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El hijo de todos, de Louise Erdrich

Sesión doble 82 (2 de octubre de 2018)

Louise Erdrich (Little Falls, Estados Unidos, 1954-   )

El hijo de todos / Louise Erdrich. — Madrid : Siruela, 2017.- 365 p.

“Con una prosa desgarradora, Louise Erdrich en El hijo de todos examina con gélida belleza las insondables consecuencias de una tragedia cotidiana. A través de una intensa historia de duelo y redención, la autora propone un personal acercamiento a temas universales como el poder curativo del amor o la insaciable necesidad de consuelo que todos los seres humanos necesitan .”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

No hubo mucho tiempo en la reunión para hablar de esta obra pues se trataba de una sesión doble y la autora del segundo de los libros elegidos para leer en el verano nos honró con su presencia. Aún así el debate en torno al mismo estuvo animado y la mayoría de las componentes del grupo de lectura afirmaron que el libro les había llegado profundamente.

Encina, una de las compañeras del grupo, nos ha proporciondo por escrito su visión de la obra, siempre enriquecedora, como podéis comprobar seguidamente:

En esta novela, que me ha llegado al alma, la pena por la muerte del hijo está siempre presente, hay una interacción profunda y personal con la realidad de la pérdida:

“-Me pregunto quién eres ahora, dijo Nola.

-Soy sólo yo, dijo Peter, el mismo de siempre.

-No es verdad. Nunca más seremos los mismos.

La novela es algo más que la inefable tragedia del día fatídico que ya aparece al inicio y el impacto que tiene en las dos familias afectadas. El argumento está creado en círculos concéntricos y los personajes, que son muchos y complejos, tienen vidas que reflejan caminos intrincados, llevando la historia en muchas direcciones, desde reveladores episodios del pasado lejano hasta la agudeza del presente.

Así, la autora retorna a 160 años antes y teje las historias de las antepasadas de LaRose, el personaje principal, que es un niño de cinco años. El joven LaRose recibe de su abuela LaRose la historia del siglo XVIII cuando la primera LaRose fue entregada como esclava a un tratante de pieles por una mujer objibwe. La niña a su vez es salvada por Wolfred, el asistente blanco del tratante, que huye con ella y ambos se mantienen vivos en su huida a través de la naturaleza salvaje gracias a las habilidades indígenas de la niña y su conocimiento tradicional de las plantas venenosas.

La autora, de origen indioamericano, incide en la realidad de la comunidad india que vive bajo la sombra de la opresión racial desde la invasión del colonialismo europeo y que empuja a los indígenas hacia la asimilación. Por eso buscan una seña de identidad en viejas tradiciones culturales y modos de ser que todavía retienen los ancianos de la tribu, y vemos cómo la tradición de mitos y saberes pasa de padres a hijos.

El estilo de la novela es una mezcla de prosa y lirismo, pues junto con referencias culturales norteamericanas del día a día (acontecimientos políticos, sociales, etc.), el relato está teñido de espiritualidad y mitología: capacidad de comulgar con fantasmas y proyectarse uno mismo al cielo o en otros animales, por ejemplo; pasado y presente están ligados como el bien y el mal. El sentimiento final ejerce un efecto curativo, de redención a través de la inocencia y bondad del niño protagonista y de la entrega del padre – “Mi hijo será ahora vuestro hijo”-, dando a entender que las heridas y la muerte son inevitables, pero que el perdón y la reparación son preferibles a la cólera y la venganza.

Cosas que se dijeron del libro en la reunión, muy en consonancia con la visión de Encina anteriormente expuesta:

– En la obra hay más de un hijo de todos (como se puede comprobar al leerla)

– Nos ofrece una visión de una sociedad, de una cultura, muy desconocida por nosotras, muy distinta, además, de la imagen que se da en las películas de los pueblos nativos de América del Norte

– Uso muy poético del lenguaje

– Todos los personajes son importantes, todos tienen una presencia contundente

– Muy interesante la componente mágica y onírica del relato

– Mezcla la vida ‘ordinaria’ con la magia, lo espiritual, con las raíces ancestrales

– Muestra el proceso de ‘domesticación’ de los internados para menores

– Muy interesante la cultura de la reparación de las tribus indias, muy ligadas a la madre tierra

– Neutralidad moral del relato, los personajes no son presentados de forma maniquea

– Personaje central conmovedor

– La autora, de origen indio, muestra sus grandes conocimientos antropológicos, ligados, además, con la historia de su propia familia

A esto yo agregaría lo conmovedora que es también la relación, el cuidado de las dos hermanas mayores, Jossette y Snow, de sus hermanos y de la hija del matrimonio ‘reparado’. Sin olvidar a la inteligente abuela LaRose.

Y, por poner alguna pega, decir que a veces hay saltos ‘raros’ en el relato y también algunas cosas que no se entienden bien, problema este último que parece proceder de la traducción, que peca, además, de algunos fallos ortográficos menores.

Citas del libro

P. 33 [LaRose abuela]: … Billy había sido cruel, narcisista, listo. Su amor había supuesto una carga en nada diferente al odio. A veces sus ironías todavía la atosigaban por sorpresa desde el mundo de los espíritus. La gente creía que había sido fiel a su memoria porque había sentido una total adoración por Billy Peace. Dejaba que la gente dijese lo que quisiera. En realidad, él le había enseñado todo cuanto necesitaba saber de los hombres. No necesitaba aprender más.

P. 164: … no le gustaba que lo mirasen y nunca miraba a nadie a los ojos, a no ser que una maestra le sujetara la cabeza y lo obligara. Sacaba de quicio a las maestras blancas. En aquellos días, los indios raras veces miraban a la gente a los ojos. Incluso en estos tiempos, es algo incomodo, nada sincero sino invasivo

P. 240:

–  … yo quiero ir al instituto con Jossette y Snow…

–  Hay chicos conflitivos en ese instituto. Alcohol y drogas.

– Hay drogas en todas partes. Además, ¿recuerdas? Soy una marginada. Me odian a rabiar.

Ahora Peter se echó a reír. Maggie no era capaz ni de fingir autocompasión. No había la menor lástima en ella. Estaba orgulloso de ella y ella lo sabía.

P. 304-305: Esa era la Nola que él conocía, no la que sonreía demasiado. Esta es la dinámica de la familia, no la familia feliz fabricada sin agravios, sin ira, sin una voz más alta que otra, sin dolores consentidos, en la que él se sentía tan solo.

P. 313-314: La señal de la televisión de Romeo era tan mala que estaba seguro de que no se había consultado a Condoleezza antes de anunciar el inicio de la guerra… Qué inútil, pensó Romeo. No se puede impedir que la gente amante de la guerra haga lo que más le gusta hacer. Además, frugalidad. Esas bengalas gigantes seguramente iban a caducar en una semana.

Y una receta de ensalada de patatas que viene en el libro

P. 356-357: La víspera había tenido a Hollis y a Coochy pelando dos sacos de nueve kilos de patatas cada uno. Ella las había troceado y cocinado, sin que se deshicieran. Había dejado que las patatas se enfriaran por la noche en grandes barreños y marinaran en aceite, vinagre, sal, pimienta y cebolla picada… Con sumo cuidado fue incorporando mahonesa mezclada con suficiente mostaza como para darle un llamativo color dorado. Pero sin pasarse para que no tuviera demasiado sabor a mostaza. Cortó en pequeños dados dos tarros de pepinillos y también los añadió. Snow había hervido una docena de huevos y los metió en agua fría para evitar que las yemas se tornaran verdosas. Ahora vertían sobre la masa grumosa y amarilla… los huevos sazonados con un poco pimiento. Josette pinchó una patata que sobresalía. Se la comió. Asintió a la ensaladera con una mueca sabia y pausada.

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