Archivo de la categoría: Humor

Vídeo

‘La culpa’ de las Cadiwoman en el Día de la Madre 2019

En los pasados carnavales gaditanos las geniales Cadiwoman dedicaron una canción a las madres que, como podéis ver, comienza diciendo “La culpa, pa fuera…”

Poco se parecen estas madres a la imagen de beatitud de las mismas dada en la campaña comercial en torno al Día de la Madre de este año de unos conocidos grandes almacenes…

Esperamos que disfrutéis con el vídeo, sobre todo las madres, que para eso ha sido vuestro día.

Y por si os habéis quedado con ganas de más, aquí tenéis el repertorio completo de las ‘Las Femme Fatale, de bar en peor’, que así han llamado las Cadiwoman a su chirigota este año.

Como dicen ellas, mea culpa.

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Diario de una dama de provincias, de E.M. Delafield

Sesión 48 (6 de noviembre de 2014)

E.M. Delafield (Steyning, Sussex, 9 de junio de 1890 – Oxford, 2 de diciembre de 1943)


Diario de una dama de provincias / E.M. Delafield. — Barcelona  : Libros del Asteroide, 2013. — 208 p.

Resumen: “La dama de provincias vive en una preciosa casa de campo, tiene dos hijos encantadores y un marido que, cuando está con ella, acostumbra a dormitar tras las páginas del Times. Lleva un diario que le sirve para poner un poco de distancia con las cosas que le suceden; en él escribe sobre sus esfuerzos para equilibrar la economía familiar y lidiar con su temperamental cocinera y la sensible institutriz francesa de sus hijos; así como sobre su lucha constante por mantener a raya a su engreída vecina, Lady B., y sus denotados esfuerzos por estar siempre a la altura de las circunstancias…

Publicado por primera vez de forma seriada en una revista de los años treinta y recogido después en forma de libro, Diario de una dama de provincias es un hilarante retrato de la clase alta británica y una de las más divertidas novelas de la literatura inglesa del XX” (La editorial)

Obra continuada por La dama de provincias prospera.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración del grupo

Parece que el libro no gustó a las integrantes del grupo que asistieron a la reunión por considerarlo vanal y repetivo.

Sin embargo, a quien esto suscribe -que lamentablemente no pudo asistir a dicha reunión- la obra le ha parecido deliciosa: irónica y sutil, dentro de la tradición del mejor humor anglosajón, del que este libro es considerado como uno de sus estupendos exponentes.

Una opinión, por lo demás, en la línea de lo que expresaba la reputada filóloga feminista Eulàlia Lledó Cunill en “Damas provincianas“, un artículo aparecido en el Huffintong Post el 19 de abril de este mismo año, del que escojo el párrafo siguiente:

“… En definitiva, una delicia de libro que se agradece especialmente en este tiempo de tribulación y miseria y que se hermana íntimamente con el espléndido humor, nunca superficial (al contrario, siempre cargado de intención y de actitud), y con el talento de tantas y tantas autoras a quien Delafield rinde inteligente y constante homenaje a lo largo del libro…”

Un artículo muy intesante, además, por recoger diversas obras de otras autoras, merecedoras, como E.H. Delafiled´-según la autora del mismo-, de estar en la “Antología del mejor humor inglés“, editada por Anagrama en 2009 (no disponible ya en su catálogo de títulos), que de forma inexplicable no incluyó el relato de ninguna mujer entre los muchos seleccionados.

Citas de la obra, a modo de muestra

p. 68: 28 de febrero. Advierto, muy contenta, la aparición de una gran mata de azafranes de primavera junto a la verja de entrada. Me gustaría referirme a ellos de manera juguetona y adorable, y trato de imaginar que soy la protagonista de Elizabeth y su jardín alemán, pero me veo interrumpida por la cocinera, quien me anuncia que ha llegado el pescadero, pero que solo trae bacalao y abadejo, y que como el abadejo no está muy fresco por cómo huele, qué me parece el bacalao?

He reparado muchas veces en que la vida es así.

p. 78: … Llego a casa sin haber sacado el más mínimo provecho del a visita y con una extraña tendencia a dirigirme de malos modos a todos los que me encuentro.

p. 94: … Caigo en la cuenta, y no por primera vez, de que como mejor pueden cumplir las mujeres inteligentes sus obligaciones para con su propio sexo es quizá mediante el devastador proceso de contarles la verdad sobre sí mismas…”

p. 102: … Aún más desconcertante resulta la aparición de Mademoiselle, presa de una lamentable y estridente alegría gala

p. 116: (Duda que se plantea por sí sola: ¿No es a menudo el silencio más eficaz que la elocuencia extrema? Respuesta afirmativa, probablemente. Debo intentar recordarlo más a menudo.)

p. 166: Se lo menciono a Robert [su marido], quien no apoya en absoluto mi proyecto y hace referencia a… En el momento no se me viene a la cabeza ninguna réplica, pero probablemente se me ocurrirá el domingo en la iglesia o en cualquie oro entorno igualmente inapropiado.

p. 169: (Nota bene: Quizá mi querido Robin [su hijo] no es tan distinto a su padre como a veces quisiera suponer.)

p. 171: … Acabo ocupándome yo de fregar los platos mientras Mademoiselle acuesta a los niños, luego subo y les leo los Cuentos de Tanglewood.

(Duda, básicamente retórica: ¿Por qúe la gente dice tantea veces de las mujeres casadas, con hijos y sin profesión que llevamos una vida “desahogada”? No encuentro respuesta)

p. 178: [tras una solicitud de su hija] … Un instinto indefinible pero evidentemente más fuerte que el maternal me empujó a dejar el asunto en manos de Mademoiselle, y eso hice sin un titubeo.

p. 179: … (Tengo el acierto de citar la balada de John Gilpin y su caballo desbocado, pero nadie me presta atención.)

p. 180-181: … Inicio de inmediato la enérgica búsqueda de un plato perdido a modo de distracción estratégica.

181: (Lamentaría pensar que los impulsos hospitalarios dependen casi por entero de nuestra propia conveniencia, pero no puedo dejar de sospechar que en efecto es así.)

182: … le pregunto a Robert si lo de ayer no le recordó a la señorita Edgeworth, a Rosamond y su excursión campestre, pero no obtengo respuesta, y la conversación -si se le puede llamar así- se rebaja una vez más hasta el nivel del ligero sabor amargo del café y la absoluta imposibilidad de encontrar beicon bueno en la región…

p. 182: … Eso me concede media horita sin interrupciones ante el escritorio, donde escribo al panadero…, a Rose…, a la esposa del director del colegio de Robin -le hablo sobre todo de calcetines, pero también de que, en el futuro, podría sustituirse el boxeo por la danza- y a lady Frobister… (Como no me hace gracia contestar que preferiría…, sacrifico una vez más la verdad a las exigencias de la cortesía.)

p. 183: … (Descubro, mucho después, que se me ha ido la mano considerablemente con la polvera, lo que me lleva a pensar, no por primera vez, que nos ahorramos muchas cosas gracias a la incapacidad -que tan erróneamente deplorara aquel poeta escocés, Burns- de vernos como nos ven los demás.)

p. 189: … 31 de agosto. Leo Los eduardianos, que todo el mundo ha leído hace meses, y lo encuentro delicioso y divertido. Me acuerdo de que V. Sackville-West y yo asistimos junta a clases de danza enel Albert Hall, hace muchos años, pero me parece que, si menciono el asunto, todos van a pensar que estoy presumiendo -y en efecto lo estaría haciendo-, así que más vale dejarlo estar…

[Nota explicativa de la forma de las citas: Las extrapolaciones van entre corchetes y los puntos suspensivos se ponen cuando la parte seleccionada no inicia o termina el párrafo]

Más críticas de la obra

Día Internacional de las Mujeres 2011

Para celebrar el 8 de Marzo de una forma festiva aquí va la viñeta de Forges en el diario “El País” de hoy:

Y otra de otro año no tan positiva pero sí muy graciosa (pena de no encontrar otra estupenda en la que una mujer haciendo mil cosas de la casa le decía a su hija pequeña “Hija mía, no te cases nunca con un marido”):

Viñeta de Forges con motivo del Día Internacional de la Mujer

“La hija de Robert Poste”, de Stella Gibbons

SESIÓN 15 (lunes 10 de enero de 2011)

Stella Gibons (Inglaterra, 1902-1989)

 La hija de Robert Poste/ Stella Gibbons; traducción del inglés a cargo de José C. Vales. — Madrid : Impedimenta, D.L. 2010. 357 p.

Fecha de entrega: 29 de noviembre de 2010
Fecha de devolución: 10 de de enerode 2011

Resumen: “Ganadora del Prix Femina-Vie Hereuse en 1933, y mítico long-seller, La hija de Robert Poste está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del XX. Brutalmente divertida, dotada de un ingenio irreverente, narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación «cara, deportiva y larga», se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm, en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año «cuando florece la parravirgen»; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera». Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su desgracia.” (La Editorial)

La novela fue llevada al cine en 1995 con el título original de “Cold Comfort Farm“.

Valoración

Parece que la mayoría del grupo no ha apreciado el humor de este libro, si bien algunas lo hemos pasado muy bien leyéndolo -no tanto, quizá, como prometían las críticas, que lo calificaban de hilarante-.

Flora, el personaje central, es un poco cínica y manipuladora, al gusto de componentes de nuestro grupo, y sí, parece bastante frívola y con unos planteamientos poco feministas, pero su modo de influir en las personas es ayudándoles a que encuentren su verdadero camino, y, en el fondo, es una sentimental, aunque ella pretenda ir de todo lo contrario.

Ella misma se define a sí misma diciendo que cree que tiene mucho en común con Jane Austen, pues, como le pasaba a ella, le gusta que todo a su alrededor sea pulcro y agradable y amable.

Más información y críticas del libro:

 Más información de la autora:

Citas del libro:

p. 24: El carácter de la señora Smiling [la amiga de Flora] era firme, y sus gustos muy refinados. Su método para tratar con la caprichosa naturaleza humana, cuando ésta insistía en imponer la grosería en su modo de vida, era rápida y efectiva; ella fingía que las cosas no eran como eran, y habitualmente, después de un tiempo, dejaban de serlo… “Desde luego, si tú animas a la gente a pensar que son desordenados, al final serán desordenados”; ésta era una de las máximas favoritas de la señora Smiling. Y otra era: “Tonterías, Flora. Son imaginaciones tuyas”.

p. 27: [Flora contesta a su amiga] … y me  preguntó qué era lo que me interesaba.

Así que le dije que, bueno, la verdad era que no estaba muy segura, pero que en términos generales me gustaría que todo a mi alrededor estuviera ordenado y tranquilo, y que no me molestaran mandándome hacer cosas, y poder reírme con la clase de chistes que otras personas no consideran en absoluto divertidos, y que no me pidieran expresar opiniones sobre cualquier cosa (como el amor, y “¿no te parece fulanita un tanto peculiar?”)…

p. 36: Si quieres que te diga la verdad –añadió Flora-, creo que tengo mucho en común con la señorita Austen. A ella le gustaba que todo a su alrededor fuera pulcro y agradable y amable, y a mí me pasa lo mismo. Ya ves, Mary –y aquí Flora comenzó a hablar con seriedad y a negar con el dedo índice-, a menos que todo sea pulcro y agradable y amable, la gente no puede siquiera comenzar a disfrutar de la vida. No puedo soportar el desorden.

p. 211: [Describiendo a la chica que Flora acoge bajo su protección] … una muchachita honesta, capaz de amar profunda y sosegadamente, amable y de dulce carácter, y enamorada de las cosas bonitas.

p. 250: [Describiendo a un amigo de Flora] … Había visto morir a sus amigos en la guerra, entre horribles sufrimientos. Para él, todo lo que le quedaba en la vida era un juego divertido que ningún hombre de gusto e inteligente podría tomarse en serio.

p. 332: … y Flora salió de su alcoba tranquila, alegre, y elegante, y dispuesta a disfrutar de los placeres del día.

p. 333: Flora reprimió en su interior las estúpida idea de que…

p. 334: [Clara hablando de su bruta familia en una fiesta en Cold Comfort Farm] Estaban todos allí. Disfrutando de aquel amable acontecimiento. Y disfrutándolo del modo más usual entre el común de la raza humana. No porque estuvieran violando a alguien, o porque lo estuvieran golpeando, o porque lo estuvieran sometiendo a una persecución religioso o condenándolo al ostracismo por culpa de un orgullo sádico y vicioso, o porque adoraran el terruño con el feroz deseo de un pervertido, ni ningún motivo parecido. No, simplemente estaban disfrutando de un sencillo acontecimiento mundano, como lo haría cualquier ser humano en el mundo.