Archivo de la categoría: Relaciones de pareja

En manos de las furias, de Lauren Groff

Sesión 73 (13 de junio de 2017)Lauren Groff (1978-)

En manos de las furias / Lauren Groff ; traducción de Ana Mata Buil.– [Barcelona] : Lumen, 2016.– 541 p.

Un hombre y una mujer caminan muy juntos por la playa. Hace frío, pero no importa. De repente se esconden detrás de unas dunas para celebrar su primer acto de amor carnal. Él es Lotto, ella es Mathilde, los dos tienen veintidós años y acaban de casarse, aunque solo llevan unos quince días juntos y saben muy poco el uno del otro. El hilo de sangre que mancha los muslos de Mathilde sella esta entrega que parece absoluta y exclusiva, y así será durante más de veinte años. Lotto y Mathilde se convierten en la pareja casi perfecta; basta una mirada para que se entiendan, un gesto cómplice para que los dos dejen una sala abarrotada de gente y aprovechen cualquier rincón para amarse. Lotto se dedica a escribir obras de teatro al hilo de su pasión por Shakespeare y Mathilde se convierte en la esposa ideal, que es musa, empresaria y ama de casa. Bien… Bien, hasta que de repente el destino se impone. Es entonces cuando descubrimos que el matrimonio, bien mirado, es una larga conversación, y que en esta charla caben huecos, omisiones, palabras sueltas que pueden ser mentiras piadosas o alfileres. Y es que toda historia tiene siempre al menos dos formas de ser contada.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

[En este caso la valoración del libro corresponde a Encina, una componente del grupo de lectura que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó el  comentario que se recoge a continuación]

El libro en general me ha gustado mucho, aunque no lo catalogaría de ‘mi lectura del año’ como hizo Obama (jeje).

Yo lo he leído en inglés, y el lenguaje me ha parecido difícil, sobre todo la primera parte, pues la autora utiliza un lenguaje muy actual, moderno, dinámico y vibrante, con muchas expresiones de jerga juvenil, tanto del medio estudiantil como de las esferas bohemias y artísticas neoyorquinas con mucho ‘postureo’. Por curiosidad y motivación propia fui contrastando muchos párrafos de la versión original con la traducción al español para ver cómo resolvía la traductora ciertos pasajes intrincados; ¡en algunos casos se saltó frases enteras ! (por ejemplo en la p. 54), aunque en otros casos lo fue resolviendo bastante airosamente. Creo que esta opinión sobre la dificultad del lenguaje está bastante extendida pues la leí reiteradamente en un foro de Goodreads.

[En este aspecto agregar a la crónica de Encina que para quienes lo hemos leído en castellano hay bastantes fallos evidentes, como por ejemplo llamar ‘luz del tráfico’ (página 337) a un semáforo, en una traducción literal del inglés al castellano; o preposiciones que sobran; o frases que no se terminan de entender. Da la impresión de que algunas editoriales quieren sacar cuanto antes los éxitos en otras lenguas sin cuidar como deberían la calidad de las traducciones.]

Desde el punto de vista del estilo creo que tiene sus luces y sus sombras, a veces establece unas metáforas muy bonitas y poéticas (cita de la página 486 [más abajo]) pero en otras ocasiones lo veo forzado y hasta presuntuoso, como el pasaje en que dice que la madre huele a escamas de pescado y el padre a polvo de piedra, etc… Tampoco me parece muy logrado ese juego que establece con la tragedia griega, desde el título (en inglés ‘Fates and Furies’, algo así como ‘Furia y Fatalidad’) hasta el recurso al coro que interviene entre paréntesis o el personaje heroico del ‘dios’ Lancelot [personaje coprotagonista de la novela].

En cuanto a la trama, a mí me gustó mucho, por inverosímil que la historia pueda parecer. La parte enigmática y detectivesca de la segunda parte me atrajo especialmente mientras que en la primera el narcisismo y homocentrismo de Lotto [o Lancelot] me llegó a cansar.

Es la historia de un matrimonio contada desde cada uno de los esposos, con puntos de vista tan radicalmente diferentes que parecen dos novelas. Y esto corrobora el hecho bien conocido de que a veces dos personas que llevan juntas toda la vida no se conocen o por lo menos una de las dos no conoce a la otra [véase cita de la página 284].

En este caso , y en contra de las apariencias, la que lleva la voz cantante es ella. Mathilde es mucho más lista que Lotto, maneja a su esposo, le organiza la vida, lo protege, lo estimula, lo moldea y es que ella busca preservar a toda costa el nido de seguridad y amor del que ha carecido toda su vida. Y para ello tiene que esconder ese pozo de maldad que ella siente que arrastra desde la infancia y en sus genes (de ahí que no quiera tener hijos).

[Para finizar dar las gracias a Encina por compartir sus opiniones del libro -que en su mayoría podríamos suscribir muchas de las componentes del grupo de lectura-  y agregar que sus últimas palabras me recordaron el siguiente párrafo de ‘La pasión turca’, de Antonio Gala: “… Claro, que hay que tener en cuenta lo que ha escrito la Beauvoir: hacerse la deseada es muy distinto de ser un objeto pasivo. Una amante no se está quieta nunca: se renueva. Debajo del aparente abandono femenino hay una auténtica promoción; si alguna es elegida es porque subrepticiamente eligió antes; el seductor es seducido de antemano, aunque no lo perciba. Ese juego de los instintos está a nuestro favor, pero hay cosas en contra…”]

Citas del libro

P. 284 [Lotto]: “Le habría gustado adentrarse más en ella… comprender qué pensaba Mathilde. Uf, pero sería redundante. La tranquila intimidad diaria ya se lo había enseñado. La paradoja del matrimonio: nunca puedes conocer por completo a alguien; aunque conoces por completo a alguien…

P. 288 [Lotto]: “Deseó haber podido conocerla de anciana. Pensó en lo magnífica que sería Mathilde entonces.

p. 325 [Mathilde]: “… ¿y ahora qué? Mathilde tenía cuarenta y seis años. Era demasiado joven para haberse despedido definitivamente del amor. Aún estaba en la flor de la vida. Guapa. Deseable. Y ahora sin pareja para siempre.

La historia que nos cuentan sobre las mujeres no es esta.

La historia de las mujeres es la historia del amor, de supeditarse al otro. Una ligera desviación: el anhelo de supeditarse y la incapacidad de hacerlo. Quedarse sola en miedo del naufragio, y tener que tomar las riendas de su propia vida: veneno para ratas, las ruedas de un tren ruso. Incluso la historia más romántica y suavizad no deja de ser una versión modificada de eso. En lo demótico, en la clave burguesa más baja, es la promesa del amor en la ancianidad para todas las niñas buenas del mundo.

P. 338 [Mathilde]: “Sin saber cómo, a pesar de sus convicciones y de su inteligencia, se había convertido en una esposa, y las esposas, como todo el mundo sabe, son invisibles. Los duendes de medianoche del matrimonio. La casa en el campo, el apartamento en la ciudad, los impuestos, el perro, todo era responsabilidad de Mathilde: Lotto no tenía ni idea de en qué invertía ella el tiempo.

P. 486 [Mathilde]: “Entonces se le ocurrió que la vida tenía una forma cónica, el pasado se ensanchaba más allá del punto conciso del momento vivido. Cuanta más vida acumulaba alguien más se expandía la base, de modo que las heridas y las traiciones que eran casi imperceptibles cuando ocurrían se ampliaban luego como puntos diminutos de un globo que es va hinchando poco a poco. Una manchita en el niño delgado se convierte en una enorme deformidad en el adulto, exagerada, con los bordes irregulares.

Más información sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

https://www.juntadeandalucia.es/cultura/idea/opacidea/cdmz/abnetcl.cgi/?ACC=DOSEARCH&xsqf03=lauren+groff

 

Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Sesión 72 (9 de mayo de 2017)

Angelika Schrobsdorff (1927 – 2016)

Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada / Angelika Schrobsdorff ; traducción de Richard Gross.– 1ª ed.– Madrid : Errata Naturae ; [Cáceres] : Periférica, 2016 .– 587 p.

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el excelente partido que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Por sus buenas críticas (véase la entradaLos libros del 2016…‘ de este mismo blog), este título había creado grandes expectativas en el grupo -quedó el segundo en las votaciones que se hicieron para determinar las lecturas de este año- y hay que decir que no las ha cubierto, o al menos no del todo, o al menos no del todo en el caso de algunas de las asistentes a la reunión.

Si bien la protagonista de esta singular biografía ha encandilado a una parte del grupo, a otra en cambio el hecho de que la misma recorriera un largo camino desde la chica judía de familia acomodada convencional que comenzó siendo hasta llegar a la mujer liberada -sexualmente hablando- en la que se convirtiera con el tiempo no les ha parecido mérito suficiente como para dedicarle todo un libro (de 587 páginas, no lo olvidemos).

En cualquier caso, sí puede afirmarse que la madre de la narradora rompió con muchos tabúes y se adelantó a su tiempo en una cuestión tan moderna como el actualmente denominado ‘poliamor’ (ver varios artículos al respecto en Pikara Magazine, por ejemplo), siempre desde presupuestos heterosexuales, para mayor exactitud. Sin embargo, como sostenían algunas compañeras, en otros aspectos fue bastante tradicional, como en el hecho de su dependencia económica siempre, primero de sus padres y después de maridos y/o amantes.

Esta cuestión hizo rememorar en el grupo antiguas disquisiciones ‘filosóficas’, como las de Carlos Castilla del Pino en su clásico ‘Cuatro ensayos sobre la mujer‘ [en nuestra Biblioteca] sobre que ciertas relaciones sexuales dentro del matrimonio podrían considerarse como una forma de prostitución. Y quizá sería interesante ‘revisitar’ esta obra con una mirada crítica actualizada pero de momento mejor seguir con la que nos ocupa.

Antes mencionar que hubo una compañera que dijo que la obra con ‘Mi madre, in memoriam‘, de Richard Ford [también en nuestra Biblioteca], era mucho mejor. Pero ya sabemos que las comparaciones son muy relativas y que un libro no tiene por qué quitar a otro por mucho que compartan temática.

Volviendo a nuestra biografía, pues, finalizar comentando que lo que no se puede negar es que la autora de la obra tiene grandes dotes psicológicas, como muestran las descripciones tan agudas de los personas citados en la misma -¿quizá demasiado complaciente con las figuras masculinas ?- y que la madre biografíada fue, desde luego, una mujer singular, ávida de conocimientos y un tanto revolucionaria para su tiempo, aunque sus circunstancias personales e históricas no favorecieran su total independencia, cosa que sí aconsejó al final de sus días a su hija, como se puede verse en la siguiente cita (página 163):

Pero el matrimonio seguía siendo para Else la vocación y la realización de la mujer, y el marido, aquel que le proporcionaba el estatus, la seguridad material y una tarea, por no decir razón, de vida. Y aunque más tarde se saltara los preceptos morales de su generación, no lo hizo como consecuencia de una emancipación exhaustiva, sino únicamente en el ámbito de la libertad sexual. Sólo en una fase tardía de su inexorable autognosis me decía en una carta: «Esfuérzate, haz algo de ti, te juro que merece la pena. Mira cómo he malgastado yo mi talento y mi inteligencia durante toda una vida, y ahora estoy donde estoy. ¡Justa consecuencia!».

Otras citas

P. 29 [Habla Else, la madre protagonista de la obra]: “Me intimidaba de tal manera que me hacía sentir pequeña e inferior…

P.29: “Fue para ambos el primer amor, y si bien caló hondo en Fritz, el suyo no podía compararse con el de Else. Era típicamente masculino: exigente, celoso, egoísta, susceptible, dominado por el instinto y a menudo intolerante. Para Else, en cambio, aún atrapada en la trampa del amor, la tutela y los principios paternos, significaba la satisfacción de su vida

p. 31-32: “Else se echó a llorar. Tenía miedo todo el tiempo: miedo de desconcertarlo si le hablaba de asuntos triviales, miedo de decepcionarlo si no sabía responder a una pregunta profunda, miedo de hacerlo enfadar si no le permitía que le desabotonara la blusa, miedo de contrariarlo si tenía que cancelar una cita, miedo a su ironía e irritabilidad, miedo a su ansia y deseo, miedo a su humor cambiante.

«Siempre eras distinto -escribió-, ya el niño pequeño, ya el maestro insistente; ya el poeta soñador, ya el histrión exaltado; ya el amigo comprensivo, ya, a menudo, el hombre incomprensible que de buenas a primeras se ponía hosco, enojado, insufrible…»”

p. 34 [Sobre Else]: “… Escribió lo siguiente : «No admiro al emperador, mi patrima me isnpira toda clase de sentimientos salvo el patriótico. Detesto la guerra, y nunca comprenderá que una persona pueda tener el poder de mandar a hombres jóvenes a la muerte».

p. 38: “Yo conocía a… mi madre como la muer que enfilaba por su propio camino sin reparar en daños ni perjuicios…

p. 203-2014: “… Nunca me sentí tan libre, tan a gusto y tan arropada como en el piso de mis abuelos Kirschner… En su casa no era la niña complicada y extravagante ni el gran talento; con ellos era, sencillamente, una niña, una niña querida, que había que tratar con calma y cuidado.

p. 349: “Continuación de la carta de Else a Ilse Hirsch: «No hago nada, como siempre. Si a uno lo han mimado toda la vida, si siempre lo han descargado de lo pesado y desagradable, probablemente es incapaz de ponerse a trabajar de repente y montar una existencia…».

Más sobre la obra

Vídeo

Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

Sesión 64 (14 de junio de 2016)

alicia

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951-)

Hombres desnudosHombres desnudos / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Editorial Planeta, 2015 — 474 p.

Resumen:  “Nadie puede imaginar hasta qué punto los  tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. ‘Hombres desnudos’ es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

En esta ocasión resulta bastante difícil hacer la entrada correspondiente al libro, entre otros motivos porque plantear aquí el coloquio que tuvo lugar en torno al mismo sería destriparlo (término preferido por la Fundación del Español Urgente -Fundéu- al anglicismo tan de moda últimamente).

Decir, eso sí, que la obra gustó en general; incluso, algunas componentes que habían comenzado su lectura con ciertas reticencias comentaron que habían aprendido mucho con las reflexiones de los distintos personajes de la novela. En cualquier caso, también hubo voces disidentes que comentaron que, a pesar de que la autora no se puede considerar como tal, el libro les había parecido profundamente machista por la escasa definición de los personajes femeninos y mayor desarrollo de los masculinos, por crearte simpatías con los segundos y antipatías con los primeros, por justificar hechos injustificables, etc.

No entendí yo del todo la obra de esa forma, aunque sí que pienso que puede dar pie a la justificación de ciertos hechos; a mí en lo que me hizo pensar la novela sobre todo es en el empobrecimiento material y moral a los que puede dar lugar la crisis económica, especialmente con personas procedentes de la clase media, no acostumbradas, por tanto, a luchar por la supervivencia desde siempre como es en el caso de las personas más pobres.

En fin, baste decir que la obra es de fácil lectura, como siempre pasa con esta autora, que es muy interesante el recurso de la voz narrativa cambiante y que puede dar lugar al debate de interesantes cuestiones como la prostitución -y si hay diferencias entre la masculina y la femenina-, las relaciones entre las distintas clases sociales, las relaciones familiares, las relaciones de pareja, los modelos de masculinidad, la violencia machista -y no solo por un personaje tan abiertamente misógino y violento del amigo del personaje principal- o la mencionada crisis de valores ocasionada por la crisis económica.

Y decir, en definitiva, que la novela no es lo que puede parecer de primeras y que si bien es una obra de fácil lectura es de difícil digestión.

Lo que no me atrevo es a afirmar si la autora justifica o simplemente muestra ciertos hechos. Mejor, quizá, oírle a ella en la entrevista que le hizo el programa de RTVE ‘Página 2’ en noviembre de 2015, a ver si nos aclara un poquito al respecto:

 

Citas del libro

p. 35 [Piensa Irene]:

Mis amigos adoptantes de hijos, parejas encantadoras, también se han unido al grupo que me ofrece «cualquier cosa que necesite» tras mi separación. […] No he vuelto a verlos, no me han llamado por teléfono ni una sola vez. Pensar que «los amigos me han fallado» comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así. Los amigos siempre me han importado de un modo relativo, sirven para cubrir necesidades sociales: salir a cenar, charlar distendidamente…, poco más. […] Nunca he visto con mis propios ojos ninguna de esas amistades épicas de los hombres ni la intimidad total que dicen que puede darse entre mujeres. ¿Fidelidad hasta la muerte? Ni los perros te la proporcionan.

p. 37 [Piensa Irene]

Genoveva Bernat, todo un personaje. La próxima vez que me llame le diré que sí, que quiero salir con ella. […] Al menos con ella no tendré la sensación de que están juzgándome, compadeciéndome, intentando sacarme información sobre mi ruptura para lanzarse a murmurar cuando ya me haya ido. […]

p. 98 [Habla y piensa Irene]:

Bueno, Teresa, ya sabes cómo son las separaciones. Se pasa mal […] Pero cuando he llegado a la firma del divorcio, se ha sentido interesada de verdad […]

Naturalmente no puede regresar y presentarse ante el grupo con el saco vacío de cotilleos […]

p. 100 [Piensa Irene]

Nunca me había fijado en cómo habla Teresa. Resulta vulgar, como una dependienta de supermercado ¿Hablo yo igual? Probablemente sí. No era consciente, pero viéndolo desde fuera… Cuanto más te alejas de un paisaje, con más perspectiva lo divisas. Todas las mujeres de mi grupo social hablamos así: una mezcla de palabras cultas y expresiones populares oídas en la calle. Parecemos más modernas de esa manera. […]

p. 124 [Habla Javier y piensa Sandra]

¡Cuidado, Sandra, cuidado con lo que vas a decir! […]

Lleva razón, cuidado, cuidado con lo que digo. No quiero hacerle daño. No quiero ofenderlo. No quiero perderlo […]

p.124 [Piensa Sandra sobre Javier]

[…] ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se ha dejado influenciar por un tipo al que, en circunstancias normales, despreciaría? Iván, un marginal, un machista, un grosero, un lumpen. […]

[Pongo esta cita porque me ha resultado curiosa la lista de descalificaciones por la mezcla de deméritos con prejuicios]

p. 191-193 [Piensa Javier]

[…] mi benefactor es un tipo con quien no me une el más mínimo vínculo […] Un tipo que no ha leído un libro en su vida. […] He pensado en regalarle un libro que pueda gustarle, que lo sumerja en uno de los grandes placeres que se le brindan al ser humano, pero sinceramente, no sé cuál escoger. Descartados los clásicos, cuyo lenguaje no es fácil, y que deben de sonarle a obligatoriedad escolar. […] Descartados los clásicos he pensado también en contemporáneos con garra: Palahniuk, Cheever, Carver…, pero no sé si le interesarán. Quizá debería descender un peldaño mis pretensiones y comprarle una novela de Stephen Kingg, o por el contrario, subir de golpe todos los peldaños posibles y ponerle en las manos ‘Crimen y Castigo’. […] Quiero ser su Pigmalión, mucho peor que eso, estoy comportándome como uno de eso miembros de una pareja desigual que quiere cambiar al enamorado a su imagen y semejanza. Patético. […] ¿Quién me he creído que soy? Iván es muy superior a mí. Yo soy un paria, un desclasado, un inútil. […] Él ha sabido buscarse la vida, espabilarse, convertir las duras condiciones de su pasado en una realidad cómoda y sin traumas. […]

p. 193 [Piensa Javier]:

[…] He visto con toda claridad que nuestra relación era un montaje cuyas reglas de funcionamiento las dictaban los demás. Es siempre así […] Nuestro caso era simple: pareja joven, ambos con trabajo. Buena colaboración en las tareas domésticas. Cierta solidaridad: hoy por ti mañana por mí. Amigos comunes, aficiones comunes. Salidas consensuadas: al cine, a cenar. Fines de semana tranquilos. Sexo seguro y garantizado. Todo en su lugar. Cambia una sola pieza de ese artefacto […] y la cosa se ha jodido. […]

p. 249 [Piensa Genoveva]

[…] ¡Verlo para creerlo! Aunque me temo que es cosa de todos los hombres en general. También los maridos se olvidan de cómo empezaron las cosas y van metiéndose en tus asuntos cada vez más. Exigen, protestan, preguntan, dan el supercoñazo y enseñan su peor cara. […] ¡Tranquis, tíos!, tú eres tú y yo soy yo. […]

[Para fijarse también en la muestra del habla de un personaje de la clase ‘pudiente’ mencionada en una cita anterior]

p. 258-259 [Piensa Javier]

Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportaría felicidad. […] La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz. ¿Quién puede permitirse vivir una existencia plácida dedicada a enseñar, a leer, a pensar, a convivir en paz? […]

p. 346 [Habla Javier]:

A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad.

Más noticias y opiniones sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Farándula, de Marta Sanz

Sesión 62 (5 de abril de 2016)

Marta_Sanz

Marta Sanz (Madrid, 1967-)

NH553_Farándula.inddFarándula / Marta Sanz.– Barcelona : Anagrama, 2015. — 231 p.– (Narrativas hispánicas ; 553)

Resumen:  “Valeria Falcón es una actriz de cierta notoriedad que cada jueves visita a una vieja gloria del teatro, Ana Urrutia. La Urrutia padece el síndrome de Diógenes y no tiene dónde caerse muerta. Su ocaso se solapa con la eclosión de un capullo en flor, Natalia de Miguel, una joven aspirante que enamora al cínico Lorenzo Lucas, álter ego de Addison DeWitt. Nadie tendrá derecho a destrozar la felicidad de Natalia de Miguel, una chica muy delgada que en pantalla da gordita. Por su parte, el ganador de la copa Volpi, Daniel Valls, confronta su éxito, su dinero y su glamour con la posibilidad de su compromiso político. A menudo llega a una conclusión: Soy un débil mental. Charlotte Saint-Clair, su esposa, lo cuida como una geisha y odia a Valeria, gran amiga de Daniel.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Esta novela fue la más votada por las componentes del grupo del listado de lecturas candidatas para el año 2016, recogido en la entrada Los libros del 2015 de este mismo blog.

Y es que el libro, además de haber recibido el Premio Herralde de Novela 2015, había sido declarado como mejor obra de ficción en castellano de 2015 por los suplementos culturales de los diarios El País (Los 10 mejores libros del año) y El Mundo (Lo mejor del 2015).

Así pues, las expectativas eran muy altas, lo que quizá haya contribuido a que, si bien el libro ha gustado mucho a algunas de las componentes del grupo, a otras no ha terminado de convencer del todo, en lo que también puede haber influido la mirada amarga sobre los hechos que narra y los personajes que describe y un estilo demasiado ‘rápido’, por decirlo de algún modo (el estilo vertiginoso, la rica fluencia verbal y la búsqueda denodada del sarcasmo se hacen demasiado mecánicos”, afirma el crítico José Carlos Mainer en Babelia).

En cualquier caso, se trata de una obra lúcida (“La lucidez es una navaja que se te clava en el ojo”, afirma la autora en una entrevista que le realizó Javier Rodríguez Marcos para Babelia) y muy moderna tanto en su contenido (trata sobre el teatro, pero también de ‘realities shows’, de hostigamiento de personas famosas en las redes sociales, de devaluación de la cultura en general; no en vano, en la citada entrevista la autora habla, en relación a sus preocupaciones, sobre el papel que representa la cultura en un momento de cambio de modelo, agregando que “Antes la marca de este país eran sus artistas y hoy es Inditex”), como en la forma en que está escrita, con un estilo fluido, de frases cortas y muy dinámicas.

Casualmente (!?), con un estilo algo escueto pero no por ello falto de expresividad fue calificada la obra en la reunión, de la que se dijeron cosas como las siguientes:

  • Moderna y vibrante, con personajes bien definidos
  • Tono ácido y trepidante
  • Rápida e incisiva
  • Actual; Estamos leyendo lo que estamos viviendo
  • Interesante, sin más
  • Lenguaje a veces vulgar, a veces un poco de ‘épater le bourgeois’
  • La autora disecciona al modo de la cirugía, llega al fondo de los personajes y de las situaciones

Lógicamente, parte del debate derivó hacia la degradación de ciertos medios supuestamente ‘culturales’ -la televisión, fundamentalmente-, si bien la componente más joven del grupo nos hizo notar cómo también hay personajes que aprovechan su popularidad y los nuevos medios de comunicación de forma muy positiva, mencionando como ejemplo a Emma Watson y su Our Shared Shelf‘, el club de lectura feminista en línea que ha creado en la plataforma Goodreads (se puede ampliar información sobre el club en el artículo ‘Una estantería compartida‘, de Ana Padilla Fornieles). En esta línea, también se mencionó como buen ejemplo de este tipo de personajes a la polifacética creadora de la serie ‘Girls‘,  Lena Dunham,   convertida en la voz de una generación de mujeres jóvenes, de quien el año pasado se anunció que iba a dirigir una nueva serie, ‘Max‘, una comedia sobre el movimiento feminista de los sesenta.

Mujeres jóvenes potentes, reivindicativas y luchadoras, algo que gustaría poder decir de los personajes de la novela que nos ocupa… En cualquier caso, yo diría que potentes sí que son todos los personajes femeninos, cada uno a su manera, sobre todo Valeria Falcón, la principal protagonista de la obra, inteligente y solidaria a la vez, y buena actriz si bien al modo de tiempos pasados (ver citas de sus pensamientos en el apartado siguiente).

Para concluir: una obra fácil de leer pero no tanto de digerir, ya que la autora pone ante nuestros ojos una realidad no muy halagüeña, y es que, como dice en la entrevista mencionada, “… los libros que me interesa escribir son los que hacen visible la ideología invisible, esa que tenemos naturalizada, las creencias, los valores que ya no nos cuestionamos. No es verdad que los libros, leer, saber cómo funciona el mundo te haga feliz. La lucidez es una navaja que, como la de Buñuel, se te clava en el ojo. A lo mejor luego sirve para reparar un daño, pero de momento duele.”

Finalmente comentar que se puede completar la lectura con el visionado de la película a la que tanto alude la novela, ‘Eva al desnudo‘, maravillosamente protagonizada por Bette Davis, también disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación.

Citas del libro

P. 172-173: “[…] Miró a su alrededor y, pese a no querer sentir lo que estaba sintiendo, sintió que estaba rodeada de unicornios hostiles […] Mascaban chicle y hablaban a voces. Animales que queriendo vestir bien vestían mal. Horteras. Relinchaban. Rumiaban paja. Unicornios irrecuperables que se comportaban en el teatro como niños a la hora del recreo. Mili no sabía si era mejor contar con este tipo de público o con ninguno; se acordaba de una representación de ‘Las hijas de Buffalo Bill’: tres actores en escena; cinco espectadores; dos de fueron en el descanso de la obra… –«Por eso dejé el teatro»-. La sensación de desnudez, la desolación.

Y, no obstante, era maravilloso deleitarse en la cara de los niños ante una representación de títeres. Ávidos, concentrados, dando réplica a los muñecos. Pidiendo palos o compasión. Después, algo se torcía. Mili pensaba que esa torsión, ese cambio de rumbo, se relacionaba con una medida perversa del tiempo. Con la velocidad de los microondas y las batidoras. Con los quince segundos que dura un anuncio de televisión. Hoy el público del que ella formaba parte -albina de Uganda- no se merecía el espectáculo que iba a presenciar –«Por eso dejé el teatro»-. Desconfiaba de la utilidad de la educación […]”

P. 211: “«Nosotros no tenemos miedo de la gente. Nosotros somos ellos», Mariana […] Volvía a hablar de la gente y , cuando lo hacía, Lorenzo intentaba adivinar si la carga de la chispa eléctrica de dentro de su ojos era angelical o demoniaca, porque la gente son maestras de niños huérfanos, niños huérfanos, campeones paralímpicos de natación, asesinos, la madre Teresa de Calcuta y el Papa del Palmar de Troya, violadores y viejecitas que viven solas y que nunca han roto un plato […] lectores que estropean los libros y lectores que los dignifican […] progenitores que llevan a sus vástagos a los castings infantiles para anuncios, concursantes […] cirujanos plásticos que se lucran con la estupidez ajena y otros que reconstruyen la cara de una joven abrasada por el ácido […]”

P. 221, 128, 230: [Habla Valeria Falcón] “Me pienso pensando y puede que ése haya sido mi gran problema . Fenomenológica y abstrusa, me pienso pensando y creo que ya no debo dar muchas más explicaciones de por que dejé la farándula y me quedé en mi piso […] escribiendo sobres las cosas que pasan y sobre cómo me pienso pensando. Convulsivamente.

[…] Pero estamos engañados porque sólo DeWitt [crítico de teatro en la película ‘Eva la desnudo] dirige las modulaciones vocales, con su diapasón en ‘la’. Con su destreza sibilina. Él se camufla hablando del teatro mientras en el fondo expresa su miedo, su odio, sus ganas de domar a esas divas, violentas e inseguras, que somos todas las mujeres. También yo me mancho de esa mirada de DeWitt y ridiculizo a Charlotte Saint-Clair. Si esta historia la hubiera contado ella, de habría llenado de detectives y haba empezado con la desaparición de un actor famoso: Charlote lleva hasta ese extremo su asunción del discurso liberal. Pinto la doble cara de la estupidez de Natalia, la agresividad misántropa y desabrida de Ana Urrutia. Soy Lorenzo Lucas y una polla rechoncha me sirve de antenas. Y no me orienta nada mal. Me pinto a mí misma, yo, la pésima y esperanzada actriz dramática. Me hago a mí misma el favor de no querer a todo el mundo y me gano el derecho de no ser una completa imbécil.

[…] Los actores vocacionales, los ingenuos, los estúpidos, se ganan las perras en fiestas infantiles, aceptan un trabajo de dependiente o de captador de clientes de oenegés […]

Hoy mi empatía se muestra en esta antipatía con la que escribo. Soy una radical que rechina cortando el acero. Quizá mi «me pienso pensando» constituye una prueba: la de que soy incapaz de salir de mí misma, y la escritura siempre es un modo del ensimismamiento y la autocompasión. La necesidad de hablar desde detrás de una celosía, para que nadie nos mire directamente a los ojos. Y así escribir siempre sería una renuncia. Un exilio. Una manera de fingir que uno sale al encuentro del otro cuando en realidad rumia, digiere, regurgita, mastica, relame, traga, se nutre, defeca sus propias e intransferibles palabras.

Más noticias y opiniones sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Olive Kitteridge, de Elizabeth Strout

Sesión 61 (1 de marzo de 2016)

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Elizabeth Strout (Portland, 1956-)


Olive Kitteridge / Elizabeth Strout ; traducción de Rosa OlivePérez Pérez. — Barcelona : El Aleph, 2012. — 324 p.

Resumen: “Olive Kitteridge lamenta las transformaciones que han agitado el pequeño pueblo de Crosby y la deriva catastrófica que va tomando el mundo entero, pero no siempre se da cuenta de los cambios menos perceptibles que afectan a las personas más cercanas…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Aunque la asistencia a la reunión fue reducida, la mayoría de quienes estuvimos en la misma comentamos lo mucho que nos había gustado el libro y su personaje central, Olive Kitteridge.

Y es que a pesar de su apariencia -y en parte también de su fondo- de dureza, Olive se percibe como un ser sentimental a la vez que inteligente, si bien un poco irritable y, desde luego, no es de quienes muestran fragilidad o van derrochando simpatía por la vida con el fin de que el resto de la gente se compadezca y/o le quiera, cuestiones comúnmente atribuidas a las mujeres. Estos rasgos de su carácter hizo que nos preguntáramos si nos gustaría y si nos sería o no grato relacionarnos con ella si fuera una persona real de nuestro entorno. Porque este tipo de personas que van tan a las claras, tan sin subterfugios, no siempre cae bien, como lo demuestra la mala opinión que muestra el hijo de Olive sobre la misma y la relación distante y extremadamente fría que establece con ella al hacerse adulto.

Esa mala opinión también la expresó especialmente una de las asistentes a la reunión, que mantuvo durante todo el tiempo que se trataba de un personaje odioso, una mala persona que hasta había pegado a su hijo cuando este era pequeño (y aquí yo me pregunto cuántas madres y padres no lo han hecho alguna vez, si bien esto no puede disculpar un acto injustificable que, contrariamente a lo que a veces se mantiene o se ha hecho en el pasado, no se realiza por el bien del menor sino como un desahogo violento sin valor educativo alguno, siendo una práctica que debería desaparecer totalmente de los usos familiares).

Pero, volviendo a la novela, y en concreto a cómo está escrita, comentar la forma tan curiosa que tiene la autora de la misma de hacernos llegar a su personaje principal, ya que no solo se le conoce directamente mediante los capítulos centrados en Olive -y en ocasiones también en Henry, su marido-, sino también a través de breves comentarios sobre ella o apariciones de la misma en capítulos protagonizados por otros personajes del pueblo. Es precisamente en esos capítulos donde se puede llegar a detectar la gran sensibilidad y hasta la grandeza moral de un personaje que no por ser fuerte deja de conmoverse y de ser solidario con las personas de su entorno.

Finalmente comentar la exitosa y multipremiada miniserie de televisión del mismo título basada en el libro, dirigida por Lisa Cholodenko con guión de Jane Anderson, y producida y protagonizada por Frances McDormand -no se nos ocurre una actriz mejor para dar vida al personaje-, que, si bien respeta el espíritu de la novela, no responde exactamente a los hechos que se narran en la misma. Esta serie, Olive Kitteridge, también está disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación.

Citas del libro

P. 79: “… Pero… se dijo que no era ni más ni menos patética que ninguno de ellos… Y la gente era buena… Oh, definitivamente había gente buena en el mundo…

… Angie se dio cuenta que había comprendido algo demasiado tarde y que la vida debía de ser eso, comprender algo cuando ya era demasiado tarde…”

P. 89: “… Su opinión personal es que la vida depende de lo que ella considera ‘grandes alegrías’ y ‘pequeñas alegrías’. Las grandes alegrías son cosas como contraer matrimonio o tener hijos, intimidades que te mantienen a flote, pero estas grandes alegrías contienen peligrosas corrientes ocultas. Por eso también son necesarias las pequeñas alegrías: un dependiente amable en unos grandes almacenes, por ejemplo, o la camarera… que sabe cómo te gusta el café…”

P. 121-122: “Olive Kitteridge se había echado a llorar. Si había alguien del pueblo que Harmon creía que jamás vería llorar, esa era Olive…

Olive alargó la mano y acercó una silla para sentarse con la cabeza de la muchacha apoyada en su generoso regazo. Le acarició el cabello y cogió unos cuantos mechones entre los dedos, señalándoselos a Daisy y a Harmon con un gesto antes de tirarlos al suelo. Uno perdía el pelo cuando estaba desnutrido…

La escena siempre recordaría a Harmon al día en que la bola de fuego había entrado por la ventana y había dado la vuelta al salón. Porque en la habitación se palpó una suerte de cálida electricidad, algo asombroso y de otro mundo, cuando la muchacha se puso a llorar y Daisy llamó finalmente a su madre por teléfono, quien dijo que iría a recogerla por la tarde y prometió que no volvería a internarla. Harmon se marchó con Olive, dejando a la muchacha envuelta en una manta en el sofá. Ayudó a Olive Kitteridge a subirse al coche; luego… se fue a casa, sabiendo que algo en su vida había cambiado. No habló de ello con Bonnie.”

P. 141: “… Le habían pasado cosas pero daba igual. Puso las espalda recta. También a otras personas les había pasado cosas.” [Olive Kitteridge]

P. 154: “Nunca se repondrían de aquella noche. Y no porque los hubieran tomado como rehenes en un baño… No, nunca se repondrían de aquella noche porque habían dicho cosas que cambiaban su concepto del otro. Y porque, desde entonces, ella había estado llorando interiormente, incapaz de quitarse de la cabeza al muchacho pelirrojo con su cara magullada y asustada, tan enamorada de él como cualquier colegiala… dispuesta a confeccionarle un mono de jardinero como el contacto de la cárcel le había dicho que podía hacerle…”

P. 156-157: “y pensó que, a fin de cuentas, la vida era un regalo, que una de las cosas que tenía envejecer era saber que muchos momentos no eran solo momentos, sino regalos… Fuera lo que fuera lo que les deparara la vida…, la gente se veía impulsada a celebrar las fiestas porque sabía, de algún modo, que la vida era algo digno de festejar.”

P. 189: “Louise… recitó, en voz baja:

Los chicos al pajar, las chicas a estudiar…”

P. 190: “Oh, vamos, Olive. Las personas somos como somos. Siempre me pareció que tú, precisamente, lo entendías.”

P. 197-198: “Cuando regresó a casa una tarde, miró en un cajón de viejas fotografías… Una fotografía de Henry cuando era pequeño… Otra fotografía suya en la Marina, alto y delgado, solo un crío, de hecho, esperando a que empezara la vida. ‘Te casarás con una bestia y la querrás’, pensó Olive. ‘Tendrás un hijo y lo querrás. Serás amable hasta la saciedad con la gente cuando vaya a comprarte medicinas, alto con tu bata blanca. Terminarás tus días ciego y mudo en una silla de ruedas. Esa será tu vida’.”

p. 199: “… ¿Habían sabido ser serenamente felices en esos momentos? Lo más probable era que no. En general, cuando vivían la vida, las personas no eran suficientemente conscientes de que la estaban viviendo…”

P. 237: “… ¿Sabes lo que dijo un día en clase la señora Kitteridge?… Siempre recuerdo que un día dijo: ‘Que no os dé miedo vuestra sed. Si os da miedo vuestra sed seréis tan memos como el resto de la humanidad’.”

P. 246: “… Olive sintió algo que no esperaba volver a sentir: unas inesperadas ansias de vivir. Se inclinó hacia adelante y miró por la ventanilla: agradables nubes pálidas, el cielo azulísimo, los campos reverdecidos, la ancha extensión de agua; visto desde allí arriba, todo parecía maravilloso, increíble…”

P. 258: “Cuando Olive salió del instituto aquella noche…. tuvo la sensación… de que la habían visto. Y ni tan siquiera había sabido que se sentía invisible.

Por entonces ella se consideraba casi vieja…”

P. 271: “… Jamás había tenido un amigo tan leal, tan bueno, como su marido.

Y, no obstante, de pie detrás de su hijo, esperando a que cambiar el semáforo, recordó que, durante su vida en común, hubo veces en que sintió una soledad tan honda que en una ocasión…. mientras se empastaba una muela, la dulzura con que el dentista le había vuelto la barbilla con sus suaves dedos le había parecido una atención de una ternura casi insoportable, y había tragado saliva, mientras se le escapaba un gemido de nostalgia y se le llenaban los ojos de lágrimas…” [Olive Kitteridge]

P. 292: “… A veces la señora Kitteridge la miraba muy fijamente, cuando se suponía que la clase estaba trabajando. Una vez le dijo en el pasillo: ‘Si alguna vez quieres hablar conmigo de lo que sea, puedes hacerlo’.”

Más opiniones sobre la obra y la serie

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Beatriz y los cuerpos celestes, de Lucía Etxebarría

Sesión 60 (2 de febrero de 2016)

lucia-etxebarriaLucía Etxebarría (Valencia, 1966-   )

beatriz y los cuerpos celestesBeatriz y los cuerpos celestes / Lucía Etxebarría. — Barcelona : Nadal, 1998. —265 p.

Resumen: Tres mujeres: Cat, lesbiana convencida; Mónica devorahombres compulsiva Y Beatriz, que considera que el amor no tiene género. Tres momentos de la vida de una mujer y dos ciudades, Edimburgo y Madrid, para una novela única sobre el amor a los amigos, a la familia y a los amantes.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Lo que son los prejuicios… Este libro ya se planteó abordarlo en el grupo de lectura hace un tiempo pero hubo algunas componentes que se negaron en redondo a leer nada de esta autora. ¿Motivo? Quizá que la misma había salido en uno de esos, al menos discutibles, reality shows a los que tan acostumbradas nos tiene la televisión basura. ¿Qué llevó a Lucía Etxebarría a hacer tal cosa? Eso es una cuestión que a ella incumbe, así como asumir las consecuencias de sus actos, incluso de los erróneos, como nos pasa a toda hija de vecina.

Pero aquí de lo que se trata es de valorar el libro y a ello voy. En general ha gustado bastante tanto por su temática, bastante avanzada considerando la época en que se publicó, y por la forma en que está escrito, que hace que en muchos momentos no quieras soltarlo y seguir disfrutando de su lectura sin pausa.

Sobre la temática esbozar que trata de diversas cuestiones interesantes, como el despertar a la pasión y a la sexualidad de una joven madrileña de clase media de los años noventa, mostrando con naturalidad las relaciones lésbicas que establece; la relación de chicas de clase media con sus, en principio, atractivas madres, si bien profundizando se ven los problemas y contradicciones en que estas están inmersas; la violencia de género dentro de familias acomodadas, dado que la misma no es patrimonio de las ‘clases marginadas’, como a veces se hace pretender creer; los problemas con las drogas de la juventud; etc. Todo ello entremezclado con reflexiones ‘astronómicas’ que dan riqueza y belleza al texto.

Y aunque hay quien comentó que estaba mal escrito porque parecía un diario, mi opinión es que los diferentes tiempos que aparecen en la novela están mezclados de una forma que mantiene el interés por saber lo que pasa y por lo que ha pasado y está condicionando el presente.

Tampoco a todo el mundo le gustó algunas ‘explicitaciones’ del texto, si se me permite la expresión. No fue tampoco mi caso, y como muestra aquí abajo van algunos párrafos del libro a modo de muestra de las reflexiones que recoge el mismo y que otras integrantes del grupo destacaron en la reunión como especialmente interesantes.

Citas del libro

P. 213: … Yo puedo amar a hombres y a mujeres. No distingo entre sexos.
Los niños van de rosa, las niñas van de azul. Rosa es el color de los afectos. Azul el de los uniformes de trabajo. Monos de mecánico, trajes de azafata. Azul. Corbatas de ejecutivo, bolígrafos para hacer cuentas. Rosa. Cubiertas de novela romántica y cajas de bombones. Los hombres son racionales y las mujeres sentimentales.
Se nace persona. Dos días después te perforan las orejas. Te ponen unos patucos rosas. Ya eres niña. Vas a un colegio de niñas. Te visten con falda y coletitas. Cumples catorce años. Tu primer pintalabios. Ya eres una mujer. Cumples quince. Zapatos de tacón. Te sonrojas ante los chicos en la parada del autobús. No corres los cien metros. No escuchas heavy metal. Ya eres una cretina.

P. 241: … Pero hablé de mi madre y de mi padre y de la atmósfera gelatinosa, irrespirable, de mi casa y de la envidia irreprimible que sentía al confirmar que no todas las familias eran así, que había lugares en los que la gente hablaba e incluso se quería. No, no odiaba a mis padres. ¿Qué culpa tuvo mi padre de que le endosaran de por vida a una niña malcriada a la que casi no conocía, y a la que nadie le permitió conocer? ¿Qué culpa tuvo mi madre de encontrarse de la noche a la mañana encerrada en un piso enorme junto a un hombre que nunca estaba y que no le hacía el menor caso? Nadie le había enseñado a valerse por sí misma, no la prepararon para lo que se avecinaba…

P. 247-248: [Habla Caitlin a Beatriz]
– … me contó una historia que solían repetirle cuando era pequeña en la escuela dominical de Stirling:
“En el principio de los tiempos los hombres utilizaban armas de piedra, que se quebraban con facilidad; pasados los siglos las sustituyeron por utensilios de hierro, que si bien eran mucho menos resquebrajadizos, presentaban la desventaja de oxidarse rápidamente. Y entonces a un herrero se le ocurrió la feliz idea de crear una aleación de metales que llamó acero. Pero el acero, para llegar a serlo, debe pasar por las pruebas de los elementos: primero el fuego, para fundirse, acto seguido por el agua y por el aire, para endurecerse, y finalmente por la piedra, para formarse. Y por fin se convierte en una espada de acero, la más resistente de las armas”.
– Y supongo -dije yo, irónica- que la moraleja de la historia es que uno sólo se hace fuerte después de superar todo tipo de pruebas.
-Fuerte no. Fuertes lo eran ya la piedra y el hierro -afirmó ella categórica-. Flexible. Ahí radica la diferencia. No puedes sobrevivir si no lo eres.

P. 265: En el mundo hay millones de parejas que han ido forjando su relación a base de mucha voluntad y de pequeñas renuncias compartidas. Hay millones de seres que no exigen a la persona que está a su lado un cien por cien de compatibilidad y de gustos comunes. Es el ansia de perfección la que asesina los afectos, la sed de absoluto, el miedo a la costumbre, la perenne nostalgia de imposibles, la negativa constante a aceptarnos como somos y a aceptar a los demás por lo que son. Cuando uno no se entiende a sí mismo es imposible que entienda que otros le amen, y es imposible por tanto que respete a aquellos que le quieren. Pero el tiempo nos ofrece sólo dos opciones: o asumir lo que somos, o abandonar; y si no abandonamos, si decidimos quedarnos en este planeta minúsculo y pactar con nuestra aún más minúscula vida, podemos interpretar esta resignación como una derrota, o como un triunfo. Yo ya no aspiro a grandes fuegos, apagado el incendio que Mónica supuso. Ahora sólo espero renacer de mis cenizas y disfrutar de ciertas brasas de pasión, ese rescoldo de calor intermitente que suponen los gestos familiares, los años de experiencia, el calor conocido de los labios y la serenidad tantos días encontrada en unos ojos en los que ya no brillan ni la ansiedad ni el deseo excesivos; una dulzura asociada a la propia rutina, a la asumida carga del peso del afecto, mientras que blandamente va fluyendo el cansancio, la extraña indiferencia ante lo que hemos hecho. La paz, a fin de cuentas. O el amor.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Canción para el 25 de Noviembre de 2015: Dónde se habrá metido esta mujer, por Javier Krahe

Para conmemorar el 25 de noviembre, este año elegimos ‘Dónde se habrá metido esta mujer’, una estupenda canción con música de Alberto Pérez y letra del genial Javier Krahe, recientemente fallecido.

Esta canción siempre me ha recordado una cosa que me decía mi madre cuando era pequeña: “Hija, estudia que no tengas que aguantar a ningún imbécil”. Pues bien, la mujer de esta historia ya ha dejado de aguantar a uno de ellos.

En cualquier caso, hay que prestar mucha atención a las violencias patriarcales, algunas no tan evidentes por disfrazarse de distintas formas, como en la canción ‘Marieta’, de Georges Brassens -otro cantautor genial, por otra parte-, de letra tan ‘simpática’ y tan graciosamente cantada por Javier Krahe:

Muy simpática, sí, pero veamos qué dice la letra de la canción hacia el final:

Y cuando ya por fin
fui a degollar a Marieta
la bella, la traidora
de un soponcio
se me había muerto ya.
Y yo con mi puñal
como un gilipollas, madre.
Y yo con mi puñal
como un gilipollas.

Y todo porque la tal Marieta no respondía a sus expectativas. Y encima no para de mentar a la madre…

En fin, que habrá que mantenerse alerta en contra de todas las violencias machistas.

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