Archivo de la categoría: Inglaterra

Los tiempos del esplendor, de Lídia Jorge

Sesión 79 (6 de marzo de 2018)

Lídia Jorge (Boliqueime, Portugal, 1946)

Los tiempos del esplendor / Lídia Jorge ; traducción de Martín López Vega ; ilustraciones de Arturo Revuelta.– Madrid : La Umbría y la Solana, 2017.– 203 p.– (Colección de autores portugueses)

Los tiempos del esplendor son nueve relatos en los que se mezclan historias de amor y desconcierto, un discurso sobre el rumbo de la humanidad.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer. Donado por el proyecto INTREPIDA -Internacionalización de las Empresarias de España y Portugal hacia la Inserción, el Dearrollo y las Alianzas- de la Fundación Tres Culturas)

Valoración

Ya teníamos programadas todas nuestras lecturas del año cuando de la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas nos propusieron leer conjuntamente con su club de lectura Tres con Libros la obra que nos ocupa, ya que la autora vendría a presentarla dentro de una cita del proyecto Intrépida de dicha Fundación.

Planteamos la cuestión en el grupo y nos pareció absolutamente pertinente aceptar tan interesante invitación pues, entre otras cosas, tras casi diez años de funcionamiento y unos noventa libros leídos por el grupo, todavía no habíamos abordado ninguno de alguna autora del país vecino, hecho a todas luces imperdonable.

Y así fue cómo este libro llegó a nuestras manos, cosa que agradecemos enormemente a la Fundación, tanto por su generosidad al donarnos el lote como, y sobre todo, porque su lectura ha supuesto el conocimiento de una gran autora.

Como no tuvimos la reunión habitual al uso, dado que fue sustituida por la asistencia a la presentación del libro, no he recabado las opiniones sobre el mismo de todas las integrantes del grupo, así que me centraré en mi propias percepciones al respecto.

Así pues, decir que por mi parte la obra me fue deslumbrando más y más conforme iba avanzando en los relatos que la conforman, y eso que tengo que confesar que soy más de novelas que de cuentos. Y es que el libro te acerca a mundos desconocidos, como pueden ser las antiguas colonias portuguesas, y a mundos conocidos pero no por ello menos evocadores gracias a las bellas descripciones de la autora.

Sé que a alguna de las integrantes del grupo le gustaron sobre todo los primeros relatos pero yo destacaría el de Imitación del éxodo, un singular relato que creo que cualquier persona que tenga a su cargo la educación de menores haría muy bien en leer.

Pero todos los relatos son interesantes y hermosos a la vez, gracias a un lenguaje exquisito y al aire en cierto modo ‘fantástico’ de la obra, que hace que la realidad parezca un poco como soñada.

Muy a destacar también el tratamiento de los animales -tras la lectura del libro salí reforzada en mi convencimiento de que quizá pueda haber malas personas que amen a los animales, pero desde luego quienes los maltratan buenas no puede ser-.

De esto y de otras cuestiones que se plantearon en la presentación del libro habló la autora, pero tengo que confesar que me enteré a duras penas de sus palabras pues mis auriculares de traducción simultánea no funcionaban como hubiera sido deseable.

Así que tampoco puedo decir qué respondió exactamente la autora a la pregunta de si veía alguna diferencia entra la literatura escrita por mujeres y la escrita por hombres. Más o menos creo que vino a decir que ella lo que pensaba es que hay buena y mala literatura, independientemente del sexo de quien escribe, con lo que poco aportó al respecto. Eso sí, dijo que en su país habían habido tres autoras anteriores a su generación que habían facilitado el camino a otras escritoras que, como ella, habían comenzado su carrera literaria con posterioridad. Como desafortunadamente no conseguí quedarme con el nombre de las escritoras citadas y no me he podido hacer con los audios de la presentación, he hecho una búsqueda al respecto en Internet y me aventuro con las tres autoras siguientes: la poeta Sophia de Mello Breyner Andresen y las novelistas Agustina Bessa-Luís y Maria Velho da Costa.

En cualquier caso, un tema más que interesante para seguir profundizando en e mismo el de la literatura de autoras de Portugal, un precioso país que está claro que puede ofrecernos más que bonitos lugares y estupendos escritores masculinospermítaseme aquí mencionar mis admirados José Saramago, Miguel Torga y José Maria de Eça de Queiroz; y Antonio Tabucchi, que si bien es italiano muchas de sus obras transcurren en paisajes portugueses-.

Y dado que el libro fue leído conjuntamente con el grupo de lectura Tres con Libros ya citado, una de cuyas ‘peculiaridades’ es que suele asignar banda sonora a las obras que lee, finalizo esta entrada con la selección musical que hizo la propia Lídia Jorge para escuchar mientras se lee este libro:

http://biblioteca3culturas.blogspot.com/2018/02/banda-sonora-de-los-tiempos-del.html

Curioso que al abrir la entrada veo que finaliza con la siguiente cita de la autora: “yo escribo cuentos para prolongar los sueños (sueño despierta)”. Y esa fue precisamente mi sensación al leer esta obra, que animo a disfrutar con el fondo musical elegido por Lídia Jorge ¡todo un descubrimiento, al menos para mí!.

Citas

P. 11 [El amor en Lobito Bay]: “Algunos, como nosotros, habíamos llegado de la zona norte del Atlántico y necesitábamos la sombra. Otros habían llegado del Mediterráneo y necesitaban patios. Muchos provenían del Índico y necesitaban esteras. Los naturales de la región no necesitaban casi nada. Tenían el sol, el agua, las frutas y la ofrenda del mundo original…”

P. 69 [Los tiempos del esplendor]: “… Era la hora del esplendor. Estrellas, peces, flores, el sol, la luna, los limos del estanque verde. Escuchad el silencio del estanque. Escuchad el silencio de la casa. Cerrad vuestros ojos antes el esplendor, pues ahora ha pasado el tiempo.

P. 72-73 [Imitación del Éxodo]: “… hoy los niños van al parque para representar no la historia lejana, esa en la cual los actos surgen petrificados en forma de estatuas, sino la historia cercana, la historia vivida, la historia compartida por los hombres de ahora, es decir, para que aprendan a participar en la construcción de la macha conjunta que tendrán que emprender en dirección al futuro.

P. 76 [Imitación del Éxodo]: “… Ya se ha dicho, un hombre, sin objetos en el cuerpo, puede ser una espléndida criatura, el más hermoso animal de la creación, pero no es una persona…”

P. 96 [Pasaje para Marion]: “… Estaba convencida […] de que el muchacho no era un cínico, pues entre él mismo y el espacio circundante no levantaba ningún tipo de pantalla.]

P. 106 [Pasaje para Marion]: “… Ahora los datos están sobre la mesa. ¿Quién habla primero? ¿Quién decide? ¿Cómo separar ese momento del que vendrá después, para poder decir: y entonces fue así? ¿Estamos en medio de los actos, y aun así mandamos en ellos como dioses, o papenas nos sometemos a lo que ya ocurrió, como esclavos]

P. 112 [Pasaje para Marion]: “… Ambos se encontraban… tirando de las puntas opuestas de una misma realidad…]

P. 141 [Nuevo Mundo]: [… El inconmensurable narcisismo humano le repelía. Al desistir de la reposición del tejado, desistía de abarcar la complejidad de la naturaleza humana…]

P. 160 [Dama polaca volando en limusina negra]: “La verdad sea dicha: razón y debilidad, cuando van juntas, nada pueden…]

P. 180 [El poeta inglés]: “… era elegante el poeta inglés, que llegaba el último, que no tenía que quedar en nada con nadie. Aquel poeta creía en el poder de la casualidad. Incluso en una sesión programada al detalle, todo acabaría por ocurrir según leyes misteriosas, indescifrables por el cráneo del descendiente del homo sapiens. A su entender, deberíamos dejar funcionar al puro azar. ¿Para qué más historias?

Más sobre la obra

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

Pulsar en el siguiente enlace.

Anuncios

Del color de la leche, de Nell Leyshon

Sesión 71 (4 de abril de 2017)

Nell Leyshon (Somerset, Inglaterra, 1962- )

Del color de la leche / Nell Leyshon ; prólogo de Valeria Luiselli ; traducción de Mariano Peyrou.– 9ª ed.– Coyoacán [México] ; Madrid : Sexto Piso, 2016.– 174 p.– (Narrativa Sexto Piso)

“Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver sólo un montón de rayas negras en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.”

Valoración

Lo primero que se me ocurre decir de este libro es que se lee como quien bebe un vaso de agua. Esto más o menos fue lo primero que comentamos las asistentes a la reunión en torno al mismo, todas de acuerdo en que nos había encantado su lectura, cosa que no suele ser muy habitual.

Y es que la obra es simple y compleja a la vez, de una simplicidad compleja, podríamos decir: simula estar escrito con los escasos recursos literarios de una joven campesina que ha aprendido a leer y escribir recientemente y sin embargo el interés no decae un solo momento.

Con la gran virtud de que, como comentó una compañera, da voz a un tipo de personaje sin presencia de primera mano en la historia de la literatura por la sencilla razón de no haber tenido nunca la oportunidad de acercarse a la cultura escrita por el analfabetismo ancestral de su medio social de procedencia. Mary, la protagonista, es quien narra su historia en primera persona, seleccionando lo qué cuenta y cómo lo cuenta. Y lo hace de maravilla.

Un personaje, por cierto, que encandila por su fuerza, frescura, energía, desparpajo, alegría, naturalidad, valentía, inteligencia natural, animalidad… Es salvaje, se afirmó en la reunión en varias ocasiones, sin asignarle sentido peyorativo alguno al término. Y es trágico, no se puede obviar, no por sus características físicas -vividas sin victimismo ni complejos- sino por sus condicionantes vitales y sociales.

En conclusión: una lectura absolutamente recomendable, que deleita por su dinamismo y que conmueve, a la vez, al mostrar un “escenario permanente de violencia hacia las mujeres, por todos los motivos posibles”, como comentó por escrito una compañera que no pudo asistir a nuestra cita mensual.

No en vano, a este libro le concedieron el prestigiso Premio Libro del Año 2014 del Gremio de Libreros [y Libreras] de Madrid.

Citas

p. 34-38: “… y entonces el abuelo me preguntó si sabía qué día era al día siguiente.

yo nunca sé qué día es, dije yo.

domingo de pascua, dilo él.

entonces hay que ir a la iglesia.

deberías levantarte pronto antes de ir a la iglesia, dijo él. sube a la colina y mira cómo sale el sol desde ahí arriba.

¿y por qué iba a hacer eso?, le pregunté.

porque entonces todo lo que quieras se va a cumplir el año que viene.

¿todo?

todo.

me daba miedo dormir por si me despertaba tarde y ya había amanecido el nuevo día y me lo perdía.

tuve que calcular cuándo era la hora de salir y entonces salí de la cama sin hacer ruido y me puse el vestido y el chal…

seguí por el sendero y después trepé por encima de la puerta para ir a través de la colina.

el cielo estaba empezando a ponerse más claro…

y cuando estaba en la cima… el cielo empezó a levantarse por encima… y las nubes se volvieron pequeñas y se fueron y el cielo se puso más claro y las estrellas se apagaron.

entonces el sol salió por encima de la tierra y el nuevo día había llegado.

yo me daba la vuelta una y otra vez y miraba el paisaje. enfrente. atrás. por todos partes…

Más sobre la obra

La puerta de los ángeles, de Penelope Fitzgerald

Sesión 63 (3 de mayo de 2016)

Penelope_FitzgeraldPenelope Fitzgerald (Lincoln, 1916-2000)

puertaLa puerta de los ángeles / Penelope Fitzgerald.– Madrid: Impedimenta, 2015. — 231 p.

Resumen:  “Fred Fairly, un brillante joven, tiene ante sí un prometedor futuro como profesor de Ciencias en Cambridge, siempre y cuando respete una de las normas ancestrales del college al que pertenece. El St. Angelicus, como el Monte Athos, se caracteriza por no haber permitido que ninguna mujer traspase sus muros desde hace más de quinientos años. Por tanto, el matrimonio es algo impensable. Pero parece que Fred, miembro de la peculiar Sociedad de los Desobedientes, comienza a rebelarse contra la rigidez del mundo que le rodea: empieza por confesar a su padre que ha perdido la fe y, tras un aparatoso accidente de bicicleta, acaba por enamorarse de una misteriosa joven con un dudoso pasado. Y es que en cualquier lugar, hasta en el riguroso St. Angelicus, existe una puerta oculta.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Reunión poco nutrida pero no por ello poco animada.

Menos una de las asistentes que había comenzado a leer el libro y esperaba a conocer otras opiniones para decidir si le merecía la pena continuarlo hasta el final o no, el resto manifestamos lo mucho que nos había gustado.

Y es que la novela es interesante y grata a la vez, así que el juicio general expresado en la reunión es que es totalmente recomendable.

Una de las compañeras, por ejemplo, apuntó que, en contraste con ‘Farándula‘, la obra leída el mes anterior, el estilo de esta novela pausado, sin aspavientos, sencillo pero a la vez profundo y sofisticado le había encantado, haciendo que su lectura hubiera sido para ella adictiva y deliciosa (con la ventaja de que ella lo había leído en su versión original, ya que es de Filología inglesa).

Otra asistente comentó que sin ser una obra conceptualmente feminista en la práctica lo es y mucho, ya que, por ejemplo, describe el ambiente social de una época en la que las mujeres estaban luchando por la consecución de sus derechos, entre ellos el del voto; o por el retrato que hace de la protagonista femenina, una joven que, a pesar de su humilde procedencia, pretende formarse y ganarse la vida en un trabajo cualificado -la enfermería- por el que siente una profunda vocación y para el que demuestra sobrada capacidad.

Una sociedad difícil para las mujeres la que muestra la novela -la Inglaterra de principios del siglo XX-, en la que las chicas que quisieran trabajar estaban sometidas a dificultades de todo tipo, como el deber de mostrar en todo momento una conducta intachable a la vez de tener que soportar acoso sexual en el trabajo, en los transportes públicos, etc., además de la imposibilidad de formarse en la universidad y de integrarse plenamente en los ambientes culturales del momento.

Todo ello aderezado con personajes amables -mención especial merece aquí el protagonista masculino-; con ese sentido de la ironía tan británico; con unas descripciones de interiores y de paisajes realmente sugerentes; o con el reflejo fidedigno de un ambiente científico que la autora parece que conocía bien, con principios fundamentales sometidos a cambios profundos, al igual que la sociedad en los que estos sucedían.

En definitiva, un libro muy estimulante que nos ayuda a conocer la historia reciente y con ello a respetar aún más a unas antepasadas que contribuyeron de forma tan importante a la mejora sustancial de la situación actual de las mujeres, al menos en lo que a Occidente se refiere.

[Para ilustrarse de forma amena sobre la lucha de las sufragistas recomendamos el telefilm Iron Jawed Angels: derecho al voto para la mujer, disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación, o la película Sufragistas, estrenada recientemente]

Citas del libro

P. 49-50:

Al final de su primer año como profesor adjunto, Fred pensó que debía confesarle a su padre [pastor protestante] que ya no era cristiano, pero de manera que le causara la menor aflicción posible. El dilema le parecía más propio de 1857 que de 1907 […] Fred, que contemplaba el pasado con tanta bondad como el presente, pensaba que, aún en el nuevo siglo, no debía menospreciar aquello que se había tenido en tan alta estima. No le quedaba más remedio que ir a casa y hablar con su padre, cara a cara, exponiéndole sus motivos, como solían hacer los hijos para tratar un tema en el que la razón, por desgracia, carecía de poder. Actuar de ese modo era lo mínimo que exigía la cortesía. Pero no cabía duda de que su padre se sentiría profundamente consternado. […]

P. 59-62 [Fred va a visitar a su familia y confesarle a su padre que ya no es cristiano]:

Su madre, Hester y la señora Burden, que iba desde el pueblo a cocinar y ocuparse de las tareas más pesadas de la casa, estaban sentadas, cosiendo […]

¡Mi querido Freddie! –exclamó la señora Gairly–. ¡Qué agradable sorpresa!

Hester, no tan fría como de costumbre, dijo:

Espero que sepas lo que estamos haciendo. Son los colores del WSPU [Women’s Social and Political Union, principal asociación a favor del sufragio femenino en Gran Bretaña]. Fabricamos pancartas para la marcha de Birmingham […]

Pero, madre, ¡tú no estás a favor del sufragio femenino! –dijo Fred–. Hemos hablado de ello en varias ocasiones…

Ahora está a favor. Todas lo estamos –le interrumpió Julia– […]

Toda ha cambiado, Freddie –dijo Hester–. Ahora es distinto. Ahora nadie se ríe. Vimos la foto de la gente que estaba haciendo huelga de hambre en el Daily Mail.

[…]

¿Está padre en su despacho?– preguntó.

Por supuesto –dijo Julia–. No se le ocurriría aparecer por aquí. Sabe lo que estamos haciendo y le da pánico.

Fred fue al estudio. Sin tomar asiento y sin decidirse aún a abordar la cuestión, aunque fuera poco a poco, comenzó a justificarse con frases entrecortadas. Su padre le tendió una mano […].

Entonces dijo:

Cuando me explicaste que querías estudiar Ciencias Naturales en la universidad, lo que te ha proporcionado, supongo que por fortuna, tu actual empleo, di por supuesto que eso te llevaría, tarde o temprano, a concluir que la idea del alma no tiene sentido. Todo lo que te pido es que no me cuentes nada al respecto. Las mujeres de esta casa, como tal vez ya hayas visto con tus propios ojos, nos han abandonado definitivamente. No podemos contar con ellas para ningún fin práctico.

No creo que nos hayan abandonado, padre. Esta concentradas en lo que hacen, que no es lo mismo.

Freddie, me han dicho que hay sobras en la despensa. ¿Tienes idea sobre cómo se cocinan las sobras?

Las sobras no se cocinan. Son sobras porque sobraron de algo que se había cocinado antes.

Su padre sonrió y suspiró.

P. 81:

Parece usted más seguro de su nombre que ella misma– dijo el señor Wrayburn.

¿Por qué dice eso? ¿La está censurando?– preguntó Fred, decidido a levantarse y abandonar la clínica […]

¿Censurarla? ¡Por supuesto que no la está censurando –exclamó la señora Wrayburn–. ¿Por qué debería una joven, o cualquier otra mujer, dar explicaciones sobre lo que hace? ¿Por qué está obligada a recordar su nombre si no quiere hacerlo? Todo cuanto tenemos derecho a preguntar es: ¿predominan en su carácter los más elevados ideales? ¿Recorre la senda que conduce a la dicha? ¿Se encuentra en armonía con el nuevo siglo?

P. 195:

Después de que Fred regresara a su asiento, la señora Wrayburn prestó juramento y dijo que se dedicaba a sus labores.

Sería licenciada –dijo–, si la universidad permitiera licenciarse a las mujeres.

Señora Wrayburn, se dedica usted a sus labores –prosiguió el inspector– […]

Más noticias y opiniones sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Las torres de Trebisonda, de Rose Macaulay

Sesión 52  (5 de  marzo de 2015)

NPG Ax20446; Dame (Emilie) Rose Macaulay by Howard InsteadRose Macaulay (Rugby, 1881-1958)

torreLas torres de Trebisonda / Rose Macaulay. — Barcelona : Minúscula, 2008. — 382 p.

Resumen: “Las torres de Trebisonda cuenta las peripecias de un estrambótico grupo, formado por Laurie, la narradora, su inimitable tía Dot, el intolerante padre Chantry-Pigg y un camello loco, que parte de Inglaterra rumbo a Oriente Medio movido por distintos intereses que van desde un heterodoxo proselitismo anglicano al puro placer del viaje. Ingeniosa y a la vez melancólica, desenfadada y sutil, esta novela descubre una ciudad de fábula, una Trebisonda reflejo de inquietudes espirituales, metáfora del carácter esquivo de la verdad. Un relato satírico y en ocasiones absurdo, de un humor chispeante, tras el que se esconden las sombras del desengaño, los dilemas religiosos y el recuerdo de un amor perdido“. (La editorial)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Pocas componentes asistieron a la reunión del grupo de lectura. De ellas, a dos nos había gustado el libro en grado sumo y al resto les había interesado poco o nada, si bien algunas que no habían terminado de leerlo decidieron darle la oportunidad y llegar hasta el final.

Y es que el libro, si bien al principio puede abrumar un poco la erudición que muestra con respecto a las religiones -centrada sobre todo en las diversas ramas del cristianismo y, dentro de estas, la anglicana en concreto, que es a la que profesan los personajes principales-, si se consigue captar el interés de la crítica religiosa desde dentro del sistema, lo que sigue es un libro de un viaje -también interior- fantástico y lúcido, con unos personajes femeninos -Lauri, la narradora, y su inefable tía Dot- que son verdaderamente amables, elegantes, aventureros, inteligentes,  independientes, potentes, luchadores y con un gran sentido crítico y del humor.

Como muestra, una cita de lo que Dot le dice a su sobrina cuando esta sufre una gran pérdida en la vida:

“… Sé que leías a san Clemente de Alejandría, y supongo que recuerdas lo que él dice: ‘No puedes ser alzado y llevado al fin de la jornada, sino que deber ir por tu propio pie, recorriendo el estrecho camino.’ Uno no debe perder de vista lo principal, que es: Haz esto, haz aquello, ama a tus amigos tanto como a tus vecinos, sé justo, sé magnánimo y generoso, sé honrado, sé tolerante, ten coraje, ten compasión, usa tu inteligencia y tu imaginación, entiende el mundo en el que vives y confórmate con él, no dramatices ni sueñes ni huyas…” 

Finalizar con una cita del revelador posfacio de Jan Morris sobre lo que para él sería el mensaje final del libro:

“La ciudad de Trabzon, la Trevisonda de la antigüedad, situada a las orillas del mar Negro… a medida que leemos las aventuras descritas en sus páginas… nos damos cuenta de que en la mente de la autora se trata de una ciudad alegórica. Se levanta demasiado alto, en un paisaje demasiado neblinoso para ser solo un montón de ladrillos. Está más cerca de la Ciudad de Dios de san Agustín, o de la Ciudad Celestial de Buyan o de Avalón, con la diferencia de que es más ambigua, no una promesa de felicidad, sino un recordatorio de la incertidumbre. Aparece rielante, envuelta en la fábula, como corresponde a ciudades así; se alza en el horizonte lejano, como ocurre en las mejores leyendas; bajo un embrujo luminoso, pero es inalcanzable. Representa, en definitiva, o al menos eso parece decirnos Rose Macaulay, el carácter inaccesible de la verdad. Ella nunca logra alcanzarla, debe permanecer siempre fuera de sus murallas, sin poder internarse en el corazón oculto de la ciudad. Y sospecha que este es el ‘dilema eterno’ de la vida…”

Diario de una dama de provincias, de E.M. Delafield

Sesión 48 (6 de noviembre de 2014)

E.M. Delafield (Steyning, Sussex, 9 de junio de 1890 – Oxford, 2 de diciembre de 1943)


Diario de una dama de provincias / E.M. Delafield. — Barcelona  : Libros del Asteroide, 2013. — 208 p.

Resumen: “La dama de provincias vive en una preciosa casa de campo, tiene dos hijos encantadores y un marido que, cuando está con ella, acostumbra a dormitar tras las páginas del Times. Lleva un diario que le sirve para poner un poco de distancia con las cosas que le suceden; en él escribe sobre sus esfuerzos para equilibrar la economía familiar y lidiar con su temperamental cocinera y la sensible institutriz francesa de sus hijos; así como sobre su lucha constante por mantener a raya a su engreída vecina, Lady B., y sus denotados esfuerzos por estar siempre a la altura de las circunstancias…

Publicado por primera vez de forma seriada en una revista de los años treinta y recogido después en forma de libro, Diario de una dama de provincias es un hilarante retrato de la clase alta británica y una de las más divertidas novelas de la literatura inglesa del XX” (La editorial)

Obra continuada por La dama de provincias prospera.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración del grupo

Parece que el libro no gustó a las integrantes del grupo que asistieron a la reunión por considerarlo vanal y repetivo.

Sin embargo, a quien esto suscribe -que lamentablemente no pudo asistir a dicha reunión- la obra le ha parecido deliciosa: irónica y sutil, dentro de la tradición del mejor humor anglosajón, del que este libro es considerado como uno de sus estupendos exponentes.

Una opinión, por lo demás, en la línea de lo que expresaba la reputada filóloga feminista Eulàlia Lledó Cunill en “Damas provincianas“, un artículo aparecido en el Huffintong Post el 19 de abril de este mismo año, del que escojo el párrafo siguiente:

“… En definitiva, una delicia de libro que se agradece especialmente en este tiempo de tribulación y miseria y que se hermana íntimamente con el espléndido humor, nunca superficial (al contrario, siempre cargado de intención y de actitud), y con el talento de tantas y tantas autoras a quien Delafield rinde inteligente y constante homenaje a lo largo del libro…”

Un artículo muy intesante, además, por recoger diversas obras de otras autoras, merecedoras, como E.H. Delafiled´-según la autora del mismo-, de estar en la “Antología del mejor humor inglés“, editada por Anagrama en 2009 (no disponible ya en su catálogo de títulos), que de forma inexplicable no incluyó el relato de ninguna mujer entre los muchos seleccionados.

Citas de la obra, a modo de muestra

p. 68: 28 de febrero. Advierto, muy contenta, la aparición de una gran mata de azafranes de primavera junto a la verja de entrada. Me gustaría referirme a ellos de manera juguetona y adorable, y trato de imaginar que soy la protagonista de Elizabeth y su jardín alemán, pero me veo interrumpida por la cocinera, quien me anuncia que ha llegado el pescadero, pero que solo trae bacalao y abadejo, y que como el abadejo no está muy fresco por cómo huele, qué me parece el bacalao?

He reparado muchas veces en que la vida es así.

p. 78: … Llego a casa sin haber sacado el más mínimo provecho del a visita y con una extraña tendencia a dirigirme de malos modos a todos los que me encuentro.

p. 94: … Caigo en la cuenta, y no por primera vez, de que como mejor pueden cumplir las mujeres inteligentes sus obligaciones para con su propio sexo es quizá mediante el devastador proceso de contarles la verdad sobre sí mismas…”

p. 102: … Aún más desconcertante resulta la aparición de Mademoiselle, presa de una lamentable y estridente alegría gala

p. 116: (Duda que se plantea por sí sola: ¿No es a menudo el silencio más eficaz que la elocuencia extrema? Respuesta afirmativa, probablemente. Debo intentar recordarlo más a menudo.)

p. 166: Se lo menciono a Robert [su marido], quien no apoya en absoluto mi proyecto y hace referencia a… En el momento no se me viene a la cabeza ninguna réplica, pero probablemente se me ocurrirá el domingo en la iglesia o en cualquie oro entorno igualmente inapropiado.

p. 169: (Nota bene: Quizá mi querido Robin [su hijo] no es tan distinto a su padre como a veces quisiera suponer.)

p. 171: … Acabo ocupándome yo de fregar los platos mientras Mademoiselle acuesta a los niños, luego subo y les leo los Cuentos de Tanglewood.

(Duda, básicamente retórica: ¿Por qúe la gente dice tantea veces de las mujeres casadas, con hijos y sin profesión que llevamos una vida “desahogada”? No encuentro respuesta)

p. 178: [tras una solicitud de su hija] … Un instinto indefinible pero evidentemente más fuerte que el maternal me empujó a dejar el asunto en manos de Mademoiselle, y eso hice sin un titubeo.

p. 179: … (Tengo el acierto de citar la balada de John Gilpin y su caballo desbocado, pero nadie me presta atención.)

p. 180-181: … Inicio de inmediato la enérgica búsqueda de un plato perdido a modo de distracción estratégica.

181: (Lamentaría pensar que los impulsos hospitalarios dependen casi por entero de nuestra propia conveniencia, pero no puedo dejar de sospechar que en efecto es así.)

182: … le pregunto a Robert si lo de ayer no le recordó a la señorita Edgeworth, a Rosamond y su excursión campestre, pero no obtengo respuesta, y la conversación -si se le puede llamar así- se rebaja una vez más hasta el nivel del ligero sabor amargo del café y la absoluta imposibilidad de encontrar beicon bueno en la región…

p. 182: … Eso me concede media horita sin interrupciones ante el escritorio, donde escribo al panadero…, a Rose…, a la esposa del director del colegio de Robin -le hablo sobre todo de calcetines, pero también de que, en el futuro, podría sustituirse el boxeo por la danza- y a lady Frobister… (Como no me hace gracia contestar que preferiría…, sacrifico una vez más la verdad a las exigencias de la cortesía.)

p. 183: … (Descubro, mucho después, que se me ha ido la mano considerablemente con la polvera, lo que me lleva a pensar, no por primera vez, que nos ahorramos muchas cosas gracias a la incapacidad -que tan erróneamente deplorara aquel poeta escocés, Burns- de vernos como nos ven los demás.)

p. 189: … 31 de agosto. Leo Los eduardianos, que todo el mundo ha leído hace meses, y lo encuentro delicioso y divertido. Me acuerdo de que V. Sackville-West y yo asistimos junta a clases de danza enel Albert Hall, hace muchos años, pero me parece que, si menciono el asunto, todos van a pensar que estoy presumiendo -y en efecto lo estaría haciendo-, así que más vale dejarlo estar…

[Nota explicativa de la forma de las citas: Las extrapolaciones van entre corchetes y los puntos suspensivos se ponen cuando la parte seleccionada no inicia o termina el párrafo]

Más críticas de la obra

Leonora, de Elena Poniatowska

Sesión 41 ( jueves 09 de enero de 2014)

Elena Poniatowska.JPG

Elena Poniatowska (París, 19 de mayo de 1932)


leonoraLeonora / Elena Poniatowska. — Barcelona : Seix Barral, 2013. — 267 p.

Resumen: “Estaba destinada a crecer como la rica heredera de un magnate de la industria textil, pero desde pequeña supo que era diferente, que su capacidad de ver lo que otros no veían la convertía en especial. Desafió las convenciones sociales, a sus padres y maestros, y rompió cualquier atadura religiosa o ideológica para conquistar su derecho a ser una mujer libre, personal y artísticamente…

No es la primera vez que Elena Poniatowska retrata como nadie a una mujer excepcional. La increíble vida de Leonora Carrington es, en sus manos, una aventura apasionante, un grito de libertad y una elegante aproximación a las vanguardias históricas de la primera mitad del siglo XX.” (La editorial)

Premio Biblioteca Breve 2011.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

Libro elegido por el grupo de lectura con motivo de la concesión del Premio Cervantes 2013 a la escritora y periodista mexicana Elena Pontiatowska.

Aunque no ha habido unanimidad, esta obra  ha fascinado a muchas de las integrantes del grupo de lectura, sobre todo por ser el perfil de una mujer, Eleonora Carrintong, de vida apasionada y apasionante: esta importante pintora -y también escritora- surrealista vivió una turbulenta historia de amor con el pintor Max Ernst, con el que se sumergería en el torbellino del surrealismo parisino de principios del siglo XX; por él enloqueció cuando este fue enviado a un campo de concentración, siendo confinada en un manicomio de Santander, del que escaparía para conquistar Nueva York de la mano de Peggy Guggenheim, instalándose definitivamente en México, donde culminó una de las obras artísticas y literarias más singulares y geniales del siglo XX, al decir de la crítica.

Y es que el libro parece ir madurando a la vez que va creciendo su personaje central, que si bien al principio puede hacerse un poco lejano por su “singularidad” y distantancia de las, digamos, “personas normales”, esta mujer salvaje (un caballo, decía de pequeña que era) va haciéndose más grande con el tiempo y lo que le sucede (según ella, las cosas le pasaban, no las buscaba conscientemente), tanto en su arte como en sus relaciones, también en lo que respecta a su familia, donde su madre, y sobre todo su hijo y su hija, jugarían un papel fundamental.

Mencionar también el curioso estilo narrativo creado por Elena Poniatowska, como comentaba una integrante del grupo de lectura en un correo:

“Me gustó muchísimo esta biografía novelada que, con un para mi inesperado estilo narrativo, ha creado Elena Poniatowska. Es el primer libro que leo de ella… qué bien descubrirla en coherencia con su pensamiento que leí en alguna entrevista:
‘Escribo sobre mujeres porque son las grandes olvidadas’
Además de la fuerza y espíritu libre que logra impregnar en Leonora, dibujándola con tanta fuerza y solidez que exime la mínima duda de no ajustarse a la realidad, me ha atrapado la capacidad de transmitir el ambiente de la época y cómo ese período entre guerras alimentó y fortaleció la rebeldía creativa rasgando ataduras sociales.  
A pesar de tantos sufrimientos me quedé con la sensación de que Leonora ha sido una mujer feliz porque pudo sostener su rebeldía.
Una escritura envolvente, aprendí y disfruté, muy recomendable.  Sin duda deseo leer más de esta escritora…”
Nos quedamos pues, con un muy buen sabor de boca de esta escritora mexicana -a pesar de haber nacido en Europa-, cuarta mujer en recibir el máximo galardón de las letras en español, para la que tan importante es visibilizar a las mujeres. Y es que, como la misma sostía hace poco en una entrevista:  “Las mujeres han sido y son el alma de mi país” (La Nación, 10 de enero de 2014)
Citas del libro
“… Breton, el padre del surrealismo, la encuentra adorable.
-Tu belleza y tu talento nos tienen mesmerizados. Eres la imagen de la femme enfant.
-No soy una femme enfant -le responde airada-. Caí en este grupo por Max, no me considero surrealista. He tenido visiones fantásticas y las pinto y las escribo. Pinto y escribo lo que siento, eso es todo.
-Digas lo que digas, para mí representas a la  «mujer niña» que a través de su ingenuidad entra en contacto directo con el inconsciente.
-¡Todo ese endiosamiento de la mujer es puro cuento! Ya vi que los surrealistas las usan como a cualquier esposa. Las llaman sus musas pero terminan por limpiar el excusado y hacer la cama.” (p. 90-91)
“… lo que sí supo es diferenciar amor de deseo y en esto último no puede quejarse: despertó pasiones y corresondió a casi todas, porque sabe que el deseo que no se satisface abrasa al cuerpo y vivir encenizada no es vivir.” (p. 468)
“Tampoco yo creo en los políticos ni entideno a los que van tras del poder. En el fondo, soy anarquista… El primer anarquista, Lord Acton, decía que «todo poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente».” (p. 490)

Libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

Pequeña Isla, de Andrea Levy

Sesión 29 (lunes 11 de junio de 2012)

 Andrea Levy (Londres -Inglaterra, 1956-   )

altPequeña isla / Andrea Levy. — Barcelona : Anagrama, 2006. — 572 p. — (Panorama de Narrativas ; 646)

Resumen: “En el invierno de 1948, Hortense, una joven maestra jamaicana, desembarca en Southampton para reunirse con Gilbert, su marido, también de Jamaica y también negro. Gilbert ha combatido en la RAF y quiere estudiar Derecho. Ambos soñaban con Londres, el centro del Imperio, y estaban desesperados por abandonar su «pequeña isla». Alquilan una habitación en casa de Queenie, quien, como Hortense, ha utilizado el casamiento para huir de su provincia, y cuyo marido, Bernard, combatiente en la India y desmovilizado hace dos años, ha desaparecido misteriosamente, por lo que Queenie sobrevive alquilando habitaciones en su casa de Earls Court. Todos ellos descubrirán que la guerra ha terminado pero que las batallas de la vida cotidiana pueden ser muy duras…” (Anagrama)

Este libro fue merecedor del Premio Whitbread, del Premio Orange y del Premio Writer’s Commonwealth, y , según la crítica, en el mismo la autora acerca de forma magistral al tema de la emigración y de la compleja reconstrucción de la identidad cultural de los miles de inmigrantes caribeños que llegan a las ex-metrópolis persiguiendo un sueño; en este caso desde Jamaica al Londres de los años cincuenta.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Novela coral con cuatro narradorxs, lxs dos integrantes de un matrimonio jamaicano y lxs dos componentes de un matrimonio inglés en cuya casa se alojan los anteriores, una vez terminada la segunda guerra mundial, en la que han luchado los dos maridos.

Escrita con gran maestría, muestra la simple y a la vez compleja personalidad lxs protagonistas, sus contradicciones y sus “pequeñas grandezas” -cuando las hay-, sus ilusiones y cómo estas chocan con una realidad no propicia al cumplimiento de las mismas.

Muy interesante, también, cómo refleja el racismo de un país, Inglaterra, que, sin embargo, no ha dudado en usar a sus “súbditos” de las colonias cuando los han necesitado para luchar en la guerra, o, en tiempo de paz, para los trabajos menos especializados, y la respuesta de estxs “ciudadanxs de segunda” a las manifestaciones xenófobas.

Veamos, como ejemplo, este alegato de Gilbert, el narrador jamaicano, ante el Bernard Bligh, el otro protagonista masculino de la novela:

“Gilber chascó para expresarle cuánto lo menospreciaba.

¿Sabe cuál es su problema? –le dijo-. Tener la piel blanca. Usted cree que eso le hace ser mejor persona que yo. Piensa que le da derecho a tratar a un negro con prepotencia. ¿Pero sabe qué es lo que realmente le da? ¿Quiere saber para qué le sirve la piel blanca? Pues para que usted sea blanco, nada más. Ni mejor ni peor que yo […] Los dos acabamos de luchar en una jodida guerra […] Y después de todo lo que hemos sufrido juntos pretende usted decirme que yo no valgo nada y usted sí. ¿Voy a seguir siendo siempre el siervo, y usted el amo? No, basta ya, hombre. Podemos trabajar unidos, señor Bligh […]”

Totalmente recomendable, pues, la lectura de este libro.