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Celia en la revolución, de Elena Fortún

Sesión 70 (7 de marzo de 2017)

Elena Fortún (Madrid 1886 – ibídem 1952)

Celia en la revolución / Elena Fortún; presentación de Andrés Trapiello; introduccde de Marisol Dorao.– Valencina de la Concepción [Sevilla]: Renacimiento, 2016. — 344 p.– (Biblioteca Elena Fortún)

“Novela sobre la guerra civil, escrita poco después del fin de la guerra, en 1943, no hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido. Estas páginas no solo nos cuentan la vida difícil y llena de peripecias de una adolescente Celia en un Madrid sitiado, entre la supervivencia y la revolución, son también una suerte de crónica autobiográfica de la propia Elena Fortún.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Un libro necesario es lo primero que me sale decir de ‘Celia en la revolución‘. Necesario para quienes quieran conocer lo que pasó en la guerra civil española de primera mano y desde una mirada limpia, sin prejuicios. Necesario para reafirmar en la idea de que las guerras, todas, son injustas y crueles. Necesario, en fin, para la formación en historia reciente de España y fundamentalmente en valores, muy en particular al público joven, a quien inicialmente se dirigía la serie de relatos protagonizados por Celia, el personaje creado por Elena Fortún que viera la luz por primera vez en la sección Gente menuda de la revista Blanco y Negro.

Todas las que asistimos a la reunión comentamos lo mucho que nos había llegado la obra, pues si bien está catalogada como narrativa -incluso como literatura juvenil- , en realidad sentíamos que lo que estaba narrando la autora en el libro era totalmente real y forma parte de nuestra historia. Y es que, como afirma en la introducción Marisol Dorao, “Todo lo que de autobiográfico habían tenido los libros de Celia hasta entonces se intensifica en Celia en la revolución. A través de esta prematura mujer de quince años […] vemos y sentimos los pensamiento y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española”. Solo una compañera puso objeciones a la forma de escribir de la narradora y protagonista de la obra, que se supone que es una niña, pero es que en el libro anterior de la serie este personaje había sufrido la pérdida a su madre y se había tenido que hacer cargo de sus hermanas pequeñas, y en este tiene que hacerse fuerte y sobrevivir en un medio tan extremadamente hostil como es una guerra, circunstancias que sin duda deben conllevar un proceso de maduración vital acelerado.

La misma compañera quiso profundizar en el concepto de la tercera España de la que habla Andrés Trapiello en el presentación de la obra. Buscando en las redes al respecto sale, entre otros, un artículo de Xabier Casals (El Periódico, 17 julio 2016), que informa que se trata de un concepto sugerido por Salvador de Madariaga en ‘Spain‘ (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas muy distintas: el dictador Franco, el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

Un tema muy interesante, sin duda, el planteado por la compañera al hilo de la presentación de Trapiello de esta obra, a la que este sitúa, por cierto, dentro del corpus fundamental de esta tercera España, junto con ‘La revolución española vista por una republicana‘ de Clara Campoamor, los diarios de guerra ‘España sufre‘ de Morla Lynch, el ensayo ‘Democracias destronadas‘ de José Castillejo, y el libro de relatos ‘A sangre y fuego’, de Manuel Chaves Nogales, todos ellos escritos durante la guerra civil o al poco de finalizar la misma.

Ligado a lo anterior, muy interesante también el análisis del título y la mención de ‘revolución’ en el mismo sobre lo que llama la atención Trapiello, término que curiosamente también aparece en el título de la obra de Clara Campoamor. En este sentido, puede ser aclaratorio el prólogo -memorable, según Trapiello- de la obra del periodista sevillano Chaves Nogales citada.

Volviendo al libro, y para finalizar con el texto de Trapiello, recoger aquí una cita especialmente relevante de la presentación en la que este sostiene que “Pocas veces se habrá escrito una novela sobre la guerra con tanta verdad, consciente su autora de que alguien ha de contarla, y no como un desahogo, tal y como creía Martín Gaite, sino consciente de que con el tiempo todos mentirían o tratarían de hacernos creer que han olvidado.”.

Una obra, pues, dura al estar llena de dolorosa verdad sobre lo que paso en nuestra guerra civil, honesta y valiente por la difícil posición de independencia y equidistancia de la autora -de fuertes convicciones republicanas y democráticas, lo que la honra más si cabe-, y con una descripción de la guerra fundamentalmete desde el punto de vista las mujeres -Celia, su criada, sus amigas…-, desde esa retaguardia que no hace la guerra pero que sufre sus efectos y cuya principal lucha, además de sobrevivir, es mantener unas condiciones de vida dignas a las que retornar en tiempos de paz.

Pero no por ello se puede decir que la obra sea difícil de leer o que el texto esté falto de gracia -incluso de lirismo-, lo que se puede apreciar a lo largo de todo el libro en las descripciones de personajes, circunstancias y paisajes que pasan por el mismo. A una compañera, por ejemplo, le recordó las cartas que su padre, pintor de profesión, mandaba a su madre en la guerra desde el frente, en las que se limitaba a describirle poéticamente los paisajes que divisaba desde las trincheras.

Todo esto lo expresa muy bien una compañera que no pudo venir a la reunión y que nos mandó unos comentarios al respecto, que recojo a continuación a modo de colofón de esta valoración del libro:

“[…] El libro me ha gustado mucho, me ha resultado de fácil lectura con un contenido muy duro.

Otra visión de la guerra con las consecuencias para las ciudadanas que no entienden mucho lo que pasa y por qué pasa, pero que la sufren y que deben hacer frente a situaciones límite.

Increíble la descripción de una madurez sobrevenida para una niña/joven de tan pocos años, y de la realidad tal y como se vivió en esa ciudad [Madrid].

Algunos pasajes me han llevado al recuerdo de mi padre y a episodios que me contaba.

Y, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza para el futuro de Celia.”

Citas

P. 47 [Valeriana, la criada de la familia]: “Los hombres se meten siempre en lo que no les importa en vez de ocuparse de su casa… No tiés más que ver en cuanto se juntan dos… lo mismo que sean pobres que ricos, ya están parlando que si el alcalde, que si el concejal, que si las elecciones… y hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!

p. 135 [Habla en padre de Celia]: “Ni la tierra, ni la cultura, pueden ser propiedad de unos cuantos. Es la herencia ancestral que fue creciendo desde que el primer hombre aparece sobre la tierra sosteniéndose sobres sus dos pies…

p. 139-140 [Juan, el jardinero]: “Cuatro hijos tenía, como cuatro pinos, y ya no sé si me queda alguno… ¡Maldita revolución!

[…]

¡Y cualquiera sabe quién tiene la razón…! Los de las derechas y lo des las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a lo que no sabemos ná de ná. Yo discutía de esto con mis pobres hijos… y ellos me decían que no luchaban por ellos, que esta generación se tenía que sacrificar… ¡Cosas que habían oído en los mítines y los discursos del centro… Que luchaban por los que venían detrás de ellos… ¡Mire usé qué necesidá tenían de ocuparse ellos de los que no han nacío aún…! ¡Ya ni nietos voy a tener…!

p. 149: En esta casa en silencio, donde nadie llora, me parece el dolor horrible…

P. 160:”Adiós, papíto mío. ¡Que no te pase nada…!

Está sereno, y hasta me parece alegre.

Se va… le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…

P. 188: “He traído rosas… las pongo en un jarrón de cristal. ¡Qué maravilla, Señor! Tienen demasiadas hojas y las limpio un poco de follaje… ¡Un caracol! Entre las hojas había un caracol… Pobrecito. Vivirá aquí conmigo y ya no estaré sola… Al fin una vida junto a la mía…

P. 192: “Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello…. No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…

P. 225 [El padre de Celia]: “Sí, hija, sí, pero prefiero que dejes a un lado todos esos recuerdos. En este espanto que estamos viviendo, hay que volver rápidamente la espalda a el pasado… Los que se han quedado en el camino ya no sufren más. Ese es el gran consuelo de los que vivimos aún… Comienza la primavera, todo se renueva… y cantan las alondras todas las mañanas., ¿Las oyes tú? En mi balcón hay una asamblea de pájaros al amanecer… Además, hija, aunque te empeñes en estar triste no podrás. !Tienes diecisiete años!

P. 255: “Es una primavera áspera, dura, sin la alegría de otras primaveras. El aire fino, sutil, de la meseta, claro, transparente y frío como agua de manantial, me envuelve, refresca mis mejillas y corre entre mis dedos.

P. 295-296:

“-Hemos trabajado con fe en el provenir -me dice la señorita Amelia-. Mi esperanza de «Escuela Única» la he visto aquí realizada… Aquel chico […] es el hijo del portero […] y ese otro que se sienta a su lado es el hijo de Elorrieta, el abogado y diputado conservador…

[…]

-Sí… ¡todo está perdido! Creo que por culpa de unos y otros… Suspira, y su tristeza se comunica a mi corazón.

[…]

-Tu padre pasará los Pirineos, y… yo me quedaré aquí… pase lo que pase […] Me quedaré aquí.. y no sé lo que harán conmigo por mi pecado de democracia…

[…]

Todos son héroes. Papá, Jorge, la señorita Amelia, el papás de María Luisa, por conservar su ánimo entre tanta desgracias… Pero yo soy una pobre chica perdida entre tanta gente, sola, sin familia… sin saber qué hacer…

P. 310: “Aún voy a dar una vuelta a la casa para despedirme del jardín… ¡Adiós, álamos! ¡Adiós cipreses casi negros… rosales… pobre tierra seca y helada que comienza a esponjar la primavera! Papá decía que somos tierra del país donde nacimos. ¡Tierra mía de Madrid! De rodillas la beso…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Malala: mi historia, Malala Yousafzai

Sesión 59 (12 de enero de 2016)

malalaMalala Yousafzai (Mingora -Pakistán-, 1997-   )

MalalaMalala: mi historia / Malala Yousafzai, con Patricia McCormick. — Madrid : Alianza, 2014. —250 p.

Resumen: Malala Yousafzai sólo tenía diez años cuando los talibanes se apoderaron de su región. Decían que la música era pecado. Decían que las mujeres no debían ir al mercado. Decían que las niñas no debían ir al colegio. Malala creció en una pacífica región de Pakistán transformada por el terrorismo. Aprendió a defender sus convicciones y luchó por su derecho a la educación. El 9 de octubre de 2012 estuvo a punto de perder la vida por la causa: le dispararon a quemarropa en el autobús cuando volvía a casa del colegio. Nadie creía que fuera a sobrevivir. Se ha convertido en un símbolo inernacional de la protesta pacífica y es la nominada más joven de la historia para el Premio Nobel de la Paz.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Conocer con un poco más de profundidad la historia de la joven pakistaní Premio Nobel de la Paz 2014 nos ha conmovido a la mayoría de las componentes del grupo de lectura, un personaje que, desde que supimos de su historia hace ya unos años, contó con nuestra admiración y respeto por su valentía y tesón en la defensa de una causa tan justa como es el derecho a la educación de todas las niñas del planeta.

En la reunión se comentó lo importante que es que conozcamos la historia de mujeres que desde todas las partes del mundo luchan por nuestros derechos, y una de las componentes del grupo abogó porque abordemos más lecturas de este tipo.

Se hicieron, no obstante, algunas objeciones, como es la posible idealización del personaje y la instrumentalización del mismo por parte los medios de comunicación occidentales. Al respecto algunas opinamos que una niña así no es muy común, es cierto, pero afortunadamente en el mundo hay personas admirables, como es el caso, y que bien está que los medios tomen como modelo a este tipo de personas que defienden causas tan importantes para el desarrollo de las mujeres y de la humanidad en general.

(A modo de paréntesis comentar que también se dijo que existían multitud de pequeñas heroínas y pequeños héroes que hacen grandes esfuerzos para acceder a su formación en condiciones muy adversas, como puede verse en la conmovedora película documental Camino a la escuela.)

De todas formas, señalar que Malala se muestra en el libro como una niña normal, que se pelea frecuentemente con sus hermanos y con su mejor amiga por tonterías, que se le pegan las sábanas por la mañana y tiene que correr para llegar tiempo a clase, que compite con otras estudiantes para obtener el reconocimiento como mejor alumna del colegio, que le gusta jugar en la calle y ver en la tele sus programas favoritos, que se preocupa de su aspecto físico al crecer, etc. Pero siempre subyace en la narración su fuerte arraigo religioso y, sobre todo, su gran determinación en aprender y formarse para contribuir al desarrollo futuro de su país, para lo que cuenta con el apoyo de su padre, admirable director de un colegio de niñas en una zona de cultura tan patriarcal como es Pakistán, y activista por la democracia de su país y el derecho a la libertad de sus compatriotas.

También llama atención en el libro lo que Malala dice sobre el terrorismo -ver la cita al respecto en el epígrafe correspondiente- y la semejanza con lo que el Estado Islámico está intentando trasladar a Occidente. Y es que convendría recordar que las principales personas que sufren el terrorismo yihadistas son las y los habitantes de los países árabe, como lo muestran numerosos hechos que suceden con tanta frecuencia y a la que los medios prestan menos atención de la que debieran.

Pero, retomando el tema de la aparente idealización del relato que se hace en el libro, quizá es cierto que se echen en falta algunas cuestiones, como sería una visión más crítica de Malala sobre su nuevo entorno -actualmente vive en Birmingham, Reino Unido-, de donde sí comenta someramente cómo le llama la atención el individualismo de la gente que vive como ensimismada en sus casas, con poca interacción con el vecindario próximo, lo que se manifiesta, por ejemplo, en la inexistencia de niñas y niños jugando en la calle, o la forma de vestir de las mujeres occidentales, de lo que solo parece sorprenderle la fortaleza física que muestran algunas en la escasez de la ropa incluso, cuando la temperatura es baja. Y es que debe estar muy agradecida al acogimiento que se le ha hecho en Occidente y a la libertad de movimientos que puede tener aquí, si bien echa tremendamente de menos su hermoso país de origen.

Y con el tema de la ropa surgió un debate muy interesante sobre la hipersexualización actual de las mujeres occidentales, y cómo muchas chicas -y algunas mujeres- visten de una forma que ellas estiman que es manifestación de su libertad pero que más bien lo que demuestra es que siguen acriticamente modelos de sexualidad establecidos por la sociedad patriarcal circundante. Al respecto se mencionó Hipersexualidad, la espléndida canción de la percoautora Virginia Rodrigo, o el estupendo artículo El Eros perdido de la adolescencia, de Charo Altable (revista Mujer y Salud, n. 25 invierno 2008-2009).

Citas del libro

P. 80: Yo había crecido oyendo la palabra ‘terrorismo’, pero nunca había entendido realmente qué significaba. Hasta ese momento. El terrorismo es diferente de la guerra, donde los soldados se enfrentan en la batalla. Terrorismo es sentir el miedo a tu alrededor. Es irte a dormir de noche sin saber qué horrores traerá el día siguiente. Es abrazarte a tu familia en la habitación central de la casa porque habéis decidido que es el lugar más seguro. Es caminar por tu propia calle sin saber en quién puedes confiar. Terrorismo es el miedo de que cuanto tu padre sale de casa por la mañana no regrese por la noche.
Ahora el enemigo estaba en todas por todas partes y los ataques llegaban como de la nada. Un día destruían un comercio. Al día siguiente, una casa. Circulaban toda clase de rumores… Un día volaban un puente; al día siguiente, una escuela. Ningún lugar era seguro. Nadie estaba a salvo.

P. 195: ¡Qué grande es Dios! Nos ha dado ojos para ver la belleza del mundo, manos para tocarlo, una nariz para percibir toda su fragancia y un corazón para apreciarlo todo. Pero no nos damos cuenta de lo milagrosos que son nuestros sentidos hasta que perdemos uno.

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Vídeo

Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Sesión doble 56 (1 de octubre  de 2015)

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Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 15 de septiembre de 1977)

solMedio sol amarillo / Chimamanda Ngozi Adichie. — Barcelona : Random House, 2014. — 537 p.

Resumen: “Obra que recrea un período de la historia contemporánea de África: la lucha de Biafra por conseguir una república independiente de Nigeria, y la consecuente guerra civil que segó la vida de miles de personas. Según la crítica, se trata de una novela épica y magistral que cuestiona el colonialismo, las alianzas étnicas y la responsabilidad moral de un conflicto apoyado por las potencias mundiales. Todo ello recreado en la vida de tres personajes atrapados en las turbulencias de la década…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

La novela ha gustado mucho a todas las integrantes del grupo de lectura.

Y es que es especialmente interesante por acercarnos a la historia de un país y de un conflicto del que no teníamos apenas conocimiento. Por ejemplo, en mi caso -y con ello manifiesto mi gran incultura al respecto- el mayor acercamiento al tema que había tenido se remonta a cuando de pequeña en el colegio (de religiosas, por supuesto) se organizó una recogida de alimentos y de dinero para “los negritos de Biafra”, con las connotaciones de prejuicios y de mirada de superioridad que siempre se adoptaba -y se sigue haciendo, me temo- cuando se hablaba de África y de sus habitantes en el mismo nombre de la campaña.

Pero, volviendo a la obra, lo que más sorprende quizá es ver lo mucho que se podría parecer -sociológimanente hablando- nuestro país a la Nigeria (y Biafra) de la década de los sesenta del siglo pasado, época en la que transcurre la novela. Con personas que ya habían podido acercarse a la formación universitaria y que tenían un alto nivel cultural y una conciencia crítica considerable, incluyendo mujeres, protagonistas fundamentales de la obra; la existencia de una clase social ‘pudiente’ cuyos capitales estaban directamente relacionados con sus tejemanejes con la clase política dirigente; con una mayoría de pobres al servicio de las clases sociales emergentes; etc., etc. Incluso, desde el punto de vista religioso, vemos en la novela que se trataba de un país en que la religión católica estaba bastante extendida, en concreto dentro de la etnia igbo, que es a la que pertenecen los personajes protagonistas. Y hasta podría tener ciertos ecos con nuestra historia patria más o menos reciente la cruenta guerra civil que estalla en el país africano, fundamentalmente por motivos económicos y deseos de preponderancia social y política, además de por odios más o menos ancestrales -puestos en cuestión en la novela, ya que más bien se achaca a intereses espurios de las grandes potencias- entre las distintas etnias que hasta ese momento habían cohabitado pacíficamente en Nigeria.

Por poner alguna pega: la mirada un poco sesgada, quizá, de los sucesos acaecidos en Nigeria (Biafra) por la pertenencia de los personajes protagonistas -y de la autora que los ha creado- a una etnia y una clase social determinada; o la prolijidad de las descripciones que da como resultado una novela más extensa de lo deseable, si bien es una opinión personal no compartida por la mayoría del grupo, según se manifestó en la reunión.

Concluir diciendo que el libro nos acerca de una forma humana y amena al pasado de un país (y, por extensión, al del continente al que pertenece, África) no tan lejano como a veces nos empeñamos en creer, y que es preciso conocer la historia desde diversos puntos de vista -sobre todo del de sus protagonistas- pues si solo escuchamos una versión de la misma corremos el riesgo de caer en una incomprensión grave, tal como tan sabiamente manifiesta la propia autora en El peligro de la historia única, una interesantísima conferencia dictada por la misma para la prestigiosa organización TED, centrada en la divulgación de ideas que merecen la pena ser conocidas.

Para finalizar, mencionar la existencia de una película basada en la obra, si bien parece que es de difícil adquisición por el Centro de Documentación, como nos gustaría. De momento, aquí se puede visionar el tráiler:

 

Cita

A continuación recojo una cita del libro que me dejó un poco confusa pues, si bien por un lado es una afirmación de la potencia y la libertad de las mujeres, por otro lado…

p. 285-286:

No puedo volver a su casa, tía.
– No te pido que vuelvas a su casa. Te digo que vuelvas a Nsukka. ¿No tienes allí un piso y un trabajo? Odenigbo ha hecho lo mismo que hacen todos los hombres, meter el pene en el primer agujero que encuentran cuando una está lejos. ¿Es que se ha muerto alguien?
Olanna dejó de abanicarse y notó cómo el sudor le empapaba el cuero cabelludo.
– Cuando tu tío se casó conmigo, me preocupaba que alguna de aquellas mujeres pudiera echarme de mi casa. Ahora sé que nada de lo que él haga cambiará mi vida. Mi vida solo cambiará si yo lo quiero así.
– Pero ¿qué estás diciendo, tía?
– Ahora va con más cuidado porque sabe que ya no me asusta. Le he advertido que, si me hace desgraciada de alguna forma, le cortaré esa serpiente que tiene entre las piernas. -Tía Ifeka siguió removiendo la masa mientas la imagen que Olanna tenía de su matrimonio empezaba a hacerse añicos-. Nunca debes comportarte como si tu vida dependiera de un hombre. ¿Me oyes? -le dijo tía Ifeka-. Tu vida solo te pertenece a ti, soso gi. Volverás el sábado…

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