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Tea rooms: mujeres obreras, de Luisa Carnés

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Luisa Carnés (Madrid, 1905-1964)

Tea rooms: mujeres obreras / Luisa Carnés ; epílogo de Antonio Plaza.– Gijón : Hoja de Lata, 2016.
248 p.– (Sensibles a las letras ; 24)

“Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una ‘chica moderna’. Únicamente Matilde tiene ese espíritu revoltoso que se plantea una existencia diferente. Todas trabajan por un salario de hambre y una absoluta falta de expectativas. Están acostumbradas a callar: frente al jefe, frente al marido, frente al padre. Su vida se traduce en esta reflexión de Matilde: “Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas”. Autora sinsombrero de la Generación del 27, Luisa Carnés escribió esta portentosa novela social rompiendo los esquemas narrativos de la época. Una voz fundamental para acercarnos a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo XX.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Las asistentes a la reunión en torno a este libro estimamos que el mismo era absolutamente pertinente para un grupo de lectura como el nuestro, especializado en mujeres y género. Con ello no limitamos, por supuesto, el interés de la obra, ya que su lectura ilustrará de forma amena a todas las personas que quieran conocer el ambiente previo a la Guerra Civil española, con el interés añadido de mostrar la realidad social de la época desde una mirada de mujer, cosa nada habitual en los tratados de historia al uso.

Y es que se trata de una obra llena de realidad, entre otros motivos por estar basada en experiencias reales de la autora, como recoge Carmen Peire en su crónica sobre esta novela en Infolibre (23 de marzo de 2017):

La novela fue escrita entre agosto de 1932 y febrero de 1933… y obedece a un momento de la escritora que, aunque ya había ejercido de periodista y publicado algunos cuentos en los periódicos, tiene que ponerse a trabajar de nuevo como camarera por la falta acuciante de dinero. De esa experiencia sale Tea Rooms. Es por tanto una novela basada en una experiencia vital, que es abordada como una novela social en que nos muestra a diferentes personajes femeninos y en que la protagonista, acaso un alter ego de Luisa Carnés, se llama Matilde.

Abundando en el tema, citar lo que afirma Antonio Plaza en el epílogo del libro de que estamos antes una novela-reportaje, es decir, una novela que habla de la realidad del momento en que se está escribiendo pero presentada en forma de ficción. Esto no le quita calidad literaria a la obra, sobre la que alguna compañera comentó lo bien que presenta a los personajes y las circunstancias personales que les llevan a pensar y actuar como lo hacen.

Desde un punto de vista personal decir que lo primero que me llamó la atención del libro fue su título, cómo en el mismo se juntaba ‘tea room‘ con la denominación de ‘mujeres obreras’, aunque leyéndolo esta combinación ‘semántica’ cobra todo el sentido, ya que el hecho de que los personajes de la obra trabajen en un medio tan amable como podría ser, en principio, un salón de té, esto no hace que sus condiciones laborales sean mejores que las de las obreras de un taller o una fábrica de la época.

Eso mismo me había pasado que con el libro ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún (por qué ‘en la revolución’ y no ‘en la guerra civil’, me pregunté en su momento, si bien lo comprendí perfectamente al ver qué poca gente desde posiciones, en principio, republicanas se había enfrentado al conflicto con intenciones puramente de defensa de la democracia parlamentaria), otra novela que ilustra maravillosamente sobre nuestro pasado reciente, a la que, por cierto, la obra que ahora nos ocupa complementa a la perfección pues hace si no justificar sí al menos entender el enconamiento, a veces nada racional por decirlo de forma suave, del pueblo contra la burguesía explotadora.

Otra cosa que puede, en cierto modo, sorprender del libro es su calidad literaria -anteriormente mencionada-, dado que estamos hablando de una autora sin estudios reglados, formada a sí misma ya de joven robándole tiempo a las pocas horas de descanso que le permitían trabajos de horarios demenciales y, por supuesto, de muy escasa remuneración. Una biografía, pienso, que muestra un gran paralelismo con la de otra mujer excepcional de la misma época insuficientemente reconocida, en mi opinión, como es Clara Campoamor, de la que pronto leeremos su obra ‘Mi pecado mortal: el voto femenino y yo‘, disponible también en nuestro Centro de Documentación como lote para grupos de lectura.

Y, cómo no, sorprende que no hayamos conocido a esta autora fundamental hasta hace apenas un año o dos, lo que demuestra el largo olvido en el que cayeron tantas personas excepcionales exiliadas tras la guerra ‘incivil’ española, más todavía en el caso de que las mismas fueran mujeres.

En definitiva, un libro que nos acerca a nuestra historia reciente, todavía -aunque pueda parecer lo contrario- insuficientemente conocida, mostrándonosla desde una perspectiva de mujer y de clase -a veces un poco sectaria, hay que decir-, como ilustran muy bien las citas que se recogen a continuación. Totalmente recomendable su lectura, pues.

Citas de la obra

P. 21-22: “…La mujer rica desea el estío, que le permite cultivar su fina desnudez. La pobre lo teme. La pobre ve con temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella. La mujer pobre ama el invierno, aunque el agua le entumezca los pies. En el invierno, la gente camina deprisa -cada uno a lo suyo-. Hace demasiado frío para fijarse en los demás. Llueve demasiado para detenerse a contemplar una pierna bonita. Y la muchacha modesta no se ve constreñida a caminar salvando el buen equilibrio de un zapato torcido. El invierno enerva los miembros y agrieta las manos desnudas, pero la mujer pobre lo prefiere al estío y a la primavera porque ante todo tiene un sexo y un concepto de la feminidad, que cultiva como la mujer rica su fina desnudez en las playas cosmopolitas.

p. 77 [Sobre Matilde]: “… Piensa en su situación. Que apenas ha cambiado… Su concepto de la vida no ha sufrido variación; al contrario. Su definición de la sociedad: «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior», se ha consolidado.

No se llega a una definición tan concreta sin una larga experiencia de la humillación y el dolor; sin antes haber tocado, haber sopesado el valor de cada una de estas dos mitades…

p. 130-131: “… Matilde ha visto de cerca, ha «tocado» la tragedia del hogar, la «felicidad», «la paz» del hogar cristiano, tan preconizado por curas y monjas. El marido llega a él cansado de trabajar -cuando hay trabajo-. Allí hay unos chiquillos que gritan, que lloran, y una mujer mal vestida y gruñona, que ha olivado hace años toda palabra agradable y cuyas manos huelen insoportablemente a cebolla… «… yo no puedo hacer más. Estoy todo el día hecho un burro». «¿Y yo no trabajo? ¡Pero como no traigo dinero!». El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas… y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, el embrutecedor trabajo doméstico.

Por lo demás, el marido también dice que no puede con tanto trabajo, y la esposa repite hasta el cansancio que está «todo el santo día hecha una mula». Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de «aguantar tíos». Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes… En los países capitalistas, particularmente en España, existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.

P. 198-199: “Ante una fábrica de galletas se ha congregado un grupo numeroso de hombres y mujeres. A la puerta de la fábrica hay una camioneta, de la que unos mozos descargan cajones vacíos. Sobre uno de los cuales se ha encaramado una mujer. Que habla y hace gestos expresivos… Se expresa con torpeza, pero con un entusiasmo y sinceridad indescriptibles.

Voy a ser breve y clara. Es necesario que las compañeras de trabajo que no estén asociadas se asocien inmediatamente; que no permanezcan cruzadas de brazos en estos momentos de prueba para la clase trabajadora; que se una al movimiento y a la lucha de nuestra clase, la clase de los oprimidos. Ha pasado el tiempo en que se consideraba ridículas y hombrunas a las mujeres que se preocupaban de la vida social y política del mundo. Antes creíamos que la mujer solo servía para zurcir calcetines al marido y para rezar. Ahora sabemos que los lloros y los rezos no sirven para nada. Las lágrimas nos levantan dolor de cabeza y la religión nos embrutece, nos hace supersticiosas e ignorantes. Creíamos también que nuestra única misión en la vida era la caza del marido, y desde chicas no se nos preparaba para otra cosa; aunque no supiéramos leer, no importaba: con que supiéramos acicalarnos era bastante. Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes de pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política y social. Lo sabemos porque muchas hermanas nuestras han sufrido persecuciones y destierros…

P. 202-203: “… Pero Laurita no ha leído mas que novelas frívolas y argumentos de films. La perspectiva de un hijo ilegal entre los brazos la ha trastornado, empujándola al crimen y al suicidio inconsciente. La muerte de Laurita cae sobre la espalda de la sociedad.

Tampoco vendrá Marta. Marta anda por ahí, envuelta en su abrigo costoso, perfumada. En una hora indeterminada la acechan la sífilis y el hambre. También el caso de Marta atañe a la responsabilidad social, a la religión, que hace mujeres tímidas, lloronas e indefensas para la vida…

Más sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

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Celia en la revolución, de Elena Fortún

Sesión 70 (7 de marzo de 2017)

Elena Fortún (Madrid 1886 – ibídem 1952)

Celia en la revolución / Elena Fortún; presentación de Andrés Trapiello; introduccde de Marisol Dorao.– Valencina de la Concepción [Sevilla]: Renacimiento, 2016. — 344 p.– (Biblioteca Elena Fortún)

“Novela sobre la guerra civil, escrita poco después del fin de la guerra, en 1943, no hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido. Estas páginas no solo nos cuentan la vida difícil y llena de peripecias de una adolescente Celia en un Madrid sitiado, entre la supervivencia y la revolución, son también una suerte de crónica autobiográfica de la propia Elena Fortún.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Un libro necesario es lo primero que me sale decir de ‘Celia en la revolución‘. Necesario para quienes quieran conocer lo que pasó en la guerra civil española de primera mano y desde una mirada limpia, sin prejuicios. Necesario para reafirmar en la idea de que las guerras, todas, son injustas y crueles. Necesario, en fin, para la formación en historia reciente de España y fundamentalmente en valores, muy en particular al público joven, a quien inicialmente se dirigía la serie de relatos protagonizados por Celia, el personaje creado por Elena Fortún que viera la luz por primera vez en la sección Gente menuda de la revista Blanco y Negro.

Todas las que asistimos a la reunión comentamos lo mucho que nos había llegado la obra, pues si bien está catalogada como narrativa -incluso como literatura juvenil- , en realidad sentíamos que lo que estaba narrando la autora en el libro era totalmente real y forma parte de nuestra historia. Y es que, como afirma en la introducción Marisol Dorao, “Todo lo que de autobiográfico habían tenido los libros de Celia hasta entonces se intensifica en Celia en la revolución. A través de esta prematura mujer de quince años […] vemos y sentimos los pensamiento y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española”. Solo una compañera puso objeciones a la forma de escribir de la narradora y protagonista de la obra, que se supone que es una niña, pero es que en el libro anterior de la serie este personaje había sufrido la pérdida a su madre y se había tenido que hacer cargo de sus hermanas pequeñas, y en este tiene que hacerse fuerte y sobrevivir en un medio tan extremadamente hostil como es una guerra, circunstancias que sin duda deben conllevar un proceso de maduración vital acelerado.

La misma compañera quiso profundizar en el concepto de la tercera España de la que habla Andrés Trapiello en el presentación de la obra. Buscando en las redes al respecto sale, entre otros, un artículo de Xabier Casals (El Periódico, 17 julio 2016), que informa que se trata de un concepto sugerido por Salvador de Madariaga en ‘Spain‘ (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas muy distintas: el dictador Franco, el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

Un tema muy interesante, sin duda, el planteado por la compañera al hilo de la presentación de Trapiello de esta obra, a la que este sitúa, por cierto, dentro del corpus fundamental de esta tercera España, junto con ‘La revolución española vista por una republicana‘ de Clara Campoamor, los diarios de guerra ‘España sufre‘ de Morla Lynch, el ensayo ‘Democracias destronadas‘ de José Castillejo, y el libro de relatos ‘A sangre y fuego’, de Manuel Chaves Nogales, todos ellos escritos durante la guerra civil o al poco de finalizar la misma.

Ligado a lo anterior, muy interesante también el análisis del título y la mención de ‘revolución’ en el mismo sobre lo que llama la atención Trapiello, término que curiosamente también aparece en el título de la obra de Clara Campoamor. En este sentido, puede ser aclaratorio el prólogo -memorable, según Trapiello- de la obra del periodista sevillano Chaves Nogales citada.

Volviendo al libro, y para finalizar con el texto de Trapiello, recoger aquí una cita especialmente relevante de la presentación en la que este sostiene que “Pocas veces se habrá escrito una novela sobre la guerra con tanta verdad, consciente su autora de que alguien ha de contarla, y no como un desahogo, tal y como creía Martín Gaite, sino consciente de que con el tiempo todos mentirían o tratarían de hacernos creer que han olvidado.”.

Una obra, pues, dura al estar llena de dolorosa verdad sobre lo que paso en nuestra guerra civil, honesta y valiente por la difícil posición de independencia y equidistancia de la autora -de fuertes convicciones republicanas y democráticas, lo que la honra más si cabe-, y con una descripción de la guerra fundamentalmete desde el punto de vista las mujeres -Celia, su criada, sus amigas…-, desde esa retaguardia que no hace la guerra pero que sufre sus efectos y cuya principal lucha, además de sobrevivir, es mantener unas condiciones de vida dignas a las que retornar en tiempos de paz.

Pero no por ello se puede decir que la obra sea difícil de leer o que el texto esté falto de gracia -incluso de lirismo-, lo que se puede apreciar a lo largo de todo el libro en las descripciones de personajes, circunstancias y paisajes que pasan por el mismo. A una compañera, por ejemplo, le recordó las cartas que su padre, pintor de profesión, mandaba a su madre en la guerra desde el frente, en las que se limitaba a describirle poéticamente los paisajes que divisaba desde las trincheras.

Todo esto lo expresa muy bien una compañera que no pudo venir a la reunión y que nos mandó unos comentarios al respecto, que recojo a continuación a modo de colofón de esta valoración del libro:

“[…] El libro me ha gustado mucho, me ha resultado de fácil lectura con un contenido muy duro.

Otra visión de la guerra con las consecuencias para las ciudadanas que no entienden mucho lo que pasa y por qué pasa, pero que la sufren y que deben hacer frente a situaciones límite.

Increíble la descripción de una madurez sobrevenida para una niña/joven de tan pocos años, y de la realidad tal y como se vivió en esa ciudad [Madrid].

Algunos pasajes me han llevado al recuerdo de mi padre y a episodios que me contaba.

Y, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza para el futuro de Celia.”

Citas

P. 47 [Valeriana, la criada de la familia]: “Los hombres se meten siempre en lo que no les importa en vez de ocuparse de su casa… No tiés más que ver en cuanto se juntan dos… lo mismo que sean pobres que ricos, ya están parlando que si el alcalde, que si el concejal, que si las elecciones… y hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!

p. 135 [Habla en padre de Celia]: “Ni la tierra, ni la cultura, pueden ser propiedad de unos cuantos. Es la herencia ancestral que fue creciendo desde que el primer hombre aparece sobre la tierra sosteniéndose sobres sus dos pies…

p. 139-140 [Juan, el jardinero]: “Cuatro hijos tenía, como cuatro pinos, y ya no sé si me queda alguno… ¡Maldita revolución!

[…]

¡Y cualquiera sabe quién tiene la razón…! Los de las derechas y lo des las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a lo que no sabemos ná de ná. Yo discutía de esto con mis pobres hijos… y ellos me decían que no luchaban por ellos, que esta generación se tenía que sacrificar… ¡Cosas que habían oído en los mítines y los discursos del centro… Que luchaban por los que venían detrás de ellos… ¡Mire usé qué necesidá tenían de ocuparse ellos de los que no han nacío aún…! ¡Ya ni nietos voy a tener…!

p. 149: En esta casa en silencio, donde nadie llora, me parece el dolor horrible…

P. 160:”Adiós, papíto mío. ¡Que no te pase nada…!

Está sereno, y hasta me parece alegre.

Se va… le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…

P. 188: “He traído rosas… las pongo en un jarrón de cristal. ¡Qué maravilla, Señor! Tienen demasiadas hojas y las limpio un poco de follaje… ¡Un caracol! Entre las hojas había un caracol… Pobrecito. Vivirá aquí conmigo y ya no estaré sola… Al fin una vida junto a la mía…

P. 192: “Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello…. No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…

P. 225 [El padre de Celia]: “Sí, hija, sí, pero prefiero que dejes a un lado todos esos recuerdos. En este espanto que estamos viviendo, hay que volver rápidamente la espalda a el pasado… Los que se han quedado en el camino ya no sufren más. Ese es el gran consuelo de los que vivimos aún… Comienza la primavera, todo se renueva… y cantan las alondras todas las mañanas., ¿Las oyes tú? En mi balcón hay una asamblea de pájaros al amanecer… Además, hija, aunque te empeñes en estar triste no podrás. !Tienes diecisiete años!

P. 255: “Es una primavera áspera, dura, sin la alegría de otras primaveras. El aire fino, sutil, de la meseta, claro, transparente y frío como agua de manantial, me envuelve, refresca mis mejillas y corre entre mis dedos.

P. 295-296:

“-Hemos trabajado con fe en el provenir -me dice la señorita Amelia-. Mi esperanza de «Escuela Única» la he visto aquí realizada… Aquel chico […] es el hijo del portero […] y ese otro que se sienta a su lado es el hijo de Elorrieta, el abogado y diputado conservador…

[…]

-Sí… ¡todo está perdido! Creo que por culpa de unos y otros… Suspira, y su tristeza se comunica a mi corazón.

[…]

-Tu padre pasará los Pirineos, y… yo me quedaré aquí… pase lo que pase […] Me quedaré aquí.. y no sé lo que harán conmigo por mi pecado de democracia…

[…]

Todos son héroes. Papá, Jorge, la señorita Amelia, el papás de María Luisa, por conservar su ánimo entre tanta desgracias… Pero yo soy una pobre chica perdida entre tanta gente, sola, sin familia… sin saber qué hacer…

P. 310: “Aún voy a dar una vuelta a la casa para despedirme del jardín… ¡Adiós, álamos! ¡Adiós cipreses casi negros… rosales… pobre tierra seca y helada que comienza a esponjar la primavera! Papá decía que somos tierra del país donde nacimos. ¡Tierra mía de Madrid! De rodillas la beso…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

La voz dormida, de Dulce Chacón

Sesión 26 (lunes 5 de marzo de 2012)

 Dulce Chacón (Zafra -Badajoz-, 1954-2003)

La voz dormida / Alfaguara – Grupo Santillana, 2002. —  387 p.

Resumen:  Novela histórica que se desarrolla en la España de la posguerra, entre la madrileña cárcel de las Ventas y una pequeña pensión de la calle Atocha, abarcando desde al año 1939 hasta el año 1963.

“Un grupo de mujeres, encarceladas en la madrileña cárcel de mujeres de las Ventas, enarbola la bandera de la dignidad y el coraje como única arma posible para enfrentarse a la humillación, la tortura y la muerte. Se nos cuenta la historia de Hortensia, Reme, Tomasa, Elvira y más mujeres, de cómo viven en encarcelamiento y el cómo han llegado a parar a esa prisión.

La obra establece una vuelta a los tiempos de la posguerra española. Escrita en clave periodística, narra el innecesario sufrimiento de las mujeres republicanas en las cárceles franquistas en los años inmediatamente posteriores al fin de la contienda, estableciendo una narración desde un punto de vista omnisciente. Es una historia de tiempos de silencio, donde se relata el sufrimiento de aquellas mujeres que perdieron una guerra y la agonía que vivían sin conocer cuál sería su final.

La obra está documentada en historias reales, si bien la autora suavizó alguna de ellas e introdujo nuevos matices.” (Wikipedia)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Prácticamente todas las integrantes del grupo nos sentimos conmovidas por este libro, y ello por diversas razones: porque la historia de la guerra civil nos es cercana -si bien más desconocida de lo que, en principio, sería de esperar, ya que nuestras familias, en general, no han hablado muy abiertamente de esa época y los hechos que en ella ocurrieron-; porque las consecuencias políticas de la guerra aún llegó hasta muchas de nosotras con la represión practicada hasta el final por la dictadura franquista;  porque es una historia muy humana y de solidaridad entre personas oprimidas; porque las mujeres que la protagonizan, inspiradas en personas reales, son unos personajes entrañables; etc., etc. Pero lo que más bonito nos ha parecido es que el libro da voz a mujeres que casi nunca han tenido presencia en la Historia oficial: mujeres que lucharon por la República y que mantuvieron vivos sus ideales a pesar de las muchas penurias que hubieron de pasar durante la guerra y la posguerra.

Y es que estas mujeres nos han recordado a otras personas que algunas hemos tenido la suerte de conocer, personas que participaron en la guerra desde el bando republicano y que no perdieron sus altos ideales a lo largo de los años, por encima de la dictadura impuesta y de las dificultades vitales añadidas por pertenecer al bando perdedor.

Más cosas que se pueden decir del libro:

Es de muy fácil lectura, entre otros motivos por estar construido a base de capítulos cortos, bastante cerrados en su contenido.

A pesar de la dureza historia, la solidaridad entre las mujeres protagonistas, su estado de ánimo entero en circunstancias muy difíciles y que la narración transcurra también fuera de la cárcel son cuestiones que alivian en cierta medida la pesadumbre que produce los tremendos hechos que se cuentan.

Señalar también la importancia de una de las protagonistas, la hermana de Hortensia, que podría representar a tantas y tantas personas que no estando, en principio, implicadas ni material ni ideológicamente en la contienda -en cualquiera de ellas-, tuvieron que sufrirla y también las consecuencias de la misma.

En esta ocasión no podemos sino estar de acuerdo en la presentación de la obra por parte de la editorial, que,  en la contracubierta, dice: “Pocas novelas podemos califica como imprescindibles. La voz dormida es una de ellas porque nos ayuda a bucear en el papel que las mujeres jugaron durante unos años decisivos para la historia de España. Relegadas al ámbito doméstico, decidieron asumir el protagonismo que la tradición les negaba para luchar por un mundo más justo. Unas desde la retaguardia y las más osadas en la vanguardia armada de la guerrilla, donde dejaron la evidencia de su valentía y sacrificio. “

Y es que, como dijo una compañera del grupo de lectura,  sin que la voz de las numerosísimas víctimas de la guerra civil y de la posguerra haya podido oírse en largos años de silencio, curiosamente hemos pasado de una sequía prácticamente absoluta de libros en el mercado que trataran de la contienda, a una crítica muy generalizada que viene a decir “un libro más de la guerra civil”, como si ya todo se hubiera dicho.

Antes de terminar señalar algunos libros y películas relacionadas con la materia que se mencionaron en la reunión:

La represión de las mujeres en Andalucía (1936-1949): individuas de dudosa moral, de Pura Sánchez, en cuya presentación sostiene la autora que el franquismo reprimió a las mujeres pronto e intensamente con el propósito muy definido de devolverlas al ámbito familiar y encorsetarlas en el papel que le atribuía la ideología integrista del régimen (en nuestro Centro de Documentación).

El largo silencio, de Ángeles Caso, que narra la historia de unas mujeres supervivientes de la Guerra Civil Española (en nuestro Centro de Documentación).

El holocausto español, del historiador e hispanista Paul Preston, que trata, como bien reza su subtítulo, del odio y exterminio en la Guerra Civil y después, según menciona Juan Cruz en El País de 17 abril 2011 . En el mismo se habla de desmanes de los dos bandos del conflicto, pero, como el propio autor dijo en una entrevista en el programa La Ventana, de la Cadena Ser, fueron mucho más numerosos y cruentos los cometidos por el bando nacionalista.

La defensa de Madrid, del periodista y escritor sevillano Manuel Chaves Nogales, sobre el que puede leerse un artículo de Jesús Ruiz Mantilla sobre este libro en El País de 8 de diciembre de 2011.

La clásica biografía La forja de un rebelde, del republicano Arturo Barea, en la que después se basó una serie de televisión dirigida por Mario Camus.

Finalmente mencionar también la película La voz dormida (disponible en nuestro Centro de Documentación), del realizador sevillano Benito Zambrano, recientemente galardonada con tres Premios Goya, basada en la novela de Dulce Chacón, si bien con ciertas licencias que no se ajustan a un texto tan lleno de verdad como el contenido en el libro.

Y una noticia última: varios colectivos feministas de Sevilla celebraron el día 25 de mayo de 2013 un bonito y emotivo acto de Memoria histórica en honor de las mujeres represaliadas en la ciudad por el sanguinario general Queipo de Llano, actualmente enterrado junto a su esposa en la Basílica de La Macarena:


Más información de esta actividad en el periódico Diagonal.

Más libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano