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Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Sesión 72 (9 de mayo de 2017)

Angelika Schrobsdorff (1927 – 2016)

Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada / Angelika Schrobsdorff ; traducción de Richard Gross.– 1ª ed.– Madrid : Errata Naturae ; [Cáceres] : Periférica, 2016 .– 587 p.

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el excelente partido que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Por sus buenas críticas (véase la entradaLos libros del 2016…‘ de este mismo blog), este título había creado grandes expectativas en el grupo -quedó el segundo en las votaciones que se hicieron para determinar las lecturas de este año- y hay que decir que no las ha cubierto, o al menos no del todo, o al menos no del todo en el caso de algunas de las asistentes a la reunión.

Si bien la protagonista de esta singular biografía ha encandilado a una parte del grupo, a otra en cambio el hecho de que la misma recorriera un largo camino desde la chica judía de familia acomodada convencional que comenzó siendo hasta llegar a la mujer liberada -sexualmente hablando- en la que se convirtiera con el tiempo no les ha parecido mérito suficiente como para dedicarle todo un libro (de 587 páginas, no lo olvidemos).

En cualquier caso, sí puede afirmarse que la madre de la narradora rompió con muchos tabúes y se adelantó a su tiempo en una cuestión tan moderna como el actualmente denominado ‘poliamor’ (ver varios artículos al respecto en Pikara Magazine, por ejemplo), siempre desde presupuestos heterosexuales, para mayor exactitud. Sin embargo, como sostenían algunas compañeras, en otros aspectos fue bastante tradicional, como en el hecho de su dependencia económica siempre, primero de sus padres y después de maridos y/o amantes.

Esta cuestión hizo rememorar en el grupo antiguas disquisiciones ‘filosóficas’, como las de Carlos Castilla del Pino en su clásico ‘Cuatro ensayos sobre la mujer‘ [en nuestra Biblioteca] sobre que ciertas relaciones sexuales dentro del matrimonio podrían considerarse como una forma de prostitución. Y quizá sería interesante ‘revisitar’ esta obra con una mirada crítica actualizada pero de momento mejor seguir con la que nos ocupa.

Antes mencionar que hubo una compañera que dijo que la obra con ‘Mi madre, in memoriam‘, de Richard Ford [también en nuestra Biblioteca], era mucho mejor. Pero ya sabemos que las comparaciones son muy relativas y que un libro no tiene por qué quitar a otro por mucho que compartan temática.

Volviendo a nuestra biografía, pues, finalizar comentando que lo que no se puede negar es que la autora de la obra tiene grandes dotes psicológicas, como muestran las descripciones tan agudas de los personas citados en la misma -¿quizá demasiado complaciente con las figuras masculinas ?- y que la madre biografíada fue, desde luego, una mujer singular, ávida de conocimientos y un tanto revolucionaria para su tiempo, aunque sus circunstancias personales e históricas no favorecieran su total independencia, cosa que sí aconsejó al final de sus días a su hija, como se puede verse en la siguiente cita (página 163):

Pero el matrimonio seguía siendo para Else la vocación y la realización de la mujer, y el marido, aquel que le proporcionaba el estatus, la seguridad material y una tarea, por no decir razón, de vida. Y aunque más tarde se saltara los preceptos morales de su generación, no lo hizo como consecuencia de una emancipación exhaustiva, sino únicamente en el ámbito de la libertad sexual. Sólo en una fase tardía de su inexorable autognosis me decía en una carta: «Esfuérzate, haz algo de ti, te juro que merece la pena. Mira cómo he malgastado yo mi talento y mi inteligencia durante toda una vida, y ahora estoy donde estoy. ¡Justa consecuencia!».

Otras citas

P. 29 [Habla Else, la madre protagonista de la obra]: “Me intimidaba de tal manera que me hacía sentir pequeña e inferior…

P.29: “Fue para ambos el primer amor, y si bien caló hondo en Fritz, el suyo no podía compararse con el de Else. Era típicamente masculino: exigente, celoso, egoísta, susceptible, dominado por el instinto y a menudo intolerante. Para Else, en cambio, aún atrapada en la trampa del amor, la tutela y los principios paternos, significaba la satisfacción de su vida

p. 31-32: “Else se echó a llorar. Tenía miedo todo el tiempo: miedo de desconcertarlo si le hablaba de asuntos triviales, miedo de decepcionarlo si no sabía responder a una pregunta profunda, miedo de hacerlo enfadar si no le permitía que le desabotonara la blusa, miedo de contrariarlo si tenía que cancelar una cita, miedo a su ironía e irritabilidad, miedo a su ansia y deseo, miedo a su humor cambiante.

«Siempre eras distinto -escribió-, ya el niño pequeño, ya el maestro insistente; ya el poeta soñador, ya el histrión exaltado; ya el amigo comprensivo, ya, a menudo, el hombre incomprensible que de buenas a primeras se ponía hosco, enojado, insufrible…»”

p. 34 [Sobre Else]: “… Escribió lo siguiente : «No admiro al emperador, mi patrima me isnpira toda clase de sentimientos salvo el patriótico. Detesto la guerra, y nunca comprenderá que una persona pueda tener el poder de mandar a hombres jóvenes a la muerte».

p. 38: “Yo conocía a… mi madre como la muer que enfilaba por su propio camino sin reparar en daños ni perjuicios…

p. 203-2014: “… Nunca me sentí tan libre, tan a gusto y tan arropada como en el piso de mis abuelos Kirschner… En su casa no era la niña complicada y extravagante ni el gran talento; con ellos era, sencillamente, una niña, una niña querida, que había que tratar con calma y cuidado.

p. 349: “Continuación de la carta de Else a Ilse Hirsch: «No hago nada, como siempre. Si a uno lo han mimado toda la vida, si siempre lo han descargado de lo pesado y desagradable, probablemente es incapaz de ponerse a trabajar de repente y montar una existencia…».

Más sobre la obra

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Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría

Sesión 60 (2 de febrero de 2016)

lucia-etxebarriaLucía Etxebarría (Valencia, 1966-   )

beatriz y los cuerpos celestesBeatriz y los cuerpos celestes / Lucía Etxebarría. — Barcelona : Nadal, 1998. —265 p.

Resumen: Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica devorahombres compulsiva Y Beatriz, que considera que el amor no tiene género. Tres momentos de la vida de una mujer y dos ciudades, Edimburgo y Madrid, para una novela única sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Lo que son los prejuicios… Este libro ya se planteó abordarlo en el grupo de lectura hace un tiempo pero hubo algunas componentes que se negaron en redondo a leer nada de esta autora. ¿Motivo? Quizá que la misma había salido en uno de esos, al menos discutibles, reality shows a los que tan acostumbradas nos tiene la televisión basura. ¿Qué llevó a Lucía Etxebarría a hacer tal cosa? Eso es una cuestión que a ella incumbe, así como asumir las consecuencias de sus actos, incluso de los erróneos, como nos pasa a toda hija de vecina.

Pero aquí de lo que se trata es de valorar el libro y a ello voy. En general ha gustado bastante tanto por su temática, bastante avanzada considerando la época en que se publicó, y por la forma en que está escrito, que hace que en muchos momentos no quieras soltarlo y seguir disfrutando de su lectura sin pausa.

Sobre la temática esbozar que trata de diversas cuestiones interesantes, como el despertar a la pasión y a la sexualidad de una joven madrileña de clase media de los años noventa, mostrando con naturalidad las relaciones lésbicas que establece; la relación de chicas de clase media con sus, en principio, atractivas madres, si bien profundizando se ven los problemas y contradicciones en que estas están inmersas; la violencia de género dentro de familias acomodadas, dado que la misma no es patrimonio de las ‘clases marginadas’, como a veces se hace pretender creer; los problemas con las drogas de la juventud; etc. Todo ello entremezclado con reflexiones ‘astronómicas’ que dan riqueza y belleza al texto.

Y aunque hay quien comentó que estaba mal escrito porque parecía un diario, mi opinión es que los diferentes tiempos que aparecen en la novela están mezclados de una forma que mantiene el interés por saber lo que pasa y por lo que ha pasado y está condicionando el presente.

Tampoco a todo el mundo le gustó algunas ‘explicitaciones’ del texto, si se me permite la expresión. No fue tampoco mi caso, y como muestra aquí abajo van algunos párrafos del libro a modo de muestra de las reflexiones que recoge el mismo y que otras integrantes del grupo destacaron en la reunión como especialmente interesantes.

Citas del libro

P. 213: … Yo puedo amar a hombres y a mujeres. No distingo entre sexos.
Los niños van de rosa, las niñas van de azul. Rosa es el color de los afectos. Azul el de los uniformes de trabajo. Monos de mecánico, trajes de azafata. Azul. Corbatas de ejecutivo, bolígrafos para hacer cuentas. Rosa. Cubiertas de novela romántica y cajas de bombones. Los hombres son racionales y las mujeres sentimentales.
Se nace persona. Dos días después te perforan las orejas. Te ponen unos patucos rosas. Ya eres niña. Vas a un colegio de niñas. Te visten con falda y coletitas. Cumples catorce años. Tu primer pintalabios. Ya eres una mujer. Cumples quince. Zapatos de tacón. Te sonrojas ante los chicos en la parada del autobús. No corres los cien metros. No escuchas heavy metal. Ya eres una cretina.

P. 241: … Pero hablé de mi madre y de mi padre y de la atmósfera gelatinosa, irrespirable, de mi casa y de la envidia irreprimible que sentía al confirmar que no todas las familias eran así, que había lugares en los que la gente hablaba e incluso se quería. No, no odiaba a mis padres. ¿Qué culpa tuvo mi padre de que le endosaran de por vida a una niña malcriada a la que casi no conocía, y a la que nadie le permitió conocer? ¿Qué culpa tuvo mi madre de encontrarse de la noche a la mañana encerrada en un piso enorme junto a un hombre que nunca estaba y que no le hacía el menor caso? Nadie le había enseñado a valerse por sí misma, no la prepararon para lo que se avecinaba…

P. 247-248: [Habla Caitlin a Beatriz]
– … me contó una historia que solían repetirle cuando era pequeña en la escuela dominical de Stirling:
“En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero el fuego, para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra, para formarse. Y por fin se convierte en una espada de acero, la más resistente de las armas”.
– Y supongo -dije yo, irónica- que la moraleja de la historia es que uno sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.
-Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro -afirmó ella categórica-. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.

P. 265: En el mundo hay millones de parejas que han ido forjando su relación a base de mucha voluntad y de pequeñas renuncias compartidas. Hay millones de seres que no exigen a la persona que está a su lado un cien por cien de compatibilidad y de gustos comunes. Es el ansia de perfección la que asesina los afectos, la sed de absoluto, el miedo a la costumbre, la perenne nostalgia de imposibles, la negativa constante a aceptarnos como somos y a aceptar a los demás por lo que son. Cuando uno no se entiende a sí mismo es imposible que entienda que otros le amen, y es imposible por tanto que respete a aquellos que le quieren. Pero el tiempo nos ofrece sólo dos opciones: o asumir lo que somos, o abandonar; y si no abandonamos, si decidimos quedarnos en este planeta minúsculo y pactar con nuestra aún más minúscula vida, podemos interpretar esta resignación como una derrota, o como un triunfo. Yo ya no aspiro a grandes fuegos, apagado el incendio que Mónica supuso. Ahora sólo espero renacer de mis cenizas y disfrutar de ciertas brasas de pasión, ese rescoldo de calor intermitente que suponen los gestos familiares, los años de experiencia, el calor conocido de los labios y la serenidad tantos días encontrada en unos ojos en los que ya no brillan ni la ansiedad ni el deseo excesivos; una dulzura asociada a la propia rutina, a la asumida carga del peso del afecto, mientras que blandamente va fluyendo el cansancio, la extraña indiferencia ante lo que hemos hecho. La paz, a fin de cuentas. O el amor.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

El cuerpo nunca miente, de Alice Miller

Sesión doble 56 (1 de octubre de 2015)

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Alice Miller (Polonia, 12 de enero de 1923Francia, 14 de abril de 2010)

cuerpoEl cuerpo nunca miente / Alice Miller; traducción de Marta Torent López de Lamadrid. — Barcelona : Tusquets, 2014. — 207 p.

Resumen: “El cuarto mandamiento -honrarás a tu padre y a tu madre-, heredado de la moral tradicional nos exige que honremos y queramos a nuestros padres, pero oculta una amenaza. El que quiera seguirlo pese a haber sido despreciado o maltratado por sus padres sólo podrá hacerlo reprimiendo sus verdaderas emociones. Sin embargo, el cuerpo a menudo se rebela, con graves enfermedades, contra esta negación y esta falta de reconocimiento de los traumas infantiles no superados… “

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

La autora sostiene que los episodios traumáticos vividos en la infancia, normalmente causados por familiares directos, quedan registrados en el cuerpo, en la memoria corporal, por lo que el camino a una madurez sana no pasa por el autoengaño y la tolerancia a las crueldades sufridas siendo menores sino por el reconocimiento de la propia verdad y el aumento de la auto-empatía hacia la niña o el niño que fue maltratado.

Este planteamiento choca con la moral tradicional cristiana e, incluso, con teorías y prácticas psicoanalistas, dice, que mantienen que para sanar hay que perdonar. Al contrario, la autora aboga por el tratamiento de este tipo de pacientes mediante la empatía de un/a testigo cómplice que no les obligue a perdonar y sentir amor por quienes les hicieron daño en sus primeros años.

Lo que Miller, conocedora del tema en carne propia, pretende demostrar a lo largo del libro es que el autoengaño y el forzar a un amor no sentido en las entrañas a lo que lleva es al desequilibrio emocional y la enfermedad física, en ocasiones muy grave, mientras que el objetivo de todas las terapias, según ella, debería ser ayudar a las personas a que encuentren en su cuerpo un aliado que sepa cómo ayudarse a una o uno mismo.

Para demostrar sus tesis pone diversos ejemplos, entre ellos de personas de letras célebres, como Virginia Woolf, Joyce o Proust, u otras anónimas que fue conociendo a lo largo de su larga carrera de terapeuta, deteniéndose especialmente en alteraciones como la anorexia y la bulimia nerviosa y la drogadicción.

Si bien algunas integrantes del grupo sostuvieron durante la reunión que la autora parece transmitir en el libro su obsesión por el tema y que para ella no puede existir el perdón, esto no coincide con mi visión de lo leído, pues hay un momento en que la autora plantea que se puede modificar la relación con las personas que te hicieron sufrir en la infancia siempre que se parta de la verdad de lo que pasó y del respeto a la persona que siendo menor fue objeto de malos tratos.

Aunque hasta ahora desconocía totalmente el tema, pienso que la autora fue absolutamente rompedora en su época y después de leer el libro estoy convencida de que para sanar realmente hay que salir del círculo del autoengaño, facilitando así la desaparición de síntomas de las enfermedades con las que el cuerpo llama nuestra atención.

Encima de haber sufrido maltrato en la infancia, tienes que sentirte culpable por no albergar buenos sentimientos por las personas que actuaron de verdugos. Esto es lo que, en el fondo, sostienen terapias aún en la actualidad, en pos de un ‘buen rollo’ que lo que hace es negar la propia memoria y tu persona. Visto así parece un poco demencial, no? En fin, que el buen rollo lo tiene que tener cada persona consigo misma, siendo sincera y respetando las señales que emite tu cuerpo que, y esto parece una verdad incontestable, nunca miente.

Citas

p. 146: Una joven, durante mucho tiempo atormentada por sus sentimientos de odio, se sinceró por fin con su madre y le dijo, nerviosa y con miedo: “Cuando era pequeña no me gustabas como madre, te odiaba, pero no dejasteis que me diera cuenta”. La chica se sorprendió de que no sólo ella, sino también su madre, consciente de su culpabilidad, reaccionara con alivio a esta manifestación. Pues ambas, en silencio, sabían cómo se sentían, pero ahora, finalmente, habían dicho la verdad en voz alta. A partir de entonces pudieron entablar una relación nueva y sincera.

p. 147: … Solamente será posible una auténtica relación cuando las dos partes consigan admitir los sentimientos, vivirlos y comunicarlos sin miedo.

p. 151: … El camino a la madurez no pasa por la tolerancia a las crueldades sufridas, sino por el reconocimiento de la propia verdad y por el aumento de la empatía hacia el niño maltratado.

p. 152: … Esta carga sólo afecta a las personas que en el pasado fueron maltratadas, sobre todo cuando no están dispuestas a pagar el autoengaño con enfermedades…

p. 153: … Cuando dejen de participar en esta ocultación, tendrán la oportunidad de romper la cadena de violencia y autoengaño, y no convertir más a sus hijos en víctimas.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

El verano sin hombres, de Siri Hustvedt

Sesión 54  (12 de mayo de 2015)

Siri Hustvedt, (Northfield,  19 de febrero de 1955 -)

El verano sin hombres / Siri Hustvedt; traducción de Cecilia Ceriani.— Barcelona: Anagrama, 2011.—228 p.

Resumen: “Cuando Boris Izcovich dijo la palabra «pausa», Mia Fredricksen, de cincuenta y cinco años, enloqueció. Porque lo que deseaba su marido era una pausa en su matrimonio, después de treinta años sin adulterios y una hija encantadora. Hay que decir que la «pausa» de Boris es francesa, compañera de trabajo, joven y con buenas tetas. Pero la locura de Mia no fue más que una breve psicosis, y ese verano regresa a Bonden, la ciudad de su infancia, donde aún vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes. Mia alquila una casa, se relaciona con sus vecinos, una joven recién casada con dos niños y un marido que le despierta sospechas de maltrato, y visita a su madre y a su grupo de amigas. Recupera los recuerdos de su infancia, y descubre algunos secretos de la femineidad de otras generaciones. También dirige un taller de poesía con un grupo de estudiantes. Y con todos estos incidentes, historias y vidas, Mia urde esta veloz, brillante comedia feminista, de inesperado final…” (Más información y acceso a un fragmento del libro en la web de la editorial)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Por su temática, difícilmente puede encontrarse una obra más adecuada para leer en un grupo de lectura como el nuestro.

Así pues, este libro nos gustó mucho en general, si bien algunas de las componentes del grupo le pusieron ciertas pegas, como la ruptura de ritmo con las digresiones de la voz narradora –coincidente con Mia, la protagonista-, lo convencional del final de la obra, o el retrato ‘idílico’ de la hija y la simplicidad, a veces, del marido.

No fue mi caso, ya que me gustaron mucho las reflexiones sobre distintos temas que Mia va mezclando con los hechos que narra, que no me resultaron ni excesivas ni poco pertinentes (muy interesante, por ejemplo, la comparación que hace entre la violencia física que se da entre los chicos y la que se produce entre las chicas –p. 133-134–; o el perspicaz cuestionamiento de la narradora de la afirmación de un científico amigo de su marido sobre que en el reino animal solo las mujeres tienen orgasmos –p. 128-131–).

Sí admito, en cambio, que el retrato de la hija resulta un poco empalagoso e irreal, o que el final no resulta tan inesperado como mantiene la editorial, si bien lo encuentro coherente con unos personajes y una historia que se sienten muy cercanos y reales, no solo por sus cualidades positivas sino también por sus contradicciones y debilidades, presentes en todo lo humano. Y la simplicidad del marido, como afirmó una de las componentes del grupo, más parece que se haya hecho así a propósito que por carencia de profundidad de la voz narradora.

En cualquier caso, el proceso de superación del trauma de la protagonista y la descripción inteligente y amable de los personajes femeninos con los que va teniendo relación en el verano narrado -como su querida e inteligente madre o la simpática vecina-, hacen que disfrutes enormemente de la lectura del libro y que te sientas agradecida por pertenecer a un sexo tan fuerte, tan activo en el disfrute de la cultura y tan empático, en general, con el resto de las mujeres. Interesantísima, también, la gestión por parte de la protagonista del episodio de ‘bullying’ que sucede en el grupo de chicas a las que está dando el taller de poesía durante ese tiempo.

En definitiva, una obra totalmente recomendable, si bien me queda la duda de si lo es solo para las mujeres o si también la encontrarán así los hombres, los grandes ausentes -si bien presentes en su ‘no estar’- de este libro con título tan sugerente como acertado. ¿Y es que lo masculino es universal y lo femenino es solo para mujeres? No hace falta decir que la respuesta a esta cuestión no puede ser otra por mi parte que sostener que la buena literatura es universal, independientemente del sexo de quien la protagonice, y que está muy bien que en este caso el protagonismo absoluto sea de las mujeres.

Citas del libro

Y ahora algunas citas para disfrutar en cierta medida del libro a pesar de no haberlo leído (o, precisamente, para incitar a hacerlo):

p. 125: Me he dado cuenta de que ocultar algo resulta tan interesante como contarlo. Me fascina cómo el habla, ese corto viaje entre nuestro interior y el exterior, puede ser tan doloroso bajo ciertas circunstancias…

p. 127: … La moraleja de todo esto es que la extrema relajación fomenta el placer y que la relajación es un estado de apertura casi completo ante cualquier cosa que pueda sobrevenir. También supone irreflexión…

p. 131: … Me di cuenta de que el rostro de la madre reflejaba difusamente cada expresión de la niña. Cuando Alice hablaba bajito, Ellen se inclinaba hacia ella con mirada intensa y sus labios repetían con un leve movimiento los insultos recibidos que su hija refería. Cuando Alice lloraba, los ojos de Ellen se achicaban y fruncía el ceño y apretaba los labios sin dejar escapar ni una lágrima. Un madre que escucha es un ser especial. Una madre debe escuchar, solidarizarse, pero no puede identificarse completamente con el hijo. En esas situaciones lo que procede es tomar prudente distancia y resistirse a aceptar, sin más, la versión de los hechos que te cuentan…

p. 135: … En la calle, caminando hacia ‘casa’, me vino a la mente un extraño pensamiento:

Pero no puedo seguir viviendo atemorizada,
ni, viendo lo que veo, reprimir las lágrimas.

Mientras iba, paso a paso, desandando el camino, me acordé de la fuente: Antígona…

p. 152: Todos empezamos iguales en el útero de nuestras madres. Cuando flotamos en el mar amniótico de nuestra primera inconsciencia, todos nosotros tenemos gónadas. Si el cromosoma Y no actuara sobre las gónadas de algunos para gestar unos testículos, todos seríamos mujeres. La biología revierte la historia del Génesis: Adán es Adán a partir de Eva y no al revés. Los hombres son las costillas metafóricas de las mujeres, en lugar de ser las mujeres quienes surjan de la costilla de un hombre…

p. 180: … Como habréis observado, los miembros de un club de lectura tienden a considerar a los personajes que viven dentro de una novela igual que si fueran gente que vive fuera. El hecho de que los primeros estén compuestos de las letras del alfabeto y los segundos de carne y hueso tiene poca relevancia…

p. 185-186: La sesión del grupo de lectura acabó a los pocos minutos y lo había hecho sin que yo pudiera añadir que no existe asunto humano que escape al escrutinio de la literatura. No necesito sumergirme en la historia de la filosofía para insistir en que NO EXISTEN REGLAS en el arte ni tampoco suelo que sustente los argumentos de los Bufones y Descerebrados que piensan que sí hay normas, leyes y territorios prohibidos, ni que tampoco existe razón para considerar que “ancho” es mejor que “estrecho” o “masculino” preferible a “femenino”. A excepción del prejuicio, en las artes no existen sentimientos que deban ser privados de expresión, ni historia que no pueda ser contada. La magia está en el sentimiento y en expresarlo, y eso es todo.

p. 188, 205: Y ahora el telón debe abrirse para mostrar el siguiente lunes, cuando siete incómodas chicas y una poeta, que luchaba por ocultar su ansiedad, se sentaron alrededor de una mesa en el Círculo de Bellas Artes […] Había llegado la hora de mi discurso y me puse a ello. Lo que dije, en esencia, fue que un relato con siete personajes también puede dar lugar a siete relatos, dependiendo de la identidad del narrador. Cada personaje contará los mismos acontecimientos desde su punto de vista, exponiendo los motivos personales que le llevaron a actuar así. Nuestra tarea era dar sentido a una historia verídica. Yo ya le había puesto un título: ‘El Aquelarre’. Una oleada de murmullos ahogados recorrió el aula […] En cuanto yo terminase de hablar, cada una leería su texto en voz alta y lo comentaríamos, pero durante los cuatro días siguientes cambiaríamos de identidad y escribiríamos la historia desde el punto de vista de otro personaje […] Cuando acabara la semana tendríamos un relato escrito por toda la clase. El objetivo era conseguir entre todas ponernos más o menos de acuerdo en el contenido.

[…]

El relato que las chicas se llevaron a casa el viernes no era la verdad, pero era una versión que todas podían aceptar, muy en el estilo de las historias nacionales que desdibujan y distorsionan las acciones de las personas y el desarrollo de los acontecimientos con el fin de preservar una imagen ideal.

p. 212: … Los Cisnes [las amigas de la madre] se estaban muriendo, uno a uno. Todos nos estamos muriendo, uno a uno. Olemos a mortalidad y no podemos desprendernos de ese aroma. No hay nada que podamos hacer excepto, quizá, romper a cantar.

La mujer habitada, de Gioconda Belli

Sesión 45 (jueves 15 de mayo de 2014)

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Gioconda Belli (Managua, Nicaragua, 9 de diciembre de 1948)


la mujer habitadaLa mujer habitada /  Gioconda Belli. — Tafalla: Txalaparta, 2009. — 387 p.

Resumen: “Editado en varias lenguas y libro de lectura obligada en cuatro universidades de Estados Unidos, la primera novela de esta nicaragüense nos introduce en dos relatos paralelos: la resistencia indígena a los españoles y la actual insurgencia centroamericana ligados por una confluencia común, la emancipación de la mujer, la pasión y el compromiso libertador” (La editorial)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

El libro ha gustado mucho al grupo, destacando alguna componente del mismo que se nota que la escritora es poeta por la belleza que imprime a sus descripciones, si bien otras hemos puesto pequeñas pegas como alguna cuestión estilo o que en ciertos momento se nos hizo un poco tedioso.

En cualquier caso, la obra narra con veracidad y pasión la lucha política en un país de América Latina contra la dictadura militar, imperante con la complicidad de las clases ricas -aunque el lugar donde transcurren los hechos es de ficción, bien puede deducirse que se refiere a Nicaragua, país de origen de la escritora, implicada en su día con el movimiento sandinista-, enlazando de forma eficaz y poética con luchas del pasado a través de la preciosa figura de Itzá, la india que siglos atrás había combatido a los invasores españoles y que poco a poco va “habitando” a Lavinia, la protagonista de la novela.

Una protagonista que muestra la lucha de una mujer por construir su propia vida sin las limitaciones impuestas por razones de género y/o derivadas de la clase en la que nació, si bien en el proceso surjan contradicciones, lo que hace más humano al personaje, según apuntó una componente del grupo.

Y es que, como dijo otra compañera, el libro sirve muy bien para reflexionar sobre temas de género: el sexismo de la sociedad, el legado de nuestras antepasadas, la lucha de las mujeres por su autonomía, los planteamientos éticos, el despertar de la conciencia política, las relaciones con la madre, las relaciones entre mujeres, etc., etc.

Hablando sobre estos y otros temas, la mayoría rechazamos la idea de que la protagonista se implicara en la lucha política “por amor” -aunque sea gracias a este que se producen los primeros contactos de la misma con la “resistencia”-, o que una revolución sea verdaderamente tal si no cambian también los valores patriarcales imperantes; también en esta línea se consideró la justificación o no de la lucha armada, aún en situaciones verdaderamente dramáticas, manifestando algunas que son los valores humanistas los que realmente pueden cambiar la sociedad a la larga.

Finalmente, mencionar algunos de pasajes del libro que se destacaron en la reunión, como la apasionada -y apasionante- descripción del primer encuentro amoroso de la protagonista con su compañero de trabajo o la relación tan orgánica de la misma con su cuerpo -por ejemplo, cuando describe sus sensaciones mientras se está dando una ducha-, o frases tan sugerentes como que las mujeres entran en la historia por necesidad, sé honesta contigo misma y recibirás respecto, o nadie que ama muere jamás.

Análisis en profundidad de la novela y de sus personajes

Más libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

También disponible Recuperación mítica y mestizaje cultural en la obra de Gioconda Belli (2001), estudio de Mónica García Irles sobre la popular poeta y escritora nicaragüense.

Y de regalo…

Consejos para la mujer fuerte, de Gioconda Belli

 

Paraíso inhabitado, de Ana María Matute

Sesión 44 ( jueves 03 de abril de 2014)

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Ana María Matute, Barcelona, 26 de julio de 1925


ParaisoInhabitado_PortadaLibroParaíso inhabitado / Ana María Matute. — Barcelona : Destino, D.L. 2008. –396 p.

Resumen: “Mucho después de que todo haya sucedido, ‘Nací cuando mis padres ya no se querían’, recuerda Adriana. Por ello, la niña se crea un paraíso propio, poblado por amigos imaginarios y una familia de su elección. Esta felicidad a medida se ve perturbada cuando Adriana debe iniciar el periplo escolar y entrar definitivamente en el mundo de los adultos, un entorno que le resulta ajeno cuando no hostil. Sin embargo, siempre queda un refugio bajo las relucientes estrellas escondidas en los cristales de la lámpara del salón…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

“Nací cuando mis padres ya no se querían. Cristina, mi hermana mayor, era por entonces una jovencita displicente, cuya sola mirada me hacía culpable de alguna misteriosa ofensa hacia su persona, que nunca conseguí descifrar. En cuanto a mis hermanos Jerónimo y Fabián, gemelos y llenos de acné, no me hacían el menor caso. De modo que los primeros años de mi vida fueron bastante solitarios.

Uno de mis recuerdos más lejanos se remonta a la noche en que vi correr al Unicornio que vivía enmarcado en la reproducción de un famoso tapiz. Con asombrosa nitidez, le vi echar a correr y desaparecer por un ángulo del marco, para reaparecer enseguida y retornar a su lugar; hermoso, blanquísimo y enigmático.

Nunca supe por qué razón el Unicornio había intentado escapar del cuadro y durante mucho tiempo me intrigó, y aun me atemorizó un poco. Por aquellos días yo no debía de tener más de cinco años –quizás sólo cuatro–, pero ese recuerdo tiene un lugar relevante entre los primeros de mi vida. A veces, los recuerdos se parecen a algunos objetos, aparentemente inútiles, por los que se siente un confuso apego. Sin saber muy bien por qué razón, no nos decidimos a tirarlos y acaban amontonándose al fondo de ese cajón que evitamos abrir, como si allí fuéramos a encontrar alguna cosa que no se desea, o incluso se teme vagamente.”

Como comenta Carmen Flordelís Durás en el blog Club de Escritura Fuentetaja, con estos impagables párrafos Adriana, una narradora ya en la edad madura, nos introduce de lleno en su vida y la de su familia en el momento de su infancia, describiendo su extrañeza ante el mundo adulto, el afecto hacia las personas que parecen entenderla o, al menos, quererla (fundamentalmente su tía Eduarda, hermana de su madre, y Tata María e Isabel, las mujeres de servicio de su familia) y, sobre todo, la historia de amistad-amor con Gavi, su “siamés”, que la salva del miedo y de las “piedras en el corazón”.

Si bien hay que mencionar que la obra ha resultado pesada a algunas integrantes del grupo -quizá le sobren páginas, sobre todo en lo que tiene que ver con el amigo-, su lectura nos ha cautivado al resto por estar llena de magia y de conocimiento infantil -o no contaminado aún por los intereses y conflictos propios del mundo adulto-, y de un lirismo y una poesía que hace que te transporte a épocas pasadas, sintiendo en muchos momentos como que asistes a la observación -la vivencia- de una obra de arte, con lo que constantemente te entran ganas de subrayar frases y párrafos completos para guardarlos en el cajón de tus propios recuerdos.

Otros libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

La hija del optimista, de Eudora Welty

Sesión 43 ( jueves 04 de marzo de 2014)

eudora

Eudora Welty (Jackson-Misisipi, 13 de abril de 1909-ibídem 23 de julio de 2001)


Welty-Hija_del_optimistaLa hija del optimista / Eudora Welty. — Palencia: Impedimenta, 2009. — 222 p.

Resumen: “La hija del optimista es, sin duda, la obra maestra de Eudora Welty. En la tradición de la más brillante novela sureña… una mujer de mediana edad que viaja a Nueva Orleans para hacerse cargo de su padre, un juez retirado que ha de someterse a una operación quirúrgica. El juez no logra recuperarse, y muere lentamente. Será entonces cuando Laurel emprenda un largo viaje de regreso a su hogar familiar en Mount Salus, Mississippi, llevando consigo el cuerpo de su padre, y siempre vigilada por la segunda esposa de éste, Fay, una mujer orgullosa y más joven que Laurel. En la enorme casa, rodeada de sus antiguos conocidos y de las paredes que la vieron crecer, Laurel ha de enfrentarse a los fantasmas de su juventud y a las deudas del pasado”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

Al comienzo de la reunión en torno al libro la mayoría de las integrantes del grupo nos manifestamos un poco decepcionadas por el mismo, ya que su presentación como obra maestra de la autora y el hecho de que le hubieran otorgado el prestigioso Premio Pulitzer a la Novela en 1973 nos había creado grandes expectativas que no se habían visto del todo satisfechas. En cuaquier caso, algo de la narración nos había atrapado y nos había impulsado a todas el continuar su lectura hasta el final. Es precisamente entonces cuando la obra te atrapa y hace que comprendas -o intuyas, en gran medida- la especie de desapego de la protagonista por los hechos que suceden a su alrededor.

Y es que al principio parece que la historia no va mucho con la protagonista, a pesar de lo dolorosas que son las circunstancias que relata, como son la enfermedad y muerte de su padre, agravadas por la forma totalmente incoveniente de comportarse de la segunda esposa de este, beneficiaria final, además, de la casa familiar y de los objetos contenida en la misma. (Charo llamó la atención sobre la curiosa circunstancia de que a pesar de todo la protanista se ponga a limpiar el polvo de los libros de la biblioteca de su padre, en un gesto que puede parece inútil pero contiene una gran carga simbólica).

Por otra parte, tampoco entendían algunas muy bien el título de la obra pues el juez no parece especialmente optimista, a pesar de su autodefinición como tal. Esto nos llevó a la anécdota de mi sobrina Isabel cuando de pequeña, estando otra tía suya comentando que se había puesto lentillas, le dijo “pero, tita, lo tuyo es optimismo o miopía”. Sin darse cuenta, al cambiar “astigmatismo” por “optimismo” había hecho una frase verdaderamente ingeniosa. Pues eso, que el juez en vez de optimista lo que parece, más bien, es miope.

Pero, volviendo a la obra, todas estuvimos de acuerdo en que la narración toma un gran brío cuando la protagonista -en unas circunstancias de imagen visual muy potente- encuentra por casualidad los papeles de su madre, lo que le lleva a revisar la vida de sus padres y, con ello, su propia vida.

Como muestra de la belleza y profundidad de las reflexiones que esto le provoca a la protagonista, concluir este comentario con una cita de la misma que aparece casi al final del libro: “Los recuerdos no viven en un objeto concreto, sino en las manos libres, perdonadas y liberadas, y en el corazón que puede vaciarse y llenarse de nuevo; en los motivos renovados por los sueños…” (p. 221)

Para completar la versión del libro, agrego como Comentario de la entrada la visión de la obra de Lidia, una componte del grupo a la que el libro gustó mucho pero que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó un interesante mensaje al respecto por correo electrónico (parece que a no todo el mundo le gusta usar directamente el blog para estos menesteres).

 

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