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La Triunfante, de Teresa Cremisi

Sesión 85 (8 de enero de 2019)

Teresa Cremisi (Alejandría, 1945-   )

La Triunfante / Teresa Cremisi– Barcelona: Anagrama, 2016.– 191 p.

Ésta es la historia de una niña de padre italiano y madre con pasaporte inglés, que creció en la Alejandría cosmopolita de la posguerra... En 1956, cuando era ya era una adolescente, la crisis del canal de Suez en el Egipto de Nasser la arrancó de su paraíso: la familia tuvo que emigrar, el padre se arruinó y a la madre le costó mucho adaptarse a su nueva vida en Milán. Algunas lecturas ayudaron a la joven protagonista a asentarse en un mundo en el que ya por siempre sería una extranjera: Stendhal, Conrad, Proust…, y también las aventuras de Corto Maltés, el marinero errante, y los poemas de Cavafis, habitante de Alejandría... Ya en París –donde vive el amor y el éxito profesional–, descubrirá la historia de La Triunfante, una corbeta francesa del siglo XIX que surcó el océano Pacífico para tomar posesión de las islas Marquesas, otro paraíso perdido, otro sueño de aventura portuaria.” (Anagrama)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

“… si se fían de una servidora y les gusta la literatura con mayúscula, elijan las memorias de una editora, La Triunfante, de Teresa Cremisi”. Así decía Heide Braun, ‘conductora’ de la librería Sidecar, en su Cartita número 152 de julio 2017 [más información sobre Sidecar y sus cartitas en la entrada de este blog dedicada a Los libros del 2018 (y algunos de años anteriores)].

Y así hemos leído algunas de las integrantes del grupo de lectura esta novela de clara inspiración autobiográfica, si bien hubo otras que opinaban de forma diferente y hablaron -más o menos, no son citas literales- de literatura ligera que se leía bien pero que no les había dejado gran poso (a mí desde luego me pasó lo contrario y terminé la obra emocionada); que se trataba de un personaje no demasiado interesante por ser de la ‘buena sociedad’ y por tanto sin grandes problemas económicos o de cualquier otro tipo (sin embargo otra compañera comentó que quizá sea más difícil sobreponerse a un cambio de la fortuna que ser siempre pobre y que la protagonista todo lo que había alcanzado en su vida adulta se debía a sus propios méritos, nada heredó de la familia pudiente en su día); que la protagonista era fría, que no se implicaba en las relaciones (muy interesante la palabra ‘apatheia‘ -“en el estoicismo, el estado mental alcanzado cuando una persona está libre de alteraciones emocionales”, según la Wikipedia-, citada por una compañera a colación de este comentario y en relación a la cultura del lugar de nacimiento de la protagonista -y de la propia autora-); incluso se dijo que su actitud podía considerarse hasta ‘sumisa’ (aunque también se podría entender como prudente y aquí recomiendo leer especialmente la cita de la página 117, recogida más abajo); o que habiendo sido la escritora editora de las emblemáticas editoriales francesas Gallimard o Flammarion bien podría haber contado jugosas anécdotas de las autoras y autores con los que había tratado (si bien otras preferíamos que se hubiera ceñido a sus experiencias vitales más que extenderse en otras historias).

En fin, que me atrevo a decir que se trata de un libro cuya lectura puede dejar huella por el conocimiento de la vida y de la cultura que muestra, aderezado con un cierto humor que aligera su lectura. Pero, como en todo en la vida, hay diversas opiniones y todas son igualmente válidas y respetables.

Mencionar como otros aspectos de interés los diversos paisajes por los que transita la protagonista, sus planteamientos en relación a la lengua y la elección del que quiso que fuera su idioma -cosa que usualmente nos viene dado-, o la mención de los libros más importantes en su vida, como son ‘La Cartuja de Parma’ de Stendhal, ‘Antonio y Cleopatra’ de Shakespeare, ‘La línea de la sombra’ de Conrad, ‘La lengua absuelta’ de Canetii, o los poemas de Cavafis, con uno de los cuales finaliza esta ‘autobiografía’ encubierta (ninguno de mujeres, cabe señalar…).

Acabar esta reseña con la siempre rica visión del libro de nuestra compañera Encina, que tuvo la gentileza de remitir por escrito dado que no iba a poder asistir a la reunión:

La novela me ha encantado por varias razones.
En primer lugar por su estilo fluido y elegante; las palabras son simples y bien escogidas. Su escritura me resultó poética, sincera y con destellos de humor. Ya desde la primera línea me atrapó «Tengo una imaginación portuaria… aves marinas» (p. 9). Y así seguí atrapada hasta el final, por ejemplo p. 173 con la metáfora de los animales (delfín, tigre de bengala, erizo de mar) que acompañan las etapas de la vida.” (acceso a la crítica completa pulsando aquí)

Citas

P. 66-67: Hay un pasaje de La Cartuja de Parma que me encanta. Gina da consejos a Fabrice, y le transmite fielmente las ideas del conde Mosca, como viático antes de su marcha a la Academia…

Podría ser un buen comienzo para un tratado de supervivencia:

«… el conde, que conoce bien la Italia actual me ha encargado que te diga algo. Cree, o no creas, lo que te enseñan, pero no les lleves la contraria nunca. Imagínate que te enseñan las reglas del whist; ¿harías objeciones a esas reglas del whist?» Y más adelante: «La segunda cosa que el conde me encargó decirte es la siguiente: si se te ocurre una idea brillante, una réplica victoriosa para cambiar el hilo de la conversación, no se te ocurra ceder a la tentación de deslumbrar, sigue callado; la gente aguda verá tu talentos en tus ojos. Ya tendrás tiempo de tener talento cuando seas obispo.»

¡Ah, cuánto me gustaba también ese conde Mosca! Su moral era flexible, su juicio siempre despejado y su acción decidida. Estas cualidades no entraban en contradicción con su bondad y su tolerancia: sabía amar.

P. 96-97: Desde siempre, ya sea en la localidad donde vivo o en una ciudad de paso, la gente me aborda por la calle para preguntarme una dirección […] Thomas decía que yo era reconfortante, que todo el mudo sentía ganas de hablarme. Que inspiro confianza. Otros me lo han confirmado.

En mi opinión, es porque doy la impresión de saber adónde voy. Con la edad, se ha vuelto casi cierto, pero durante muchos años eso ha sido tan desatinado como preguntarle la dirección a un niño perdido…

P. 82: Tardé mucho en comprender que el hecho de ser mujer era, como suele decirse, un hándicap; no me había pareado a pensar en la evidencia de que era difícil proyectar un destino similar al de Lawrence de Arabia perteneciendo al sexo femenino […] la diferencia hombre-mujer estaba enmascarada por la verdadera división, que era social; se nacía o bien entre los autodenominados occidentales acaudalados, o bien entre el pueblo llano que vivía poco más o menos como en tiempos bíblicos…

P. 92-93: Justo al final de la década de 1960, apareció […] una breve antología de poemas de Constantino Cavafis […]

Su lectura producía la sensación física del tiempo transcurrido, del polvo acumulado, las paredes erosionadas por el viento…

P. 97: Casi cuatro años duró la aventura de la imprenta. Me exigió mucho esfuerzo, y empleé las armas de que disponía: curiosidad y nervios bien templados.

P. 99: Fue en Lugano, durante un verano -recuerdo el color de mis alpargatas-, cuando empecé a darme cuenta de que mi madre respiraba cada vez con mayor dificultad […]

Fue también en Lugano, una fría primavera -recuerdo mi impermeable azul con capucha-, donde tuvo lugar una escena silenciosa en una cafetería…

P. 117: Me había convertido en la mujer que no habría debido ser.

Nunca triunfante, siempre prudentemente disimulando: nunca orgullosa y directa, siempre un tono por debajo y campeona del eslalon; nunca tajante, a menudo humilde, a veces incluso penosamente sumisa. Mi impaciencia ahogada, mi carácter reprimido y mis sueños anestesiados.

P. 139-140: Giacomo [pareja de la protagonista] había hecho más ligera mi vida […] Gracias a él, había encontrado por fin mi juventud.

Poco a poco, fui abandonando mis acrobacias para gustar sin gustar demasiado, para expresarme sin hablar demasiado. Los seres a quienes había conocido seguían formando parte con frecuencia de una historia borrosa sobre la que tenía poca influencia. Pero él sí era real. Estaba contento de despertarse a mi lado, contento de pasear conmigo; nunca se inquietaba si llegaba con retraso; se alegró de llevarme por la escalera cuando me romí el pie; era libre de reírse o de aburrirse sin disimulo con mis palabras. No se preocupaba con psicologías, no disecaba mis gestos o mis palabras. Su cuerpo hablaba al mío con sencillez…

P. 149: Casi grité de entusiasmo: «¡Mira, mamá!», dirigiéndome a Giacomo . Me abrazó, me levantó y me besó: «¡Doble lapsus!Una mujer normal habría dicho: “¡Mira , papá!”»

P. 152: Años después me toparía por casualidad con el dosier que el gabinete de cazadores de talentos había suministrado al consejo de administración y que había sido decisivo para mi contratación… decía que yo carecía… de cualquier competencia financiera y de una preparación universitaria especifica, pero se basaba en tales carencias para ensalzar mis inmensas capacidades para rodearme de la gente adecuada, mi ausencia de susceptibilidad, mi gusto por el esfuerzo, etc.

P. 155: Una amiga […] me dijo un día […]: «La cincuentena es la vejez de la juventud, mientras que la sesentena es la juventud de la vejez.»

P. 157: Es una época ligada a la sensación de que los hilos de mi vida, muy ceñidamente trenzados mientras Giacomo vivió conmigo en la calle Monsieur-le-Prince, se soltaban y se deshacían, uno tras otro. Quedaba el fuerte vínculo que mantenía con mi trabajo y el que me unía a Francia y a la lengua francesa. Decididamente, ésos habrán sido los puntos de apoyo de mi vida.

p. 172: Vivo aquí [en Atrani] más de seis meses al año. Me reúno con Giacomo en Milán cuando comienza a llover de verdad y los días se hacen demasiado cortos. En otoño, pasamos quince días en París: paseos, inspecciones de reconocimiento y, a veces, buenas sorpresas. El desahogo económico permite que el final de la vida sea placentero si conseguimos no asfixiarnos de nostalgia.

p. 174-176: Siempre me ha asustado la pasión amorosa […] No me he olvidado de Pierre […] tenía once años y yo nueve o diez, creo: no paraba de decirme que me amaba, que se casaría conmigo cuando fuéramos mayores. Yo le decía que, cuando fuera mayor […] que no pensaba casarme, que todas las aventuras que me aguardaban me impedirían hacerlo […]

-Y, entonces, ¿si me amaras qué harías?

-Por ti, cualquier cosa.

-¿Podrías comerte esta lombriz?

-Sí.

Se la ofrecí […] Pierre se tragó la lombriz[…] Me quedé horrorizada. Había provocado algo espantoso. Yo era un monstruo[…] El amor era una catástrofe. El amor hacía cometer horrores. Nunca querría saber nada de eso.

[…]

Es un hándicap: nunca supe lo que era ser «una enamorada», eso que generalmente llamamos, con un suspiro, «una gran enamorada». Desde luego, tuve amigas que, en opinión de sus allegados, entraban en esa categoría, pero no puedo imaginarme con claridad qué es lo que significa desde dentro. Mujeres intensas, enormemente sensibles, prendadas por un amor absoluto. Si fuera un hombre con más de treinta años cambiaría de acera, saltaría a un taxi, ¡para mí la libertad! En cambio, si fuera una mujer… Vaya, otra vez empiezo a hablar de las mujeres como si no me concerniera. No consigo superarlo. Bueno, soy una mujer, habrá que admitirlo de una vez por todas; me rebelo instintivamente cuando se me enfrenta a esa evidencia, pero es un error, una debilidad, me declaro culpable. El meollo del asunto tal vez resida en mi poca afición por los toboganes afectivos que las historias de amor llevan aparejados. Pasión, ardores, sofocos, tormentos, lágrimas.

[…] no entiendo que se sufra por sufrir.

Mi forma de amar es primitiva: posible o imposible, gloriosa o trágica. Los estados intermedios me parecen superfluos…

P. 178: Cuando me instalé aquí [en Atrani], durante algunas semanas tuve la pretensión de «ser útil». Intenté poner en marcha actividades para niños y adultos, eventos culturales […] Pero nada funcionó realmente […] A posteriori, a mí misma me pareció estrafalaria la idea de adaptar a Shakespeare en una pequeña localidad habituada a los comadreós, lo gritos y los helados de limón. Me amoldé y cogí el ritmo adecuado: aquí todo se hace o deshace sin que intervenga la voluntad de nadie.

P.181: … Compruebo que uno de los problemas de la vejez, salvo en caso de enfermedad o de reblandecimiento cerebral, es que envejecimos jóvenes e, incluso, morimos jóvenes. La juventud regresa como un chorro de aire cálido porque la presión social se evapora

P. 182: Sentada en mi mesa del rincón conectado de la plaza, todas las tardes […] me entrego a mi placer del momento: la búsqueda en Internet. Para mí, ahora hay pocas cosas tan entretenidas […] El mecanismo de los motores de búsqueda es el mismo que el de la memoria. Un ovillo monstruoso. Hay que tirar de los hilos adecuados, lanzar asociaciones de palabras, invertilas, desplazarlas enriquecerlas; y luego anudar y trenzar. Aprender a sobrevolar los resultados repetitivos, y reactivar la búsqueda cuando se obtiene algo interesante o realmente nuevo. Cuanto más se investiga, más novelesco resulta. Avanzas a través de un bosque frondoso…

P. 191: No habré escrito ninguna coma de la Historia, nada habrá alterado ni añadido mi existencia al destino del mundo […]

Pero este mundo lo habré mirado mucho.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

Por ahora este título es el único que ha publicado la autora.

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El color del silencio, de Elia Barceló

Sesión 84 (4 de diciembre de 2018)Elia Barceló (Elda, Alicante, 1957-   )

El color del silencio / Elia Barceló. — Barcelona: Roca, 2017.– 477 p.

“Helena Guerrero es una artista de renombre internacional, conocida por las sombras que invaden sus cuadros y que, aparentemente, reflejan un misterio de su pasado que nadie ha sabido nunca explicar. Ahora, después de muchos años viviendo en el extranjero, en Adelaida, Australia, tres sucesos conspiran para traerla de vuelta a Madrid, tres episodios que reconfigurarán su pasado y su futuro: una terapia psicológica llamada «constelación», una boda en su familia y un correo electrónico de su distanciado cuñado le darán las pistas para descubrir qué sucedió realmente con su hermana Alicia, en 1969”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Me temo que la valoración de este libro la vamos a ventilar en pocas líneas: en general la gran mayoría opinamos que estábamos ante una novela con clara vocación de superventas (no en vano en la faja del libro se recoge la siguiente cita de Julia Navarro: “Una novela que lo tiene todo para ser el libro del año”).

En lo positivo decir que a algunas de las componentes del grupo nos ha resultado entretenida y más interesante que otras obras del mismo estilo (por ejemplo que ‘El tiempo entre costuras’, de María Dueñas, o que ‘La sombra del viento’, de Carlos Ruiz Zafón). O que a algunas nos pareció un acierto la presentación panorámica inicial de la trama y los personajes principales mediante la descripción de una ‘constelación familiar‘ a la que asiste al principio de la novela Helena (con ‘h’), la protagonista de la misma (aunque a otras esta cuestión precisamente les rechinó por sonarles a algo cuando menos esotérico). O que algunas expresaron cierta simpatía por el carácter fuerte y nada complaciente de la protagonista (como se supone que no debemos ser las mujeres si queremos ser atractivas al ‘sexo opuesto’), en comparación con el de su fiel compañero, por el que otras manifestamos cierta ‘atracción’, si bien otra componente del grupo dijo que “no le ponía nada” (preguntada posteriormente por mí al respecto me respondió que le cambiara de sexo, a ver qué me parecía entonces. Tenía razón…). Alguien comentó también que la actitud de desapego de la protagonista con su hijo podría considerarse como ‘transgresora’, encontrando la oposición de quien opinaba que, en vez de dedicarse a indagar solo solo sobre sus problemas con su madre, la protagonista se debería haber ocupado más de su relación -o falta de la misma- con su propio hijo (la Maternidad, uno de los grandes -y controvertidos- temas en los que profundizar en el grupo en todas las ocasiones que haga falta). Y que el libro muestra la cruedad e inmoralidad de integrantes del bando rebelde de la Guerra Civil española -e implicados en la trama de bebés robados, agrego-, hecho que una compañera agradecía que se diera en la obra (aunque uno de los personajes es un fascista asesino, sí, pero se comporta como padre comprensivo y amantísimo). En fin, algo es algo.

En lo negativo ya se ha mencionado que percibimos una clara voluntad de la autora por escribir un bestseller: obra de misterio con protagonista cosmopolita pintora de éxito perteneciente a familia adinerada viviendo en una casa de lujo rodeada de paisajes exóticos -parte de la novela se desarrolla en una idílica mansión situada a las afueras de Tánger- (recordemos las palabras de Julia Navarro). Personajes planos, no se percibe la vida en su profundidad como en los buenos libros de verdad, dijeron compañeras. Y algunos párrafos que pueden ‘rechinar’, como por ejemplo el que hay al final de la página 97: “Era un dolor exquisito, como cuando se toca con la punta de la lengua una muela sensible.“, que tiene su continuidad en la página siguiente, que comienza de esta forma: “Podría haberse entregado a esos recuerdos tan exquisitamente dolorosos durante una eternidad…“, o la que hay sobre la mitad de la página 141 que dice así: “La idea la llevó a mirar fijamente las dos cajas cerradas que presumiblemente estaban llenas de palabras que no habrían sido escritas pensando en ella y ahora se le revelarían, se le abrirían impúdicamente de piernas, como una prostituta en un puerto oriental…“. Ni tan siquiera el hecho de que la novela esté bajo el peso de un enigma que no se rebela hasta el final parece que haya gustado mucho a la mayoría del personal pues, como dijo una componente del grupo -que se declaró gran aficionada a la novela negra-, el desenlace de la obra es perfectamente previsible, cuestión que ya habían comentado también otras compañeras.

Por no finalizar esta valoración tan negativamente, decir que a mí me parece que en el libro hay ciertas reflexiones en las que valdría la pena detenerse (mirar las citas), aunque alguna sea discutible o cuando menos matizable (como la de la página 130, y pienso en el movimiento #MeToo, por ejemplo), o, en opinión de otras componentes del grupo, la comparación que la protagonista hace entre la escritura y la pintura en una supuesta entrevista que se recoge de la página 290 a la 294, de la que extraigo el siguiente fragmento ilustrativo: “Un escritor puede ser extremadamente claro y preciso, si quiere, pero también puede ser extremadamente vago. Un pintor, por el contrario, tiene que comprometerse. Siempre. No puede mentir ni disimular. Escribiendo se puede esquivar el compromiso; hay muchos grados de vaguedad que no llaman demasiado la atención y que pueden usarse para crear diferentes efectos, pero cuando uno pinta tiene que decidirse.”. Aunque opino que también esta idea es discutible y/o matizable, como en el caso anterior, y se me viene a la cabeza, por ejemplo, la pintura abstracta o la pintura conceptual; pero este no es el tema que nos ocupa así que mejor dejar las reflexiones al respecto para otro marco más adecuado.

Bueno, parece que al final el comentario del libro ha dado más de sí de lo esperado inicialmente, tal como sucedió en la reunión en torno al mismo (curiosa y precisamente).

Citas

P. 130 [pensamientos de Marc, joven pintor que está a punto de enrollarse con la protagonista la noche de antes]: Estaba dispuesto a todo para conseguirlo [el éxito], a cualquier cosa. Eso siempre lo había sabido y la noche anterior se había presentado la primera oportunidad real de demostrarlo. No le daba ninguna vergüenza. Era una simple contraventa. Cantidades de mujeres habían pasado por lo mismo y la sociedad siempre lo había aceptado. Un genio, incluso ya anciano, se encapricha de una chica joven y guapa, ella se deja hacer y él la ayuda a llegar al lugar en el que ella siempre quiso estar. Muchas actrices habían pasado por ello, cantantes, bailarinas, presentadoras de televisión… Y muchas artistas que, arrimándose a la sombra de un gran hombre, pudieron empezar a mostrar lo que sabían hacer.

También era una práctica habitual entre homosexuales: un mentor de edad y un muchacho que empieza en la rama que sea.

¿Por qué, sin embargo, cuando se trataba de un chico y una mujer mayor la situación dejaba ese regusto tan nauseabundo? ¿Se sentiría igual si Helena tuviera teinta años? Igual sería una compraventa…

P. 349: -A veces en ciertos momentos se dicen cosas sin pensar -intentó ayudar Carlos.

-Sí, cosas que salen del corazón, esas verdades que nunca se formulan porque uno sabe que duelen demasiado, pero hay momentos en que falla el control y las palabras salen. Y lo malo es que, una vez las has pronunciado, no puedes recogerlas ya. Es como tirar un vaso de agua al suelo: no es posible recuperar el agua y que vuelva a estar en el vaso igual de transparente que antes de caer.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood

Sesión 83 (6 de noviembre de 2018)Margaret Atwood (Ottawa, Canadá, 1939)

El cuarto de la criada / Margaret Atwood. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 6ª e.– 412 p.

“Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres…

En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela —o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir— le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Hace ya un tiempo que teníamos gana en el grupo de leer esta novela -publicada originalmente en 1985-, entre otras cosas por la popularidad que ha alcanzado en los dos últimos dos años gracias a la emisión de la multigalardonada serie de televisión basada en la misma.

Como todo el mundo sabe a estas alturas, se trata de una obra de ciencia ficción distópica en la que mujeres en edad y condición de procrear son esclavizadas para ser utilizadas con dicho fin por parejas ‘pudientes’ no fértiles.

Con este argumento parece, pues, que nos encontramos ante una novela claramente ‘feminista’, si bien la propia autora aclara en la introducción de la obra que “Si eso quiere decir un tratado ideológico en el que todas las mujeres son ángeles y/o están victimizadas en tal medida que han perdido la capacidad de elegir moralmente, no. Si quiere decir una novela en la que las mujeres son seres humanos -con toda la variedad de personalidades y comportamientos que eso implica- y además son interesantes e importantes y lo que les ocurre es crucial para el asunto, la estructura y la trama del libro…En ese sentido, muchos libros son «feministas».”

Compartimos, pues, lo dicho por la autora, subrayando el hecho de que en la obra las mujeres no solo son importantes sino que son las protagonistas fundamentales de la trama, que se basa precisamente en una capacidad exclusiva del género femenino como es la de traer descendencia al mundo, algo que, paradójicamente, en vez de haber supuesto importantes beneficios para las mujeres, se ha usado a lo largo de la historia en su contra, desde las situaciones extremas que plantea esta distopía hasta otras más sutiles como el sostener que las mujeres donde están mejor es en su casa al cuidado de sus criaturas, incluso en los casos en que esto les suponga una dependencia económica absoluta y la dificultad, si no la imposibilidad, de incorporarse al trabajo remunerado pasada la época de crianza. Además de extender este rol de ‘cuidadoras’ al servicio del resto de la familia, incluyendo al marido o compañero y a las personas mayores y/o discapacitadas de la unidad familiar. Un trabajo, cómo no, sin remuneración económica, como bien argumenta la profesora y activista feminista italiana Silvia Federici.

Nos encontramos, pues, ante una obra de ciencia ficción que basa su argumento en una de las raíces del patriarcado -intuyo que la principal-, régimen que busca la sumisión de las mujeres en pos de unos servicios a la comunidad que le son ‘naturalmente’ (?!) propios y para lo que el sector dominante cuenta con otras mujeres como cómplices para adoctrinar y/o aprovecharse de las que están en una posición más débil, mujeres cómplices que previamente han sido víctimas, a su vez, de adoctrinamiento para que vean estas situaciones de inferioridad femenina como ‘normales’, ‘naturales’.

Se menciona esto porque la novela muestra lo que podríamos denominar como falta de ‘sororidad‘ entre la mayoría los personajes femeninos que aparecen en ella, siendo curioso que esta palabra, divulgada bastante más tarde por la antropóloga mexicana feminista Marcela Lagarde, sale ya en este texto de 1985 como una propuesta de Luke, pareja inicial de la protagonista, como equivalente femenino al de ‘fraternidad’ (véase cita de las páginas 34 y 35).

Cosas que se dijeron en la reunión sobre la obra:

-Magnífica, en su contención

-Conmovedora

-Aterradora, terroríficamente actual (véase, si no, las ideas defendidas por líderes políticos actuales de dentro y fuera de nuestras fronteras)

Una compañera, no obstante de haber expuesto con anterioridad que la obra le había llegado profundamente, comentó que le extrañaba que en la misma la autora no hubiera aprovechado para argumentar cómo es precisamente el capitalismo, y las dificultades que el mismo supone a la hora de ser madre, el causante principal de la baja tasa de maternidad de las mujeres en la actualidad (en el texto se habla de ‘pereza’ de las mujeres -véase la cita de la página 164-, pero nada se dice de en este sentido).

En fin, se puede decir que en general pensamos que estamos ante una obra de ‘aterradora’ actualidad, que además de con las políticas retrógradas y contra las mujeres que algunos sectores de la sociedad pretenden imponer, se puede enlazar con otro tema tan del momento como es el de la maternidad subrogada, que está dando lugar a la creación de granjas de mujeres en países pobres para tener un mercado de bebés disponible que dé respuesta a la demanda de los países ricos.

Decir también que la obra crea un universo onírico de una estética inquietante, basado en gran medida en unas vestiduras femeninas recatadas y estereotipadas según la posición en la sociedad, procedentes de la iconografía religiosa occidental según explica la autora en la introducción de la obra, un texto verdaderamente interesante, donde además de sobre el carácter feminista o no de la novela, Margaret Atwood también clarifica la posición de la misma respecto de la religión o sobre si se trata o no de una predicción del futuro que nos espera.

En la parte menos positiva, comentar que alguna de las componentes del grupo de lectura sostuvieron que la obra no estaba a la altura de otras del género (como por ejemplo ‘1984’, de George Orwel, o ‘Un mundo feliz’, de Aldoux Husley, si bien estamos hablando de cumbres de este tipo de literatura) y que quizá en algunos momentos la lectura se puede hacer un poco tediosa, sobre todo para quienes no nos declaramos seguidoras de la literatura fantástica. Apostillar también que algunos comentarios que expresa la protagonista de la obra más que en su propia voz suenan como en la voz de la autora, lo cual puede resultar un poco chocante (ver citas de las páginas 114 y 314).

No obstante lo dicho en el párrafo anterior, como se puede deducir del resto de los comentarios recomendamos vívamente la lectura de esta novela, también a modo de vacuna ante la que se ha demostrado falsa creencia de que todos los derechos de las mujeres han sido logrados de forma permanente y definitiva por la sociedad occidental.

Y es que ya lo decía Susan Faludi cuando publicó ‘Reacción: la lucha declarada contra la mujer moderna‘ (1991) que la lucha de las mujeres por su liberación se asemejaba al hecho de limpiar el polvo, que cuando lo llevas a cabo piensas que se trata de una tarea superada definivamente pero al poco tiempo compruebas que el polvo se ha depositado de nuevo sobre los muebles y tienes que empezar a limpiar de nuevo.

Habrá, pues, que seguir trabajando por el establecimiento real y efectivo de los derechos de las mujeres y la consolidación de los mismos de nuestro entorno inmediato. Y practicar la sororidad en nuestro entorno inmediato y dentro y fuera de nuestras fronteras.

Citas de la obra

P. 34-35: Confraternizar significa comportarse como con un hermano. Me lo dijo Luke. Dijo que no existía ningún equivalente de comportarse como una hermana. Según él, tenía que ser sororizar, del latín…

P. 52: En aquel entonces las mujeres no estaban protegidas.

Recuerdo las reglas, reglas que no estaban escritas pero que cualquier mujer conocía: No abras la puerta a un extraño… No te pares en la carretera a ayudar a un motorista que parezca tener un problema… Si alguien silba, no te vuelvas para mirar. No entres sola de noche en una lavandería automática.

P. 65: Lo normal, decía Tía Lydia, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.

P. 94: Nada cambia en un instante: en una bañera en la que el agua se calienta poco a poco, uno podría morir hervido sin tiempo de darse cuenta siquiera. Por supuesto, en los periódicos aparecían noticias: cadáveres en las zanjas o en el bosque, mujeres asesinadas a palos o mutiladas, mancilladas, solían decir; pero eran noticias sobres otras mujeres… La noticias de los periódicos nos parecían sueños o pesadillas soñadas por otros. Qué horrible, decíamos, y lo era, pero sin ser verosímil. Sonaban excesivamente melodramáticas, tenían una dimensión que no era la de nuestras vidas.

P. 114: Este lavabo era para los chicos… Vuelvo a asombrarme por la desnudez que caracteriza la vida de los hombres: las duchas abiertas, el cuerpo expuesto a las miradas y las comparaciones, las partes íntimas exhibidas en público. ¿Para qué? ¿Tiene algún propósito tranquilizador? La ostentación de un distintivo común a todos ellos, que les hace pensar que todo está en orden, que están donde deben estar. ¿Por qué las mujeres no necesitan demostrarse las unas a las otras que son mujeres? Cierta manera de desabrocharse, de abrir la entrepierna despreocupadamente. Como cuando los perros se olisquean.

P. 115: … Otra vez he fracasado en el intento de satisfacer las expectativas de los demás, que han acabado por convertirse en las mías.

P. 124 [Defred sobre Serena Joy, la esposa del comandante en cuya casa ‘sirve’]: Incluso a su edad experimenta el deseo de adornarse con flores. Es inútil, le digo mentalmente..., ya no puedes usarlas, te has marchitado. Las flores son los órganos genitales de las plantas; lo leí una vez en alguna parte.

P. 133: … Él tiene algo que nosotros carecemos: tiene la palabra. Cómo la malgastábamos en otros tiempos.

P. 124 [Habla la madre de Defred]: Vosotros los jóvenes no sabéis apreciar lo que tenéis… No sabéis por lo que hemos tenido que pasar para conseguir que estéis donde estáis. Ahí lo tienes, pelando zanahorias. ¿Sabéis cuántas vidas de mujeres, cuántos cuerpos de mujeres han tenido que arrollar los tanques para llega a esta situación?

P. 164: Por supuesto, algunas mujeres creían que no habría futuro, pensaban que el mundo estallaría. Es la excusa que ponían, dice Tía Lydia. Sostenían que carecía de sentido tener descendencia. A Tía Lydia se le dilataban la fosas nasales: cuánta perversidad. Eran unas perezosas, añadía. Unas puercas.

P. 301: Les hemos dado más de lo que les hemos quitado, dijo el Comandante. Piensa en los problemas que tenían antes. ¿Acaso no recuerdas los bares para solteros, la indignidad de las citas a ciegas en el instituto o la universidad? El mercado de la carne. ¿No recuerdas la enorme diferencia entre las que conseguían fácilmente un hombre y las que no? Algunas llegaban a la desesperación, se morían de hambre para adelgazar, se llenaban los pechos de silicona, se hacían recortar la nariz. Piensa en la miseria humana.

P. 309: … Cuanto más difícil nos resultaba amar al hombre que teníamos al lado, más nos empeñábamos en creer en el Amor, abstracto y total. Siempre esperábamos una encarnación. Esa palabra hecha carne.

Y en ocasiones ocurría, por una vez. Esa clase de amor viene y se va, y después es difícil recordarlo, como el dolor. Un día mirabas a ese hombre y pensabas: Yo te amaba, y lo pensabas en tiempo pasado, y te sentías maravillada, porque era una tontería, algo sorprendente y precario….

P. 316: … Sin embargo, hay algo seductor en esta prenda, encierra el pueril atractivo de engalanarse. Y sería tan ostentoso, una burla a las Tías, tan pecaminoso, tan libre… La libertad, como todo lo demás, es relativa.

P. 323-324: … Tal vez ha alcanzado ese estado de intoxicación que, según se dice, inspira el poder, ese estado que hace que algunos se sientas indispensables y crean que pueden hacer lo que les venga en gana.

P. 324 [Defred habla con el comandante en cuya casa ‘sirve’]:

-Creía que esas cosas estaban prohibidas -comento.

-Oficialmente, sí -reconoce-; pero, al fin y al cabo, todos somos humanos.

-¿Y eso qué significa?

-Significa que es imposible escapar a la naturaleza -asegura-. En el caso de los hombres, la naturaleza exige variedad. Es lógico, forma parte de la estrategia de la procreación. Es el plan de la naturaleza…

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La puerta, de Magda Szabó

Sesión 80 (3 de abril de 2018)

Magda Szabó (Debrecen, Hungría, 1917- Budapest, Hungría, 2007)

La puerta / Magda Szabó. — Barcelona : Debolsillo, 2017.– 313 p.

“Magda Szabó relata en La puerta su relación con Emerenc Szeredás, la fascinante heroína de esta novela. Si bien la fuerte personalidad de Emerenc cohíbe en un primer momento a la escritora, poco a poco se irá desvelando como un ser extraordinario: bondadosa, ejemplar y a la vez severa, representa el esfuerzo del ser humano por vivir una existencia digna y que sirva de ayuda a otros. No obstante, nunca acepta nada a cambio y prohíbe terminantemente que nadie cruce la antecámara y penetre en su casa y su intimidad. Magda Szabó será la única invitada a atravesar el umbral y a descubrir su secreto.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

El libro gustó a muchas de las integrantes del grupo de lectura pero no tanto a algunas otras, que dijeron que les parecía que se trataba de una historia un tanto incoherente y poco creíble, lo que no deja de ser curioso pues en realidad se supone que no se trata de una obra de ficción sino que la escritora Magda Szabó narra en la misma su relación con Emerenc, la mujer que durante veinte años estuvo a su servicio y al de su marido, el también escritor y traductor Tibor Szobotka.

Siguiendo con la apreciación del libro por parte del grupo, comentar que alguien señaló en la reunión que nos encontrábamos en el mismo con una relación claramente dicotómica en la que se enfrentan prototipos de carácter hija/madre, burguesa/proletaria, intelectual/persona primaria, artista -escritora, en concreto-/criada. Y es que, como la propia Emerenc afirma en la narración, el mundo se divide en dos tipos de personas: las que barren y las que mandan barrer.

En mi opinión sí que se trata de una relación totalmente creíble. De hecho, una amiga que había leído el libro antes me había comentado que le había ‘enganchado’ desde el primer momento la historia, y que, alternativamente, le había ido cayendo mal una de las protagonistas y bien la otra, y en el capítulo siguiente a la inversa. Las había vivido, pues, como seres reales, no de ficción.

Así, la narración trata de la relación entre dos mujeres muy diferentes entre sí que, sin embargo, se quieren y se complementan, si bien la peor parte se la lleva, como es habitual, la persona que sirve, la que está, en principio, en inferioridad de condiciones, aunque en este caso sea la más fuerte.

Otra virtud de la obra es que cuenta magistralmente ‘el tiempo de ayer’ en un barrio de Budapest de la Hungría comunista, en la que, como se deja traslucir en la obra, el régimen no fue tan autoritario y cruel como en otros lugares del entorno soviético. Salvando las distancias, yo afirmaría que se llega a sentir como cercana a tu propia experiencia la vida cotidianidad del lugar y del vecindario que lo habita.

En lo negativo de la narración mencionar el trato de Emerenc hacia los animales, a los que adora y cuida amorosamente, sí, lo que no le impide maltratarlos en ciertos momentos, cuestión que no parece cuestionar la autora de la obra. Se entiende, pues, que una animalista del grupo de lectura no soportara alguna escena, lo que incluso le llevó a interrumpir la lectura del libro. En descarga de la situación, si es que se puede admitir alguna, decir que se trataba de otros tiempos en los que, quizá, la conciencia de los derechos de los animales no estaba tan arraigada como en la actualidad, si bien aún es totalmente insuficiente e incluso es peor que antes, como se observa, por ejemplo, con el trato de los animales destinados al consumo humano.

Y algo curioso, pero no tanto: a pesar de que la autora es un escritora de renombre y finalmente de gran éxito en su país, parece que la responsabilidad de la buena marcha de las cuestiones domésticas recae sobre ella en su totalidad y no también sobre su marido -que, por otro lado, en la obra se muestra como un hombre inteligente y respetuoso, hay que decir-, que parece estar por encima de obligaciones casi invariablemente femeninas.

Y para investigar: una compañera comentó que la historia le había recordado remotamente, pues nada tiene que ver, a Canción dulce, de Leila Slimani, recientemente leída por el grupo de lectura, o a La canción de Dorotea, de Rosa Regás. Interesante también sería, dijo otra compañera, investigar sobre el mito de Agamenon y su relación, quizá, con el contenido de la obra, dado que la autora lo menciona en alguna ocasión a lo largo de la misma.

Citas del libro

P. 97 [Habla primero Emerenc y después la autora]:

-Usted es ciega, y tonta, aparte de cobarde. -Enumeró mis defectos-. Yo no sé por qué la quiero, solo Dios lo sabe, pero que conste que no se lo merece…

un fuerte impulso casi me empuja a correr detrás de la vieja, pero me contuve y reflexioné: en definitiva, no debería consentir que ella manifestara sus sentimientos de forma tan desmesurada y brusca. Hacía falta que aprendiese a modularlos un poco más. Hoy en día sé algo que en esa época aún desconocía: que el cariño es una emoción desarticulada por excelencia, y por eso se resiste a ser dosificada con prudencia. Es inútil pretender regular cómo debe encauzar cada uno sus afectos: no hay fórmulas que valgan.

p. 177 [Habla Emerenc]: “… Llegó de noche, con la luna llena, y aunque llevaba una ropa extraña lo reconocí enseguida. Hay momentos en que una ve con el corazón…

P. 229: “... En vez de quedarme con ella, pensé con amargura, había preferido montar en el coche de la televisión para correr, hechizada, en pos del resplandor del premio, creyendo que de ese modo podría huir de la enfermedad, la vejez, la soledad y el desamparo.

P. 241: “... Ella era nuestro ejemplo vivo, la protectora de todos, generosa, pródiga con su delantal almidonado con la faltriquera siempre rebosante de caramelos, con su bolsillo del que asomaban como palomas pañuelos blancos de lienzo; era la reina de la nieve, la seguridad, las primeras cerezas del verano, la primera castaña que caía madura del árbol en otoño, las dulces calabazas al horno en invierno y el brote verde primaveral en el seto del jardín. Emerenc era pura, invulnerable, siempre daba lo mejor de sí; era ella misma y todos nosotros, o más bien como nos hubiera gustado ser a nosotros…

P. 278: “… La capacidad creativa requiere el impacto de emociones fuertes, dulces y amargas a la vez, unidas a un estado de serenidad; y yo, aunque en aquella época experimentara tal amalgama de sensaciones , no tenía la suficiente paz interior para encauzarlas…

P. 298: “… Si bien es cierto que la humanidad hace tiempo que ha conquistado las estrellas y que las generaciones venideras no se acordará ni remotamente de nuestra época primitiva en la que librábamos nuestras miserables contiendas particulares y comunitarias a cambio de una taza de chocolate, como críos en una guardería infantil, aun en ese supuesto futuro, tendrá sentido salvar a las personas que ya no tienen un lugar en este mundo…

P. “... todos los negocios privados del barrio cerraron con ocasión del funeral: el taller del zapatero, la frutería, la tintorería, el aguador de soda, el sastre, el puesto de la remendona de medias, la pastelería , la consulta de la podóloga y el peletero. Cada uno colocó su cartel en la puerta de su tienda: CERRADO POR ASUNTOS FAMILARES HASTA LAS 2 DE LA TARDE. ESTAMOS DE ENTIERRO-. El letrero del zapatero fue el más conciso de todos: E-M-E-R-E-N-C…

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Tiempos de swing, de Zadie Smith

Sesión 77 (9 de enero de 2018)

Zadie Smith (Londres, 1975-  )

Tiempos de swing / Zadie Smith. — Barcelona : Salamandra, 2017.– 432 p.

“Ambientada desde los años ochenta hasta la actualidad en Londres, Nueva York y Africa Occidental, cuenta la historia de dos íntimas amigas, ambas hijas de matrimonios mixtos, que crecen en el heterogéneo y multirracial barrio de Willesden, en el norte de Londres. Se conocen en la infancia, unidas por el sueño de llegar a ser algun día bailarinas, pero solo una de ellas, Tracey, tiene talento. La otra, la narradora, tiene inquietudes, que a lo largo de los años la conducirán muy lejos, más de lo que nunca habría podido imaginar. La amistad entre las chicas es recíproca y verdadera pero difícil y se interrumpe cuando ambas llegan a la veintena, dejando un poso perdurable.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro no gustó por igual a todas las componentes del grupo de lectura, o, por decirlo más exactamente, no todas llegamos a terminar el libro en parte porque no nos dio tiempo a ello (tiene 427 páginas y no había muchos días para su lectura) y en parte, quizá, porque no a algunas no terminó de enganchar del todo su lectura.

Dado el interés del texto de Encina, una de las compañeras del grupo, sobre el libro lo reproduzco aquí a modo de comentario del mismo:

“La novela trata muchos temas que nos conciernen social e individualmente: la raza, la familia, la fama, la riqueza y la pobreza, el primer mundo frente al tercer mundo, la responsabilidad individual y colectiva, la amistad y la rivalidad, la maternidad, la adolescencia, la historia, el mundo de las percepciones y las emociones. Casi nada! Son temas muy importantes que, en mi opinión, no quedan del todo bien integrados en la novela quizás por ser demasiado ambiciosa o por la estructura del relato.

Una posible causa de que no me hayan dejado profunda huella temas tan humanos podría residir en la falta de empatía con el personaje de la narradora; ella no tiene nombre, aparece como la amiga, la hija, la asistente, la observadora, pero nunca como ella misma. Sin embargo, los personajes están bien descritos, especialmente Tracy, que creo es el personaje principal, y la figura de la madre, que es muy potente. La figura de Aimee, la estrella de pop, es más borrosa. Y los hombres me parecen bastante débiles frente a las mujeres.

He disfrutado mucho del lenguaje (en inglés), de gran riqueza y maestría. Por ejemplo, la descripción de una amiga de la infancia “es una rubia frágil, con los brazos llenos de cicatrices y que parecía como una gata rota abandonada bajo la lluvia”. Esa niña ya no vuelve a aparecer pero se me quedó grabada su imagen. Tiene muchos otros pasajes memorables, como el de la visita al monumento de Kunta Kinte, cuando dice: ” yo me esperaba algún sentimiento de catarsis que la gente espera encontrar en estos lugares pero no pude convencerme a mí misma de que el dolor de mi tribu estaba únicamente concentrado aquí en este lugar, el dolor estaba tan obviamente en todas partes, y aquí sólo daba la casualidad de que habían colocado el monumento”.

Poco más que agregar; quizá solo un pasaje que me llamó poderosamente la atención pues trata de la iniciación del personaje principal de niña en el sexo (capítulo 14 de la primera parte).

Un libro que está bastante bien pero que, según otra compañera del grupo, no es el mejor de la autora, de la que destaca ‘Sobre la belleza‘. Relacionado con la temática de esta otra novela, señalar aquí la reciente propuesta de la autora de la que ella llama ‘tasa espejo‘, una idea de la escritora contra las exigencias de belleza que puede resumirse en no pasar más quince minutos maquillándose o eligiendo qué ponerse pues exderse sería perder demasiado tiempo.

Sin duda, una autora a la que seguir y dedicarle a sus libros el tiempo que requieran.

Citas del libro

P. 14-15: “… A la mañana siguiente me desperté temprano […] fui rápidamente a la cocina y encendí mi teléfono móvil […] Fui pasando una lista deprimente … Entonces vi uno titulado «PUTA»… El cuerpo del mensaje era una única frase: «Ahora todo el mundo sabe quién eres en realidad.». Parecía una de esas notas que podría mandar una cría de siete años resentida y con una idea implacable de la justicia. Y por supuesto, si puede ignorarse el paso del tiempo, era exactamente eso.

P. 20: “… Según mi madre, eran precisamente esas similitudes superficiales las que concedían tanta importancia al buen gusto. Ella se vestía para un futuro que aún no existía, pero que esperaba conocer…

P.23: “Mi madre era un caso raro […] Tenía un instinto increíble para las convenciones de la clase media. Sabía, por ejemplo, que un rastrillo, a pesar de ese nombre tan poco prometedor, era donde podías encontrar a la gente de más nivel, y también sus viejas ediciones de bolsillo […], pastilleros antiguos de porcelana […]. Nuestro piso estaba lleno de cosas así. Nada de flores de plástico en casa, centelleantes de rocío falso, ni figuritas de cristal. Todo formaba parte del plan. Incluso las cosas que yo detestaba (como las alpargatas de mi madre) solían parecerles atractivas a la clase de gente que intentábamos atraer, y aprendí a no cuestionar sus métodos por más que me avergonzaran...”

P. 67: “… A mí, al volver a casa, mi madre o mi padre siempre me preguntaban cómo había ido el día en la escuela, insistían mucho en eso, no me dejaban tranquila hasta que les contaba algo, así que naturalmente empecé a mentirles. En ese momento les veía como dos niños, más inocentes que yo, a los que me sentía obligada a proteger de la clase de sucesos desagradables que les harían pensar (a mi madre) o padecer (a mi padre) más del a cuenta. Ese verano el problema se agudizó porque la verdadera respuesta a «¿Cómo ha ido hoy en la escuela?» era «En el patio hay una obsesión por meter manos a las niñas»… “.

P. 69: “Resulta raro pensar ahora ahora que entonces todos teníamos solo nueve años. Pero sigo volviendo la mirada hacia esa época con cierta gratitud, porque he acabado por creer que, hasta cierto punto, tuve suerte. Fue el despertar del sexo, sí, pero también fue un momento, en todos los sentidos vitales, donde el sexo en sí no estaba presente, ¿y acaso no es ésa una buena definición de una infancia feliz? No fui consciente ni aprecié lo afortunada que había sido en este aspecto hasta que fui adulta, cuando empecé a descubrir, en más casos de los que habría imaginado, que entre mis amigas, al margen de su condición social, el despertar sexual había sido explotado y viciado por las fechoría de tíos y padres, primos, amigos, desconocidos…

P. 99-100: “descubrí a los hermanos Nicholas, Fayard y Harold: una foto suya abriéndose de piernas en el aire marcaba la entrada de mi habitación […] Supe que habían aprendido por su cuenta, y aunque bailaban como los dioses no habían asistido a clases de danza […] Me empeñé en contagiar a Tracey de mi entusiasmo […] pero ella ya no soportaba ver ni una breve escena de una película en blanco y negro, todo eso la aburría. No era «real»: demasiado depurado, demasiado artificioso. Ella quería ver a un bailarín en escena, sudando, real, no engalanado con sombrero de copa y frac. A mí, en cambio, me atraía la elegancia. Me gustaba el modo en que ocultaba el sufrimiento.

Más sobre el libro

Vídeos musicales relacionados con el libro

  • Ginger Roger y Fred Astaire en Tap Dance
  • Billy Holiday (Lady Day) en Lady Sings the Blues
  • Actuación de los Nicholas Brothers en la película Stormy Weather, de la que Fred Astair comentó que era la mejor escena en un musical que jamás había visto y que ilustra maravillosamente la última cita del libro

Si conoces más vídeos que ilustren el libro estaría muy bien que nos los comentaras…

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Canción dulce, de Leila Slimani

Sesión 77 (12 de diciembre de 2017)

Leila Slimani (Rabat, 1981-   )

Canción dulce / Leila Slimani. — Barcelona: Cabaret Voltaire, 2017.– 277 p.

“Myriam, madre de dos niños, decide reemprender su actividad laboral en un bufete de abogados a pesar de las reticencias de su marido. Tras un minucioso proceso de selección para encontrar una niñera, se deciden por Louise, que rápidamente conquista el corazón de los niños y se convierte en una figura imprescindible en el hogar. Pero poco a poco la trampa de la interdependencia va a convertirse en un drama.”

(Lote de libros prestado por la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas)

fundacion-tres-culturas

Valoración

Nuestra compañera Carmen Jiménez, autora del blog Sevilla Cinéfila -imprescindible para quienes quieran tener información actualizada y crítica de las películas en cartelera, además de otras actividades relacionadas con la Cultura en general que tienen lugar en nuestra ciudad-, hizo en su momento una entrada en su blog cuya lectura recomiendo vivamente pues recoge una completa crónica de la reunión en torno al libro en la que aporta, además, su siempre rica visión del mismo.

Poco que agregar a lo que dice Carmen. Solo destacar algunos comentarios que se hicieron en la reunión que me llamaron especialmente la atención, como que vivimos en una sociedad en la que los caminos de las personas más desfavorecidas pueden llegar a cruzarse con los de las que tienen más formación y poder adquisitivo pero no llegan a tocarse realmente; parece como si viviéramos en mundos distintos. También lo llamativo que resulta que la principal responsabilidad del cuidado de las hijas e hijos pequeños -aunque no se habló del tema, yo aquí agregaría la atención a familiares mayores y/o con enfermedades o limitaciones de algún tipo- recaiga casi invariablemente sobre las mujeres -y el sentimiento de culpa de las mismas si no lo hacen de forma perfecta-, al igual que el cuidado de las niñas y niños ajenos, trabajo al cargo casi en exclusiva de otras mujeres que, en ocasiones, tienen que desatender a su propia familia para ello. Y, como dijo otra compañera, también cabría preguntarse de dónde viene el llamado sentido maternal, si es algo connatural a las mujeres o se trata, al menos en parte, de un mandato patriarcal más.

Desde mi punto de vista, todo se explica con la reflexión de que la nuestra es en una Sociedad Capitalista Patriarcal que divide a las personas en clases y en sexos con distintos derechos y privilegios, y que, en general, parece que mueve a que vivamos para trabajar, más en el caso de las mujeres, que en su mayoría siguen sufriendo la llamada doble jornada laboral. Mención aparte merecería la violencia que este tipo de sociedad conlleva, que en este libro se muestra a su forma más extrema.

Una obra, pues, que yo calificaría de imprescindible para quienes tengan interés en que sus lecturas, además de ser amenas, les sirvan para reflexionar sobre la vida en general y las temáticas de género en particular.

Más información

Muy recomendables, también, las entradas de la Fundación Tres Culturas relacionadas con este libro, cuyo lote fue prestado a nuestro grupo de lectura por su Biblioteca, que tuvo el gran acierto de organizar la presentación de la obra en la sede de la entidad, para lo que contó con la presencia de la autora:

Citas del libro

P. 126 [Sobre Louise, la niñera]: “La soledad actuaba como una droga de la que no sabía si quería prescindir. Deambulaba por las calles, como ida, con los ojos desencajadas hasta hacerle daño. En su soledad, se puso a observar a las personas. A observarlas de verdad. La existencia de los demás se volvía palpable, vibrante, más real que nunca. Escrutaba, en sus menores de talles, los gestos de las parejas sentadas en las terrazas de los cafés. Las miradas furtivas de los ancianos abandonados… Cada día se topaba con compañeros en el infortunio, que hablaban solos, dementes, mendigos.

La ciudad, en aquellos tiempos, estaba habitada por locos.

P. 142-143 [Sobre Wafa, compañera de Louise, en el parque donde están ambas con lxs niñxs que cuidan]: “Ante Louise y su silencio, Wafa habla como si se confesar con un sacerdote o declarara ante la policía […]

Wafa teme envejecer en uno de esos parques. Sentir crujir sus rodillas sentada en esos viejos bancos helados, sin siquiera tener fuerza para levantar a un niño. Alphonse crecerá. No volverá a pisar un parque público en una tarde de invierno. Él irá al sol. Se tomará vacaciones. Quizá incluso algún día duerma en una de las habitaciones del Grand Hotel donde ella daba masajes a hombres. Él, que ella ha cuidado, se hará servir por alguna de sus hermanas o de sus primos, en la terraza, con el suelo de baldosas amarillas y azules.

«Ves, todo gira y todo da la vuelta. Su infancia y mi vejez. Mi juventud y su vida de hombre. El destino es vicioso como un reptil, siempre se las arregla para empujarnos hacia el lado equivocado.»”

P. 144-145: “La vida se ha convertido en una sucesión de tareas, de compromisos, de citas ineludibles. Myriam y Paul están desbordados. Les gusta decirlo, como si ese agotamiento fuera la señal premonitora de su éxito. Su vida se desborda, apenas queda lugar para el sueño, ninguno para la contemplación. Corren de un sitio a otro, se cambian de zapatos en el taxi, toman copas con gente importante para su trabajo. Los dos juntos se han convertido en los jefes de una empresa que funciona, con objetivos claros, ingresos y gastos.

Por toda la casa hay listas que Myriam escribe, en una servilleta de papel, en un post-it o en la última página de un libro. Se pasa el tiempo buscándolas. Teme tirarlas, como si con ello perdiera el hilo de las tareas pendientes…

P. 149 [Sobre Paul]: “… Al convertirse en padre, adquirió unos principios y unas certezas, algo que se había propuesto a sí mismo no tener nunca. Su generosidad se volvió relativa. Sus pasiones se templaron. Su universo había encogido.

P. 158 [Sobre Sylvie, madre de Paul]: “… Con ella no hay normas. No los inunda de regalos inútiles, como hacen los padres, que intentan así compensar sus ausencias…

Para hacer rabiar a su nuera los llama «mis gorriones caídos del nido». Le gusta compadecerse de ellos por vivir en la ciudad, sufrir su incivismo y contaminación. Desearía ampliar el horizonte de esos críos destinados a un futuro de gente correcta, servil y, a su vez, autoritaria. Unos miedicas.”

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Sesión 78 (6 de febrero de 2018)

Vivian Gornick (Bronx, Nueva York, 1935-  )

Apegos feroces / Vivian Gornik. — Madrid : Sexto Piso España, 2017.– 195 p.

“Pocas veces en la literatura se ha retratado de manera tan humana, vital y honesta la relación entre una madre y su hija como en Apegos feroces, las memorias de la escritora y activista Vivian Gornick, publicadas ahora por primera vez en español desde que vieran la luz en inglés en 1987.

Gornick, una mujer madura, camina con su madre, ya anciana, por las calles de Manhattan, y en el transcurso de esos paseos llenos de reproches, de recuerdos y complicidades, va desgranando el relato de la lucha de una hija por encontrar su propio lugar en el mundo. Desde muy temprano, Gornick se ve influenciada por dos modelos femeninos muy distintos: uno, el de su madre, una mujer neurótica, terca e inteligente que dedica toda su energía al cuidado de su familia, que coloca el amor en el centro de su existencia y renuncia a cualquier otro ideal; el otro, el de Nettie, la joven vecina apasionada, inexperta y dependiente, viuda y madre de un bebé, que sólo se siente segura frente a los hombres, consciente de que es sensualidad en estado puro. Ambas, figuras protagónicas en el mundo plagado de mujeres que es su entorno, representan modelos que la joven Gornick ansía y detesta encarnar, y que determinarán su relación con los hombres, el trabajo y otras mujeres durante el resto de su vida.

Ésta es la historia de un vínculo delicado y fatigoso, de un nexo que define y limita al mismo tiempo, pero también es el retrato de una sociedad y una época, y una extensa meditación sobre la experiencia de ser mujer.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Calificativos que se le dedicaron a estas memorias en la reunión del grupo de lectura: honesto; con estilo y ritmo; visión de género; feroz; implacable; honesto -otra vez-; complejo; elaborado; atento a los detalles, a los matices; cercano, con vivencias que podrían ser de hoy; muy analítico; bien escrito, belleza en cada frase; expresivo, muy buenas descripciones; con fuerza literaria, psicológica, espiritual; libro feminista; crítica del orden patriarcal…

Yo agregaría que se trata de un libro de una sinceridad feroz.

El libro se centra fundamentalmente en la relación de la autora con su singular madre, mostrando el amor de la hija por la madre pero también su rechazo ante ciertos comportamientos de la misma, la incapacidad de que el amor de la hija llene la vida de la madre, la ausencia de modelos femeninos válidos para la generación de mujeres a la que pertenece la autora -véase la cita de la página 112-, la falta de estímulos de las mujeres de generaciones anteriores a las de la autora que se veían forzadas a centrar sus vidas en el matrimonio y el hogar, la valentía y el esfuerzo de algunas de estas mujeres -como es la madre de la autora- para que sus hijas tuvieran acceso a los estudios superiores que a ellas le habían sido negados, etc.

Y también tienen una presencia importante en el libro las relaciones de la autora con diversas parejas masculinas, a las que en definitiva no parece tener en gran aprecio -ver la cita sobre los hombres de las páginas 129 y 130 en la que se menciona a Mary McCarthy, prestigiosa autora norteamericana de la que en su día leímos el interesantísimo libro El grupo-.

Todo ello mezclando las vivencias del pasado, cuando la autora era niña y la familia vivía en un edificio del Bronx, con los paseos de la madre y la hija en la actualidad -de cuando se estaba escribiendo el libro- por la sugerente ciudad de Nueva York.

En definitiva, un libro fundamental para todas aquellas personas que desean encontrar verdad y vida -con sus luces y sus sombras- en sus lecturas.

Y para muestra abajo se recogen abundantes citas del libro, prolijas sí, y aún así me ha costado elegir pues tenía bastantes más señaladas.

Citas del libro

P. 16: “Mi madre y yo hemos salido a dar un paseo. Le pregunto si recuerda a las mujeres de aquel edificio del Bronx.
-Cómo no -responde.
Le digo que siempre he pensado que la rabia sexual era lo que las hacía estar tan locas.
-Totalmente -afirma…

P. 17: “La relación con mi madre no es buena y, a medida que nuestras vidas se van acumulando, a menudo tengo la sensación de que empeora. Estamos atrapadas en un estrecho canal de familiaridad, intenso y vinculante…

P. 21-22: “El portero y su mujer tampoco eran muy habladores. Nunca se dirigían de primeras a nadie. Eso es lo que conlleva, supongo, ser unos pocos entre otros muchos: te quedas silenciado.

P. 26: “… Sus incesantes comentarios sobre la vida al otro lado de la ventana me permitieron degustar por primera vez los frutos de la inteligencia: sabía cómo convertir el cotilleo en información. Oía una voz elevarse una nota y hacía la siguiente observación: «Esta mañana discutió con el marido». O bajar una nota, y entonces era que «se le ha puesto el niño malo». O interceptaba un diálogo a toda prisa y a partir de él diagnosticaba el enfriamiento de una amistad. Esta habilidad suya me transmitía bienestar y me arrancaba emoción. La vida parecía más plena, más intensa y más interesante cuando mi madre otorgaba sentido a la actividad humana que transcurría en el callejón. Durante aquellos instantes, sentía una conexión viva entre nosotras y el mundo que existía tras la ventana.

P. 26-27: “Así era su existencia: allá en la cocina tenía claro quién era, allá en la cocina se mostraba infatigable pero también se aburría, allá en la cocina se desenvolvía de una forma endiable, allá en la cocina sentía desprecio por sus quehaceres. Se enfurecía por «el vacío de la vida de las mujeres», como decía ella, y al instante se echaba a reír con un placer que todavía resuena en mis oídos al analizar cualquier acontecimiento enrevesado que tenía lugar en el callejón…

P. 33: “El amor que le profesaba a mi padre tenía … propiedades milagrosas: no sólo compensaba el hastío y la ansiedad que sentía mi madre, sino que era la causa de ambos. Incontables frases que tenían que ver con todo lo que le satisfacía en la vida comenzaban igual: «Créeme, si no quisiera tu padre»…

P. 42: “… La gente y sus enseres parecían evaporarse de un apartamento y otros ocupaban si más su espacio. Qué pronto capté la naturaleza circunstancial de la mayoría de los apegos. Al fin y al cabo, ¿qué más daba si al vecino de al lado lo llamábamos Roseman, Drucker o Zimmerman?…

P. 75: “… Mi sitio estaba con mamá. Con ella la cosa estaba clara: me costaba respirar, pero me sentía segura.”

P. 84-87: “… me encontré a Dorothy Levinson por la calle…
Dorothy Levinson. Tan bella que al verla te daba un vuelco el corazón. Ahí estaba, con cincuenta años, delgada, adorable, rebosante de agudo ingenio judío y un cariño que se reflejaba en las arrugas de sus ojos, con una cara tan parecida a la de su madre a esa edad: tierna y bondadosa, levemente desconcertada, levemente triste.”
… ¡Y Davey! ¿No te apetece saber qué es de él? ¡Lo de Davey es prodigioso! ¿A quién se le hubiese pasado por la cabeza que mi hermanito iba a salir tan espiritual!

Si Davey se hubiera marchado de vuestra casa de Essex Street a los dieciocho, hoy en día no sería tan espiritual -dije-. Lo que busca es un modo de ordenar su vida y no posee las herramientas para hacerlo. Por eso se ha vuelto religioso. El hecho de que sea rabino en Jerusalén es un síntoma de lo perdido que está, no de cómo se ha encontrado a sí mismo.

P. 99: “… Todo el mundo sabía que esta mujer no iba a ningún lado, que caminaba por caminar, para sentir el efecto que causaba en la calle. Sus andares acentuaban las carnes ocultas bajo la ropa. Iba declarando: «Este cuerpo tiene el poder de despertar tu deseo»… Los hombres y las mujeres la ansiaban por igual. Era horrible. Yo percibía cómo iba despertando pasiones, peso esas pasiones parecían vinculadas al castigo, no al privilegio. La manera en que la gente la miraba -la crueldad de los hombres, la rabia de las mujeres- me daba miedo. Sentía que se hallaba en peligro. Nettie caminando por la acera se entretejió con la tela de mis primeras angustias.

P. 105: “Mamá y Nettie se pelearon y yo entré en el City College. En la memoria de mis sentimientos ambos sucesos… inauguraron un conflicto abierto, ambos fueron vividos como subversivos y beligerantes… me separó de las dos, provocó y alimentó una vida no compartida dentro de mi cabeza que se convirtió en un acto de traición. Vivía entre los míos pero había dejado de ser uno de ellos.
Creo que esto nos sucedía a la mayoría de los que íbamos al City Collegue. Seguíamos usando el metro, seguíamos recorriendo las calles de costumbre entre clase y clase, seguíamos volviendo a nuestros barrios al acabar el día, hablábamos con nuestros amigos del instituto y nos acostábamos en nuestras camas de siempre. Pero en secreto habíamos comenzado a vivir en un mundo dentro de nuestras cabezas, donde leíamos, hablábamos, pensábamos de una manera que nos diferenciaba de nuestros padres, de la vida doméstica y de la calle…

P. 112: “Sabía que enseñarme a ser una seductora de hombres conllevaba un peligro, pero el peligro no era su campo. Su campo era prepararme para, entre las dos, sacarme el mayor provecho posible en la vida. Huelga decir que si me convertía en la beldad del edificio corría el riesgo de ser violada y de quedarme embarazada, pero así eran las reglas del juego, ¿no? Una chica tiene que ser sensata. Saber dar lo mínimo posible para sacar lo máximo posible…
Pero nada de esto arraigó en mí…. Definitivamente, no era capaz de recordar la forma de vestirme y comportarme eran las herramientas de aquel oficio, instrumentos de futuro provecho, un medio fundamental para lograr la imagen que traería a mi esfera de influencia al hombre que podría proporcionarme tanta vida y mundo como tenía derecho a esperar…
¿No era mi madre igual cuando me decía con cada aliento que exhalaba: «La vida e insoportable sin un hombre al lado»? ¿Y no me estaba diciendo Nettie en realidad: «Lo hombres son un asco pero tienes que cazar uno»?… El mensaje estaba abierto… «Si no consigues un marido, eres tonta». «Si consigues uno y lo pierdes, eres inepta». Sabía, de modo inconsciente, que ésta era una vedad innegociable. Pero era incapaz de prestarle atención…
En aquel momento, había sólo dos cosas que reclamaban mi interés: hablar de libros e ideas en la facultad y excitarme mientras me besaba con Paul, Ralpf o Marty en el portal… Todas nos entregábamos a nuestros placeres. Nettie quería seducir, mamá quería sufrir y yo quería leer. Ninguna de nosotras sabía cómo imponerse una disciplina que condujese a la consecución de una vida femenina ideal y corriente…
A pesar de todo, nunca nos libramos de la idea de una vida así y día a día, mes a mes y año tras año, nos sumíamos cada vez más en el conflicto. Era un hecho que cuanto más inseguras nos setíamos, más superiores moralmente nos creíamos. Cada una de nosotras necesitaba sentirse especial, diferente, destinada a un fin superior. Divididas entre nosotras, nos negábamos el apoyo mutuo…

P. 129-130: “Yo no salía por los bares del otro lado de la avenida Shattuck, pero bastante a menudo me las arreglaba para encontrar hombres con esa combinación de vulnerabilidad y fortaleza necesaria para desprender atractivo sexual. Nunca alcanzaba, claro está, la satisfacción plena. En esas relaciones siempre había algo que no funcionaba. Mary McCarthy había escrito acerca de los hombres de los que sus sosias en la ficción se habían enamorado: si eran inteligentes, resultaban poco agraciados; si eran viriles, resultaban estúpidos. Dicha ecuación la interpretábamos, tanto yo como muchas de mis amigas, como un conocimiento ganado a pulso. Citábamos a McCarthy entre nosotras en tono triunfal. Su elegante prosa elevaba nuestra condición desde el nivel de la queja hasta el de verdad inmutable.

P. 134-135: “Stefan y yo regresamos a California y nos dispusimos a conventir en un hogar un piso de cinco habitaciones… Por vez primera comprobamos lo ajenos que éramos el uno al otro. Yo no tenía ni una pizca de espíritu bohemio en mi cuerpo y él no tenía ni una de conformismo. Yo no soportaba la incoherencia en mi entorno físico, él no soportaba una habitación que pareciera acabada. Yo apreciaba la claridad de pensamiento, a él le atraían las revelaciones místicas. Cada día nos traía largos momentos de desdicha de los que tardábamos horas en recuperarnos. Cada noche nos llevábamos a la cama nuestra confusión, nuestro anhelo, nuestra intensidad paralizante. Sólo en contadas ocasiones nos brindaron alivio nuestros cuerpos, y sólo durante apenas una hora. Fue mi primera experiencia de amor sexual como método de catarsis, en la que una se despierta tan sola a la mañana siguiente como se había acostado la noche anterior.

Fue en la cocina donde empecé a comprender el significado de la palabra «esposa». Allí estábamos, una pareja de veinticuatro años: un día éramos una estudiante de doctorado y un artista, y al día siguiente éramos marido y mujer. Antes siempre habíamos puesto juntos sobre la mesa las rudimentarias comidas que tomábamos. Ahora, de pronto, Stefan estaba cada noche en su taller… y yo estaba en la cocina, esforzándome por preparar y servir una comida que ambos pesábamos que debía ser adecuada. Recuerdo pasarme hora y medida preparando algún espantoso plato… para terminar engulléndolo los dos en diez minutos, pasarme después una hora limpiando los cacharros y quedarme mirando el fregadero, pensando: «¿Será esto así durante los siguientes cuarenta años?».

P. 174: “Joe y yo alzamos nuestras copas. Todos bebimos. Joe peroraba mientras mamá y yo emitíamos los sonidos femeninos convenientes («¡Qué maravilla!», «¿De verdad?», «¡Es estupendo!»)…

P. 180: “-Dices eso porque te has pasado la vida entre gente que considera el matrimonio primordial. Las humillaciones que los hombres y las mujeres soportan dentro del matrimonio son menos importantes para vosotros que el matrimonio en sí…

P. 185: “Un peso triste y callado se cierne sobre mi madre aquella noche. Hoy está muy guapa -su cabellos suave y blanco, su piel suave y lisa, el cutis marchito que vuelve a resplandecer-, pero los años se arrastran en su interior y en sus ojos veo el desconcierto, el persistente desconcierto.
-Toda una vida pasada -dice con voz queda.
Mi dolor es tan grande que no me atrevo a sentirlo.
-Exacto -digo sin énfasis-. No vivida. Sólo pasada.
La blandura de su rostro se endurece y se le marcan los rasgos. Me mira y, con voz apesadumbrada, dice en yiddish:
-Eso vas a escribir: «Desde el comienzo ya estaba todo perdido».

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