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El color del silencio, de Elia Barceló

Sesión 84 (4 de diciembre de 2018)Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957-   )

El color del silencio / Elia Barceló. — Barcelona: Roca, 2017.– 477 p.

“Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Me temo que la valoración de este libro la vamos a ventilar en pocas líneas: en general la gran mayoría opinamos que estábamos ante una novela con clara vocación de superventas (no en vano en la faja del libro se recoge la siguiente cita de Julia Navarro: “Una novela que lo tiene todo para ser el libro del año”).

En lo positivo decir que a algunas de las componentes del grupo nos ha resultado entretenida y más interesante que otras obras del mismo estilo (por ejemplo que ‘El tiempo entre costuras’, de María Dueñas, o que ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón). O que a algunas nos pareció un acierto la presentación panorámica inicial de la trama y los personajes principales mediante la descripción de una ‘constelación familiar‘ a la que asiste al principio de la novela Helena (con ‘h’), la protagonista de la misma (aunque a otras esta cuestión precisamente les rechinó por sonarles a algo cuando menos esotérico). O que algunas expresaron cierta simpatía por el carácter fuerte y nada complaciente de la protagonista (como se supone que no debemos ser las mujeres si queremos ser atractivas al ‘sexo opuesto’), en comparación con el de su fiel compañero, por el que otras manifestamos cierta ‘atracción’, si bien otra componente del grupo dijo que “no le ponía nada” (preguntada posteriormente por mí al respecto me respondió que le cambiara de sexo, a ver qué me parecía entonces. Tenía razón…). Alguien comentó también que la actitud de desapego de la protagonista con su hijo podría considerarse como ‘transgresora’, encontrando la oposición de quien opinaba que, en vez de dedicarse a indagar solo solo sobre sus problemas con su madre, la protagonista se debería haber ocupado más de su relación -o falta de la misma- con su propio hijo (la Maternidad, uno de los grandes -y controvertidos- temas en los que profundizar en el grupo en todas las ocasiones que haga falta). Y que el libro muestra la cruedad e inmoralidad de integrantes del bando rebelde de la Guerra Civil española -e implicados en la trama de bebés robados, agrego-, hecho que una compañera agradecía que se diera en la obra (aunque uno de los personajes es un fascista asesino, sí, pero se comporta como padre comprensivo y amantísimo). En fin, algo es algo.

En lo negativo ya se ha mencionado que percibimos una clara voluntad de la autora por escribir un bestseller: obra de misterio con protagonista cosmopolita pintora de éxito perteneciente a familia adinerada viviendo en una casa de lujo rodeada de paisajes exóticos -parte de la novela se desarrolla en una idílica mansión situada a las afueras de Tánger- (recordemos las palabras de Julia Navarro). Personajes planos, no se percibe la vida en su profundidad como en los buenos libros de verdad, dijeron compañeras. Y algunos párrafos que pueden ‘rechinar’, como por ejemplo el que hay al final de la página 97: “Era un dolor exquisito, como cuando se toca con la punta de la lengua una muela sensible.“, que tiene su continuidad en la página siguiente, que comienza de esta forma: “Podría haberse entregado a esos recuerdos tan exquisitamente dolorosos durante una eternidad…“, o la que hay sobre la mitad de la página 141 que dice así: “La idea la llevó a mirar fijamente las dos cajas cerradas que presumiblemente estaban llenas de palabras que no habrían sido escritas pensando en ella y ahora se le revelarían, se le abrirían impúdicamente de piernas, como una prostituta en un puerto oriental…“. Ni tan siquiera el hecho de que la novela esté bajo el peso de un enigma que no se rebela hasta el final parece que haya gustado mucho a la mayoría del personal pues, como dijo una componente del grupo -que se declaró gran aficionada a la novela negra-, el desenlace de la obra es perfectamente previsible, cuestión que ya habían comentado también otras compañeras.

Por no finalizar esta valoración tan negativamente, decir que a mí me parece que en el libro hay ciertas reflexiones en las que valdría la pena detenerse (mirar las citas), aunque alguna sea discutible o cuando menos matizable (como la de la página 130, y pienso en el movimiento #MeToo, por ejemplo), o, en opinión de otras componentes del grupo, la comparación que la protagonista hace entre la escritura y la pintura en una supuesta entrevista que se recoge de la página 290 a la 294, de la que extraigo el siguiente fragmento ilustrativo: “Un escritor puede ser extremadamente claro y preciso, si quiere, pero también puede ser extremadamente vago. Un pintor, por el contrario, tiene que comprometerse. Siempre. No puede mentir ni disimular. Escribiendo se puede esquivar el compromiso; hay muchos grados de vaguedad que no llaman demasiado la atención y que pueden usarse para crear diferentes efectos, pero cuando uno pinta tiene que decidirse.”. Aunque opino que también esta idea es discutible y/o matizable, como en el caso anterior, y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la pintura abstracta o la pintura conceptual; pero este no es el tema que nos ocupa así que mejor dejar las reflexiones al respecto para otro marco más adecuado.

Bueno, parece que al final el comentario del libro ha dado más de sí de lo esperado inicialmente, tal como sucedió en la reunión en torno al mismo (curiosa y precisamente).

Citas

P. 130 [pensamientos de Marc, joven pintor que está a punto de enrollarse con la protagonista la noche de antes]: Estaba dispuesto a todo para conseguirlo [el éxito], a cualquier cosa. Eso siempre lo había sabido y la noche anterior se había presentado la primera oportunidad real de demostrarlo. No le daba ninguna vergüenza. Era una simple contraventa. Cantidades de mujeres habían pasado por lo mismo y la sociedad siempre lo había aceptado. Un genio, incluso ya anciano, se encapricha de una chica joven y guapa, ella se deja hacer y él la ayuda a llegar al lugar en el que ella siempre quiso estar. Muchas actrices habían pasado por ello, cantantes, bailarinas, presentadoras de televisión… Y muchas artistas que, arrimándose a la sombra de un gran hombre, pudieron empezar a mostrar lo que sabían hacer.

También era una práctica habitual entre homosexuales: un mentor de edad y un muchacho que empieza en la rama que sea.

¿Por qué, sin embargo, cuando se trataba de un chico y una mujer mayor la situación dejaba ese regusto tan nauseabundo? ¿Se sentiría igual si Helena tuviera teinta años? Igual sería una compraventa…

P. 349: -A veces en ciertos momentos se dicen cosas sin pensar -intentó ayudar Carlos.

-Sí, cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.

Más sobre el libro

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Tiempos de swing, de Zadie Smith

Sesión 77 (9 de enero de 2018)

Zadie Smith (Londres, 1975-  )

Tiempos de swing / Zadie Smith. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 432 p.

“Ambientada desde los años ochenta hasta la actualidad en Londres, Nueva York y Africa Occidental, cuenta la historia de dos íntimas amigas, ambas hijas de matrimonios mixtos, que crecen en el heterogéneo y multirracial barrio de Willesden, en el norte de Londres. Se conocen en la infancia, unidas por el sueño de llegar a ser algun día bailarinas, pero solo una de ellas, Tracey, tiene talento. La otra, la narradora, tiene inquietudes, que a lo largo de los años la conducirán muy lejos, más de lo que nunca habría podido imaginar. La amistad entre las chicas es recíproca y verdadera pero difícil y se interrumpe cuando ambas llegan a la veintena, dejando un poso perdurable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro no gustó por igual a todas las componentes del grupo de lectura, o, por decirlo más exactamente, no todas llegamos a terminar el libro en parte porque no nos dio tiempo a ello (tiene 427 páginas y no había muchos días para su lectura) y en parte, quizá, porque no a algunas no terminó de enganchar del todo su lectura.

Dado el interés del texto de Encina, una de las compañeras del grupo, sobre el libro lo reproduzco aquí a modo de comentario del mismo:

“La novela trata muchos temas que nos conciernen social e individualmente: la raza, la familia, la fama, la riqueza y la pobreza, el primer mundo frente al tercer mundo, la responsabilidad individual y colectiva, la amistad y la rivalidad, la maternidad, la adolescencia, la historia, el mundo de las percepciones y las emociones. Casi nada! Son temas muy importantes que, en mi opinión, no quedan del todo bien integrados en la novela quizás por ser demasiado ambiciosa o por la estructura del relato.

Una posible causa de que no me hayan dejado profunda huella temas tan humanos podría residir en la falta de empatía con el personaje de la narradora; ella no tiene nombre, aparece como la amiga, la hija, la asistente, la observadora, pero nunca como ella misma. Sin embargo, los personajes están bien descritos, especialmente Tracy, que creo es el personaje principal, y la figura de la madre, que es muy potente. La figura de Aimee, la estrella de pop, es más borrosa. Y los hombres me parecen bastante débiles frente a las mujeres.

He disfrutado mucho del lenguaje (en inglés), de gran riqueza y maestría. Por ejemplo, la descripción de una amiga de la infancia “es una rubia frágil, con los brazos llenos de cicatrices y que parecía como una gata rota abandonada bajo la lluvia”. Esa niña ya no vuelve a aparecer pero se me quedó grabada su imagen. Tiene muchos otros pasajes memorables, como el de la visita al monumento de Kunta Kinte, cuando dice: ” yo me esperaba algún sentimiento de catarsis que la gente espera encontrar en estos lugares pero no pude convencerme a mí misma de que el dolor de mi tribu estaba únicamente concentrado aquí en este lugar, el dolor estaba tan obviamente en todas partes, y aquí sólo daba la casualidad de que habían colocado el monumento”.

Poco más que agregar; quizá solo un pasaje que me llamó poderosamente la atención pues trata de la iniciación del personaje principal de niña en el sexo (capítulo 14 de la primera parte).

Un libro que está bastante bien pero que, según otra compañera del grupo, no es el mejor de la autora, de la que destaca ‘Sobre la belleza‘. Relacionado con la temática de esta otra novela, señalar aquí la reciente propuesta de la autora de la que ella llama ‘tasa espejo‘, una idea de la escritora contra las exigencias de belleza que puede resumirse en no pasar más quince minutos maquillándose o eligiendo qué ponerse pues exderse sería perder demasiado tiempo.

Sin duda, una autora a la que seguir y dedicarle a sus libros el tiempo que requieran.

Citas del libro

P. 14-15: “… A la mañana siguiente me desperté temprano […] fui rápidamente a la cocina y encendí mi teléfono móvil […] Fui pasando una lista deprimente … Entonces vi uno titulado «PUTA»… El cuerpo del mensaje era una única frase: «Ahora todo el mundo sabe quién eres en realidad.». Parecía una de esas notas que podría mandar una cría de siete años resentida y con una idea implacable de la justicia. Y por supuesto, si puede ignorarse el paso del tiempo, era exactamente eso.

P. 20: “… Según mi madre, eran precisamente esas similitudes superficiales las que concedían tanta importancia al buen gusto. Ella se vestía para un futuro que aún no existía, pero que esperaba conocer…

P.23: “Mi madre era un caso raro […] Tenía un instinto increíble para las convenciones de la clase media. Sabía, por ejemplo, que un rastrillo, a pesar de ese nombre tan poco prometedor, era donde podías encontrar a la gente de más nivel, y también sus viejas ediciones de bolsillo […], pastilleros antiguos de porcelana […]. Nuestro piso estaba lleno de cosas así. Nada de flores de plástico en casa, centelleantes de rocío falso, ni figuritas de cristal. Todo formaba parte del plan. Incluso las cosas que yo detestaba (como las alpargatas de mi madre) solían parecerles atractivas a la clase de gente que intentábamos atraer, y aprendí a no cuestionar sus métodos por más que me avergonzaran...”

P. 67: “… A mí, al volver a casa, mi madre o mi padre siempre me preguntaban cómo había ido el día en la escuela, insistían mucho en eso, no me dejaban tranquila hasta que les contaba algo, así que naturalmente empecé a mentirles. En ese momento les veía como dos niños, más inocentes que yo, a los que me sentía obligada a proteger de la clase de sucesos desagradables que les harían pensar (a mi madre) o padecer (a mi padre) más del a cuenta. Ese verano el problema se agudizó porque la verdadera respuesta a «¿Cómo ha ido hoy en la escuela?» era «En el patio hay una obsesión por meter manos a las niñas»… “.

P. 69: “Resulta raro pensar ahora ahora que entonces todos teníamos solo nueve años. Pero sigo volviendo la mirada hacia esa época con cierta gratitud, porque he acabado por creer que, hasta cierto punto, tuve suerte. Fue el despertar del sexo, sí, pero también fue un momento, en todos los sentidos vitales, donde el sexo en sí no estaba presente, ¿y acaso no es ésa una buena definición de una infancia feliz? No fui consciente ni aprecié lo afortunada que había sido en este aspecto hasta que fui adulta, cuando empecé a descubrir, en más casos de los que habría imaginado, que entre mis amigas, al margen de su condición social, el despertar sexual había sido explotado y viciado por las fechoría de tíos y padres, primos, amigos, desconocidos…

P. 99-100: “descubrí a los hermanos Nicholas, Fayard y Harold: una foto suya abriéndose de piernas en el aire marcaba la entrada de mi habitación […] Supe que habían aprendido por su cuenta, y aunque bailaban como los dioses no habían asistido a clases de danza […] Me empeñé en contagiar a Tracey de mi entusiasmo […] pero ella ya no soportaba ver ni una breve escena de una película en blanco y negro, todo eso la aburría. No era «real»: demasiado depurado, demasiado artificioso. Ella quería ver a un bailarín en escena, sudando, real, no engalanado con sombrero de copa y frac. A mí, en cambio, me atraía la elegancia. Me gustaba el modo en que ocultaba el sufrimiento.

Más sobre el libro

Vídeos musicales relacionados con el libro

  • Ginger Roger y Fred Astaire en Tap Dance
  • Billy Holiday (Lady Day) en Lady Sings the Blues
  • Actuación de los Nicholas Brothers en la película Stormy Weather, de la que Fred Astair comentó que era la mejor escena en un musical que jamás había visto y que ilustra maravillosamente la última cita del libro

Si conoces más vídeos que ilustren el libro estaría muy bien que nos los comentaras…

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Apegos feroces, de Vivian Gornick

Sesión 78 (6 de febrero de 2018)

Vivian Gornick (Bronx, Nueva York, 1935-  )

Apegos feroces / Vivian Gornik. — Madrid : Sexto Piso España, 2017.– 195 p.

“Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija como en Apegos feroces, las memorias de la escritora y activista Vivian Gornick, publicadas ahora por primera vez en español desde que vieran la luz en inglés en 1987.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Calificativos que se le dedicaron a estas memorias en la reunión del grupo de lectura: honesto; con estilo y ritmo; visión de género; feroz; implacable; honesto -otra vez-; complejo; elaborado; atento a los detalles, a los matices; cercano, con vivencias que podrían ser de hoy; muy analítico; bien escrito, belleza en cada frase; expresivo, muy buenas descripciones; con fuerza literaria, psicológica, espiritual; libro feminista; crítica del orden patriarcal…

Yo agregaría que se trata de un libro de una sinceridad feroz.

El libro se centra fundamentalmente en la relación de la autora con su singular madre, mostrando el amor de la hija por la madre pero también su rechazo ante ciertos comportamientos de la misma, la incapacidad de que el amor de la hija llene la vida de la madre, la ausencia de modelos femeninos válidos para la generación de mujeres a la que pertenece la autora -véase la cita de la página 112-, la falta de estímulos de las mujeres de generaciones anteriores a las de la autora que se veían forzadas a centrar sus vidas en el matrimonio y el hogar, la valentía y el esfuerzo de algunas de estas mujeres -como es la madre de la autora- para que sus hijas tuvieran acceso a los estudios superiores que a ellas le habían sido negados, etc.

Y también tienen una presencia importante en el libro las relaciones de la autora con diversas parejas masculinas, a las que en definitiva no parece tener en gran aprecio -ver la cita sobre los hombres de las páginas 129 y 130 en la que se menciona a Mary McCarthy, prestigiosa autora norteamericana de la que en su día leímos el interesantísimo libro El grupo-.

Todo ello mezclando las vivencias del pasado, cuando la autora era niña y la familia vivía en un edificio del Bronx, con los paseos de la madre y la hija en la actualidad -de cuando se estaba escribiendo el libro- por la sugerente ciudad de Nueva York.

En definitiva, un libro fundamental para todas aquellas personas que desean encontrar verdad y vida -con sus luces y sus sombras- en sus lecturas.

Y para muestra abajo se recogen abundantes citas del libro, prolijas sí, y aún así me ha costado elegir pues tenía bastantes más señaladas.

Citas del libro

P. 16: “Mi madre y yo hemos salido a dar un paseo. Le pregunto si recuerda a las mujeres de aquel edificio del Bronx.
-Cómo no -responde.
Le digo que siempre he pensado que la rabia sexual era lo que las hacía estar tan locas.
-Totalmente -afirma…

P. 17: “La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante…

P. 21-22: “El portero y su mujer tampoco eran muy habladores. Nunca se dirigían de primeras a nadie. Eso es lo que conlleva, supongo, ser unos pocos entre otros muchos: te quedas silenciado.

P. 26: “… Sus incesantes comentarios sobre la vida al otro lado de la ventana me permitieron degustar por primera vez los frutos de la inteligencia: sabía cómo convertir el cotilleo en información. Oía una voz elevarse una nota y hacía la siguiente observación: «Esta mañana discutió con el marido». O bajar una nota, y entonces era que «se le ha puesto el niño malo». O interceptaba un diálogo a toda prisa y a partir de él diagnosticaba el enfriamiento de una amistad. Esta habilidad suya me transmitía bienestar y me arrancaba emoción. La vida parecía más plena, más intensa y más interesante cuando mi madre otorgaba sentido a la actividad humana que transcurría en el callejón. Durante aquellos instantes, sentía una conexión viva entre nosotras y el mundo que existía tras la ventana.

P. 26-27: “Así era su existencia: allá en la cocina tenía claro quién era, allá en la cocina se mostraba infatigable pero también se aburría, allá en la cocina se desenvolvía de una forma endiable, allá en la cocina sentía desprecio por sus quehaceres. Se enfurecía por «el vacío de la vida de las mujeres», como decía ella, y al instante se echaba a reír con un placer que todavía resuena en mis oídos al analizar cualquier acontecimiento enrevesado que tenía lugar en el callejón…

P. 33: “El amor que le profesaba a mi padre tenía … propiedades milagrosas: no sólo compensaba el hastío y la ansiedad que sentía mi madre, sino que era la causa de ambos. Incontables frases que tenían que ver con todo lo que le satisfacía en la vida comenzaban igual: «Créeme, si no quisiera tu padre»…

P. 42: “… La gente y sus enseres parecían evaporarse de un apartamento y otros ocupaban si más su espacio. Qué pronto capté la naturaleza circunstancial de la mayoría de los apegos. Al fin y al cabo, ¿qué más daba si al vecino de al lado lo llamábamos Roseman, Drucker o Zimmerman?…

P. 75: “… Mi sitio estaba con mamá. Con ella la cosa estaba clara: me costaba respirar, pero me sentía segura.”

P. 84-87: “… me encontré a Dorothy Levinson por la calle…
Dorothy Levinson. Tan bella que al verla te daba un vuelco el corazón. Ahí estaba, con cincuenta años, delgada, adorable, rebosante de agudo ingenio judío y un cariño que se reflejaba en las arrugas de sus ojos, con una cara tan parecida a la de su madre a esa edad: tierna y bondadosa, levemente desconcertada, levemente triste.”
… ¡Y Davey! ¿No te apetece saber qué es de él? ¡Lo de Davey es prodigioso! ¿A quién se le hubiese pasado por la cabeza que mi hermanito iba a salir tan espiritual!

Si Davey se hubiera marchado de vuestra casa de Essex Street a los dieciocho, hoy en día no sería tan espiritual -dije-. Lo que busca es un modo de ordenar su vida y no posee las herramientas para hacerlo. Por eso se ha vuelto religioso. El hecho de que sea rabino en Jerusalén es un síntoma de lo perdido que está, no de cómo se ha encontrado a sí mismo.

P. 99: “… Todo el mundo sabía que esta mujer no iba a ningún lado, que caminaba por caminar, para sentir el efecto que causaba en la calle. Sus andares acentuaban las carnes ocultas bajo la ropa. Iba declarando: «Este cuerpo tiene el poder de despertar tu deseo»… Los hombres y las mujeres la ansiaban por igual. Era horrible. Yo percibía cómo iba despertando pasiones, peso esas pasiones parecían vinculadas al castigo, no al privilegio. La manera en que la gente la miraba -la crueldad de los hombres, la rabia de las mujeres- me daba miedo. Sentía que se hallaba en peligro. Nettie caminando por la acera se entretejió con la tela de mis primeras angustias.

P. 105: “Mamá y Nettie se pelearon y yo entré en el City College. En la memoria de mis sentimientos ambos sucesos… inauguraron un conflicto abierto, ambos fueron vividos como subversivos y beligerantes… me separó de las dos, provocó y alimentó una vida no compartida dentro de mi cabeza que se convirtió en un acto de traición. Vivía entre los míos pero había dejado de ser uno de ellos.
Creo que esto nos sucedía a la mayoría de los que íbamos al City Collegue. Seguíamos usando el metro, seguíamos recorriendo las calles de costumbre entre clase y clase, seguíamos volviendo a nuestros barrios al acabar el día, hablábamos con nuestros amigos del instituto y nos acostábamos en nuestras camas de siempre. Pero en secreto habíamos comenzado a vivir en un mundo dentro de nuestras cabezas, donde leíamos, hablábamos, pensábamos de una manera que nos diferenciaba de nuestros padres, de la vida doméstica y de la calle…

P. 112: “Sabía que enseñarme a ser una seductora de hombres conllevaba un peligro, pero el peligro no era su campo. Su campo era prepararme para, entre las dos, sacarme el mayor provecho posible en la vida. Huelga decir que si me convertía en la beldad del edificio corría el riesgo de ser violada y de quedarme embarazada, pero así eran las reglas del juego, ¿no? Una chica tiene que ser sensata. Saber dar lo mínimo posible para sacar lo máximo posible…
Pero nada de esto arraigó en mí…. Definitivamente, no era capaz de recordar la forma de vestirme y comportarme eran las herramientas de aquel oficio, instrumentos de futuro provecho, un medio fundamental para lograr la imagen que traería a mi esfera de influencia al hombre que podría proporcionarme tanta vida y mundo como tenía derecho a esperar…
¿No era mi madre igual cuando me decía con cada aliento que exhalaba: «La vida e insoportable sin un hombre al lado»? ¿Y no me estaba diciendo Nettie en realidad: «Lo hombres son un asco pero tienes que cazar uno»?… El mensaje estaba abierto… «Si no consigues un marido, eres tonta». «Si consigues uno y lo pierdes, eres inepta». Sabía, de modo inconsciente, que ésta era una vedad innegociable. Pero era incapaz de prestarle atención…
En aquel momento, había sólo dos cosas que reclamaban mi interés: hablar de libros e ideas en la facultad y excitarme mientras me besaba con Paul, Ralpf o Marty en el portal… Todas nos entregábamos a nuestros placeres. Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujese a la consecución de una vida femenina ideal y corriente…
A pesar de todo, nunca nos libramos de la idea de una vida así y día a día, mes a mes y año tras año, nos sumíamos cada vez más en el conflicto. Era un hecho que cuanto más inseguras nos setíamos, más superiores moralmente nos creíamos. Cada una de nosotras necesitaba sentirse especial, diferente, destinada a un fin superior. Divididas entre nosotras, nos negábamos el apoyo mutuo…

P. 129-130: “Yo no salía por los bares del otro lado de la avenida Shattuck, pero bastante a menudo me las arreglaba para encontrar hombres con esa combinación de vulnerabilidad y fortaleza necesaria para desprender atractivo sexual. Nunca alcanzaba, claro está, la satisfacción plena. En esas relaciones siempre había algo que no funcionaba. Mary McCarthy había escrito acerca de los hombres de los que sus sosias en la ficción se habían enamorado: si eran inteligentes, resultaban poco agraciados; si eran viriles, resultaban estúpidos. Dicha ecuación la interpretábamos, tanto yo como muchas de mis amigas, como un conocimiento ganado a pulso. Citábamos a McCarthy entre nosotras en tono triunfal. Su elegante prosa elevaba nuestra condición desde el nivel de la queja hasta el de verdad inmutable.

P. 134-135: “Stefan y yo regresamos a California y nos dispusimos a conventir en un hogar un piso de cinco habitaciones… Por vez primera comprobamos lo ajenos que éramos el uno al otro. Yo no tenía ni una pizca de espíritu bohemio en mi cuerpo y él no tenía ni una de conformismo. Yo no soportaba la incoherencia en mi entorno físico, él no soportaba una habitación que pareciera acabada. Yo apreciaba la claridad de pensamiento, a él le atraían las revelaciones místicas. Cada día nos traía largos momentos de desdicha de los que tardábamos horas en recuperarnos. Cada noche nos llevábamos a la cama nuestra confusión, nuestro anhelo, nuestra intensidad paralizante. Sólo en contadas ocasiones nos brindaron alivio nuestros cuerpos, y sólo durante apenas una hora. Fue mi primera experiencia de amor sexual como método de catarsis, en la que una se despierta tan sola a la mañana siguiente como se había acostado la noche anterior.

Fue en la cocina donde empecé a comprender el significado de la palabra «esposa». Allí estábamos, una pareja de veinticuatro años: un día éramos una estudiante de doctorado y un artista, y al día siguiente éramos marido y mujer. Antes siempre habíamos puesto juntos sobre la mesa las rudimentarias comidas que tomábamos. Ahora, de pronto, Stefan estaba cada noche en su taller… y yo estaba en la cocina, esforzándome por preparar y servir una comida que ambos pesábamos que debía ser adecuada. Recuerdo pasarme hora y medida preparando algún espantoso plato… para terminar engulléndolo los dos en diez minutos, pasarme después una hora limpiando los cacharros y quedarme mirando el fregadero, pensando: «¿Será esto así durante los siguientes cuarenta años?».

P. 174: “Joe y yo alzamos nuestras copas. Todos bebimos. Joe peroraba mientras mamá y yo emitíamos los sonidos femeninos convenientes («¡Qué maravilla!», «¿De verdad?», «¡Es estupendo!»)…

P. 180: “-Dices eso porque te has pasado la vida entre gente que considera el matrimonio primordial. Las humillaciones que los hombres y las mujeres soportan dentro del matrimonio son menos importantes para vosotros que el matrimonio en sí…

P. 185: “Un peso triste y callado se cierne sobre mi madre aquella noche. Hoy está muy guapa -su cabellos suave y blanco, su piel suave y lisa, el cutis marchito que vuelve a resplandecer-, pero los años se arrastran en su interior y en sus ojos veo el desconcierto, el persistente desconcierto.
-Toda una vida pasada -dice con voz queda.
Mi dolor es tan grande que no me atrevo a sentirlo.
-Exacto -digo sin énfasis-. No vivida. Sólo pasada.
La blandura de su rostro se endurece y se le marcan los rasgos. Me mira y, con voz apesadumbrada, dice en yiddish:
-Eso vas a escribir: «Desde el comienzo ya estaba todo perdido».

Más sobre el libro

  • Vivian Gornick: “Ningún ‘te quiero’ me ha importado más que la escritura”. Entrevista de Matilde Gordero y Anna Bonet (Píkara, 10 de julio de 2019)
  • “Lo mejor de ‘Apegos feroces’ son las historias del Bronx en pisos llenos de mujeres”, por Isa Calderón [Vídeo] (El País. Librotea, 15 de febrero de 2018)
  • Vivian Gornick, la feminista feroz, por Andrea Aguilar (El País. Babelia , 26 de julio de 2017)
  • Apegos feroces: madre e hija, según Vivian Gornick, por Manuel Hidalgo (Tengo una cita -blog de El Cultural-, 17 de agosto de 2017)
  • Libro destacado en Librotea (1 de enero de 2017)

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Leonora, de Elena Poniatowska

Sesión 41 ( jueves 09 de enero de 2014)

Elena Poniatowska.JPG

Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932)


leonoraLeonora / Elena Poniatowska. — Barcelona : Seix Barral, 2013. — 267 p.

Resumen: “Estaba destinada a crecer como la rica heredera de un magnate de la industria textil, pero desde pequeña supo que era diferente, que su capacidad de ver lo que otros no veían la convertía en especial. Desafió las convenciones sociales, a sus padres y maestros, y rompió cualquier atadura religiosa o ideológica para conquistar su derecho a ser una mujer libre, personal y artísticamente…

No es la primera vez que Elena Poniatowska retrata como nadie a una mujer excepcional. La increíble vida de Leonora Carrington es, en sus manos, una aventura apasionante, un grito de libertad y una elegante aproximación a las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX.” (La editorial)

Premio Biblioteca Breve 2011.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

Libro elegido por el grupo de lectura con motivo de la concesión del Premio Cervantes 2013 a la escritora y periodista mexicana Elena Pontiatowska.

Aunque no ha habido unanimidad, esta obra  ha fascinado a muchas de las integrantes del grupo de lectura, sobre todo por ser el perfil de una mujer, Eleonora Carrintong, de vida apasionada y apasionante: esta importante pintora -y también escritora- surrealista vivió una turbulenta historia de amor con el pintor Max Ernst, con el que se sumergería en el torbellino del surrealismo parisino de principios del siglo XX; por él enloqueció cuando este fue enviado a un campo de concentración, siendo confinada en un manicomio de Santander, del que escaparía para conquistar Nueva York de la mano de Peggy Guggenheim, instalándose definitivamente en México, donde culminó una de las obras artísticas y literarias más singulares y geniales del siglo XX, al decir de la crítica.

Y es que el libro parece ir madurando a la vez que va creciendo su personaje central, que si bien al principio puede hacerse un poco lejano por su “singularidad” y distantancia de las, digamos, “personas normales”, esta mujer salvaje (un caballo, decía de pequeña que era) va haciéndose más grande con el tiempo y lo que le sucede (según ella, las cosas le pasaban, no las buscaba conscientemente), tanto en su arte como en sus relaciones, también en lo que respecta a su familia, donde su madre, y sobre todo su hijo y su hija, jugarían un papel fundamental.

Mencionar también el curioso estilo narrativo creado por Elena Poniatowska, como comentaba una integrante del grupo de lectura en un correo:

“Me gustó muchísimo esta biografía novelada que, con un para mi inesperado estilo narrativo, ha creado Elena Poniatowska. Es el primer libro que leo de ella… qué bien descubrirla en coherencia con su pensamiento que leí en alguna entrevista:
‘Escribo sobre mujeres porque son las grandes olvidadas’
Además de la fuerza y espíritu libre que logra impregnar en Leonora, dibujándola con tanta fuerza y solidez que exime la mínima duda de no ajustarse a la realidad, me ha atrapado la capacidad de transmitir el ambiente de la época y cómo ese período entre guerras alimentó y fortaleció la rebeldía creativa rasgando ataduras sociales.  
A pesar de tantos sufrimientos me quedé con la sensación de que Leonora ha sido una mujer feliz porque pudo sostener su rebeldía.
Una escritura envolvente, aprendí y disfruté, muy recomendable.  Sin duda deseo leer más de esta escritora…”
Nos quedamos pues, con un muy buen sabor de boca de esta escritora mexicana -a pesar de haber nacido en Europa-, cuarta mujer en recibir el máximo galardón de las letras en español, para la que tan importante es visibilizar a las mujeres. Y es que, como la misma sostía hace poco en una entrevista:  “Las mujeres han sido y son el alma de mi país” (La Nación, 10 de enero de 2014)
Citas del libro
“… Breton, el padre del surrealismo, la encuentra adorable.
-Tu belleza y tu talento nos tienen mesmerizados. Eres la imagen de la femme enfant.
-No soy una femme enfant -le responde airada-. Caí en este grupo por Max, no me considero surrealista. He tenido visiones fantásticas y las pinto y las escribo. Pinto y escribo lo que siento, eso es todo.
-Digas lo que digas, para mí representas a la  «mujer niña» que a través de su ingenuidad entra en contacto directo con el inconsciente.
-¡Todo ese endiosamiento de la mujer es puro cuento! Ya vi que los surrealistas las usan como a cualquier esposa. Las llaman sus musas pero terminan por limpiar el excusado y hacer la cama.” (p. 90-91)
“… lo que sí supo es diferenciar amor de deseo y en esto último no puede quejarse: despertó pasiones y corresondió a casi todas, porque sabe que el deseo que no se satisface abrasa al cuerpo y vivir encenizada no es vivir.” (p. 468)
“Tampoco yo creo en los políticos ni entideno a los que van tras del poder. En el fondo, soy anarquista… El primer anarquista, Lord Acton, decía que «todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».” (p. 490)

Libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

Recuerdos míos, de Isabel García Lorca

SESIÓN DOBLE 21 (lunes 3 de octubre de 2011)

Comenzamos el curso lector con los dos libros seleccionados para el verano, uno de los cuales son las memorias de la hermana menor de Federico García Lorca:Isabel García Lorca

Isabel García Lorca (Granada, 1909-2002)

Recuerdos míos / Isabel García Lorca. — Barcelona : Tusquets, 2002. —   303 p. : il. — (Tiempo de Memoria ; 23)

Resumen: “Animada y apoyada por su entorno, Isabel García Lorca dedicó gran parte de sus últimos años a redactar estos ‘Recuerdos míos”, que ahora ven la luz póstumamente y que han merecido el XV Premio Comillas de autobiografía, biografía y memorias… en ellos se evocan tanto el paraíso perdido de la infancia y juventud en las casas de Granada y de la Vega como el desmoronamiento de ese mundo, roto en pedazos por el asesinato de su hermano Federico y su cuñado Manuel Fernández-Montesinos a poco de comenzar al guerra civil. Isabel García Lorca reconstruye también las angustias de su primer exilio en Bruselas, o el reencuentro con sus padres en Estados Unidos… Pero, por encima de las vicisitudes personales, estas memorias son sobre todo una emotiva evocación de los ambientes y personas que conoció Isabel. Su sensibilidad y capacidad de observación otorgan nueva vida a muchos de esos momentos críticos y nos depara semblanzas imborrables de figuras como Manuel de Falla, J.R. Jiménez, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, María Zambrano y, planeando sobre todos ellos, centro magnético de ese mundo, su hermano Federico.” (Casa del Libro)

Valoración libro

Se podría carceterizar a Isabel García Lorca como en El canto de la alondra se dice de Ray, uno de los personajes del libro: “Ray tenía una buena colección de anécdotas. Era observador, veraz y afable, posiblemente los principales requisitos para ser un buen narrador.” (p. 75)

Ella, además, vivió en un momento interesantísimo de la historia reciente de España y conoció a lo más granado de la época, por lo que nos acerca a una generación literaria e intelectual muy rica cuya trayectoria se vio terriblemente truncada por la guerra civil y la dictadura franquisa ulterior.

Además, la narración bellamente expresada de los tiempos que le tocó vivir, del recuerdo tan tierno y rico de su hermano Federico -y de su familia en general- y la evocación de Granada y su vega, de Nerja, de Madrid y la Residencia de Estudiantes… del primer cuarto del siglo XX hacen que la lectura sea una pura delicia.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

“Lucy”, de Jamaica Kincaid

SESIÓN 14 (lunes 29 de noviembre de 2010)

Lucy / Jamaica Kincaid; [traducción, María Eugenia Ciocchini]. — Tafalla (Nafarroa) : Txalaparta, 2009.  130 p.

Fecha de entrega: 8 de noviembre de 2010
Fecha de devolución: 29 de de noviembre de 2010

Resumen: “Lucy, una joven caribeña de 19 años, llega a Estados Unidos para trabajar como au pair en casa de una familia acomodada. En esta ciudad, en la que todo es extraño para ella, intenta escapar del pasado y reiniciar una nueva vida. Pero los recuerdos le impiden ser feliz; Lucy cree que hasta que no deje atrás la atormentada relación con su madre no llegará a convertirse en una mujer adulta. y son muchas cosas las que le recuerdan a ella en esta nueva vida.
Obra cargada de referencias autobiográficas, en la que Kincaid vuelve a ahondar en su mundo interior con una extraña fuerza desafiante y misteriosa.” (Lecturalia, www.lecturalia.com/libro/38827/lucy)

Más información del libro:

Información de la autora:

“Push”, de Sapphire

SESIÓN 10 (lunes 3 de mayo de 2010)

Push / Sapphire; traducción de Jesús Zulaika. — 2ª ed. — Barcelona : Anagrama, D.L. 2010. — 151 p. + [34 p.]. — (Panorama de Narrativas ; 404)

Entrega: 6 de abril de 2010
Devolución: 3 de mayo de 2010

Resumen: “Precious Jones tiene dieciséis años, es negra y casi analfabeta, y espera su segundo hijo. El primero lo tuvo a los doce años, y el padre de ambos es su propio padre. Vive en Harlem, en la ruinosa Lenox Avenue, el reino de los invisibles, de los sin voz, con su madre, una reclusa obesa y cruel que mira la televisión sin cesar, devora la comida que la jovencita le prepara y la somete a los más denigrantes abusos. Forzada a abandonar la escuela a causa de su embarazo -y aquél era el último y precario vínculo que la ligaba al mundo-, Precious acaba en un instituto para casos desesperados. Pero allí, en el último escalón de aquellos que ya han bajado todas las escaleras, está la señorita Rain, una maestra joven, combativa y radical, y Precious tendrá la posibilidad de recuperar su voz y su dignidad…” (quelibroleo.com)

Obras relacionadas: película Precious (USA, 2009), disponible en el Centro de Documentación María Zambrano.