violencia contra la población civil que esta necesariamente conlleva. Y es que este libro me recordó otros que sí que dan esa visión, como el magnífico ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí‘, de Manuel Chaves Nogales, la preciosa novelaLa voz dormida‘, de Dulce Chacón -leída en su día por el grupo de lectura-, o la recientemente editada ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún, cuya lectura espero que abordemos en el grupo en breve, dadas las magníficas críticas que ha cosechado. Claro que después de la ingente actividad de la autora del libro que nos ocupa con la realización y el tratamiento de una enorme cantidad de entrevistas a  mujeres combatientes, esa otra labor de indagación hubiera sido prácticamente imposible, así que bien está el libro como está.

En definitiva, una obra dolorosa pero absolutamente necesaria, que te hace sufrir pero que también te hace más sabia (o sabio), y que, desde luego, te hace odiar aún más algo tan absurdo, cruel y actual como es la guerra, todas las guerras, más si cabe si eres mujer.

Citas

P. 13-14: “A lo largo de dos años, más que hacer entrevistas y tomar notas, he estado pensando. Leyendo. ¿De qué hablará mi libro? Un libro más sobre la guerra… ¿Para qué? Ha habido miles de guerras, grandes y pequeñas, conocidas y desconocidas. Y los libros que hablan de la guerra son incontables. Sin embargo… siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la «voz masculina». Todos somos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones «masculinas». De las palabras «masculinas». Las mujeres mientras guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra «femenina», sino la «masculina». Se adaptan al canon. Tan solo en casa, después de verter algunas lágrimas en compañía de sus amigas de armas, las mujeres comienzan a hablar de su guerra, de una guerra que yo desconozco. De una guerra desconocida para todos nosotros. Durante mis viajes de periodista, en muchas ocasiones, he sido la única oyente de unas narraciones completamente nuevas. Y me quedaba asombrada, como en la infancia. En esos relatos entreveía el tremendo rictus de los misterioso… En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. O cómo son derrotadas. O qué técnica se usó y qué generales había. Los relatos de las mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.

P. 25: “… El valor en la guerra y el valor en el pensamiento son dos valores diferentes…

P. 26: “No me limito a apuntar. Recojo y sigo la pista del espíritu humano allí donde el sufrimiento transforma al hombre pequeño en gran hombre. Donde el ser humano crece […] Veo su alma. Entonces ¿en qué consiste mi conflicto con el poder? Ya lo he descubierto: las grandes ideas necesitan hombres pequeños, no les interesan los grandes hombres. Un gran hombre es excesivo e incómodo. Es difícil de moldear. Yo en cambio busco al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquel que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador. Hizo el milagro.

P. 41: “[…] ¿Por qué el mal no nos sorprende? ¿Por qué nuestro consciente carece del sentimiento de asombro ante el mal?

P. 57: “[...] Lo que estoy recopilando lo definiría como «el saber del espíritu». Sigo las pistas de las existencia del alma, hago anotaciones del alma… El camino para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El «cómo fue» no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha viso y qué ha comprendido? Sobre la vida y la muerte en general. Sobre sí mismo, al fin y al cabo…

P. 127: “Todo se repite… Una vez más, paso un largo rato mirando los álbumes de fotografías familiares, decorados con amor y cuidado […] Me gusta encontrarme con este respeto hacia sus vidas, con documentos que certifican su amor por el pasado y por todo lo vivido. Por los rostros entrañables…

P. 133: “Tuvieron que pasar decenas de años hasta que Vera Tkachenco, una conocida periodista, publicara […] un artículo sobre nosotras, explicando que también habíamos luchado en la guerra. Explicando que había mujeres excombatientes que se habían quedado solas, que no se habían casado y que no tenían casa…

P. 131: “-Tenemos dos guerra… eso está claro…- Saul Guénrijovich [esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’] interviene en la conversación-. Cuando empezamos a recordar, yo me doy cuenta enseguida: ella recuerda su guerra, yo la mía. A mí también me pasaron cosas parecidas a eso que le ha contado de la casa […] pero yo no lo recuerdo… Se me escapó… En aquel momento me parecía una nadería. Una tontada…

P. 151: “«Mi marido, caballero de la Orden de la Gloria, fue condenado a diez años de trabajo forzados después de la guerra […] Lo único que hizo fue escribir a su compañero de universidad y contarle lo que le costaba sentirse orgulloso de nuestra Victoria: habíamos abarrotado de cadáveres nuestro terreno y el ajeno. Lo habíamos bañado en sangre. Enseguida le detuvieron.. Le quitaron las hombrearas…

P. 155: “«Ay, nenas, qué puñetera fue esa guerra… Vista con nuestros ojos. Con ojos de mujer… Es horrenda. Por eso no nos preguntan…»

P. 165: «En la sala del hospital donde yo trabajaba había dos heridos… Eran un alemán y un tanquista de los nuestros… Fui a verlos.

»-¿Cómo se encuentra?

»-Yo bien -dijo el tanquista-. Pero este está sufriendo.

»-Es un nazi…

»-Ya, pero yo estoy bien y él sufre.

»Ya no eran enemigos, eran personas, tan solo dos hombres malheridos en la misma habitación. Entre ellos surgió una relación humana. Tuve oportunidad de observar en más de una ocasión que eso ocurría muy rápido…»

P. 197: “Alrededor de la vida, igual que alrededor de la muerte, hay mucho trabajo. No solo se trata de cargar y disparar, no solo se colocan minas y se desactivan, se bombardea y se hace volar por los aires; no solo se trata de lanzarse al ataque, sino que también hay que lavar la ropa, preparar la sopa, hornear el pan, fregar las ollas, cuidar a los caballos […] De pequeños asuntos. Sé que a menudo no se piensa en todo eso. «Del trabajo habitual de las mujeres, había montones», recuerda Aleksandra Iósifovna Mishútina, auxiliar sanitaria…

P. 221: “… Muy pronto, ya en las primeras conversaciones, me di cuenta: independientemente del tema concreto del que hablaran, incluso hablando de la muerte, las mujeres siempre mencionaban la belleza, ese eje indestructible de su existencia: «Estaba tan bella en el ataúd… Parecía una novia…» (A.Strófseva, soldado de infantería). O bien: «Me tenían que entregar la medalla y mi camisa militar ya estaba muy vieja. Le hice un ribete de gasa en el cuello. Algo blanco… Me sentía tan hermosa en ese momento […] Luego hubo un bombardeo, se me quedó la camisa hecha un asco…» (N. Ermaliva, soldado de transmisiones) […]”

P. 281-282: “«Mi primer beso…

»El subteniente Nikolái Bielojvósóstik… Ay, me he puesto roja, y eso a pesar de que estoy hecha una abuelita […] Era mi primer amor… ¡O tal vez el único! ¿Quién sabe?… Yo creía: ‘Nadie de la unidad sospecha nada’ […]

»En su entierro… Yacía sobre una capa militar de lona, le acababan de matar […] Había llegado la hora de despedirnos de él… Me dijeron: ‘¡Tú la primera!’. El corazón me dio un salto, comprendí… que… todos sabían de mis sentimientos. Todos lo sabían… Tuve un pensamiento fugaz: ¿tal ve él también lo sabía? Allí estaba… Dentro de nada le bajarían al foso… Le cubrirían de arena… Pero me alegró enormente pensar que tal vez él lo sabía […]

»Toda mi vida he vivido con este recuerdo… Aquel instante. Las bombas caían… Él… tendido sobre aquella capa militar… Ese momento… Y yo tan alegre…. sonreía para mis adentros. Parecía una chiflada. Me alegraba porque él, quizá, sabía de mi amor….

P. 287: “[…] Allí a menudo no había testigos de los actos de valor, al igual que tampoco los había de la traición.

P. 341: “[…] Eso… sucedía… Rara vez sale en nuestros libros, pero es la ley de la guerra. Los hombres llevaban tanto tiempo sin mujeres… y además, claro, el odio nos desbordaba. Entrábamos en un pueblo o en un aldea: los tres primeros día se dedicaban al saqueo y a… […]

»Recuerdo… claro que recuerdo a una mujer alemana violada. Yacía desnuda, en la entrepierna le habían metido una granada. Ahora siento vergüenza, pero en aquel momento no la sentí […]”

P. 364: “… No me gustan los juguetes bélicos, los juguetes de guerra para niños. Los tanques, las metralletas… ¿Quién los ha inventado? Me revuelven el alma. Yo nunca les he comprado ni regalado a los niños juguetes de guerra. Ni a los míos ni a los de los demás. Una vez alguien trajo a casa un avioncito de guerra y una metralleta de plástico. Los envié directamente a la basura. ¡Al momento! Porque la vida humana es un regalo tan grande… ¡El mayor regalo! Las personas no somos dueñas de ese regalo…

Más noticias y opiniones sobre la obra

Leonora, de Elena Poniatowska

Sesión 41 ( jueves 09 de enero de 2014)

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Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932)


leonoraLeonora / Elena Poniatowska. — Barcelona : Seix Barral, 2013. — 267 p.

Resumen: “Estaba destinada a crecer como la rica heredera de un magnate de la industria textil, pero desde pequeña supo que era diferente, que su capacidad de ver lo que otros no veían la convertía en especial. Desafió las convenciones sociales, a sus padres y maestros, y rompió cualquier atadura religiosa o ideológica para conquistar su derecho a ser una mujer libre, personal y artísticamente…

No es la primera vez que Elena Poniatowska retrata como nadie a una mujer excepcional. La increíble vida de Leonora Carrington es, en sus manos, una aventura apasionante, un grito de libertad y una elegante aproximación a las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX.” (La editorial)

Premio Biblioteca Breve 2011.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

Libro elegido por el grupo de lectura con motivo de la concesión del Premio Cervantes 2013 a la escritora y periodista mexicana Elena Pontiatowska.

Aunque no ha habido unanimidad, esta obra  ha fascinado a muchas de las integrantes del grupo de lectura, sobre todo por ser el perfil de una mujer, Eleonora Carrintong, de vida apasionada y apasionante: esta importante pintora -y también escritora- surrealista vivió una turbulenta historia de amor con el pintor Max Ernst, con el que se sumergería en el torbellino del surrealismo parisino de principios del siglo XX; por él enloqueció cuando este fue enviado a un campo de concentración, siendo confinada en un manicomio de Santander, del que escaparía para conquistar Nueva York de la mano de Peggy Guggenheim, instalándose definitivamente en México, donde culminó una de las obras artísticas y literarias más singulares y geniales del siglo XX, al decir de la crítica.

Y es que el libro parece ir madurando a la vez que va creciendo su personaje central, que si bien al principio puede hacerse un poco lejano por su “singularidad” y distantancia de las, digamos, “personas normales”, esta mujer salvaje (un caballo, decía de pequeña que era) va haciéndose más grande con el tiempo y lo que le sucede (según ella, las cosas le pasaban, no las buscaba conscientemente), tanto en su arte como en sus relaciones, también en lo que respecta a su familia, donde su madre, y sobre todo su hijo y su hija, jugarían un papel fundamental.

Mencionar también el curioso estilo narrativo creado por Elena Poniatowska, como comentaba una integrante del grupo de lectura en un correo:

“Me gustó muchísimo esta biografía novelada que, con un para mi inesperado estilo narrativo, ha creado Elena Poniatowska. Es el primer libro que leo de ella… qué bien descubrirla en coherencia con su pensamiento que leí en alguna entrevista:
‘Escribo sobre mujeres porque son las grandes olvidadas’
Además de la fuerza y espíritu libre que logra impregnar en Leonora, dibujándola con tanta fuerza y solidez que exime la mínima duda de no ajustarse a la realidad, me ha atrapado la capacidad de transmitir el ambiente de la época y cómo ese período entre guerras alimentó y fortaleció la rebeldía creativa rasgando ataduras sociales.  
A pesar de tantos sufrimientos me quedé con la sensación de que Leonora ha sido una mujer feliz porque pudo sostener su rebeldía.
Una escritura envolvente, aprendí y disfruté, muy recomendable.  Sin duda deseo leer más de esta escritora…”
Nos quedamos pues, con un muy buen sabor de boca de esta escritora mexicana -a pesar de haber nacido en Europa-, cuarta mujer en recibir el máximo galardón de las letras en español, para la que tan importante es visibilizar a las mujeres. Y es que, como la misma sostía hace poco en una entrevista:  “Las mujeres han sido y son el alma de mi país” (La Nación, 10 de enero de 2014)
Citas del libro
“… Breton, el padre del surrealismo, la encuentra adorable.
-Tu belleza y tu talento nos tienen mesmerizados. Eres la imagen de la femme enfant.
-No soy una femme enfant -le responde airada-. Caí en este grupo por Max, no me considero surrealista. He tenido visiones fantásticas y las pinto y las escribo. Pinto y escribo lo que siento, eso es todo.
-Digas lo que digas, para mí representas a la  «mujer niña» que a través de su ingenuidad entra en contacto directo con el inconsciente.
-¡Todo ese endiosamiento de la mujer es puro cuento! Ya vi que los surrealistas las usan como a cualquier esposa. Las llaman sus musas pero terminan por limpiar el excusado y hacer la cama.” (p. 90-91)
“… lo que sí supo es diferenciar amor de deseo y en esto último no puede quejarse: despertó pasiones y corresondió a casi todas, porque sabe que el deseo que no se satisface abrasa al cuerpo y vivir encenizada no es vivir.” (p. 468)
“Tampoco yo creo en los políticos ni entideno a los que van tras del poder. En el fondo, soy anarquista… El primer anarquista, Lord Acton, decía que «todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».” (p. 490)

Libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano