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En un café, de Mary Lavin

Sesión 90 (12 de junio de 2019) Mary Lavin (Massachusetts, Estados Unidos, 1912- Irlanda, 1996)

En un café / Mary Lavin– Madrid : Errata Naturae, 2018.– 420 p.

“… Una de las certezas que tenemos al leer esta reunión de historias es que, todas juntas, forman casi una cosmogonía, la novela de una vida, de una familia, de un país. Y pese a estar muy arraigadas en la sociedad irlandesa de su tiempo, trascienden la época y el lugar, pues se ocupan de temas centrales, y desde perspectivas por las que no pasa el tiempo: el amor, el desamor, la familia, la maternidad, la emigración, los tabús…”

Más información y primeras páginas en la web de Errata Naturae.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el
Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Conjunto de relatos, algunos de ellos deslumbrantes, entre los que yo destacaría especialmente Tom (páginas 87-110), Una historia con estructura (p. 277-306) y El hijo de la viuda (307-322), y quizá también En un café (p. 253-276), y algún otro de cuya lectura quizá podría prescindirse si se tiene poco tiempo, como por ejemplo La escapadita, si bien esto es una opinión personal.

¿Qué opinó el grupo? Pues a la mayoría le encantó todo el libro y a las menos les pasó como a mí, si bien seguramente los ejemplos de relatos que les habían interesado más y menos pueden diferir de mis gustos, al menos en parte.

Más cosas que se dijeron del libro, además de la excelencia de la traducción, es que los relatos sugieren muy bien el ambiente rural de la Irlanda de la época, con personajes muchas veces un poco oscuros, tristes, pesimistas, con peso importante de prejuicios y de la religión, en contraste con la belleza y luminosidad del paisaje; la presencia de la emigración transatlántica, tan importante en este país en aquellos tiempos; lo bien que muestra la condición humana, los sentimientos de los personajes, su ‘trastienda emocional’, y los ‘recovecos’ de las relaciones humanas; la importancia del tejido de lo cotidiano, en el que circunstancias o episodios que en principio pueden parecer anecdóticos cobran gran importancia. Además de esto, una compañera comentó que, si bien pensaba que los relatos eran magníficos, a la vez le habían parecido tremendamente misóginos, y es cierto que se podría decir que en general los personajes femeninos son tratados con menos simpatía que los masculinos.

Y lo que quizá se podría destacar por encima de todo es que la autora monta la mayoría de las historias sin apenas trama, sin la típica estructura argumental de introducción, nudo y deslace, tan explotada ya en la literatura y a la que se acogen tantos best-sellers o aspirantes a ello. Por cierto que la propia escritora hace mención al tema en Una historia sin estructura, sobre la que recomiendo encarecidamente leer la cita de las páginas 280 a 282 que va abajo en la que uno de los personajes achaca a la escasez de argumento de la literatura hecha por mujeres la falta de interés de los hombres por la misma. Y como ejemplo de esta falta de argumento al uso citaría el relato titulado En un café. También es especialmente interesante la inclusión de la presencia de propia autora en algunos de los relatos: indirectamente en Una historia sin estructura y de forma expresa en El hijo de la viuda, para mí los mejores de un libro que, a pesar de lo dicho, no dudo en calificar en general como espléndido.

Citas

P. 90: … Cada vez que pienso en lo que significa ser joven, mi mente se inunda de imágenes de un chiquillo, un chiquillo corriendo por tierras despobladas bajo un cielo plagado de pájaros. Mi padre hizo míos sus recuerdos.

P. 95-96: … mi padre nunca se sintió en la obligación de escribir igual una palabra en la misma frase, no digamos ya en la misma página. Era como si tuviera la sensación de que podía darles un significado nuevo a las palabras con cada grafía, o, al menos, una inflexión distinta. Era como si para él cada letra poseyera un atributo visual y pudiera transmitir un mensaje más allá de las simples palabras. Cuántas veces no lo vi echarse hacia atrás después de redactar laboriosamente una carta, igual que un pintor se alejaría del caballete, y, agarrando la pluma, salpicar la página de nuevo, poniendo el punto de una i o el palito de una te, añadiendo eses y haches o duplicando una ele o un ce a una velocidad vertiginosa hasta que consideraba que había dotado la composición de un efecto más potente.

P. 122: Es muy lista, ¿verdad que sí? -comentó la chica, con un tono de voz en el que tuvo la precaución de combinar notas de envidia y lisonja, como un buen agricultor mezcla la hierba cuando prepara un prado.

P. 161: … Pero tampoco sabía que una mentira podía adoptar toda clase de formas, y que se podía decir una sin abrir siquiera la boca.

P. 253: No hacía mucho que había descubierto el local, y se dejaba caer con frecuencia, cada vez que estaba en Dublín. Ahora odiaba cualquier otro sitio. Para empezar, porque sabia que era muy poco probable que hubiera puesto un pie allí si Richard aún viviera. Y esta certeza contribuía a devolverle una ilusión de la identidad que por propia voluntad perdió al casarse, pero perdió por partida doble, y en contra de su voluntad, al enviudar.

P. 257: Y si no podía recordarlo, a voluntad, ¿qué significaba el tiempo? ¿Para qué servía haber vivido el pasado, si desaparecía por completo detrás de nosotros?

P. 259: Ya sé, ya sé. Al final te toca decir lo que se espera de ti, y te sientes degradada.

P. 277: A la mesa estaban saliéndole ampollas, los cercos azules y húmedos de los vasos que la gente iba soltando sin cuidado…

P. 280-282: … Lo único que hago es darle mi opinión … Y lo que pienso, si me permite que se lo diga sin rodeos, es que sus cuentos, en su forma actual, por muy buenos que sean, nunca atraerán a un hombre. Puede que atraigan a las mujeres. Pro nunca atraerán a los hombres. Un hombre leería una o dos páginas de su trabajo y lo desecharía. Porque -hizo una pausa-, porque un hombre busca algo con un poquito de sustancia, ¿sabe lo que quiero decir? Un hombre busca algo más denso, no sé si me explico.

-Sus cuentos, por el contrario, son muy flojos. No tienen apenas argumento…

-Y los finales -prosiguió-. ¡Sus finales son malísimos! No son finales. ¿Sus cuentos se interrumpen a medias! ¿Puedo preguntarle por qué?
Me temo que esbocé una sonrisa desdeñosa.
-La vida tiene muy poco argumento -contesté-. La vida normalmente se interrumpe a medias.

-Mi consejo es que les dé más forma sus cuentos, más argumento; ¡deles una esturctura, por así decir!
-¡Pero eso sería distorsionar la verdad! -protesté, con intención de desarrollar una respuesta.
-¿Por qué dice eso? -exclamó, cortándome-. Puede que haya veces en que la vida parece carente de forma, que nuestras acciones no tengan nada que ver unas con otras, pero igualmente hay miles de veces en que los incidentes de la vida no solo manifiestan una estructura, ¡sino que esta estructura está tan clara y bien marcada como el diseño de esta alfombra!

P. 312-313: De modo que, tal vez, si os cuento lo que creo que podría haber pasado si Packy hubiera matado a la vieja gallina clueca, no me acusaréis de abusar de mis privilegios de escritora. Como conocedora que soy del arte de narrar sin tomar notas, no apelo más ahora a vuestra credulidad que cuando os he contado en primer lugar lo que pasó.
De hecho, algunas veces es más fácil inventar que recordar con detalle, y, de no ser así, tanto el arte de narrar como el arte de chismorrear se marchitarían en un instante.

P. 321: … Y es posible que su versión de la historia, la de ellos, tenga cierta dosis de verdad. Quizá muchas de nuestras acciones posean esa cualidad doble, esa posibilidad de alternativa, y solo mediante una minuciosa observación y una sinceridad absoluta sigamos el camino que se nos destina, que, por muy trágico que sea, resulta mejor que la tragedia que nos buscamos nosotros solos.

P. 332: Se miró las delgadas manos, con las uñas partidas, y una fina urdimbre de líneas marcadas por la suciedad. Y entretanto los demás la miraron a ella. Miraron a aquella hermana, la más joven de todos, y sintieron un escalofrío en el momento en que identificaron su propia decadencia en la de ella.

P. 334: Irán diciendo que ha habido discrepancias con respecto al testamento -dijo Nonny, que al menos conservaba un rasgo de juventud: la excesiva susceptibilidad.

P. 336:… La vida era igual en las tinieblas y a la luz. Era igual para la solterona y para la desliñada madre de familia. Siempre eras tú misma, independientemente de donde fuera o lo que hicieras…

Más sobre el libro

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