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Feria del Libro de Sevilla 2018: Mesa redonda y lecturas de clubes de lectura feminista de la ciudad

El día 8 del pasado mes de mayo la Feria del Libro de Sevilla 2018, organizada este año bajo el lema ‘Mujeres de Letras Tomar’, celebró su propio 8M para lo que nos regaló varias actividades en torno a las Mujeres y la Literatura.

Dedicamos esta entrada a una de dichas actividades: la mesa redonda ‘Una genealogía propia. La importancia de los clubes de lectura feministas’, organizada por el Instituto Andaluz de la Mujer, en la que participamos los grupos de lectura feminista de la ciudad: el club de La Tribu que se reúne en la libraría Casa Tomada; Arcadia, del espacio de coworking de mismo nombre; el de La Tribu recientemente creado por el Centro Andaluz de las Letras en la Biblioteca Pública Provincial; y finalmente el nuestro, Generando Lecturas, encuadrado en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer.

Los objetivos principales de esta actividad eran poner en valor la labor de estos clubs, reivindicando la necesidad de crear espacios de discusión y debate en torno a la literatura femenina, concienciar sobre sus posibilidades y favorecer la cooperación entre los mismos.

El acto comenzó con la mesa redonda propiamente dicha, en la que las representantes de los distintos grupos de lectura respondimos a una serie de preguntas de Carmen G. de la Cueva, coordinadora de la actividad, sobre por qué opinábamos que son importantes los clubs de estas características, orígenes de los presentes, desafíos y procesos de afianzamiento de los mismos y herramientas y consejos para quienes quisieran formar grupos de lectura como los nuestros.

Señalar aquí que Generando Lecturas es más longevo de este tipo de grupos de la ciudad y -que sepamos- de toda Andalucía y que nuestras respuestas a las preguntas planteadas fueron en la misma línea de las de las representantes del resto de grupos: la importancia de dar relevancia a la literatura escrita por mujeres, dado que hoy por hoy sigue estando menos valorada, en general, que la realizada por los hombres, reivindicando la universalidad de esta literatura -no tiene sentido pensar que lo masculino es universal y lo femenino solo tiene interés para las propias mujeres- y las posibilidades que ofrece la literatura para reflexionar sobre la vida, para lo que nuestros grupos utilizamos la perspectiva de género como modo de enriquecer nuestras miradas sobre el mundo y las temáticas que nos atañen como seres humanos. Además, aprovechamos para publicitar la gran cantidad de lotes de libros que tenemos en el Centro de Documentación a disposición de cualquier grupo de lectura que los quiera solicitar, muchos de ellos relacionados con otros recursos también disponibles en el Centro como pueden ser películas basadas en dichos libros.

Y tras un breve turno de intervenciones de un público entregado, dado que muchas de las personas presentes forman parte de estos u otros grupos de lectura, finalmente vino lo más bonito de la actividad: lecturas de fragmentos de libros leídos por los distintos grupos de lectura por integrantes de los mismos, para lo que se eligieron textos de las siguientes obras (ordenados alfabéticamente por apellidos de las autoras correspondientes):

Como muestra, aquí tenéis unos banners (o anuncios, en la traducción que recomienda Fundéu para dicha palabra) creados por Carmen G. de la Cueva para la difusión del evento en las redes sociales:

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Finalmente comentar que todos los libros citados están a vuestra disposición en el Centro de Documentación, algunos también en lotes para grupos de lectura, y animaros a que forméis vuestro grupo de lectura feminista propio, para lo que podéis contar con nuestros recursos y asesoramiento, si es que así lo deseáis.

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Tiempos de swing, de Zadie Smith

Sesión 77 (9 de enero de 2018)

Zadie Smith (Londres, 1975-  )

Tiempos de swing / Zadie Smith. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 432 p.

“Ambientada desde los años ochenta hasta la actualidad en Londres, Nueva York y Africa Occidental, cuenta la historia de dos íntimas amigas, ambas hijas de matrimonios mixtos, que crecen en el heterogéneo y multirracial barrio de Willesden, en el norte de Londres. Se conocen en la infancia, unidas por el sueño de llegar a ser algun día bailarinas, pero solo una de ellas, Tracey, tiene talento. La otra, la narradora, tiene inquietudes, que a lo largo de los años la conducirán muy lejos, más de lo que nunca habría podido imaginar. La amistad entre las chicas es recíproca y verdadera pero difícil y se interrumpe cuando ambas llegan a la veintena, dejando un poso perdurable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro no gustó por igual a todas las componentes del grupo de lectura, o, por decirlo más exactamente, no todas llegamos a terminar el libro en parte porque no nos dio tiempo a ello (tiene 427 páginas y no había muchos días para su lectura) y en parte, quizá, porque no a algunas no terminó de enganchar del todo su lectura.

Dado el interés del texto de Encina, una de las compañeras del grupo, sobre el libro lo reproduzco aquí a modo de comentario del mismo:

“La novela trata muchos temas que nos conciernen social e individualmente: la raza, la familia, la fama, la riqueza y la pobreza, el primer mundo frente al tercer mundo, la responsabilidad individual y colectiva, la amistad y la rivalidad, la maternidad, la adolescencia, la historia, el mundo de las percepciones y las emociones. Casi nada! Son temas muy importantes que, en mi opinión, no quedan del todo bien integrados en la novela quizás por ser demasiado ambiciosa o por la estructura del relato.

Una posible causa de que no me hayan dejado profunda huella temas tan humanos podría residir en la falta de empatía con el personaje de la narradora; ella no tiene nombre, aparece como la amiga, la hija, la asistente, la observadora, pero nunca como ella misma. Sin embargo, los personajes están bien descritos, especialmente Tracy, que creo es el personaje principal, y la figura de la madre, que es muy potente. La figura de Aimee, la estrella de pop, es más borrosa. Y los hombres me parecen bastante débiles frente a las mujeres.

He disfrutado mucho del lenguaje (en inglés), de gran riqueza y maestría. Por ejemplo, la descripción de una amiga de la infancia “es una rubia frágil, con los brazos llenos de cicatrices y que parecía como una gata rota abandonada bajo la lluvia”. Esa niña ya no vuelve a aparecer pero se me quedó grabada su imagen. Tiene muchos otros pasajes memorables, como el de la visita al monumento de Kunta Kinte, cuando dice: ” yo me esperaba algún sentimiento de catarsis que la gente espera encontrar en estos lugares pero no pude convencerme a mí misma de que el dolor de mi tribu estaba únicamente concentrado aquí en este lugar, el dolor estaba tan obviamente en todas partes, y aquí sólo daba la casualidad de que habían colocado el monumento”.

Poco más que agregar; quizá solo un pasaje que me llamó poderosamente la atención pues trata de la iniciación del personaje principal de niña en el sexo (capítulo 14 de la primera parte).

Un libro que está bastante bien pero que, según otra compañera del grupo, no es el mejor de la autora, de la que destaca ‘Sobre la belleza‘. Relacionado con la temática de esta otra novela, señalar aquí la reciente propuesta de la autora de la que ella llama ‘tasa espejo‘, una idea de la escritora contra las exigencias de belleza que puede resumirse en no pasar más quince minutos maquillándose o eligiendo qué ponerse pues exderse sería perder demasiado tiempo.

Sin duda, una autora a la que seguir y dedicarle a sus libros el tiempo que requieran.

Citas del libro

P. 14-15: “… A la mañana siguiente me desperté temprano […] fui rápidamente a la cocina y encendí mi teléfono móvil […] Fui pasando una lista deprimente … Entonces vi uno titulado «PUTA»… El cuerpo del mensaje era una única frase: «Ahora todo el mundo sabe quién eres en realidad.». Parecía una de esas notas que podría mandar una cría de siete años resentida y con una idea implacable de la justicia. Y por supuesto, si puede ignorarse el paso del tiempo, era exactamente eso.

P. 20: “… Según mi madre, eran precisamente esas similitudes superficiales las que concedían tanta importancia al buen gusto. Ella se vestía para un futuro que aún no existía, pero que esperaba conocer…

P.23: “Mi madre era un caso raro […] Tenía un instinto increíble para las convenciones de la clase media. Sabía, por ejemplo, que un rastrillo, a pesar de ese nombre tan poco prometedor, era donde podías encontrar a la gente de más nivel, y también sus viejas ediciones de bolsillo […], pastilleros antiguos de porcelana […]. Nuestro piso estaba lleno de cosas así. Nada de flores de plástico en casa, centelleantes de rocío falso, ni figuritas de cristal. Todo formaba parte del plan. Incluso las cosas que yo detestaba (como las alpargatas de mi madre) solían parecerles atractivas a la clase de gente que intentábamos atraer, y aprendí a no cuestionar sus métodos por más que me avergonzaran...”

P. 67: “… A mí, al volver a casa, mi madre o mi padre siempre me preguntaban cómo había ido el día en la escuela, insistían mucho en eso, no me dejaban tranquila hasta que les contaba algo, así que naturalmente empecé a mentirles. En ese momento les veía como dos niños, más inocentes que yo, a los que me sentía obligada a proteger de la clase de sucesos desagradables que les harían pensar (a mi madre) o padecer (a mi padre) más del a cuenta. Ese verano el problema se agudizó porque la verdadera respuesta a «¿Cómo ha ido hoy en la escuela?» era «En el patio hay una obsesión por meter manos a las niñas»… “.

P. 69: “Resulta raro pensar ahora ahora que entonces todos teníamos solo nueve años. Pero sigo volviendo la mirada hacia esa época con cierta gratitud, porque he acabado por creer que, hasta cierto punto, tuve suerte. Fue el despertar del sexo, sí, pero también fue un momento, en todos los sentidos vitales, donde el sexo en sí no estaba presente, ¿y acaso no es ésa una buena definición de una infancia feliz? No fui consciente ni aprecié lo afortunada que había sido en este aspecto hasta que fui adulta, cuando empecé a descubrir, en más casos de los que habría imaginado, que entre mis amigas, al margen de su condición social, el despertar sexual había sido explotado y viciado por las fechoría de tíos y padres, primos, amigos, desconocidos…

P. 99-100: “descubrí a los hermanos Nicholas, Fayard y Harold: una foto suya abriéndose de piernas en el aire marcaba la entrada de mi habitación […] Supe que habían aprendido por su cuenta, y aunque bailaban como los dioses no habían asistido a clases de danza […] Me empeñé en contagiar a Tracey de mi entusiasmo […] pero ella ya no soportaba ver ni una breve escena de una película en blanco y negro, todo eso la aburría. No era «real»: demasiado depurado, demasiado artificioso. Ella quería ver a un bailarín en escena, sudando, real, no engalanado con sombrero de copa y frac. A mí, en cambio, me atraía la elegancia. Me gustaba el modo en que ocultaba el sufrimiento.

Más sobre el libro

Vídeos musicales relacionados con el libro

  • Ginger Roger y Fred Astaire en Tap Dance
  • Billy Holiday (Lady Day) en Lady Sings the Blues
  • Actuación de los Nicholas Brothers en la película Stormy Weather, de la que Fred Astair comentó que era la mejor escena en un musical que jamás había visto y que ilustra maravillosamente la última cita del libro

Si conoces más vídeos que ilustren el libro estaría muy bien que nos los comentaras…

Más libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

Pulsar en el siguiente enlace.

Los libros del 2017 (y algunos de años anteriores)

libros

Como en años anteriores, hemos hecho nuestra propia lista de libros del 2017, entre los que hemos elegido las lecturas que abordaremos en breve en el grupo de lectura.

Además, hemos querido recuperar algunas obras editadas con anteriodidad a este año que siguen llamando nuestra atención.

La elección de estos libros se ha hecho fundamentalmente por críticas de blogs de libros y revistas y suplementos culturales, recomendaciones de usuarias y usuarios del Centro de Documentación, etc.

LIBROS EDITADOS O REEDITADOS EN 2017

NARRATIVA

Ordenados alfabéticamente:

A la intemperie, de Rosamond Lehmann. Errata Naturae, 2017. 502 p. [Novela]

Más info: http://www.devoradoradelibros.com/2017/02/a-la-intemperie-rosamond-lehmann.html

Cuentos escogidos, de Joy Willians. Seix Barral, 2017 [Relatos]

Más info: http://www.elperiodico.com/es/ocio-y-cultura/20170718/joy-williams-cuentos-escogidos-critica-6176807

El club de los mentirosos, de Mary Karr. Periférica y Errata Naturae, 2017. 517 p. [Novela con aspectos autobiográficos]

Especialmente recomendado por Skolastika.

Mas info: http://www.elcultural.com/revista/letras/El-club-de-los-mentirosos/40403

El color del silencio, de Elia Barceló. Roca, 2017. 477 p. [Novela negra]

Más info: http://www.diariodesevilla.es/ocio/Fantasmas-familiar-Espana-siglo-XX_0_1144685729.html

El cuento de la criada, de Margaret Atwood. Salamandra, 2017. 412 p. [Novela ‘fantástica’]

Obra en la que se basa la serie del mismo título ganadora de varios premio Emmys 2017 a la mejor serie dramática.

Más info: https://elpais.com/cultura/2017/08/07/babelia/1502122118_470162.html

El hijo de todos, de Louise Erdrich. Siruela, 2017. 365 p. [Novela]

National Book Critics Award 2017

Más info: http://elplacerdelalectura.com/blog/resena/el-hijo-de-todos

Intrusión, de Tana French. Alianza, 2017 [Novela negra]

Magistrales escenas de interrogatorio, alta tensión, según Sidecar.

Más info: https://elpais.com/cultura/2017/06/29/babelia/1498734314_010249.html

Nubosidad variable, de Carmen Martín Gaite. Anagrama, 2017. 428 p. [Novela]

Más info: http://cuentatelavida.blogspot.com.es/2010/07/nubosidad-variable-de-carmen-martin.html

La puerta, de Magda Szabó. Debolsillo, 2017. 320 p. [Novela]

Prix Femina Etranger 2003.

Más info: https://elpais.com/diario/2005/04/30/babelia/1114818626_850215.html

Los tiempos del esplendor, de Lidia Jorge. Libros de la Umbría y la Solana, 2017. 204 p. [Relatos]

Más info: https://elpais.com/cultura/2017/11/24/actualidad/1511537531_784927.html

BIOGRAFÍAS. AUTOBIOGRAFÍAS

Apegos feroces, de Vivian Gornick. Sexto Piso, 2017. 195 p. [Autobiografía]

Libro del Año de los Libreros de Madrid 2017.

https://elpais.com/cultura/2017/07/25/babelia/1501001624_234264.html

ENSAYOS

Sabias: la cara oculta de la ciencia, de Adela Muñoz Páez. Debate, 2017. 366 p. [Ensayo]

Más info: http://revistas.um.es/daimon/article/view/305161/222731

 

LIBROS EDITADOS O REEDITADOS CON ANTERIORIDAD AL 2017

Ordenados por año de edición:

La Triunfante, de Teresa Cremisi. Anagrama, 2016. 191 p. [Biografía]

Literatura con mayúsculas según Sidecar.

Vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft. Taurus, 2016. 150 p. [Ensayo]
Estación Once, de Emily St. John Mandel. Kailas, 2015 [Novela]

Prix Mystére de la crítica en Francia 2014

La trabajadora, de Elvira Navarro. Random House, 2014 [Novela]
Frankie y la boda, de Carson McCullers. Planeta, 2013. 239 p. [Novela]
Carmen de Burgos, la Colombine: libre y luchadora, de Alberto Guallart. C&T, 2011. 191 p. [Biografía]
Delirio, de Laura Restrepo. Alfaguara, 2004 [Novela]
El vagón de las mujeres, de Anita Nair. Santillana, 2002 [Novela]
Mi pecado mortal: el voto femenino y yo, de Clara Campoamor. Instituto Andaluz de la Mujer, 2001. 271 p. [Biografía ‘política’]

Para ver más libros recomendados ir a la entrada de anteriores (Los libros del 2016, Los Libros del 2015),a nuestra página Recomiéndanos o al apartado de recomendaciones de la web del Centro de Documentación.Desearos, pues, un año de buenas lecturas, a lo que esperamos contribuir con esta selección de libros de y sobre mujeres.

Canción dulce, de Leila Slimani

Sesión 77 (12 de diciembre de 2017)

Leila Slimani (Rabat, 1981-   )

Canción dulce / Leila Slimani. — Barcelona: Cabaret Voltaire, 2017.– 277 p.

“Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)

fundacion-tres-culturas

Valoración

Nuestra compañera Carmen Jiménez, autora del blog Sevilla Cinéfila -imprescindible para quienes quieran tener información actualizada y crítica de las películas en cartelera, además de otras actividades relacionadas con la Cultura en general que tienen lugar en nuestra ciudad-, hizo en su momento una entrada en su blog cuya lectura recomiendo vivamente pues recoge una completa crónica de la reunión en torno al libro en la que aporta, además, su siempre rica visión del mismo.

Poco que agregar a lo que dice Carmen. Solo destacar algunos comentarios que se hicieron en la reunión que me llamaron especialmente la atención, como que vivimos en una sociedad en la que los caminos de las personas más desfavorecidas pueden llegar a cruzarse con los de las que tienen más formación y poder adquisitivo pero no llegan a tocarse realmente; parece como si viviéramos en mundos distintos. También lo llamativo que resulta que la principal responsabilidad del cuidado de las hijas e hijos pequeños -aunque no se habló del tema, yo aquí agregaría la atención a familiares mayores y/o con enfermedades o limitaciones de algún tipo- recaiga casi invariablemente sobre las mujeres -y el sentimiento de culpa de las mismas si no lo hacen de forma perfecta-, al igual que el cuidado de las niñas y niños ajenos, trabajo al cargo casi en exclusiva de otras mujeres que, en ocasiones, tienen que desatender a su propia familia para ello. Y, como dijo otra compañera, también cabría preguntarse de dónde viene el llamado sentido maternal, si es algo connatural a las mujeres o se trata, al menos en parte, de un mandato patriarcal más.

Desde mi punto de vista, todo se explica con la reflexión de que la nuestra es en una Sociedad Capitalista Patriarcal que divide a las personas en clases y en sexos con distintos derechos y privilegios, y que, en general, parece que mueve a que vivamos para trabajar, más en el caso de las mujeres, que en su mayoría siguen sufriendo la llamada doble jornada laboral. Mención aparte merecería la violencia que este tipo de sociedad conlleva, que en este libro se muestra a su forma más extrema.

Una obra, pues, que yo calificaría de imprescindible para quienes tengan interés en que sus lecturas, además de ser amenas, les sirvan para reflexionar sobre la vida en general y las temáticas de género en particular.

Más información

Muy recomendables, también, las entradas de la Fundación Tres Culturas relacionadas con este libro, cuyo lote fue prestado a nuestro grupo de lectura por su Biblioteca, que tuvo el gran acierto de organizar la presentación de la obra en la sede de la entidad, para lo que contó con la presencia de la autora:

Citas del libro

P. 126 [Sobre Louise, la niñera]: “La soledad actuaba como una droga de la que no sabía si quería prescindir. Deambulaba por las calles, como ida, con los ojos desencajadas hasta hacerle daño. En su soledad, se puso a observar a las personas. A observarlas de verdad. La existencia de los demás se volvía palpable, vibrante, más real que nunca. Escrutaba, en sus menores de talles, los gestos de las parejas sentadas en las terrazas de los cafés. Las miradas furtivas de los ancianos abandonados… Cada día se topaba con compañeros en el infortunio, que hablaban solos, dementes, mendigos.

La ciudad, en aquellos tiempos, estaba habitada por locos.

P. 142-143 [Sobre Wafa, compañera de Louise, en el parque donde están ambas con lxs niñxs que cuidan]: “Ante Louise y su silencio, Wafa habla como si se confesar con un sacerdote o declarara ante la policía […]

Wafa teme envejecer en uno de esos parques. Sentir crujir sus rodillas sentada en esos viejos bancos helados, sin siquiera tener fuerza para levantar a un niño. Alphonse crecerá. No volverá a pisar un parque público en una tarde de invierno. Él irá al sol. Se tomará vacaciones. Quizá incluso algún día duerma en una de las habitaciones del Grand Hotel donde ella daba masajes a hombres. Él, que ella ha cuidado, se hará servir por alguna de sus hermanas o de sus primos, en la terraza, con el suelo de baldosas amarillas y azules.

«Ves, todo gira y todo da la vuelta. Su infancia y mi vejez. Mi juventud y su vida de hombre. El destino es vicioso como un reptil, siempre se las arregla para empujarnos hacia el lado equivocado.»”

P. 144-145: “La vida se ha convertido en una sucesión de tareas, de compromisos, de citas ineludibles. Myriam y Paul están desbordados. Les gusta decirlo, como si ese agotamiento fuera la señal premonitora de su éxito. Su vida se desborda, apenas queda lugar para el sueño, ninguno para la contemplación. Corren de un sitio a otro, se cambian de zapatos en el taxi, toman copas con gente importante para su trabajo. Los dos juntos se han convertido en los jefes de una empresa que funciona, con objetivos claros, ingresos y gastos.

Por toda la casa hay listas que Myriam escribe, en una servilleta de papel, en un post-it o en la última página de un libro. Se pasa el tiempo buscándolas. Teme tirarlas, como si con ello perdiera el hilo de las tareas pendientes…

P. 149 [Sobre Paul]: “… Al convertirse en padre, adquirió unos principios y unas certezas, algo que se había propuesto a sí mismo no tener nunca. Su generosidad se volvió relativa. Sus pasiones se templaron. Su universo había encogido.

P. 158 [Sobre Sylvie, madre de Paul]: “… Con ella no hay normas. No los inunda de regalos inútiles, como hacen los padres, que intentan así compensar sus ausencias…

Para hacer rabiar a su nuera los llama «mis gorriones caídos del nido». Le gusta compadecerse de ellos por vivir en la ciudad, sufrir su incivismo y contaminación. Desearía ampliar el horizonte de esos críos destinados a un futuro de gente correcta, servil y, a su vez, autoritaria. Unos miedicas.”

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Sesión 78 (6 de febrero de 2018)

Vivian Gornick (Bronx, Nueva York, 1935-  )

Apegos feroces / Vivian Gornik. — Madrid : Sexto Piso España, 2017.– 195 p.

“Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija como en Apegos feroces, las memorias de la escritora y activista Vivian Gornick, publicadas ahora por primera vez en español desde que vieran la luz en inglés en 1987.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Calificativos que se le dedicaron a estas memorias en la reunión del grupo de lectura: honesto; con estilo y ritmo; visión de género; feroz; implacable; honesto -otra vez-; complejo; elaborado; atento a los detalles, a los matices; cercano, con vivencias que podrían ser de hoy; muy analítico; bien escrito, belleza en cada frase; expresivo, muy buenas descripciones; con fuerza literaria, psicológica, espiritual; libro feminista; crítica del orden patriarcal…

Yo agregaría que se trata de un libro de una sinceridad feroz.

El libro se centra fundamentalmente en la relación de la autora con su singular madre, mostrando el amor de la hija por la madre pero también su rechazo ante ciertos comportamientos de la misma, la incapacidad de que el amor de la hija llene la vida de la madre, la ausencia de modelos femeninos válidos para la generación de mujeres a la que pertenece la autora -véase la cita de la página 112-, la falta de estímulos de las mujeres de generaciones anteriores a las de la autora que se veían forzadas a centrar sus vidas en el matrimonio y el hogar, la valentía y el esfuerzo de algunas de estas mujeres -como es la madre de la autora- para que sus hijas tuvieran acceso a los estudios superiores que a ellas le habían sido negados, etc.

Y también tienen una presencia importante en el libro las relaciones de la autora con diversas parejas masculinas, a las que en definitiva no parece tener en gran aprecio -ver la cita sobre los hombres de las páginas 129 y 130 en la que se menciona a Mary McCarthy, prestigiosa autora norteamericana de la que en su día leímos el interesantísimo libro El grupo-.

Todo ello mezclando las vivencias del pasado, cuando la autora era niña y la familia vivía en un edificio del Bronx, con los paseos de la madre y la hija en la actualidad -de cuando se estaba escribiendo el libro- por la sugerente ciudad de Nueva York.

En definitiva, un libro fundamental para todas aquellas personas que desean encontrar verdad y vida -con sus luces y sus sombras- en sus lecturas.

Y para muestra abajo se recogen abundantes citas del libro, prolijas sí, y aún así me ha costado elegir pues tenía bastantes más señaladas.

Citas del libro

P. 16: “Mi madre y yo hemos salido a dar un paseo. Le pregunto si recuerda a las mujeres de aquel edificio del Bronx.
-Cómo no -responde.
Le digo que siempre he pensado que la rabia sexual era lo que las hacía estar tan locas.
-Totalmente -afirma…

P. 17: “La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante…

P. 21-22: “El portero y su mujer tampoco eran muy habladores. Nunca se dirigían de primeras a nadie. Eso es lo que conlleva, supongo, ser unos pocos entre otros muchos: te quedas silenciado.

P. 26: “… Sus incesantes comentarios sobre la vida al otro lado de la ventana me permitieron degustar por primera vez los frutos de la inteligencia: sabía cómo convertir el cotilleo en información. Oía una voz elevarse una nota y hacía la siguiente observación: «Esta mañana discutió con el marido». O bajar una nota, y entonces era que «se le ha puesto el niño malo». O interceptaba un diálogo a toda prisa y a partir de él diagnosticaba el enfriamiento de una amistad. Esta habilidad suya me transmitía bienestar y me arrancaba emoción. La vida parecía más plena, más intensa y más interesante cuando mi madre otorgaba sentido a la actividad humana que transcurría en el callejón. Durante aquellos instantes, sentía una conexión viva entre nosotras y el mundo que existía tras la ventana.

P. 26-27: “Así era su existencia: allá en la cocina tenía claro quién era, allá en la cocina se mostraba infatigable pero también se aburría, allá en la cocina se desenvolvía de una forma endiable, allá en la cocina sentía desprecio por sus quehaceres. Se enfurecía por «el vacío de la vida de las mujeres», como decía ella, y al instante se echaba a reír con un placer que todavía resuena en mis oídos al analizar cualquier acontecimiento enrevesado que tenía lugar en el callejón…

P. 33: “El amor que le profesaba a mi padre tenía … propiedades milagrosas: no sólo compensaba el hastío y la ansiedad que sentía mi madre, sino que era la causa de ambos. Incontables frases que tenían que ver con todo lo que le satisfacía en la vida comenzaban igual: «Créeme, si no quisiera tu padre»…

P. 42: “… La gente y sus enseres parecían evaporarse de un apartamento y otros ocupaban si más su espacio. Qué pronto capté la naturaleza circunstancial de la mayoría de los apegos. Al fin y al cabo, ¿qué más daba si al vecino de al lado lo llamábamos Roseman, Drucker o Zimmerman?…

P. 75: “… Mi sitio estaba con mamá. Con ella la cosa estaba clara: me costaba respirar, pero me sentía segura.”

P. 84-87: “… me encontré a Dorothy Levinson por la calle…
Dorothy Levinson. Tan bella que al verla te daba un vuelco el corazón. Ahí estaba, con cincuenta años, delgada, adorable, rebosante de agudo ingenio judío y un cariño que se reflejaba en las arrugas de sus ojos, con una cara tan parecida a la de su madre a esa edad: tierna y bondadosa, levemente desconcertada, levemente triste.”
… ¡Y Davey! ¿No te apetece saber qué es de él? ¡Lo de Davey es prodigioso! ¿A quién se le hubiese pasado por la cabeza que mi hermanito iba a salir tan espiritual!

Si Davey se hubiera marchado de vuestra casa de Essex Street a los dieciocho, hoy en día no sería tan espiritual -dije-. Lo que busca es un modo de ordenar su vida y no posee las herramientas para hacerlo. Por eso se ha vuelto religioso. El hecho de que sea rabino en Jerusalén es un síntoma de lo perdido que está, no de cómo se ha encontrado a sí mismo.

P. 99: “… Todo el mundo sabía que esta mujer no iba a ningún lado, que caminaba por caminar, para sentir el efecto que causaba en la calle. Sus andares acentuaban las carnes ocultas bajo la ropa. Iba declarando: «Este cuerpo tiene el poder de despertar tu deseo»… Los hombres y las mujeres la ansiaban por igual. Era horrible. Yo percibía cómo iba despertando pasiones, peso esas pasiones parecían vinculadas al castigo, no al privilegio. La manera en que la gente la miraba -la crueldad de los hombres, la rabia de las mujeres- me daba miedo. Sentía que se hallaba en peligro. Nettie caminando por la acera se entretejió con la tela de mis primeras angustias.

P. 105: “Mamá y Nettie se pelearon y yo entré en el City College. En la memoria de mis sentimientos ambos sucesos… inauguraron un conflicto abierto, ambos fueron vividos como subversivos y beligerantes… me separó de las dos, provocó y alimentó una vida no compartida dentro de mi cabeza que se convirtió en un acto de traición. Vivía entre los míos pero había dejado de ser uno de ellos.
Creo que esto nos sucedía a la mayoría de los que íbamos al City Collegue. Seguíamos usando el metro, seguíamos recorriendo las calles de costumbre entre clase y clase, seguíamos volviendo a nuestros barrios al acabar el día, hablábamos con nuestros amigos del instituto y nos acostábamos en nuestras camas de siempre. Pero en secreto habíamos comenzado a vivir en un mundo dentro de nuestras cabezas, donde leíamos, hablábamos, pensábamos de una manera que nos diferenciaba de nuestros padres, de la vida doméstica y de la calle…

P. 112: “Sabía que enseñarme a ser una seductora de hombres conllevaba un peligro, pero el peligro no era su campo. Su campo era prepararme para, entre las dos, sacarme el mayor provecho posible en la vida. Huelga decir que si me convertía en la beldad del edificio corría el riesgo de ser violada y de quedarme embarazada, pero así eran las reglas del juego, ¿no? Una chica tiene que ser sensata. Saber dar lo mínimo posible para sacar lo máximo posible…
Pero nada de esto arraigó en mí…. Definitivamente, no era capaz de recordar la forma de vestirme y comportarme eran las herramientas de aquel oficio, instrumentos de futuro provecho, un medio fundamental para lograr la imagen que traería a mi esfera de influencia al hombre que podría proporcionarme tanta vida y mundo como tenía derecho a esperar…
¿No era mi madre igual cuando me decía con cada aliento que exhalaba: «La vida e insoportable sin un hombre al lado»? ¿Y no me estaba diciendo Nettie en realidad: «Lo hombres son un asco pero tienes que cazar uno»?… El mensaje estaba abierto… «Si no consigues un marido, eres tonta». «Si consigues uno y lo pierdes, eres inepta». Sabía, de modo inconsciente, que ésta era una vedad innegociable. Pero era incapaz de prestarle atención…
En aquel momento, había sólo dos cosas que reclamaban mi interés: hablar de libros e ideas en la facultad y excitarme mientras me besaba con Paul, Ralpf o Marty en el portal… Todas nos entregábamos a nuestros placeres. Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujese a la consecución de una vida femenina ideal y corriente…
A pesar de todo, nunca nos libramos de la idea de una vida así y día a día, mes a mes y año tras año, nos sumíamos cada vez más en el conflicto. Era un hecho que cuanto más inseguras nos setíamos, más superiores moralmente nos creíamos. Cada una de nosotras necesitaba sentirse especial, diferente, destinada a un fin superior. Divididas entre nosotras, nos negábamos el apoyo mutuo…

P. 129-130: “Yo no salía por los bares del otro lado de la avenida Shattuck, pero bastante a menudo me las arreglaba para encontrar hombres con esa combinación de vulnerabilidad y fortaleza necesaria para desprender atractivo sexual. Nunca alcanzaba, claro está, la satisfacción plena. En esas relaciones siempre había algo que no funcionaba. Mary McCarthy había escrito acerca de los hombres de los que sus sosias en la ficción se habían enamorado: si eran inteligentes, resultaban poco agraciados; si eran viriles, resultaban estúpidos. Dicha ecuación la interpretábamos, tanto yo como muchas de mis amigas, como un conocimiento ganado a pulso. Citábamos a McCarthy entre nosotras en tono triunfal. Su elegante prosa elevaba nuestra condición desde el nivel de la queja hasta el de verdad inmutable.

P. 134-135: “Stefan y yo regresamos a California y nos dispusimos a conventir en un hogar un piso de cinco habitaciones… Por vez primera comprobamos lo ajenos que éramos el uno al otro. Yo no tenía ni una pizca de espíritu bohemio en mi cuerpo y él no tenía ni una de conformismo. Yo no soportaba la incoherencia en mi entorno físico, él no soportaba una habitación que pareciera acabada. Yo apreciaba la claridad de pensamiento, a él le atraían las revelaciones místicas. Cada día nos traía largos momentos de desdicha de los que tardábamos horas en recuperarnos. Cada noche nos llevábamos a la cama nuestra confusión, nuestro anhelo, nuestra intensidad paralizante. Sólo en contadas ocasiones nos brindaron alivio nuestros cuerpos, y sólo durante apenas una hora. Fue mi primera experiencia de amor sexual como método de catarsis, en la que una se despierta tan sola a la mañana siguiente como se había acostado la noche anterior.

Fue en la cocina donde empecé a comprender el significado de la palabra «esposa». Allí estábamos, una pareja de veinticuatro años: un día éramos una estudiante de doctorado y un artista, y al día siguiente éramos marido y mujer. Antes siempre habíamos puesto juntos sobre la mesa las rudimentarias comidas que tomábamos. Ahora, de pronto, Stefan estaba cada noche en su taller… y yo estaba en la cocina, esforzándome por preparar y servir una comida que ambos pesábamos que debía ser adecuada. Recuerdo pasarme hora y medida preparando algún espantoso plato… para terminar engulléndolo los dos en diez minutos, pasarme después una hora limpiando los cacharros y quedarme mirando el fregadero, pensando: «¿Será esto así durante los siguientes cuarenta años?».

P. 174: “Joe y yo alzamos nuestras copas. Todos bebimos. Joe peroraba mientras mamá y yo emitíamos los sonidos femeninos convenientes («¡Qué maravilla!», «¿De verdad?», «¡Es estupendo!»)…

P. 180: “-Dices eso porque te has pasado la vida entre gente que considera el matrimonio primordial. Las humillaciones que los hombres y las mujeres soportan dentro del matrimonio son menos importantes para vosotros que el matrimonio en sí…

P. 185: “Un peso triste y callado se cierne sobre mi madre aquella noche. Hoy está muy guapa -su cabellos suave y blanco, su piel suave y lisa, el cutis marchito que vuelve a resplandecer-, pero los años se arrastran en su interior y en sus ojos veo el desconcierto, el persistente desconcierto.
-Toda una vida pasada -dice con voz queda.
Mi dolor es tan grande que no me atrevo a sentirlo.
-Exacto -digo sin énfasis-. No vivida. Sólo pasada.
La blandura de su rostro se endurece y se le marcan los rasgos. Me mira y, con voz apesadumbrada, dice en yiddish:
-Eso vas a escribir: «Desde el comienzo ya estaba todo perdido».

Más sobre el libro

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Tea rooms: mujeres obreras, de Luisa Carnés

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Luisa Carnés (Madrid, 1905-1964)

Tea rooms: mujeres obreras / Luisa Carnés ; epílogo de Antonio Plaza.– Gijón : Hoja de Lata, 2016.
248 p.– (Sensibles a las letras ; 24)

“Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una ‘chica moderna’. Únicamente Matilde tiene ese espíritu revoltoso que se plantea una existencia diferente. Todas trabajan por un salario de hambre y una absoluta falta de expectativas. Están acostumbradas a callar: frente al jefe, frente al marido, frente al padre. Su vida se traduce en esta reflexión de Matilde: “Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas”. Autora sinsombrero de la Generación del 27, Luisa Carnés escribió esta portentosa novela social rompiendo los esquemas narrativos de la época. Una voz fundamental para acercarnos a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo XX.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Las asistentes a la reunión en torno a este libro estimamos que el mismo era absolutamente pertinente para un grupo de lectura como el nuestro, especializado en mujeres y género. Con ello no limitamos, por supuesto, el interés de la obra, ya que su lectura ilustrará de forma amena a todas las personas que quieran conocer el ambiente previo a la Guerra Civil española, con el interés añadido de mostrar la realidad social de la época desde una mirada de mujer, cosa nada habitual en los tratados de historia al uso.

Y es que se trata de una obra llena de realidad, entre otros motivos por estar basada en experiencias reales de la autora, como recoge Carmen Peire en su crónica sobre esta novela en Infolibre (23 de marzo de 2017):

La novela fue escrita entre agosto de 1932 y febrero de 1933… y obedece a un momento de la escritora que, aunque ya había ejercido de periodista y publicado algunos cuentos en los periódicos, tiene que ponerse a trabajar de nuevo como camarera por la falta acuciante de dinero. De esa experiencia sale Tea Rooms. Es por tanto una novela basada en una experiencia vital, que es abordada como una novela social en que nos muestra a diferentes personajes femeninos y en que la protagonista, acaso un alter ego de Luisa Carnés, se llama Matilde.

Abundando en el tema, citar lo que afirma Antonio Plaza en el epílogo del libro de que estamos antes una novela-reportaje, es decir, una novela que habla de la realidad del momento en que se está escribiendo pero presentada en forma de ficción. Esto no le quita calidad literaria a la obra, sobre la que alguna compañera comentó lo bien que presenta a los personajes y las circunstancias personales que les llevan a pensar y actuar como lo hacen.

Desde un punto de vista personal decir que lo primero que me llamó la atención del libro fue su título, cómo en el mismo se juntaba ‘tea room‘ con la denominación de ‘mujeres obreras’, aunque leyéndolo esta combinación ‘semántica’ cobra todo el sentido, ya que el hecho de que los personajes de la obra trabajen en un medio tan amable como podría ser, en principio, un salón de té, esto no hace que sus condiciones laborales sean mejores que las de las obreras de un taller o una fábrica de la época.

Eso mismo me había pasado que con el libro ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún (por qué ‘en la revolución’ y no ‘en la guerra civil’, me pregunté en su momento, si bien lo comprendí perfectamente al ver qué poca gente desde posiciones, en principio, republicanas se había enfrentado al conflicto con intenciones puramente de defensa de la democracia parlamentaria), otra novela que ilustra maravillosamente sobre nuestro pasado reciente, a la que, por cierto, la obra que ahora nos ocupa complementa a la perfección pues hace si no justificar sí al menos entender el enconamiento, a veces nada racional por decirlo de forma suave, del pueblo contra la burguesía explotadora.

Otra cosa que puede, en cierto modo, sorprender del libro es su calidad literaria -anteriormente mencionada-, dado que estamos hablando de una autora sin estudios reglados, formada a sí misma ya de joven robándole tiempo a las pocas horas de descanso que le permitían trabajos de horarios demenciales y, por supuesto, de muy escasa remuneración. Una biografía, pienso, que muestra un gran paralelismo con la de otra mujer excepcional de la misma época insuficientemente reconocida, en mi opinión, como es Clara Campoamor, de la que pronto leeremos su obra ‘Mi pecado mortal: el voto femenino y yo‘, disponible también en nuestro Centro de Documentación como lote para grupos de lectura.

Y, cómo no, sorprende que no hayamos conocido a esta autora fundamental hasta hace apenas un año o dos, lo que demuestra el largo olvido en el que cayeron tantas personas excepcionales exiliadas tras la guerra ‘incivil’ española, más todavía en el caso de que las mismas fueran mujeres.

En definitiva, un libro que nos acerca a nuestra historia reciente, todavía -aunque pueda parecer lo contrario- insuficientemente conocida, mostrándonosla desde una perspectiva de mujer y de clase -a veces un poco sectaria, hay que decir-, como ilustran muy bien las citas que se recogen a continuación. Totalmente recomendable su lectura, pues.

Citas de la obra

P. 21-22: “…La mujer rica desea el estío, que le permite cultivar su fina desnudez. La pobre lo teme. La pobre ve con temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella. La mujer pobre ama el invierno, aunque el agua le entumezca los pies. En el invierno, la gente camina deprisa -cada uno a lo suyo-. Hace demasiado frío para fijarse en los demás. Llueve demasiado para detenerse a contemplar una pierna bonita. Y la muchacha modesta no se ve constreñida a caminar salvando el buen equilibrio de un zapato torcido. El invierno enerva los miembros y agrieta las manos desnudas, pero la mujer pobre lo prefiere al estío y a la primavera porque ante todo tiene un sexo y un concepto de la feminidad, que cultiva como la mujer rica su fina desnudez en las playas cosmopolitas.

p. 77 [Sobre Matilde]: “… Piensa en su situación. Que apenas ha cambiado… Su concepto de la vida no ha sufrido variación; al contrario. Su definición de la sociedad: «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior», se ha consolidado.

No se llega a una definición tan concreta sin una larga experiencia de la humillación y el dolor; sin antes haber tocado, haber sopesado el valor de cada una de estas dos mitades…

p. 130-131: “… Matilde ha visto de cerca, ha «tocado» la tragedia del hogar, la «felicidad», «la paz» del hogar cristiano, tan preconizado por curas y monjas. El marido llega a él cansado de trabajar -cuando hay trabajo-. Allí hay unos chiquillos que gritan, que lloran, y una mujer mal vestida y gruñona, que ha olivado hace años toda palabra agradable y cuyas manos huelen insoportablemente a cebolla… «… yo no puedo hacer más. Estoy todo el día hecho un burro». «¿Y yo no trabajo? ¡Pero como no traigo dinero!». El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas… y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, el embrutecedor trabajo doméstico.

Por lo demás, el marido también dice que no puede con tanto trabajo, y la esposa repite hasta el cansancio que está «todo el santo día hecha una mula». Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de «aguantar tíos». Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes… En los países capitalistas, particularmente en España, existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.

P. 198-199: “Ante una fábrica de galletas se ha congregado un grupo numeroso de hombres y mujeres. A la puerta de la fábrica hay una camioneta, de la que unos mozos descargan cajones vacíos. Sobre uno de los cuales se ha encaramado una mujer. Que habla y hace gestos expresivos… Se expresa con torpeza, pero con un entusiasmo y sinceridad indescriptibles.

Voy a ser breve y clara. Es necesario que las compañeras de trabajo que no estén asociadas se asocien inmediatamente; que no permanezcan cruzadas de brazos en estos momentos de prueba para la clase trabajadora; que se una al movimiento y a la lucha de nuestra clase, la clase de los oprimidos. Ha pasado el tiempo en que se consideraba ridículas y hombrunas a las mujeres que se preocupaban de la vida social y política del mundo. Antes creíamos que la mujer solo servía para zurcir calcetines al marido y para rezar. Ahora sabemos que los lloros y los rezos no sirven para nada. Las lágrimas nos levantan dolor de cabeza y la religión nos embrutece, nos hace supersticiosas e ignorantes. Creíamos también que nuestra única misión en la vida era la caza del marido, y desde chicas no se nos preparaba para otra cosa; aunque no supiéramos leer, no importaba: con que supiéramos acicalarnos era bastante. Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes de pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política y social. Lo sabemos porque muchas hermanas nuestras han sufrido persecuciones y destierros…

P. 202-203: “… Pero Laurita no ha leído mas que novelas frívolas y argumentos de films. La perspectiva de un hijo ilegal entre los brazos la ha trastornado, empujándola al crimen y al suicidio inconsciente. La muerte de Laurita cae sobre la espalda de la sociedad.

Tampoco vendrá Marta. Marta anda por ahí, envuelta en su abrigo costoso, perfumada. En una hora indeterminada la acechan la sífilis y el hambre. También el caso de Marta atañe a la responsabilidad social, a la religión, que hace mujeres tímidas, lloronas e indefensas para la vida…

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Franziska Linkerhand, de Brigitte Reimann

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Brigitte Reimann (Burg, Alemania, 1933-1973)

Franziska Linkerhand / Brigitte Reimann ; traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur.– Madrid : Errata Naturae, 2016.– 678 p.– (El pasaje de los panoramas)

Además de una apuesta vital arrebatada y una singular his­toria de amour fou, Franziska Linkerhand despliega un mundo desaparecido: el de la República Democrática Alemana. En un país aún en construcción, Franziska, joven arquitecta que proviene de una prestigiosa familia de editores, afronta su pri­mer trabajo lejos de la gran ciudad y también de los suyos. En esa especie de desierto que es Neustadt (literalmente ‘nueva ciudad’), no sólo se enfrentará a sus deseos de sintetizar ‘el hoy y el mañana, la desangelada construcción en bloques y la calle jubilosa y viva, lo necesario con lo bello’, sino también a los ecos de su pasado: su niñez, el dramático final de la gue­rra, las historias de su abuela sobre otra época más hermo­sa, su primer amor, su matrimonio fracasado…

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Esta novela gustó a algunas componentes del grupo de lectura pero a muchas otras no: quizá porque el personaje principal no atrajo suficientemente a la mayoría, quizá porque trata de una historia que nos resultaba un poco lejana, quizá porque tiene una forma un poco enrevesad de escribir y enlazar personajes y acontecimientos…

Lo cierto es que no es una novela fácil de leer y que cuesta meterse en la historia. Con un principio -según mi punto de vista- especialmente poco prometedor:

Ay, Ben, Ben, ¿dónde estabas hace un año, o hace tres? ¿Qué calles recorriste, en qué ríos te bañaste, con qué mujeres te acostantes? ¿Repites sólo un gesto rutinario al besare la oregja o la parte interior del codo? Me muero de celos… El presente me da miedo…

Y una continuación un poco ‘liosa’ lo que hace que cueste un poco empezar a conocer a los personajes y las circunstancias de los mismos.

Pero una vez que consigues meterte en la novela la recompensa es grande porque da acceso al conocimiento de un lugar y una época crucial en el desarrollo de Europa y por la historia vital que cuenta, al estar protagonizada por una mujer de clase media enfrentada a sus contradiciones de burguesa en una sociedad ‘socialista’ y de gran profesionalidad en su trabajo -arquitecta de vocación- , por citar algunos de los aspectos de que trata el libro.

Y fueron precisamente las reflexiones en la obra en torno al urbanismo y sobre cómo deben ser las viviendas y las ciudades para que sean realmente habitables uno de los temas que más interesó a las pocas componentes del grupo que consiguieron avazar y llegar, en algunos casos, al final del libro.

En cualquier caso, la opinión generalizada del grupo dista mucho de lo recogido por Devoradora de Libros en la entrada sobre el libro en su blog, cuya lectura recomiendo vivamente para hacerse una idea global y a la vez detallada sobre la autora y específicamente sobre esta obra suya, a la que califica de ‘colosal’.

Citas de la obra

P. 55-56: “Por la noche la despertó un dolor desconocido, que clavaba agujas romas en su espalda infantil, y encontró una manca de sangre en la sábana. […] La pobre niña se pasó una hora acuclillada en el baño, sobre las frías baldosas de la pila […] «Me han cogido», pensó Franziska, presa de un ataque de pánico. Se sintió capturada y entregada al círculo de las mujeres, a su ciclo, que las sometía a la luna, y a su tiovivo de obligaciones, que las forzaba a limpiar cada mañada el insidioso polvo inexpugnable de los muebles, a sumergir cada mediodía la vajilla grasiente en el agua caliente; a llevar consigo durante nueve meses, roída por las arcadas, un cuerpo extraño que se alimenta de sus jugos, de su sangre, a aullar en una sala de partos -y aturdida por la perspectiva de un proceso bárbaro, se quedó mirando su pequeño vientre aceitunado, que le pareció ya más abombado que ayer, y gimió-. «Un recipiente», pensó, «me he convertido en un recipiente».

P. 84: “Sólo más tarde, ya en la Escuela Superior, tras ser yo misma herida y humillada, comprendí por qué [su hermano mayor] desconfiaba de sí y se sentía culpable: pagábamos así los pecados de nuestros padres. […] Leyó El Capital por ser el trabajo de un científico que argumentaba, desmostraba, deducía con lógica; el socialismo era para él una ciencia exacta como la física, y los artículos de fe y los sentimientos nebulosos estaban fuera de lugar en ella… En fin, si quieres oír mi opinón: el pobre pelirrojo tiene demasiada poca fantasía, no ve que un poco de magia y de vudú forma parte del juego, porque el hombres no sabe arreglárselas sin fe, amor, esperanza, ni la investigación más exacta sin cábalas y especulaciones -a toda frómula le ha precedido un sueño-.

P. 85: “… ¿Sabes lo que pienso hoy? Teníamos que convenciarnos una y otra vez de que habíamos elegido bien, que nos habíamos pasado al mejor de los mundos […]

Oh, no, no ocurrió nada dramático […] Sospechas, pullas, una estúpida guerra de guerrillas por un libro (y es que, claro, teníamos un gusto decadente) […] nuestras cuitas: pupas de intelectuales…

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