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La puerta, de Magda Szabó

Sesión 80 (3 de abril de 2018)

Magda Szabó (Debrecen, Hungría, 1917- Budapest, Hungría, 2007)

La puerta / Magda Szabó. — Barcelona : Debolsillo, 2017.– 313 p.

“Magda Szabó relata en La puerta su relación con Emerenc Szeredás, la fascinante heroína de esta novela. Si bien la fuerte personalidad de Emerenc cohíbe en un primer momento a la escritora, poco a poco se irá desvelando como un ser extraordinario: bondadosa, ejemplar y a la vez severa, representa el esfuerzo del ser humano por vivir una existencia digna y que sirva de ayuda a otros. No obstante, nunca acepta nada a cambio y prohíbe terminantemente que nadie cruce la antecámara y penetre en su casa y su intimidad. Magda Szabó será la única invitada a atravesar el umbral y a descubrir su secreto.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

El libro gustó a muchas de las integrantes del grupo de lectura pero no tanto a algunas otras, que dijeron que les parecía que se trataba de una historia un tanto incoherente y poco creíble, lo que no deja de ser curioso pues en realidad se supone que no se trata de una obra de ficción sino que la escritora Magda Szabó narra en la misma su relación con Emerenc, la mujer que durante veinte años estuvo a su servicio y al de su marido, el también escritor y traductor Tibor Szobotka.

Siguiendo con la apreciación del libro por parte del grupo, comentar que alguien señaló en la reunión que nos encontrábamos en el mismo con una relación claramente dicotómica en la que se enfrentan prototipos de carácter hija/madre, burguesa/proletaria, intelectual/persona primaria, artista -escritora, en concreto-/criada. Y es que, como la propia Emerenc afirma en la narración, el mundo se divide en dos tipos de personas: las que barren y las que mandan barrer.

En mi opinión sí que se trata de una relación totalmente creíble. De hecho, una amiga que había leído el libro antes me había comentado que le había ‘enganchado’ desde el primer momento la historia, y que, alternativamente, le había ido cayendo mal una de las protagonistas y bien la otra, y en el capítulo siguiente a la inversa. Las había vivido, pues, como seres reales, no de ficción.

Así, la narración trata de la relación entre dos mujeres muy diferentes entre sí que, sin embargo, se quieren y se complementan, si bien la peor parte se la lleva, como es habitual, la persona que sirve, la que está, en principio, en inferioridad de condiciones, aunque en este caso sea la más fuerte.

Otra virtud de la obra es que cuenta magistralmente ‘el tiempo de ayer’ en un barrio de Budapest de la Hungría comunista, en la que, como se deja traslucir en la obra, el régimen no fue tan autoritario y cruel como en otros lugares del entorno soviético. Salvando las distancias, yo afirmaría que se llega a sentir como cercana a tu propia experiencia la vida cotidianidad del lugar y del vecindario que lo habita.

En lo negativo de la narración mencionar el trato de Emerenc hacia los animales, a los que adora y cuida amorosamente, sí, lo que no le impide maltratarlos en ciertos momentos, cuestión que no parece cuestionar la autora de la obra. Se entiende, pues, que una animalista del grupo de lectura no soportara alguna escena, lo que incluso le llevó a interrumpir la lectura del libro. En descarga de la situación, si es que se puede admitir alguna, decir que se trataba de otros tiempos en los que, quizá, la conciencia de los derechos de los animales no estaba tan arraigada como en la actualidad, si bien aún es totalmente insuficiente e incluso es peor que antes, como se observa, por ejemplo, con el trato de los animales destinados al consumo humano.

Y algo curioso, pero no tanto: a pesar de que la autora es un escritora de renombre y finalmente de gran éxito en su país, parece que la responsabilidad de la buena marcha de las cuestiones domésticas recae sobre ella en su totalidad y no también sobre su marido -que, por otro lado, en la obra se muestra como un hombre inteligente y respetuoso, hay que decir-, que parece estar por encima de obligaciones casi invariablemente femeninas.

Y para investigar: una compañera comentó que la historia le había recordado remotamente, pues nada tiene que ver, a Canción dulce, de Leila Slimani, recientemente leída por el grupo de lectura, o a La canción de Dorotea, de Rosa Regás. Interesante también sería, dijo otra compañera, investigar sobre el mito de Agamenon y su relación, quizá, con el contenido de la obra, dado que la autora lo menciona en alguna ocasión a lo largo de la misma.

Citas del libro

P. 97 [Habla primero Emerenc y después la autora]:

-Usted es ciega, y tonta, aparte de cobarde. -Enumeró mis defectos-. Yo no sé por qué la quiero, solo Dios lo sabe, pero que conste que no se lo merece…

un fuerte impulso casi me empuja a correr detrás de la vieja, pero me contuve y reflexioné: en definitiva, no debería consentir que ella manifestara sus sentimientos de forma tan desmesurada y brusca. Hacía falta que aprendiese a modularlos un poco más. Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía: que el cariño es una emoción desarticulada por excelencia, y por eso se resiste a ser dosificada con prudencia. Es inútil pretender regular cómo debe encauzar cada uno sus afectos: no hay fórmulas que valgan.

p. 177 [Habla Emerenc]: “… Llegó de noche, con la luna llena, y aunque llevaba una ropa extraña lo reconocí enseguida. Hay momentos en que una ve con el corazón…

P. 229: “... En vez de quedarme con ella, pensé con amargura, había preferido montar en el coche de la televisión para correr, hechizada, en pos del resplandor del premio, creyendo que de ese modo podría huir de la enfermedad, la vejez, la soledad y el desamparo.

P. 241: “... Ella era nuestro ejemplo vivo, la protectora de todos, generosa, pródiga con su delantal almidonado con la faltriquera siempre rebosante de caramelos, con su bolsillo del que asomaban como palomas pañuelos blancos de lienzo; era la reina de la nieve, la seguridad, las primeras cerezas del verano, la primera castaña que caía madura del árbol en otoño, las dulces calabazas al horno en invierno y el brote verde primaveral en el seto del jardín. Emerenc era pura, invulnerable, siempre daba lo mejor de sí; era ella misma y todos nosotros, o más bien como nos hubiera gustado ser a nosotros…

P. 278: “… La capacidad creativa requiere el impacto de emociones fuertes, dulces y amargas a la vez, unidas a un estado de serenidad; y yo, aunque en aquella época experimentara tal amalgama de sensaciones , no tenía la suficiente paz interior para encauzarlas…

P. 298: “… Si bien es cierto que la humanidad hace tiempo que ha conquistado las estrellas y que las generaciones venideras no se acordará ni remotamente de nuestra época primitiva en la que librábamos nuestras miserables contiendas particulares y comunitarias a cambio de una taza de chocolate, como críos en una guardería infantil, aun en ese supuesto futuro, tendrá sentido salvar a las personas que ya no tienen un lugar en este mundo…

P. “... todos los negocios privados del barrio cerraron con ocasión del funeral: el taller del zapatero, la frutería, la tintorería, el aguador de soda, el sastre, el puesto de la remendona de medias, la pastelería , la consulta de la podóloga y el peletero. Cada uno colocó su cartel en la puerta de su tienda: CERRADO POR ASUNTOS FAMILARES HASTA LAS 2 DE LA TARDE. ESTAMOS DE ENTIERRO-. El letrero del zapatero fue el más conciso de todos: E-M-E-R-E-N-C…

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Del color de la leche, de Nell Leyshon

Sesión 71 (4 de abril de 2017)

Nell Leyshon (Somerset, Inglaterra, 1962- )

Del color de la leche / Nell Leyshon ; prólogo de Valeria Luiselli ; traducción de Mariano Peyrou.– 9ª ed.– Coyoacán [México] ; Madrid : Sexto Piso, 2016.– 174 p.– (Narrativa Sexto Piso)

“Mary, una niña de quince años que vive con su familia en una granja de la Inglaterra rural de 1830, tiene el pelo del color de la leche y nació con un defecto físico en una pierna, pero logra escapar momentáneamente de su condena familiar cuando es enviada a trabajar como criada para cuidar a la mujer del vicario, que está enferma. Entonces, tiene la oportunidad de aprender a leer y escribir, de dejar de ver sólo un montón de rayas negras en los libros. Sin embargo, conforme deja el mundo de las sombras, descubre que las luces pueden resultar incluso más cegadoras, por eso, a Mary sólo le queda el poder de contar su historia para tratar de encontrar sosiego en la palabra escrita.”

Valoración

Lo primero que se me ocurre decir de este libro es que se lee como quien bebe un vaso de agua. Esto más o menos fue lo primero que comentamos las asistentes a la reunión en torno al mismo, todas de acuerdo en que nos había encantado su lectura, cosa que no suele ser muy habitual.

Y es que la obra es simple y compleja a la vez, de una simplicidad compleja, podríamos decir: simula estar escrito con los escasos recursos literarios de una joven campesina que ha aprendido a leer y escribir recientemente y sin embargo el interés no decae un solo momento.

Con la gran virtud de que, como comentó una compañera, da voz a un tipo de personaje sin presencia de primera mano en la historia de la literatura por la sencilla razón de no haber tenido nunca la oportunidad de acercarse a la cultura escrita por el analfabetismo ancestral de su medio social de procedencia. Mary, la protagonista, es quien narra su historia en primera persona, seleccionando lo qué cuenta y cómo lo cuenta. Y lo hace de maravilla.

Un personaje, por cierto, que encandila por su fuerza, frescura, energía, desparpajo, alegría, naturalidad, valentía, inteligencia natural, animalidad… Es salvaje, se afirmó en la reunión en varias ocasiones, sin asignarle sentido peyorativo alguno al término. Y es trágico, no se puede obviar, no por sus características físicas -vividas sin victimismo ni complejos- sino por sus condicionantes vitales y sociales.

En conclusión: una lectura absolutamente recomendable, que deleita por su dinamismo y que conmueve, a la vez, al mostrar un “escenario permanente de violencia hacia las mujeres, por todos los motivos posibles”, como comentó por escrito una compañera que no pudo asistir a nuestra cita mensual.

No en vano, a este libro le concedieron el prestigiso Premio Libro del Año 2014 del Gremio de Libreros [y Libreras] de Madrid.

Citas

p. 34-38: “… y entonces el abuelo me preguntó si sabía qué día era al día siguiente.

yo nunca sé qué día es, dije yo.

domingo de pascua, dilo él.

entonces hay que ir a la iglesia.

deberías levantarte pronto antes de ir a la iglesia, dijo él. sube a la colina y mira cómo sale el sol desde ahí arriba.

¿y por qué iba a hacer eso?, le pregunté.

porque entonces todo lo que quieras se va a cumplir el año que viene.

¿todo?

todo.

me daba miedo dormir por si me despertaba tarde y ya había amanecido el nuevo día y me lo perdía.

tuve que calcular cuándo era la hora de salir y entonces salí de la cama sin hacer ruido y me puse el vestido y el chal…

seguí por el sendero y después trepé por encima de la puerta para ir a través de la colina.

el cielo estaba empezando a ponerse más claro…

y cuando estaba en la cima… el cielo empezó a levantarse por encima… y las nubes se volvieron pequeñas y se fueron y el cielo se puso más claro y las estrellas se apagaron.

entonces el sol salió por encima de la tierra y el nuevo día había llegado.

yo me daba la vuelta una y otra vez y miraba el paisaje. enfrente. atrás. por todos partes…

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