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Madre de leche y miel, de Najat El Hachmi

Sesión 88 (2 de abril de 2019)Najat El Hachmi (Nador, Marruecos, 1979-)

Madre de leche y miel / Najat El Hachmi– Barcelona : Destino, 2018.– 380 p.

“Madre de leche y miel narra en primera persona la historia de una mujer musulmana del Rif, Fátima, que ya adulta, casada y madre, deja atrás a su familia y el pueblo donde ha vivido siempre, y emigra con su hija a Cataluña, donde lucha para tirar adelante. En esta historia se narran las dificultades de esta inmigrante, además del desajuste entre todo lo que ha vivido hasta ahora, y en lo que creía, y este nuevo mundo. También se narra su lucha para tirar adelante y dar un futuro a su hija. Articulada como un relato oral en que Fátima vuelve al cabo de los años de visita a la casa familiar y cuenta a sus siete hermanas todo lo que ha vivido.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)fundacion-tres-culturas

Valoración

A esta autora tuvimos el placer de conocerla en persona en la Fundación Tres Culturas, donde vino invitada por el club de lectura de su Biblioteca [fotos de recuerdo al final de la entrada]. Allí nos enteramos, por ejemplo, de que escribe en catalán y de que por ahora no ha sido ella quien se ha encargado de las versiones en castellano de sus obras.

Respecto a este libro en concreto, hubo división de opiniones en la reunión de nuestro grupo de lectura. Aunque la obra nos había interesado en general por sus personajes principales y su temática, a algunas se nos había hecho un poco pesada y pensábamos que se podría haber aligerado de algunas páginas. Algo difícil, quizá, dado el estilo de relato ‘oral’ en los capítulos en que Fatima, la madre marroquí protagonista de la historia, le cuenta a sus hermanas las vicisitudes pasadas y cómo consiguió salir adelante en Cataluña, donde había emigrado con su hija pequeña desde el Rif en busca de un marido que se había ido anteriormente allí y que no daba señales de vida. Para tan largo viaje Fatima apenas contaba con medios materiales ni humanos ya que, por ejemplo, era analfabeta y no tenía conocimiento alguno de la lengua y la cultura del lugar de destino.

En cualquier caso, decir que la obra refleja muy bien la difícil vida a la que se enfrentan en el país de acogida (!?) las personas inmigrantes, más cuando estas son mujeres, sin formación ni contactos, y para colmo son árabes, es decir, de una cultura muy diferente a la nuestra aunque geográficamente apenas haya distancia entre nuestros respectivos países. Por señalar algo ventajoso para las mujeres en esta situación, decir que aquí pueden gozar de más libertad que en su país de origen, de cultura más acusadamente patriarcal, por decirlo suavemente. Por ejemplo, la protagonista de la novela consigue finalmente un trabajo medianamente aceptable en una fábrica y con ello una autonomía económica que, seguramente, no habría conseguido en su tierra, si bien hasta llegar a una situación laboral digna antes tiene que pasar por gran cantidad de trabajos precarios. Curioso, por cierto, que al final decida irse de la fábrica cuando a la misma van llegando trabajadores árabes, por los que se siente observada y ‘controlada’, tal como lo sería en su propio país.

En la primera parte de narración, que transcurre en Rif, es muy bonito ver las tiernas relaciones familiares entre hijas, madres y abuelas. Lo que no impide que se muestre cómo las mujeres están allí sometidas a una cultura en la que la violencia machista es algo común y corriente, dado que estas son consideradas como personas de segunda categoría con las que se puede hacer lo que se quiera, incluido someterlas a abusos sexuales y/o maltratos físicos. Y no siempre cuentan con la solidaridad de otras mujeres, como sería lo esperable. Dicho todo esto, lógicamente, con carácter general.

Hablando de las relaciones familiares entre mujeres, en el libro también conforta ver cómo muchos conocimientos básicos para la vida son transmitidos por las madres en la mayoría de las culturas y de las familias. Entre las cosas que pueden resultar un poco chocantes en el mismo mencionar el tono de tragedia con que es relatada la retirada del pecho de su madre a una hija motivada por el nacimiento de un nuevo bebé; o que quizá pueda resultar un poco impostada la pasión sexual de Fatima hacia su marido, ya que este no da la impresión de preocuparse por la satisfacción de su joven esposa a ningún nivel. Una cosa simpática es conocer que el amor a las hijas e hijos en el Rif lo sitúan metafóricamente en el hígado en vez de en el corazón, como sucede por estos lares. Y algo también triste es ver el desgarro -que ya hemos conocido en otras obras de diversas culturas- de las madres que han luchado para que sus hijas tengan una formación que ellas no han tenido la oportunidad de adquirir y que con el tiempo esto les supone el extrañamiento y alejamiento vital de sus hijas, más cuando, como es el caso, madre e hija viven en contextos mentales culturales diferentes.

En definitiva, la obra parece tratarse de un homenaje de la autora a su madre y a tantas otras mujeres que emigraron o que lo siguen haciendo -o intentando- hoy en día para conseguir una vida mejor, también para sus hijas e hijos, aunque para ello tengan que pasar por peligros, sacrificios y trabajos sin fin. Un homenaje muy merecido al que también nos queremos sumar desde aquí.

Citas

P. 63: … Invocaba a mi madre, a su madre y a su abuela y a todas las mujeres que nos han precedido, y les pedía fuerzas para aguantar aquel momento…

P. 69: … Fátima mía eran dos palabras que la envolvían con los brazos de su padre y la niña se paraba a reflexionar sobre el hecho de que unas simples palabras, que le llegaban a los oídos sin tan siquiera tocarla, le hicieran sentir una calidez como sea… Las palabras duran más que las cosas, se decía ella…

P. 98: … En general toda mujer que se opusiera deliberadamente a lo establecido era considerada una cualquiera…

P. 99: … Una mujer podía tener todas las cualidades del mundo, pero si estaba estropeada no servía para nada…

p. 122: … Me recordé a mí misma por qué había llegado allí. Que había ido a encontrar mi sitio, mi hogar, pero que este me había rechazado. Me vinieron las palabras que repetía tan a menudo mi madre: ponte derecha, sobre tus pies. Camina sobre tus propios pies que por algo tienes un buen par.

P. 182: … La voz de su madre […] era a buen seguro lo que más extrañaría.

P. 196-197: … Cuando le conté a Latifa lo que habíamos encontrado al llegar aquí, no sabéis cómo sufrió por mi, se puso tanto en mi piel que pensé que de un momento a otro se quedaría sin aire. Pero después, cuando le conté cómo había decidido levantarme sobre mis propios pies y convertirme en el padre de mi hija, en un hombre, le pareció un milagro de Dios. El hígado es el hígado, me dijo, solo los que han sufrido saben lo que es.

P. 253: Y sí que es lo mismo, hermanas, entonces no lo sabíamos, pero los hombres son iguales en todas partes. Yo me fiaba de los cristianos porque veía que no se excedían con las mujeres. Si los mirabas a los ojos ellos no pensaban que querías algo, y en absoluto te decían nada ni te seguían por la calle. Pero también has de tener cuidado con ellos porque son como los demás.

p. 261: … era aferrarse a Mohamed, ser en el otro…

P. 267: … Es mi hijo, me ha salido del vientre. Pero las leyes d ellas madres en nada se parecen a las del gobierno…

P. 273: … El incidente de aquel hombre de las manos heladas me hizo revivir el miedo antiguo que llevamos las mujeres en el cuerpo…

P. 277: … ¿Os acordáis de que os dije que me contaba tantas cosas al principio? ¿Que casi todo lo que aprendí de aquel nuevo mundo me lo explicó ella? Pues de pronto se calló, ahora apenas le podía sacar una frase completa…

P. 311: … Vosotras no podéis entenderlo, aquí las cosas son diferentes, las jóvenes son de las madres hasta que son de su marido, de su madre al marido, pero allí las mujeres hacen lo que quieren, pueden ganar dinero trabajando y entonces no le han de dar explicaciones a nadie.

P. 340: … Sentí mi cuerpo invadido por espasmos, por nudos de hacía muchos años, de dolor, de sufrimiento, de cosas que yo no recuerdo pero mi cuerpo sí…

P. 368: … Se echa tanto de menos al paisaje como a las personas…

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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Galería de fotos del encuentro con la autora en la Fundación Tres Culturas

Finalmente, aquí están las fotos mencionadas de componentes de nuestro grupo de lectura con la joven autora catalana-marroquí, tomadas en la reunión que mantuvimos con la misma el martes 29 de enero de 2019, conjuntamente con el club de la Fundación Tres Culturas, gracias a la amable invitación de la responsable de la Biblioteca de dicha entidad, que también aparece con nosotras en las imágenes.

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Nada crece a la luz de la luna, de Torborg Nedreass

Sesión 87 (5 de marzo de 2019)Torborg Nedreaas (Bergen, 1906 – Nesodden, 1987)

Nada crece a la luz de la luna / Torborg Nedreass; traducción de Mariano González Campo– Madrid: Errata Naturae, 2016.– 270 p.

“Esta fascinante novela comienza de un modo tan sugerente como misterioso: en la estación de tren de una gran ciudad, un paseante, casi un voyeur, descubre a una mujer todavía joven que deambula solitaria ya de noche. La mujer sigue al hombre hasta la casa de éste, y allí le ofrece o su cuerpo o su historia, como en los cuentos del lejano Oriente. El hombre elige conocer la vida de la mujer. Así, a lo largo de una noche sabremos quién fue ella, quién fue aquel profesor y amante al que veneró de jovencita, cuáles fueron sus deseos y sus esperanzas, sus ansias y sus frustraciones, cuál fue su amor tormentoso y clandestino…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

En la contraportada del libro pone que se trata de uno de los grandes clásicos modernos nórdicos, leído por las distintas generaciones desde que se publicó originalmente en 1947 y que incluso se ha convertido en obra de teatro y película décadas después de su publicación.

No he conseguido encontrar la película basada en la obra -imagino que su distribución se limitaría al ámbito geográfico en que fue producida- pero hay un párrafo que seguramente os suene:

Entré en la habitación donde estaba Johanes. Se había dado la vuelta haciéndose un ovillo, así que no había sitio para mí. Al intentar hacerme un hueco se despertó e hicimos el amor, pero la soledad me acompañaba y no lograba expulsarla de mi corazón. Estábamos todo lo cerca que dos personas pueden estar, pero cada uno en su mundo. (P. 93)

Y es que el mismo es leído por el protagonista Dolor y gloria, la nueva película de Almodóvar, imagino que porque refleja muy bien el estado de desánimo inicial del mismo.

Como se dice en el resumen, en la novela una viajera se va a la casa de un hombre que encuentra en la estación de tren de una gran ciudad y a lo largo de una noche le cuenta su vida, centrada fundamentalmente en la tormentosa relación amorosa mantenida a lo largo del tiempo con el que fuera profesor suyo.

Tengo que confesar que la primera parte de la obra se me hizo pesada, sobre todo por las continuas interrupciones del relato con la gran cantidad de tazas de café, copas de vino y cigarrillos que se dice que toman a lo largo de la noche, en un intento de la autora de reflejar el ambiente de la conversación que relata la obra.

Tampoco la temática me resultaba demasiado interesante: un gran amor mantenido por la protagonista a lo largo del tiempo a pesar de que no le lleve si no a la desesperación y a la desgracia.

Pero poco a poco la obra me fue atrapando, gracias fundamentalmente a su humanidad, la profundidad de los sentimientos mostrados, el ambiente familiar y social magistralmente reflejados y los maravillosos paisajes descritos.

¿Y qué valoración hizo el grupo del libro? Pues todas estuvimos de acuerdo en que se trata de un relato desgarrador, que muestra como pocos la alienación amorosa de una relación tóxica, la miseria y la pobreza física, cultural y espiritual del sector social donde nace y se desarrolla la protagonista, sin esperanza apenas en la posibilidad de una vida mejor que sí intuye la misma. También se comentó la forma magistral en que la autora muestra las sensaciones, el estado de ánimo de sus personajes y su relación con la naturaleza que le rodea, que en la contraportada del libro se define como prodigiosa. Y se dijo que se trataba de una obra existencialista, de calado filosófico, que muestra cómo se nos juzga y de cómo nos juzgamos y justificamos las personas a nosotras mismas… Una narración excepcional, en suma.

No hablaremos aquí de los abortos que se muestran en la obra. Solo decir que a mí me recordó épocas pasadas -que esperemos que no se repitan pese a que haya quienes se empeñan en lo contrario-, cuando amigas de la juventud llegaron hasta a poner en riesgo su vida por no querer o poder tener una descendencia no deseada por varios motivos, entre ellos imperativos económicos y sociales. Eso si nos limitamos a nuestro entorno inmediato, pues en gran parte del mundo estas situaciones de violencia social sobre la vida y los cuerpos de las mujeres siguen más que vigentes. Una componente del grupo, de hecho, comentó que había sido incapaz de continuar con la lectura del libro, que le había recordado a ‘4 meses, 3 semanas, 2 días‘, una película sobre esta misma temática que le había había dejado conmocionda cuando la vio en su momento (también disponible en el Centro de Documentación).

En este sentido decir que la autora denuncia claramente la hipocresía de la sociedad en este y en otros temas, como se puede colegir en parte por las citas del libros que se recogen abajo, si bien hay momentos en que idealiza el tema de la maternidad, cuestión que hay que situar dentro del contexto de la época en que le tocó vivir. (Aunque ahora que me doy cuenta, he vuelto a caer en un vicio tan extendido como confundir el pensamiento de la autora del libro con el de la  protagonista del mismo…).

Para ampliar un poco más el semblante de la autora decir que la misma fue feminista y comunista y que a menudo fue llamada la Simone de Beauvoir noruega, aunque es una novelista de mayor altura literaria, según se sostiene en Literatura nórdica, un blog de Aurora Boreal, en donde se puede ampliar el semblante de esta interesantísima escritora.

Para terminar decir que el libro me recordó algo que oí en la primera charla de Laura Freixas a la que asistí sobre el controvertido tema de si existe o no una literatura femenina y si hay o no diferencias con respecto a la de sus homólogos masculinos, manteniendo la conferenciante que hay ciertos temas que, pese a su interés humano y, por tanto, universal, han sido históricamente obviados por los hombres y que no aparecieron en la literatura hasta que las mujeres se incorporaron a misma. A las pruebas me remito.

Citas

P. 13: Su voz no transmitía melancolía alguna, ni alegría. Se limitó a decir aquello, a modo de constatación, sin asombro … Al fin y al cabo, es lo único que anhelamos, el calor de otro ser humano a nuestro lado.

P. 34: … Ya sabes, dicen que el carácter es el destino. Pero habría que añadir: el entorno es el carácter…

P. 57: … No hallaba mucho consuelo en lo que el cura decía.

Decía que fornicar era el peor de los pecados… Sin embrago, hablaba poco sobre los pecados que las personas comenten entre sí. Las murmuraciones, las mezquindades, las mentiras… No decía nada del veneno con el que nos matamos unos a otros.

P. 73: Se matan lentamente, con celo y rencor. Son prisioneros el uno del otro. El uno se convierte para el otro en enfermedad, cansancio y amargura. Engendran críos juntos, y se odian mutuamente tras haberlos engendrado.

P. 82: ¿Te has fijado en la belleza que hay en la vida? No se puede tocar ni sentir. No se puede agarrar ni retener. Pero uno puede absorber un poco y experimentarla mientras pasa a tu lado escabulléndose. Tal vez así se conserva un poco. Se halla en la sensación que se tiene tras haber concluido un buen trabajo … Ocurre cuando te sientes tan fuerte que puedes contemplar las hogueras de San Juan y alegrarte al ver que los demás están bailando …

P. 106: Fue vergonzoso volver a salir por las escaleras del sótano. ¡Oh, Dios! ¡Qué miseria! Él miraba mi espalda y yo percibía que él miraba la miseria que portaba a mis espaldas al marcharme …

P. 119: … Aunque lo peor de todo es el dinero. Sí, al fin y al cabo es el dinero lo que determina la moral.

P. 137: …Cada día se mata ese fragmento de eternidad que es el ser humano. Ja, ja, ja… ¡Ya pueden prohibirnos que nos deshagamos de él en nombre de la moral y de la Biblia! ¡Pero a la vez nos fuerzan a deshacernos de él en nombre de la moral y de la Biblia!

P. 153: … ¿Cuál es la diferencia entre el orgullo y la miseria? El orgullo no es más que admiración, respeto y amor hacia uno mismo hasta que el ego se vuelve más grande que el amor hacia el otro. La miseria aparece cuando uno da imprudentemente mucho más de lo que puede permitirse.

P. 177: Miró hacia la luna y luego hacia mí y dijo con una voz tremendamente cansada: «Los seres humanos sienten debilidad por la luna. No los ciega. No los abrasa».

Entonces caminamos en silencio un buen rato. Al despedirnos me dijo: «Nada crece a la luz de la luna».

P. 180-181: … Trajo unos libros que me prestó… Me encantaba leer biografías y todo lo que él seleccionaba para mí …

Y entonces aprendí cosas sobre reyes y estadistas … sobre gente que pasaba hambre y trabajaba duro, sobre mujeres anónimas que tenían poder sobre quienes tenían poder …

Le pregunté qué pensaba cuando leía aquellos libros. Dijo que eran interesantes. Podía haberle escupido a la cara por pura indignación porque uno ha de comprender que lo interesante de la historia es lo que nos enseña sobre nuestra propia época, ¿verdad? Pero de ello no oyes ni una palabra en la escuela y por eso supuso una novedad para mí desde el momento en que pude adquirir un poco de experiencia y pensar por mí misma.

P. 183: Por el mundo había huelgas y disturbios … En Rusia se había producido recientemente la mayor de todas las revoluciones, pero yo no lograba entender lo que decían los periódicos al respecto … No, no me enteraba de nada. Algunas veces me daban unas ganas tremendas de mandar todo aquello a paseo. Pero no me libraba de la sensación de que aquello me concernía. Todo me concernía y todo tenía que ver con todo …

P. 184: Fuera estaba lloviendo. Una lluvia suave y afligida. La tierra que rodeaba la ciudad y el bosque de abedules en eclosión despedían fuertes aromas, mientras el mar cantaba allá en la playa …

P. 191: … Y yo estaba allí porque él quería que yo estuviera allí. Era una pendona. Sí. Hay una puta en el interior de casi todas las mujeres.

P. 217: Cuando ves que las mujeres, que han sido creadas para tener hijos y aman los bebés, comenten en secreto crímenes terribles con su cuerpo para deshacerse de un hijo, es que algo va mal en alguna parte …

P. 118: Mi hermana se casó después de Navidad. Al principio él se puso difícil, provocó algunos disgustos y no quería pagar la manutención, pero luego decidió que, ya puestos, era mejor casarse. Pero, sabes, cuando todos lloraban de alegría porque ya se iba a casar y todo iba a ir bien, a mí me embargó una indignación que no podía explicar … Sentía en cada uno de mis poros que aquello no podría ir bien. No, era imposible que aquello acabara bien. Pensaba que algo saldría mal con aquel bodorrio. Pero a la vez me daba cuenta de que era imposible tener un hijo sin casarse. Empecé a reflexionar sobre por qué era imposible. ¿Por qué es algo así una vergüenza o una desgracia? ¡Oh, sí! La moral. Enamoramiento y locura. Pero, ¿qué hay de moral en forzar a un hombre a acostarse con una chica de la que ya no está enamorado? Sí, qué pasa con el acto cuando se le despoja del enamoramiento y la locura, y casi se practica a regañadientes?

Imagínate. Eso es la moral.

P. 176: … No intercambiamos ni una palabra durante el tiempo que estuvimos en la iglesia. Cuando salimos afuera y él cerró la puerta, le pregunté con bastante parsimonia cómo se llamaba lo que había interpretado para mí. Me respondió que se trataba de la Tocata y fuga en re menor de Bach

P. 220: … en los jardines de alrededor se oía el enconado ajetreo de los pájaros. Y allá en la colina, una canción surcaba el viento como un refulgente manantial de alegría. Se alzaba al aire, donde estallaba en miles de gotitas doradas que se esparcían por el espacio. Parecía que el pequeño cantor apostado allá en el árbol fuera a estallar de júbilo. Permanecí junto a una valla dejando que toda aquella alegría de vivir permeara mis heridas y mis cicatrices y las cauterizara.

P. 229: … Me dijo que la vida me marcaría el camino porque yo era de esas personas que tienen las emociones a flor de piel y un infrecuente tipo de ojos: los que están hechos para ver …

P. 235: … El odio de la desesperanza …

P. 248: … La piel de las palmas de mis mandos ansiaban un poco de ternura… Tenía que tocar su nuca.

P. 250: … Y mi repentina compasión hacia Carl estuvo por encima de todo lo demás. Pensaba que me había comprado. «Me ha comprado, ha pagado por mí. Y yo le he defraudado no siendo lo que él creía que compraba… Una mujer que fuera suya nada más».

P. 258: Sabes qué me dijo una noche alguien que conocí una vez? Me dijo: «Nada crece a la luz de la luna».

Hace un tiempo empecé a pensar en ello mientras el hombrea al que he querido toda mi vida roncaba a mi lado. Y al final me exasperé tanto de él, de mí misma y de toda mi existencia que estuve a punto de matarlo.

Pero no es culpa suya que yo lo quiera. Él representa todas las energía que he desperdiciado en mi vida. Eso es lo que hace que las personas digan tantos disparates, que dejen que el mundo prosiga su torcido curso y vivan en su propia luz de luna sin poder ver -sin querer ver- que la luz de la luna tan sólo es un frío reflejo de la luz del sol.

Más sobre el libro

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Yogur con mermelada…, de Lena Merhej

Sesión doble 86 (5 de febrero de 2019)Lena Merhej (Beirut, 1977-   )

Yogur con mermelada: o cómo mi madre se hizo libanesa / Lena Merhej– Madrid: Ediciones del Oriente y el Mediterráneo, 2018.– 128 p.

“En Líbano el yogur se come desde siempre con sal y pepino rallado (muy picado). Un día, Lena Merhej (Beirut, 1977) vio cómo su madre comía yogur con mermelada y se quedó de piedra. Años después dibujó esta bella historia sobre su madre, alemana de Hannover, y retrató la ‘cohabitación pacífica de contradicciones’ que era su familia y —quizá no tanto— su país. Una aproximación al mundo árabe a través de los ojos de una mujer de la vieja Europa que prueba que Oriente no está tan lejos y también tiene memoria, nostalgia y heridas abiertas.” (Alfonso Zapico, El País. Babelia, 21 de abril de 2018)”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)fundacion-tres-culturas

Valoración

Hubo división de opiniones respecto de este cómic de carácter autobiográfico: a la mayoría de las pocas compañeras del grupo de lectura que asistieron a la reunión en torno al mismo les pareció sin una línea argumental bien estructurada y, por ende, de poca o mala comprensibilidad. Y tampoco les había gustado mucho la estética de las imágenes, sobre las que comentaron que parecía que estaban hechas de una forma descuidada.

A favor de la obra decir que se trata de un bonito homenaje de la autora a su madre, una alemana casada con un libanés que se trasladó a vivir al país de origen del marido, donde crió a una prole numerosa, además de ejercer su profesión de médica y de involucrarse en varios proyectos solidarios para la mejora de las condiciones de vida de su entorno. También admirable su labor para que la familia viviera con cierta normalidad en un ambiente de guerra y destrucción del entorno casi constante. Una normalidad doméstica que se observa, por ejemplo, en la mención de las comidas -presentes en el cómic incluso en su título- que sirven para diferenciar y mezclar distintas culturas como son la europea y la árabe.

Y de los dibujos decir que a algunas nos parecieron expresivos y evocadores de una ciudad mítica, como es Beirut, y de los numerosos avatares bélicos sufridos por la misma.

En cualquier caso, mirando la obra con un poco de distancia decir que se observa cierto nivel de improvisación, quizá debido a su procedencia: según contó la autora en la presentación de la obra en la Fundación Tres Culturas, en su origen las viñetas fueron realizadas como entregas periódicas a una revista y las distintas secuencias le fueron viniendo a la mente de la forma desordenada y aleatoria en que trabaja la memoria. Y tal como habían sido publicadas las distintas tiras las unió en este cómic, sin una reelaboración y reestructuración posterior para el mismo.

En fin, que cada cual juzgue como  quiera. Para hacerse una idea más precisa remitimos a las citas y a las imágenes recogidas al final de la entrada, así como al extracto del cómic referido en el apartado de más información sobre el libro.

Además, es más que recomendable la lectura de la entrada sobre el cómic de Federico Ruiz en el blog Tres Con Libros, de la Biblioteca de la Fundación referida, que es la entidad que nos prestó el lote y que también nos invitó a la presentación del mismo en la Fudación, haciendo gala con ello de la generosidad y amabilidad con la que siempre trata a nuestro grupo de lectura. ¡Gracias!

Citas

Cita introductoria: El tema de la memoria ha sido recurrente en la mayoría de mis proyectos desde que comencé a dibujar…
Mis recuerdos arrancan con mi familia, con mi madre para ser más exactos. Este trabajo,
Yogur con mermelada, es una investigación basada en el vínculo entre unos recuerdos que no sé de dónde llegan y otros que me vienen a la cabeza tras un suceso o un pensamiento que me ronda.

P. 30: Mi madre siempre ha sabido transformar la pena en una rabia que le impulsa a trabajar.

P. 41: Me aburro. [Lena]
¿Pero eso qué es? La biblioteca está llena de libros. [la madre]
Ese era el remedio para muchos de sus problemas. [Lena]

P. 42: Dice que cuando moría una persona cercana a ella, leía libros de Historia, porque la Historia le ofrecía una mirada más amplia de su existencia.
Superaba su pena al compararla con la pena de los pueblos en guerra.
Y dice que para ella un atlas es la mejor forma de evadirse de la guerra.
Y es que ella viaja por los mapas, de ciudad en ciudad.

P. 98: Mientras trabajó en el mundo de la medicina y la enseñanza mi madre se empeñó en usar la palabra “deshabilitado” en lugar de “discapacitado”, para luego decantarse por la expresión “personas con necesidades especiales” en lugar de “deshabilitado”.
-¡Detesto la lástima!

P. 123: Una vez visitó a una amiga que vive en Canadá y que reunió a varios árabes en el salón de su casa.
El emigrante tiene dos opciones, o bien vive con su comunidad, o bien se adapta y se integra en la sociedad a la que ha emigrado. [un asistente a la reunión]
Donde fueres haz lo que vieres. [otra asistente a la reunión] … Si uno opta por la primera opción, vivirá en la nostalgia. Y si opta por la segunda, estará trazando el camino de su vida con su mano sin sufrimientos ni amarguras.
Mi madre no nos enseñó el alemán.

P. 124: Como muchos libaneses en el extranjero, Fahmi solo ha enseñado a su hijo dos palabra en árabe: hola y puta. [!?]

Páginas del cómic

Más sobre el libro

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Por ahora este título es el único que ha publicado en castellano la autora.

La Triunfante, de Teresa Cremisi

Sesión 85 (8 de enero de 2019)

Teresa Cremisi (Alejandría, 1945-   )

La Triunfante / Teresa Cremisi– Barcelona: Anagrama, 2016.– 191 p.

Ésta es la historia de una niña de padre italiano y madre con pasaporte inglés, que creció en la Alejandría cosmopolita de la posguerra... En 1956, cuando era ya era una adolescente, la crisis del canal de Suez en el Egipto de Nasser la arrancó de su paraíso: la familia tuvo que emigrar, el padre se arruinó y a la madre le costó mucho adaptarse a su nueva vida en Milán. Algunas lecturas ayudaron a la joven protagonista a asentarse en un mundo en el que ya por siempre sería una extranjera: Stendhal, Conrad, Proust…, y también las aventuras de Corto Maltés, el marinero errante, y los poemas de Cavafis, habitante de Alejandría... Ya en París –donde vive el amor y el éxito profesional–, descubrirá la historia de La Triunfante, una corbeta francesa del siglo XIX que surcó el océano Pacífico para tomar posesión de las islas Marquesas, otro paraíso perdido, otro sueño de aventura portuaria.” (Anagrama)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

“… si se fían de una servidora y les gusta la literatura con mayúscula, elijan las memorias de una editora, La Triunfante, de Teresa Cremisi”. Así decía Heide Braun, ‘conductora’ de la librería Sidecar, en su Cartita número 152 de julio 2017 [más información sobre Sidecar y sus cartitas en la entrada de este blog dedicada a Los libros del 2018 (y algunos de años anteriores)].

Y así hemos leído algunas de las integrantes del grupo de lectura esta novela de clara inspiración autobiográfica, si bien hubo otras que opinaban de forma diferente y hablaron -más o menos, no son citas literales- de literatura ligera que se leía bien pero que no les había dejado gran poso (a mí desde luego me pasó lo contrario y terminé la obra emocionada); que se trataba de un personaje no demasiado interesante por ser de la ‘buena sociedad’ y por tanto sin grandes problemas económicos o de cualquier otro tipo (sin embargo otra compañera comentó que quizá sea más difícil sobreponerse a un cambio de la fortuna que ser siempre pobre y que la protagonista todo lo que había alcanzado en su vida adulta se debía a sus propios méritos, nada heredó de la familia pudiente en su día); que la protagonista era fría, que no se implicaba en las relaciones (muy interesante la palabra ‘apatheia‘ -“en el estoicismo, el estado mental alcanzado cuando una persona está libre de alteraciones emocionales”, según la Wikipedia-, citada por una compañera a colación de este comentario y en relación a la cultura del lugar de nacimiento de la protagonista -y de la propia autora-); incluso se dijo que su actitud podía considerarse hasta ‘sumisa’ (aunque también se podría entender como prudente y aquí recomiendo leer especialmente la cita de la página 117, recogida más abajo); o que habiendo sido la escritora editora de las emblemáticas editoriales francesas Gallimard o Flammarion bien podría haber contado jugosas anécdotas de las autoras y autores con los que había tratado (si bien otras preferíamos que se hubiera ceñido a sus experiencias vitales más que extenderse en otras historias).

En fin, que me atrevo a decir que se trata de un libro cuya lectura puede dejar huella por el conocimiento de la vida y de la cultura que muestra, aderezado con un cierto humor que aligera su lectura. Pero, como en todo en la vida, hay diversas opiniones y todas son igualmente válidas y respetables.

Mencionar como otros aspectos de interés los diversos paisajes por los que transita la protagonista, sus planteamientos en relación a la lengua y la elección del que quiso que fuera su idioma -cosa que usualmente nos viene dado-, o la mención de los libros más importantes en su vida, como son ‘La Cartuja de Parma’ de Stendhal, ‘Antonio y Cleopatra’ de Shakespeare, ‘La línea de la sombra’ de Conrad, ‘La lengua absuelta’ de Canetii, o los poemas de Cavafis, con uno de los cuales finaliza esta ‘autobiografía’ encubierta (ninguno de mujeres, cabe señalar…).

Acabar esta reseña con la siempre rica visión del libro de nuestra compañera Encina, que tuvo la gentileza de remitir por escrito dado que no iba a poder asistir a la reunión:

La novela me ha encantado por varias razones.
En primer lugar por su estilo fluido y elegante; las palabras son simples y bien escogidas. Su escritura me resultó poética, sincera y con destellos de humor. Ya desde la primera línea me atrapó «Tengo una imaginación portuaria… aves marinas» (p. 9). Y así seguí atrapada hasta el final, por ejemplo p. 173 con la metáfora de los animales (delfín, tigre de bengala, erizo de mar) que acompañan las etapas de la vida.” (acceso a la crítica completa pulsando aquí)

Citas

P. 66-67: Hay un pasaje de La Cartuja de Parma que me encanta. Gina da consejos a Fabrice, y le transmite fielmente las ideas del conde Mosca, como viático antes de su marcha a la Academia…

Podría ser un buen comienzo para un tratado de supervivencia:

«… el conde, que conoce bien la Italia actual me ha encargado que te diga algo. Cree, o no creas, lo que te enseñan, pero no les lleves la contraria nunca. Imagínate que te enseñan las reglas del whist; ¿harías objeciones a esas reglas del whist?» Y más adelante: «La segunda cosa que el conde me encargó decirte es la siguiente: si se te ocurre una idea brillante, una réplica victoriosa para cambiar el hilo de la conversación, no se te ocurra ceder a la tentación de deslumbrar, sigue callado; la gente aguda verá tu talentos en tus ojos. Ya tendrás tiempo de tener talento cuando seas obispo.»

¡Ah, cuánto me gustaba también ese conde Mosca! Su moral era flexible, su juicio siempre despejado y su acción decidida. Estas cualidades no entraban en contradicción con su bondad y su tolerancia: sabía amar.

P. 96-97: Desde siempre, ya sea en la localidad donde vivo o en una ciudad de paso, la gente me aborda por la calle para preguntarme una dirección […] Thomas decía que yo era reconfortante, que todo el mudo sentía ganas de hablarme. Que inspiro confianza. Otros me lo han confirmado.

En mi opinión, es porque doy la impresión de saber adónde voy. Con la edad, se ha vuelto casi cierto, pero durante muchos años eso ha sido tan desatinado como preguntarle la dirección a un niño perdido…

P. 82: Tardé mucho en comprender que el hecho de ser mujer era, como suele decirse, un hándicap; no me había pareado a pensar en la evidencia de que era difícil proyectar un destino similar al de Lawrence de Arabia perteneciendo al sexo femenino […] la diferencia hombre-mujer estaba enmascarada por la verdadera división, que era social; se nacía o bien entre los autodenominados occidentales acaudalados, o bien entre el pueblo llano que vivía poco más o menos como en tiempos bíblicos…

P. 92-93: Justo al final de la década de 1960, apareció […] una breve antología de poemas de Constantino Cavafis […]

Su lectura producía la sensación física del tiempo transcurrido, del polvo acumulado, las paredes erosionadas por el viento…

P. 97: Casi cuatro años duró la aventura de la imprenta. Me exigió mucho esfuerzo, y empleé las armas de que disponía: curiosidad y nervios bien templados.

P. 99: Fue en Lugano, durante un verano -recuerdo el color de mis alpargatas-, cuando empecé a darme cuenta de que mi madre respiraba cada vez con mayor dificultad […]

Fue también en Lugano, una fría primavera -recuerdo mi impermeable azul con capucha-, donde tuvo lugar una escena silenciosa en una cafetería…

P. 117: Me había convertido en la mujer que no habría debido ser.

Nunca triunfante, siempre prudentemente disimulando: nunca orgullosa y directa, siempre un tono por debajo y campeona del eslalon; nunca tajante, a menudo humilde, a veces incluso penosamente sumisa. Mi impaciencia ahogada, mi carácter reprimido y mis sueños anestesiados.

P. 139-140: Giacomo [pareja de la protagonista] había hecho más ligera mi vida […] Gracias a él, había encontrado por fin mi juventud.

Poco a poco, fui abandonando mis acrobacias para gustar sin gustar demasiado, para expresarme sin hablar demasiado. Los seres a quienes había conocido seguían formando parte con frecuencia de una historia borrosa sobre la que tenía poca influencia. Pero él sí era real. Estaba contento de despertarse a mi lado, contento de pasear conmigo; nunca se inquietaba si llegaba con retraso; se alegró de llevarme por la escalera cuando me romí el pie; era libre de reírse o de aburrirse sin disimulo con mis palabras. No se preocupaba con psicologías, no disecaba mis gestos o mis palabras. Su cuerpo hablaba al mío con sencillez…

P. 149: Casi grité de entusiasmo: «¡Mira, mamá!», dirigiéndome a Giacomo . Me abrazó, me levantó y me besó: «¡Doble lapsus!Una mujer normal habría dicho: “¡Mira , papá!”»

P. 152: Años después me toparía por casualidad con el dosier que el gabinete de cazadores de talentos había suministrado al consejo de administración y que había sido decisivo para mi contratación… decía que yo carecía… de cualquier competencia financiera y de una preparación universitaria especifica, pero se basaba en tales carencias para ensalzar mis inmensas capacidades para rodearme de la gente adecuada, mi ausencia de susceptibilidad, mi gusto por el esfuerzo, etc.

P. 155: Una amiga […] me dijo un día […]: «La cincuentena es la vejez de la juventud, mientras que la sesentena es la juventud de la vejez.»

P. 157: Es una época ligada a la sensación de que los hilos de mi vida, muy ceñidamente trenzados mientras Giacomo vivió conmigo en la calle Monsieur-le-Prince, se soltaban y se deshacían, uno tras otro. Quedaba el fuerte vínculo que mantenía con mi trabajo y el que me unía a Francia y a la lengua francesa. Decididamente, ésos habrán sido los puntos de apoyo de mi vida.

p. 172: Vivo aquí [en Atrani] más de seis meses al año. Me reúno con Giacomo en Milán cuando comienza a llover de verdad y los días se hacen demasiado cortos. En otoño, pasamos quince días en París: paseos, inspecciones de reconocimiento y, a veces, buenas sorpresas. El desahogo económico permite que el final de la vida sea placentero si conseguimos no asfixiarnos de nostalgia.

p. 174-176: Siempre me ha asustado la pasión amorosa […] No me he olvidado de Pierre […] tenía once años y yo nueve o diez, creo: no paraba de decirme que me amaba, que se casaría conmigo cuando fuéramos mayores. Yo le decía que, cuando fuera mayor […] que no pensaba casarme, que todas las aventuras que me aguardaban me impedirían hacerlo […]

-Y, entonces, ¿si me amaras qué harías?

-Por ti, cualquier cosa.

-¿Podrías comerte esta lombriz?

-Sí.

Se la ofrecí […] Pierre se tragó la lombriz[…] Me quedé horrorizada. Había provocado algo espantoso. Yo era un monstruo[…] El amor era una catástrofe. El amor hacía cometer horrores. Nunca querría saber nada de eso.

[…]

Es un hándicap: nunca supe lo que era ser «una enamorada», eso que generalmente llamamos, con un suspiro, «una gran enamorada». Desde luego, tuve amigas que, en opinión de sus allegados, entraban en esa categoría, pero no puedo imaginarme con claridad qué es lo que significa desde dentro. Mujeres intensas, enormemente sensibles, prendadas por un amor absoluto. Si fuera un hombre con más de treinta años cambiaría de acera, saltaría a un taxi, ¡para mí la libertad! En cambio, si fuera una mujer… Vaya, otra vez empiezo a hablar de las mujeres como si no me concerniera. No consigo superarlo. Bueno, soy una mujer, habrá que admitirlo de una vez por todas; me rebelo instintivamente cuando se me enfrenta a esa evidencia, pero es un error, una debilidad, me declaro culpable. El meollo del asunto tal vez resida en mi poca afición por los toboganes afectivos que las historias de amor llevan aparejados. Pasión, ardores, sofocos, tormentos, lágrimas.

[…] no entiendo que se sufra por sufrir.

Mi forma de amar es primitiva: posible o imposible, gloriosa o trágica. Los estados intermedios me parecen superfluos…

P. 178: Cuando me instalé aquí [en Atrani], durante algunas semanas tuve la pretensión de «ser útil». Intenté poner en marcha actividades para niños y adultos, eventos culturales […] Pero nada funcionó realmente […] A posteriori, a mí misma me pareció estrafalaria la idea de adaptar a Shakespeare en una pequeña localidad habituada a los comadreós, lo gritos y los helados de limón. Me amoldé y cogí el ritmo adecuado: aquí todo se hace o deshace sin que intervenga la voluntad de nadie.

P.181: … Compruebo que uno de los problemas de la vejez, salvo en caso de enfermedad o de reblandecimiento cerebral, es que envejecimos jóvenes e, incluso, morimos jóvenes. La juventud regresa como un chorro de aire cálido porque la presión social se evapora

P. 182: Sentada en mi mesa del rincón conectado de la plaza, todas las tardes […] me entrego a mi placer del momento: la búsqueda en Internet. Para mí, ahora hay pocas cosas tan entretenidas […] El mecanismo de los motores de búsqueda es el mismo que el de la memoria. Un ovillo monstruoso. Hay que tirar de los hilos adecuados, lanzar asociaciones de palabras, invertilas, desplazarlas enriquecerlas; y luego anudar y trenzar. Aprender a sobrevolar los resultados repetitivos, y reactivar la búsqueda cuando se obtiene algo interesante o realmente nuevo. Cuanto más se investiga, más novelesco resulta. Avanzas a través de un bosque frondoso…

P. 191: No habré escrito ninguna coma de la Historia, nada habrá alterado ni añadido mi existencia al destino del mundo […]

Pero este mundo lo habré mirado mucho.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

Por ahora este título es el único que ha publicado la autora.

El color del silencio, de Elia Barceló

Sesión 84 (4 de diciembre de 2018)Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957-   )

El color del silencio / Elia Barceló. — Barcelona: Roca, 2017.– 477 p.

“Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Me temo que la valoración de este libro la vamos a ventilar en pocas líneas: en general la gran mayoría opinamos que estábamos ante una novela con clara vocación de superventas (no en vano en la faja del libro se recoge la siguiente cita de Julia Navarro: “Una novela que lo tiene todo para ser el libro del año”).

En lo positivo decir que a algunas de las componentes del grupo nos ha resultado entretenida y más interesante que otras obras del mismo estilo (por ejemplo que ‘El tiempo entre costuras’, de María Dueñas, o que ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón). O que a algunas nos pareció un acierto la presentación panorámica inicial de la trama y los personajes principales mediante la descripción de una ‘constelación familiar‘ a la que asiste al principio de la novela Helena (con ‘h’), la protagonista de la misma (aunque a otras esta cuestión precisamente les rechinó por sonarles a algo cuando menos esotérico). O que algunas expresaron cierta simpatía por el carácter fuerte y nada complaciente de la protagonista (como se supone que no debemos ser las mujeres si queremos ser atractivas al ‘sexo opuesto’), en comparación con el de su fiel compañero, por el que otras manifestamos cierta ‘atracción’, si bien otra componente del grupo dijo que “no le ponía nada” (preguntada posteriormente por mí al respecto me respondió que le cambiara de sexo, a ver qué me parecía entonces. Tenía razón…). Alguien comentó también que la actitud de desapego de la protagonista con su hijo podría considerarse como ‘transgresora’, encontrando la oposición de quien opinaba que, en vez de dedicarse a indagar solo solo sobre sus problemas con su madre, la protagonista se debería haber ocupado más de su relación -o falta de la misma- con su propio hijo (la Maternidad, uno de los grandes -y controvertidos- temas en los que profundizar en el grupo en todas las ocasiones que haga falta). Y que el libro muestra la cruedad e inmoralidad de integrantes del bando rebelde de la Guerra Civil española -e implicados en la trama de bebés robados, agrego-, hecho que una compañera agradecía que se diera en la obra (aunque uno de los personajes es un fascista asesino, sí, pero se comporta como padre comprensivo y amantísimo). En fin, algo es algo.

En lo negativo ya se ha mencionado que percibimos una clara voluntad de la autora por escribir un bestseller: obra de misterio con protagonista cosmopolita pintora de éxito perteneciente a familia adinerada viviendo en una casa de lujo rodeada de paisajes exóticos -parte de la novela se desarrolla en una idílica mansión situada a las afueras de Tánger- (recordemos las palabras de Julia Navarro). Personajes planos, no se percibe la vida en su profundidad como en los buenos libros de verdad, dijeron compañeras. Y algunos párrafos que pueden ‘rechinar’, como por ejemplo el que hay al final de la página 97: “Era un dolor exquisito, como cuando se toca con la punta de la lengua una muela sensible.“, que tiene su continuidad en la página siguiente, que comienza de esta forma: “Podría haberse entregado a esos recuerdos tan exquisitamente dolorosos durante una eternidad…“, o la que hay sobre la mitad de la página 141 que dice así: “La idea la llevó a mirar fijamente las dos cajas cerradas que presumiblemente estaban llenas de palabras que no habrían sido escritas pensando en ella y ahora se le revelarían, se le abrirían impúdicamente de piernas, como una prostituta en un puerto oriental…“. Ni tan siquiera el hecho de que la novela esté bajo el peso de un enigma que no se rebela hasta el final parece que haya gustado mucho a la mayoría del personal pues, como dijo una componente del grupo -que se declaró gran aficionada a la novela negra-, el desenlace de la obra es perfectamente previsible, cuestión que ya habían comentado también otras compañeras.

Por no finalizar esta valoración tan negativamente, decir que a mí me parece que en el libro hay ciertas reflexiones en las que valdría la pena detenerse (mirar las citas), aunque alguna sea discutible o cuando menos matizable (como la de la página 130, y pienso en el movimiento #MeToo, por ejemplo), o, en opinión de otras componentes del grupo, la comparación que la protagonista hace entre la escritura y la pintura en una supuesta entrevista que se recoge de la página 290 a la 294, de la que extraigo el siguiente fragmento ilustrativo: “Un escritor puede ser extremadamente claro y preciso, si quiere, pero también puede ser extremadamente vago. Un pintor, por el contrario, tiene que comprometerse. Siempre. No puede mentir ni disimular. Escribiendo se puede esquivar el compromiso; hay muchos grados de vaguedad que no llaman demasiado la atención y que pueden usarse para crear diferentes efectos, pero cuando uno pinta tiene que decidirse.”. Aunque opino que también esta idea es discutible y/o matizable, como en el caso anterior, y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la pintura abstracta o la pintura conceptual; pero este no es el tema que nos ocupa así que mejor dejar las reflexiones al respecto para otro marco más adecuado.

Bueno, parece que al final el comentario del libro ha dado más de sí de lo esperado inicialmente, tal como sucedió en la reunión en torno al mismo (curiosa y precisamente).

Citas

P. 130 [pensamientos de Marc, joven pintor que está a punto de enrollarse con la protagonista la noche de antes]: Estaba dispuesto a todo para conseguirlo [el éxito], a cualquier cosa. Eso siempre lo había sabido y la noche anterior se había presentado la primera oportunidad real de demostrarlo. No le daba ninguna vergüenza. Era una simple contraventa. Cantidades de mujeres habían pasado por lo mismo y la sociedad siempre lo había aceptado. Un genio, incluso ya anciano, se encapricha de una chica joven y guapa, ella se deja hacer y él la ayuda a llegar al lugar en el que ella siempre quiso estar. Muchas actrices habían pasado por ello, cantantes, bailarinas, presentadoras de televisión… Y muchas artistas que, arrimándose a la sombra de un gran hombre, pudieron empezar a mostrar lo que sabían hacer.

También era una práctica habitual entre homosexuales: un mentor de edad y un muchacho que empieza en la rama que sea.

¿Por qué, sin embargo, cuando se trataba de un chico y una mujer mayor la situación dejaba ese regusto tan nauseabundo? ¿Se sentiría igual si Helena tuviera teinta años? Igual sería una compraventa…

P. 349: -A veces en ciertos momentos se dicen cosas sin pensar -intentó ayudar Carlos.

-Sí, cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.

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Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Sesión 83 (6 de noviembre de 2018)Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939)

El cuarto de la criada / Margaret Atwood. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 6ª e.– 412 p.

“Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres…

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Hace ya un tiempo que teníamos gana en el grupo de leer esta novela -publicada originalmente en 1985-, entre otras cosas por la popularidad que ha alcanzado en los dos últimos dos años gracias a la emisión de la multigalardonada serie de televisión basada en la misma.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, se trata de una obra de ciencia ficción distópica en la que mujeres en edad y condición de procrear son esclavizadas para ser utilizadas con dicho fin por parejas ‘pudientes’ no fértiles.

Con este argumento parece, pues, que nos encontramos ante una novela claramente ‘feminista’, si bien la propia autora aclara en la introducción de la obra que “Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro…En ese sentido, muchos libros son «feministas».”

Compartimos, pues, lo dicho por la autora, subrayando el hecho de que en la obra las mujeres no solo son importantes sino que son las protagonistas fundamentales de la trama, que se basa precisamente en una capacidad exclusiva del género femenino como es la de traer descendencia al mundo, algo que, paradójicamente, en vez de haber supuesto importantes beneficios para las mujeres, se ha usado a lo largo de la historia en su contra, desde las situaciones extremas que plantea esta distopía hasta otras más sutiles como el sostener que las mujeres donde están mejor es en su casa al cuidado de sus criaturas, incluso en los casos en que esto les suponga una dependencia económica absoluta y la dificultad, si no la imposibilidad, de incorporarse al trabajo remunerado pasada la época de crianza. Además de extender este rol de ‘cuidadoras’ al servicio del resto de la familia, incluyendo al marido o compañero y a las personas mayores y/o discapacitadas de la unidad familiar. Un trabajo, cómo no, sin remuneración económica, como bien argumenta la profesora y activista feminista italiana Silvia Federici.

Nos encontramos, pues, ante una obra de ciencia ficción que basa su argumento en una de las raíces del patriarcado -intuyo que la principal-, régimen que busca la sumisión de las mujeres en pos de unos servicios a la comunidad que le son ‘naturalmente’ (?!) propios y para lo que el sector dominante cuenta con otras mujeres como cómplices para adoctrinar y/o aprovecharse de las que están en una posición más débil, mujeres cómplices que previamente han sido víctimas, a su vez, de adoctrinamiento para que vean estas situaciones de inferioridad femenina como ‘normales’, ‘naturales’.

Se menciona esto porque la novela muestra lo que podríamos denominar como falta de ‘sororidad‘ entre la mayoría los personajes femeninos que aparecen en ella, siendo curioso que esta palabra, divulgada bastante más tarde por la antropóloga mexicana feminista Marcela Lagarde, sale ya en este texto de 1985 como una propuesta de Luke, pareja inicial de la protagonista, como equivalente femenino al de ‘fraternidad’ (véase cita de las páginas 34 y 35).

Cosas que se dijeron en la reunión sobre la obra:

-Magnífica, en su contención

-Conmovedora

-Aterradora, terroríficamente actual (véase, si no, las ideas defendidas por líderes políticos actuales de dentro y fuera de nuestras fronteras)

Una compañera, no obstante de haber expuesto con anterioridad que la obra le había llegado profundamente, comentó que le extrañaba que en la misma la autora no hubiera aprovechado para argumentar cómo es precisamente el capitalismo, y las dificultades que el mismo supone a la hora de ser madre, el causante principal de la baja tasa de maternidad de las mujeres en la actualidad (en el texto se habla de ‘pereza’ de las mujeres -véase la cita de la página 164-, pero nada se dice de en este sentido).

En fin, se puede decir que en general pensamos que estamos ante una obra de ‘aterradora’ actualidad, que además de con las políticas retrógradas y contra las mujeres que algunos sectores de la sociedad pretenden imponer, se puede enlazar con otro tema tan del momento como es el de la maternidad subrogada, que está dando lugar a la creación de granjas de mujeres en países pobres para tener un mercado de bebés disponible que dé respuesta a la demanda de los países ricos.

Decir también que la obra crea un universo onírico de una estética inquietante, basado en gran medida en unas vestiduras femeninas recatadas y estereotipadas según la posición en la sociedad, procedentes de la iconografía religiosa occidental según explica la autora en la introducción de la obra, un texto verdaderamente interesante, donde además de sobre el carácter feminista o no de la novela, Margaret Atwood también clarifica la posición de la misma respecto de la religión o sobre si se trata o no de una predicción del futuro que nos espera.

En la parte menos positiva, comentar que alguna de las componentes del grupo de lectura sostuvieron que la obra no estaba a la altura de otras del género (como por ejemplo ‘1984’, de George Orwel, o ‘Un mundo feliz’, de Aldoux Husley, si bien estamos hablando de cumbres de este tipo de literatura) y que quizá en algunos momentos la lectura se puede hacer un poco tediosa, sobre todo para quienes no nos declaramos seguidoras de la literatura fantástica. Apostillar también que algunos comentarios que expresa la protagonista de la obra más que en su propia voz suenan como en la voz de la autora, lo cual puede resultar un poco chocante (ver citas de las páginas 114 y 314).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior, como se puede deducir del resto de los comentarios recomendamos vívamente la lectura de esta novela, también a modo de vacuna ante la que se ha demostrado falsa creencia de que todos los derechos de las mujeres han sido logrados de forma permanente y definitiva por la sociedad occidental.

Y es que ya lo decía Susan Faludi cuando publicó ‘Reacción: la lucha declarada contra la mujer moderna‘ (1991) que la lucha de las mujeres por su liberación se asemejaba al hecho de limpiar el polvo, que cuando lo llevas a cabo piensas que se trata de una tarea superada definivamente pero al poco tiempo compruebas que el polvo se ha depositado de nuevo sobre los muebles y tienes que empezar a limpiar de nuevo.

Habrá, pues, que seguir trabajando por el establecimiento real y efectivo de los derechos de las mujeres y la consolidación de los mismos de nuestro entorno inmediato. Y practicar la sororidad en nuestro entorno inmediato y dentro y fuera de nuestras fronteras.

Citas de la obra

P. 34-35: Confraternizar significa comportarse como con un hermano. Me lo dijo Luke. Dijo que no existía ningún equivalente de comportarse como una hermana. Según él, tenía que ser sororizar, del latín…

P. 52: En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.

Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño… No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema… Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.

P. 65: Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.

P. 94: Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobres otras mujeres… La noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.

P. 114: Este lavabo era para los chicos… Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público. ¿Para qué? ¿Tiene algún propósito tranquilizador? La ostentación de un distintivo común a todos ellos, que les hace pensar que todo está en orden, que están donde deben estar. ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres? Cierta manera de desabrocharse, de abrir la entrepierna despreocupadamente. Como cuando los perros se olisquean.

P. 115: … Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.

P. 124 [Defred sobre Serena Joy, la esposa del comandante en cuya casa ‘sirve’]: Incluso a su edad experimenta el deseo de adornarse con flores. Es inútil, le digo mentalmente..., ya no puedes usarlas, te has marchitado. Las flores son los órganos genitales de las plantas; lo leí una vez en alguna parte.

P. 133: … Él tiene algo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.

P. 124 [Habla la madre de Defred]: Vosotros los jóvenes no sabéis apreciar lo que tenéis… No sabéis por lo que hemos tenido que pasar para conseguir que estéis donde estáis. Ahí lo tienes, pelando zanahorias. ¿Sabéis cuántas vidas de mujeres, cuántos cuerpos de mujeres han tenido que arrollar los tanques para llega a esta situación?

P. 164: Por supuesto, algunas mujeres creían que no habría futuro, pensaban que el mundo estallaría. Es la excusa que ponían, dice Tía Lydia. Sostenían que carecía de sentido tener descendencia. A Tía Lydia se le dilataban la fosas nasales: cuánta perversidad. Eran unas perezosas, añadía. Unas puercas.

P. 301: Les hemos dado más de lo que les hemos quitado, dijo el Comandante. Piensa en los problemas que tenían antes. ¿Acaso no recuerdas los bares para solteros, la indignidad de las citas a ciegas en el instituto o la universidad? El mercado de la carne. ¿No recuerdas la enorme diferencia entre las que conseguían fácilmente un hombre y las que no? Algunas llegaban a la desesperación, se morían de hambre para adelgazar, se llenaban los pechos de silicona, se hacían recortar la nariz. Piensa en la miseria humana.

P. 309: … Cuanto más difícil nos resultaba amar al hombre que teníamos al lado, más nos empeñábamos en creer en el Amor, abstracto y total. Siempre esperábamos una encarnación. Esa palabra hecha carne.

Y en ocasiones ocurría, por una vez. Esa clase de amor viene y se va, y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas: Yo te amaba, y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada, porque era una tontería, algo sorprendente y precario….

P. 316: … Sin embargo, hay algo seductor en esta prenda, encierra el pueril atractivo de engalanarse. Y sería tan ostentoso, una burla a las Tías, tan pecaminoso, tan libre… La libertad, como todo lo demás, es relativa.

P. 323-324: … Tal vez ha alcanzado ese estado de intoxicación que, según se dice, inspira el poder, ese estado que hace que algunos se sientas indispensables y crean que pueden hacer lo que les venga en gana.

P. 324 [Defred habla con el comandante en cuya casa ‘sirve’]:

-Creía que esas cosas estaban prohibidas -comento.

-Oficialmente, sí -reconoce-; pero, al fin y al cabo, todos somos humanos.

-¿Y eso qué significa?

-Significa que es imposible escapar a la naturaleza -asegura-. En el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad. Es lógico, forma parte de la estrategia de la procreación. Es el plan de la naturaleza…

Más sobre el libro

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El hijo de todos, de Louise Erdrich

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Louise Erdrich (Little Falls, Estados Unidos, 1954-   )

El hijo de todos / Louise Erdrich. — Madrid : Siruela, 2017.- 365 p.

“Con una prosa desgarradora, Louise Erdrich en El hijo de todos examina con gélida belleza las insondables consecuencias de una tragedia cotidiana. A través de una intensa historia de duelo y redención, la autora propone un personal acercamiento a temas universales como el poder curativo del amor o la insaciable necesidad de consuelo que todos los seres humanos necesitan .”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

No hubo mucho tiempo en la reunión para hablar de esta obra pues se trataba de una sesión doble y la autora del segundo de los libros elegidos para leer en el verano nos honró con su presencia. Aún así el debate en torno al mismo estuvo animado y la mayoría de las componentes del grupo de lectura afirmaron que el libro les había llegado profundamente.

Encina, una de las compañeras del grupo, nos ha proporciondo por escrito su visión de la obra, siempre enriquecedora, como podéis comprobar seguidamente:

En esta novela, que me ha llegado al alma, la pena por la muerte del hijo está siempre presente, hay una interacción profunda y personal con la realidad de la pérdida:

“-Me pregunto quién eres ahora, dijo Nola.

-Soy sólo yo, dijo Peter, el mismo de siempre.

-No es verdad. Nunca más seremos los mismos.

La novela es algo más que la inefable tragedia del día fatídico que ya aparece al inicio y el impacto que tiene en las dos familias afectadas. El argumento está creado en círculos concéntricos y los personajes, que son muchos y complejos, tienen vidas que reflejan caminos intrincados, llevando la historia en muchas direcciones, desde reveladores episodios del pasado lejano hasta la agudeza del presente.

Así, la autora retorna a 160 años antes y teje las historias de las antepasadas de LaRose, el personaje principal, que es un niño de cinco años. El joven LaRose recibe de su abuela LaRose la historia del siglo XVIII cuando la primera LaRose fue entregada como esclava a un tratante de pieles por una mujer objibwe. La niña a su vez es salvada por Wolfred, el asistente blanco del tratante, que huye con ella y ambos se mantienen vivos en su huida a través de la naturaleza salvaje gracias a las habilidades indígenas de la niña y su conocimiento tradicional de las plantas venenosas.

La autora, de origen indioamericano, incide en la realidad de la comunidad india que vive bajo la sombra de la opresión racial desde la invasión del colonialismo europeo y que empuja a los indígenas hacia la asimilación. Por eso buscan una seña de identidad en viejas tradiciones culturales y modos de ser que todavía retienen los ancianos de la tribu, y vemos cómo la tradición de mitos y saberes pasa de padres a hijos.

El estilo de la novela es una mezcla de prosa y lirismo, pues junto con referencias culturales norteamericanas del día a día (acontecimientos políticos, sociales, etc.), el relato está teñido de espiritualidad y mitología: capacidad de comulgar con fantasmas y proyectarse uno mismo al cielo o en otros animales, por ejemplo; pasado y presente están ligados como el bien y el mal. El sentimiento final ejerce un efecto curativo, de redención a través de la inocencia y bondad del niño protagonista y de la entrega del padre – “Mi hijo será ahora vuestro hijo”-, dando a entender que las heridas y la muerte son inevitables, pero que el perdón y la reparación son preferibles a la cólera y la venganza.

Cosas que se dijeron del libro en la reunión, muy en consonancia con la visión de Encina anteriormente expuesta:

– En la obra hay más de un hijo de todos (como se puede comprobar al leerla)

– Nos ofrece una visión de una sociedad, de una cultura, muy desconocida por nosotras, muy distinta, además, de la imagen que se da en las películas de los pueblos nativos de América del Norte

– Uso muy poético del lenguaje

– Todos los personajes son importantes, todos tienen una presencia contundente

– Muy interesante la componente mágica y onírica del relato

– Mezcla la vida ‘ordinaria’ con la magia, lo espiritual, con las raíces ancestrales

– Muestra el proceso de ‘domesticación’ de los internados para menores

– Muy interesante la cultura de la reparación de las tribus indias, muy ligadas a la madre tierra

– Neutralidad moral del relato, los personajes no son presentados de forma maniquea

– Personaje central conmovedor

– La autora, de origen indio, muestra sus grandes conocimientos antropológicos, ligados, además, con la historia de su propia familia

A esto yo agregaría lo conmovedora que es también la relación, el cuidado de las dos hermanas mayores, Jossette y Snow, de sus hermanos y de la hija del matrimonio ‘reparado’. Sin olvidar a la inteligente abuela LaRose.

Y, por poner alguna pega, decir que a veces hay saltos ‘raros’ en el relato y también algunas cosas que no se entienden bien, problema este último que parece proceder de la traducción, que peca, además, de algunos fallos ortográficos menores.

Citas del libro

P. 33 [LaRose abuela]: … Billy había sido cruel, narcisista, listo. Su amor había supuesto una carga en nada diferente al odio. A veces sus ironías todavía la atosigaban por sorpresa desde el mundo de los espíritus. La gente creía que había sido fiel a su memoria porque había sentido una total adoración por Billy Peace. Dejaba que la gente dijese lo que quisiera. En realidad, él le había enseñado todo cuanto necesitaba saber de los hombres. No necesitaba aprender más.

P. 164: … no le gustaba que lo mirasen y nunca miraba a nadie a los ojos, a no ser que una maestra le sujetara la cabeza y lo obligara. Sacaba de quicio a las maestras blancas. En aquellos días, los indios raras veces miraban a la gente a los ojos. Incluso en estos tiempos, es algo incomodo, nada sincero sino invasivo

P. 240:

–  … yo quiero ir al instituto con Jossette y Snow…

–  Hay chicos conflitivos en ese instituto. Alcohol y drogas.

– Hay drogas en todas partes. Además, ¿recuerdas? Soy una marginada. Me odian a rabiar.

Ahora Peter se echó a reír. Maggie no era capaz ni de fingir autocompasión. No había la menor lástima en ella. Estaba orgulloso de ella y ella lo sabía.

P. 304-305: Esa era la Nola que él conocía, no la que sonreía demasiado. Esta es la dinámica de la familia, no la familia feliz fabricada sin agravios, sin ira, sin una voz más alta que otra, sin dolores consentidos, en la que él se sentía tan solo.

P. 313-314: La señal de la televisión de Romeo era tan mala que estaba seguro de que no se había consultado a Condoleezza antes de anunciar el inicio de la guerra… Qué inútil, pensó Romeo. No se puede impedir que la gente amante de la guerra haga lo que más le gusta hacer. Además, frugalidad. Esas bengalas gigantes seguramente iban a caducar en una semana.

Y una receta de ensalada de patatas que viene en el libro

P. 356-357: La víspera había tenido a Hollis y a Coochy pelando dos sacos de nueve kilos de patatas cada uno. Ella las había troceado y cocinado, sin que se deshicieran. Había dejado que las patatas se enfriaran por la noche en grandes barreños y marinaran en aceite, vinagre, sal, pimienta y cebolla picada… Con sumo cuidado fue incorporando mahonesa mezclada con suficiente mostaza como para darle un llamativo color dorado. Pero sin pasarse para que no tuviera demasiado sabor a mostaza. Cortó en pequeños dados dos tarros de pepinillos y también los añadió. Snow había hervido una docena de huevos y los metió en agua fría para evitar que las yemas se tornaran verdosas. Ahora vertían sobre la masa grumosa y amarilla… los huevos sazonados con un poco pimiento. Josette pinchó una patata que sobresalía. Se la comió. Asintió a la ensaladera con una mueca sabia y pausada.

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