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Madre de leche y miel, de Najat El Hachmi

Sesión 88 (2 de abril de 2019)Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979-)

Madre de leche y miel / Najat El Hachmi– Barcelona : Destino, 2018.– 380 p.

“Madre de leche y miel narra en primera persona la historia de una mujer musulmana del Rif, Fátima, que ya adulta, casada y madre, deja atrás a su familia y el pueblo donde ha vivido siempre, y emigra con su hija a Cataluña, donde lucha para tirar adelante. En esta historia se narran las dificultades de esta inmigrante, además del desajuste entre todo lo que ha vivido hasta ahora, y en lo que creía, y este nuevo mundo. También se narra su lucha para tirar adelante y dar un futuro a su hija. Articulada como un relato oral en que Fátima vuelve al cabo de los años de visita a la casa familiar y cuenta a sus siete hermanas todo lo que ha vivido.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)fundacion-tres-culturas

Valoración

A esta autora tuvimos el placer de conocerla en persona en la Fundación Tres Culturas, donde vino invitada por el club de lectura de su Biblioteca [fotos de recuerdo al final de la entrada]. Allí nos enteramos, por ejemplo, de que escribe en catalán y de que por ahora no ha sido ella quien se ha encargado de las versiones en castellano de sus obras.

Respecto a este libro en concreto, hubo división de opiniones en la reunión de nuestro grupo de lectura. Aunque la obra nos había interesado en general por sus personajes principales y su temática, a algunas se nos había hecho un poco pesada y pensábamos que se podría haber aligerado de algunas páginas. Algo difícil, quizá, dado el estilo de relato ‘oral’ en los capítulos en que Fatima, la madre marroquí protagonista de la historia, le cuenta a sus hermanas las vicisitudes pasadas y cómo consiguió salir adelante en Cataluña, donde había emigrado con su hija pequeña desde el Rif en busca de un marido que se había ido anteriormente allí y que no daba señales de vida. Para tan largo viaje Fatima apenas contaba con medios materiales ni humanos ya que, por ejemplo, era analfabeta y no tenía conocimiento alguno de la lengua y la cultura del lugar de destino.

En cualquier caso, decir que la obra refleja muy bien la difícil vida a la que se enfrentan en el país de acogida (!?) las personas inmigrantes, más cuando estas son mujeres, sin formación ni contactos, y para colmo son árabes, es decir, de una cultura muy diferente a la nuestra aunque geográficamente apenas haya distancia entre nuestros respectivos países. Por señalar algo ventajoso para las mujeres en esta situación, decir que aquí pueden gozar de más libertad que en su país de origen, de cultura más acusadamente patriarcal, por decirlo suavemente. Por ejemplo, la protagonista de la novela consigue finalmente un trabajo medianamente aceptable en una fábrica y con ello una autonomía económica que, seguramente, no habría conseguido en su tierra, si bien hasta llegar a una situación laboral digna antes tiene que pasar por gran cantidad de trabajos precarios. Curioso, por cierto, que al final decida irse de la fábrica cuando a la misma van llegando trabajadores árabes, por los que se siente observada y ‘controlada’, tal como lo sería en su propio país.

En la primera parte de narración, que transcurre en Rif, es muy bonito ver las tiernas relaciones familiares entre hijas, madres y abuelas. Lo que no impide que se muestre cómo las mujeres están allí sometidas a una cultura en la que la violencia machista es algo común y corriente, dado que estas son consideradas como personas de segunda categoría con las que se puede hacer lo que se quiera, incluido someterlas a abusos sexuales y/o maltratos físicos. Y no siempre cuentan con la solidaridad de otras mujeres, como sería lo esperable. Dicho todo esto, lógicamente, con carácter general.

Hablando de las relaciones familiares entre mujeres, en el libro también conforta ver cómo muchos conocimientos básicos para la vida son transmitidos por las madres en la mayoría de las culturas y de las familias. Entre las cosas que pueden resultar un poco chocantes en el mismo mencionar el tono de tragedia con que es relatada la retirada del pecho de su madre a una hija motivada por el nacimiento de un nuevo bebé; o que quizá pueda resultar un poco impostada la pasión sexual de Fatima hacia su marido, ya que este no da la impresión de preocuparse por la satisfacción de su joven esposa a ningún nivel. Una cosa simpática es conocer que el amor a las hijas e hijos en el Rif lo sitúan metafóricamente en el hígado en vez de en el corazón, como sucede por estos lares. Y algo también triste es ver el desgarro -que ya hemos conocido en otras obras de diversas culturas- de las madres que han luchado para que sus hijas tengan una formación que ellas no han tenido la oportunidad de adquirir y que con el tiempo esto les supone el extrañamiento y alejamiento vital de sus hijas, más cuando, como es el caso, madre e hija viven en contextos mentales culturales diferentes.

En definitiva, la obra parece tratarse de un homenaje de la autora a su madre y a tantas otras mujeres que emigraron o que lo siguen haciendo -o intentando- hoy en día para conseguir una vida mejor, también para sus hijas e hijos, aunque para ello tengan que pasar por peligros, sacrificios y trabajos sin fin. Un homenaje muy merecido al que también nos queremos sumar desde aquí.

Citas

P. 63: … Invocaba a mi madre, a su madre y a su abuela y a todas las mujeres que nos han precedido, y les pedía fuerzas para aguantar aquel momento…

P. 69: … Fátima mía eran dos palabras que la envolvían con los brazos de su padre y la niña se paraba a reflexionar sobre el hecho de que unas simples palabras, que le llegaban a los oídos sin tan siquiera tocarla, le hicieran sentir una calidez como sea… Las palabras duran más que las cosas, se decía ella…

P. 98: … En general toda mujer que se opusiera deliberadamente a lo establecido era considerada una cualquiera…

P. 99: … Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada no servía para nada…

p. 122: … Me recordé a mí misma por qué había llegado allí. Que había ido a encontrar mi sitio, mi hogar, pero que este me había rechazado. Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo mi madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus propios pies que por algo tienes un buen par.

P. 182: … La voz de su madre […] era a buen seguro lo que más extrañaría.

P. 196-197: … Cuando le conté a Latifa lo que habíamos encontrado al llegar aquí, no sabéis cómo sufrió por mi, se puso tanto en mi piel que pensé que de un momento a otro se quedaría sin aire. Pero después, cuando le conté cómo había decidido levantarme sobre mis propios pies y convertirme en el padre de mi hija, en un hombre, le pareció un milagro de Dios. El hígado es el hígado, me dijo, solo los que han sufrido saben lo que es.

P. 253: Y sí que es lo mismo, hermanas, entonces no lo sabíamos, pero los hombres son iguales en todas partes. Yo me fiaba de los cristianos porque veía que no se excedían con las mujeres. Si los mirabas a los ojos ellos no pensaban que querías algo, y en absoluto te decían nada ni te seguían por la calle. Pero también has de tener cuidado con ellos porque son como los demás.

p. 261: … era aferrarse a Mohamed, ser en el otro…

P. 267: … Es mi hijo, me ha salido del vientre. Pero las leyes d ellas madres en nada se parecen a las del gobierno…

P. 273: … El incidente de aquel hombre de las manos heladas me hizo revivir el miedo antiguo que llevamos las mujeres en el cuerpo…

P. 277: … ¿Os acordáis de que os dije que me contaba tantas cosas al principio? ¿Que casi todo lo que aprendí de aquel nuevo mundo me lo explicó ella? Pues de pronto se calló, ahora apenas le podía sacar una frase completa…

P. 311: … Vosotras no podéis entenderlo, aquí las cosas son diferentes, las jóvenes son de las madres hasta que son de su marido, de su madre al marido, pero allí las mujeres hacen lo que quieren, pueden ganar dinero trabajando y entonces no le han de dar explicaciones a nadie.

P. 340: … Sentí mi cuerpo invadido por espasmos, por nudos de hacía muchos años, de dolor, de sufrimiento, de cosas que yo no recuerdo pero mi cuerpo sí…

P. 368: … Se echa tanto de menos al paisaje como a las personas…

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Galería de fotos del encuentro con la autora en la Fundación Tres Culturas

Finalmente, aquí están las fotos mencionadas de componentes de nuestro grupo de lectura con la joven autora catalana-marroquí, tomadas en la reunión que mantuvimos con la misma el martes 29 de enero de 2019, conjuntamente con el club de la Fundación Tres Culturas, gracias a la amable invitación de la responsable de la Biblioteca de dicha entidad, que también aparece con nosotras en las imágenes.

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El hombre negro, de Carmen de Burgos -Colombine-

Sesión doble 86 (5 de febrero de 2019)Carmen de Burgos y Seguí (Almería, 1867-Madrid, 1932)

El hombre negro / Carmen de Burgos (Colombine). — Gijón : Uve Books, 2017 .– 101 p.

El hombre negro trata la historia de Elvira y su infeliz matrimonio con Bernardo, un hombre sin escrúpulos que manipula a todos aquellos que se encuentran a su alrededor para su propio beneficio. Pero más allá de la historia de ambos, el libro se centra en lo que pasa por la mente de esta mujer, inocentemente casada con una persona a la que no conocía y engañada para vivir una vida que no es la que desearía. ¿Y cómo se siente realmente? La novela describe la burguesía española de principios del siglo XX con gran precisión e intensidad.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

De Carmen de Burgos queríamos leer ‘Clavel de puñales‘, un libro en el que lleva tiempo insistiendo una compañera del grupo de lectura, que sostiene -opino que muy acertadamente- que tenemos que conocer a todas las clásicas españolas -y yo agregaría que también del mundo-. Y parecía que este año íbamos a poder hacernos con dicha obra, al haberse reeditado en 2018 después de mucho tiempo de estar descatalogada, pero la tirada sería muy reducida pues cuando dijimos de adquirir el lote ya no había ejemplares suficientes disponibles en librerías.

Así que finalmente abordamos de la misma autora este otro ‘librito’ -entre otras cosas, por su pequeño formato-, en el que la protagonista, una joven provinciana adinerada, alentada por su madre, se deja embaucar por un hombre de la ciudad, aparentemente poco atractivo pero de modales distinguidos, al menos al principio y mientras captura a su ‘presa’. Pero todo cambia al producirse el casamiento e irse la protagonista a vivir a la capital, donde el ‘hombre negro’ se muestra en toda su ‘negrura’, aunque hacia el exterior se proyecte como un hombre de bien, luchador por las causas justas. Al conocer la protagonista la verdadera personalidad del marido ya ha caído en unas redes difíciles de romper, sobre todo en la época en que transcurre la obra (principios del siglo XX).

No seguimos con la trama pues ya hemos la desvelado suficientemente, solo agregar que para la protagonista será un gran apoyo otra mujer, no carente esta última de contradicciones en su propia relación conyugal.

Llegadas a este punto comentar que a todas las asistentes a la reunión nos gustó el libro, si bien yo diría que a veces se pone un poco pesado con tanto nombrar al ‘hombre negro’; que la escritura puede resultar un poco ‘anticuada’, cosa nada extraña dada la época y la forma en que se realizó -fue publicada por entregas en El Cuento Semanal-; además de que, como es habitual -y natural-, hubo algunas cuestiones discrepantes en la interpretación de los comportamientos de los personajes, como por ejemplo el paternalismo, o lo contrario, con el trata a nuestra protagonista un personaje masculino fundamental en la conclusión de la obra.

En cualquier caso, a mi entender se trata de una obra menor -aunque solo sea por su tamaño-, pero grata e interesante desde el punto de vista costumbrista y el conocimiento de la época que aporta -por ejemplo, aunque muy por encima, de conflictos sociales existentes, al parecer una preocupación constante en la autora- y de su lectura desde una perspectiva de género -una mujer que se enfrenta a un matrimonio con un hombre indeseable pero de apariencia intachable, para lo que cuenta con la inteligencia y la sororidad de otra mujer. Una experiencia, por otra parte, que a la autora debía resultar cercana, ya que ella misma se había divorciado de su marido, abandonando su Almería natal para irse a vivir a Madrid.

Concluir diciendo que este libro, que en alguna componente del grupo evocó la escritura de Emilia Pardo Bazán, de la que en su día leímos ‘Un viaje de novios‘, y a otra a la de Gertrudis Gómez de Avellaneda y su obra ‘Sab‘, también abordada por nuestro grupo de lectura hace un tiempo, nos ha supuesto un primer acercamiento a la obra de otra de nuestras autoras clásicas, luchadoras y rompedoras en el tiempo que les tocó vivir, en cuyo conocimiento merecerá la pena profundizar en el futuro.

Y finalizar con la relación de algunas bonitas palabras que aparecen en la obra, con enlace a su definición en el Diccionario de la RAE, recopiladas por una componente del grupo de lectura a la que llamó especialmente la atención la riqueza del lenguaje, con términos que en muchos casos es raro encontrarse en la actualidad, en que la lengua, como tantas otras cosas, han perdido la variedad de antaño: desgañitado, campanudamente, arteramente, cachazuda, vesania, abyección, avilantez, petulancia, fatuo, garduña, muellemente, barbotó, arrostrar, perorata y solfataras.

Citas

p. 20-21: Era todo máscara en él, y Elvira, cuando le preparaba los trajes, lo hacía como si preparara un disfraz para la emboscada y la conspiración… Lo veía cuidar su toilette como si se caracterizara para el engaño; y al verlo marchar le parecía que una vez solo en la escalera se ponía el antifaz con que salía a la calle.

Se sentía malhumorada, porque aquel hombre que tan bien conocía se convertía en un ser intachable y flamante.

P. 22: … Él sabía, por maldad, lo buena y lo dócil que es el alma de los pobres hombres ingenuos; los reunía, les hablaba, simulando el tipo de uno de aquellos hombres sinceros; losconvencía de su falso valor, y aquellos hombres fuertes que no sabían usar esa falsa valentía elocuente, y a los que pasmaba la adhesión de los señoritos a su causa de trabajadores de blusa, creían en él…

P.27: Tenía siemprepara ella la palabra grosera, el concepto mortificante, el desdén. Elvira lloraba, sin energía para rebelarse. Era aún la muchacha pueblerina, acostumbrada a contemplar el respeto que se tributa al hombre en el hogar y la sumisión ciega a su despotismo.

P. 28-29: Algún día había llegado ya en que los dos estuvieron a punto de decírselo todo; pero siempre el instinto de cómo habían de convivir en los días próximos los hacía prudentes, obligándolos a callar la palabra decisiva.

P. 30: … Un caso de ficción, de cinismo, de mentira, viviendo entre todos de la realidad de sus ficciones. Se le consentía quizá porque era ese amigo fácil que da siempre la razón, que habla mal de nuestros enemigos, que anticipa el consejo que deseamos que dé. Ese amigo servicial que sabe adular a los unos, someterse a los otros…

P. 74: Al despedirsele dijo con ternura:
-No hablemos más de esto.
Y volvió como de costumbre, y la trató con la misma afectuosa sencillez.
Aquello fue un alivio para Elvira. Se vio estimada, compadecida tal como era, sin tener que fingir y granjearse el afecto por la hipocresía. Aquel fondo de nobleza de la mujer verdaderamente honrada, que fuerte en su virtud no siente la gazmoñería, le hacía sentir una aspiración buena, noble, un ansia de dignificación…

P. 82: … Bernardo veía su propia figura repugnante proyectándose, y se sentía impotente contra la serenidad inconmovible de Federico.

P. 98-99: -Me deja usted sola, abandonada, sin poderme salvar.
-No, Elvira, créame. Me conmueve usted profundamente, pero yo no podría salvarla…; sálvese usted a sí misma con esta decisión y esta terneza que acaba de demostrarme.

P. 100: Una equivocación matrimonial destroza como no destrozan todas las equivocaciones que sufren los amantes.

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Poema para el 25 de Noviembre de 2018: ‘Sh, sh eh guapa’, de Isabel Martín

Isabel Martín es una joven poeta feminista. Además de escribir, canta flamenco de maravilla y dicen que tiene también grandes cualidades para las artes plásticas, quizá por estar relacionadas con su profesión, la arquitectura.

De su obra ‘90.3 de vaciante‘ -título de resonancias marineras, según dijo la autora en una presentación reciente del mismo en Sevilla-, editado en 2018 por la editorial Crecida, hemos escogido para este 25 de noviembre el poema titulado ‘Sh, sh eh guapa‘, escrito por la autora un día que, tras conocer la tristemente famosa sentencia del juicio de La Manada, salió a la calle y como primera de una serie de agresiones un tipo le increpó por la calle con un “sh, sh eh guapa”. El poema dice así:

No soy ¡sh sh sh!
No soy ¡eh guapa!

Soy Isabel, María, Amparo, Julia.
Soy Manuela, Lucía, Paloma, Ana.

Soy tu madre, tu hermana, tu compañera de trabajo,
tu amiga, la que pasa por ahí.

Soy del 70%1 que ha sufrido violencia física o sexual a manos
de una pareja.

Soy tu madre, tu hermana, tu compañera de trabajo,
tu amiga, la que pasa por ahí.

Soy a la que llamas calienta-pollas.
La que escucha tu… “no me dejes así ya que estás”

Soy la de la talla M con extra de curvas intallables.

Soy la que acabas de asesinar y van 622.

Soy la que ve los anuncios de reglas limpias,
azules (¿?) que huelen a nubecitas.

Soy por la que dices levantas tu puño machista en las
manis del 8 de marzo, “compañero” activista.

Soy una bruja.

Soy la bisnieta de “la pobre” que era muy guapa y
simpática con la que los hombres se portaron mal.

Soy la que violaste asqueroso cabronazo.

Soy la de “es que iba provocando”.

Soy la que se cansa de “supuestos” casos de (…)
y de “presuntos” asesinos.

Soy a la que no da las gracias.

Soy la que cuidó y cuida y está hasta el coño.

Soy la de “hija tú no tengas prisa de hombre que ahí se te acaba
todo”.

Soy a la que obligáis a parir (que no a ser madre).

Soy a la que temes libre.

Soy a la que llamaste marimacho y guarra.

Soy Antonia,
Esther,
Laura,
Ángela,
Alba,
Frida.

No soy ¡sh sh sh!
No soy ¡eh guapa!
———————————————————————————————–
1. ONU Mujeres: Acabar con la violencia contra mujeres y niñas
2. www.feminicidio.net España 2018 hasta 29 agosto

Saludamos, pues, a esta nueva generación de mujeres que lucha creativamente y con rotundidad contra la violencia machista, a veces sutil y otras abiertamente agresiva, a la que muchas veces están expuestas.

No me resisto a mencionar que durante la presentación referida, organizada por la Fundación María Fulmen y en la que también participaron las poetas andaluzas ya veteranas pero igual de reivindicativas Eloísa Galindo y Lola Callejón, introducidas por otra gran poeta, Carmen Herrera, Isabel contó que había conocido a esta última siendo niña, cuando su padre le llevaba a recitales poéticos en su ciudad natal, y que era quien le había inducido a pensar que también las mujeres podían ser poetas y que ella quería ser una de ellas.

Y es que es importante contar con referentes femeninos inspiradores, como es sin duda el caso de esta joven poeta onubense, que en este poema expresa maravillosamente la frustración de tantas mujeres jóvenes ante la violencia machista.

¡No a la violencia machista!

Las autoras mencionadas en nuestro Centro de Documentación

Obras de Eloísa Galindo
Obras de Carmen Herrera Castro

Canción para el 25 de Noviembre de 2018: ‘Caza de pañuelos’, de Rayden

Para conmemorar el 25 de noviembre, este año elegimos una canción del rapero madrileño David Martínez Álvarez, conocido artísticamente con el nombre de Rayden.

La letra, tomada del artículo ‘‘Caza de Pañuelos’, de Rayden: letra, audio y un gran significado‘, de Judith Torquemada (Happyfm.es, 28 de septiembre de 2018), es la siguiente:

¿Qué parte del no es la que no entienden?

No sabes quién soy y no sabes lo que te pierdes,
ya verás mañana, seguro que te arrepientes.
Que yo tengo a quien quiera, se mueren por verme,
pero que quede entre nosotros, a nadie se lo cuentes.

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
Pero ellos van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.

“Mira como viste, seguro que lo busca”.
“Pero si no se resiste, seguro que le gusta”.
“Si ella no quería, ¿por qué no lo denuncia?”
“Lo pediría a gritos, ¿de quién será la culpa?”

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
Pero ellos van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, como un trofeo, sí.
Van, van, van a, a la caza van.
Van, van detrás de ti, de tu pañuelo.

Pero ellos salen a la caza del placer,
no saben de qué trata tratar bien a la mujer.
Abuso de poder y del empoderamiento,
desde el mismo momento en que vinimos a nacer.
Tanto por cambiar, aún queda tanto por hacer.
Por hacernos mirar, y aún queda más por aprender.
Que las primeras muestras deben nacer de nosotros,
y ante todo respeto, tanto mutuo como propio.

¿Qué parte del no, qué parte del no es la que nunca entienden?
¿La N o la O? ¿Qué parte del no es la que nunca entienden?
“Que quede entre nosotros, a nadie se lo cuentes”.

Y es que últimamente ha surgido una nueva generación de raperas y raperos que están consiguiendo revertir los mensajes de este género musical con su prosa feminista e inclusiva, como recoge Noelia Ramírez en un artículo reciente sobre el alicantino Arkano (Smoda, 24 de septiembre de 2018).

Nos congratulamos de este cambio de tendencia y esperamos que las letras de estas nuevas y nuevos poetas de nuestro tiempo tengan reflejo en la realidad de la juventud, tan expuesta aún hoy a mensajes y comportamientos de violencia machista.

Y el domingo 25 de noviembre todo el mundo a la calle para reivindicar que se termine con la lacra social de la violencia de género.

Sabias: la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Adela Muñoz Páez (La Carolina, Jaén, España, 1958-   )

Sabias : la cara oculta de la ciencia / Adela Muñoz Páez. — Barcelona : Debate, 2017.– 366 p.

“Con Sabias: la cara oculta de la ciencia, Adela Muñoz Páez rescata la historia de algunas de las mujeres que han hecho contribuciones relevantes en la ciencia y paralelamente, para entender por qué fueron tan escasas y hoy son tan desconocidas, realiza un fascinante recorrido por la historia de las mujeres de la ciencia.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

La sesión en torno a este libro fue muy especial ya que a la misma asistió la autora de la obra, Adela Muñoz Páez, catedrática de Química Inorgánica de la Universidad de Sevilla.

La propuesta de lectura de este ensayo la hice yo, ya que el año anterior por su gran interés lo había elegido para comentarlo en un número monográfico especial de Daimon: Revista Internacional de Filosofía dedicado a ‘Género, Ciencia y Conocimiento‘, reseña a la que se accede en este enlace y que recoge tanto la presentación y valoración de la obra como una síntesis de la misma.

Poco puedo agregar a lo expuesto ya en la reseña referida, solo que, como se dijo en la reunión, este tipo de obras son fundamentales para dar a conocer al gran público mujeres que han contribuido de forma importante al progreso de la humanidad, tan olvidadas hasta ahora en los libros de texto, las obras de referencia, etc., etc.

También que, como afirmó una compañera del grupo, profesora de literatura jubilada, la obra tiene una escritura exquisita a pesar de no tratarse de un texto estrictamente literario y de pertencer a una científica, no a una escritora profesional.

Eso me recordó, si se me permite la anécdota, que estudiando yo Ciencias Químicas en la Universidad de Granada hace ya muuuchos años, el primer curso tuve una profesora de Biología que nos suspendía si teníamos tres o más faltas de ortografía en los exámenes. A esa profesora, además, le debo una de las pocas clases magistrales de las que tuve ocasión de disfrutar en esta carrera, que versó sobre la teoría de la evolución de Darwin, perfectamente aceptada, defendida y explicada por la profesora, a pesar de que ella era católica convencida, como nos dijo al principio de su exposición.

Volviendo a la obra y a la reunión que nos ocupa, Adela respondió a la compañera mencionada que la versión final del libro le había conllevado un gran trabajo de revisión y de síntesis, al tener que recortar y recortar el texto original, mucho más extenso, para adaptarse al formato de una publicación de distribución comercial. Cosa que me atrevo a decir que es de agradecer pues es sabida la falta de tiempo de la que todo el mundo suele adolecer en la actualidad.

También se destacó en la reunión el interés especial del capítulo 13, titulado ‘Feministas y universitarias’ (p. 221-239), un resumen estupendo de los orígenes del feminismo y de la conquista del acceso de las mujeres a la universidad en el ámbito anglosajón, y del capítulo 17, dedicado ‘España siglo XX, un comienzo esperanzador’ (p. 285-298) -época calificada por la autora como la Edad de Plata de la ciencia española- que trata sobre el inicio del movimiento de liberación de la mujer y del acceso a la educación superior de las mujeres en nuestro país. Y es que, según la autora, la reivindicación feminista del acceso al conocimiento explica las posibilidades posteriores de las mujeres para llegar a tener presencia en el mundo de la ciencia, en particular, y del conocimiento en general.

Finalizar recomendando asistir, quienes puedan hacerlo, a la representación teatral titulada ‘Científicas: pasado, presente y futuro’ con la que Adela y otras profesoras de la Universidad de Sevilla pretenden proporcionar a la gente joven, y en especial a las niñas y a las adolescentes, referentes femeninos en el mundo de la ciencia con el fin de animarles a que sigan esta opción de estudios (más información en el Canal Ciencia de dicha Universidad: http://canalciencia.us.es/cientificas-pasado-presente-y-futuro/).  O ver en línea la charla de Adela Muñoz Páez para TEDxSevilla titulada ‘El complejo Marie Curie‘, en la que la autora, caracterizada de la famosa científica, muestra cómo la misma no dejó que las circunstancias adversas condicionaran su vida, cómo su destino se lo forjó ella misma.

Y ya no me queda más que agradecer en nombre del grupo a Adela su amabilidad y generosidad viniendo a nuestra reunión a pesar de sus múltiples e importantes ocupaciones, y afirmar, tal como cerraba la reseña de la obra mencionada al principio, que este libro corrobora como pocos la afirmación de que la ciencia es cultura, en este caso de género y, por extensión, universal.

Más sobre el libro

Tea rooms: mujeres obreras, de Luisa Carnés

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Luisa Carnés (Madrid, 1905-1964)

Tea rooms: mujeres obreras / Luisa Carnés ; epílogo de Antonio Plaza.– Gijón : Hoja de Lata, 2016.
248 p.– (Sensibles a las letras ; 24)

“Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una ‘chica moderna’. Únicamente Matilde tiene ese espíritu revoltoso que se plantea una existencia diferente. Todas trabajan por un salario de hambre y una absoluta falta de expectativas. Están acostumbradas a callar: frente al jefe, frente al marido, frente al padre. Su vida se traduce en esta reflexión de Matilde: “Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas”. Autora sinsombrero de la Generación del 27, Luisa Carnés escribió esta portentosa novela social rompiendo los esquemas narrativos de la época. Una voz fundamental para acercarnos a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo XX.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Las asistentes a la reunión en torno a este libro estimamos que el mismo era absolutamente pertinente para un grupo de lectura como el nuestro, especializado en mujeres y género. Con ello no limitamos, por supuesto, el interés de la obra, ya que su lectura ilustrará de forma amena a todas las personas que quieran conocer el ambiente previo a la Guerra Civil española, con el interés añadido de mostrar la realidad social de la época desde una mirada de mujer, cosa nada habitual en los tratados de historia al uso.

Y es que se trata de una obra llena de realidad, entre otros motivos por estar basada en experiencias reales de la autora, como recoge Carmen Peire en su crónica sobre esta novela en Infolibre (23 de marzo de 2017):

La novela fue escrita entre agosto de 1932 y febrero de 1933… y obedece a un momento de la escritora que, aunque ya había ejercido de periodista y publicado algunos cuentos en los periódicos, tiene que ponerse a trabajar de nuevo como camarera por la falta acuciante de dinero. De esa experiencia sale Tea Rooms. Es por tanto una novela basada en una experiencia vital, que es abordada como una novela social en que nos muestra a diferentes personajes femeninos y en que la protagonista, acaso un alter ego de Luisa Carnés, se llama Matilde.

Abundando en el tema, citar lo que afirma Antonio Plaza en el epílogo del libro de que estamos antes una novela-reportaje, es decir, una novela que habla de la realidad del momento en que se está escribiendo pero presentada en forma de ficción. Esto no le quita calidad literaria a la obra, sobre la que alguna compañera comentó lo bien que presenta a los personajes y las circunstancias personales que les llevan a pensar y actuar como lo hacen.

Desde un punto de vista personal decir que lo primero que me llamó la atención del libro fue su título, cómo en el mismo se juntaba ‘tea room‘ con la denominación de ‘mujeres obreras’, aunque leyéndolo esta combinación ‘semántica’ cobra todo el sentido, ya que el hecho de que los personajes de la obra trabajen en un medio tan amable como podría ser, en principio, un salón de té, esto no hace que sus condiciones laborales sean mejores que las de las obreras de un taller o una fábrica de la época.

Eso mismo me había pasado que con el libro ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún (por qué ‘en la revolución’ y no ‘en la guerra civil’, me pregunté en su momento, si bien lo comprendí perfectamente al ver qué poca gente desde posiciones, en principio, republicanas se había enfrentado al conflicto con intenciones puramente de defensa de la democracia parlamentaria), otra novela que ilustra maravillosamente sobre nuestro pasado reciente, a la que, por cierto, la obra que ahora nos ocupa complementa a la perfección pues hace si no justificar sí al menos entender el enconamiento, a veces nada racional por decirlo de forma suave, del pueblo contra la burguesía explotadora.

Otra cosa que puede, en cierto modo, sorprender del libro es su calidad literaria -anteriormente mencionada-, dado que estamos hablando de una autora sin estudios reglados, formada a sí misma ya de joven robándole tiempo a las pocas horas de descanso que le permitían trabajos de horarios demenciales y, por supuesto, de muy escasa remuneración. Una biografía, pienso, que muestra un gran paralelismo con la de otra mujer excepcional de la misma época insuficientemente reconocida, en mi opinión, como es Clara Campoamor, de la que pronto leeremos su obra ‘Mi pecado mortal: el voto femenino y yo‘, disponible también en nuestro Centro de Documentación como lote para grupos de lectura.

Y, cómo no, sorprende que no hayamos conocido a esta autora fundamental hasta hace apenas un año o dos, lo que demuestra el largo olvido en el que cayeron tantas personas excepcionales exiliadas tras la guerra ‘incivil’ española, más todavía en el caso de que las mismas fueran mujeres.

En definitiva, un libro que nos acerca a nuestra historia reciente, todavía -aunque pueda parecer lo contrario- insuficientemente conocida, mostrándonosla desde una perspectiva de mujer y de clase -a veces un poco sectaria, hay que decir-, como ilustran muy bien las citas que se recogen a continuación. Totalmente recomendable su lectura, pues.

Citas de la obra

P. 21-22: “…La mujer rica desea el estío, que le permite cultivar su fina desnudez. La pobre lo teme. La pobre ve con temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella. La mujer pobre ama el invierno, aunque el agua le entumezca los pies. En el invierno, la gente camina deprisa -cada uno a lo suyo-. Hace demasiado frío para fijarse en los demás. Llueve demasiado para detenerse a contemplar una pierna bonita. Y la muchacha modesta no se ve constreñida a caminar salvando el buen equilibrio de un zapato torcido. El invierno enerva los miembros y agrieta las manos desnudas, pero la mujer pobre lo prefiere al estío y a la primavera porque ante todo tiene un sexo y un concepto de la feminidad, que cultiva como la mujer rica su fina desnudez en las playas cosmopolitas.

p. 77 [Sobre Matilde]: “… Piensa en su situación. Que apenas ha cambiado… Su concepto de la vida no ha sufrido variación; al contrario. Su definición de la sociedad: «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior», se ha consolidado.

No se llega a una definición tan concreta sin una larga experiencia de la humillación y el dolor; sin antes haber tocado, haber sopesado el valor de cada una de estas dos mitades…

p. 130-131: “… Matilde ha visto de cerca, ha «tocado» la tragedia del hogar, la «felicidad», «la paz» del hogar cristiano, tan preconizado por curas y monjas. El marido llega a él cansado de trabajar -cuando hay trabajo-. Allí hay unos chiquillos que gritan, que lloran, y una mujer mal vestida y gruñona, que ha olivado hace años toda palabra agradable y cuyas manos huelen insoportablemente a cebolla… «… yo no puedo hacer más. Estoy todo el día hecho un burro». «¿Y yo no trabajo? ¡Pero como no traigo dinero!». El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas… y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, el embrutecedor trabajo doméstico.

Por lo demás, el marido también dice que no puede con tanto trabajo, y la esposa repite hasta el cansancio que está «todo el santo día hecha una mula». Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de «aguantar tíos». Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes… En los países capitalistas, particularmente en España, existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.

P. 198-199: “Ante una fábrica de galletas se ha congregado un grupo numeroso de hombres y mujeres. A la puerta de la fábrica hay una camioneta, de la que unos mozos descargan cajones vacíos. Sobre uno de los cuales se ha encaramado una mujer. Que habla y hace gestos expresivos… Se expresa con torpeza, pero con un entusiasmo y sinceridad indescriptibles.

Voy a ser breve y clara. Es necesario que las compañeras de trabajo que no estén asociadas se asocien inmediatamente; que no permanezcan cruzadas de brazos en estos momentos de prueba para la clase trabajadora; que se una al movimiento y a la lucha de nuestra clase, la clase de los oprimidos. Ha pasado el tiempo en que se consideraba ridículas y hombrunas a las mujeres que se preocupaban de la vida social y política del mundo. Antes creíamos que la mujer solo servía para zurcir calcetines al marido y para rezar. Ahora sabemos que los lloros y los rezos no sirven para nada. Las lágrimas nos levantan dolor de cabeza y la religión nos embrutece, nos hace supersticiosas e ignorantes. Creíamos también que nuestra única misión en la vida era la caza del marido, y desde chicas no se nos preparaba para otra cosa; aunque no supiéramos leer, no importaba: con que supiéramos acicalarnos era bastante. Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes de pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política y social. Lo sabemos porque muchas hermanas nuestras han sufrido persecuciones y destierros…

P. 202-203: “… Pero Laurita no ha leído mas que novelas frívolas y argumentos de films. La perspectiva de un hijo ilegal entre los brazos la ha trastornado, empujándola al crimen y al suicidio inconsciente. La muerte de Laurita cae sobre la espalda de la sociedad.

Tampoco vendrá Marta. Marta anda por ahí, envuelta en su abrigo costoso, perfumada. En una hora indeterminada la acechan la sífilis y el hambre. También el caso de Marta atañe a la responsabilidad social, a la religión, que hace mujeres tímidas, lloronas e indefensas para la vida…

Más sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

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Celia en la revolución, de Elena Fortún

Sesión 70 (7 de marzo de 2017)

Elena Fortún (Madrid 1886 – ibídem 1952)

Celia en la revolución / Elena Fortún; presentación de Andrés Trapiello; introduccde de Marisol Dorao.– Valencina de la Concepción [Sevilla]: Renacimiento, 2016. — 344 p.– (Biblioteca Elena Fortún)

“Novela sobre la guerra civil, escrita poco después del fin de la guerra, en 1943, no hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido. Estas páginas no solo nos cuentan la vida difícil y llena de peripecias de una adolescente Celia en un Madrid sitiado, entre la supervivencia y la revolución, son también una suerte de crónica autobiográfica de la propia Elena Fortún.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Un libro necesario es lo primero que me sale decir de ‘Celia en la revolución‘. Necesario para quienes quieran conocer lo que pasó en la guerra civil española de primera mano y desde una mirada limpia, sin prejuicios. Necesario para reafirmar en la idea de que las guerras, todas, son injustas y crueles. Necesario, en fin, para la formación en historia reciente de España y fundamentalmente en valores, muy en particular al público joven, a quien inicialmente se dirigía la serie de relatos protagonizados por Celia, el personaje creado por Elena Fortún que viera la luz por primera vez en la sección Gente menuda de la revista Blanco y Negro.

Todas las que asistimos a la reunión comentamos lo mucho que nos había llegado la obra, pues si bien está catalogada como narrativa -incluso como literatura juvenil- , en realidad sentíamos que lo que estaba narrando la autora en el libro era totalmente real y forma parte de nuestra historia. Y es que, como afirma en la introducción Marisol Dorao, “Todo lo que de autobiográfico habían tenido los libros de Celia hasta entonces se intensifica en Celia en la revolución. A través de esta prematura mujer de quince años […] vemos y sentimos los pensamiento y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española”. Solo una compañera puso objeciones a la forma de escribir de la narradora y protagonista de la obra, que se supone que es una niña, pero es que en el libro anterior de la serie este personaje había sufrido la pérdida a su madre y se había tenido que hacer cargo de sus hermanas pequeñas, y en este tiene que hacerse fuerte y sobrevivir en un medio tan extremadamente hostil como es una guerra, circunstancias que sin duda deben conllevar un proceso de maduración vital acelerado.

La misma compañera quiso profundizar en el concepto de la tercera España de la que habla Andrés Trapiello en el presentación de la obra. Buscando en las redes al respecto sale, entre otros, un artículo de Xabier Casals (El Periódico, 17 julio 2016), que informa que se trata de un concepto sugerido por Salvador de Madariaga en ‘Spain‘ (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas muy distintas: el dictador Franco, el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

Un tema muy interesante, sin duda, el planteado por la compañera al hilo de la presentación de Trapiello de esta obra, a la que este sitúa, por cierto, dentro del corpus fundamental de esta tercera España, junto con ‘La revolución española vista por una republicana‘ de Clara Campoamor, los diarios de guerra ‘España sufre‘ de Morla Lynch, el ensayo ‘Democracias destronadas‘ de José Castillejo, y el libro de relatos ‘A sangre y fuego’, de Manuel Chaves Nogales, todos ellos escritos durante la guerra civil o al poco de finalizar la misma.

Ligado a lo anterior, muy interesante también el análisis del título y la mención de ‘revolución’ en el mismo sobre lo que llama la atención Trapiello, término que curiosamente también aparece en el título de la obra de Clara Campoamor. En este sentido, puede ser aclaratorio el prólogo -memorable, según Trapiello- de la obra del periodista sevillano Chaves Nogales citada.

Volviendo al libro, y para finalizar con el texto de Trapiello, recoger aquí una cita especialmente relevante de la presentación en la que este sostiene que “Pocas veces se habrá escrito una novela sobre la guerra con tanta verdad, consciente su autora de que alguien ha de contarla, y no como un desahogo, tal y como creía Martín Gaite, sino consciente de que con el tiempo todos mentirían o tratarían de hacernos creer que han olvidado.”.

Una obra, pues, dura al estar llena de dolorosa verdad sobre lo que paso en nuestra guerra civil, honesta y valiente por la difícil posición de independencia y equidistancia de la autora -de fuertes convicciones republicanas y democráticas, lo que la honra más si cabe-, y con una descripción de la guerra fundamentalmete desde el punto de vista las mujeres -Celia, su criada, sus amigas…-, desde esa retaguardia que no hace la guerra pero que sufre sus efectos y cuya principal lucha, además de sobrevivir, es mantener unas condiciones de vida dignas a las que retornar en tiempos de paz.

Pero no por ello se puede decir que la obra sea difícil de leer o que el texto esté falto de gracia -incluso de lirismo-, lo que se puede apreciar a lo largo de todo el libro en las descripciones de personajes, circunstancias y paisajes que pasan por el mismo. A una compañera, por ejemplo, le recordó las cartas que su padre, pintor de profesión, mandaba a su madre en la guerra desde el frente, en las que se limitaba a describirle poéticamente los paisajes que divisaba desde las trincheras.

Todo esto lo expresa muy bien una compañera que no pudo venir a la reunión y que nos mandó unos comentarios al respecto, que recojo a continuación a modo de colofón de esta valoración del libro:

“[…] El libro me ha gustado mucho, me ha resultado de fácil lectura con un contenido muy duro.

Otra visión de la guerra con las consecuencias para las ciudadanas que no entienden mucho lo que pasa y por qué pasa, pero que la sufren y que deben hacer frente a situaciones límite.

Increíble la descripción de una madurez sobrevenida para una niña/joven de tan pocos años, y de la realidad tal y como se vivió en esa ciudad [Madrid].

Algunos pasajes me han llevado al recuerdo de mi padre y a episodios que me contaba.

Y, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza para el futuro de Celia.”

Citas

P. 47 [Valeriana, la criada de la familia]: “Los hombres se meten siempre en lo que no les importa en vez de ocuparse de su casa… No tiés más que ver en cuanto se juntan dos… lo mismo que sean pobres que ricos, ya están parlando que si el alcalde, que si el concejal, que si las elecciones… y hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!

p. 135 [Habla en padre de Celia]: “Ni la tierra, ni la cultura, pueden ser propiedad de unos cuantos. Es la herencia ancestral que fue creciendo desde que el primer hombre aparece sobre la tierra sosteniéndose sobres sus dos pies…

p. 139-140 [Juan, el jardinero]: “Cuatro hijos tenía, como cuatro pinos, y ya no sé si me queda alguno… ¡Maldita revolución!

[…]

¡Y cualquiera sabe quién tiene la razón…! Los de las derechas y lo des las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a lo que no sabemos ná de ná. Yo discutía de esto con mis pobres hijos… y ellos me decían que no luchaban por ellos, que esta generación se tenía que sacrificar… ¡Cosas que habían oído en los mítines y los discursos del centro… Que luchaban por los que venían detrás de ellos… ¡Mire usé qué necesidá tenían de ocuparse ellos de los que no han nacío aún…! ¡Ya ni nietos voy a tener…!

p. 149: En esta casa en silencio, donde nadie llora, me parece el dolor horrible…

P. 160:”Adiós, papíto mío. ¡Que no te pase nada…!

Está sereno, y hasta me parece alegre.

Se va… le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…

P. 188: “He traído rosas… las pongo en un jarrón de cristal. ¡Qué maravilla, Señor! Tienen demasiadas hojas y las limpio un poco de follaje… ¡Un caracol! Entre las hojas había un caracol… Pobrecito. Vivirá aquí conmigo y ya no estaré sola… Al fin una vida junto a la mía…

P. 192: “Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello…. No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…

P. 225 [El padre de Celia]: “Sí, hija, sí, pero prefiero que dejes a un lado todos esos recuerdos. En este espanto que estamos viviendo, hay que volver rápidamente la espalda a el pasado… Los que se han quedado en el camino ya no sufren más. Ese es el gran consuelo de los que vivimos aún… Comienza la primavera, todo se renueva… y cantan las alondras todas las mañanas., ¿Las oyes tú? En mi balcón hay una asamblea de pájaros al amanecer… Además, hija, aunque te empeñes en estar triste no podrás. !Tienes diecisiete años!

P. 255: “Es una primavera áspera, dura, sin la alegría de otras primaveras. El aire fino, sutil, de la meseta, claro, transparente y frío como agua de manantial, me envuelve, refresca mis mejillas y corre entre mis dedos.

P. 295-296:

“-Hemos trabajado con fe en el provenir -me dice la señorita Amelia-. Mi esperanza de «Escuela Única» la he visto aquí realizada… Aquel chico […] es el hijo del portero […] y ese otro que se sienta a su lado es el hijo de Elorrieta, el abogado y diputado conservador…

[…]

-Sí… ¡todo está perdido! Creo que por culpa de unos y otros… Suspira, y su tristeza se comunica a mi corazón.

[…]

-Tu padre pasará los Pirineos, y… yo me quedaré aquí… pase lo que pase […] Me quedaré aquí.. y no sé lo que harán conmigo por mi pecado de democracia…

[…]

Todos son héroes. Papá, Jorge, la señorita Amelia, el papás de María Luisa, por conservar su ánimo entre tanta desgracias… Pero yo soy una pobre chica perdida entre tanta gente, sola, sin familia… sin saber qué hacer…

P. 310: “Aún voy a dar una vuelta a la casa para despedirme del jardín… ¡Adiós, álamos! ¡Adiós cipreses casi negros… rosales… pobre tierra seca y helada que comienza a esponjar la primavera! Papá decía que somos tierra del país donde nacimos. ¡Tierra mía de Madrid! De rodillas la beso…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación