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Celia en la revolución, de Elena Fortún

Sesión 70 (7 de marzo de 2017)

Elena Fortún (Madrid 1886 – ibídem 1952)

Celia en la revolución / Elena Fortún; presentación de Andrés Trapiello; introduccde de Marisol Dorao.– Valencina de la Concepción [Sevilla]: Renacimiento, 2016. — 344 p.– (Biblioteca Elena Fortún)

“Novela sobre la guerra civil, escrita poco después del fin de la guerra, en 1943, no hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido. Estas páginas no solo nos cuentan la vida difícil y llena de peripecias de una adolescente Celia en un Madrid sitiado, entre la supervivencia y la revolución, son también una suerte de crónica autobiográfica de la propia Elena Fortún.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Un libro necesario es lo primero que me sale decir de ‘Celia en la revolución‘. Necesario para quienes quieran conocer lo que pasó en la guerra civil española de primera mano y desde una mirada limpia, sin prejuicios. Necesario para reafirmar en la idea de que las guerras, todas, son injustas y crueles. Necesario, en fin, para la formación en historia reciente de España y fundamentalmente en valores, muy en particular al público joven, a quien inicialmente se dirigía la serie de relatos protagonizados por Celia, el personaje creado por Elena Fortún que viera la luz por primera vez en la sección Gente menuda de la revista Blanco y Negro.

Todas las que asistimos a la reunión comentamos lo mucho que nos había llegado la obra, pues si bien está catalogada como narrativa -incluso como literatura juvenil- , en realidad sentíamos que lo que estaba narrando la autora en el libro era totalmente real y forma parte de nuestra historia. Y es que, como afirma en la introducción Marisol Dorao, “Todo lo que de autobiográfico habían tenido los libros de Celia hasta entonces se intensifica en Celia en la revolución. A través de esta prematura mujer de quince años […] vemos y sentimos los pensamiento y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española”. Solo una compañera puso objeciones a la forma de escribir de la narradora y protagonista de la obra, que se supone que es una niña, pero es que en el libro anterior de la serie este personaje había sufrido la pérdida a su madre y se había tenido que hacer cargo de sus hermanas pequeñas, y en este tiene que hacerse fuerte y sobrevivir en un medio tan extremadamente hostil como es una guerra, circunstancias que sin duda deben conllevar un proceso de maduración vital acelerado.

La misma compañera quiso profundizar en el concepto de la tercera España de la que habla Andrés Trapiello en el presentación de la obra. Buscando en las redes al respecto sale, entre otros, un artículo de Xabier Casals (El Periódico, 17 julio 2016), que informa que se trata de un concepto sugerido por Salvador de Madariaga en ‘Spain‘ (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas muy distintas: el dictador Franco, el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

Un tema muy interesante, sin duda, el planteado por la compañera al hilo de la presentación de Trapiello de esta obra, a la que este sitúa, por cierto, dentro del corpus fundamental de esta tercera España, junto con ‘La revolución española vista por una republicana‘ de Clara Campoamor, los diarios de guerra ‘España sufre‘ de Morla Lynch, el ensayo ‘Democracias destronadas‘ de José Castillejo, y el libro de relatos ‘A sangre y fuego’, de Manuel Chaves Nogales, todos ellos escritos durante la guerra civil o al poco de finalizar la misma.

Ligado a lo anterior, muy interesante también el análisis del título y la mención de ‘revolución’ en el mismo sobre lo que llama la atención Trapiello, término que curiosamente también aparece en el título de la obra de Clara Campoamor. En este sentido, puede ser aclaratorio el prólogo -memorable, según Trapiello- de la obra del periodista sevillano Chaves Nogales citada.

Volviendo al libro, y para finalizar con el texto de Trapiello, recoger aquí una cita especialmente relevante de la presentación en la que este sostiene que “Pocas veces se habrá escrito una novela sobre la guerra con tanta verdad, consciente su autora de que alguien ha de contarla, y no como un desahogo, tal y como creía Martín Gaite, sino consciente de que con el tiempo todos mentirían o tratarían de hacernos creer que han olvidado.”.

Una obra, pues, dura al estar llena de dolorosa verdad sobre lo que paso en nuestra guerra civil, honesta y valiente por la difícil posición de independencia y equidistancia de la autora -de fuertes convicciones republicanas y democráticas, lo que la honra más si cabe-, y con una descripción de la guerra fundamentalmete desde el punto de vista las mujeres -Celia, su criada, sus amigas…-, desde esa retaguardia que no hace la guerra pero que sufre sus efectos y cuya principal lucha, además de sobrevivir, es mantener unas condiciones de vida dignas a las que retornar en tiempos de paz.

Pero no por ello se puede decir que la obra sea difícil de leer o que el texto esté falto de gracia -incluso de lirismo-, lo que se puede apreciar a lo largo de todo el libro en las descripciones de personajes, circunstancias y paisajes que pasan por el mismo. A una compañera, por ejemplo, le recordó las cartas que su padre, pintor de profesión, mandaba a su madre en la guerra desde el frente, en las que se limitaba a describirle poéticamente los paisajes que divisaba desde las trincheras.

Todo esto lo expresa muy bien una compañera que no pudo venir a la reunión y que nos mandó unos comentarios al respecto, que recojo a continuación a modo de colofón de esta valoración del libro:

“[…] El libro me ha gustado mucho, me ha resultado de fácil lectura con un contenido muy duro.

Otra visión de la guerra con las consecuencias para las ciudadanas que no entienden mucho lo que pasa y por qué pasa, pero que la sufren y que deben hacer frente a situaciones límite.

Increíble la descripción de una madurez sobrevenida para una niña/joven de tan pocos años, y de la realidad tal y como se vivió en esa ciudad [Madrid].

Algunos pasajes me han llevado al recuerdo de mi padre y a episodios que me contaba.

Y, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza para el futuro de Celia.”

Citas

P. 47 [Valeriana, la criada de la familia]: “Los hombres se meten siempre en lo que no les importa en vez de ocuparse de su casa… No tiés más que ver en cuanto se juntan dos… lo mismo que sean pobres que ricos, ya están parlando que si el alcalde, que si el concejal, que si las elecciones… y hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!

p. 135 [Habla en padre de Celia]: “Ni la tierra, ni la cultura, pueden ser propiedad de unos cuantos. Es la herencia ancestral que fue creciendo desde que el primer hombre aparece sobre la tierra sosteniéndose sobres sus dos pies…

p. 139-140 [Juan, el jardinero]: “Cuatro hijos tenía, como cuatro pinos, y ya no sé si me queda alguno… ¡Maldita revolución!

[…]

¡Y cualquiera sabe quién tiene la razón…! Los de las derechas y lo des las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a lo que no sabemos ná de ná. Yo discutía de esto con mis pobres hijos… y ellos me decían que no luchaban por ellos, que esta generación se tenía que sacrificar… ¡Cosas que habían oído en los mítines y los discursos del centro… Que luchaban por los que venían detrás de ellos… ¡Mire usé qué necesidá tenían de ocuparse ellos de los que no han nacío aún…! ¡Ya ni nietos voy a tener…!

p. 149: En esta casa en silencio, donde nadie llora, me parece el dolor horrible…

P. 160:”Adiós, papíto mío. ¡Que no te pase nada…!

Está sereno, y hasta me parece alegre.

Se va… le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…

P. 188: “He traído rosas… las pongo en un jarrón de cristal. ¡Qué maravilla, Señor! Tienen demasiadas hojas y las limpio un poco de follaje… ¡Un caracol! Entre las hojas había un caracol… Pobrecito. Vivirá aquí conmigo y ya no estaré sola… Al fin una vida junto a la mía…

P. 192: “Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello…. No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…

P. 225 [El padre de Celia]: “Sí, hija, sí, pero prefiero que dejes a un lado todos esos recuerdos. En este espanto que estamos viviendo, hay que volver rápidamente la espalda a el pasado… Los que se han quedado en el camino ya no sufren más. Ese es el gran consuelo de los que vivimos aún… Comienza la primavera, todo se renueva… y cantan las alondras todas las mañanas., ¿Las oyes tú? En mi balcón hay una asamblea de pájaros al amanecer… Además, hija, aunque te empeñes en estar triste no podrás. !Tienes diecisiete años!

P. 255: “Es una primavera áspera, dura, sin la alegría de otras primaveras. El aire fino, sutil, de la meseta, claro, transparente y frío como agua de manantial, me envuelve, refresca mis mejillas y corre entre mis dedos.

P. 295-296:

“-Hemos trabajado con fe en el provenir -me dice la señorita Amelia-. Mi esperanza de «Escuela Única» la he visto aquí realizada… Aquel chico […] es el hijo del portero […] y ese otro que se sienta a su lado es el hijo de Elorrieta, el abogado y diputado conservador…

[…]

-Sí… ¡todo está perdido! Creo que por culpa de unos y otros… Suspira, y su tristeza se comunica a mi corazón.

[…]

-Tu padre pasará los Pirineos, y… yo me quedaré aquí… pase lo que pase […] Me quedaré aquí.. y no sé lo que harán conmigo por mi pecado de democracia…

[…]

Todos son héroes. Papá, Jorge, la señorita Amelia, el papás de María Luisa, por conservar su ánimo entre tanta desgracias… Pero yo soy una pobre chica perdida entre tanta gente, sola, sin familia… sin saber qué hacer…

P. 310: “Aún voy a dar una vuelta a la casa para despedirme del jardín… ¡Adiós, álamos! ¡Adiós cipreses casi negros… rosales… pobre tierra seca y helada que comienza a esponjar la primavera! Papá decía que somos tierra del país donde nacimos. ¡Tierra mía de Madrid! De rodillas la beso…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén, de Fátima Mernissi

Sesión 66 (15 de noviembre de 2016)

fatima-menissiFátima Mernissi ( 1940-2015)

Sueños en el umbral: memorias de una niña del harén/ Fatema Mernissi. — 9 ª ed.– Barcelona : El Aleph, 2004.– 293 p.

“Memoria novelada de la propia infancia de la autora -Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2003- en uno de los últimos harenes de Marruecos. En la obra se refleja la vida cotidiana del harén, la visión del mundo exterior desde éste, las relaciones de la niña con las mujeres de la familia y la lucha de su madre para que ella llegue a ser una mujer independiente y sin las limitaciones de las generaciones anteriores de las mujeres de la familia. Recomendada su lectura en el libro ‘El amor y la sexualidad en la educación’, en el que, en el apartado de bibliografía comentada, se incluye una pequeña reseña del mismo a cargo de Itxaso Sasiain Villanueva.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

La reunión en torno a este libro la realizamos en la sede y conjuntamente con el club de lectura de la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas, que, muy acertadamente, ha adoptado el nombre de su autora, Fatima Mernissi, en homenaje a la escritora marroquí fallecida hace apenas un año.

Este libro fue el segundo que leímos hace años en nuestro -por aquel entonces- incipiente grupo de lectura, si bien nos pareció oportuno retomarlo, a instancias de la coordinadora del club antes mencionado, porque muchas de las componentes actuales del grupo no pertenecían al mismo en sus inicios y les apetecía leerlo. Tampoco se había incluido una reseña crítica sobre la obra en el blog -la forma de este se ha ido conformando con el tiempo-, así que han venido muy bien las circunstancias para hablar de una obra que ya en su día me maravilló por muchas razones, entre las que destacaré las siguientes: por mostrarnos las vivencias de niñez de su autora -aunque hay quien sostiene que no se trata de unas memorias, es evidente el contenido autobiográfico de la obra-, una mujer fascinante en cuya formación creativa y vital tuvieron un papel predominante las muy singulares y valiosas mujeres de su familia, y de forma muy especial su abuela materna; por aproximarnos al mundo árabe -principalmente a sus mujeres-, tan cercano y tan lejano a la vez; por darnos a conocer las luchas por su emancipación de las mujeres árabes, tan parecidas a las de nuestras abuelas y nuestras madres, e, incluso a las de nosotras mismas.

Las razones anteriores las he rememorado al releer el libro, además de hacerme consciente de nuevo de la gran sabiduría de la autora, ya que el libro está trufado de reflexiones y notas que muestran la riqueza de su pensamiento y de su conocimiento.

Especialmente interesantes estuvieron las intervenciones en la reunión de Maria-Àngels Roque, del Institut Europeu de la Mediterrània (Barcelona), experta en el mundo árabe y amiga personal de la autora que presentó el libro; entre otras cosas, nos comentó la fascinación de Fatima Mernissi por Scheherezade, personaje y voz narradora principal de la recopilación de cuentos árabes de ‘Las mil y una noches‘, y cómo dicho personaje fue siempre un referente en la vida de la autora; de hecho, el capítulo segundo del libro se dedica a ‘Shahrazad, el rey y las palabras’. Y también nos llamó la atención Maria-Àngels sobre cómo en la obra, a pesar de no tratarse de un ensayo, la autora -historiadora, ensayista, doctora en Sociología y profesora de universidad, además de escritora- fue ampliando información relevante en forma de notas a pie de página.

Alguna persona asistente a la reunión mencionó que este libro no era el mejor la autora -en Wikipedia se destacan, por ejemplo, ‘El harén político: el profeta y las mujeres, Sultanas olvidadas‘, ‘Marruecos a través de las mujeres‘, y, especialmente, ‘El hilo de Penélope‘, todas ellas disponibles en nuestro Centro de Documentación, así que habrá que comprobarlo leyendo las obras citadas. Y también se dijo que seguramente el libro no pasaría a la historia de la literatura y que tenía un estilo un poco elemental de frases cortas –preguntada al respecto, Maria-Àngels comentó que la obra había sido escrita originalmente en inglés, lo que quizá pudo limitar a la autora al no utilizar su lengua materna-. En lo que a mí respecta decir que la lectura se me hizo sumamente grata, a pesar de haber leído la obra con anterioridad en un par de ocasiones, y que no llegué a notar las limitaciones citadas.

Mencionar también como especialmente reseñable que, como quizá era previsible, hubo cierta polémica sobre el tema del velo y si las mujeres musulmanas lo usan realmente por obligación o por usos culturales, reafirmación cultural frente a Occidente o, incluso, simplemente por moda. Por no extenderme en la materia, comentar que en principio me parece muy loable querer respetar la cultura árabe y defender que las mujeres de la misma hagan lo que les parezca oportuno… pero no a costa de olvidar y dejar de apoyar fundamentalmente a las mujeres árabes que con valentía han luchado y lo siguen haciendo contra esta imposición claramente patriarcal. Remito a lo que se dice en propio libro sobre el tema (por ejemplo en páginas 123 y 124, cuando la madre dice a Fátima que nunca se cubra la cabeza -ver cita completa más abajo- o en las numerosas alusiones a la lucha contra el velo de las feministas árabes) y a una clarificadora entrevista a la feminista socialista y reconocida luchadora laicista argelina Marieme-Hélie Lucas al respecto (sinpermiso, 23/01/2016), que, por su gran interés, reproduciré íntegramente en la entrada siguiente.

Para más información sobre la reunión remito a una estupenda reseña de Federico Ruiz sobre la misma en el blog de la Biblioteca de la Fundación Tres Culturas. Y también a la noticia aparecida en la web de la Fundación al respecto, cuyo final reproduzco a continuación a modo de colofón:

Podemos recordar a Fátima Mernissi por muchas cosas, pero queremos destacar su lucidez, su buen humor y también su sonrisa, que para ella fue un modo de actitud vital resistente y reivindicativa.

Citas

P. 9 y 10: “Por alguna razón, decía mi padre, cuando Alá creó el mundo separó a los hombres de las mujeres y colocó un mar entre musulmanes y cristianos. Existe armonía cuando cada grupo respeta los límites de los demás; la transgresión sólo causa pena y desdicha. Pero las mujeres soñaban con ella continuamente. Su obsesión era el mundo del otro lado del umbral.

P. 11: “Mi primo Samir… decía que para crear una frontera sólo hacían falta soldados que obligaran a los demás a creer en ella… La frontera está en la mente del poderoso.

P. 72 [Habla Yasmina, abuela materna de la niña]: “La naturaleza es la mejor amiga de una mujer -decía a menudo-. Si tienes problemas, nada en el estanque, tiéndete en un prado o contempla las estrellas. Así cura una mujer sus miedos.

P. 81 [La niña habla con su abuela]: “… Y cuando una mujer trabajaba de firme y no ganaba dinero, estaba atrapada en un harén, aunque no viera los muros.

-Tal vez las normas sean crueles porque no las hacen las mujeres -fue la conclusión de Yasmina.

-Y por qué no las hacen las mujeres? -pregunté.

-En cuanto las mujeres sean listas y empiecen a plantear esa misma pregunta -contestó ella- en vez de dedicarse a cocinar y fregar dócilmente, descubrirán el medio de cambiar las normas y volver el planeta del revés.

P. 82 [Habla Yasmina]: “Si piensas demasiado en muros y normas, perderás la ocasión de ser feliz, querida niña -dijo-. El objetivo esencial de la vida de una mujer es la felicidad. Así que no dediques el tiempo a buscar muros para darte de cabeza contra ellos.

P.123-124 [Habla la madre de la niña]: “¡Nunca te cubras la cabeza! -me gritó mi madre-. ¿Me has entendido? ¡Nunca! ¡Yo lucho contra el velo y vas y te pones uno!

Aunque te persiga el todopoderoso rey de los alemanes Hi-Hitler -dijo- tendrás que enfrentarte a él con la cabeza descubierta. Taparte la cabeza y esconderse no servirá de nada. Esconderse no soluciona los problemas de una mujer. Simplemente la identifica como una víctima fácil …

Más sobre la autora

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexievich

Sesión doble 65 (4 de octubre de 2016)

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Svetlana Alexievich (31 de mayo de 1948-)

la-guerra-no-tiene-rostro-de-mujerLa guerra no tiene rostro de mujer/ Svetlana Alexiévich. — Barcelona : Penguin Random House, 2015 — 365 p.

Resumen:  “Casi un millón de mujeres combatió en las filas del Ejército Rojo durante la segunda guerra mundial, pero su historia nunca ha sido contada. Este libro reúne los recuerdos de cientos de ellas, mujeres que fueron francotiradoras, condujeron tanques o trabajaron en hospitales de campaña. Su historia no es una historia de la guerra, ni de los combates, es la historia de hombres y mujeres en guerra.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Libro verdaderamente estremecedor pero muy humano; la dureza de muchos de los testimonios de mujeres recogidos en el mismo hizo que algunas integrantes del grupo -según manifestaron en la reunión- obviaran ciertos pasajes, o, incluso, dejaran de leerlo.

Comenzar la valoración afirmando sin ambages que se trata de una obra de literatura bélica profundamente ‘pacifista’: la autora, tras entrevistar a cientos de mujeres rusas que habían participado de forma activa en la Segunda Guerra Mundial, concluye, entre otras cosas, que: Cada vez la guerra nos gusta menos, nos cuesta más justificarla. Para nosotros ya es el asesinato, nada más. Al menos para mí lo es.(p. 20). Y es que, junto con algunos testimonios, lo mejor del libro son las reflexiones de la autora sobre el material con el que está trabajando (ver una selección en las citas).

Y libro profundamente femenino, ya que se trata del testimonios de mujeres que casi nunca habían relatado sus experiencias en la guerra pues nadie se había interesado por ellas. Una guerra, la de las mujeres, muy diferente a la guerra de los hombres; “Tenemos dos guerra… eso está claro…”, dice el esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’ (p. 131). La guerra de los hombres es de hazañas heroicas y grandilocuencia histórica, la de las mujeres está llena de hechos pequeños, cotidianos, aunque en muchas ocasiones no exentos de la heroicidad atribuida casi en exclusiva a los hombres. Además, las mujeres sufren también en las guerras otras violencias dirigidas casi en exclusiva contra ellas, como son las violaciones masivas de mujeres como parte de los ‘botines de guerra’ o el ser mal vistas las combatientes al regresar de la guerra por dudar la población en general de su moral y comportamiento (‘sexual’) mientras estuvieron en el frente.

Quizá hubiera sido interesante, para completar la visión de la guerra, los testimonios de otras mujeres, las no directamente implicadas en la guerra y que, sin embargo, sufrieron la violencia contra la población civil que esta necesariamente conlleva. Y es que este libro me recordó otros que sí que dan esa visión, como el magnífico ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí‘, de Manuel Chaves Nogales, la preciosa novelaLa voz dormida‘, de Dulce Chacón -leída en su día por el grupo de lectura-, o la recientemente editada ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún, cuya lectura espero que abordemos en el grupo en breve, dadas las magníficas críticas que ha cosechado. Claro que después de la ingente actividad de la autora del libro que nos ocupa con la realización y el tratamiento de una enorme cantidad de entrevistas a  mujeres combatientes, esa otra labor de indagación hubiera sido prácticamente imposible, así que bien está el libro como está.

En definitiva, una obra dolorosa pero absolutamente necesaria, que te hace sufrir pero que también te hace más sabia (o sabio), y que, desde luego, te hace odiar aún más algo tan absurdo, cruel y actual como es la guerra, todas las guerras, más si cabe si eres mujer.

Citas

P. 13-14: “A lo largo de dos años, más que hacer entrevistas y tomar notas, he estado pensando. Leyendo. ¿De qué hablará mi libro? Un libro más sobre la guerra… ¿Para qué? Ha habido miles de guerras, grandes y pequeñas, conocidas y desconocidas. Y los libros que hablan de la guerra son incontables. Sin embargo… siempre han sido hombres escribiendo sobre hombres, eso lo veo enseguida. Todo lo que sabemos lo que sabemos de la guerra, lo sabemos por la «voz masculina». Todos somos somos prisioneros de las percepciones y sensaciones «masculinas». De las palabras «masculinas». Las mujeres mientras guardan silencio. Es cierto, nadie le ha preguntado a mi abuela excepto yo. Ni a mi madre. Guardan silencio incluso las que estuvieron en la guerra. Y si de pronto se ponen a recordar, no relatan la guerra «femenina», sino la «masculina». Se adaptan al canon. Tan solo en casa, después de verter algunas lágrimas en compañía de sus amigas de armas, las mujeres comienzan a hablar de su guerra, de una guerra que yo desconozco. De una guerra desconocida para todos nosotros. Durante mis viajes de periodista, en muchas ocasiones, he sido la única oyente de unas narraciones completamente nuevas. Y me quedaba asombrada, como en la infancia. En esos relatos entreveía el tremendo rictus de los misterioso… En lo que narran las mujeres no hay, o casi no hay, lo que estamos acostumbrados a leer y a escuchar: cómo unas personas matan a otras de forma heroica y finalmente vencen. O cómo son derrotadas. O qué técnica se usó y qué generales había. Los relatos de las mujeres son diferentes y hablan de otras cosas. La guerra femenina tiene sus colores, sus olores, su iluminación y su espacio. Tiene sus propias palabras. En esta guerra no hay héroes ni hazañas increíbles, tan solo hay seres humanos involucrados en una tarea inhumana. En esta guerra no solo sufren las personas, sino la tierra, los pájaros, los árboles. Todos los que habitan este planeta junto a nosotros. Y sufren en silencio, lo cual es aún más terrible.

P. 25: “… El valor en la guerra y el valor en el pensamiento son dos valores diferentes…

P. 26: “No me limito a apuntar. Recojo y sigo la pista del espíritu humano allí donde el sufrimiento transforma al hombre pequeño en gran hombre. Donde el ser humano crece […] Veo su alma. Entonces ¿en qué consiste mi conflicto con el poder? Ya lo he descubierto: las grandes ideas necesitan hombres pequeños, no les interesan los grandes hombres. Un gran hombre es excesivo e incómodo. Es difícil de moldear. Yo en cambio busco al pequeño gran hombre. Ultrajado, pisoteado, humillado, aquel que dejó atrás los campos de Stalin y las traiciones, y salió ganador. Hizo el milagro.

P. 41: “[…] ¿Por qué el mal no nos sorprende? ¿Por qué nuestro consciente carece del sentimiento de asombro ante el mal?

P. 57: “[...] Lo que estoy recopilando lo definiría como «el saber del espíritu». Sigo las pistas de las existencia del alma, hago anotaciones del alma… El camino para mí es mucho más importante que el suceso como tal, eso no es tan importante. El «cómo fue» no está en primer lugar, lo que me inquieta y me espanta es otra cosa: ¿qué le ocurrió allí al ser humano? ¿Qué ha viso y qué ha comprendido? Sobre la vida y la muerte en general. Sobre sí mismo, al fin y al cabo…

P. 127: “Todo se repite… Una vez más, paso un largo rato mirando los álbumes de fotografías familiares, decorados con amor y cuidado […] Me gusta encontrarme con este respeto hacia sus vidas, con documentos que certifican su amor por el pasado y por todo lo vivido. Por los rostros entrañables…

P. 133: “Tuvieron que pasar decenas de años hasta que Vera Tkachenco, una conocida periodista, publicara […] un artículo sobre nosotras, explicando que también habíamos luchado en la guerra. Explicando que había mujeres excombatientes que se habían quedado solas, que no se habían casado y que no tenían casa…

P. 131: “-Tenemos dos guerra… eso está claro…- Saul Guénrijovich [esposo de una excombatiente que está recordando ‘su guerra’] interviene en la conversación-. Cuando empezamos a recordar, yo me doy cuenta enseguida: ella recuerda su guerra, yo la mía. A mí también me pasaron cosas parecidas a eso que le ha contado de la casa […] pero yo no lo recuerdo… Se me escapó… En aquel momento me parecía una nadería. Una tontada…

P. 151: “«Mi marido, caballero de la Orden de la Gloria, fue condenado a diez años de trabajo forzados después de la guerra […] Lo único que hizo fue escribir a su compañero de universidad y contarle lo que le costaba sentirse orgulloso de nuestra Victoria: habíamos abarrotado de cadáveres nuestro terreno y el ajeno. Lo habíamos bañado en sangre. Enseguida le detuvieron.. Le quitaron las hombrearas…

P. 155: “«Ay, nenas, qué puñetera fue esa guerra… Vista con nuestros ojos. Con ojos de mujer… Es horrenda. Por eso no nos preguntan…»

P. 165: «En la sala del hospital donde yo trabajaba había dos heridos… Eran un alemán y un tanquista de los nuestros… Fui a verlos.

»-¿Cómo se encuentra?

»-Yo bien -dijo el tanquista-. Pero este está sufriendo.

»-Es un nazi…

»-Ya, pero yo estoy bien y él sufre.

»Ya no eran enemigos, eran personas, tan solo dos hombres malheridos en la misma habitación. Entre ellos surgió una relación humana. Tuve oportunidad de observar en más de una ocasión que eso ocurría muy rápido…»

P. 197: “Alrededor de la vida, igual que alrededor de la muerte, hay mucho trabajo. No solo se trata de cargar y disparar, no solo se colocan minas y se desactivan, se bombardea y se hace volar por los aires; no solo se trata de lanzarse al ataque, sino que también hay que lavar la ropa, preparar la sopa, hornear el pan, fregar las ollas, cuidar a los caballos […] De pequeños asuntos. Sé que a menudo no se piensa en todo eso. «Del trabajo habitual de las mujeres, había montones», recuerda Aleksandra Iósifovna Mishútina, auxiliar sanitaria…

P. 221: “… Muy pronto, ya en las primeras conversaciones, me di cuenta: independientemente del tema concreto del que hablaran, incluso hablando de la muerte, las mujeres siempre mencionaban la belleza, ese eje indestructible de su existencia: «Estaba tan bella en el ataúd… Parecía una novia…» (A.Strófseva, soldado de infantería). O bien: «Me tenían que entregar la medalla y mi camisa militar ya estaba muy vieja. Le hice un ribete de gasa en el cuello. Algo blanco… Me sentía tan hermosa en ese momento […] Luego hubo un bombardeo, se me quedó la camisa hecha un asco…» (N. Ermaliva, soldado de transmisiones) […]”

P. 281-282: “«Mi primer beso…

»El subteniente Nikolái Bielojvósóstik… Ay, me he puesto roja, y eso a pesar de que estoy hecha una abuelita […] Era mi primer amor… ¡O tal vez el único! ¿Quién sabe?… Yo creía: ‘Nadie de la unidad sospecha nada’ […]

»En su entierro… Yacía sobre una capa militar de lona, le acababan de matar […] Había llegado la hora de despedirnos de él… Me dijeron: ‘¡Tú la primera!’. El corazón me dio un salto, comprendí… que… todos sabían de mis sentimientos. Todos lo sabían… Tuve un pensamiento fugaz: ¿tal ve él también lo sabía? Allí estaba… Dentro de nada le bajarían al foso… Le cubrirían de arena… Pero me alegró enormente pensar que tal vez él lo sabía […]

»Toda mi vida he vivido con este recuerdo… Aquel instante. Las bombas caían… Él… tendido sobre aquella capa militar… Ese momento… Y yo tan alegre…. sonreía para mis adentros. Parecía una chiflada. Me alegraba porque él, quizá, sabía de mi amor….

P. 287: “[…] Allí a menudo no había testigos de los actos de valor, al igual que tampoco los había de la traición.

P. 341: “[…] Eso… sucedía… Rara vez sale en nuestros libros, pero es la ley de la guerra. Los hombres llevaban tanto tiempo sin mujeres… y además, claro, el odio nos desbordaba. Entrábamos en un pueblo o en un aldea: los tres primeros día se dedicaban al saqueo y a… […]

»Recuerdo… claro que recuerdo a una mujer alemana violada. Yacía desnuda, en la entrepierna le habían metido una granada. Ahora siento vergüenza, pero en aquel momento no la sentí […]”

P. 364: “… No me gustan los juguetes bélicos, los juguetes de guerra para niños. Los tanques, las metralletas… ¿Quién los ha inventado? Me revuelven el alma. Yo nunca les he comprado ni regalado a los niños juguetes de guerra. Ni a los míos ni a los de los demás. Una vez alguien trajo a casa un avioncito de guerra y una metralleta de plástico. Los envié directamente a la basura. ¡Al momento! Porque la vida humana es un regalo tan grande… ¡El mayor regalo! Las personas no somos dueñas de ese regalo…

Más noticias y opiniones sobre la obra

Ciencia y sabiduría del amor…, de Rosa María Medina Doménech

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cubierta_ciencia_sabiduria_amorHoy, jueves 30 de enero de 2014, a las 19 h. en la sede de Fundación María Fulmen (C/ Zaragoza, 36. Sevilla), presentamos el libro “Ciencia y sabiduría del amor. Una historia cultural del franquismo (1940-1960)” (Iberoamericana / Vervuert, 2013), de Rosa María Medina Doménech, profesora titular de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada, con participación de la propia autora y de su colega María Sierra, catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla.

En la obra la autora aborda la historia del amor en las dos décadas posteriores a la Guerra Civil, tratando con ello de acceder no sólo a las sutilezas de los aparatos de control del Estado franquista sino, sobre todo, a las resistencias, saberes y tácticas cotidianas producidas por las mujeres de la época.

Con motivo de la edición del libro, la librería Cazarabet (Mas de las Matas, Teruel) hizo una entrevista a Rosa María Medina Doménech que reproducimos por su gran interés.

Antes, comentar que Rosa María forma parte de una Red de trabajo sobre emociones con perspectiva de género y feminista que recientemente ha puesto en marcha el blog Emocríticas. También, y este ya a título particula, mantiene el blog Saberes subalternos con contenidos que tienen que ver con los conocimientos que se desarrollan “en los márgenes”.

Entrevista de la librería Cazarabet a Rosa María Medina Doménech

rosa_medina_domenechDesde la pluma de Rosa María Medina Domènech y bajo el paraguas de editorial Iberoamericana/Vervuert se aborda la historia del amor en la posguerra española… en las dos décadas inmediatamente posteriores [a la Guerra civil] y lo hace partiendo desde la idea cultural como parte sustancial de la comprensión humana de la realidad y como forma de organizar las prácticas individuales y sociales que desempeñaron un papel crucial en la subordinación de las mujeres mediante la definición de su identidad y su subjetividad.

– Rosa María, parece que este libro pudiese estar escrito por Eduard Punset porque el tema y la manera de tratarlo se acerca mucho a sus formas, rompamos el hielo, ¿qué piensas?

– La similitud con Punset podría establecerse si miras los contenidos científicos, es decir, que también me interesa, como a él, la manera en que la ciencia también ha contribuido a nuestras ideas contemporáneas sobre el amor. A partir de ahí la distancia con Punset es total, yo no estoy “enamorada” de la ciencia. Pienso que hay mucha sabiduría en la cultura popular aunque no se fabrique en laboratorios ni se publique en revistas de “impacto”. Mi intención como historiadora de la ciencia y el saber es conocer cómo contribuye la ciencia, con frecuencia, a proponer normas de funcionamiento social y cultural, cómo forma parte de la cultura en su conjunto tratando de auto-adjudicarse un lugar de privilegio. Especialmente en cuestiones relacionadas con las diferencias entre hombres y mujeres, la ciencia ha tenido intenciones muy “normativas”, es decir, ha intentado contribuir a un determinado orden social (y no a otros posibles), proponiendo –a veces de maneras muy coercitivas– cómo tenemos que ser para adecuarnos a la norma y no quedar “excluidas” por “anormales” . También, como he tratado de mostrar en mi libro, es necesario conocer las ideas innovadoras que generan los grupos “subalternos”, es decir, los que, como las mujeres, se escapan de la hegemonía en la que el poder pretende encorsetar a la realidad.

– Cuando nos enamoramos, ¿qué “parte de culpa” tiene el cerebro y nuestras hormonas?

– Los humanos somos seres vivos y las ciencias biológicas tratan de explicarnos. El problema es que muchas veces se transmite una visión determinista de la biología. Históricamente, esta idea, el “determinismo biológico”, ha sido muy peligrosa. Me refiero, por ejemplo, a la explicación racista de la humanidad que se alió con el colonialismo para explicar el mundo y el ser humano de forma jerárquica, con los blancos en la cúspide; sabemos bien a qué horrores llevaron estas ideas que tenían fundamentos científicos.

Nadie se enamora “sólo” por que tenga un “subidón hormonal”, por ejemplo. Esto es una reducción al absurdo que sirve para justificar comportamientos que muchas veces no comprendemos, incluso en nosotras o nosotros mismos. Como dice una feminista muy crítica con la ciencia, Sandra Harding, el determinismo es una manera de sellar la ambivalencia, si pensamos que algo es monocausal, pues ya está, no tengo que reflexionar sobre mi vida o mi responsabilidad en ciertas decisiones.

No estoy negando con ello que nuestra materialidad biológica no sea importante en nuestros afectos, pero nos queda mucho por saber sobre cómo integrar la mente, la cultura, el cuerpo, y las maneras de convencernos de que ciertos significados son los verdaderos. En este sentido es importante hacerse siempre la pregunta que nos hacemos quienes nos dedicamos a la historia ¿a quién benefician estas ideas deterministas? Más específicamente ¿a quién le beneficia creer que estoy ‘locamente’ enamorada y que esta es mi media naranja y que tengo por ello que aguantar todo lo que me pase? Si lo miras así, queda muy claro.

– ¿Hasta dónde llega nuestro instinto en esto del “juego del amor”?, ¿y nuestro sexto sentido?

– Las teorías sobre los instintos fueron un “tinglado” científico que duró muchas décadas y que servía y, sigue sirviendo (no hay más que oír algunos de los programas de Punset, sobre todo cuando habla Helen Fisher) para reducir el comportamiento humano a explicaciones biológicas. También se teorizó sobre el instinto desde el psicoanálisis, aunque en España tras la guerra civil las ideas sobre el inconsciente fueran relegadas pues el exilio y la ideología dominante impidieron el cultivo de ideas más complejas, como el inconsciente. En la cultura ha pervivido una cierta noción de instinto como percepción o certeza de difícil explicación racional, quizá algo así como un cierto “olfato”. No hemos prestado aún mucha atención desde la historia a estas ideas culturales tan hondas y comunes que, con frecuencia, son el timón de nuestras decisiones. Aunque yo he intentado con este libro empezar a comprender su significado, nos queda aún mucho por saber. Con frecuencia ese “sexto sentido” puede ser una manera de aceptar, sin examinar, nuestras decisiones, creyendo que el amor es un arrebato que no atiende razones. Como muchas mujeres de los años cuarenta y cincuenta ya nos enseñaban, es mejor comprender sus razones, sobre todo para no auto-justificar comportamientos “kamikazes” que están costando muchas vidas.

– Rosa María, ¿para las mujeres existe el príncipe azul?

– Para muchas sí (lo mismo que princesas azules, pues también en las culturas lésbicas hay mucha ideología romántica). El príncipe azul es parte de la ideología amorosa que nos hace creer que hay alguien “preparado” para nosotras, nuestro complemento. La idea de la complementariedad de los sexos es una idea históricamente vieja generada por el ordenamiento patriarcal del mundo y que ha pervivido con diferentes formatos y ropajes a lo largo de la historia (incluso con argumentos científicos muy serios). Creo que es importante darse cuenta de la diferencia entre saber que hay personas con las que las relaciones transcurren de manera bastante más fluida que con otras –esto lo detectamos en nuestra experiencia diaria–, y creer que hay una persona determinada que nos “completará” y nos hará felices es, simplemente, una fuente de frustración y un componente de algunas versiones de la ideología del amor romántico, que, por cierto, da mucho dinero al negocio de bodas, noviazgos, etc.

– Y si para nosotras existe el “príncipe azul”, ¿qué existe para los hombres?

– Para los varones más que princesas, la ideología suministra “medias naranjas”. Este formato de la mujer complementaria al hombre también ha variado históricamente. Pero no olvidemos que la fórmula romántica es relativamente reciente históricamente y el amor sólo inundó la pareja o el matrimonio desde finales del siglo XIX, como nos ha enseñado Stephanie Coontz en su libro Historia del matrimonio, cómo el amor conquistó el mundo.

– ¿Hasta dónde podemos sentirnos acomplejados ante el hecho de afrontar la ciencia del amor?

– La teoría de los complejos fue la segunda fórmula o “tinglado” con el que someter a las mujeres a la obediencia en el amor. En mi libro he llamado a los instintos y los complejos “dispositivos”, siguiendo la idea de Julia Varela que utiliza la inspiración de Michael Foucault. Estos “dispositivos” son fórmulas que tienen el poder de inmiscuirse en nuestras vidas de manera muy íntima, tanto que resulta muy difícil detectarlas pues nos hacen “legibles” ante los demás en una determinada sociedad. Me explico. El complejo de inferioridad fue una manera más sofisticada de justificar la sumisión obligatoria de las mujeres, porque ya no se usaban los argumentos sobre la inferioridad biológica. Los saberes de las nuevas ciencias psicológicas construían esta idea de que las mujeres, incluso por razones sociales, tenían una subjetividad deficitaria o “acomplejada” que requería de un terapeuta o de un marido. Como con sagacidad comentó Carmen Martín Gaite en Usos amorosos de las postguerra española, un hombre con complejos en la sociedad de postguerra (quizá aún siga siendo así…) era una persona interesante, diferente…, una mujer “acomplejada” no.

– Rosa, ¿tanto crees que nos reprimimos y nos reeducamos desde nuestra imaginación para hacer frente al sufrimiento afectivo?

– Reprimirnos no. Es un término que no me gusta. De hecho, desde la historia de las emociones una medievalista, Barbara Rosenwein, ha denunciado que tenemos una idea cultural muy arraigada de que las emociones son como volcanes interiores a punto de estallar y eso no parece que sea una gran verdad, es una fórmula, un discurso histórico que nos ayuda a explicar las emociones como arrebatos, en lugar de hacerlo, por ejemplo, como “zonas de contacto” entre los seres humanos que contribuyen a darnos forma cuando entramos en contacto con otras personas mediante nuestros sentimientos.

Reeducarnos sí. En nuestra sociedad, en nuestro país, creo que tenemos una visión muy estática de nosotros/as mismos/as. Fíjate la de veces que oímos la expresión de “yo soy así” o “ya sabes cómo es”. Quizá será por la buena influencia de la postmodernidad, o del budismo, no sé, pero creo que sienta muy bien pensarnos de una manera más flexible y responsable. Quizá sea, también, por la influencia en mí de la historia que enseña con contundencia que el cambio es algo real. Podemos cambiarnos a escala social e individual si tomamos la decisión y nos hacemos conscientes de que hay maneras mejores de vivir (de sufrir menos, vamos). Especialmente las mujeres tenemos que confiar en esta idea porque nos han educado precisamente en la contraria.

– Pero ¿cuáles son las mejores estrategias de lucha para reivindicarse en esto del amor?

– Lo que he aprendido de las mujeres que vivieron en las décadas de los años cuarenta y cincuenta de las que hablo en mi libro es que en el amor hay elecciones. Es evidente que las condiciones materiales hacen más o menos fácil el poder elegir, claro está. Pero se puede elegir entre estar en una relación con mucha violencia (y leerlo erróneamente como pasión) o estar en una relación con más tranquilidad con más encuentro e intimidad. Así lo dice también Toni Morrison, una mujer muy sabia, en su novela Amor: “Se requiere cierta inteligencia para amar así, suavemente, sin accesorios”. Esta frase me ha dado muchísimo en qué pensar.

– Yo creo que ya desde hace tiempo manejamos la situación y el timón en esto de las relaciones heterosexuales, pero no todas las generaciones disfrutaron de esta igualdad. Cuéntanos.

– Yo creo que es mejor que la gente se anime a leer el libro para ver estos cambios. Pero tampoco hay que ser “presentistas”, en el sentido de creer que cualquier tiempo pasado fue “peor”; todas las conquistas están siempre cuestionándose y vivimos en un mar de contradicciones que hace a veces muy difícil creer en nuestra capacidad de dirigir nuestras vidas.

– Yo no creo que nos hayamos masculinizado para llegar a la igualdad… más bien creo que hemos aprendido más de nosotras mismas y que nos queremos más y mejor; así que lo llevamos a la práctica y eso se nota en todas nuestras facetas y en lo más mínimo, en el día a día. ¿Qué piensas?

– Ciertamente lo de “masculinizarse” fue un invento patriarcal para cuestionar nuestra identidad, la de las mujeres, si hacías ciertas cosas (estudiar, decidir, mostrar tu deseo sexual o erótico, etc.) parecía que dejabas de ser mujer. Es una estrategia de exclusión del poder. Por eso ahora todo el movimiento queer, tal y como yo lo veo, es tan útil, porque quiere deshacer, desestabilizar esa dicotomía entre ser de forma blindada hombres sólo o sólo mujeres. ¿Qué pasaría si dejáramos de vivir pensándonos o viviéndonos desde ahí, desde dos mundos cerrados y separados? Incluso la biología muestra que en muchas ocasiones nuestros cuerpos son las dos cosas, hombres y mujeres, como muestran lo que hoy llamamos personas intersexuales. Lo masculino no está en la cúspide social o biológica, como históricamente se nos ha hecho creer, las mujeres no hemos logrado más grado de “masculinidad”. Lo masculino, tanto como lo femenino es patrimonio de la humanidad, como los derechos humanos. Por eso me interesó mucho el trabajo de María Laffitte que desarrollo en el capítulo central del libro, porque enunció estas cosas, a su manera, en una época muy adelantada, incluso antes que Simones de Beauvoir, y yendo en ocasiones más lejos, sobre todo en su denuncia de la “ciencia misógina”.

– ¿Hemos dejado de ser obedientes, sumisas… para ser libres de una vez en el amor?

– Creo, como te decía, que ninguna conquista es definitiva y que, a nivel personal, la libertad es un proceso diario, activo. Ser libres en el amor es una tensión, un reto, una aventura. Y en esto da igual que pensemos en el amor de pareja o en el de las amigas y amigos o los padres. Con frecuencia habrá que ser flexibles, comunicarse, lograr buenas dosis de intimidad para poder construir relaciones que nos enriquecen; no se trata, en absoluto, de obedecer. Las mujeres de aquella época se quejaban en sus cartas de la necesidad de construir intimidad, algo que ellas mismas diagnosticaban que a los varones les costaba. Y no podemos olvidar que la intimidad –como la ternura– es muy “sexy”. Pero también dejaron muy claro, incluso algunas canciones, que hay a la vez que construir una “distancia elástica” con la persona amada, porque en ese espacio entre-dos reside el bienestar, es decir en no (con)fundirse con la otra persona, en encontrar una diferenciación flexible. De esto han hablado teóricas contemporáneas como Luce Irigaray y Deborah Thien, pero las mujeres que he estudiado hablaban con mucha sabiduría de esto, de la “orquestación del amor”.

– ¿Yo lo llamo “arte” (puede que me guste y “deguste” demasiado la poesía), pero tan difícil es esto de “ la compleja orquestación del amor”?

– Yo no le pondría el adjetivo de “difícil”, aunque lo “difícil” tiene su erótica. Más bien diría que orquestar el amor ha de ser creativo, un reto a veces, otras un solaz. Un espacio donde abandonarse dulcemente, sin rendirse. Pero hay que empezar por el amor a una misma, eso es muy complejo también. Pero si no encuentras en ti ese lugar para abandonarte dulcemente, difícil lo vas a tener en el amor ajeno.Descargar letra en pdf

Como veis, sumamente estimulantes las ideas que expresa en esta entrevista Rosa María Medina Doménech sobre el amor y los sentimientos, y sobre el papel interesado de la ciencia y de la sociedad en la conformación de los mismos. Sirvan las mismas para nuestra particular manera de celebrar el ya cercano día 14 de febrero!