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El club de los mentirosos, de Mary Karr

Sesión 81 (12 de junio de 2018)

Mary Karr (Groves, Texas, Estados Unidos, 1955- )

El club de los mentirosos / Mary Karr. — [Cáceres] : Periférica ; [Madrid] : Errata Naturae, 2017.– 517 p.

“La tragicómica niñez de Mary en una localidad petrolera del este de Texas nos presenta a unos personajes tan singulares como divertidos: un padre bebedor, una hermana que con doce años le planta cara a un sheriff, una madre con un sinfín de matrimonios a sus espaldas y cuyos secretos amenazan con destruirlos a todos. Precisamente, será la madre, ese personaje maravilloso, quien se convertirá a lo largo del libro en la clave de esta gran historia, de esta novela autobiográfica e inolvidable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

En general el libro gustó mucho al grupo, aunque algunas teníamos tan altas expectativas por lo bien que nos habían hablado del mismo que nos decepcionó un poco (pero muy, muy poco…).

En cualquier caso, la narradora se pone maravillosamente en la voz de la niña que fue y nos cuenta con cierta ternura pero sin sentimentalismos la historia de su padre y, sobre todo, de su madre, por quienes sentía un gran amor a pesar de los malos tragos pasados con o por ellos, ambos de un alcoholismo nada disimulado. Y también está presente en el relato su hermana, apenas algo mayor que ella, con la que no parece compartir ideas políticas en la actualidad -habla de su hermana republicana- pero no por ello deja de admirar el papel jugado por la misma en la familia cuando eran pequeñas, asumiendo responsabilidades impropias para una niña de su edad.

Se trata, pues, de la historia de una familia disfuncional pero a la vez y en cierto modo muy unida, que es una de las contradicciones que se muestran en estas autobiogría, entre las cuales se lleva la palma el personaje de la madre, de gran sensibilidad y cultura pero, al mismo tiempo, bastante ordinaria en su estética y en su forma de hablar y actuar, lo cual, curiosamente, no le resta una grandeza que se manifiesta en su fuerte carácter, en su -me atrevería a decir- arraigada actitud ‘feminista’, y, sobre todo, en la forma de sobrellevar un pasado trágico con sufrimiento profundo pero sin autocompasión alguna.

En definitiva, una escritura directa, sincera y dura, pero también conmovedora en algunos pasajes -como cuando relata la última noche pasada con su padre antes del divorcio de la pareja y la forma de anunciárselo a las hijas que se pueden leer de la página 303 a la 313- y, sobre todo, por el gran cariño e incluso admiración -no exento de mirada realista- de una hija por unos progenitores en principio nada ejemplares.

Agregar que aunque algunas críticas digan que se trata de un lectura hilarante yo no diría que el libro es gracioso, si bien es cierto que algunas reflexiones de la narradora-niña pueden provocar una leve sonrisa. También que una compañera del grupo de lectura comentó que no había terminado el libro entre otras cosas por la poca sensibilidad mostrada en el mismo hacia los animales, en lo que no puedo sino darle la razón.

Debate sobre la violencia sexual provocado por ciertos pasajes del libro

Finalmente destacar la interesante discusión que generó el hecho de que la niña protagonista -la autora, dado que se trata de una autobiografía- sufra dos violaciones -¡a los siete y los ocho años de edad!- y que en ninguna de ellas diga nada a nadie al respecto pues, como dice ella misma al referirse a su agresor de la primera ocasión: “Ni siquiera tuvo que amenazarme para que no dijera nada. Yo ya sabía lo que me llamarían si lo contaba.”. Estremecen los hechos y la reacción, más teniendo en cuenta de que se trataba de una niña de tan corta edad.

Cosas que salieron en la debate:

-Lo generalizado que está aún hoy el acoso y la violencia sexual hacia las niñas y las mujeres y el clima en cierto modo propicio a que estas prácticas se sigan produciendo, si bien se cuestionó si es real o no que este tipo de hechos sea tan común, a lo que se adujo que la mayoría de las mujeres lo sufrimos o lo hemos sufrido en varias ocasiones a lo largo de nuestras vidas, saliendo a relucir el estupendo -por lo bien que refleja la realidad- vídeo sobre el acoso callejero ‘Au bout de la rue‘ que se hizo viral en 2016.

– Que puede haber distintas formas de reaccionar ante una agresión sexual y que no todas las mujeres tenemos que responder del mismo modo pues las puede haber más ‘fuertes’ y otras más ‘tímidas’ -o intimidadas- ante los ataques machistas de diversa índole.

– Que el límite ante cualquier situación de insinuación o propuesta sexual debe ser el consentimiento de la mujer o mujeres interpeladas, y, en línea con lo que se está barajado en la actualidad, este debería ser explícito, pasando del “No es no” al “Sí o es no”.

Y para profundizar en el tema aquí van algunas aportaciones personales posteriores para seguir alimentando el debate:

– Actualmente están saliendo a la luz muchos casos de ámbitos en los que el acoso sexual ha sido moneda de cambio común: como ejemplos baste hablar del mundo del espectáculo a los que responde el movimiento #MeToo, o los más insólitos de la universidad y la investigación o el que se ha conocido más recientemente de directores de orquesta.

– Que de algún modo tendría que cambiar el hecho de que hagas lo que hagas parece que en estas situaciones las mujeres llevamos necesariamente las de perder pues, además de la agresión, si osas responder afeando o ridiculizando la actitud de quien te ha dicho una grosería siempre puedes ser calificada por esa persona de ‘puta’ y lindezas de este tipo -algo bastante común, como he tenido ocasión de experimentar personalmente-, o, incluso, ser agredida físicamente, como le ha pasado a la chica del siguiente vídeo cuyo caso, captado por la cámara de un establecimiento comercial cercano, indigna a Francia en la actualidad.

Por no hablar de los casos verdaderamente graves de agresiones sexuales severas, en los que parece que si no se responde se está consintiendo -un ejemplo especialmente sangrante al respecto es lo que deja traslucir la sentencia del caso de La Manada de los sanfermines del año pasado- y si respondes defendiéndote puedes hasta ser asesinada, como le sucedió a Nagore Laffage en las mismas fiestas ocho años antes.

– Que por lo mucho que la sociedad y en concreto las mujeres nos jugamos en ello deberíamos seguir reflexionando sobre el tema, para lo que recomiendo la lectura del capítulo dedicado a la violación del libro ‘Teoría King Kong‘, de Virginia Despentes, en el que anima a las mujeres a que nos hagamos conscientes de nuestra fortaleza.

– Que tampoco deberíamos dejarnos llevar por un clima que favorezca el abuso del castigo y la censura o que nos haga sentirnos en un estado de ‘pánico moral’, como bien expone Paloma Uría Ríos en su interesante artículo ‘El largo camino del feminismo: dogmas y disensos‘ (Pikara Magazine, 20 de julio de 2018).

Y ya no me resta sino invitaros a que hagáis las observaciones o aportaciones que estiméis oportunas mediante vuestros comentarios sobre tan importante asunto.

Citas del libro

P. 30: “… Cuando la verdad resulta insoportable, es muy común que la mente la elimine. Pero sucede que la sombra de un suceso permanece en la memoria…”

P. 31-32: “El hecho de que en mi casa las cosas no fueran bien se metastatizó en la sensación de que, en cierto modo, yo tampoco estaba del todo bien… Me volví una cagueta y una perdonavidas al mismo tiempo…”

P. 37 [Sobre su madre]: “… Su bravura no encajaba en la anestesiada década de los cincuenta…”

P. 38: “Aquel mundo había quedado atrás mucho antes de que yo naciera, y sin embargo lo recuerdo. A decir verdad, mi pare me contó tantas anécdotas de su niñez que en muchos aspectos las suyas me parecen más vívidas que las mías propias. Las repetía una y otra vez ante un público compuesto por los borrachos con los que jugaba al dominó los días de libranza. Se reunían en el bar de la Legión americana o en la trastienda del local de artículos de pesca cuando sus mujeres los hacían pagando facturas o en la sede del sindicato. La cabrada esposa de alguno de ellos acabó por bautizar al grupo como «el club d ellos mentirosos», y con ese nombre se quedó.

P. 46: “… Al igual que la mayoría de la gente, mi padre mentía mejor por omisión, y de nada valía interrogarlo sobre aquello que no quería que supieras.

P. 57: “En la zona occidental de Texas el cielo es más extenso que en otros sitios. Ni colinas, ni árboles en el horizonte. Los únicos accidentes son las gasolineras que se ven de vez en cuando, raras veces… El paisaje es inexistente, y el cielo lo ocupa todo…”

P. 64: “… Como eran muy guapas, esperaban que hicieran «buenos casamientos», lo cual no era sinónimo de felicidad, sino de que no tendrían que trabajar en la granja…”

P. 71: “… Eran esa clase de detalles los que te partían el alma en Leechfield, a lo que papá se refería cada vez que decía que era un pueblo demasiado feo como para no tenerle cariño.

P. 72: “… En su mundo, solo los locos de remate se divorciaban. Los ciudadanos de pro mal casados se ataban los machos y aguantaban el tirón.

Su tío Lee Gleason, por ejemplo, estuvo cuarenta años sin dirigirle la palabra a su mujer, hasta el día de su muerte, pero ni se le pasó por la cabeza divorciarse…”

P. 77: “A veces transformaba la invectiva en sabio consejo destinado a quienquiera que fuera objeto de la furia de mi madre. «Mándalos a tomar por culo», decía… (A día de hoy tengo una especie de tendencia natural a mandar a tomar por culo. Me fascina la cantidad de situaciones al que viene al pelo).

P. 90: “La lenta agonía cancerosa de mi abuela quedó durante mucho tiempo reducida a ese informe trillado , un caso claro del mecanismo de sustitución de la realidad mediante el lenguaje…”

P. 118, 121: “… Tenía siete años… Según mi expediente escolar pesaba unos veintidós kilos. Pensada en un par de jamones cocidos hermoso para haceros una idea de mis dimensiones. Y ahora imaginad a un adolescente empalmado… embistiéndome…

Ni siquiera tuvo que amenazarme para que no dijera nada. Yo ya sabía lo que me llamarían si lo contaba.

P.142: “Leechfield había sido evacuado pocos años antes por culpa del huracán Audrey. Fue la primera tormenta que recuerdo de la lista alfabética de nombres de mujer. Durante el Audrey mamá despotricó de lo lindo contra el hecho de que el género femenino tuviera que cargar con el muerto de tanta destrucción. «Joder, si son los hombres los que van a la guerra», recuerdo que decía…”

P. 167-168: “… Mi abuela se murió y a mí no me dio ninguna pena.

…El tío Frank se arrodilló para ponerse a mi altura y me dijo que la abuela había «fallecido». Recuerdo que la fórmula me pareció muy formal y forzada, digna de Bonanza. En aquel momento empezaron a desfilar por mi mente todas las expresiones locales que hacían referencia a la muerte. «Está criando malvas», «se ha ido al otro barrio», «ha estirado la pata», «la ha espichado», y mi favorita: «ha abierto un criadero de gusanos»…”

P. 181: “… (He llegado a creer que el silencio puede engrandecer a una persona. Y el dolor, también. La emanación de un silencio pesado y triste puede investir a alguien de una dignidad absoluta)…”

P. 206: “…Por un momento pierdo la noción de todo, que es el efecto que persigue una buena mentira. Al mismo tiempo, soy más yo misma que antes de que papá empezara a hablar, que es el modo que tienen las mentiras de develar verdades…”

P. 237 [citando a la madre]: “… iba a condenar las ventanas para que ni la mismísima Dios (siempre destacaba el género femenino) pudiera ver la casa por dentro.

P. 385: “Más noches pasaron, y días tan grises y granulosos que ni uno solo destaca del resto, hasta que un día me pongo mala y el adulto que en teoría viene a cuidarme acaba metiéndome la polla en mi boca de niña de ocho años…

P. 390: “Me acuerdo del vecino que se puso a embestirme después de tumbarme encima de un saco de cemento… Seguramente ya no soy virgen a consecuencia de aquello. No oí que ninguna membrana se rasgara dentro de mí, de lo concentrada que estaba en que terminara antes de acabar metida en un lío. Pero, con flor o sin ella, sé que esa agresión me ha dejado marcada para siempre.

P. 392: “… Tengo todo un vocabulario para mis propias carencias. Es el resultado de ser siempre más pequeño que, menos que, más débil que...”

P. 420: “… Claro que el mundo cría monstruos, pero la bondad prolifera igual de silvestre...”

P. 446: “… Me seducía la idea de que mirando un cuadro o escuchando un concierto pudieras «transcender» las gilipolleces cotidianas que te van minando por dentor, que en un instante de pura concentración pudieras interiorizar algo que te engrandeciera para siempre.

P. 475-475: “Alguna vez he oído por ahí que cuidar a un inválido es como cuidar a un bebé. Y supongo que en esencia se trata de lo mismo, pero un bebé te recompensa cada día con algún progreso; le sale un diente, o descubre que el objeto que se agita sin ton ni son ante sus ojos es en realidad su propia mano. El inválido, en cambio, es un pozo que te absorbe. Cada día te dedica una mirada aún más carcomida por el agotamiento que la tuya, y más afligida. Si la vida es sufrimiento (como sostiene Buda), un concurso interminable para ver quién traga más mierda, el inválido gana siempre, de calle.

Cantantes y serie de televisión citadas en el libro

Por situar en el ambientillo musical y televisivo de la época, aquí van algunas cantantes (con enlace a grabaciones de Youtube relacionadas) y una serie citadas del libro :

Más sobre el libro

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Vida hogareña, de Marilynne Robinson

Sesión 75 (7 de noviembre de 2017)

Marilynne Robinson (Idaho, 1943-)

Vida hogareña / Marilynne Robinson ; traducción de Vicente Campos.– 1ª ed., marzo 2016.– Barcelona : Galaxia Gutenberg, 2016.
217 p.– (Galaxia Gutenberg ; 144)

“Vida hogareña es la historia de Ruth y de su hermana menor, Lucille, que crecen a merced del azar, primero al cuidado de su abuela, una mujer sensata y responsable, a continuación de dos cómicas tías abuelas solteras y negadas para todo, y finalmente de Sylvie, una mujer excéntrica y disparatada, hermana de su madre. […] Con la maestría que le caracteriza, Marilynne Robinson cuenta en este, su primer libro, la historia de una familia devastada, arrastrada por los golpes del destino que parece oponerse con terquedad a cualquier voluntad de construcción […]”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro levantó grandes pasiones en algunas de las asistentes a la reunión y a otras, en cambio, no les había gustado tanto, incluso dijeron que se habían aburrido un poco con su lectura.

Mi caso se encuadra en el primer grupo: el libro me fascinó desde su comienzo, con el planteamiento de unos personajes, unas relaciones y unos paisajes que percibiéndose como posibles a la vez están marcados de ‘irrealidad’. Dentro del realismo mágico -creo recordar- que categorizó la novela alguna compañera del grupo, pero nada ocurre en la misma que no pueda ocurrir en el mundo real.

Y quizá también se podría describir la obra como de narrativa poética, dado que  toda ella está plagada de fragmentos para ‘enmarcar’ (ver una muestra en las citas que se recogen en el siguiente epígrafe).

Leyendo el libro desde la perspectiva de género decir que es claramente ‘femenino’ (no puntualizaré que en sentido positivo pues esto en nuestro contexto siempre es con ese sentido), al estar absolutamente protagonizado por mujeres: desde la niña que narra la historia al resto de personajes que le rodean, como son su hermana, su abuela y su tía materna, fundamental en la deriva que esta niña dará finalmente a su vida.

Cuestiones que se plantearon en la reunión: cuál es la forma ‘correcta’ de vivir, la convencional, con las normas sociales y obligaciones a cumplir -y sus recompensas, todo hay que decirlo- o seguir un camino alternativo, libre, sin imposiciones sociales -con las inseguridades e incomodidades que esto puede generar, que también hay que decirlo-; o la gran responsabilidad de las personas mayores con menores a su cargo, teniendo en cuenta la gran ‘maleabilidad’ de las personas a edades tempranas.

Otra cosa que se dijo en la reunión es que se trata de un libro muy pictórico, con paisajes especialmente evocadorres -“paisaje desproporcionado”, se dice en el propio libro-.

En cambio, poco se habló de los pasajes del principio del libro en los que aparecen las tías abuelas de las niñas, unos personajes curiosos y cómicos donde los haya.

Y lo más importante, en mi opinión, de esta novela: acercarnos a un mundo tan distante, tanto en el espacio como en la forma de pensar y, sobre todo, de vivir de sus personajes. Esa es la realidad -y la fantasía- que nos hacen vivir los buenos libros, como es el caso.

Citas de la obra

P. 9 [Primeras líneas de la novela, a modo de presentación de la misma]: “Me llamo Ruth. Me crié con mi hermana pequeña, Lucille, al cuidado de mi abuela, la señora Sylvia Foster y, cuando ella murió, al de sus cuñadas, las señoritas Lily y Nona Foster, y cuando ellas se marcharon, al de su hija, la señora Sylvia Fisher… ”

P. 20: “…Y la deseada normalidad había cicatrizado sin dejar huella como una imagen sobre el agua.

P. 22: “Así que el viento que hinchaba las sábanas le anunciaba la resurrección de la vida ordinaria. Pronto brotaría la col mofeta, el olor a manzana se propagaría por el huerto, y las chicas lavarían, almidonarían y plancharían sus vestidos de algodón…

P. 43-44: “... la muerte de mi abuela dio pie a la publicación de una página con márgenes en negro en el Dispatch, en las que aparecían fotografías del tren tomadas el día de su estreno […] No había ninguna fotografía de mi abuela. Y, ya puestos, tampoco se mencionaba la hora del funeral […]

A pesar de la omisión de información incluso esencial sobre mi abuela […] se consideró un homenaje impresionante a la difunta y se esperaba que a nosotras nos enorgulleciera...”

P. 49: “… Sylvie entró en la cocina […] con una calma que parecía compuesta de amabilidad, cautela y modestia…”

P. 67: “Fingerbone nunca fue un pueblo espectacular. Estaba mortificado por un paisaje desproporcionado y un clima extremo, y más mortificado aún por la conciencia de que la historia humana en su totalidad había sucedido en otra parte...”

P. 92: “«Una nunca sabe cuándo está viendo a alguien por última vez», dijo Sylvie…

P. 104: “… Yo sabía lo que significaba aquel silencio, y Lucille también. Significaba que en una noche tan serena, tan iridiscente y azulada […] percibíamos nuestra mutua compañía con sentidos más aguzados. Como, por ejemplo, cuando uno de los dos miembros de una pareja tumbada en silencio en una habitación oscura sabe si el otro está despierto.

P. 108: “… ¿Cómo reaccionaba la gente razonable y seria a esas historias? Lucille era en ese momento la intermediaria entre Sylvie y esos árbiros, recatados pero incuestionables, que continuamente enjuiciaban nuestras vidas...”

P. 109: “… Tenía la impresión de que no dejaba huella alguna en el mundo, y de que, a cambio, gozaba del privilegio de observarlo sin ser vista…

P. 125: “… Tal confianza era como la sensación de una presencia inminente, un desplazamiento palpable, el movimiento del aire que precede a la llegada del viento…

P. 151”… Los estragos de los glaciares a lo largo de eones de violencia sostenida había dejado el paisaje sumido en la confusión…

P. 153: “… Porque la necesidad puede florecer y dar frutos que satisfagan cuanto requiere. Anhelar y tener son tan similares como la cosa y su sombra. Porque ¿cuándo se deshace una baya con más dulzura en la lengua que cuando uno desea comerla, y cuándo su sabor se refracta en los incontables matices y aromas de la madurez y la tierra, y cuándo nuestros sentidos conocen algo más perfectamente que cuando carecemos de ello? Y aquí de nuevo hay un presagio: el mundo será uno, una totalidad. Porque anhelar una mano sobre el cabello es casi sentirla. Así que, sea lo que sea lo que perdamos, el anhelo nos lo devuelve. Aunque soñemos y raramente seamos conscientes de ello, el anhelo, como un ángel, nos acoge, nos alisa el pelo y nos trae fresas silvestres.

P. 158-159: “… La soledad es un descubrimiento absoluto. Cuando uno mira desde dentro a una ventana iluminada […] ve la imagen de sí mismo en una habitación iluminada […] el engaño es obvio, pero no por ello menos halagador. Sin embargo, cuando uno mira desde la oscuridad hacia la luz, percibe toda la diferencia entre el aquí y el allí, entre esto y aquello. Tal vez toda la gente desamparada esté enfadada en el fondo de su corazón, y le gustaría romper el tejado, la columna y las costillas de la casa, hacer trizas las ventanas…

P. 181: “… El salón estaba lleno de periódicos y revistas que Sylvie traía a casa. Se apilaban con bastante orden […] ¿Quién iba a pensar en quitar el polvo o las telarañas de un cuarto utilizado para almacenar latas y periódicos, que carecen por completo de valor? Sylvie sólo los guardaba, creo, porque pensaba que acumular cosas era la esencia misma de la vida doméstica, y porque creía que guardar cosas inútiles era la prueba fehaciente del especial cuidado que se ponía en el ahorro.

P. 195-196: “… Sylvie no quería perderme. No quería que creciera gigantesca y múltiple […] No quería acordarse de mí. Prefería mucho más mi presencia sencilla y ordinaria, por más silenciosa y torpe que yo pudiera ser. Porque podía mirarme sin sentir emociones fuertes: una forma familiar, un rostro familiar, un silencio familiar. Podía olvidarse de que yo estaba en la misma habitación que ella. Podía hablar sola, o con alguien en su imaginación, alegre y animadamente, incluso mientras yo estaba sentada a su lado: eso daba la medida de nuestra intimidad, el que ella casi no pensara en mí para nada.”

Más sobre la obra

  • Reseña en el blog Cuéntame una historia
  • Reseña en el blog Libros y Literatura, de Galaxia Gutenberg

Obras de la autora en el Centro de Documentación

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En manos de las furias, de Lauren Groff

Sesión 73 (13 de junio de 2017)Lauren Groff (1978-)

En manos de las furias / Lauren Groff ; traducción de Ana Mata Buil.– [Barcelona] : Lumen, 2016.– 541 p.

Un hombre y una mujer caminan muy juntos por la playa. Hace frío, pero no importa. De repente se esconden detrás de unas dunas para celebrar su primer acto de amor carnal. Él es Lotto, ella es Mathilde, los dos tienen veintidós años y acaban de casarse, aunque solo llevan unos quince días juntos y saben muy poco el uno del otro. El hilo de sangre que mancha los muslos de Mathilde sella esta entrega que parece absoluta y exclusiva, y así será durante más de veinte años. Lotto y Mathilde se convierten en la pareja casi perfecta; basta una mirada para que se entiendan, un gesto cómplice para que los dos dejen una sala abarrotada de gente y aprovechen cualquier rincón para amarse. Lotto se dedica a escribir obras de teatro al hilo de su pasión por Shakespeare y Mathilde se convierte en la esposa ideal, que es musa, empresaria y ama de casa. Bien… Bien, hasta que de repente el destino se impone. Es entonces cuando descubrimos que el matrimonio, bien mirado, es una larga conversación, y que en esta charla caben huecos, omisiones, palabras sueltas que pueden ser mentiras piadosas o alfileres. Y es que toda historia tiene siempre al menos dos formas de ser contada.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

[En este caso la valoración del libro corresponde a Encina, una componente del grupo de lectura que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó el  comentario que se recoge a continuación]

El libro en general me ha gustado mucho, aunque no lo catalogaría de ‘mi lectura del año’ como hizo Obama (jeje).

Yo lo he leído en inglés, y el lenguaje me ha parecido difícil, sobre todo la primera parte, pues la autora utiliza un lenguaje muy actual, moderno, dinámico y vibrante, con muchas expresiones de jerga juvenil, tanto del medio estudiantil como de las esferas bohemias y artísticas neoyorquinas con mucho ‘postureo’. Por curiosidad y motivación propia fui contrastando muchos párrafos de la versión original con la traducción al español para ver cómo resolvía la traductora ciertos pasajes intrincados; ¡en algunos casos se saltó frases enteras ! (por ejemplo en la p. 54), aunque en otros casos lo fue resolviendo bastante airosamente. Creo que esta opinión sobre la dificultad del lenguaje está bastante extendida pues la leí reiteradamente en un foro de Goodreads.

[En este aspecto agregar a la crónica de Encina que para quienes lo hemos leído en castellano hay bastantes fallos evidentes, como por ejemplo llamar ‘luz del tráfico’ (página 337) a un semáforo, en una traducción literal del inglés al castellano; o preposiciones que sobran; o frases que no se terminan de entender. Da la impresión de que algunas editoriales quieren sacar cuanto antes los éxitos en otras lenguas sin cuidar como deberían la calidad de las traducciones.]

Desde el punto de vista del estilo creo que tiene sus luces y sus sombras, a veces establece unas metáforas muy bonitas y poéticas (cita de la página 486 [más abajo]) pero en otras ocasiones lo veo forzado y hasta presuntuoso, como el pasaje en que dice que la madre huele a escamas de pescado y el padre a polvo de piedra, etc… Tampoco me parece muy logrado ese juego que establece con la tragedia griega, desde el título (en inglés ‘Fates and Furies’, algo así como ‘Furia y Fatalidad’) hasta el recurso al coro que interviene entre paréntesis o el personaje heroico del ‘dios’ Lancelot [personaje coprotagonista de la novela].

En cuanto a la trama, a mí me gustó mucho, por inverosímil que la historia pueda parecer. La parte enigmática y detectivesca de la segunda parte me atrajo especialmente mientras que en la primera el narcisismo y homocentrismo de Lotto [o Lancelot] me llegó a cansar.

Es la historia de un matrimonio contada desde cada uno de los esposos, con puntos de vista tan radicalmente diferentes que parecen dos novelas. Y esto corrobora el hecho bien conocido de que a veces dos personas que llevan juntas toda la vida no se conocen o por lo menos una de las dos no conoce a la otra [véase cita de la página 284].

En este caso , y en contra de las apariencias, la que lleva la voz cantante es ella. Mathilde es mucho más lista que Lotto, maneja a su esposo, le organiza la vida, lo protege, lo estimula, lo moldea y es que ella busca preservar a toda costa el nido de seguridad y amor del que ha carecido toda su vida. Y para ello tiene que esconder ese pozo de maldad que ella siente que arrastra desde la infancia y en sus genes (de ahí que no quiera tener hijos).

[Para finizar dar las gracias a Encina por compartir sus opiniones del libro -que en su mayoría podríamos suscribir muchas de las componentes del grupo de lectura-  y agregar que sus últimas palabras me recordaron el siguiente párrafo de ‘La pasión turca’, de Antonio Gala: “… Claro, que hay que tener en cuenta lo que ha escrito la Beauvoir: hacerse la deseada es muy distinto de ser un objeto pasivo. Una amante no se está quieta nunca: se renueva. Debajo del aparente abandono femenino hay una auténtica promoción; si alguna es elegida es porque subrepticiamente eligió antes; el seductor es seducido de antemano, aunque no lo perciba. Ese juego de los instintos está a nuestro favor, pero hay cosas en contra…”]

Citas del libro

P. 284 [Lotto]: “Le habría gustado adentrarse más en ella… comprender qué pensaba Mathilde. Uf, pero sería redundante. La tranquila intimidad diaria ya se lo había enseñado. La paradoja del matrimonio: nunca puedes conocer por completo a alguien; aunque conoces por completo a alguien…

P. 288 [Lotto]: “Deseó haber podido conocerla de anciana. Pensó en lo magnífica que sería Mathilde entonces.

p. 325 [Mathilde]: “… ¿y ahora qué? Mathilde tenía cuarenta y seis años. Era demasiado joven para haberse despedido definitivamente del amor. Aún estaba en la flor de la vida. Guapa. Deseable. Y ahora sin pareja para siempre.

La historia que nos cuentan sobre las mujeres no es esta.

La historia de las mujeres es la historia del amor, de supeditarse al otro. Una ligera desviación: el anhelo de supeditarse y la incapacidad de hacerlo. Quedarse sola en miedo del naufragio, y tener que tomar las riendas de su propia vida: veneno para ratas, las ruedas de un tren ruso. Incluso la historia más romántica y suavizad no deja de ser una versión modificada de eso. En lo demótico, en la clave burguesa más baja, es la promesa del amor en la ancianidad para todas las niñas buenas del mundo.

P. 338 [Mathilde]: “Sin saber cómo, a pesar de sus convicciones y de su inteligencia, se había convertido en una esposa, y las esposas, como todo el mundo sabe, son invisibles. Los duendes de medianoche del matrimonio. La casa en el campo, el apartamento en la ciudad, los impuestos, el perro, todo era responsabilidad de Mathilde: Lotto no tenía ni idea de en qué invertía ella el tiempo.

P. 486 [Mathilde]: “Entonces se le ocurrió que la vida tenía una forma cónica, el pasado se ensanchaba más allá del punto conciso del momento vivido. Cuanta más vida acumulaba alguien más se expandía la base, de modo que las heridas y las traiciones que eran casi imperceptibles cuando ocurrían se ampliaban luego como puntos diminutos de un globo que es va hinchando poco a poco. Una manchita en el niño delgado se convierte en una enorme deformidad en el adulto, exagerada, con los bordes irregulares.

Más información sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

https://www.juntadeandalucia.es/cultura/idea/opacidea/cdmz/abnetcl.cgi/?ACC=DOSEARCH&xsqf03=lauren+groff

 

Vídeo

Una canción para el 25 de Noviembre: You don’t own me (No eres mi dueño)

Como parece que en la actualidad, y a pesar de tanta lucha feminista, la violencia de género y el “amor romático” siguen bien instalados entre la juventud, este 25 de noviembre vamos a reivindicar las relaciones igualitarias y autónomas con la canción You don’t own me (No eres mi dueño – o No te pertenezco-), grabada por la cantante estadounidense Lesley Gore en 1964, cuando Gore contaba con 18 años de edad:

 

La letra en castellano diría más o menos así:

No eres mi dueño, no soy solo uno más de tus tantos juguetes
No eres mi dueño, no digas que no puedo salir con otros chicos

Y no me digas qué debo hacer
Y no me digas qué he de decir
Y, por favor, cuando salga contigo
No me exhibas, porque

No eres mi dueño, no trates de cambiarme de ninguna forma
No eres mi dueño, no me ates porque nunca me quedaré

Oh, y no me digas qué debo hacer
No, no me digas qué he de decir
Y, por favor, cuando salga contigo
 No me exhibas, porque

Yo no te digo qué has de decir
Ah, yo no te digo qué debes hacer
Así que simplemente déjame ser yo misma
Eso es todo lo que te pido

Soy joven y me encanta ser joven
Soy libre y me encanta ser libre
Para vivir mi vida como yo quiera
Y decir y hacer lo que me plazca

No eres mi dueño!

Como veis, el mensaje principal de la canción tiene validez no solo para jóvenes y adolescentes sino para todas las mujeres, incluidas maduras y mayores, educadas mayoritariamente para gustar y ajustarnos más a las demandas externas que a nuestros propios deseos y necesidades.

No en vano, entre las muchas versiones de esta canción podemos encontrar una de Diane Keaton, Bette Midler y Goldie Hawn en la película de 1996 The First Wives Club (El club de las primeras esposas, disponible en nuestro Centro de Documentación):

 

Y es que esta canción da mucho de sí. De hecho, incluso fue utilizada en un vídeoclip por activistas feministas norteamericanas dentro de una campaña  contra el voto republicano en las elecciones de 2012.  Las protagonistas del clip muestras carteles en el que le piden a la iglesia alejarse de la discusión del aborto y les dicen a los políticos que su cuerpo no es un campo de batalla:

 

Más sobre el buen trato en el amor y en las relaciones de pareja en diversas entradas del blog:

Solo resta decir que No hemos de consentir ningún atisbo de violencia machista!

 

El canto de la Alondra, de Willa Cather

Sesión 22 (7 de noviembre de 2011)

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Wilella Sibert Cather (Black Creek Valley, Virginia, 1873 – Nueva York, 1947)

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El canto de la alondra / Willa Cather. — Valencia : Pre-Textos, 2001. — 536 p. — (Narrativa clásicos ; 13)

Resumen: “El canto de la alondra es una de las primeras novelas [de la autora], publicada en 1915, después del gran éxito de O Pioneers! (1913). Con ésta, que homenajea desde su título a Walt Whitman, y con Mi Antonia (1918), la siguiente novela, comparte el motivo de una mujer enfrentada al cumplimiento ineludible de su deber. El canto de la alondra es una gran historia americana, una historia de éxito que cuenta el triunfo de la voluntad, el trabajo, la constancia y el sacrificio.
La historia de Thea Kronborg, una muchacha de origen sueco, con un talento fuera de serie y una individualidad indomable, que llegará a ser una gran cantante wagneriana, está inspirada en la vida de Olive Fremstad (1868 o 1871-1951). Pero la vida de Thea también es, en buena medida, la de la propia Willa Cather. Como su creadora, Thea Kronborg tiene que salir adelante en un pueblo ferroviario de las grandes praderas del Oeste americano, equivoca su vocación, se sacrifica para conseguir lo que quiere y en un momento crucial elige su carrera y deja de lado cualquier vida sentimental…” (Editorial Pre-textos)

Valoración

Si bien se trata de una escritura que se demora un poco en las descripciones, cosa que quizá no venga muy bien en el momento actual, en el que se tiene poco tiempo para casi todo, el libro es muy agradable de leer, al acercarnos a la historia, casi épica, de una heroína poco corriente para el momento en que el libro fue escrito, una mujer que lucha por conseguir lo que quiere ser, contando para ello con la complicidad de su madre y de los amigos que va teniendo a lo largo de su vida, con los que mantiene relaciones poco convencionales dada la época de que se trata.

Aunque no a todas las integrantes del grupo les cayó bien la protagonista de la novela, a la que algunas encontraron fría y poco apegada a familia y amigos. Pero es que hay cosas que a veces exigen la renuncia a otras, como pueden ser unas relaciones familiares poco motivadoras, y eso es algo que a las mujeres no se les suele perdonar fácilmente.

Especialmente bellos y reveladores son algunos pasajes, como el desolador viaje en tren camino de Chicago, cuando comprende dolorosamente que su familia es una rémora en su vida, las páginas 315 y 355, donde se habla sobre lo que es el Arte, o los pasajes que transcurren en el antiguo pueblo indio construido sobre el precipicio de un cañón de Arizona, lugar que le hace reencontrarse con la naturaleza y con su propia fuerza interior, como bien señalaron integrantes del grupo de lectura.

Para completar el comentario del libro, recomendamos la lectura del prólogo de José María Marco para esta edición del mismo.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

OTRAS OBRAS DE LA AUTORA EN NUESTRO CENTRO

El grupo, de Mary McCarthy

SESIÓN 20 (lunes 6 de junio de 2011)

Mary McCarthy ( Seattle, Washington, 1912 – 1989)

El grupo / Mary McCarthy ; traducción de Pilar Vázquez. — Barcelona : Tusquets, 2004. — 434 p. — (Andanzas ; 548)

Resumen: Protagonizan esta novela ocho amigas que se reúnen en Nueva York, recién salidas de la universidad y en un momento crucial para el futuro de su país, en los años treinta. Mujeres que en busca de la felicidad que deben lidiar con los prejuicios y los avatares de la pareja. Se trata, según la crítica, de una inteligente crítica del matrimonio y de la discriminación de la mujer estadounidense.

Valoración

La autora muestra con crudeza como mujeres de clase alta y bien preparadas malogran sus vidas al no haber modificado los valores en que las mujeres hemos sido educadas ancestralmente.

Esto sugiere la necesidad de que las mujeres nos replanteemos nuestro papel en el mundo de las relaciones sociales para llegar a ser realmente seres libres.

Cita

– … Una de las profesoras de Lakey le dijo un día que uno tiene que vivir sin amor, tiene que aprender a no necesitarlo, a fin de poder vivir con amor… (p. 56)