Archivo de la categoría: Relaciones de pareja

La puerta, de Magda Szabó

Sesión 80 (3 de abril de 2018)

Magda Szabó (Debrecen, Hungría, 1917- Budapest, Hungría, 2007)

La puerta / Magda Szabó. — Barcelona : Debolsillo, 2017.– 313 p.

“Magda Szabó relata en La puerta su relación con Emerenc Szeredás, la fascinante heroína de esta novela. Si bien la fuerte personalidad de Emerenc cohíbe en un primer momento a la escritora, poco a poco se irá desvelando como un ser extraordinario: bondadosa, ejemplar y a la vez severa, representa el esfuerzo del ser humano por vivir una existencia digna y que sirva de ayuda a otros. No obstante, nunca acepta nada a cambio y prohíbe terminantemente que nadie cruce la antecámara y penetre en su casa y su intimidad. Magda Szabó será la única invitada a atravesar el umbral y a descubrir su secreto.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

El libro gustó a muchas de las integrantes del grupo de lectura pero no tanto a algunas otras, que dijeron que les parecía que se trataba de una historia un tanto incoherente y poco creíble, lo que no deja de ser curioso pues en realidad se supone que no se trata de una obra de ficción sino que la escritora Magda Szabó narra en la misma su relación con Emerenc, la mujer que durante veinte años estuvo a su servicio y al de su marido, el también escritor y traductor Tibor Szobotka.

Siguiendo con la apreciación del libro por parte del grupo, comentar que alguien señaló en la reunión que nos encontrábamos en el mismo con una relación claramente dicotómica en la que se enfrentan prototipos de carácter hija/madre, burguesa/proletaria, intelectual/persona primaria, artista -escritora, en concreto-/criada. Y es que, como la propia Emerenc afirma en la narración, el mundo se divide en dos tipos de personas: las que barren y las que mandan barrer.

En mi opinión sí que se trata de una relación totalmente creíble. De hecho, una amiga que había leído el libro antes me había comentado que le había ‘enganchado’ desde el primer momento la historia, y que, alternativamente, le había ido cayendo mal una de las protagonistas y bien la otra, y en el capítulo siguiente a la inversa. Las había vivido, pues, como seres reales, no de ficción.

Así, la narración trata de la relación entre dos mujeres muy diferentes entre sí que, sin embargo, se quieren y se complementan, si bien la peor parte se la lleva, como es habitual, la persona que sirve, la que está, en principio, en inferioridad de condiciones, aunque en este caso sea la más fuerte.

Otra virtud de la obra es que cuenta magistralmente ‘el tiempo de ayer’ en un barrio de Budapest de la Hungría comunista, en la que, como se deja traslucir en la obra, el régimen no fue tan autoritario y cruel como en otros lugares del entorno soviético. Salvando las distancias, yo afirmaría que se llega a sentir como cercana a tu propia experiencia la vida cotidianidad del lugar y del vecindario que lo habita.

En lo negativo de la narración mencionar el trato de Emerenc hacia los animales, a los que adora y cuida amorosamente, sí, lo que no le impide maltratarlos en ciertos momentos, cuestión que no parece cuestionar la autora de la obra. Se entiende, pues, que una animalista del grupo de lectura no soportara alguna escena, lo que incluso le llevó a interrumpir la lectura del libro. En descarga de la situación, si es que se puede admitir alguna, decir que se trataba de otros tiempos en los que, quizá, la conciencia de los derechos de los animales no estaba tan arraigada como en la actualidad, si bien aún es totalmente insuficiente e incluso es peor que antes, como se observa, por ejemplo, con el trato de los animales destinados al consumo humano.

Y algo curioso, pero no tanto: a pesar de que la autora es un escritora de renombre y finalmente de gran éxito en su país, parece que la responsabilidad de la buena marcha de las cuestiones domésticas recae sobre ella en su totalidad y no también sobre su marido -que, por otro lado, en la obra se muestra como un hombre inteligente y respetuoso, hay que decir-, que parece estar por encima de obligaciones casi invariablemente femeninas.

Y para investigar: una compañera comentó que la historia le había recordado remotamente, pues nada tiene que ver, a Canción dulce, de Leila Slimani, recientemente leída por el grupo de lectura, o a La canción de Dorotea, de Rosa Regás. Interesante también sería, dijo otra compañera, investigar sobre el mito de Agamenon y su relación, quizá, con el contenido de la obra, dado que la autora lo menciona en alguna ocasión a lo largo de la misma.

Citas del libro

P. 97 [Habla primero Emerenc y después la autora]:

-Usted es ciega, y tonta, aparte de cobarde. -Enumeró mis defectos-. Yo no sé por qué la quiero, solo Dios lo sabe, pero que conste que no se lo merece…

un fuerte impulso casi me empuja a correr detrás de la vieja, pero me contuve y reflexioné: en definitiva, no debería consentir que ella manifestara sus sentimientos de forma tan desmesurada y brusca. Hacía falta que aprendiese a modularlos un poco más. Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía: que el cariño es una emoción desarticulada por excelencia, y por eso se resiste a ser dosificada con prudencia. Es inútil pretender regular cómo debe encauzar cada uno sus afectos: no hay fórmulas que valgan.

p. 177 [Habla Emerenc]: “… Llegó de noche, con la luna llena, y aunque llevaba una ropa extraña lo reconocí enseguida. Hay momentos en que una ve con el corazón…

P. 229: “... En vez de quedarme con ella, pensé con amargura, había preferido montar en el coche de la televisión para correr, hechizada, en pos del resplandor del premio, creyendo que de ese modo podría huir de la enfermedad, la vejez, la soledad y el desamparo.

P. 241: “... Ella era nuestro ejemplo vivo, la protectora de todos, generosa, pródiga con su delantal almidonado con la faltriquera siempre rebosante de caramelos, con su bolsillo del que asomaban como palomas pañuelos blancos de lienzo; era la reina de la nieve, la seguridad, las primeras cerezas del verano, la primera castaña que caía madura del árbol en otoño, las dulces calabazas al horno en invierno y el brote verde primaveral en el seto del jardín. Emerenc era pura, invulnerable, siempre daba lo mejor de sí; era ella misma y todos nosotros, o más bien como nos hubiera gustado ser a nosotros…

P. 278: “… La capacidad creativa requiere el impacto de emociones fuertes, dulces y amargas a la vez, unidas a un estado de serenidad; y yo, aunque en aquella época experimentara tal amalgama de sensaciones , no tenía la suficiente paz interior para encauzarlas…

P. 298: “… Si bien es cierto que la humanidad hace tiempo que ha conquistado las estrellas y que las generaciones venideras no se acordará ni remotamente de nuestra época primitiva en la que librábamos nuestras miserables contiendas particulares y comunitarias a cambio de una taza de chocolate, como críos en una guardería infantil, aun en ese supuesto futuro, tendrá sentido salvar a las personas que ya no tienen un lugar en este mundo…

P. “... todos los negocios privados del barrio cerraron con ocasión del funeral: el taller del zapatero, la frutería, la tintorería, el aguador de soda, el sastre, el puesto de la remendona de medias, la pastelería , la consulta de la podóloga y el peletero. Cada uno colocó su cartel en la puerta de su tienda: CERRADO POR ASUNTOS FAMILARES HASTA LAS 2 DE LA TARDE. ESTAMOS DE ENTIERRO-. El letrero del zapatero fue el más conciso de todos: E-M-E-R-E-N-C…

Más sobre el libro

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Tiempos de swing, de Zadie Smith

Sesión 77 (9 de enero de 2018)

Zadie Smith (Londres, 1975-  )

Tiempos de swing / Zadie Smith. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 432 p.

“Ambientada desde los años ochenta hasta la actualidad en Londres, Nueva York y Africa Occidental, cuenta la historia de dos íntimas amigas, ambas hijas de matrimonios mixtos, que crecen en el heterogéneo y multirracial barrio de Willesden, en el norte de Londres. Se conocen en la infancia, unidas por el sueño de llegar a ser algun día bailarinas, pero solo una de ellas, Tracey, tiene talento. La otra, la narradora, tiene inquietudes, que a lo largo de los años la conducirán muy lejos, más de lo que nunca habría podido imaginar. La amistad entre las chicas es recíproca y verdadera pero difícil y se interrumpe cuando ambas llegan a la veintena, dejando un poso perdurable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro no gustó por igual a todas las componentes del grupo de lectura, o, por decirlo más exactamente, no todas llegamos a terminar el libro en parte porque no nos dio tiempo a ello (tiene 427 páginas y no había muchos días para su lectura) y en parte, quizá, porque no a algunas no terminó de enganchar del todo su lectura.

Dado el interés del texto de Encina, una de las compañeras del grupo, sobre el libro lo reproduzco aquí a modo de comentario del mismo:

“La novela trata muchos temas que nos conciernen social e individualmente: la raza, la familia, la fama, la riqueza y la pobreza, el primer mundo frente al tercer mundo, la responsabilidad individual y colectiva, la amistad y la rivalidad, la maternidad, la adolescencia, la historia, el mundo de las percepciones y las emociones. Casi nada! Son temas muy importantes que, en mi opinión, no quedan del todo bien integrados en la novela quizás por ser demasiado ambiciosa o por la estructura del relato.

Una posible causa de que no me hayan dejado profunda huella temas tan humanos podría residir en la falta de empatía con el personaje de la narradora; ella no tiene nombre, aparece como la amiga, la hija, la asistente, la observadora, pero nunca como ella misma. Sin embargo, los personajes están bien descritos, especialmente Tracy, que creo es el personaje principal, y la figura de la madre, que es muy potente. La figura de Aimee, la estrella de pop, es más borrosa. Y los hombres me parecen bastante débiles frente a las mujeres.

He disfrutado mucho del lenguaje (en inglés), de gran riqueza y maestría. Por ejemplo, la descripción de una amiga de la infancia “es una rubia frágil, con los brazos llenos de cicatrices y que parecía como una gata rota abandonada bajo la lluvia”. Esa niña ya no vuelve a aparecer pero se me quedó grabada su imagen. Tiene muchos otros pasajes memorables, como el de la visita al monumento de Kunta Kinte, cuando dice: ” yo me esperaba algún sentimiento de catarsis que la gente espera encontrar en estos lugares pero no pude convencerme a mí misma de que el dolor de mi tribu estaba únicamente concentrado aquí en este lugar, el dolor estaba tan obviamente en todas partes, y aquí sólo daba la casualidad de que habían colocado el monumento”.

Poco más que agregar; quizá solo un pasaje que me llamó poderosamente la atención pues trata de la iniciación del personaje principal de niña en el sexo (capítulo 14 de la primera parte).

Un libro que está bastante bien pero que, según otra compañera del grupo, no es el mejor de la autora, de la que destaca ‘Sobre la belleza‘. Relacionado con la temática de esta otra novela, señalar aquí la reciente propuesta de la autora de la que ella llama ‘tasa espejo‘, una idea de la escritora contra las exigencias de belleza que puede resumirse en no pasar más quince minutos maquillándose o eligiendo qué ponerse pues exderse sería perder demasiado tiempo.

Sin duda, una autora a la que seguir y dedicarle a sus libros el tiempo que requieran.

Citas del libro

P. 14-15: “… A la mañana siguiente me desperté temprano […] fui rápidamente a la cocina y encendí mi teléfono móvil […] Fui pasando una lista deprimente … Entonces vi uno titulado «PUTA»… El cuerpo del mensaje era una única frase: «Ahora todo el mundo sabe quién eres en realidad.». Parecía una de esas notas que podría mandar una cría de siete años resentida y con una idea implacable de la justicia. Y por supuesto, si puede ignorarse el paso del tiempo, era exactamente eso.

P. 20: “… Según mi madre, eran precisamente esas similitudes superficiales las que concedían tanta importancia al buen gusto. Ella se vestía para un futuro que aún no existía, pero que esperaba conocer…

P.23: “Mi madre era un caso raro […] Tenía un instinto increíble para las convenciones de la clase media. Sabía, por ejemplo, que un rastrillo, a pesar de ese nombre tan poco prometedor, era donde podías encontrar a la gente de más nivel, y también sus viejas ediciones de bolsillo […], pastilleros antiguos de porcelana […]. Nuestro piso estaba lleno de cosas así. Nada de flores de plástico en casa, centelleantes de rocío falso, ni figuritas de cristal. Todo formaba parte del plan. Incluso las cosas que yo detestaba (como las alpargatas de mi madre) solían parecerles atractivas a la clase de gente que intentábamos atraer, y aprendí a no cuestionar sus métodos por más que me avergonzaran...”

P. 67: “… A mí, al volver a casa, mi madre o mi padre siempre me preguntaban cómo había ido el día en la escuela, insistían mucho en eso, no me dejaban tranquila hasta que les contaba algo, así que naturalmente empecé a mentirles. En ese momento les veía como dos niños, más inocentes que yo, a los que me sentía obligada a proteger de la clase de sucesos desagradables que les harían pensar (a mi madre) o padecer (a mi padre) más del a cuenta. Ese verano el problema se agudizó porque la verdadera respuesta a «¿Cómo ha ido hoy en la escuela?» era «En el patio hay una obsesión por meter manos a las niñas»… “.

P. 69: “Resulta raro pensar ahora ahora que entonces todos teníamos solo nueve años. Pero sigo volviendo la mirada hacia esa época con cierta gratitud, porque he acabado por creer que, hasta cierto punto, tuve suerte. Fue el despertar del sexo, sí, pero también fue un momento, en todos los sentidos vitales, donde el sexo en sí no estaba presente, ¿y acaso no es ésa una buena definición de una infancia feliz? No fui consciente ni aprecié lo afortunada que había sido en este aspecto hasta que fui adulta, cuando empecé a descubrir, en más casos de los que habría imaginado, que entre mis amigas, al margen de su condición social, el despertar sexual había sido explotado y viciado por las fechoría de tíos y padres, primos, amigos, desconocidos…

P. 99-100: “descubrí a los hermanos Nicholas, Fayard y Harold: una foto suya abriéndose de piernas en el aire marcaba la entrada de mi habitación […] Supe que habían aprendido por su cuenta, y aunque bailaban como los dioses no habían asistido a clases de danza […] Me empeñé en contagiar a Tracey de mi entusiasmo […] pero ella ya no soportaba ver ni una breve escena de una película en blanco y negro, todo eso la aburría. No era «real»: demasiado depurado, demasiado artificioso. Ella quería ver a un bailarín en escena, sudando, real, no engalanado con sombrero de copa y frac. A mí, en cambio, me atraía la elegancia. Me gustaba el modo en que ocultaba el sufrimiento.

Más sobre el libro

Vídeos musicales relacionados con el libro

  • Ginger Roger y Fred Astaire en Tap Dance
  • Billy Holiday (Lady Day) en Lady Sings the Blues
  • Actuación de los Nicholas Brothers en la película Stormy Weather, de la que Fred Astair comentó que era la mejor escena en un musical que jamás había visto y que ilustra maravillosamente la última cita del libro

Si conoces más vídeos que ilustren el libro estaría muy bien que nos los comentaras…

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Canción dulce, de Leila Slimani

Sesión 77 (12 de diciembre de 2017)

Leila Slimani (Rabat, 1981-   )

Canción dulce / Leila Slimani. — Barcelona: Cabaret Voltaire, 2017.– 277 p.

“Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)

fundacion-tres-culturas

Valoración

Nuestra compañera Carmen Jiménez, autora del blog Sevilla Cinéfila -imprescindible para quienes quieran tener información actualizada y crítica de las películas en cartelera, además de otras actividades relacionadas con la Cultura en general que tienen lugar en nuestra ciudad-, hizo en su momento una entrada en su blog cuya lectura recomiendo vivamente pues recoge una completa crónica de la reunión en torno al libro en la que aporta, además, su siempre rica visión del mismo.

Poco que agregar a lo que dice Carmen. Solo destacar algunos comentarios que se hicieron en la reunión que me llamaron especialmente la atención, como que vivimos en una sociedad en la que los caminos de las personas más desfavorecidas pueden llegar a cruzarse con los de las que tienen más formación y poder adquisitivo pero no llegan a tocarse realmente; parece como si viviéramos en mundos distintos. También lo llamativo que resulta que la principal responsabilidad del cuidado de las hijas e hijos pequeños -aunque no se habló del tema, yo aquí agregaría la atención a familiares mayores y/o con enfermedades o limitaciones de algún tipo- recaiga casi invariablemente sobre las mujeres -y el sentimiento de culpa de las mismas si no lo hacen de forma perfecta-, al igual que el cuidado de las niñas y niños ajenos, trabajo al cargo casi en exclusiva de otras mujeres que, en ocasiones, tienen que desatender a su propia familia para ello. Y, como dijo otra compañera, también cabría preguntarse de dónde viene el llamado sentido maternal, si es algo connatural a las mujeres o se trata, al menos en parte, de un mandato patriarcal más.

Desde mi punto de vista, todo se explica con la reflexión de que la nuestra es en una Sociedad Capitalista Patriarcal que divide a las personas en clases y en sexos con distintos derechos y privilegios, y que, en general, parece que mueve a que vivamos para trabajar, más en el caso de las mujeres, que en su mayoría siguen sufriendo la llamada doble jornada laboral. Mención aparte merecería la violencia que este tipo de sociedad conlleva, que en este libro se muestra a su forma más extrema.

Una obra, pues, que yo calificaría de imprescindible para quienes tengan interés en que sus lecturas, además de ser amenas, les sirvan para reflexionar sobre la vida en general y las temáticas de género en particular.

Más información

Muy recomendables, también, las entradas de la Fundación Tres Culturas relacionadas con este libro, cuyo lote fue prestado a nuestro grupo de lectura por su Biblioteca, que tuvo el gran acierto de organizar la presentación de la obra en la sede de la entidad, para lo que contó con la presencia de la autora:

Citas del libro

P. 126 [Sobre Louise, la niñera]: “La soledad actuaba como una droga de la que no sabía si quería prescindir. Deambulaba por las calles, como ida, con los ojos desencajadas hasta hacerle daño. En su soledad, se puso a observar a las personas. A observarlas de verdad. La existencia de los demás se volvía palpable, vibrante, más real que nunca. Escrutaba, en sus menores de talles, los gestos de las parejas sentadas en las terrazas de los cafés. Las miradas furtivas de los ancianos abandonados… Cada día se topaba con compañeros en el infortunio, que hablaban solos, dementes, mendigos.

La ciudad, en aquellos tiempos, estaba habitada por locos.

P. 142-143 [Sobre Wafa, compañera de Louise, en el parque donde están ambas con lxs niñxs que cuidan]: “Ante Louise y su silencio, Wafa habla como si se confesar con un sacerdote o declarara ante la policía […]

Wafa teme envejecer en uno de esos parques. Sentir crujir sus rodillas sentada en esos viejos bancos helados, sin siquiera tener fuerza para levantar a un niño. Alphonse crecerá. No volverá a pisar un parque público en una tarde de invierno. Él irá al sol. Se tomará vacaciones. Quizá incluso algún día duerma en una de las habitaciones del Grand Hotel donde ella daba masajes a hombres. Él, que ella ha cuidado, se hará servir por alguna de sus hermanas o de sus primos, en la terraza, con el suelo de baldosas amarillas y azules.

«Ves, todo gira y todo da la vuelta. Su infancia y mi vejez. Mi juventud y su vida de hombre. El destino es vicioso como un reptil, siempre se las arregla para empujarnos hacia el lado equivocado.»”

P. 144-145: “La vida se ha convertido en una sucesión de tareas, de compromisos, de citas ineludibles. Myriam y Paul están desbordados. Les gusta decirlo, como si ese agotamiento fuera la señal premonitora de su éxito. Su vida se desborda, apenas queda lugar para el sueño, ninguno para la contemplación. Corren de un sitio a otro, se cambian de zapatos en el taxi, toman copas con gente importante para su trabajo. Los dos juntos se han convertido en los jefes de una empresa que funciona, con objetivos claros, ingresos y gastos.

Por toda la casa hay listas que Myriam escribe, en una servilleta de papel, en un post-it o en la última página de un libro. Se pasa el tiempo buscándolas. Teme tirarlas, como si con ello perdiera el hilo de las tareas pendientes…

P. 149 [Sobre Paul]: “… Al convertirse en padre, adquirió unos principios y unas certezas, algo que se había propuesto a sí mismo no tener nunca. Su generosidad se volvió relativa. Sus pasiones se templaron. Su universo había encogido.

P. 158 [Sobre Sylvie, madre de Paul]: “… Con ella no hay normas. No los inunda de regalos inútiles, como hacen los padres, que intentan así compensar sus ausencias…

Para hacer rabiar a su nuera los llama «mis gorriones caídos del nido». Le gusta compadecerse de ellos por vivir en la ciudad, sufrir su incivismo y contaminación. Desearía ampliar el horizonte de esos críos destinados a un futuro de gente correcta, servil y, a su vez, autoritaria. Unos miedicas.”

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Sesión 78 (6 de febrero de 2018)

Vivian Gornick (Bronx, Nueva York, 1935-  )

Apegos feroces / Vivian Gornik. — Madrid : Sexto Piso España, 2017.– 195 p.

“Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija como en Apegos feroces, las memorias de la escritora y activista Vivian Gornick, publicadas ahora por primera vez en español desde que vieran la luz en inglés en 1987.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Calificativos que se le dedicaron a estas memorias en la reunión del grupo de lectura: honesto; con estilo y ritmo; visión de género; feroz; implacable; honesto -otra vez-; complejo; elaborado; atento a los detalles, a los matices; cercano, con vivencias que podrían ser de hoy; muy analítico; bien escrito, belleza en cada frase; expresivo, muy buenas descripciones; con fuerza literaria, psicológica, espiritual; libro feminista; crítica del orden patriarcal…

Yo agregaría que se trata de un libro de una sinceridad feroz.

El libro se centra fundamentalmente en la relación de la autora con su singular madre, mostrando el amor de la hija por la madre pero también su rechazo ante ciertos comportamientos de la misma, la incapacidad de que el amor de la hija llene la vida de la madre, la ausencia de modelos femeninos válidos para la generación de mujeres a la que pertenece la autora -véase la cita de la página 112-, la falta de estímulos de las mujeres de generaciones anteriores a las de la autora que se veían forzadas a centrar sus vidas en el matrimonio y el hogar, la valentía y el esfuerzo de algunas de estas mujeres -como es la madre de la autora- para que sus hijas tuvieran acceso a los estudios superiores que a ellas le habían sido negados, etc.

Y también tienen una presencia importante en el libro las relaciones de la autora con diversas parejas masculinas, a las que en definitiva no parece tener en gran aprecio -ver la cita sobre los hombres de las páginas 129 y 130 en la que se menciona a Mary McCarthy, prestigiosa autora norteamericana de la que en su día leímos el interesantísimo libro El grupo-.

Todo ello mezclando las vivencias del pasado, cuando la autora era niña y la familia vivía en un edificio del Bronx, con los paseos de la madre y la hija en la actualidad -de cuando se estaba escribiendo el libro- por la sugerente ciudad de Nueva York.

En definitiva, un libro fundamental para todas aquellas personas que desean encontrar verdad y vida -con sus luces y sus sombras- en sus lecturas.

Y para muestra abajo se recogen abundantes citas del libro, prolijas sí, y aún así me ha costado elegir pues tenía bastantes más señaladas.

Citas del libro

P. 16: “Mi madre y yo hemos salido a dar un paseo. Le pregunto si recuerda a las mujeres de aquel edificio del Bronx.
-Cómo no -responde.
Le digo que siempre he pensado que la rabia sexual era lo que las hacía estar tan locas.
-Totalmente -afirma…

P. 17: “La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante…

P. 21-22: “El portero y su mujer tampoco eran muy habladores. Nunca se dirigían de primeras a nadie. Eso es lo que conlleva, supongo, ser unos pocos entre otros muchos: te quedas silenciado.

P. 26: “… Sus incesantes comentarios sobre la vida al otro lado de la ventana me permitieron degustar por primera vez los frutos de la inteligencia: sabía cómo convertir el cotilleo en información. Oía una voz elevarse una nota y hacía la siguiente observación: «Esta mañana discutió con el marido». O bajar una nota, y entonces era que «se le ha puesto el niño malo». O interceptaba un diálogo a toda prisa y a partir de él diagnosticaba el enfriamiento de una amistad. Esta habilidad suya me transmitía bienestar y me arrancaba emoción. La vida parecía más plena, más intensa y más interesante cuando mi madre otorgaba sentido a la actividad humana que transcurría en el callejón. Durante aquellos instantes, sentía una conexión viva entre nosotras y el mundo que existía tras la ventana.

P. 26-27: “Así era su existencia: allá en la cocina tenía claro quién era, allá en la cocina se mostraba infatigable pero también se aburría, allá en la cocina se desenvolvía de una forma endiable, allá en la cocina sentía desprecio por sus quehaceres. Se enfurecía por «el vacío de la vida de las mujeres», como decía ella, y al instante se echaba a reír con un placer que todavía resuena en mis oídos al analizar cualquier acontecimiento enrevesado que tenía lugar en el callejón…

P. 33: “El amor que le profesaba a mi padre tenía … propiedades milagrosas: no sólo compensaba el hastío y la ansiedad que sentía mi madre, sino que era la causa de ambos. Incontables frases que tenían que ver con todo lo que le satisfacía en la vida comenzaban igual: «Créeme, si no quisiera tu padre»…

P. 42: “… La gente y sus enseres parecían evaporarse de un apartamento y otros ocupaban si más su espacio. Qué pronto capté la naturaleza circunstancial de la mayoría de los apegos. Al fin y al cabo, ¿qué más daba si al vecino de al lado lo llamábamos Roseman, Drucker o Zimmerman?…

P. 75: “… Mi sitio estaba con mamá. Con ella la cosa estaba clara: me costaba respirar, pero me sentía segura.”

P. 84-87: “… me encontré a Dorothy Levinson por la calle…
Dorothy Levinson. Tan bella que al verla te daba un vuelco el corazón. Ahí estaba, con cincuenta años, delgada, adorable, rebosante de agudo ingenio judío y un cariño que se reflejaba en las arrugas de sus ojos, con una cara tan parecida a la de su madre a esa edad: tierna y bondadosa, levemente desconcertada, levemente triste.”
… ¡Y Davey! ¿No te apetece saber qué es de él? ¡Lo de Davey es prodigioso! ¿A quién se le hubiese pasado por la cabeza que mi hermanito iba a salir tan espiritual!

Si Davey se hubiera marchado de vuestra casa de Essex Street a los dieciocho, hoy en día no sería tan espiritual -dije-. Lo que busca es un modo de ordenar su vida y no posee las herramientas para hacerlo. Por eso se ha vuelto religioso. El hecho de que sea rabino en Jerusalén es un síntoma de lo perdido que está, no de cómo se ha encontrado a sí mismo.

P. 99: “… Todo el mundo sabía que esta mujer no iba a ningún lado, que caminaba por caminar, para sentir el efecto que causaba en la calle. Sus andares acentuaban las carnes ocultas bajo la ropa. Iba declarando: «Este cuerpo tiene el poder de despertar tu deseo»… Los hombres y las mujeres la ansiaban por igual. Era horrible. Yo percibía cómo iba despertando pasiones, peso esas pasiones parecían vinculadas al castigo, no al privilegio. La manera en que la gente la miraba -la crueldad de los hombres, la rabia de las mujeres- me daba miedo. Sentía que se hallaba en peligro. Nettie caminando por la acera se entretejió con la tela de mis primeras angustias.

P. 105: “Mamá y Nettie se pelearon y yo entré en el City College. En la memoria de mis sentimientos ambos sucesos… inauguraron un conflicto abierto, ambos fueron vividos como subversivos y beligerantes… me separó de las dos, provocó y alimentó una vida no compartida dentro de mi cabeza que se convirtió en un acto de traición. Vivía entre los míos pero había dejado de ser uno de ellos.
Creo que esto nos sucedía a la mayoría de los que íbamos al City Collegue. Seguíamos usando el metro, seguíamos recorriendo las calles de costumbre entre clase y clase, seguíamos volviendo a nuestros barrios al acabar el día, hablábamos con nuestros amigos del instituto y nos acostábamos en nuestras camas de siempre. Pero en secreto habíamos comenzado a vivir en un mundo dentro de nuestras cabezas, donde leíamos, hablábamos, pensábamos de una manera que nos diferenciaba de nuestros padres, de la vida doméstica y de la calle…

P. 112: “Sabía que enseñarme a ser una seductora de hombres conllevaba un peligro, pero el peligro no era su campo. Su campo era prepararme para, entre las dos, sacarme el mayor provecho posible en la vida. Huelga decir que si me convertía en la beldad del edificio corría el riesgo de ser violada y de quedarme embarazada, pero así eran las reglas del juego, ¿no? Una chica tiene que ser sensata. Saber dar lo mínimo posible para sacar lo máximo posible…
Pero nada de esto arraigó en mí…. Definitivamente, no era capaz de recordar la forma de vestirme y comportarme eran las herramientas de aquel oficio, instrumentos de futuro provecho, un medio fundamental para lograr la imagen que traería a mi esfera de influencia al hombre que podría proporcionarme tanta vida y mundo como tenía derecho a esperar…
¿No era mi madre igual cuando me decía con cada aliento que exhalaba: «La vida e insoportable sin un hombre al lado»? ¿Y no me estaba diciendo Nettie en realidad: «Lo hombres son un asco pero tienes que cazar uno»?… El mensaje estaba abierto… «Si no consigues un marido, eres tonta». «Si consigues uno y lo pierdes, eres inepta». Sabía, de modo inconsciente, que ésta era una vedad innegociable. Pero era incapaz de prestarle atención…
En aquel momento, había sólo dos cosas que reclamaban mi interés: hablar de libros e ideas en la facultad y excitarme mientras me besaba con Paul, Ralpf o Marty en el portal… Todas nos entregábamos a nuestros placeres. Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujese a la consecución de una vida femenina ideal y corriente…
A pesar de todo, nunca nos libramos de la idea de una vida así y día a día, mes a mes y año tras año, nos sumíamos cada vez más en el conflicto. Era un hecho que cuanto más inseguras nos setíamos, más superiores moralmente nos creíamos. Cada una de nosotras necesitaba sentirse especial, diferente, destinada a un fin superior. Divididas entre nosotras, nos negábamos el apoyo mutuo…

P. 129-130: “Yo no salía por los bares del otro lado de la avenida Shattuck, pero bastante a menudo me las arreglaba para encontrar hombres con esa combinación de vulnerabilidad y fortaleza necesaria para desprender atractivo sexual. Nunca alcanzaba, claro está, la satisfacción plena. En esas relaciones siempre había algo que no funcionaba. Mary McCarthy había escrito acerca de los hombres de los que sus sosias en la ficción se habían enamorado: si eran inteligentes, resultaban poco agraciados; si eran viriles, resultaban estúpidos. Dicha ecuación la interpretábamos, tanto yo como muchas de mis amigas, como un conocimiento ganado a pulso. Citábamos a McCarthy entre nosotras en tono triunfal. Su elegante prosa elevaba nuestra condición desde el nivel de la queja hasta el de verdad inmutable.

P. 134-135: “Stefan y yo regresamos a California y nos dispusimos a conventir en un hogar un piso de cinco habitaciones… Por vez primera comprobamos lo ajenos que éramos el uno al otro. Yo no tenía ni una pizca de espíritu bohemio en mi cuerpo y él no tenía ni una de conformismo. Yo no soportaba la incoherencia en mi entorno físico, él no soportaba una habitación que pareciera acabada. Yo apreciaba la claridad de pensamiento, a él le atraían las revelaciones místicas. Cada día nos traía largos momentos de desdicha de los que tardábamos horas en recuperarnos. Cada noche nos llevábamos a la cama nuestra confusión, nuestro anhelo, nuestra intensidad paralizante. Sólo en contadas ocasiones nos brindaron alivio nuestros cuerpos, y sólo durante apenas una hora. Fue mi primera experiencia de amor sexual como método de catarsis, en la que una se despierta tan sola a la mañana siguiente como se había acostado la noche anterior.

Fue en la cocina donde empecé a comprender el significado de la palabra «esposa». Allí estábamos, una pareja de veinticuatro años: un día éramos una estudiante de doctorado y un artista, y al día siguiente éramos marido y mujer. Antes siempre habíamos puesto juntos sobre la mesa las rudimentarias comidas que tomábamos. Ahora, de pronto, Stefan estaba cada noche en su taller… y yo estaba en la cocina, esforzándome por preparar y servir una comida que ambos pesábamos que debía ser adecuada. Recuerdo pasarme hora y medida preparando algún espantoso plato… para terminar engulléndolo los dos en diez minutos, pasarme después una hora limpiando los cacharros y quedarme mirando el fregadero, pensando: «¿Será esto así durante los siguientes cuarenta años?».

P. 174: “Joe y yo alzamos nuestras copas. Todos bebimos. Joe peroraba mientras mamá y yo emitíamos los sonidos femeninos convenientes («¡Qué maravilla!», «¿De verdad?», «¡Es estupendo!»)…

P. 180: “-Dices eso porque te has pasado la vida entre gente que considera el matrimonio primordial. Las humillaciones que los hombres y las mujeres soportan dentro del matrimonio son menos importantes para vosotros que el matrimonio en sí…

P. 185: “Un peso triste y callado se cierne sobre mi madre aquella noche. Hoy está muy guapa -su cabellos suave y blanco, su piel suave y lisa, el cutis marchito que vuelve a resplandecer-, pero los años se arrastran en su interior y en sus ojos veo el desconcierto, el persistente desconcierto.
-Toda una vida pasada -dice con voz queda.
Mi dolor es tan grande que no me atrevo a sentirlo.
-Exacto -digo sin énfasis-. No vivida. Sólo pasada.
La blandura de su rostro se endurece y se le marcan los rasgos. Me mira y, con voz apesadumbrada, dice en yiddish:
-Eso vas a escribir: «Desde el comienzo ya estaba todo perdido».

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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En manos de las furias, de Lauren Groff

Sesión 73 (13 de junio de 2017)Lauren Groff (1978-)

En manos de las furias / Lauren Groff ; traducción de Ana Mata Buil.– [Barcelona] : Lumen, 2016.– 541 p.

Un hombre y una mujer caminan muy juntos por la playa. Hace frío, pero no importa. De repente se esconden detrás de unas dunas para celebrar su primer acto de amor carnal. Él es Lotto, ella es Mathilde, los dos tienen veintidós años y acaban de casarse, aunque solo llevan unos quince días juntos y saben muy poco el uno del otro. El hilo de sangre que mancha los muslos de Mathilde sella esta entrega que parece absoluta y exclusiva, y así será durante más de veinte años. Lotto y Mathilde se convierten en la pareja casi perfecta; basta una mirada para que se entiendan, un gesto cómplice para que los dos dejen una sala abarrotada de gente y aprovechen cualquier rincón para amarse. Lotto se dedica a escribir obras de teatro al hilo de su pasión por Shakespeare y Mathilde se convierte en la esposa ideal, que es musa, empresaria y ama de casa. Bien… Bien, hasta que de repente el destino se impone. Es entonces cuando descubrimos que el matrimonio, bien mirado, es una larga conversación, y que en esta charla caben huecos, omisiones, palabras sueltas que pueden ser mentiras piadosas o alfileres. Y es que toda historia tiene siempre al menos dos formas de ser contada.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

[En este caso la valoración del libro corresponde a Encina, una componente del grupo de lectura que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó el  comentario que se recoge a continuación]

El libro en general me ha gustado mucho, aunque no lo catalogaría de ‘mi lectura del año’ como hizo Obama (jeje).

Yo lo he leído en inglés, y el lenguaje me ha parecido difícil, sobre todo la primera parte, pues la autora utiliza un lenguaje muy actual, moderno, dinámico y vibrante, con muchas expresiones de jerga juvenil, tanto del medio estudiantil como de las esferas bohemias y artísticas neoyorquinas con mucho ‘postureo’. Por curiosidad y motivación propia fui contrastando muchos párrafos de la versión original con la traducción al español para ver cómo resolvía la traductora ciertos pasajes intrincados; ¡en algunos casos se saltó frases enteras ! (por ejemplo en la p. 54), aunque en otros casos lo fue resolviendo bastante airosamente. Creo que esta opinión sobre la dificultad del lenguaje está bastante extendida pues la leí reiteradamente en un foro de Goodreads.

[En este aspecto agregar a la crónica de Encina que para quienes lo hemos leído en castellano hay bastantes fallos evidentes, como por ejemplo llamar ‘luz del tráfico’ (página 337) a un semáforo, en una traducción literal del inglés al castellano; o preposiciones que sobran; o frases que no se terminan de entender. Da la impresión de que algunas editoriales quieren sacar cuanto antes los éxitos en otras lenguas sin cuidar como deberían la calidad de las traducciones.]

Desde el punto de vista del estilo creo que tiene sus luces y sus sombras, a veces establece unas metáforas muy bonitas y poéticas (cita de la página 486 [más abajo]) pero en otras ocasiones lo veo forzado y hasta presuntuoso, como el pasaje en que dice que la madre huele a escamas de pescado y el padre a polvo de piedra, etc… Tampoco me parece muy logrado ese juego que establece con la tragedia griega, desde el título (en inglés ‘Fates and Furies’, algo así como ‘Furia y Fatalidad’) hasta el recurso al coro que interviene entre paréntesis o el personaje heroico del ‘dios’ Lancelot [personaje coprotagonista de la novela].

En cuanto a la trama, a mí me gustó mucho, por inverosímil que la historia pueda parecer. La parte enigmática y detectivesca de la segunda parte me atrajo especialmente mientras que en la primera el narcisismo y homocentrismo de Lotto [o Lancelot] me llegó a cansar.

Es la historia de un matrimonio contada desde cada uno de los esposos, con puntos de vista tan radicalmente diferentes que parecen dos novelas. Y esto corrobora el hecho bien conocido de que a veces dos personas que llevan juntas toda la vida no se conocen o por lo menos una de las dos no conoce a la otra [véase cita de la página 284].

En este caso , y en contra de las apariencias, la que lleva la voz cantante es ella. Mathilde es mucho más lista que Lotto, maneja a su esposo, le organiza la vida, lo protege, lo estimula, lo moldea y es que ella busca preservar a toda costa el nido de seguridad y amor del que ha carecido toda su vida. Y para ello tiene que esconder ese pozo de maldad que ella siente que arrastra desde la infancia y en sus genes (de ahí que no quiera tener hijos).

[Para finizar dar las gracias a Encina por compartir sus opiniones del libro -que en su mayoría podríamos suscribir muchas de las componentes del grupo de lectura-  y agregar que sus últimas palabras me recordaron el siguiente párrafo de ‘La pasión turca’, de Antonio Gala: “… Claro, que hay que tener en cuenta lo que ha escrito la Beauvoir: hacerse la deseada es muy distinto de ser un objeto pasivo. Una amante no se está quieta nunca: se renueva. Debajo del aparente abandono femenino hay una auténtica promoción; si alguna es elegida es porque subrepticiamente eligió antes; el seductor es seducido de antemano, aunque no lo perciba. Ese juego de los instintos está a nuestro favor, pero hay cosas en contra…”]

Citas del libro

P. 284 [Lotto]: “Le habría gustado adentrarse más en ella… comprender qué pensaba Mathilde. Uf, pero sería redundante. La tranquila intimidad diaria ya se lo había enseñado. La paradoja del matrimonio: nunca puedes conocer por completo a alguien; aunque conoces por completo a alguien…

P. 288 [Lotto]: “Deseó haber podido conocerla de anciana. Pensó en lo magnífica que sería Mathilde entonces.

p. 325 [Mathilde]: “… ¿y ahora qué? Mathilde tenía cuarenta y seis años. Era demasiado joven para haberse despedido definitivamente del amor. Aún estaba en la flor de la vida. Guapa. Deseable. Y ahora sin pareja para siempre.

La historia que nos cuentan sobre las mujeres no es esta.

La historia de las mujeres es la historia del amor, de supeditarse al otro. Una ligera desviación: el anhelo de supeditarse y la incapacidad de hacerlo. Quedarse sola en miedo del naufragio, y tener que tomar las riendas de su propia vida: veneno para ratas, las ruedas de un tren ruso. Incluso la historia más romántica y suavizad no deja de ser una versión modificada de eso. En lo demótico, en la clave burguesa más baja, es la promesa del amor en la ancianidad para todas las niñas buenas del mundo.

P. 338 [Mathilde]: “Sin saber cómo, a pesar de sus convicciones y de su inteligencia, se había convertido en una esposa, y las esposas, como todo el mundo sabe, son invisibles. Los duendes de medianoche del matrimonio. La casa en el campo, el apartamento en la ciudad, los impuestos, el perro, todo era responsabilidad de Mathilde: Lotto no tenía ni idea de en qué invertía ella el tiempo.

P. 486 [Mathilde]: “Entonces se le ocurrió que la vida tenía una forma cónica, el pasado se ensanchaba más allá del punto conciso del momento vivido. Cuanta más vida acumulaba alguien más se expandía la base, de modo que las heridas y las traiciones que eran casi imperceptibles cuando ocurrían se ampliaban luego como puntos diminutos de un globo que es va hinchando poco a poco. Una manchita en el niño delgado se convierte en una enorme deformidad en el adulto, exagerada, con los bordes irregulares.

Más información sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

https://www.juntadeandalucia.es/cultura/idea/opacidea/cdmz/abnetcl.cgi/?ACC=DOSEARCH&xsqf03=lauren+groff

 

Tú no eres como otras madres, de Angelika Schrobsdorff

Sesión 72 (9 de mayo de 2017)

Angelika Schrobsdorff (1927 – 2016)

Tú no eres como otras madres: historia de una mujer apasionada / Angelika Schrobsdorff ; traducción de Richard Gross.– 1ª ed.– Madrid : Errata Naturae ; [Cáceres] : Periférica, 2016 .– 587 p.

“La narración de Angelika Schrobsdorff reconstruye la vida real e inconformista de su madre, una mujer nacida en una familia de la burguesía judía de Berlín, liberada de los prejuicios de su tiempo y deseosa de casarse con un artista (y no con el excelente partido que le han buscado, un comerciante opulento y maduro). Así, Else vivirá de lleno el nacimiento de un nuevo mundo junto a la culta bohemia berlinesa de los locos años veinte, un periodo en el que tendrá tres hijos de tres padres diferentes, fiel a las dos promesas que se hizo de joven: vivir la vida con la máxima intensidad y tener un hijo con cada hombre al que amara. Ésta es, por tanto, la historia de una mujer singular y sedienta de independencia, que será arrollada por aquello mismo en lo que se negaba a creer al principio: el presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Por sus buenas críticas (véase la entradaLos libros del 2016…‘ de este mismo blog), este título había creado grandes expectativas en el grupo -quedó el segundo en las votaciones que se hicieron para determinar las lecturas de este año- y hay que decir que no las ha cubierto, o al menos no del todo, o al menos no del todo en el caso de algunas de las asistentes a la reunión.

Si bien la protagonista de esta singular biografía ha encandilado a una parte del grupo, a otra en cambio el hecho de que la misma recorriera un largo camino desde la chica judía de familia acomodada convencional que comenzó siendo hasta llegar a la mujer liberada -sexualmente hablando- en la que se convirtiera con el tiempo no les ha parecido mérito suficiente como para dedicarle todo un libro (de 587 páginas, no lo olvidemos).

En cualquier caso, sí puede afirmarse que la madre de la narradora rompió con muchos tabúes y se adelantó a su tiempo en una cuestión tan moderna como el actualmente denominado ‘poliamor’ (ver varios artículos al respecto en Pikara Magazine, por ejemplo), siempre desde presupuestos heterosexuales, para mayor exactitud. Sin embargo, como sostenían algunas compañeras, en otros aspectos fue bastante tradicional, como en el hecho de su dependencia económica siempre, primero de sus padres y después de maridos y/o amantes.

Esta cuestión hizo rememorar en el grupo antiguas disquisiciones ‘filosóficas’, como las de Carlos Castilla del Pino en su clásico ‘Cuatro ensayos sobre la mujer‘ [en nuestra Biblioteca] sobre que ciertas relaciones sexuales dentro del matrimonio podrían considerarse como una forma de prostitución. Y quizá sería interesante ‘revisitar’ esta obra con una mirada crítica actualizada pero de momento mejor seguir con la que nos ocupa.

Antes mencionar que hubo una compañera que dijo que la obra con ‘Mi madre, in memoriam‘, de Richard Ford [también en nuestra Biblioteca], era mucho mejor. Pero ya sabemos que las comparaciones son muy relativas y que un libro no tiene por qué quitar a otro por mucho que compartan temática.

Volviendo a nuestra biografía, pues, finalizar comentando que lo que no se puede negar es que la autora de la obra tiene grandes dotes psicológicas, como muestran las descripciones tan agudas de los personas citados en la misma -¿quizá demasiado complaciente con las figuras masculinas ?- y que la madre biografíada fue, desde luego, una mujer singular, ávida de conocimientos y un tanto revolucionaria para su tiempo, aunque sus circunstancias personales e históricas no favorecieran su total independencia, cosa que sí aconsejó al final de sus días a su hija, como se puede verse en la siguiente cita (página 163):

Pero el matrimonio seguía siendo para Else la vocación y la realización de la mujer, y el marido, aquel que le proporcionaba el estatus, la seguridad material y una tarea, por no decir razón, de vida. Y aunque más tarde se saltara los preceptos morales de su generación, no lo hizo como consecuencia de una emancipación exhaustiva, sino únicamente en el ámbito de la libertad sexual. Sólo en una fase tardía de su inexorable autognosis me decía en una carta: «Esfuérzate, haz algo de ti, te juro que merece la pena. Mira cómo he malgastado yo mi talento y mi inteligencia durante toda una vida, y ahora estoy donde estoy. ¡Justa consecuencia!».

Otras citas

P. 29 [Habla Else, la madre protagonista de la obra]: “Me intimidaba de tal manera que me hacía sentir pequeña e inferior…

P.29: “Fue para ambos el primer amor, y si bien caló hondo en Fritz, el suyo no podía compararse con el de Else. Era típicamente masculino: exigente, celoso, egoísta, susceptible, dominado por el instinto y a menudo intolerante. Para Else, en cambio, aún atrapada en la trampa del amor, la tutela y los principios paternos, significaba la satisfacción de su vida

p. 31-32: “Else se echó a llorar. Tenía miedo todo el tiempo: miedo de desconcertarlo si le hablaba de asuntos triviales, miedo de decepcionarlo si no sabía responder a una pregunta profunda, miedo de hacerlo enfadar si no le permitía que le desabotonara la blusa, miedo de contrariarlo si tenía que cancelar una cita, miedo a su ironía e irritabilidad, miedo a su ansia y deseo, miedo a su humor cambiante.

«Siempre eras distinto -escribió-, ya el niño pequeño, ya el maestro insistente; ya el poeta soñador, ya el histrión exaltado; ya el amigo comprensivo, ya, a menudo, el hombre incomprensible que de buenas a primeras se ponía hosco, enojado, insufrible…»”

p. 34 [Sobre Else]: “… Escribió lo siguiente : «No admiro al emperador, mi patrima me isnpira toda clase de sentimientos salvo el patriótico. Detesto la guerra, y nunca comprenderá que una persona pueda tener el poder de mandar a hombres jóvenes a la muerte».

p. 38: “Yo conocía a… mi madre como la muer que enfilaba por su propio camino sin reparar en daños ni perjuicios…

p. 203-2014: “… Nunca me sentí tan libre, tan a gusto y tan arropada como en el piso de mis abuelos Kirschner… En su casa no era la niña complicada y extravagante ni el gran talento; con ellos era, sencillamente, una niña, una niña querida, que había que tratar con calma y cuidado.

p. 349: “Continuación de la carta de Else a Ilse Hirsch: «No hago nada, como siempre. Si a uno lo han mimado toda la vida, si siempre lo han descargado de lo pesado y desagradable, probablemente es incapaz de ponerse a trabajar de repente y montar una existencia…».

Más sobre la obra

Vídeo

Hombres desnudos, de Alicia Giménez Bartlett

Sesión 64 (14 de junio de 2016)

alicia

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 1951-)

Hombres desnudosHombres desnudos / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Editorial Planeta, 2015 — 474 p.

Resumen:  “Nadie puede imaginar hasta qué punto los  tiempos convulsos son capaces de convertirnos en quienes ni siquiera imaginamos que podríamos llegar a ser. ‘Hombres desnudos’ es una novela sobre el presente que estamos viviendo, donde hombres treintañeros pierden su trabajo y pueden acabar haciendo estriptis en un club, y donde cada vez más mujeres priman su carrera profesional sobre cualquier compromiso sentimental o familiar. En esta historia, esos hombres y esas mujeres entran en contacto y en colisión, y lo harán con unas consecuencias imprevisibles. Sexo, amistad, inocencia y maldad en una combinación tan armónica como desasosegante.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

En esta ocasión resulta bastante difícil hacer la entrada correspondiente al libro, entre otros motivos porque plantear aquí el coloquio que tuvo lugar en torno al mismo sería destriparlo (término preferido por la Fundación del Español Urgente -Fundéu- al anglicismo tan de moda últimamente).

Decir, eso sí, que la obra gustó en general; incluso, algunas componentes que habían comenzado su lectura con ciertas reticencias comentaron que habían aprendido mucho con las reflexiones de los distintos personajes de la novela. En cualquier caso, también hubo voces disidentes que comentaron que, a pesar de que la autora no se puede considerar como tal, el libro les había parecido profundamente machista por la escasa definición de los personajes femeninos y mayor desarrollo de los masculinos, por crearte simpatías con los segundos y antipatías con los primeros, por justificar hechos injustificables, etc.

No entendí yo del todo la obra de esa forma, aunque sí que pienso que puede dar pie a la justificación de ciertos hechos; a mí en lo que me hizo pensar la novela sobre todo es en el empobrecimiento material y moral a los que puede dar lugar la crisis económica, especialmente con personas procedentes de la clase media, no acostumbradas, por tanto, a luchar por la supervivencia desde siempre como es en el caso de las personas más pobres.

En fin, baste decir que la obra es de fácil lectura, como siempre pasa con esta autora, que es muy interesante el recurso de la voz narrativa cambiante y que puede dar lugar al debate de interesantes cuestiones como la prostitución -y si hay diferencias entre la masculina y la femenina-, las relaciones entre las distintas clases sociales, las relaciones familiares, las relaciones de pareja, los modelos de masculinidad, la violencia machista -y no solo por un personaje tan abiertamente misógino y violento del amigo del personaje principal- o la mencionada crisis de valores ocasionada por la crisis económica.

Y decir, en definitiva, que la novela no es lo que puede parecer de primeras y que si bien es una obra de fácil lectura es de difícil digestión.

Lo que no me atrevo es a afirmar si la autora justifica o simplemente muestra ciertos hechos. Mejor, quizá, oírle a ella en la entrevista que le hizo el programa de RTVE ‘Página 2’ en noviembre de 2015, a ver si nos aclara un poquito al respecto:

 

Citas del libro

p. 35 [Piensa Irene]:

Mis amigos adoptantes de hijos, parejas encantadoras, también se han unido al grupo que me ofrece «cualquier cosa que necesite» tras mi separación. […] No he vuelto a verlos, no me han llamado por teléfono ni una sola vez. Pensar que «los amigos me han fallado» comportaría que alguna vez tuve fe en ellos, y no es así. Los amigos siempre me han importado de un modo relativo, sirven para cubrir necesidades sociales: salir a cenar, charlar distendidamente…, poco más. […] Nunca he visto con mis propios ojos ninguna de esas amistades épicas de los hombres ni la intimidad total que dicen que puede darse entre mujeres. ¿Fidelidad hasta la muerte? Ni los perros te la proporcionan.

p. 37 [Piensa Irene]

Genoveva Bernat, todo un personaje. La próxima vez que me llame le diré que sí, que quiero salir con ella. […] Al menos con ella no tendré la sensación de que están juzgándome, compadeciéndome, intentando sacarme información sobre mi ruptura para lanzarse a murmurar cuando ya me haya ido. […]

p. 98 [Habla y piensa Irene]:

Bueno, Teresa, ya sabes cómo son las separaciones. Se pasa mal […] Pero cuando he llegado a la firma del divorcio, se ha sentido interesada de verdad […]

Naturalmente no puede regresar y presentarse ante el grupo con el saco vacío de cotilleos […]

p. 100 [Piensa Irene]

Nunca me había fijado en cómo habla Teresa. Resulta vulgar, como una dependienta de supermercado ¿Hablo yo igual? Probablemente sí. No era consciente, pero viéndolo desde fuera… Cuanto más te alejas de un paisaje, con más perspectiva lo divisas. Todas las mujeres de mi grupo social hablamos así: una mezcla de palabras cultas y expresiones populares oídas en la calle. Parecemos más modernas de esa manera. […]

p. 124 [Habla Javier y piensa Sandra]

¡Cuidado, Sandra, cuidado con lo que vas a decir! […]

Lleva razón, cuidado, cuidado con lo que digo. No quiero hacerle daño. No quiero ofenderlo. No quiero perderlo […]

p.124 [Piensa Sandra sobre Javier]

[…] ¿Qué le ha pasado? ¿Por qué se ha dejado influenciar por un tipo al que, en circunstancias normales, despreciaría? Iván, un marginal, un machista, un grosero, un lumpen. […]

[Pongo esta cita porque me ha resultado curiosa la lista de descalificaciones por la mezcla de deméritos con prejuicios]

p. 191-193 [Piensa Javier]

[…] mi benefactor es un tipo con quien no me une el más mínimo vínculo […] Un tipo que no ha leído un libro en su vida. […] He pensado en regalarle un libro que pueda gustarle, que lo sumerja en uno de los grandes placeres que se le brindan al ser humano, pero sinceramente, no sé cuál escoger. Descartados los clásicos, cuyo lenguaje no es fácil, y que deben de sonarle a obligatoriedad escolar. […] Descartados los clásicos he pensado también en contemporáneos con garra: Palahniuk, Cheever, Carver…, pero no sé si le interesarán. Quizá debería descender un peldaño mis pretensiones y comprarle una novela de Stephen Kingg, o por el contrario, subir de golpe todos los peldaños posibles y ponerle en las manos ‘Crimen y Castigo’. […] Quiero ser su Pigmalión, mucho peor que eso, estoy comportándome como uno de eso miembros de una pareja desigual que quiere cambiar al enamorado a su imagen y semejanza. Patético. […] ¿Quién me he creído que soy? Iván es muy superior a mí. Yo soy un paria, un desclasado, un inútil. […] Él ha sabido buscarse la vida, espabilarse, convertir las duras condiciones de su pasado en una realidad cómoda y sin traumas. […]

p. 193 [Piensa Javier]:

[…] He visto con toda claridad que nuestra relación era un montaje cuyas reglas de funcionamiento las dictaban los demás. Es siempre así […] Nuestro caso era simple: pareja joven, ambos con trabajo. Buena colaboración en las tareas domésticas. Cierta solidaridad: hoy por ti mañana por mí. Amigos comunes, aficiones comunes. Salidas consensuadas: al cine, a cenar. Fines de semana tranquilos. Sexo seguro y garantizado. Todo en su lugar. Cambia una sola pieza de ese artefacto […] y la cosa se ha jodido. […]

p. 249 [Piensa Genoveva]

[…] ¡Verlo para creerlo! Aunque me temo que es cosa de todos los hombres en general. También los maridos se olvidan de cómo empezaron las cosas y van metiéndose en tus asuntos cada vez más. Exigen, protestan, preguntan, dan el supercoñazo y enseñan su peor cara. […] ¡Tranquis, tíos!, tú eres tú y yo soy yo. […]

[Para fijarse también en la muestra del habla de un personaje de la clase ‘pudiente’ mencionada en una cita anterior]

p. 258-259 [Piensa Javier]

Mi ideal era una vida tranquila, un amor comprensivo y sereno, un alud de libros que me aportaría felicidad. […] La vida es como Iván la percibió desde muy temprana edad: insegura, difícil, atribulada, inmediata, cruel, veloz. ¿Quién puede permitirse vivir una existencia plácida dedicada a enseñar, a leer, a pensar, a convivir en paz? […]

p. 346 [Habla Javier]:

A las chicas a quienes les daba clase tampoco les importaba la literatura, pero todo cambiaba cuando aprendían cómo se lee. Al principio tutelaba sus lecturas, hasta que comprendían que las novelas y los versos hablaban sobre la vida, sobre el amor, sobre las relaciones humanas, sobre cosas con las que ellas estaban en contacto. Les enseñaba que todas aquellas historias, siendo ficción, no hacían sino explicar la realidad.

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