Archivo de la categoría: Violencia de género

Madre de leche y miel, de Najat El Hachmi

Sesión 88 (2 de abril de 2019)Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979-)

Madre de leche y miel / Najat El Hachmi– Barcelona : Destino, 2018.– 380 p.

“Madre de leche y miel narra en primera persona la historia de una mujer musulmana del Rif, Fátima, que ya adulta, casada y madre, deja atrás a su familia y el pueblo donde ha vivido siempre, y emigra con su hija a Cataluña, donde lucha para tirar adelante. En esta historia se narran las dificultades de esta inmigrante, además del desajuste entre todo lo que ha vivido hasta ahora, y en lo que creía, y este nuevo mundo. También se narra su lucha para tirar adelante y dar un futuro a su hija. Articulada como un relato oral en que Fátima vuelve al cabo de los años de visita a la casa familiar y cuenta a sus siete hermanas todo lo que ha vivido.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)fundacion-tres-culturas

Valoración

A esta autora tuvimos el placer de conocerla en persona en la Fundación Tres Culturas, donde vino invitada por el club de lectura de su Biblioteca [fotos de recuerdo al final de la entrada]. Allí nos enteramos, por ejemplo, de que escribe en catalán y de que por ahora no ha sido ella quien se ha encargado de las versiones en castellano de sus obras.

Respecto a este libro en concreto, hubo división de opiniones en la reunión de nuestro grupo de lectura. Aunque la obra nos había interesado en general por sus personajes principales y su temática, a algunas se nos había hecho un poco pesada y pensábamos que se podría haber aligerado de algunas páginas. Algo difícil, quizá, dado el estilo de relato ‘oral’ en los capítulos en que Fatima, la madre marroquí protagonista de la historia, le cuenta a sus hermanas las vicisitudes pasadas y cómo consiguió salir adelante en Cataluña, donde había emigrado con su hija pequeña desde el Rif en busca de un marido que se había ido anteriormente allí y que no daba señales de vida. Para tan largo viaje Fatima apenas contaba con medios materiales ni humanos ya que, por ejemplo, era analfabeta y no tenía conocimiento alguno de la lengua y la cultura del lugar de destino.

En cualquier caso, decir que la obra refleja muy bien la difícil vida a la que se enfrentan en el país de acogida (!?) las personas inmigrantes, más cuando estas son mujeres, sin formación ni contactos, y para colmo son árabes, es decir, de una cultura muy diferente a la nuestra aunque geográficamente apenas haya distancia entre nuestros respectivos países. Por señalar algo ventajoso para las mujeres en esta situación, decir que aquí pueden gozar de más libertad que en su país de origen, de cultura más acusadamente patriarcal, por decirlo suavemente. Por ejemplo, la protagonista de la novela consigue finalmente un trabajo medianamente aceptable en una fábrica y con ello una autonomía económica que, seguramente, no habría conseguido en su tierra, si bien hasta llegar a una situación laboral digna antes tiene que pasar por gran cantidad de trabajos precarios. Curioso, por cierto, que al final decida irse de la fábrica cuando a la misma van llegando trabajadores árabes, por los que se siente observada y ‘controlada’, tal como lo sería en su propio país.

En la primera parte de narración, que transcurre en Rif, es muy bonito ver las tiernas relaciones familiares entre hijas, madres y abuelas. Lo que no impide que se muestre cómo las mujeres están allí sometidas a una cultura en la que la violencia machista es algo común y corriente, dado que estas son consideradas como personas de segunda categoría con las que se puede hacer lo que se quiera, incluido someterlas a abusos sexuales y/o maltratos físicos. Y no siempre cuentan con la solidaridad de otras mujeres, como sería lo esperable. Dicho todo esto, lógicamente, con carácter general.

Hablando de las relaciones familiares entre mujeres, en el libro también conforta ver cómo muchos conocimientos básicos para la vida son transmitidos por las madres en la mayoría de las culturas y de las familias. Entre las cosas que pueden resultar un poco chocantes en el mismo mencionar el tono de tragedia con que es relatada la retirada del pecho de su madre a una hija motivada por el nacimiento de un nuevo bebé; o que quizá pueda resultar un poco impostada la pasión sexual de Fatima hacia su marido, ya que este no da la impresión de preocuparse por la satisfacción de su joven esposa a ningún nivel. Una cosa simpática es conocer que el amor a las hijas e hijos en el Rif lo sitúan metafóricamente en el hígado en vez de en el corazón, como sucede por estos lares. Y algo también triste es ver el desgarro -que ya hemos conocido en otras obras de diversas culturas- de las madres que han luchado para que sus hijas tengan una formación que ellas no han tenido la oportunidad de adquirir y que con el tiempo esto les supone el extrañamiento y alejamiento vital de sus hijas, más cuando, como es el caso, madre e hija viven en contextos mentales culturales diferentes.

En definitiva, la obra parece tratarse de un homenaje de la autora a su madre y a tantas otras mujeres que emigraron o que lo siguen haciendo -o intentando- hoy en día para conseguir una vida mejor, también para sus hijas e hijos, aunque para ello tengan que pasar por peligros, sacrificios y trabajos sin fin. Un homenaje muy merecido al que también nos queremos sumar desde aquí.

Citas

P. 63: … Invocaba a mi madre, a su madre y a su abuela y a todas las mujeres que nos han precedido, y les pedía fuerzas para aguantar aquel momento…

P. 69: … Fátima mía eran dos palabras que la envolvían con los brazos de su padre y la niña se paraba a reflexionar sobre el hecho de que unas simples palabras, que le llegaban a los oídos sin tan siquiera tocarla, le hicieran sentir una calidez como sea… Las palabras duran más que las cosas, se decía ella…

P. 98: … En general toda mujer que se opusiera deliberadamente a lo establecido era considerada una cualquiera…

P. 99: … Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada no servía para nada…

p. 122: … Me recordé a mí misma por qué había llegado allí. Que había ido a encontrar mi sitio, mi hogar, pero que este me había rechazado. Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo mi madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus propios pies que por algo tienes un buen par.

P. 182: … La voz de su madre […] era a buen seguro lo que más extrañaría.

P. 196-197: … Cuando le conté a Latifa lo que habíamos encontrado al llegar aquí, no sabéis cómo sufrió por mi, se puso tanto en mi piel que pensé que de un momento a otro se quedaría sin aire. Pero después, cuando le conté cómo había decidido levantarme sobre mis propios pies y convertirme en el padre de mi hija, en un hombre, le pareció un milagro de Dios. El hígado es el hígado, me dijo, solo los que han sufrido saben lo que es.

P. 253: Y sí que es lo mismo, hermanas, entonces no lo sabíamos, pero los hombres son iguales en todas partes. Yo me fiaba de los cristianos porque veía que no se excedían con las mujeres. Si los mirabas a los ojos ellos no pensaban que querías algo, y en absoluto te decían nada ni te seguían por la calle. Pero también has de tener cuidado con ellos porque son como los demás.

p. 261: … era aferrarse a Mohamed, ser en el otro…

P. 267: … Es mi hijo, me ha salido del vientre. Pero las leyes d ellas madres en nada se parecen a las del gobierno…

P. 273: … El incidente de aquel hombre de las manos heladas me hizo revivir el miedo antiguo que llevamos las mujeres en el cuerpo…

P. 277: … ¿Os acordáis de que os dije que me contaba tantas cosas al principio? ¿Que casi todo lo que aprendí de aquel nuevo mundo me lo explicó ella? Pues de pronto se calló, ahora apenas le podía sacar una frase completa…

P. 311: … Vosotras no podéis entenderlo, aquí las cosas son diferentes, las jóvenes son de las madres hasta que son de su marido, de su madre al marido, pero allí las mujeres hacen lo que quieren, pueden ganar dinero trabajando y entonces no le han de dar explicaciones a nadie.

P. 340: … Sentí mi cuerpo invadido por espasmos, por nudos de hacía muchos años, de dolor, de sufrimiento, de cosas que yo no recuerdo pero mi cuerpo sí…

P. 368: … Se echa tanto de menos al paisaje como a las personas…

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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Galería de fotos del encuentro con la autora en la Fundación Tres Culturas

Finalmente, aquí están las fotos mencionadas de componentes de nuestro grupo de lectura con la joven autora catalana-marroquí, tomadas en la reunión que mantuvimos con la misma el martes 29 de enero de 2019, conjuntamente con el club de la Fundación Tres Culturas, gracias a la amable invitación de la responsable de la Biblioteca de dicha entidad, que también aparece con nosotras en las imágenes.

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Sesión 83 (6 de noviembre de 2018)Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939)

El cuarto de la criada / Margaret Atwood. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 6ª e.– 412 p.

“Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres…

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Hace ya un tiempo que teníamos gana en el grupo de leer esta novela -publicada originalmente en 1985-, entre otras cosas por la popularidad que ha alcanzado en los dos últimos dos años gracias a la emisión de la multigalardonada serie de televisión basada en la misma.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, se trata de una obra de ciencia ficción distópica en la que mujeres en edad y condición de procrear son esclavizadas para ser utilizadas con dicho fin por parejas ‘pudientes’ no fértiles.

Con este argumento parece, pues, que nos encontramos ante una novela claramente ‘feminista’, si bien la propia autora aclara en la introducción de la obra que “Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro…En ese sentido, muchos libros son «feministas».”

Compartimos, pues, lo dicho por la autora, subrayando el hecho de que en la obra las mujeres no solo son importantes sino que son las protagonistas fundamentales de la trama, que se basa precisamente en una capacidad exclusiva del género femenino como es la de traer descendencia al mundo, algo que, paradójicamente, en vez de haber supuesto importantes beneficios para las mujeres, se ha usado a lo largo de la historia en su contra, desde las situaciones extremas que plantea esta distopía hasta otras más sutiles como el sostener que las mujeres donde están mejor es en su casa al cuidado de sus criaturas, incluso en los casos en que esto les suponga una dependencia económica absoluta y la dificultad, si no la imposibilidad, de incorporarse al trabajo remunerado pasada la época de crianza. Además de extender este rol de ‘cuidadoras’ al servicio del resto de la familia, incluyendo al marido o compañero y a las personas mayores y/o discapacitadas de la unidad familiar. Un trabajo, cómo no, sin remuneración económica, como bien argumenta la profesora y activista feminista italiana Silvia Federici.

Nos encontramos, pues, ante una obra de ciencia ficción que basa su argumento en una de las raíces del patriarcado -intuyo que la principal-, régimen que busca la sumisión de las mujeres en pos de unos servicios a la comunidad que le son ‘naturalmente’ (?!) propios y para lo que el sector dominante cuenta con otras mujeres como cómplices para adoctrinar y/o aprovecharse de las que están en una posición más débil, mujeres cómplices que previamente han sido víctimas, a su vez, de adoctrinamiento para que vean estas situaciones de inferioridad femenina como ‘normales’, ‘naturales’.

Se menciona esto porque la novela muestra lo que podríamos denominar como falta de ‘sororidad‘ entre la mayoría los personajes femeninos que aparecen en ella, siendo curioso que esta palabra, divulgada bastante más tarde por la antropóloga mexicana feminista Marcela Lagarde, sale ya en este texto de 1985 como una propuesta de Luke, pareja inicial de la protagonista, como equivalente femenino al de ‘fraternidad’ (véase cita de las páginas 34 y 35).

Cosas que se dijeron en la reunión sobre la obra:

-Magnífica, en su contención

-Conmovedora

-Aterradora, terroríficamente actual (véase, si no, las ideas defendidas por líderes políticos actuales de dentro y fuera de nuestras fronteras)

Una compañera, no obstante de haber expuesto con anterioridad que la obra le había llegado profundamente, comentó que le extrañaba que en la misma la autora no hubiera aprovechado para argumentar cómo es precisamente el capitalismo, y las dificultades que el mismo supone a la hora de ser madre, el causante principal de la baja tasa de maternidad de las mujeres en la actualidad (en el texto se habla de ‘pereza’ de las mujeres -véase la cita de la página 164-, pero nada se dice de en este sentido).

En fin, se puede decir que en general pensamos que estamos ante una obra de ‘aterradora’ actualidad, que además de con las políticas retrógradas y contra las mujeres que algunos sectores de la sociedad pretenden imponer, se puede enlazar con otro tema tan del momento como es el de la maternidad subrogada, que está dando lugar a la creación de granjas de mujeres en países pobres para tener un mercado de bebés disponible que dé respuesta a la demanda de los países ricos.

Decir también que la obra crea un universo onírico de una estética inquietante, basado en gran medida en unas vestiduras femeninas recatadas y estereotipadas según la posición en la sociedad, procedentes de la iconografía religiosa occidental según explica la autora en la introducción de la obra, un texto verdaderamente interesante, donde además de sobre el carácter feminista o no de la novela, Margaret Atwood también clarifica la posición de la misma respecto de la religión o sobre si se trata o no de una predicción del futuro que nos espera.

En la parte menos positiva, comentar que alguna de las componentes del grupo de lectura sostuvieron que la obra no estaba a la altura de otras del género (como por ejemplo ‘1984’, de George Orwel, o ‘Un mundo feliz’, de Aldoux Husley, si bien estamos hablando de cumbres de este tipo de literatura) y que quizá en algunos momentos la lectura se puede hacer un poco tediosa, sobre todo para quienes no nos declaramos seguidoras de la literatura fantástica. Apostillar también que algunos comentarios que expresa la protagonista de la obra más que en su propia voz suenan como en la voz de la autora, lo cual puede resultar un poco chocante (ver citas de las páginas 114 y 314).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior, como se puede deducir del resto de los comentarios recomendamos vívamente la lectura de esta novela, también a modo de vacuna ante la que se ha demostrado falsa creencia de que todos los derechos de las mujeres han sido logrados de forma permanente y definitiva por la sociedad occidental.

Y es que ya lo decía Susan Faludi cuando publicó ‘Reacción: la lucha declarada contra la mujer moderna‘ (1991) que la lucha de las mujeres por su liberación se asemejaba al hecho de limpiar el polvo, que cuando lo llevas a cabo piensas que se trata de una tarea superada definivamente pero al poco tiempo compruebas que el polvo se ha depositado de nuevo sobre los muebles y tienes que empezar a limpiar de nuevo.

Habrá, pues, que seguir trabajando por el establecimiento real y efectivo de los derechos de las mujeres y la consolidación de los mismos de nuestro entorno inmediato. Y practicar la sororidad en nuestro entorno inmediato y dentro y fuera de nuestras fronteras.

Citas de la obra

P. 34-35: Confraternizar significa comportarse como con un hermano. Me lo dijo Luke. Dijo que no existía ningún equivalente de comportarse como una hermana. Según él, tenía que ser sororizar, del latín…

P. 52: En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.

Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño… No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema… Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.

P. 65: Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.

P. 94: Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobres otras mujeres… La noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.

P. 114: Este lavabo era para los chicos… Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público. ¿Para qué? ¿Tiene algún propósito tranquilizador? La ostentación de un distintivo común a todos ellos, que les hace pensar que todo está en orden, que están donde deben estar. ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres? Cierta manera de desabrocharse, de abrir la entrepierna despreocupadamente. Como cuando los perros se olisquean.

P. 115: … Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.

P. 124 [Defred sobre Serena Joy, la esposa del comandante en cuya casa ‘sirve’]: Incluso a su edad experimenta el deseo de adornarse con flores. Es inútil, le digo mentalmente..., ya no puedes usarlas, te has marchitado. Las flores son los órganos genitales de las plantas; lo leí una vez en alguna parte.

P. 133: … Él tiene algo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.

P. 124 [Habla la madre de Defred]: Vosotros los jóvenes no sabéis apreciar lo que tenéis… No sabéis por lo que hemos tenido que pasar para conseguir que estéis donde estáis. Ahí lo tienes, pelando zanahorias. ¿Sabéis cuántas vidas de mujeres, cuántos cuerpos de mujeres han tenido que arrollar los tanques para llega a esta situación?

P. 164: Por supuesto, algunas mujeres creían que no habría futuro, pensaban que el mundo estallaría. Es la excusa que ponían, dice Tía Lydia. Sostenían que carecía de sentido tener descendencia. A Tía Lydia se le dilataban la fosas nasales: cuánta perversidad. Eran unas perezosas, añadía. Unas puercas.

P. 301: Les hemos dado más de lo que les hemos quitado, dijo el Comandante. Piensa en los problemas que tenían antes. ¿Acaso no recuerdas los bares para solteros, la indignidad de las citas a ciegas en el instituto o la universidad? El mercado de la carne. ¿No recuerdas la enorme diferencia entre las que conseguían fácilmente un hombre y las que no? Algunas llegaban a la desesperación, se morían de hambre para adelgazar, se llenaban los pechos de silicona, se hacían recortar la nariz. Piensa en la miseria humana.

P. 309: … Cuanto más difícil nos resultaba amar al hombre que teníamos al lado, más nos empeñábamos en creer en el Amor, abstracto y total. Siempre esperábamos una encarnación. Esa palabra hecha carne.

Y en ocasiones ocurría, por una vez. Esa clase de amor viene y se va, y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas: Yo te amaba, y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada, porque era una tontería, algo sorprendente y precario….

P. 316: … Sin embargo, hay algo seductor en esta prenda, encierra el pueril atractivo de engalanarse. Y sería tan ostentoso, una burla a las Tías, tan pecaminoso, tan libre… La libertad, como todo lo demás, es relativa.

P. 323-324: … Tal vez ha alcanzado ese estado de intoxicación que, según se dice, inspira el poder, ese estado que hace que algunos se sientas indispensables y crean que pueden hacer lo que les venga en gana.

P. 324 [Defred habla con el comandante en cuya casa ‘sirve’]:

-Creía que esas cosas estaban prohibidas -comento.

-Oficialmente, sí -reconoce-; pero, al fin y al cabo, todos somos humanos.

-¿Y eso qué significa?

-Significa que es imposible escapar a la naturaleza -asegura-. En el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad. Es lógico, forma parte de la estrategia de la procreación. Es el plan de la naturaleza…

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Del color de la leche, de Nell Leyshon

Sesión 71 (4 de abril de 2017)

Nell Leyshon (Somerset, Inglaterra, 1962- )

Del color de la leche / Nell Leyshon ; prólogo de Valeria Luiselli ; traducción de Mariano Peyrou.– 9ª ed.– Coyoacán [México] ; Madrid : Sexto Piso, 2016.– 174 p.– (Narrativa Sexto Piso)

“Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver sólo un montón de rayas negras en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.”

Valoración

Lo primero que se me ocurre decir de este libro es que se lee como quien bebe un vaso de agua. Esto más o menos fue lo primero que comentamos las asistentes a la reunión en torno al mismo, todas de acuerdo en que nos había encantado su lectura, cosa que no suele ser muy habitual.

Y es que la obra es simple y compleja a la vez, de una simplicidad compleja, podríamos decir: simula estar escrito con los escasos recursos literarios de una joven campesina que ha aprendido a leer y escribir recientemente y sin embargo el interés no decae un solo momento.

Con la gran virtud de que, como comentó una compañera, da voz a un tipo de personaje sin presencia de primera mano en la historia de la literatura por la sencilla razón de no haber tenido nunca la oportunidad de acercarse a la cultura escrita por el analfabetismo ancestral de su medio social de procedencia. Mary, la protagonista, es quien narra su historia en primera persona, seleccionando lo qué cuenta y cómo lo cuenta. Y lo hace de maravilla.

Un personaje, por cierto, que encandila por su fuerza, frescura, energía, desparpajo, alegría, naturalidad, valentía, inteligencia natural, animalidad… Es salvaje, se afirmó en la reunión en varias ocasiones, sin asignarle sentido peyorativo alguno al término. Y es trágico, no se puede obviar, no por sus características físicas -vividas sin victimismo ni complejos- sino por sus condicionantes vitales y sociales.

En conclusión: una lectura absolutamente recomendable, que deleita por su dinamismo y que conmueve, a la vez, al mostrar un “escenario permanente de violencia hacia las mujeres, por todos los motivos posibles”, como comentó por escrito una compañera que no pudo asistir a nuestra cita mensual.

No en vano, a este libro le concedieron el prestigiso Premio Libro del Año 2014 del Gremio de Libreros [y Libreras] de Madrid.

Citas

p. 34-38: “… y entonces el abuelo me preguntó si sabía qué día era al día siguiente.

yo nunca sé qué día es, dije yo.

domingo de pascua, dilo él.

entonces hay que ir a la iglesia.

deberías levantarte pronto antes de ir a la iglesia, dijo él. sube a la colina y mira cómo sale el sol desde ahí arriba.

¿y por qué iba a hacer eso?, le pregunté.

porque entonces todo lo que quieras se va a cumplir el año que viene.

¿todo?

todo.

me daba miedo dormir por si me despertaba tarde y ya había amanecido el nuevo día y me lo perdía.

tuve que calcular cuándo era la hora de salir y entonces salí de la cama sin hacer ruido y me puse el vestido y el chal…

seguí por el sendero y después trepé por encima de la puerta para ir a través de la colina.

el cielo estaba empezando a ponerse más claro…

y cuando estaba en la cima… el cielo empezó a levantarse por encima… y las nubes se volvieron pequeñas y se fueron y el cielo se puso más claro y las estrellas se apagaron.

entonces el sol salió por encima de la tierra y el nuevo día había llegado.

yo me daba la vuelta una y otra vez y miraba el paisaje. enfrente. atrás. por todos partes…

Más sobre la obra

Vídeo

Canción para el 25 de Noviembre de 2016: ‘I Play the Kora’, por Les Amazones d’Afrique

Para conmemorar el 25 de noviembre, este año elegimos la canción ‘I Play the Kora’ interpretada por Les Amazones d’Afrique, primer supergrupo femenino de África Occidental:


Este vídeo está subtitulado en inglés (no parece estar disponible con subtítulos en castellano), pero la letra es fácil de entender:

Soy tu madre, ámame,
soy tu hermana, ámame.
soy tu esposa, ámame,
no tienes derecho a pegarme.
Nosotras las mujeres, todas las mujeres,
queremos ser respetadas.
Hombres, escuchadnos,
la canción que cantamos es para ti,
nuestros problemas y tristezas son nuestras armas
y queremos compartirlas contigo.
Hombres, mujeres, todas y todos somos criaturas de dios.
Juntémonos para luchar contra la injusticia
porque todas y todos somos iguales

Una preciosa canción interpretada de la mejor y más bella manera posible, de forma que su mensaje pueda llegar a todas las personas, mujeres y hombres de África y del resto del mundo.

Más información del grupo en su Facebook.

Un rayo de sol africano para la eliminación de las violencias machistas en todas las latitudes del planeta.

Reflexión sobre el amor para celebrar el 14 de febrero

Ahora que se acerca el Día de San Valentín -para cuya celebración ya abrimos boca en nuestra reunión del mes de febrero con la estupenda y reivindicativa lectura de Monólogos de la vagina– quiero compartir con el resto de “congéneres” esta reflexión de Victoria Sau sobre el amor, incluida en las actas de unas Jornadas sobre Mujer y Cultura organizadas por el Instituto Andaluz de la Mujer en 1992 a las que tuve la suerte de asistir.

En el texto, la insigne feminista catalana plantea que solo puede darse amor en relaciones verdaderamente igualitarias, contrariamente a lo que sucede en la sociedad patriarcal actual.

Así que aquí está mi regalo y mi enhorabuena para quienes aman con respeto!:

El amor, entre la barbarie y la cultura, por Victoria Sau

Aure Daza, Centro de Documentación María Zambrano