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La Triunfante, de Teresa Cremisi

Sesión 85 (8 de enero de 2019)

Teresa Cremisi (Alejandría, 1945-   )

La Triunfante / Teresa Cremisi– Barcelona: Anagrama, 2016.– 191 p.

Ésta es la historia de una niña de padre italiano y madre con pasaporte inglés, que creció en la Alejandría cosmopolita de la posguerra... En 1956, cuando era ya era una adolescente, la crisis del canal de Suez en el Egipto de Nasser la arrancó de su paraíso: la familia tuvo que emigrar, el padre se arruinó y a la madre le costó mucho adaptarse a su nueva vida en Milán. Algunas lecturas ayudaron a la joven protagonista a asentarse en un mundo en el que ya por siempre sería una extranjera: Stendhal, Conrad, Proust…, y también las aventuras de Corto Maltés, el marinero errante, y los poemas de Cavafis, habitante de Alejandría... Ya en París –donde vive el amor y el éxito profesional–, descubrirá la historia de La Triunfante, una corbeta francesa del siglo XIX que surcó el océano Pacífico para tomar posesión de las islas Marquesas, otro paraíso perdido, otro sueño de aventura portuaria.” (Anagrama)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

“… si se fían de una servidora y les gusta la literatura con mayúscula, elijan las memorias de una editora, La Triunfante, de Teresa Cremisi”. Así decía Heide Braun, ‘conductora’ de la librería Sidecar, en su Cartita número 152 de julio 2017 [más información sobre Sidecar y sus cartitas en la entrada de este blog dedicada a Los libros del 2018 (y algunos de años anteriores)].

Y así hemos leído algunas de las integrantes del grupo de lectura esta novela de clara inspiración autobiográfica, si bien hubo otras que opinaban de forma diferente y hablaron -más o menos, no son citas literales- de literatura ligera que se leía bien pero que no les había dejado gran poso (a mí desde luego me pasó lo contrario y terminé la obra emocionada); que se trataba de un personaje no demasiado interesante por ser de la ‘buena sociedad’ y por tanto sin grandes problemas económicos o de cualquier otro tipo (sin embargo otra compañera comentó que quizá sea más difícil sobreponerse a un cambio de la fortuna que ser siempre pobre y que la protagonista todo lo que había alcanzado en su vida adulta se debía a sus propios méritos, nada heredó de la familia pudiente en su día); que la protagonista era fría, que no se implicaba en las relaciones (muy interesante la palabra ‘apatheia‘ -“en el estoicismo, el estado mental alcanzado cuando una persona está libre de alteraciones emocionales”, según la Wikipedia-, citada por una compañera a colación de este comentario y en relación a la cultura del lugar de nacimiento de la protagonista -y de la propia autora-); incluso se dijo que su actitud podía considerarse hasta ‘sumisa’ (aunque también se podría entender como prudente y aquí recomiendo leer especialmente la cita de la página 117, recogida más abajo); o que habiendo sido la escritora editora de las emblemáticas editoriales francesas Gallimard o Flammarion bien podría haber contado jugosas anécdotas de las autoras y autores con los que había tratado (si bien otras preferíamos que se hubiera ceñido a sus experiencias vitales más que extenderse en otras historias).

En fin, que me atrevo a decir que se trata de un libro cuya lectura puede dejar huella por el conocimiento de la vida y de la cultura que muestra, aderezado con un cierto humor que aligera su lectura. Pero, como en todo en la vida, hay diversas opiniones y todas son igualmente válidas y respetables.

Mencionar como otros aspectos de interés los diversos paisajes por los que transita la protagonista, sus planteamientos en relación a la lengua y la elección del que quiso que fuera su idioma -cosa que usualmente nos viene dado-, o la mención de los libros más importantes en su vida, como son ‘La Cartuja de Parma’ de Stendhal, ‘Antonio y Cleopatra’ de Shakespeare, ‘La línea de la sombra’ de Conrad, ‘La lengua absuelta’ de Canetii, o los poemas de Cavafis, con uno de los cuales finaliza esta ‘autobiografía’ encubierta (ninguno de mujeres, cabe señalar…).

Acabar esta reseña con la siempre rica visión del libro de nuestra compañera Encina, que tuvo la gentileza de remitir por escrito dado que no iba a poder asistir a la reunión:

La novela me ha encantado por varias razones.
En primer lugar por su estilo fluido y elegante; las palabras son simples y bien escogidas. Su escritura me resultó poética, sincera y con destellos de humor. Ya desde la primera línea me atrapó «Tengo una imaginación portuaria… aves marinas» (p. 9). Y así seguí atrapada hasta el final, por ejemplo p. 173 con la metáfora de los animales (delfín, tigre de bengala, erizo de mar) que acompañan las etapas de la vida.” (acceso a la crítica completa pulsando aquí)

Citas

P. 66-67: Hay un pasaje de La Cartuja de Parma que me encanta. Gina da consejos a Fabrice, y le transmite fielmente las ideas del conde Mosca, como viático antes de su marcha a la Academia…

Podría ser un buen comienzo para un tratado de supervivencia:

«… el conde, que conoce bien la Italia actual me ha encargado que te diga algo. Cree, o no creas, lo que te enseñan, pero no les lleves la contraria nunca. Imagínate que te enseñan las reglas del whist; ¿harías objeciones a esas reglas del whist?» Y más adelante: «La segunda cosa que el conde me encargó decirte es la siguiente: si se te ocurre una idea brillante, una réplica victoriosa para cambiar el hilo de la conversación, no se te ocurra ceder a la tentación de deslumbrar, sigue callado; la gente aguda verá tu talentos en tus ojos. Ya tendrás tiempo de tener talento cuando seas obispo.»

¡Ah, cuánto me gustaba también ese conde Mosca! Su moral era flexible, su juicio siempre despejado y su acción decidida. Estas cualidades no entraban en contradicción con su bondad y su tolerancia: sabía amar.

P. 96-97: Desde siempre, ya sea en la localidad donde vivo o en una ciudad de paso, la gente me aborda por la calle para preguntarme una dirección […] Thomas decía que yo era reconfortante, que todo el mudo sentía ganas de hablarme. Que inspiro confianza. Otros me lo han confirmado.

En mi opinión, es porque doy la impresión de saber adónde voy. Con la edad, se ha vuelto casi cierto, pero durante muchos años eso ha sido tan desatinado como preguntarle la dirección a un niño perdido…

P. 82: Tardé mucho en comprender que el hecho de ser mujer era, como suele decirse, un hándicap; no me había pareado a pensar en la evidencia de que era difícil proyectar un destino similar al de Lawrence de Arabia perteneciendo al sexo femenino […] la diferencia hombre-mujer estaba enmascarada por la verdadera división, que era social; se nacía o bien entre los autodenominados occidentales acaudalados, o bien entre el pueblo llano que vivía poco más o menos como en tiempos bíblicos…

P. 92-93: Justo al final de la década de 1960, apareció […] una breve antología de poemas de Constantino Cavafis […]

Su lectura producía la sensación física del tiempo transcurrido, del polvo acumulado, las paredes erosionadas por el viento…

P. 97: Casi cuatro años duró la aventura de la imprenta. Me exigió mucho esfuerzo, y empleé las armas de que disponía: curiosidad y nervios bien templados.

P. 99: Fue en Lugano, durante un verano -recuerdo el color de mis alpargatas-, cuando empecé a darme cuenta de que mi madre respiraba cada vez con mayor dificultad […]

Fue también en Lugano, una fría primavera -recuerdo mi impermeable azul con capucha-, donde tuvo lugar una escena silenciosa en una cafetería…

P. 117: Me había convertido en la mujer que no habría debido ser.

Nunca triunfante, siempre prudentemente disimulando: nunca orgullosa y directa, siempre un tono por debajo y campeona del eslalon; nunca tajante, a menudo humilde, a veces incluso penosamente sumisa. Mi impaciencia ahogada, mi carácter reprimido y mis sueños anestesiados.

P. 139-140: Giacomo [pareja de la protagonista] había hecho más ligera mi vida […] Gracias a él, había encontrado por fin mi juventud.

Poco a poco, fui abandonando mis acrobacias para gustar sin gustar demasiado, para expresarme sin hablar demasiado. Los seres a quienes había conocido seguían formando parte con frecuencia de una historia borrosa sobre la que tenía poca influencia. Pero él sí era real. Estaba contento de despertarse a mi lado, contento de pasear conmigo; nunca se inquietaba si llegaba con retraso; se alegró de llevarme por la escalera cuando me romí el pie; era libre de reírse o de aburrirse sin disimulo con mis palabras. No se preocupaba con psicologías, no disecaba mis gestos o mis palabras. Su cuerpo hablaba al mío con sencillez…

P. 149: Casi grité de entusiasmo: «¡Mira, mamá!», dirigiéndome a Giacomo . Me abrazó, me levantó y me besó: «¡Doble lapsus!Una mujer normal habría dicho: “¡Mira , papá!”»

P. 152: Años después me toparía por casualidad con el dosier que el gabinete de cazadores de talentos había suministrado al consejo de administración y que había sido decisivo para mi contratación… decía que yo carecía… de cualquier competencia financiera y de una preparación universitaria especifica, pero se basaba en tales carencias para ensalzar mis inmensas capacidades para rodearme de la gente adecuada, mi ausencia de susceptibilidad, mi gusto por el esfuerzo, etc.

P. 155: Una amiga […] me dijo un día […]: «La cincuentena es la vejez de la juventud, mientras que la sesentena es la juventud de la vejez.»

P. 157: Es una época ligada a la sensación de que los hilos de mi vida, muy ceñidamente trenzados mientras Giacomo vivió conmigo en la calle Monsieur-le-Prince, se soltaban y se deshacían, uno tras otro. Quedaba el fuerte vínculo que mantenía con mi trabajo y el que me unía a Francia y a la lengua francesa. Decididamente, ésos habrán sido los puntos de apoyo de mi vida.

p. 172: Vivo aquí [en Atrani] más de seis meses al año. Me reúno con Giacomo en Milán cuando comienza a llover de verdad y los días se hacen demasiado cortos. En otoño, pasamos quince días en París: paseos, inspecciones de reconocimiento y, a veces, buenas sorpresas. El desahogo económico permite que el final de la vida sea placentero si conseguimos no asfixiarnos de nostalgia.

p. 174-176: Siempre me ha asustado la pasión amorosa […] No me he olvidado de Pierre […] tenía once años y yo nueve o diez, creo: no paraba de decirme que me amaba, que se casaría conmigo cuando fuéramos mayores. Yo le decía que, cuando fuera mayor […] que no pensaba casarme, que todas las aventuras que me aguardaban me impedirían hacerlo […]

-Y, entonces, ¿si me amaras qué harías?

-Por ti, cualquier cosa.

-¿Podrías comerte esta lombriz?

-Sí.

Se la ofrecí […] Pierre se tragó la lombriz[…] Me quedé horrorizada. Había provocado algo espantoso. Yo era un monstruo[…] El amor era una catástrofe. El amor hacía cometer horrores. Nunca querría saber nada de eso.

[…]

Es un hándicap: nunca supe lo que era ser «una enamorada», eso que generalmente llamamos, con un suspiro, «una gran enamorada». Desde luego, tuve amigas que, en opinión de sus allegados, entraban en esa categoría, pero no puedo imaginarme con claridad qué es lo que significa desde dentro. Mujeres intensas, enormemente sensibles, prendadas por un amor absoluto. Si fuera un hombre con más de treinta años cambiaría de acera, saltaría a un taxi, ¡para mí la libertad! En cambio, si fuera una mujer… Vaya, otra vez empiezo a hablar de las mujeres como si no me concerniera. No consigo superarlo. Bueno, soy una mujer, habrá que admitirlo de una vez por todas; me rebelo instintivamente cuando se me enfrenta a esa evidencia, pero es un error, una debilidad, me declaro culpable. El meollo del asunto tal vez resida en mi poca afición por los toboganes afectivos que las historias de amor llevan aparejados. Pasión, ardores, sofocos, tormentos, lágrimas.

[…] no entiendo que se sufra por sufrir.

Mi forma de amar es primitiva: posible o imposible, gloriosa o trágica. Los estados intermedios me parecen superfluos…

P. 178: Cuando me instalé aquí [en Atrani], durante algunas semanas tuve la pretensión de «ser útil». Intenté poner en marcha actividades para niños y adultos, eventos culturales […] Pero nada funcionó realmente […] A posteriori, a mí misma me pareció estrafalaria la idea de adaptar a Shakespeare en una pequeña localidad habituada a los comadreós, lo gritos y los helados de limón. Me amoldé y cogí el ritmo adecuado: aquí todo se hace o deshace sin que intervenga la voluntad de nadie.

P.181: … Compruebo que uno de los problemas de la vejez, salvo en caso de enfermedad o de reblandecimiento cerebral, es que envejecimos jóvenes e, incluso, morimos jóvenes. La juventud regresa como un chorro de aire cálido porque la presión social se evapora

P. 182: Sentada en mi mesa del rincón conectado de la plaza, todas las tardes […] me entrego a mi placer del momento: la búsqueda en Internet. Para mí, ahora hay pocas cosas tan entretenidas […] El mecanismo de los motores de búsqueda es el mismo que el de la memoria. Un ovillo monstruoso. Hay que tirar de los hilos adecuados, lanzar asociaciones de palabras, invertilas, desplazarlas enriquecerlas; y luego anudar y trenzar. Aprender a sobrevolar los resultados repetitivos, y reactivar la búsqueda cuando se obtiene algo interesante o realmente nuevo. Cuanto más se investiga, más novelesco resulta. Avanzas a través de un bosque frondoso…

P. 191: No habré escrito ninguna coma de la Historia, nada habrá alterado ni añadido mi existencia al destino del mundo […]

Pero este mundo lo habré mirado mucho.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

Por ahora este título es el único que ha publicado la autora.

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El color del silencio, de Elia Barceló

Sesión 84 (4 de diciembre de 2018)Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957-   )

El color del silencio / Elia Barceló. — Barcelona: Roca, 2017.– 477 p.

“Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Me temo que la valoración de este libro la vamos a ventilar en pocas líneas: en general la gran mayoría opinamos que estábamos ante una novela con clara vocación de superventas (no en vano en la faja del libro se recoge la siguiente cita de Julia Navarro: “Una novela que lo tiene todo para ser el libro del año”).

En lo positivo decir que a algunas de las componentes del grupo nos ha resultado entretenida y más interesante que otras obras del mismo estilo (por ejemplo que ‘El tiempo entre costuras’, de María Dueñas, o que ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón). O que a algunas nos pareció un acierto la presentación panorámica inicial de la trama y los personajes principales mediante la descripción de una ‘constelación familiar‘ a la que asiste al principio de la novela Helena (con ‘h’), la protagonista de la misma (aunque a otras esta cuestión precisamente les rechinó por sonarles a algo cuando menos esotérico). O que algunas expresaron cierta simpatía por el carácter fuerte y nada complaciente de la protagonista (como se supone que no debemos ser las mujeres si queremos ser atractivas al ‘sexo opuesto’), en comparación con el de su fiel compañero, por el que otras manifestamos cierta ‘atracción’, si bien otra componente del grupo dijo que “no le ponía nada” (preguntada posteriormente por mí al respecto me respondió que le cambiara de sexo, a ver qué me parecía entonces. Tenía razón…). Alguien comentó también que la actitud de desapego de la protagonista con su hijo podría considerarse como ‘transgresora’, encontrando la oposición de quien opinaba que, en vez de dedicarse a indagar solo solo sobre sus problemas con su madre, la protagonista se debería haber ocupado más de su relación -o falta de la misma- con su propio hijo (la Maternidad, uno de los grandes -y controvertidos- temas en los que profundizar en el grupo en todas las ocasiones que haga falta). Y que el libro muestra la cruedad e inmoralidad de integrantes del bando rebelde de la Guerra Civil española -e implicados en la trama de bebés robados, agrego-, hecho que una compañera agradecía que se diera en la obra (aunque uno de los personajes es un fascista asesino, sí, pero se comporta como padre comprensivo y amantísimo). En fin, algo es algo.

En lo negativo ya se ha mencionado que percibimos una clara voluntad de la autora por escribir un bestseller: obra de misterio con protagonista cosmopolita pintora de éxito perteneciente a familia adinerada viviendo en una casa de lujo rodeada de paisajes exóticos -parte de la novela se desarrolla en una idílica mansión situada a las afueras de Tánger- (recordemos las palabras de Julia Navarro). Personajes planos, no se percibe la vida en su profundidad como en los buenos libros de verdad, dijeron compañeras. Y algunos párrafos que pueden ‘rechinar’, como por ejemplo el que hay al final de la página 97: “Era un dolor exquisito, como cuando se toca con la punta de la lengua una muela sensible.“, que tiene su continuidad en la página siguiente, que comienza de esta forma: “Podría haberse entregado a esos recuerdos tan exquisitamente dolorosos durante una eternidad…“, o la que hay sobre la mitad de la página 141 que dice así: “La idea la llevó a mirar fijamente las dos cajas cerradas que presumiblemente estaban llenas de palabras que no habrían sido escritas pensando en ella y ahora se le revelarían, se le abrirían impúdicamente de piernas, como una prostituta en un puerto oriental…“. Ni tan siquiera el hecho de que la novela esté bajo el peso de un enigma que no se rebela hasta el final parece que haya gustado mucho a la mayoría del personal pues, como dijo una componente del grupo -que se declaró gran aficionada a la novela negra-, el desenlace de la obra es perfectamente previsible, cuestión que ya habían comentado también otras compañeras.

Por no finalizar esta valoración tan negativamente, decir que a mí me parece que en el libro hay ciertas reflexiones en las que valdría la pena detenerse (mirar las citas), aunque alguna sea discutible o cuando menos matizable (como la de la página 130, y pienso en el movimiento #MeToo, por ejemplo), o, en opinión de otras componentes del grupo, la comparación que la protagonista hace entre la escritura y la pintura en una supuesta entrevista que se recoge de la página 290 a la 294, de la que extraigo el siguiente fragmento ilustrativo: “Un escritor puede ser extremadamente claro y preciso, si quiere, pero también puede ser extremadamente vago. Un pintor, por el contrario, tiene que comprometerse. Siempre. No puede mentir ni disimular. Escribiendo se puede esquivar el compromiso; hay muchos grados de vaguedad que no llaman demasiado la atención y que pueden usarse para crear diferentes efectos, pero cuando uno pinta tiene que decidirse.”. Aunque opino que también esta idea es discutible y/o matizable, como en el caso anterior, y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la pintura abstracta o la pintura conceptual; pero este no es el tema que nos ocupa así que mejor dejar las reflexiones al respecto para otro marco más adecuado.

Bueno, parece que al final el comentario del libro ha dado más de sí de lo esperado inicialmente, tal como sucedió en la reunión en torno al mismo (curiosa y precisamente).

Citas

P. 130 [pensamientos de Marc, joven pintor que está a punto de enrollarse con la protagonista la noche de antes]: Estaba dispuesto a todo para conseguirlo [el éxito], a cualquier cosa. Eso siempre lo había sabido y la noche anterior se había presentado la primera oportunidad real de demostrarlo. No le daba ninguna vergüenza. Era una simple contraventa. Cantidades de mujeres habían pasado por lo mismo y la sociedad siempre lo había aceptado. Un genio, incluso ya anciano, se encapricha de una chica joven y guapa, ella se deja hacer y él la ayuda a llegar al lugar en el que ella siempre quiso estar. Muchas actrices habían pasado por ello, cantantes, bailarinas, presentadoras de televisión… Y muchas artistas que, arrimándose a la sombra de un gran hombre, pudieron empezar a mostrar lo que sabían hacer.

También era una práctica habitual entre homosexuales: un mentor de edad y un muchacho que empieza en la rama que sea.

¿Por qué, sin embargo, cuando se trataba de un chico y una mujer mayor la situación dejaba ese regusto tan nauseabundo? ¿Se sentiría igual si Helena tuviera teinta años? Igual sería una compraventa…

P. 349: -A veces en ciertos momentos se dicen cosas sin pensar -intentó ayudar Carlos.

-Sí, cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Sesión 83 (6 de noviembre de 2018)Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939)

El cuarto de la criada / Margaret Atwood. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 6ª e.– 412 p.

“Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres…

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Hace ya un tiempo que teníamos gana en el grupo de leer esta novela -publicada originalmente en 1985-, entre otras cosas por la popularidad que ha alcanzado en los dos últimos dos años gracias a la emisión de la multigalardonada serie de televisión basada en la misma.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, se trata de una obra de ciencia ficción distópica en la que mujeres en edad y condición de procrear son esclavizadas para ser utilizadas con dicho fin por parejas ‘pudientes’ no fértiles.

Con este argumento parece, pues, que nos encontramos ante una novela claramente ‘feminista’, si bien la propia autora aclara en la introducción de la obra que “Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro…En ese sentido, muchos libros son «feministas».”

Compartimos, pues, lo dicho por la autora, subrayando el hecho de que en la obra las mujeres no solo son importantes sino que son las protagonistas fundamentales de la trama, que se basa precisamente en una capacidad exclusiva del género femenino como es la de traer descendencia al mundo, algo que, paradójicamente, en vez de haber supuesto importantes beneficios para las mujeres, se ha usado a lo largo de la historia en su contra, desde las situaciones extremas que plantea esta distopía hasta otras más sutiles como el sostener que las mujeres donde están mejor es en su casa al cuidado de sus criaturas, incluso en los casos en que esto les suponga una dependencia económica absoluta y la dificultad, si no la imposibilidad, de incorporarse al trabajo remunerado pasada la época de crianza. Además de extender este rol de ‘cuidadoras’ al servicio del resto de la familia, incluyendo al marido o compañero y a las personas mayores y/o discapacitadas de la unidad familiar. Un trabajo, cómo no, sin remuneración económica, como bien argumenta la profesora y activista feminista italiana Silvia Federici.

Nos encontramos, pues, ante una obra de ciencia ficción que basa su argumento en una de las raíces del patriarcado -intuyo que la principal-, régimen que busca la sumisión de las mujeres en pos de unos servicios a la comunidad que le son ‘naturalmente’ (?!) propios y para lo que el sector dominante cuenta con otras mujeres como cómplices para adoctrinar y/o aprovecharse de las que están en una posición más débil, mujeres cómplices que previamente han sido víctimas, a su vez, de adoctrinamiento para que vean estas situaciones de inferioridad femenina como ‘normales’, ‘naturales’.

Se menciona esto porque la novela muestra lo que podríamos denominar como falta de ‘sororidad‘ entre la mayoría los personajes femeninos que aparecen en ella, siendo curioso que esta palabra, divulgada bastante más tarde por la antropóloga mexicana feminista Marcela Lagarde, sale ya en este texto de 1985 como una propuesta de Luke, pareja inicial de la protagonista, como equivalente femenino al de ‘fraternidad’ (véase cita de las páginas 34 y 35).

Cosas que se dijeron en la reunión sobre la obra:

-Magnífica, en su contención

-Conmovedora

-Aterradora, terroríficamente actual (véase, si no, las ideas defendidas por líderes políticos actuales de dentro y fuera de nuestras fronteras)

Una compañera, no obstante de haber expuesto con anterioridad que la obra le había llegado profundamente, comentó que le extrañaba que en la misma la autora no hubiera aprovechado para argumentar cómo es precisamente el capitalismo, y las dificultades que el mismo supone a la hora de ser madre, el causante principal de la baja tasa de maternidad de las mujeres en la actualidad (en el texto se habla de ‘pereza’ de las mujeres -véase la cita de la página 164-, pero nada se dice de en este sentido).

En fin, se puede decir que en general pensamos que estamos ante una obra de ‘aterradora’ actualidad, que además de con las políticas retrógradas y contra las mujeres que algunos sectores de la sociedad pretenden imponer, se puede enlazar con otro tema tan del momento como es el de la maternidad subrogada, que está dando lugar a la creación de granjas de mujeres en países pobres para tener un mercado de bebés disponible que dé respuesta a la demanda de los países ricos.

Decir también que la obra crea un universo onírico de una estética inquietante, basado en gran medida en unas vestiduras femeninas recatadas y estereotipadas según la posición en la sociedad, procedentes de la iconografía religiosa occidental según explica la autora en la introducción de la obra, un texto verdaderamente interesante, donde además de sobre el carácter feminista o no de la novela, Margaret Atwood también clarifica la posición de la misma respecto de la religión o sobre si se trata o no de una predicción del futuro que nos espera.

En la parte menos positiva, comentar que alguna de las componentes del grupo de lectura sostuvieron que la obra no estaba a la altura de otras del género (como por ejemplo ‘1984’, de George Orwel, o ‘Un mundo feliz’, de Aldoux Husley, si bien estamos hablando de cumbres de este tipo de literatura) y que quizá en algunos momentos la lectura se puede hacer un poco tediosa, sobre todo para quienes no nos declaramos seguidoras de la literatura fantástica. Apostillar también que algunos comentarios que expresa la protagonista de la obra más que en su propia voz suenan como en la voz de la autora, lo cual puede resultar un poco chocante (ver citas de las páginas 114 y 314).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior, como se puede deducir del resto de los comentarios recomendamos vívamente la lectura de esta novela, también a modo de vacuna ante la que se ha demostrado falsa creencia de que todos los derechos de las mujeres han sido logrados de forma permanente y definitiva por la sociedad occidental.

Y es que ya lo decía Susan Faludi cuando publicó ‘Reacción: la lucha declarada contra la mujer moderna‘ (1991) que la lucha de las mujeres por su liberación se asemejaba al hecho de limpiar el polvo, que cuando lo llevas a cabo piensas que se trata de una tarea superada definivamente pero al poco tiempo compruebas que el polvo se ha depositado de nuevo sobre los muebles y tienes que empezar a limpiar de nuevo.

Habrá, pues, que seguir trabajando por el establecimiento real y efectivo de los derechos de las mujeres y la consolidación de los mismos de nuestro entorno inmediato. Y practicar la sororidad en nuestro entorno inmediato y dentro y fuera de nuestras fronteras.

Citas de la obra

P. 34-35: Confraternizar significa comportarse como con un hermano. Me lo dijo Luke. Dijo que no existía ningún equivalente de comportarse como una hermana. Según él, tenía que ser sororizar, del latín…

P. 52: En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.

Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño… No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema… Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.

P. 65: Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.

P. 94: Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobres otras mujeres… La noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.

P. 114: Este lavabo era para los chicos… Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público. ¿Para qué? ¿Tiene algún propósito tranquilizador? La ostentación de un distintivo común a todos ellos, que les hace pensar que todo está en orden, que están donde deben estar. ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres? Cierta manera de desabrocharse, de abrir la entrepierna despreocupadamente. Como cuando los perros se olisquean.

P. 115: … Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.

P. 124 [Defred sobre Serena Joy, la esposa del comandante en cuya casa ‘sirve’]: Incluso a su edad experimenta el deseo de adornarse con flores. Es inútil, le digo mentalmente..., ya no puedes usarlas, te has marchitado. Las flores son los órganos genitales de las plantas; lo leí una vez en alguna parte.

P. 133: … Él tiene algo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.

P. 124 [Habla la madre de Defred]: Vosotros los jóvenes no sabéis apreciar lo que tenéis… No sabéis por lo que hemos tenido que pasar para conseguir que estéis donde estáis. Ahí lo tienes, pelando zanahorias. ¿Sabéis cuántas vidas de mujeres, cuántos cuerpos de mujeres han tenido que arrollar los tanques para llega a esta situación?

P. 164: Por supuesto, algunas mujeres creían que no habría futuro, pensaban que el mundo estallaría. Es la excusa que ponían, dice Tía Lydia. Sostenían que carecía de sentido tener descendencia. A Tía Lydia se le dilataban la fosas nasales: cuánta perversidad. Eran unas perezosas, añadía. Unas puercas.

P. 301: Les hemos dado más de lo que les hemos quitado, dijo el Comandante. Piensa en los problemas que tenían antes. ¿Acaso no recuerdas los bares para solteros, la indignidad de las citas a ciegas en el instituto o la universidad? El mercado de la carne. ¿No recuerdas la enorme diferencia entre las que conseguían fácilmente un hombre y las que no? Algunas llegaban a la desesperación, se morían de hambre para adelgazar, se llenaban los pechos de silicona, se hacían recortar la nariz. Piensa en la miseria humana.

P. 309: … Cuanto más difícil nos resultaba amar al hombre que teníamos al lado, más nos empeñábamos en creer en el Amor, abstracto y total. Siempre esperábamos una encarnación. Esa palabra hecha carne.

Y en ocasiones ocurría, por una vez. Esa clase de amor viene y se va, y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas: Yo te amaba, y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada, porque era una tontería, algo sorprendente y precario….

P. 316: … Sin embargo, hay algo seductor en esta prenda, encierra el pueril atractivo de engalanarse. Y sería tan ostentoso, una burla a las Tías, tan pecaminoso, tan libre… La libertad, como todo lo demás, es relativa.

P. 323-324: … Tal vez ha alcanzado ese estado de intoxicación que, según se dice, inspira el poder, ese estado que hace que algunos se sientas indispensables y crean que pueden hacer lo que les venga en gana.

P. 324 [Defred habla con el comandante en cuya casa ‘sirve’]:

-Creía que esas cosas estaban prohibidas -comento.

-Oficialmente, sí -reconoce-; pero, al fin y al cabo, todos somos humanos.

-¿Y eso qué significa?

-Significa que es imposible escapar a la naturaleza -asegura-. En el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad. Es lógico, forma parte de la estrategia de la procreación. Es el plan de la naturaleza…

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El hijo de todos, de Louise Erdrich

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Louise Erdrich (Little Falls, Estados Unidos, 1954-   )

El hijo de todos / Louise Erdrich. — Madrid : Siruela, 2017.- 365 p.

“Con una prosa desgarradora, Louise Erdrich en El hijo de todos examina con gélida belleza las insondables consecuencias de una tragedia cotidiana. A través de una intensa historia de duelo y redención, la autora propone un personal acercamiento a temas universales como el poder curativo del amor o la insaciable necesidad de consuelo que todos los seres humanos necesitan .”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

No hubo mucho tiempo en la reunión para hablar de esta obra pues se trataba de una sesión doble y la autora del segundo de los libros elegidos para leer en el verano nos honró con su presencia. Aún así el debate en torno al mismo estuvo animado y la mayoría de las componentes del grupo de lectura afirmaron que el libro les había llegado profundamente.

Encina, una de las compañeras del grupo, nos ha proporciondo por escrito su visión de la obra, siempre enriquecedora, como podéis comprobar seguidamente:

En esta novela, que me ha llegado al alma, la pena por la muerte del hijo está siempre presente, hay una interacción profunda y personal con la realidad de la pérdida:

“-Me pregunto quién eres ahora, dijo Nola.

-Soy sólo yo, dijo Peter, el mismo de siempre.

-No es verdad. Nunca más seremos los mismos.

La novela es algo más que la inefable tragedia del día fatídico que ya aparece al inicio y el impacto que tiene en las dos familias afectadas. El argumento está creado en círculos concéntricos y los personajes, que son muchos y complejos, tienen vidas que reflejan caminos intrincados, llevando la historia en muchas direcciones, desde reveladores episodios del pasado lejano hasta la agudeza del presente.

Así, la autora retorna a 160 años antes y teje las historias de las antepasadas de LaRose, el personaje principal, que es un niño de cinco años. El joven LaRose recibe de su abuela LaRose la historia del siglo XVIII cuando la primera LaRose fue entregada como esclava a un tratante de pieles por una mujer objibwe. La niña a su vez es salvada por Wolfred, el asistente blanco del tratante, que huye con ella y ambos se mantienen vivos en su huida a través de la naturaleza salvaje gracias a las habilidades indígenas de la niña y su conocimiento tradicional de las plantas venenosas.

La autora, de origen indioamericano, incide en la realidad de la comunidad india que vive bajo la sombra de la opresión racial desde la invasión del colonialismo europeo y que empuja a los indígenas hacia la asimilación. Por eso buscan una seña de identidad en viejas tradiciones culturales y modos de ser que todavía retienen los ancianos de la tribu, y vemos cómo la tradición de mitos y saberes pasa de padres a hijos.

El estilo de la novela es una mezcla de prosa y lirismo, pues junto con referencias culturales norteamericanas del día a día (acontecimientos políticos, sociales, etc.), el relato está teñido de espiritualidad y mitología: capacidad de comulgar con fantasmas y proyectarse uno mismo al cielo o en otros animales, por ejemplo; pasado y presente están ligados como el bien y el mal. El sentimiento final ejerce un efecto curativo, de redención a través de la inocencia y bondad del niño protagonista y de la entrega del padre – “Mi hijo será ahora vuestro hijo”-, dando a entender que las heridas y la muerte son inevitables, pero que el perdón y la reparación son preferibles a la cólera y la venganza.

Cosas que se dijeron del libro en la reunión, muy en consonancia con la visión de Encina anteriormente expuesta:

– En la obra hay más de un hijo de todos (como se puede comprobar al leerla)

– Nos ofrece una visión de una sociedad, de una cultura, muy desconocida por nosotras, muy distinta, además, de la imagen que se da en las películas de los pueblos nativos de América del Norte

– Uso muy poético del lenguaje

– Todos los personajes son importantes, todos tienen una presencia contundente

– Muy interesante la componente mágica y onírica del relato

– Mezcla la vida ‘ordinaria’ con la magia, lo espiritual, con las raíces ancestrales

– Muestra el proceso de ‘domesticación’ de los internados para menores

– Muy interesante la cultura de la reparación de las tribus indias, muy ligadas a la madre tierra

– Neutralidad moral del relato, los personajes no son presentados de forma maniquea

– Personaje central conmovedor

– La autora, de origen indio, muestra sus grandes conocimientos antropológicos, ligados, además, con la historia de su propia familia

A esto yo agregaría lo conmovedora que es también la relación, el cuidado de las dos hermanas mayores, Jossette y Snow, de sus hermanos y de la hija del matrimonio ‘reparado’. Sin olvidar a la inteligente abuela LaRose.

Y, por poner alguna pega, decir que a veces hay saltos ‘raros’ en el relato y también algunas cosas que no se entienden bien, problema este último que parece proceder de la traducción, que peca, además, de algunos fallos ortográficos menores.

Citas del libro

P. 33 [LaRose abuela]: … Billy había sido cruel, narcisista, listo. Su amor había supuesto una carga en nada diferente al odio. A veces sus ironías todavía la atosigaban por sorpresa desde el mundo de los espíritus. La gente creía que había sido fiel a su memoria porque había sentido una total adoración por Billy Peace. Dejaba que la gente dijese lo que quisiera. En realidad, él le había enseñado todo cuanto necesitaba saber de los hombres. No necesitaba aprender más.

P. 164: … no le gustaba que lo mirasen y nunca miraba a nadie a los ojos, a no ser que una maestra le sujetara la cabeza y lo obligara. Sacaba de quicio a las maestras blancas. En aquellos días, los indios raras veces miraban a la gente a los ojos. Incluso en estos tiempos, es algo incomodo, nada sincero sino invasivo

P. 240:

–  … yo quiero ir al instituto con Jossette y Snow…

–  Hay chicos conflitivos en ese instituto. Alcohol y drogas.

– Hay drogas en todas partes. Además, ¿recuerdas? Soy una marginada. Me odian a rabiar.

Ahora Peter se echó a reír. Maggie no era capaz ni de fingir autocompasión. No había la menor lástima en ella. Estaba orgulloso de ella y ella lo sabía.

P. 304-305: Esa era la Nola que él conocía, no la que sonreía demasiado. Esta es la dinámica de la familia, no la familia feliz fabricada sin agravios, sin ira, sin una voz más alta que otra, sin dolores consentidos, en la que él se sentía tan solo.

P. 313-314: La señal de la televisión de Romeo era tan mala que estaba seguro de que no se había consultado a Condoleezza antes de anunciar el inicio de la guerra… Qué inútil, pensó Romeo. No se puede impedir que la gente amante de la guerra haga lo que más le gusta hacer. Además, frugalidad. Esas bengalas gigantes seguramente iban a caducar en una semana.

Y una receta de ensalada de patatas que viene en el libro

P. 356-357: La víspera había tenido a Hollis y a Coochy pelando dos sacos de nueve kilos de patatas cada uno. Ella las había troceado y cocinado, sin que se deshicieran. Había dejado que las patatas se enfriaran por la noche en grandes barreños y marinaran en aceite, vinagre, sal, pimienta y cebolla picada… Con sumo cuidado fue incorporando mahonesa mezclada con suficiente mostaza como para darle un llamativo color dorado. Pero sin pasarse para que no tuviera demasiado sabor a mostaza. Cortó en pequeños dados dos tarros de pepinillos y también los añadió. Snow había hervido una docena de huevos y los metió en agua fría para evitar que las yemas se tornaran verdosas. Ahora vertían sobre la masa grumosa y amarilla… los huevos sazonados con un poco pimiento. Josette pinchó una patata que sobresalía. Se la comió. Asintió a la ensaladera con una mueca sabia y pausada.

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El club de los mentirosos, de Mary Karr

Sesión 81 (12 de junio de 2018)

Mary Karr (Groves, Texas, Estados Unidos, 1955- )

El club de los mentirosos / Mary Karr. — [Cáceres] : Periférica ; [Madrid] : Errata Naturae, 2017.– 517 p.

“La tragicómica niñez de Mary en una localidad petrolera del este de Texas nos presenta a unos personajes tan singulares como divertidos: un padre bebedor, una hermana que con doce años le planta cara a un sheriff, una madre con un sinfín de matrimonios a sus espaldas y cuyos secretos amenazan con destruirlos a todos. Precisamente, será la madre, ese personaje maravilloso, quien se convertirá a lo largo del libro en la clave de esta gran historia, de esta novela autobiográfica e inolvidable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

En general el libro gustó mucho al grupo, aunque algunas teníamos tan altas expectativas por lo bien que nos habían hablado del mismo que nos decepcionó un poco (pero muy, muy poco…).

En cualquier caso, la narradora se pone maravillosamente en la voz de la niña que fue y nos cuenta con cierta ternura pero sin sentimentalismos la historia de su padre y, sobre todo, de su madre, por quienes sentía un gran amor a pesar de los malos tragos pasados con o por ellos, ambos de un alcoholismo nada disimulado. Y también está presente en el relato su hermana, apenas algo mayor que ella, con la que no parece compartir ideas políticas en la actualidad -habla de su hermana republicana- pero no por ello deja de admirar el papel jugado por la misma en la familia cuando eran pequeñas, asumiendo responsabilidades impropias para una niña de su edad.

Se trata, pues, de la historia de una familia disfuncional pero a la vez y en cierto modo muy unida, que es una de las contradicciones que se muestran en estas autobiogría, entre las cuales se lleva la palma el personaje de la madre, de gran sensibilidad y cultura pero, al mismo tiempo, bastante ordinaria en su estética y en su forma de hablar y actuar, lo cual, curiosamente, no le resta una grandeza que se manifiesta en su fuerte carácter, en su -me atrevería a decir- arraigada actitud ‘feminista’, y, sobre todo, en la forma de sobrellevar un pasado trágico con sufrimiento profundo pero sin autocompasión alguna.

En definitiva, una escritura directa, sincera y dura, pero también conmovedora en algunos pasajes -como cuando relata la última noche pasada con su padre antes del divorcio de la pareja y la forma de anunciárselo a las hijas que se pueden leer de la página 303 a la 313- y, sobre todo, por el gran cariño e incluso admiración -no exento de mirada realista- de una hija por unos progenitores en principio nada ejemplares.

Agregar que aunque algunas críticas digan que se trata de un lectura hilarante yo no diría que el libro es gracioso, si bien es cierto que algunas reflexiones de la narradora-niña pueden provocar una leve sonrisa. También que una compañera del grupo de lectura comentó que no había terminado el libro entre otras cosas por la poca sensibilidad mostrada en el mismo hacia los animales, en lo que no puedo sino darle la razón.

Debate sobre la violencia sexual provocado por ciertos pasajes del libro

Finalmente destacar la interesante discusión que generó el hecho de que la niña protagonista -la autora, dado que se trata de una autobiografía- sufra dos violaciones -¡a los siete y los ocho años de edad!- y que en ninguna de ellas diga nada a nadie al respecto pues, como dice ella misma al referirse a su agresor de la primera ocasión: “Ni siquiera tuvo que amenazarme para que no dijera nada. Yo ya sabía lo que me llamarían si lo contaba.”. Estremecen los hechos y la reacción, más teniendo en cuenta de que se trataba de una niña de tan corta edad.

Cosas que salieron en la debate:

-Lo generalizado que está aún hoy el acoso y la violencia sexual hacia las niñas y las mujeres y el clima en cierto modo propicio a que estas prácticas se sigan produciendo, si bien se cuestionó si es real o no que este tipo de hechos sea tan común, a lo que se adujo que la mayoría de las mujeres lo sufrimos o lo hemos sufrido en varias ocasiones a lo largo de nuestras vidas, saliendo a relucir el estupendo -por lo bien que refleja la realidad- vídeo sobre el acoso callejero ‘Au bout de la rue‘ que se hizo viral en 2016.

– Que puede haber distintas formas de reaccionar ante una agresión sexual y que no todas las mujeres tenemos que responder del mismo modo pues las puede haber más ‘fuertes’ y otras más ‘tímidas’ -o intimidadas- ante los ataques machistas de diversa índole.

– Que el límite ante cualquier situación de insinuación o propuesta sexual debe ser el consentimiento de la mujer o mujeres interpeladas, y, en línea con lo que se está barajado en la actualidad, este debería ser explícito, pasando del “No es no” al “Sí o es no”.

Y para profundizar en el tema aquí van algunas aportaciones personales posteriores para seguir alimentando el debate:

– Actualmente están saliendo a la luz muchos casos de ámbitos en los que el acoso sexual ha sido moneda de cambio común: como ejemplos baste hablar del mundo del espectáculo a los que responde el movimiento #MeToo, o los más insólitos de la universidad y la investigación o el que se ha conocido más recientemente de directores de orquesta.

– Que de algún modo tendría que cambiar el hecho de que hagas lo que hagas parece que en estas situaciones las mujeres llevamos necesariamente las de perder pues, además de la agresión, si osas responder afeando o ridiculizando la actitud de quien te ha dicho una grosería siempre puedes ser calificada por esa persona de ‘puta’ y lindezas de este tipo -algo bastante común, como he tenido ocasión de experimentar personalmente-, o, incluso, ser agredida físicamente, como le ha pasado a la chica del siguiente vídeo cuyo caso, captado por la cámara de un establecimiento comercial cercano, indigna a Francia en la actualidad.

Por no hablar de los casos verdaderamente graves de agresiones sexuales severas, en los que parece que si no se responde se está consintiendo -un ejemplo especialmente sangrante al respecto es lo que deja traslucir la sentencia del caso de La Manada de los sanfermines del año pasado- y si respondes defendiéndote puedes hasta ser asesinada, como le sucedió a Nagore Laffage en las mismas fiestas ocho años antes.

– Que por lo mucho que la sociedad y en concreto las mujeres nos jugamos en ello deberíamos seguir reflexionando sobre el tema, para lo que recomiendo la lectura del capítulo dedicado a la violación del libro ‘Teoría King Kong‘, de Virginia Despentes, en el que anima a las mujeres a que nos hagamos conscientes de nuestra fortaleza.

– Que tampoco deberíamos dejarnos llevar por un clima que favorezca el abuso del castigo y la censura o que nos haga sentirnos en un estado de ‘pánico moral’, como bien expone Paloma Uría Ríos en su interesante artículo ‘El largo camino del feminismo: dogmas y disensos‘ (Pikara Magazine, 20 de julio de 2018).

Y ya no me resta sino invitaros a que hagáis las observaciones o aportaciones que estiméis oportunas mediante vuestros comentarios sobre tan importante asunto.

Citas del libro

P. 30: “… Cuando la verdad resulta insoportable, es muy común que la mente la elimine. Pero sucede que la sombra de un suceso permanece en la memoria…”

P. 31-32: “El hecho de que en mi casa las cosas no fueran bien se metastatizó en la sensación de que, en cierto modo, yo tampoco estaba del todo bien… Me volví una cagueta y una perdonavidas al mismo tiempo…”

P. 37 [Sobre su madre]: “… Su bravura no encajaba en la anestesiada década de los cincuenta…”

P. 38: “Aquel mundo había quedado atrás mucho antes de que yo naciera, y sin embargo lo recuerdo. A decir verdad, mi pare me contó tantas anécdotas de su niñez que en muchos aspectos las suyas me parecen más vívidas que las mías propias. Las repetía una y otra vez ante un público compuesto por los borrachos con los que jugaba al dominó los días de libranza. Se reunían en el bar de la Legión americana o en la trastienda del local de artículos de pesca cuando sus mujeres los hacían pagando facturas o en la sede del sindicato. La cabrada esposa de alguno de ellos acabó por bautizar al grupo como «el club d ellos mentirosos», y con ese nombre se quedó.

P. 46: “… Al igual que la mayoría de la gente, mi padre mentía mejor por omisión, y de nada valía interrogarlo sobre aquello que no quería que supieras.

P. 57: “En la zona occidental de Texas el cielo es más extenso que en otros sitios. Ni colinas, ni árboles en el horizonte. Los únicos accidentes son las gasolineras que se ven de vez en cuando, raras veces… El paisaje es inexistente, y el cielo lo ocupa todo…”

P. 64: “… Como eran muy guapas, esperaban que hicieran «buenos casamientos», lo cual no era sinónimo de felicidad, sino de que no tendrían que trabajar en la granja…”

P. 71: “… Eran esa clase de detalles los que te partían el alma en Leechfield, a lo que papá se refería cada vez que decía que era un pueblo demasiado feo como para no tenerle cariño.

P. 72: “… En su mundo, solo los locos de remate se divorciaban. Los ciudadanos de pro mal casados se ataban los machos y aguantaban el tirón.

Su tío Lee Gleason, por ejemplo, estuvo cuarenta años sin dirigirle la palabra a su mujer, hasta el día de su muerte, pero ni se le pasó por la cabeza divorciarse…”

P. 77: “A veces transformaba la invectiva en sabio consejo destinado a quienquiera que fuera objeto de la furia de mi madre. «Mándalos a tomar por culo», decía… (A día de hoy tengo una especie de tendencia natural a mandar a tomar por culo. Me fascina la cantidad de situaciones al que viene al pelo).

P. 90: “La lenta agonía cancerosa de mi abuela quedó durante mucho tiempo reducida a ese informe trillado , un caso claro del mecanismo de sustitución de la realidad mediante el lenguaje…”

P. 118, 121: “… Tenía siete años… Según mi expediente escolar pesaba unos veintidós kilos. Pensada en un par de jamones cocidos hermoso para haceros una idea de mis dimensiones. Y ahora imaginad a un adolescente empalmado… embistiéndome…

Ni siquiera tuvo que amenazarme para que no dijera nada. Yo ya sabía lo que me llamarían si lo contaba.

P.142: “Leechfield había sido evacuado pocos años antes por culpa del huracán Audrey. Fue la primera tormenta que recuerdo de la lista alfabética de nombres de mujer. Durante el Audrey mamá despotricó de lo lindo contra el hecho de que el género femenino tuviera que cargar con el muerto de tanta destrucción. «Joder, si son los hombres los que van a la guerra», recuerdo que decía…”

P. 167-168: “… Mi abuela se murió y a mí no me dio ninguna pena.

…El tío Frank se arrodilló para ponerse a mi altura y me dijo que la abuela había «fallecido». Recuerdo que la fórmula me pareció muy formal y forzada, digna de Bonanza. En aquel momento empezaron a desfilar por mi mente todas las expresiones locales que hacían referencia a la muerte. «Está criando malvas», «se ha ido al otro barrio», «ha estirado la pata», «la ha espichado», y mi favorita: «ha abierto un criadero de gusanos»…”

P. 181: “… (He llegado a creer que el silencio puede engrandecer a una persona. Y el dolor, también. La emanación de un silencio pesado y triste puede investir a alguien de una dignidad absoluta)…”

P. 206: “…Por un momento pierdo la noción de todo, que es el efecto que persigue una buena mentira. Al mismo tiempo, soy más yo misma que antes de que papá empezara a hablar, que es el modo que tienen las mentiras de develar verdades…”

P. 237 [citando a la madre]: “… iba a condenar las ventanas para que ni la mismísima Dios (siempre destacaba el género femenino) pudiera ver la casa por dentro.

P. 385: “Más noches pasaron, y días tan grises y granulosos que ni uno solo destaca del resto, hasta que un día me pongo mala y el adulto que en teoría viene a cuidarme acaba metiéndome la polla en mi boca de niña de ocho años…

P. 390: “Me acuerdo del vecino que se puso a embestirme después de tumbarme encima de un saco de cemento… Seguramente ya no soy virgen a consecuencia de aquello. No oí que ninguna membrana se rasgara dentro de mí, de lo concentrada que estaba en que terminara antes de acabar metida en un lío. Pero, con flor o sin ella, sé que esa agresión me ha dejado marcada para siempre.

P. 392: “… Tengo todo un vocabulario para mis propias carencias. Es el resultado de ser siempre más pequeño que, menos que, más débil que...”

P. 420: “… Claro que el mundo cría monstruos, pero la bondad prolifera igual de silvestre...”

P. 446: “… Me seducía la idea de que mirando un cuadro o escuchando un concierto pudieras «transcender» las gilipolleces cotidianas que te van minando por dentor, que en un instante de pura concentración pudieras interiorizar algo que te engrandeciera para siempre.

P. 475-475: “Alguna vez he oído por ahí que cuidar a un inválido es como cuidar a un bebé. Y supongo que en esencia se trata de lo mismo, pero un bebé te recompensa cada día con algún progreso; le sale un diente, o descubre que el objeto que se agita sin ton ni son ante sus ojos es en realidad su propia mano. El inválido, en cambio, es un pozo que te absorbe. Cada día te dedica una mirada aún más carcomida por el agotamiento que la tuya, y más afligida. Si la vida es sufrimiento (como sostiene Buda), un concurso interminable para ver quién traga más mierda, el inválido gana siempre, de calle.

Cantantes y serie de televisión citadas en el libro

Por situar en el ambientillo musical y televisivo de la época, aquí van algunas cantantes (con enlace a grabaciones de Youtube relacionadas) y una serie citadas del libro :

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Tiempos de swing, de Zadie Smith

Sesión 77 (9 de enero de 2018)

Zadie Smith (Londres, 1975-  )

Tiempos de swing / Zadie Smith. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 432 p.

“Ambientada desde los años ochenta hasta la actualidad en Londres, Nueva York y Africa Occidental, cuenta la historia de dos íntimas amigas, ambas hijas de matrimonios mixtos, que crecen en el heterogéneo y multirracial barrio de Willesden, en el norte de Londres. Se conocen en la infancia, unidas por el sueño de llegar a ser algun día bailarinas, pero solo una de ellas, Tracey, tiene talento. La otra, la narradora, tiene inquietudes, que a lo largo de los años la conducirán muy lejos, más de lo que nunca habría podido imaginar. La amistad entre las chicas es recíproca y verdadera pero difícil y se interrumpe cuando ambas llegan a la veintena, dejando un poso perdurable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro no gustó por igual a todas las componentes del grupo de lectura, o, por decirlo más exactamente, no todas llegamos a terminar el libro en parte porque no nos dio tiempo a ello (tiene 427 páginas y no había muchos días para su lectura) y en parte, quizá, porque no a algunas no terminó de enganchar del todo su lectura.

Dado el interés del texto de Encina, una de las compañeras del grupo, sobre el libro lo reproduzco aquí a modo de comentario del mismo:

“La novela trata muchos temas que nos conciernen social e individualmente: la raza, la familia, la fama, la riqueza y la pobreza, el primer mundo frente al tercer mundo, la responsabilidad individual y colectiva, la amistad y la rivalidad, la maternidad, la adolescencia, la historia, el mundo de las percepciones y las emociones. Casi nada! Son temas muy importantes que, en mi opinión, no quedan del todo bien integrados en la novela quizás por ser demasiado ambiciosa o por la estructura del relato.

Una posible causa de que no me hayan dejado profunda huella temas tan humanos podría residir en la falta de empatía con el personaje de la narradora; ella no tiene nombre, aparece como la amiga, la hija, la asistente, la observadora, pero nunca como ella misma. Sin embargo, los personajes están bien descritos, especialmente Tracy, que creo es el personaje principal, y la figura de la madre, que es muy potente. La figura de Aimee, la estrella de pop, es más borrosa. Y los hombres me parecen bastante débiles frente a las mujeres.

He disfrutado mucho del lenguaje (en inglés), de gran riqueza y maestría. Por ejemplo, la descripción de una amiga de la infancia “es una rubia frágil, con los brazos llenos de cicatrices y que parecía como una gata rota abandonada bajo la lluvia”. Esa niña ya no vuelve a aparecer pero se me quedó grabada su imagen. Tiene muchos otros pasajes memorables, como el de la visita al monumento de Kunta Kinte, cuando dice: ” yo me esperaba algún sentimiento de catarsis que la gente espera encontrar en estos lugares pero no pude convencerme a mí misma de que el dolor de mi tribu estaba únicamente concentrado aquí en este lugar, el dolor estaba tan obviamente en todas partes, y aquí sólo daba la casualidad de que habían colocado el monumento”.

Poco más que agregar; quizá solo un pasaje que me llamó poderosamente la atención pues trata de la iniciación del personaje principal de niña en el sexo (capítulo 14 de la primera parte).

Un libro que está bastante bien pero que, según otra compañera del grupo, no es el mejor de la autora, de la que destaca ‘Sobre la belleza‘. Relacionado con la temática de esta otra novela, señalar aquí la reciente propuesta de la autora de la que ella llama ‘tasa espejo‘, una idea de la escritora contra las exigencias de belleza que puede resumirse en no pasar más quince minutos maquillándose o eligiendo qué ponerse pues exderse sería perder demasiado tiempo.

Sin duda, una autora a la que seguir y dedicarle a sus libros el tiempo que requieran.

Citas del libro

P. 14-15: “… A la mañana siguiente me desperté temprano […] fui rápidamente a la cocina y encendí mi teléfono móvil […] Fui pasando una lista deprimente … Entonces vi uno titulado «PUTA»… El cuerpo del mensaje era una única frase: «Ahora todo el mundo sabe quién eres en realidad.». Parecía una de esas notas que podría mandar una cría de siete años resentida y con una idea implacable de la justicia. Y por supuesto, si puede ignorarse el paso del tiempo, era exactamente eso.

P. 20: “… Según mi madre, eran precisamente esas similitudes superficiales las que concedían tanta importancia al buen gusto. Ella se vestía para un futuro que aún no existía, pero que esperaba conocer…

P.23: “Mi madre era un caso raro […] Tenía un instinto increíble para las convenciones de la clase media. Sabía, por ejemplo, que un rastrillo, a pesar de ese nombre tan poco prometedor, era donde podías encontrar a la gente de más nivel, y también sus viejas ediciones de bolsillo […], pastilleros antiguos de porcelana […]. Nuestro piso estaba lleno de cosas así. Nada de flores de plástico en casa, centelleantes de rocío falso, ni figuritas de cristal. Todo formaba parte del plan. Incluso las cosas que yo detestaba (como las alpargatas de mi madre) solían parecerles atractivas a la clase de gente que intentábamos atraer, y aprendí a no cuestionar sus métodos por más que me avergonzaran...”

P. 67: “… A mí, al volver a casa, mi madre o mi padre siempre me preguntaban cómo había ido el día en la escuela, insistían mucho en eso, no me dejaban tranquila hasta que les contaba algo, así que naturalmente empecé a mentirles. En ese momento les veía como dos niños, más inocentes que yo, a los que me sentía obligada a proteger de la clase de sucesos desagradables que les harían pensar (a mi madre) o padecer (a mi padre) más del a cuenta. Ese verano el problema se agudizó porque la verdadera respuesta a «¿Cómo ha ido hoy en la escuela?» era «En el patio hay una obsesión por meter manos a las niñas»… “.

P. 69: “Resulta raro pensar ahora ahora que entonces todos teníamos solo nueve años. Pero sigo volviendo la mirada hacia esa época con cierta gratitud, porque he acabado por creer que, hasta cierto punto, tuve suerte. Fue el despertar del sexo, sí, pero también fue un momento, en todos los sentidos vitales, donde el sexo en sí no estaba presente, ¿y acaso no es ésa una buena definición de una infancia feliz? No fui consciente ni aprecié lo afortunada que había sido en este aspecto hasta que fui adulta, cuando empecé a descubrir, en más casos de los que habría imaginado, que entre mis amigas, al margen de su condición social, el despertar sexual había sido explotado y viciado por las fechoría de tíos y padres, primos, amigos, desconocidos…

P. 99-100: “descubrí a los hermanos Nicholas, Fayard y Harold: una foto suya abriéndose de piernas en el aire marcaba la entrada de mi habitación […] Supe que habían aprendido por su cuenta, y aunque bailaban como los dioses no habían asistido a clases de danza […] Me empeñé en contagiar a Tracey de mi entusiasmo […] pero ella ya no soportaba ver ni una breve escena de una película en blanco y negro, todo eso la aburría. No era «real»: demasiado depurado, demasiado artificioso. Ella quería ver a un bailarín en escena, sudando, real, no engalanado con sombrero de copa y frac. A mí, en cambio, me atraía la elegancia. Me gustaba el modo en que ocultaba el sufrimiento.

Más sobre el libro

Vídeos musicales relacionados con el libro

  • Ginger Roger y Fred Astaire en Tap Dance
  • Billy Holiday (Lady Day) en Lady Sings the Blues
  • Actuación de los Nicholas Brothers en la película Stormy Weather, de la que Fred Astair comentó que era la mejor escena en un musical que jamás había visto y que ilustra maravillosamente la última cita del libro

Si conoces más vídeos que ilustren el libro estaría muy bien que nos los comentaras…

Más libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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Canción dulce, de Leila Slimani

Sesión 77 (12 de diciembre de 2017)

Leila Slimani (Rabat, 1981-   )

Canción dulce / Leila Slimani. — Barcelona: Cabaret Voltaire, 2017.– 277 p.

“Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)

fundacion-tres-culturas

Valoración

Nuestra compañera Carmen Jiménez, autora del blog Sevilla Cinéfila -imprescindible para quienes quieran tener información actualizada y crítica de las películas en cartelera, además de otras actividades relacionadas con la Cultura en general que tienen lugar en nuestra ciudad-, hizo en su momento una entrada en su blog cuya lectura recomiendo vivamente pues recoge una completa crónica de la reunión en torno al libro en la que aporta, además, su siempre rica visión del mismo.

Poco que agregar a lo que dice Carmen. Solo destacar algunos comentarios que se hicieron en la reunión que me llamaron especialmente la atención, como que vivimos en una sociedad en la que los caminos de las personas más desfavorecidas pueden llegar a cruzarse con los de las que tienen más formación y poder adquisitivo pero no llegan a tocarse realmente; parece como si viviéramos en mundos distintos. También lo llamativo que resulta que la principal responsabilidad del cuidado de las hijas e hijos pequeños -aunque no se habló del tema, yo aquí agregaría la atención a familiares mayores y/o con enfermedades o limitaciones de algún tipo- recaiga casi invariablemente sobre las mujeres -y el sentimiento de culpa de las mismas si no lo hacen de forma perfecta-, al igual que el cuidado de las niñas y niños ajenos, trabajo al cargo casi en exclusiva de otras mujeres que, en ocasiones, tienen que desatender a su propia familia para ello. Y, como dijo otra compañera, también cabría preguntarse de dónde viene el llamado sentido maternal, si es algo connatural a las mujeres o se trata, al menos en parte, de un mandato patriarcal más.

Desde mi punto de vista, todo se explica con la reflexión de que la nuestra es en una Sociedad Capitalista Patriarcal que divide a las personas en clases y en sexos con distintos derechos y privilegios, y que, en general, parece que mueve a que vivamos para trabajar, más en el caso de las mujeres, que en su mayoría siguen sufriendo la llamada doble jornada laboral. Mención aparte merecería la violencia que este tipo de sociedad conlleva, que en este libro se muestra a su forma más extrema.

Una obra, pues, que yo calificaría de imprescindible para quienes tengan interés en que sus lecturas, además de ser amenas, les sirvan para reflexionar sobre la vida en general y las temáticas de género en particular.

Más información

Muy recomendables, también, las entradas de la Fundación Tres Culturas relacionadas con este libro, cuyo lote fue prestado a nuestro grupo de lectura por su Biblioteca, que tuvo el gran acierto de organizar la presentación de la obra en la sede de la entidad, para lo que contó con la presencia de la autora:

Citas del libro

P. 126 [Sobre Louise, la niñera]: “La soledad actuaba como una droga de la que no sabía si quería prescindir. Deambulaba por las calles, como ida, con los ojos desencajadas hasta hacerle daño. En su soledad, se puso a observar a las personas. A observarlas de verdad. La existencia de los demás se volvía palpable, vibrante, más real que nunca. Escrutaba, en sus menores de talles, los gestos de las parejas sentadas en las terrazas de los cafés. Las miradas furtivas de los ancianos abandonados… Cada día se topaba con compañeros en el infortunio, que hablaban solos, dementes, mendigos.

La ciudad, en aquellos tiempos, estaba habitada por locos.

P. 142-143 [Sobre Wafa, compañera de Louise, en el parque donde están ambas con lxs niñxs que cuidan]: “Ante Louise y su silencio, Wafa habla como si se confesar con un sacerdote o declarara ante la policía […]

Wafa teme envejecer en uno de esos parques. Sentir crujir sus rodillas sentada en esos viejos bancos helados, sin siquiera tener fuerza para levantar a un niño. Alphonse crecerá. No volverá a pisar un parque público en una tarde de invierno. Él irá al sol. Se tomará vacaciones. Quizá incluso algún día duerma en una de las habitaciones del Grand Hotel donde ella daba masajes a hombres. Él, que ella ha cuidado, se hará servir por alguna de sus hermanas o de sus primos, en la terraza, con el suelo de baldosas amarillas y azules.

«Ves, todo gira y todo da la vuelta. Su infancia y mi vejez. Mi juventud y su vida de hombre. El destino es vicioso como un reptil, siempre se las arregla para empujarnos hacia el lado equivocado.»”

P. 144-145: “La vida se ha convertido en una sucesión de tareas, de compromisos, de citas ineludibles. Myriam y Paul están desbordados. Les gusta decirlo, como si ese agotamiento fuera la señal premonitora de su éxito. Su vida se desborda, apenas queda lugar para el sueño, ninguno para la contemplación. Corren de un sitio a otro, se cambian de zapatos en el taxi, toman copas con gente importante para su trabajo. Los dos juntos se han convertido en los jefes de una empresa que funciona, con objetivos claros, ingresos y gastos.

Por toda la casa hay listas que Myriam escribe, en una servilleta de papel, en un post-it o en la última página de un libro. Se pasa el tiempo buscándolas. Teme tirarlas, como si con ello perdiera el hilo de las tareas pendientes…

P. 149 [Sobre Paul]: “… Al convertirse en padre, adquirió unos principios y unas certezas, algo que se había propuesto a sí mismo no tener nunca. Su generosidad se volvió relativa. Sus pasiones se templaron. Su universo había encogido.

P. 158 [Sobre Sylvie, madre de Paul]: “… Con ella no hay normas. No los inunda de regalos inútiles, como hacen los padres, que intentan así compensar sus ausencias…

Para hacer rabiar a su nuera los llama «mis gorriones caídos del nido». Le gusta compadecerse de ellos por vivir en la ciudad, sufrir su incivismo y contaminación. Desearía ampliar el horizonte de esos críos destinados a un futuro de gente correcta, servil y, a su vez, autoritaria. Unos miedicas.”