Archivo de la categoría: Relaciones familiares

Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Sesión 72 (9 de mayo de 2017)

Angelika Schrobsdorff (1927 – 2016)

Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada / Angelika Schrobsdorff ; traducción de Richard Gross.– 1ª ed.– Madrid : Errata Naturae ; [Cáceres] : Periférica, 2016 .– 587 p.

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el excelente partido que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Por sus buenas críticas (véase la entradaLos libros del 2016…‘ de este mismo blog), este título había creado grandes expectativas en el grupo -quedó el segundo en las votaciones que se hicieron para determinar las lecturas de este año- y hay que decir que no las ha cubierto, o al menos no del todo, o al menos no del todo en el caso de algunas de las asistentes a la reunión.

Si bien la protagonista de esta singular biografía ha encandilado a una parte del grupo, a otra en cambio el hecho de que la misma recorriera un largo camino desde la chica judía de familia acomodada convencional que comenzó siendo hasta llegar a la mujer liberada -sexualmente hablando- en la que se convirtiera con el tiempo no les ha parecido mérito suficiente como para dedicarle todo un libro (de 587 páginas, no lo olvidemos).

En cualquier caso, sí puede afirmarse que la madre de la narradora rompió con muchos tabúes y se adelantó a su tiempo en una cuestión tan moderna como el actualmente denominado ‘poliamor’ (ver varios artículos al respecto en Pikara Magazine, por ejemplo), siempre desde presupuestos heterosexuales, para mayor exactitud. Sin embargo, como sostenían algunas compañeras, en otros aspectos fue bastante tradicional, como en el hecho de su dependencia económica siempre, primero de sus padres y después de maridos y/o amantes.

Esta cuestión hizo rememorar en el grupo antiguas disquisiciones ‘filosóficas’, como las de Carlos Castilla del Pino en su clásico ‘Cuatro ensayos sobre la mujer‘ [en nuestra Biblioteca] sobre que ciertas relaciones sexuales dentro del matrimonio podrían considerarse como una forma de prostitución. Y quizá sería interesante ‘revisitar’ esta obra con una mirada crítica actualizada pero de momento mejor seguir con la que nos ocupa.

Antes mencionar que hubo una compañera que dijo que la obra con ‘Mi madre, in memoriam‘, de Richard Ford [también en nuestra Biblioteca], era mucho mejor. Pero ya sabemos que las comparaciones son muy relativas y que un libro no tiene por qué quitar a otro por mucho que compartan temática.

Volviendo a nuestra biografía, pues, finalizar comentando que lo que no se puede negar es que la autora de la obra tiene grandes dotes psicológicas, como muestran las descripciones tan agudas de los personas citados en la misma -¿quizá demasiado complaciente con las figuras masculinas ?- y que la madre biografíada fue, desde luego, una mujer singular, ávida de conocimientos y un tanto revolucionaria para su tiempo, aunque sus circunstancias personales e históricas no favorecieran su total independencia, cosa que sí aconsejó al final de sus días a su hija, como se puede verse en la siguiente cita (página 163):

Pero el matrimonio seguía siendo para Else la vocación y la realización de la mujer, y el marido, aquel que le proporcionaba el estatus, la seguridad material y una tarea, por no decir razón, de vida. Y aunque más tarde se saltara los preceptos morales de su generación, no lo hizo como consecuencia de una emancipación exhaustiva, sino únicamente en el ámbito de la libertad sexual. Sólo en una fase tardía de su inexorable autognosis me decía en una carta: «Esfuérzate, haz algo de ti, te juro que merece la pena. Mira cómo he malgastado yo mi talento y mi inteligencia durante toda una vida, y ahora estoy donde estoy. ¡Justa consecuencia!».

Otras citas

P. 29 [Habla Else, la madre protagonista de la obra]: “Me intimidaba de tal manera que me hacía sentir pequeña e inferior…

P.29: “Fue para ambos el primer amor, y si bien caló hondo en Fritz, el suyo no podía compararse con el de Else. Era típicamente masculino: exigente, celoso, egoísta, susceptible, dominado por el instinto y a menudo intolerante. Para Else, en cambio, aún atrapada en la trampa del amor, la tutela y los principios paternos, significaba la satisfacción de su vida

p. 31-32: “Else se echó a llorar. Tenía miedo todo el tiempo: miedo de desconcertarlo si le hablaba de asuntos triviales, miedo de decepcionarlo si no sabía responder a una pregunta profunda, miedo de hacerlo enfadar si no le permitía que le desabotonara la blusa, miedo de contrariarlo si tenía que cancelar una cita, miedo a su ironía e irritabilidad, miedo a su ansia y deseo, miedo a su humor cambiante.

«Siempre eras distinto -escribió-, ya el niño pequeño, ya el maestro insistente; ya el poeta soñador, ya el histrión exaltado; ya el amigo comprensivo, ya, a menudo, el hombre incomprensible que de buenas a primeras se ponía hosco, enojado, insufrible…»”

p. 34 [Sobre Else]: “… Escribió lo siguiente : «No admiro al emperador, mi patrima me isnpira toda clase de sentimientos salvo el patriótico. Detesto la guerra, y nunca comprenderá que una persona pueda tener el poder de mandar a hombres jóvenes a la muerte».

p. 38: “Yo conocía a… mi madre como la muer que enfilaba por su propio camino sin reparar en daños ni perjuicios…

p. 203-2014: “… Nunca me sentí tan libre, tan a gusto y tan arropada como en el piso de mis abuelos Kirschner… En su casa no era la niña complicada y extravagante ni el gran talento; con ellos era, sencillamente, una niña, una niña querida, que había que tratar con calma y cuidado.

p. 349: “Continuación de la carta de Else a Ilse Hirsch: «No hago nada, como siempre. Si a uno lo han mimado toda la vida, si siempre lo han descargado de lo pesado y desagradable, probablemente es incapaz de ponerse a trabajar de repente y montar una existencia…».

Más sobre la obra

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Del color de la leche, de Nell Leyshon

Sesión 71 (4 de abril de 2017)

Nell Leyshon (Somerset, Inglaterra, 1962- )

Del color de la leche / Nell Leyshon ; prólogo de Valeria Luiselli ; traducción de Mariano Peyrou.– 9ª ed.– Coyoacán [México] ; Madrid : Sexto Piso, 2016.– 174 p.– (Narrativa Sexto Piso)

“Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver sólo un montón de rayas negras en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.”

Valoración

Lo primero que se me ocurre decir de este libro es que se lee como quien bebe un vaso de agua. Esto más o menos fue lo primero que comentamos las asistentes a la reunión en torno al mismo, todas de acuerdo en que nos había encantado su lectura, cosa que no suele ser muy habitual.

Y es que la obra es simple y compleja a la vez, de una simplicidad compleja, podríamos decir: simula estar escrito con los escasos recursos literarios de una joven campesina que ha aprendido a leer y escribir recientemente y sin embargo el interés no decae un solo momento.

Con la gran virtud de que, como comentó una compañera, da voz a un tipo de personaje sin presencia de primera mano en la historia de la literatura por la sencilla razón de no haber tenido nunca la oportunidad de acercarse a la cultura escrita por el analfabetismo ancestral de su medio social de procedencia. Mary, la protagonista, es quien narra su historia en primera persona, seleccionando lo qué cuenta y cómo lo cuenta. Y lo hace de maravilla.

Un personaje, por cierto, que encandila por su fuerza, frescura, energía, desparpajo, alegría, naturalidad, valentía, inteligencia natural, animalidad… Es salvaje, se afirmó en la reunión en varias ocasiones, sin asignarle sentido peyorativo alguno al término. Y es trágico, no se puede obviar, no por sus características físicas -vividas sin victimismo ni complejos- sino por sus condicionantes vitales y sociales.

En conclusión: una lectura absolutamente recomendable, que deleita por su dinamismo y que conmueve, a la vez, al mostrar un “escenario permanente de violencia hacia las mujeres, por todos los motivos posibles”, como comentó por escrito una compañera que no pudo asistir a nuestra cita mensual.

No en vano, a este libro le concedieron el prestigiso Premio Libro del Año 2014 del Gremio de Libreros [y Libreras] de Madrid.

Citas

p. 34-38: “… y entonces el abuelo me preguntó si sabía qué día era al día siguiente.

yo nunca sé qué día es, dije yo.

domingo de pascua, dilo él.

entonces hay que ir a la iglesia.

deberías levantarte pronto antes de ir a la iglesia, dijo él. sube a la colina y mira cómo sale el sol desde ahí arriba.

¿y por qué iba a hacer eso?, le pregunté.

porque entonces todo lo que quieras se va a cumplir el año que viene.

¿todo?

todo.

me daba miedo dormir por si me despertaba tarde y ya había amanecido el nuevo día y me lo perdía.

tuve que calcular cuándo era la hora de salir y entonces salí de la cama sin hacer ruido y me puse el vestido y el chal…

seguí por el sendero y después trepé por encima de la puerta para ir a través de la colina.

el cielo estaba empezando a ponerse más claro…

y cuando estaba en la cima… el cielo empezó a levantarse por encima… y las nubes se volvieron pequeñas y se fueron y el cielo se puso más claro y las estrellas se apagaron.

entonces el sol salió por encima de la tierra y el nuevo día había llegado.

yo me daba la vuelta una y otra vez y miraba el paisaje. enfrente. atrás. por todos partes…

Más sobre la obra

Vídeo

Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

Sesión 64 (14 de junio de 2016)

alicia

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951-)

Hombres desnudosHombres desnudos / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Editorial Planeta, 2015 — 474 p.

Resumen:  “Nadie puede imaginar hasta qué punto los  tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. ‘Hombres desnudos’ es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

En esta ocasión resulta bastante difícil hacer la entrada correspondiente al libro, entre otros motivos porque plantear aquí el coloquio que tuvo lugar en torno al mismo sería destriparlo (término preferido por la Fundación del Español Urgente -Fundéu- al anglicismo tan de moda últimamente).

Decir, eso sí, que la obra gustó en general; incluso, algunas componentes que habían comenzado su lectura con ciertas reticencias comentaron que habían aprendido mucho con las reflexiones de los distintos personajes de la novela. En cualquier caso, también hubo voces disidentes que comentaron que, a pesar de que la autora no se puede considerar como tal, el libro les había parecido profundamente machista por la escasa definición de los personajes femeninos y mayor desarrollo de los masculinos, por crearte simpatías con los segundos y antipatías con los primeros, por justificar hechos injustificables, etc.

No entendí yo del todo la obra de esa forma, aunque sí que pienso que puede dar pie a la justificación de ciertos hechos; a mí en lo que me hizo pensar la novela sobre todo es en el empobrecimiento material y moral a los que puede dar lugar la crisis económica, especialmente con personas procedentes de la clase media, no acostumbradas, por tanto, a luchar por la supervivencia desde siempre como es en el caso de las personas más pobres.

En fin, baste decir que la obra es de fácil lectura, como siempre pasa con esta autora, que es muy interesante el recurso de la voz narrativa cambiante y que puede dar lugar al debate de interesantes cuestiones como la prostitución -y si hay diferencias entre la masculina y la femenina-, las relaciones entre las distintas clases sociales, las relaciones familiares, las relaciones de pareja, los modelos de masculinidad, la violencia machista -y no solo por un personaje tan abiertamente misógino y violento del amigo del personaje principal- o la mencionada crisis de valores ocasionada por la crisis económica.

Y decir, en definitiva, que la novela no es lo que puede parecer de primeras y que si bien es una obra de fácil lectura es de difícil digestión.

Lo que no me atrevo es a afirmar si la autora justifica o simplemente muestra ciertos hechos. Mejor, quizá, oírle a ella en la entrevista que le hizo el programa de RTVE ‘Página 2’ en noviembre de 2015, a ver si nos aclara un poquito al respecto:

 

Citas del libro

p. 35 [Piensa Irene]:

Mis amigos adoptantes de hijos, parejas encantadoras, también se han unido al grupo que me ofrece «cualquier cosa que necesite» tras mi separación. […] No he vuelto a verlos, no me han llamado por teléfono ni una sola vez. Pensar que «los amigos me han fallado» comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así. Los amigos siempre me han importado de un modo relativo, sirven para cubrir necesidades sociales: salir a cenar, charlar distendidamente…, poco más. […] Nunca he visto con mis propios ojos ninguna de esas amistades épicas de los hombres ni la intimidad total que dicen que puede darse entre mujeres. ¿Fidelidad hasta la muerte? Ni los perros te la proporcionan.

p. 37 [Piensa Irene]

Genoveva Bernat, todo un personaje. La próxima vez que me llame le diré que sí, que quiero salir con ella. […] Al menos con ella no tendré la sensación de que están juzgándome, compadeciéndome, intentando sacarme información sobre mi ruptura para lanzarse a murmurar cuando ya me haya ido. […]

p. 98 [Habla y piensa Irene]:

Bueno, Teresa, ya sabes cómo son las separaciones. Se pasa mal […] Pero cuando he llegado a la firma del divorcio, se ha sentido interesada de verdad […]

Naturalmente no puede regresar y presentarse ante el grupo con el saco vacío de cotilleos […]

p. 100 [Piensa Irene]

Nunca me había fijado en cómo habla Teresa. Resulta vulgar, como una dependienta de supermercado ¿Hablo yo igual? Probablemente sí. No era consciente, pero viéndolo desde fuera… Cuanto más te alejas de un paisaje, con más perspectiva lo divisas. Todas las mujeres de mi grupo social hablamos así: una mezcla de palabras cultas y expresiones populares oídas en la calle. Parecemos más modernas de esa manera. […]

p. 124 [Habla Javier y piensa Sandra]

¡Cuidado, Sandra, cuidado con lo que vas a decir! […]

Lleva razón, cuidado, cuidado con lo que digo. No quiero hacerle daño. No quiero ofenderlo. No quiero perderlo […]

p.124 [Piensa Sandra sobre Javier]

[…] ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se ha dejado influenciar por un tipo al que, en circunstancias normales, despreciaría? Iván, un marginal, un machista, un grosero, un lumpen. […]

[Pongo esta cita porque me ha resultado curiosa la lista de descalificaciones por la mezcla de deméritos con prejuicios]

p. 191-193 [Piensa Javier]

[…] mi benefactor es un tipo con quien no me une el más mínimo vínculo […] Un tipo que no ha leído un libro en su vida. […] He pensado en regalarle un libro que pueda gustarle, que lo sumerja en uno de los grandes placeres que se le brindan al ser humano, pero sinceramente, no sé cuál escoger. Descartados los clásicos, cuyo lenguaje no es fácil, y que deben de sonarle a obligatoriedad escolar. […] Descartados los clásicos he pensado también en contemporáneos con garra: Palahniuk, Cheever, Carver…, pero no sé si le interesarán. Quizá debería descender un peldaño mis pretensiones y comprarle una novela de Stephen Kingg, o por el contrario, subir de golpe todos los peldaños posibles y ponerle en las manos ‘Crimen y Castigo’. […] Quiero ser su Pigmalión, mucho peor que eso, estoy comportándome como uno de eso miembros de una pareja desigual que quiere cambiar al enamorado a su imagen y semejanza. Patético. […] ¿Quién me he creído que soy? Iván es muy superior a mí. Yo soy un paria, un desclasado, un inútil. […] Él ha sabido buscarse la vida, espabilarse, convertir las duras condiciones de su pasado en una realidad cómoda y sin traumas. […]

p. 193 [Piensa Javier]:

[…] He visto con toda claridad que nuestra relación era un montaje cuyas reglas de funcionamiento las dictaban los demás. Es siempre así […] Nuestro caso era simple: pareja joven, ambos con trabajo. Buena colaboración en las tareas domésticas. Cierta solidaridad: hoy por ti mañana por mí. Amigos comunes, aficiones comunes. Salidas consensuadas: al cine, a cenar. Fines de semana tranquilos. Sexo seguro y garantizado. Todo en su lugar. Cambia una sola pieza de ese artefacto […] y la cosa se ha jodido. […]

p. 249 [Piensa Genoveva]

[…] ¡Verlo para creerlo! Aunque me temo que es cosa de todos los hombres en general. También los maridos se olvidan de cómo empezaron las cosas y van metiéndose en tus asuntos cada vez más. Exigen, protestan, preguntan, dan el supercoñazo y enseñan su peor cara. […] ¡Tranquis, tíos!, tú eres tú y yo soy yo. […]

[Para fijarse también en la muestra del habla de un personaje de la clase ‘pudiente’ mencionada en una cita anterior]

p. 258-259 [Piensa Javier]

Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportaría felicidad. […] La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz. ¿Quién puede permitirse vivir una existencia plácida dedicada a enseñar, a leer, a pensar, a convivir en paz? […]

p. 346 [Habla Javier]:

A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad.

Más noticias y opiniones sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout

Sesión 61 (1 de marzo de 2016)

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Elizabeth Strout (Portland, 1956-)


Olive Kitteridge / Elizabeth Strout ; traducción de Rosa OlivePérez Pérez. — Barcelona : El Aleph, 2012. — 324 p.

Resumen: “Olive Kitteridge lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Aunque la asistencia a la reunión fue reducida, la mayoría de quienes estuvimos en la misma comentamos lo mucho que nos había gustado el libro y su personaje central, Olive Kitteridge.

Y es que a pesar de su apariencia -y en parte también de su fondo- de dureza, Olive se percibe como un ser sentimental a la vez que inteligente, si bien un poco irritable y, desde luego, no es de quienes muestran fragilidad o van derrochando simpatía por la vida con el fin de que el resto de la gente se compadezca y/o le quiera, cuestiones comúnmente atribuidas a las mujeres. Estos rasgos de su carácter hizo que nos preguntáramos si nos gustaría y si nos sería o no grato relacionarnos con ella si fuera una persona real de nuestro entorno. Porque este tipo de personas que van tan a las claras, tan sin subterfugios, no siempre cae bien, como lo demuestra la mala opinión que muestra el hijo de Olive sobre la misma y la relación distante y extremadamente fría que establece con ella al hacerse adulto.

Esa mala opinión también la expresó especialmente una de las asistentes a la reunión, que mantuvo durante todo el tiempo que se trataba de un personaje odioso, una mala persona que hasta había pegado a su hijo cuando este era pequeño (y aquí yo me pregunto cuántas madres y padres no lo han hecho alguna vez, si bien esto no puede disculpar un acto injustificable que, contrariamente a lo que a veces se mantiene o se ha hecho en el pasado, no se realiza por el bien del menor sino como un desahogo violento sin valor educativo alguno, siendo una práctica que debería desaparecer totalmente de los usos familiares).

Pero, volviendo a la novela, y en concreto a cómo está escrita, comentar la forma tan curiosa que tiene la autora de la misma de hacernos llegar a su personaje principal, ya que no solo se le conoce directamente mediante los capítulos centrados en Olive -y en ocasiones también en Henry, su marido-, sino también a través de breves comentarios sobre ella o apariciones de la misma en capítulos protagonizados por otros personajes del pueblo. Es precisamente en esos capítulos donde se puede llegar a detectar la gran sensibilidad y hasta la grandeza moral de un personaje que no por ser fuerte deja de conmoverse y de ser solidario con las personas de su entorno.

Finalmente comentar la exitosa y multipremiada miniserie de televisión del mismo título basada en el libro, dirigida por Lisa Cholodenko con guión de Jane Anderson, y producida y protagonizada por Frances McDormand -no se nos ocurre una actriz mejor para dar vida al personaje-, que, si bien respeta el espíritu de la novela, no responde exactamente a los hechos que se narran en la misma. Esta serie, Olive Kitteridge, también está disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación.

Citas del libro

P. 79: “… Pero… se dijo que no era ni más ni menos patética que ninguno de ellos… Y la gente era buena… Oh, definitivamente había gente buena en el mundo…

… Angie se dio cuenta que había comprendido algo demasiado tarde y que la vida debía de ser eso, comprender algo cuando ya era demasiado tarde…”

P. 89: “… Su opinión personal es que la vida depende de lo que ella considera ‘grandes alegrías’ y ‘pequeñas alegrías’. Las grandes alegrías son cosas como contraer matrimonio o tener hijos, intimidades que te mantienen a flote, pero estas grandes alegrías contienen peligrosas corrientes ocultas. Por eso también son necesarias las pequeñas alegrías: un dependiente amable en unos grandes almacenes, por ejemplo, o la camarera… que sabe cómo te gusta el café…”

P. 121-122: “Olive Kitteridge se había echado a llorar. Si había alguien del pueblo que Harmon creía que jamás vería llorar, esa era Olive…

Olive alargó la mano y acercó una silla para sentarse con la cabeza de la muchacha apoyada en su generoso regazo. Le acarició el cabello y cogió unos cuantos mechones entre los dedos, señalándoselos a Daisy y a Harmon con un gesto antes de tirarlos al suelo. Uno perdía el pelo cuando estaba desnutrido…

La escena siempre recordaría a Harmon al día en que la bola de fuego había entrado por la ventana y había dado la vuelta al salón. Porque en la habitación se palpó una suerte de cálida electricidad, algo asombroso y de otro mundo, cuando la muchacha se puso a llorar y Daisy llamó finalmente a su madre por teléfono, quien dijo que iría a recogerla por la tarde y prometió que no volvería a internarla. Harmon se marchó con Olive, dejando a la muchacha envuelta en una manta en el sofá. Ayudó a Olive Kitteridge a subirse al coche; luego… se fue a casa, sabiendo que algo en su vida había cambiado. No habló de ello con Bonnie.”

P. 141: “… Le habían pasado cosas pero daba igual. Puso las espalda recta. También a otras personas les había pasado cosas.” [Olive Kitteridge]

P. 154: “Nunca se repondrían de aquella noche. Y no porque los hubieran tomado como rehenes en un baño… No, nunca se repondrían de aquella noche porque habían dicho cosas que cambiaban su concepto del otro. Y porque, desde entonces, ella había estado llorando interiormente, incapaz de quitarse de la cabeza al muchacho pelirrojo con su cara magullada y asustada, tan enamorada de él como cualquier colegiala… dispuesta a confeccionarle un mono de jardinero como el contacto de la cárcel le había dicho que podía hacerle…”

P. 156-157: “y pensó que, a fin de cuentas, la vida era un regalo, que una de las cosas que tenía envejecer era saber que muchos momentos no eran solo momentos, sino regalos… Fuera lo que fuera lo que les deparara la vida…, la gente se veía impulsada a celebrar las fiestas porque sabía, de algún modo, que la vida era algo digno de festejar.”

P. 189: “Louise… recitó, en voz baja:

Los chicos al pajar, las chicas a estudiar…”

P. 190: “Oh, vamos, Olive. Las personas somos como somos. Siempre me pareció que tú, precisamente, lo entendías.”

P. 197-198: “Cuando regresó a casa una tarde, miró en un cajón de viejas fotografías… Una fotografía de Henry cuando era pequeño… Otra fotografía suya en la Marina, alto y delgado, solo un crío, de hecho, esperando a que empezara la vida. ‘Te casarás con una bestia y la querrás’, pensó Olive. ‘Tendrás un hijo y lo querrás. Serás amable hasta la saciedad con la gente cuando vaya a comprarte medicinas, alto con tu bata blanca. Terminarás tus días ciego y mudo en una silla de ruedas. Esa será tu vida’.”

p. 199: “… ¿Habían sabido ser serenamente felices en esos momentos? Lo más probable era que no. En general, cuando vivían la vida, las personas no eran suficientemente conscientes de que la estaban viviendo…”

P. 237: “… ¿Sabes lo que dijo un día en clase la señora Kitteridge?… Siempre recuerdo que un día dijo: ‘Que no os dé miedo vuestra sed. Si os da miedo vuestra sed seréis tan memos como el resto de la humanidad’.”

P. 246: “… Olive sintió algo que no esperaba volver a sentir: unas inesperadas ansias de vivir. Se inclinó hacia adelante y miró por la ventanilla: agradables nubes pálidas, el cielo azulísimo, los campos reverdecidos, la ancha extensión de agua; visto desde allí arriba, todo parecía maravilloso, increíble…”

P. 258: “Cuando Olive salió del instituto aquella noche…. tuvo la sensación… de que la habían visto. Y ni tan siquiera había sabido que se sentía invisible.

Por entonces ella se consideraba casi vieja…”

P. 271: “… Jamás había tenido un amigo tan leal, tan bueno, como su marido.

Y, no obstante, de pie detrás de su hijo, esperando a que cambiar el semáforo, recordó que, durante su vida en común, hubo veces en que sintió una soledad tan honda que en una ocasión…. mientras se empastaba una muela, la dulzura con que el dentista le había vuelto la barbilla con sus suaves dedos le había parecido una atención de una ternura casi insoportable, y había tragado saliva, mientras se le escapaba un gemido de nostalgia y se le llenaban los ojos de lágrimas…” [Olive Kitteridge]

P. 292: “… A veces la señora Kitteridge la miraba muy fijamente, cuando se suponía que la clase estaba trabajando. Una vez le dijo en el pasillo: ‘Si alguna vez quieres hablar conmigo de lo que sea, puedes hacerlo’.”

Más opiniones sobre la obra y la serie

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Presentamos ‘Seducción y género en la Sevilla Barroca…’, de Eva Manzano Pérez

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seduccion-en-la-sevilla-barrocaEl mes pasado nuestro Centro de Documentación María Zambrano, en colaboración con la Fundación María Fulmen, presentó el libro ‘Seducción y género en la Sevilla Barroca. Historias de amores públicos, peticiones de honra y buena vecindad‘ (Triskel, 2015), una investigación sobre el incumplimiento de promesas de matrimonio en la Sevilla del siglo XVII con el que su autora, la joven historiadora Eva Manzano Pérez -que tenemos la suerte de que pertenezca a nuestro grupo de lectura-, concluyó sus estudios de postgrado.

En la presentación, Eva Manzano Pérez, cuya labor como historiadora complementa en la actualidad con la gestión de proyectos culturales y de investigación en la Universidad Pablo de Olavide, destacando por su labor en la organización de distintos eventos de ámbito local orientados al fomento de la igualdad de género, estuvo acompañada por Ainara Aguirre Narros, psicóloga especializado en mediación y terapia familiar sistémica cuya actividad como activista por la igualdad de género le ha relacionado con el tejido asociativo sevillano, trabajando y formando parte de varias asociaciones de igualdad, diversidad sexual y de psicología.

En palabras de la autora, este ensayo histórico trata de amoríos y relaciones sexuales que se entablaban bajo palabra de matrimonio en la Sevilla Barroca que transgredían las normas religiosas y morales de la época, y que podían concluir o no con el enlace de la pareja. Las rupturas de estas promesas, normalmente por parte del seductor, perjudicaban la reputación pública y la honra de las muchachas seducidas. Con el objetivo de certificar y reparar su honor, estas jóvenes y sus parientes, emprenderían querellas judiciales y todo tipo de tratativas privadas.

Así, a través de fuentes testimoniales y procesales Eva Manzano Pérez ha reconstruido fragmentos de historias de vida, analizando la formación de parejas y la regulación del matrimonio en los sectores más modestos de la sociedad sevillana del Seiscientos.

Mediante dichas fuentes, la autora ha seguido la lucha de tres mujeres por atestiguar su honra y contraer matrimonio con el hombre de su elección -coincidente en el caso de dos de ellas-, cuyas relaciones pasionales se iniciaron en el sevillano barrio de Triana en un caso y en la villa ducal de Osuna en los otros dos casos restantes.

Uno de los descubrimientos de la autora al respecto es la participación activa de la vecindad en los asuntos del honor y su papel preponderante en la definición de enlaces matrimoniales, que se materializaban en formas de solidaridad y tejidos de apoyo con una fuerte influencia femenina.

Como lega en la materia, comentar lo curioso que me resultó ver cómo mediante fuentes documentales se puede llegar a conocer la forma de vida, las relaciones -familiares, de amistad y vecinales-, la forma de hablar…. y hasta el carácter de las personas a que se refieren dichas fuentes, así que tanto la presentación como el debate posterior estuvo lleno de vida, como lo está, sin duda, el libro que recoge la investigación completa que animamos a leer para adentrarse en la vida del barroco Sevillano de una forma amena y llena de autenticidad histórica.

Para más información también puede consultarse ‘Mujeres y hombres en el Barroco sevillano‘, un interesante artículo de Eva Manzano Pérez sobre el tema para El Correo de Andalucía (18 enero 2016).

Una buena ocupación esto de leer sobre el Barroco en Sevilla para acercarse a la ciudad en estas fechas de semana santa, fiesta barroca donde las haya.

Malala: mi historia, Malala Yousafzai

Sesión 59 (12 de enero de 2016)

malalaMalala Yousafzai (Mingora -Pakistán-, 1997-   )

MalalaMalala: mi historia / Malala Yousafzai, con Patricia McCormick. — Madrid : Alianza, 2014. —250 p.

Resumen: Malala Yousafzai sólo tenía diez años cuando los talibanes se apoderaron de su región. Decían que la música era pecado. Decían que las mujeres no debían ir al mercado. Decían que las niñas no debían ir al colegio. Malala creció en una pacífica región de Pakistán transformada por el terrorismo. Aprendió a defender sus convicciones y luchó por su derecho a la educación. El 9 de octubre de 2012 estuvo a punto de perder la vida por la causa: le dispararon a quemarropa en el autobús cuando volvía a casa del colegio. Nadie creía que fuera a sobrevivir. Se ha convertido en un símbolo inernacional de la protesta pacífica y es la nominada más joven de la historia para el Premio Nobel de la Paz.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Conocer con un poco más de profundidad la historia de la joven pakistaní Premio Nobel de la Paz 2014 nos ha conmovido a la mayoría de las componentes del grupo de lectura, un personaje que, desde que supimos de su historia hace ya unos años, contó con nuestra admiración y respeto por su valentía y tesón en la defensa de una causa tan justa como es el derecho a la educación de todas las niñas del planeta.

En la reunión se comentó lo importante que es que conozcamos la historia de mujeres que desde todas las partes del mundo luchan por nuestros derechos, y una de las componentes del grupo abogó porque abordemos más lecturas de este tipo.

Se hicieron, no obstante, algunas objeciones, como es la posible idealización del personaje y la instrumentalización del mismo por parte los medios de comunicación occidentales. Al respecto algunas opinamos que una niña así no es muy común, es cierto, pero afortunadamente en el mundo hay personas admirables, como es el caso, y que bien está que los medios tomen como modelo a este tipo de personas que defienden causas tan importantes para el desarrollo de las mujeres y de la humanidad en general.

(A modo de paréntesis comentar que también se dijo que existían multitud de pequeñas heroínas y pequeños héroes que hacen grandes esfuerzos para acceder a su formación en condiciones muy adversas, como puede verse en la conmovedora película documental Camino a la escuela.)

De todas formas, señalar que Malala se muestra en el libro como una niña normal, que se pelea frecuentemente con sus hermanos y con su mejor amiga por tonterías, que se le pegan las sábanas por la mañana y tiene que correr para llegar tiempo a clase, que compite con otras estudiantes para obtener el reconocimiento como mejor alumna del colegio, que le gusta jugar en la calle y ver en la tele sus programas favoritos, que se preocupa de su aspecto físico al crecer, etc. Pero siempre subyace en la narración su fuerte arraigo religioso y, sobre todo, su gran determinación en aprender y formarse para contribuir al desarrollo futuro de su país, para lo que cuenta con el apoyo de su padre, admirable director de un colegio de niñas en una zona de cultura tan patriarcal como es Pakistán, y activista por la democracia de su país y el derecho a la libertad de sus compatriotas.

También llama atención en el libro lo que Malala dice sobre el terrorismo -ver la cita al respecto en el epígrafe correspondiente- y la semejanza con lo que el Estado Islámico está intentando trasladar a Occidente. Y es que convendría recordar que las principales personas que sufren el terrorismo yihadistas son las y los habitantes de los países árabe, como lo muestran numerosos hechos que suceden con tanta frecuencia y a la que los medios prestan menos atención de la que debieran.

Pero, retomando el tema de la aparente idealización del relato que se hace en el libro, quizá es cierto que se echen en falta algunas cuestiones, como sería una visión más crítica de Malala sobre su nuevo entorno -actualmente vive en Birmingham, Reino Unido-, de donde sí comenta someramente cómo le llama la atención el individualismo de la gente que vive como ensimismada en sus casas, con poca interacción con el vecindario próximo, lo que se manifiesta, por ejemplo, en la inexistencia de niñas y niños jugando en la calle, o la forma de vestir de las mujeres occidentales, de lo que solo parece sorprenderle la fortaleza física que muestran algunas en la escasez de la ropa incluso, cuando la temperatura es baja. Y es que debe estar muy agradecida al acogimiento que se le ha hecho en Occidente y a la libertad de movimientos que puede tener aquí, si bien echa tremendamente de menos su hermoso país de origen.

Y con el tema de la ropa surgió un debate muy interesante sobre la hipersexualización actual de las mujeres occidentales, y cómo muchas chicas -y algunas mujeres- visten de una forma que ellas estiman que es manifestación de su libertad pero que más bien lo que demuestra es que siguen acriticamente modelos de sexualidad establecidos por la sociedad patriarcal circundante. Al respecto se mencionó Hipersexualidad, la espléndida canción de la percoautora Virginia Rodrigo, o el estupendo artículo El Eros perdido de la adolescencia, de Charo Altable (revista Mujer y Salud, n. 25 invierno 2008-2009).

Citas del libro

P. 80: Yo había crecido oyendo la palabra ‘terrorismo’, pero nunca había entendido realmente qué significaba. Hasta ese momento. El terrorismo es diferente de la guerra, donde los soldados se enfrentan en la batalla. Terrorismo es sentir el miedo a tu alrededor. Es irte a dormir de noche sin saber qué horrores traerá el día siguiente. Es abrazarte a tu familia en la habitación central de la casa porque habéis decidido que es el lugar más seguro. Es caminar por tu propia calle sin saber en quién puedes confiar. Terrorismo es el miedo de que cuanto tu padre sale de casa por la mañana no regrese por la noche.
Ahora el enemigo estaba en todas por todas partes y los ataques llegaban como de la nada. Un día destruían un comercio. Al día siguiente, una casa. Circulaban toda clase de rumores… Un día volaban un puente; al día siguiente, una escuela. Ningún lugar era seguro. Nadie estaba a salvo.

P. 195: ¡Qué grande es Dios! Nos ha dado ojos para ver la belleza del mundo, manos para tocarlo, una nariz para percibir toda su fragancia y un corazón para apreciarlo todo. Pero no nos damos cuenta de lo milagrosos que son nuestros sentidos hasta que perdemos uno.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

El cuerpo nunca miente, de Alice Miller

Sesión doble 56 (1 de octubre de 2015)

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Alice Miller (Polonia, 12 de enero de 1923Francia, 14 de abril de 2010)

cuerpoEl cuerpo nunca miente / Alice Miller; traducción de Marta Torent López de Lamadrid. — Barcelona : Tusquets, 2014. — 207 p.

Resumen: “El cuarto mandamiento -honrarás a tu padre y a tu madre-, heredado de la moral tradicional nos exige que honremos y queramos a nuestros padres, pero oculta una amenaza. El que quiera seguirlo pese a haber sido despreciado o maltratado por sus padres sólo podrá hacerlo reprimiendo sus verdaderas emociones. Sin embargo, el cuerpo a menudo se rebela, con graves enfermedades, contra esta negación y esta falta de reconocimiento de los traumas infantiles no superados… “

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

La autora sostiene que los episodios traumáticos vividos en la infancia, normalmente causados por familiares directos, quedan registrados en el cuerpo, en la memoria corporal, por lo que el camino a una madurez sana no pasa por el autoengaño y la tolerancia a las crueldades sufridas siendo menores sino por el reconocimiento de la propia verdad y el aumento de la auto-empatía hacia la niña o el niño que fue maltratado.

Este planteamiento choca con la moral tradicional cristiana e, incluso, con teorías y prácticas psicoanalistas, dice, que mantienen que para sanar hay que perdonar. Al contrario, la autora aboga por el tratamiento de este tipo de pacientes mediante la empatía de un/a testigo cómplice que no les obligue a perdonar y sentir amor por quienes les hicieron daño en sus primeros años.

Lo que Miller, conocedora del tema en carne propia, pretende demostrar a lo largo del libro es que el autoengaño y el forzar a un amor no sentido en las entrañas a lo que lleva es al desequilibrio emocional y la enfermedad física, en ocasiones muy grave, mientras que el objetivo de todas las terapias, según ella, debería ser ayudar a las personas a que encuentren en su cuerpo un aliado que sepa cómo ayudarse a una o uno mismo.

Para demostrar sus tesis pone diversos ejemplos, entre ellos de personas de letras célebres, como Virginia Woolf, Joyce o Proust, u otras anónimas que fue conociendo a lo largo de su larga carrera de terapeuta, deteniéndose especialmente en alteraciones como la anorexia y la bulimia nerviosa y la drogadicción.

Si bien algunas integrantes del grupo sostuvieron durante la reunión que la autora parece transmitir en el libro su obsesión por el tema y que para ella no puede existir el perdón, esto no coincide con mi visión de lo leído, pues hay un momento en que la autora plantea que se puede modificar la relación con las personas que te hicieron sufrir en la infancia siempre que se parta de la verdad de lo que pasó y del respeto a la persona que siendo menor fue objeto de malos tratos.

Aunque hasta ahora desconocía totalmente el tema, pienso que la autora fue absolutamente rompedora en su época y después de leer el libro estoy convencida de que para sanar realmente hay que salir del círculo del autoengaño, facilitando así la desaparición de síntomas de las enfermedades con las que el cuerpo llama nuestra atención.

Encima de haber sufrido maltrato en la infancia, tienes que sentirte culpable por no albergar buenos sentimientos por las personas que actuaron de verdugos. Esto es lo que, en el fondo, sostienen terapias aún en la actualidad, en pos de un ‘buen rollo’ que lo que hace es negar la propia memoria y tu persona. Visto así parece un poco demencial, no? En fin, que el buen rollo lo tiene que tener cada persona consigo misma, siendo sincera y respetando las señales que emite tu cuerpo que, y esto parece una verdad incontestable, nunca miente.

Citas

p. 146: Una joven, durante mucho tiempo atormentada por sus sentimientos de odio, se sinceró por fin con su madre y le dijo, nerviosa y con miedo: “Cuando era pequeña no me gustabas como madre, te odiaba, pero no dejasteis que me diera cuenta”. La chica se sorprendió de que no sólo ella, sino también su madre, consciente de su culpabilidad, reaccionara con alivio a esta manifestación. Pues ambas, en silencio, sabían cómo se sentían, pero ahora, finalmente, habían dicho la verdad en voz alta. A partir de entonces pudieron entablar una relación nueva y sincera.

p. 147: … Solamente será posible una auténtica relación cuando las dos partes consigan admitir los sentimientos, vivirlos y comunicarlos sin miedo.

p. 151: … El camino a la madurez no pasa por la tolerancia a las crueldades sufridas, sino por el reconocimiento de la propia verdad y por el aumento de la empatía hacia el niño maltratado.

p. 152: … Esta carga sólo afecta a las personas que en el pasado fueron maltratadas, sobre todo cuando no están dispuestas a pagar el autoengaño con enfermedades…

p. 153: … Cuando dejen de participar en esta ocultación, tendrán la oportunidad de romper la cadena de violencia y autoengaño, y no convertir más a sus hijos en víctimas.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación