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Tea rooms: mujeres obreras, de Luisa Carnés

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Luisa Carnés (Madrid, 1905-1964)

Tea rooms: mujeres obreras / Luisa Carnés ; epílogo de Antonio Plaza.– Gijón : Hoja de Lata, 2016.
248 p.– (Sensibles a las letras ; 24)

“Corren los años treinta en Madrid y las trabajadoras de un distinguido salón de té cercano a la Puerta del Sol ajustan sus uniformes para comenzar una nueva jornada laboral. Antonia es la más veterana, aunque nunca nadie le ha reconocido su competencia. A la pequeña Marta la miseria la ha vuelto decidida y osada. Paca, treintañera y beata, pasa sus horas de ocio en un convento y Laurita, la ahijada del dueño, se tiene por una ‘chica moderna’. Únicamente Matilde tiene ese espíritu revoltoso que se plantea una existencia diferente. Todas trabajan por un salario de hambre y una absoluta falta de expectativas. Están acostumbradas a callar: frente al jefe, frente al marido, frente al padre. Su vida se traduce en esta reflexión de Matilde: “Diez horas de trabajo, cansancio, tres pesetas”. Autora sinsombrero de la Generación del 27, Luisa Carnés escribió esta portentosa novela social rompiendo los esquemas narrativos de la época. Una voz fundamental para acercarnos a la realidad de las mujeres españolas de comienzos del siglo XX.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Las asistentes a la reunión en torno a este libro estimamos que el mismo era absolutamente pertinente para un grupo de lectura como el nuestro, especializado en mujeres y género. Con ello no limitamos, por supuesto, el interés de la obra, ya que su lectura ilustrará de forma amena a todas las personas que quieran conocer el ambiente previo a la Guerra Civil española, con el interés añadido de mostrar la realidad social de la época desde una mirada de mujer, cosa nada habitual en los tratados de historia al uso.

Y es que se trata de una obra llena de realidad, entre otros motivos por estar basada en experiencias reales de la autora, como recoge Carmen Peire en su crónica sobre esta novela en Infolibre (23 de marzo de 2017):

La novela fue escrita entre agosto de 1932 y febrero de 1933… y obedece a un momento de la escritora que, aunque ya había ejercido de periodista y publicado algunos cuentos en los periódicos, tiene que ponerse a trabajar de nuevo como camarera por la falta acuciante de dinero. De esa experiencia sale Tea Rooms. Es por tanto una novela basada en una experiencia vital, que es abordada como una novela social en que nos muestra a diferentes personajes femeninos y en que la protagonista, acaso un alter ego de Luisa Carnés, se llama Matilde.

Abundando en el tema, citar lo que afirma Antonio Plaza en el epílogo del libro de que estamos antes una novela-reportaje, es decir, una novela que habla de la realidad del momento en que se está escribiendo pero presentada en forma de ficción. Esto no le quita calidad literaria a la obra, sobre la que alguna compañera comentó lo bien que presenta a los personajes y las circunstancias personales que les llevan a pensar y actuar como lo hacen.

Desde un punto de vista personal decir que lo primero que me llamó la atención del libro fue su título, cómo en el mismo se juntaba ‘tea room‘ con la denominación de ‘mujeres obreras’, aunque leyéndolo esta combinación ‘semántica’ cobra todo el sentido, ya que el hecho de que los personajes de la obra trabajen en un medio tan amable como podría ser, en principio, un salón de té, esto no hace que sus condiciones laborales sean mejores que las de las obreras de un taller o una fábrica de la época.

Eso mismo me había pasado que con el libro ‘Celia en la revolución‘, de Elena Fortún (por qué ‘en la revolución’ y no ‘en la guerra civil’, me pregunté en su momento, si bien lo comprendí perfectamente al ver qué poca gente desde posiciones, en principio, republicanas se había enfrentado al conflicto con intenciones puramente de defensa de la democracia parlamentaria), otra novela que ilustra maravillosamente sobre nuestro pasado reciente, a la que, por cierto, la obra que ahora nos ocupa complementa a la perfección pues hace si no justificar sí al menos entender el enconamiento, a veces nada racional por decirlo de forma suave, del pueblo contra la burguesía explotadora.

Otra cosa que puede, en cierto modo, sorprender del libro es su calidad literaria -anteriormente mencionada-, dado que estamos hablando de una autora sin estudios reglados, formada a sí misma ya de joven robándole tiempo a las pocas horas de descanso que le permitían trabajos de horarios demenciales y, por supuesto, de muy escasa remuneración. Una biografía, pienso, que muestra un gran paralelismo con la de otra mujer excepcional de la misma época insuficientemente reconocida, en mi opinión, como es Clara Campoamor, de la que pronto leeremos su obra ‘Mi pecado mortal: el voto femenino y yo‘, disponible también en nuestro Centro de Documentación como lote para grupos de lectura.

Y, cómo no, sorprende que no hayamos conocido a esta autora fundamental hasta hace apenas un año o dos, lo que demuestra el largo olvido en el que cayeron tantas personas excepcionales exiliadas tras la guerra ‘incivil’ española, más todavía en el caso de que las mismas fueran mujeres.

En definitiva, un libro que nos acerca a nuestra historia reciente, todavía -aunque pueda parecer lo contrario- insuficientemente conocida, mostrándonosla desde una perspectiva de mujer y de clase -a veces un poco sectaria, hay que decir-, como ilustran muy bien las citas que se recogen a continuación. Totalmente recomendable su lectura, pues.

Citas de la obra

P. 21-22: “…La mujer rica desea el estío, que le permite cultivar su fina desnudez. La pobre lo teme. La pobre ve con temor la proximidad de los días radiantes de ese sol enemigo que descubre el zapato informe, que ilumina cada deterioro del atavío con la precisión del reflector a la estrella. La mujer pobre ama el invierno, aunque el agua le entumezca los pies. En el invierno, la gente camina deprisa -cada uno a lo suyo-. Hace demasiado frío para fijarse en los demás. Llueve demasiado para detenerse a contemplar una pierna bonita. Y la muchacha modesta no se ve constreñida a caminar salvando el buen equilibrio de un zapato torcido. El invierno enerva los miembros y agrieta las manos desnudas, pero la mujer pobre lo prefiere al estío y a la primavera porque ante todo tiene un sexo y un concepto de la feminidad, que cultiva como la mujer rica su fina desnudez en las playas cosmopolitas.

p. 77 [Sobre Matilde]: “… Piensa en su situación. Que apenas ha cambiado… Su concepto de la vida no ha sufrido variación; al contrario. Su definición de la sociedad: «los que suben en ascensor y los que utilizan la escalera interior», se ha consolidado.

No se llega a una definición tan concreta sin una larga experiencia de la humillación y el dolor; sin antes haber tocado, haber sopesado el valor de cada una de estas dos mitades…

p. 130-131: “… Matilde ha visto de cerca, ha «tocado» la tragedia del hogar, la «felicidad», «la paz» del hogar cristiano, tan preconizado por curas y monjas. El marido llega a él cansado de trabajar -cuando hay trabajo-. Allí hay unos chiquillos que gritan, que lloran, y una mujer mal vestida y gruñona, que ha olivado hace años toda palabra agradable y cuyas manos huelen insoportablemente a cebolla… «… yo no puedo hacer más. Estoy todo el día hecho un burro». «¿Y yo no trabajo? ¡Pero como no traigo dinero!». El marido piensa que las cosas de la casa se hacen por sí mismas… y no le da importancia alguna al trabajo de su mujer, el embrutecedor trabajo doméstico.

Por lo demás, el marido también dice que no puede con tanto trabajo, y la esposa repite hasta el cansancio que está «todo el santo día hecha una mula». Pero también hay mujeres que se independizan, que viven de su propio esfuerzo, sin necesidad de «aguantar tíos». Pero eso es en otro país, donde la cultura ha dado un paso de gigante; donde la mujer ha cesado de ser un instrumento de placer físico y de explotación; donde las universidades abren sus puertas a las obreras y a las campesinas más humildes. Aquí, las únicas que podrían emanciparse por la cultura son las hijas de los grandes propietarios, de los banqueros, de los mercaderes enriquecidos; precisamente las únicas mujeres a quienes no les preocupa en absoluto la emancipación, porque nunca conocieron los zapatos torcidos ni el hambre, que engendra rebeldes… En los países capitalistas, particularmente en España, existe un dilema, un dilema problemático de difícil solución: el hogar, por medio del matrimonio, o la fábrica, el taller o la oficina. La obligación de contribuir de por vida al placer ajeno, o la sumisión absoluta al patrono o al jefe inmediato. De una o de otra forma, la humillación, la sumisión al marido o al amo expoliador.

P. 198-199: “Ante una fábrica de galletas se ha congregado un grupo numeroso de hombres y mujeres. A la puerta de la fábrica hay una camioneta, de la que unos mozos descargan cajones vacíos. Sobre uno de los cuales se ha encaramado una mujer. Que habla y hace gestos expresivos… Se expresa con torpeza, pero con un entusiasmo y sinceridad indescriptibles.

Voy a ser breve y clara. Es necesario que las compañeras de trabajo que no estén asociadas se asocien inmediatamente; que no permanezcan cruzadas de brazos en estos momentos de prueba para la clase trabajadora; que se una al movimiento y a la lucha de nuestra clase, la clase de los oprimidos. Ha pasado el tiempo en que se consideraba ridículas y hombrunas a las mujeres que se preocupaban de la vida social y política del mundo. Antes creíamos que la mujer solo servía para zurcir calcetines al marido y para rezar. Ahora sabemos que los lloros y los rezos no sirven para nada. Las lágrimas nos levantan dolor de cabeza y la religión nos embrutece, nos hace supersticiosas e ignorantes. Creíamos también que nuestra única misión en la vida era la caza del marido, y desde chicas no se nos preparaba para otra cosa; aunque no supiéramos leer, no importaba: con que supiéramos acicalarnos era bastante. Hoy sabemos que las mujeres valen más que para remendar ropa vieja, para la cama y para los golpes de pecho; la mujer vale tanto como el hombre para la vida política y social. Lo sabemos porque muchas hermanas nuestras han sufrido persecuciones y destierros…

P. 202-203: “… Pero Laurita no ha leído mas que novelas frívolas y argumentos de films. La perspectiva de un hijo ilegal entre los brazos la ha trastornado, empujándola al crimen y al suicidio inconsciente. La muerte de Laurita cae sobre la espalda de la sociedad.

Tampoco vendrá Marta. Marta anda por ahí, envuelta en su abrigo costoso, perfumada. En una hora indeterminada la acechan la sífilis y el hambre. También el caso de Marta atañe a la responsabilidad social, a la religión, que hace mujeres tímidas, lloronas e indefensas para la vida…

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Franziska Linkerhand, de Brigitte Reimann

Sesión doble 74 (10 de octubre de 2017)

Brigitte Reimann (Burg, Alemania, 1933-1973)

Franziska Linkerhand / Brigitte Reimann ; traducción, prólogo y notas de Ibon Zubiaur.– Madrid : Errata Naturae, 2016.– 678 p.– (El pasaje de los panoramas)

Además de una apuesta vital arrebatada y una singular his­toria de amour fou, Franziska Linkerhand despliega un mundo desaparecido: el de la República Democrática Alemana. En un país aún en construcción, Franziska, joven arquitecta que proviene de una prestigiosa familia de editores, afronta su pri­mer trabajo lejos de la gran ciudad y también de los suyos. En esa especie de desierto que es Neustadt (literalmente ‘nueva ciudad’), no sólo se enfrentará a sus deseos de sintetizar ‘el hoy y el mañana, la desangelada construcción en bloques y la calle jubilosa y viva, lo necesario con lo bello’, sino también a los ecos de su pasado: su niñez, el dramático final de la gue­rra, las historias de su abuela sobre otra época más hermo­sa, su primer amor, su matrimonio fracasado…

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Esta novela gustó a algunas componentes del grupo de lectura pero a muchas otras no: quizá porque el personaje principal no atrajo suficientemente a la mayoría, quizá porque trata de una historia que nos resultaba un poco lejana, quizá porque tiene una forma un poco enrevesad de escribir y enlazar personajes y acontecimientos…

Lo cierto es que no es una novela fácil de leer y que cuesta meterse en la historia. Con un principio -según mi punto de vista- especialmente poco prometedor:

Ay, Ben, Ben, ¿dónde estabas hace un año, o hace tres? ¿Qué calles recorriste, en qué ríos te bañaste, con qué mujeres te acostantes? ¿Repites sólo un gesto rutinario al besare la oregja o la parte interior del codo? Me muero de celos… El presente me da miedo…

Y una continuación un poco ‘liosa’ lo que hace que cueste un poco empezar a conocer a los personajes y las circunstancias de los mismos.

Pero una vez que consigues meterte en la novela la recompensa es grande porque da acceso al conocimiento de un lugar y una época crucial en el desarrollo de Europa y por la historia vital que cuenta, al estar protagonizada por una mujer de clase media enfrentada a sus contradiciones de burguesa en una sociedad ‘socialista’ y de gran profesionalidad en su trabajo -arquitecta de vocación- , por citar algunos de los aspectos de que trata el libro.

Y fueron precisamente las reflexiones en la obra en torno al urbanismo y sobre cómo deben ser las viviendas y las ciudades para que sean realmente habitables uno de los temas que más interesó a las pocas componentes del grupo que consiguieron avazar y llegar, en algunos casos, al final del libro.

En cualquier caso, la opinión generalizada del grupo dista mucho de lo recogido por Devoradora de Libros en la entrada sobre el libro en su blog, cuya lectura recomiendo vivamente para hacerse una idea global y a la vez detallada sobre la autora y específicamente sobre esta obra suya, a la que califica de ‘colosal’.

Citas de la obra

P. 55-56: “Por la noche la despertó un dolor desconocido, que clavaba agujas romas en su espalda infantil, y encontró una manca de sangre en la sábana. […] La pobre niña se pasó una hora acuclillada en el baño, sobre las frías baldosas de la pila […] «Me han cogido», pensó Franziska, presa de un ataque de pánico. Se sintió capturada y entregada al círculo de las mujeres, a su ciclo, que las sometía a la luna, y a su tiovivo de obligaciones, que las forzaba a limpiar cada mañada el insidioso polvo inexpugnable de los muebles, a sumergir cada mediodía la vajilla grasiente en el agua caliente; a llevar consigo durante nueve meses, roída por las arcadas, un cuerpo extraño que se alimenta de sus jugos, de su sangre, a aullar en una sala de partos -y aturdida por la perspectiva de un proceso bárbaro, se quedó mirando su pequeño vientre aceitunado, que le pareció ya más abombado que ayer, y gimió-. «Un recipiente», pensó, «me he convertido en un recipiente».

P. 84: “Sólo más tarde, ya en la Escuela Superior, tras ser yo misma herida y humillada, comprendí por qué [su hermano mayor] desconfiaba de sí y se sentía culpable: pagábamos así los pecados de nuestros padres. […] Leyó El Capital por ser el trabajo de un científico que argumentaba, desmostraba, deducía con lógica; el socialismo era para él una ciencia exacta como la física, y los artículos de fe y los sentimientos nebulosos estaban fuera de lugar en ella… En fin, si quieres oír mi opinón: el pobre pelirrojo tiene demasiada poca fantasía, no ve que un poco de magia y de vudú forma parte del juego, porque el hombres no sabe arreglárselas sin fe, amor, esperanza, ni la investigación más exacta sin cábalas y especulaciones -a toda frómula le ha precedido un sueño-.

P. 85: “… ¿Sabes lo que pienso hoy? Teníamos que convenciarnos una y otra vez de que habíamos elegido bien, que nos habíamos pasado al mejor de los mundos […]

Oh, no, no ocurrió nada dramático […] Sospechas, pullas, una estúpida guerra de guerrillas por un libro (y es que, claro, teníamos un gusto decadente) […] nuestras cuitas: pupas de intelectuales…

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Celia en la revolución, de Elena Fortún

Sesión 70 (7 de marzo de 2017)

Elena Fortún (Madrid 1886 – ibídem 1952)

Celia en la revolución / Elena Fortún; presentación de Andrés Trapiello; introduccde de Marisol Dorao.– Valencina de la Concepción [Sevilla]: Renacimiento, 2016. — 344 p.– (Biblioteca Elena Fortún)

“Novela sobre la guerra civil, escrita poco después del fin de la guerra, en 1943, no hay en ella lugar para la distorsión ni la idealización de lo vivido. Estas páginas no solo nos cuentan la vida difícil y llena de peripecias de una adolescente Celia en un Madrid sitiado, entre la supervivencia y la revolución, son también una suerte de crónica autobiográfica de la propia Elena Fortún.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Un libro necesario es lo primero que me sale decir de ‘Celia en la revolución‘. Necesario para quienes quieran conocer lo que pasó en la guerra civil española de primera mano y desde una mirada limpia, sin prejuicios. Necesario para reafirmar en la idea de que las guerras, todas, son injustas y crueles. Necesario, en fin, para la formación en historia reciente de España y fundamentalmente en valores, muy en particular al público joven, a quien inicialmente se dirigía la serie de relatos protagonizados por Celia, el personaje creado por Elena Fortún que viera la luz por primera vez en la sección Gente menuda de la revista Blanco y Negro.

Todas las que asistimos a la reunión comentamos lo mucho que nos había llegado la obra, pues si bien está catalogada como narrativa -incluso como literatura juvenil- , en realidad sentíamos que lo que estaba narrando la autora en el libro era totalmente real y forma parte de nuestra historia. Y es que, como afirma en la introducción Marisol Dorao, “Todo lo que de autobiográfico habían tenido los libros de Celia hasta entonces se intensifica en Celia en la revolución. A través de esta prematura mujer de quince años […] vemos y sentimos los pensamiento y los sufrimientos de Elena Fortún durante la guerra civil española”. Solo una compañera puso objeciones a la forma de escribir de la narradora y protagonista de la obra, que se supone que es una niña, pero es que en el libro anterior de la serie este personaje había sufrido la pérdida a su madre y se había tenido que hacer cargo de sus hermanas pequeñas, y en este tiene que hacerse fuerte y sobrevivir en un medio tan extremadamente hostil como es una guerra, circunstancias que sin duda deben conllevar un proceso de maduración vital acelerado.

La misma compañera quiso profundizar en el concepto de la tercera España de la que habla Andrés Trapiello en el presentación de la obra. Buscando en las redes al respecto sale, entre otros, un artículo de Xabier Casals (El Periódico, 17 julio 2016), que informa que se trata de un concepto sugerido por Salvador de Madariaga en ‘Spain‘ (1955) al aludir a “tres Españas” mediante “tres Franciscos” de claras connotaciones ideológicas muy distintas: el dictador Franco, el líder socialista Largo Caballero y el pedagogo y político republicano Giner de los Ríos.

Un tema muy interesante, sin duda, el planteado por la compañera al hilo de la presentación de Trapiello de esta obra, a la que este sitúa, por cierto, dentro del corpus fundamental de esta tercera España, junto con ‘La revolución española vista por una republicana‘ de Clara Campoamor, los diarios de guerra ‘España sufre‘ de Morla Lynch, el ensayo ‘Democracias destronadas‘ de José Castillejo, y el libro de relatos ‘A sangre y fuego’, de Manuel Chaves Nogales, todos ellos escritos durante la guerra civil o al poco de finalizar la misma.

Ligado a lo anterior, muy interesante también el análisis del título y la mención de ‘revolución’ en el mismo sobre lo que llama la atención Trapiello, término que curiosamente también aparece en el título de la obra de Clara Campoamor. En este sentido, puede ser aclaratorio el prólogo -memorable, según Trapiello- de la obra del periodista sevillano Chaves Nogales citada.

Volviendo al libro, y para finalizar con el texto de Trapiello, recoger aquí una cita especialmente relevante de la presentación en la que este sostiene que “Pocas veces se habrá escrito una novela sobre la guerra con tanta verdad, consciente su autora de que alguien ha de contarla, y no como un desahogo, tal y como creía Martín Gaite, sino consciente de que con el tiempo todos mentirían o tratarían de hacernos creer que han olvidado.”.

Una obra, pues, dura al estar llena de dolorosa verdad sobre lo que paso en nuestra guerra civil, honesta y valiente por la difícil posición de independencia y equidistancia de la autora -de fuertes convicciones republicanas y democráticas, lo que la honra más si cabe-, y con una descripción de la guerra fundamentalmete desde el punto de vista las mujeres -Celia, su criada, sus amigas…-, desde esa retaguardia que no hace la guerra pero que sufre sus efectos y cuya principal lucha, además de sobrevivir, es mantener unas condiciones de vida dignas a las que retornar en tiempos de paz.

Pero no por ello se puede decir que la obra sea difícil de leer o que el texto esté falto de gracia -incluso de lirismo-, lo que se puede apreciar a lo largo de todo el libro en las descripciones de personajes, circunstancias y paisajes que pasan por el mismo. A una compañera, por ejemplo, le recordó las cartas que su padre, pintor de profesión, mandaba a su madre en la guerra desde el frente, en las que se limitaba a describirle poéticamente los paisajes que divisaba desde las trincheras.

Todo esto lo expresa muy bien una compañera que no pudo venir a la reunión y que nos mandó unos comentarios al respecto, que recojo a continuación a modo de colofón de esta valoración del libro:

“[…] El libro me ha gustado mucho, me ha resultado de fácil lectura con un contenido muy duro.

Otra visión de la guerra con las consecuencias para las ciudadanas que no entienden mucho lo que pasa y por qué pasa, pero que la sufren y que deben hacer frente a situaciones límite.

Increíble la descripción de una madurez sobrevenida para una niña/joven de tan pocos años, y de la realidad tal y como se vivió en esa ciudad [Madrid].

Algunos pasajes me han llevado al recuerdo de mi padre y a episodios que me contaba.

Y, a pesar de todo, la ilusión y la esperanza para el futuro de Celia.”

Citas

P. 47 [Valeriana, la criada de la familia]: “Los hombres se meten siempre en lo que no les importa en vez de ocuparse de su casa… No tiés más que ver en cuanto se juntan dos… lo mismo que sean pobres que ricos, ya están parlando que si el alcalde, que si el concejal, que si las elecciones… y hay algunos que emprincipian con que si lo que pedrica el cura en el púlpito no es verdad, que si los frailes, y que si el Papa que está en Roma… ¡No paece sino que ellos van a arreglar el mundo y se lo saben too…!

p. 135 [Habla en padre de Celia]: “Ni la tierra, ni la cultura, pueden ser propiedad de unos cuantos. Es la herencia ancestral que fue creciendo desde que el primer hombre aparece sobre la tierra sosteniéndose sobres sus dos pies…

p. 139-140 [Juan, el jardinero]: “Cuatro hijos tenía, como cuatro pinos, y ya no sé si me queda alguno… ¡Maldita revolución!

[…]

¡Y cualquiera sabe quién tiene la razón…! Los de las derechas y lo des las izquierdas empeñaos en que tién la receta pa hacernos felices, pero en el entretanto a machacarnos los liendres a lo que no sabemos ná de ná. Yo discutía de esto con mis pobres hijos… y ellos me decían que no luchaban por ellos, que esta generación se tenía que sacrificar… ¡Cosas que habían oído en los mítines y los discursos del centro… Que luchaban por los que venían detrás de ellos… ¡Mire usé qué necesidá tenían de ocuparse ellos de los que no han nacío aún…! ¡Ya ni nietos voy a tener…!

p. 149: En esta casa en silencio, donde nadie llora, me parece el dolor horrible…

P. 160:”Adiós, papíto mío. ¡Que no te pase nada…!

Está sereno, y hasta me parece alegre.

Se va… le veo marchar inclinado… Ahora que cree que ya no le veo, anda despacio como si llevara un saco de pena sobre la espalda…

P. 188: “He traído rosas… las pongo en un jarrón de cristal. ¡Qué maravilla, Señor! Tienen demasiadas hojas y las limpio un poco de follaje… ¡Un caracol! Entre las hojas había un caracol… Pobrecito. Vivirá aquí conmigo y ya no estaré sola… Al fin una vida junto a la mía…

P. 192: “Mira, papá me explicó una tarde que él defendía al pueblo para que se educara en el mismo banco de la escuela que el hijo del médico y del millonario y que no hubiera más diferencias entre ellos que las limitaciones de la naturaleza… Pero no me dijo que fueran todos pobres, o todos ricos… ni que les obligaran a hacer esto o aquello…. No. Lo primero es ser libre y hacer lo que se quiere…

P. 225 [El padre de Celia]: “Sí, hija, sí, pero prefiero que dejes a un lado todos esos recuerdos. En este espanto que estamos viviendo, hay que volver rápidamente la espalda a el pasado… Los que se han quedado en el camino ya no sufren más. Ese es el gran consuelo de los que vivimos aún… Comienza la primavera, todo se renueva… y cantan las alondras todas las mañanas., ¿Las oyes tú? En mi balcón hay una asamblea de pájaros al amanecer… Además, hija, aunque te empeñes en estar triste no podrás. !Tienes diecisiete años!

P. 255: “Es una primavera áspera, dura, sin la alegría de otras primaveras. El aire fino, sutil, de la meseta, claro, transparente y frío como agua de manantial, me envuelve, refresca mis mejillas y corre entre mis dedos.

P. 295-296:

“-Hemos trabajado con fe en el provenir -me dice la señorita Amelia-. Mi esperanza de «Escuela Única» la he visto aquí realizada… Aquel chico […] es el hijo del portero […] y ese otro que se sienta a su lado es el hijo de Elorrieta, el abogado y diputado conservador…

[…]

-Sí… ¡todo está perdido! Creo que por culpa de unos y otros… Suspira, y su tristeza se comunica a mi corazón.

[…]

-Tu padre pasará los Pirineos, y… yo me quedaré aquí… pase lo que pase […] Me quedaré aquí.. y no sé lo que harán conmigo por mi pecado de democracia…

[…]

Todos son héroes. Papá, Jorge, la señorita Amelia, el papás de María Luisa, por conservar su ánimo entre tanta desgracias… Pero yo soy una pobre chica perdida entre tanta gente, sola, sin familia… sin saber qué hacer…

P. 310: “Aún voy a dar una vuelta a la casa para despedirme del jardín… ¡Adiós, álamos! ¡Adiós cipreses casi negros… rosales… pobre tierra seca y helada que comienza a esponjar la primavera! Papá decía que somos tierra del país donde nacimos. ¡Tierra mía de Madrid! De rodillas la beso…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

La puerta de los ángeles, de Penelope Fitzgerald

Sesión 63 (3 de mayo de 2016)

Penelope_FitzgeraldPenelope Fitzgerald (Lincoln, 1916-2000)

puertaLa puerta de los ángeles / Penelope Fitzgerald.– Madrid: Impedimenta, 2015. — 231 p.

Resumen:  “Fred Fairly, un brillante joven, tiene ante sí un prometedor futuro como profesor de Ciencias en Cambridge, siempre y cuando respete una de las normas ancestrales del college al que pertenece. El St. Angelicus, como el Monte Athos, se caracteriza por no haber permitido que ninguna mujer traspase sus muros desde hace más de quinientos años. Por tanto, el matrimonio es algo impensable. Pero parece que Fred, miembro de la peculiar Sociedad de los Desobedientes, comienza a rebelarse contra la rigidez del mundo que le rodea: empieza por confesar a su padre que ha perdido la fe y, tras un aparatoso accidente de bicicleta, acaba por enamorarse de una misteriosa joven con un dudoso pasado. Y es que en cualquier lugar, hasta en el riguroso St. Angelicus, existe una puerta oculta.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Reunión poco nutrida pero no por ello poco animada.

Menos una de las asistentes que había comenzado a leer el libro y esperaba a conocer otras opiniones para decidir si le merecía la pena continuarlo hasta el final o no, el resto manifestamos lo mucho que nos había gustado.

Y es que la novela es interesante y grata a la vez, así que el juicio general expresado en la reunión es que es totalmente recomendable.

Una de las compañeras, por ejemplo, apuntó que, en contraste con ‘Farándula‘, la obra leída el mes anterior, el estilo de esta novela pausado, sin aspavientos, sencillo pero a la vez profundo y sofisticado le había encantado, haciendo que su lectura hubiera sido para ella adictiva y deliciosa (con la ventaja de que ella lo había leído en su versión original, ya que es de Filología inglesa).

Otra asistente comentó que sin ser una obra conceptualmente feminista en la práctica lo es y mucho, ya que, por ejemplo, describe el ambiente social de una época en la que las mujeres estaban luchando por la consecución de sus derechos, entre ellos el del voto; o por el retrato que hace de la protagonista femenina, una joven que, a pesar de su humilde procedencia, pretende formarse y ganarse la vida en un trabajo cualificado -la enfermería- por el que siente una profunda vocación y para el que demuestra sobrada capacidad.

Una sociedad difícil para las mujeres la que muestra la novela -la Inglaterra de principios del siglo XX-, en la que las chicas que quisieran trabajar estaban sometidas a dificultades de todo tipo, como el deber de mostrar en todo momento una conducta intachable a la vez de tener que soportar acoso sexual en el trabajo, en los transportes públicos, etc., además de la imposibilidad de formarse en la universidad y de integrarse plenamente en los ambientes culturales del momento.

Todo ello aderezado con personajes amables -mención especial merece aquí el protagonista masculino-; con ese sentido de la ironía tan británico; con unas descripciones de interiores y de paisajes realmente sugerentes; o con el reflejo fidedigno de un ambiente científico que la autora parece que conocía bien, con principios fundamentales sometidos a cambios profundos, al igual que la sociedad en los que estos sucedían.

En definitiva, un libro muy estimulante que nos ayuda a conocer la historia reciente y con ello a respetar aún más a unas antepasadas que contribuyeron de forma tan importante a la mejora sustancial de la situación actual de las mujeres, al menos en lo que a Occidente se refiere.

[Para ilustrarse de forma amena sobre la lucha de las sufragistas recomendamos el telefilm Iron Jawed Angels: derecho al voto para la mujer, disponible para el préstamo en nuestro Centro de Documentación, o la película Sufragistas, estrenada recientemente]

Citas del libro

P. 49-50:

Al final de su primer año como profesor adjunto, Fred pensó que debía confesarle a su padre [pastor protestante] que ya no era cristiano, pero de manera que le causara la menor aflicción posible. El dilema le parecía más propio de 1857 que de 1907 […] Fred, que contemplaba el pasado con tanta bondad como el presente, pensaba que, aún en el nuevo siglo, no debía menospreciar aquello que se había tenido en tan alta estima. No le quedaba más remedio que ir a casa y hablar con su padre, cara a cara, exponiéndole sus motivos, como solían hacer los hijos para tratar un tema en el que la razón, por desgracia, carecía de poder. Actuar de ese modo era lo mínimo que exigía la cortesía. Pero no cabía duda de que su padre se sentiría profundamente consternado. […]

P. 59-62 [Fred va a visitar a su familia y confesarle a su padre que ya no es cristiano]:

Su madre, Hester y la señora Burden, que iba desde el pueblo a cocinar y ocuparse de las tareas más pesadas de la casa, estaban sentadas, cosiendo […]

¡Mi querido Freddie! –exclamó la señora Gairly–. ¡Qué agradable sorpresa!

Hester, no tan fría como de costumbre, dijo:

Espero que sepas lo que estamos haciendo. Son los colores del WSPU [Women’s Social and Political Union, principal asociación a favor del sufragio femenino en Gran Bretaña]. Fabricamos pancartas para la marcha de Birmingham […]

Pero, madre, ¡tú no estás a favor del sufragio femenino! –dijo Fred–. Hemos hablado de ello en varias ocasiones…

Ahora está a favor. Todas lo estamos –le interrumpió Julia– […]

Toda ha cambiado, Freddie –dijo Hester–. Ahora es distinto. Ahora nadie se ríe. Vimos la foto de la gente que estaba haciendo huelga de hambre en el Daily Mail.

[…]

¿Está padre en su despacho?– preguntó.

Por supuesto –dijo Julia–. No se le ocurriría aparecer por aquí. Sabe lo que estamos haciendo y le da pánico.

Fred fue al estudio. Sin tomar asiento y sin decidirse aún a abordar la cuestión, aunque fuera poco a poco, comenzó a justificarse con frases entrecortadas. Su padre le tendió una mano […].

Entonces dijo:

Cuando me explicaste que querías estudiar Ciencias Naturales en la universidad, lo que te ha proporcionado, supongo que por fortuna, tu actual empleo, di por supuesto que eso te llevaría, tarde o temprano, a concluir que la idea del alma no tiene sentido. Todo lo que te pido es que no me cuentes nada al respecto. Las mujeres de esta casa, como tal vez ya hayas visto con tus propios ojos, nos han abandonado definitivamente. No podemos contar con ellas para ningún fin práctico.

No creo que nos hayan abandonado, padre. Esta concentradas en lo que hacen, que no es lo mismo.

Freddie, me han dicho que hay sobras en la despensa. ¿Tienes idea sobre cómo se cocinan las sobras?

Las sobras no se cocinan. Son sobras porque sobraron de algo que se había cocinado antes.

Su padre sonrió y suspiró.

P. 81:

Parece usted más seguro de su nombre que ella misma– dijo el señor Wrayburn.

¿Por qué dice eso? ¿La está censurando?– preguntó Fred, decidido a levantarse y abandonar la clínica […]

¿Censurarla? ¡Por supuesto que no la está censurando –exclamó la señora Wrayburn–. ¿Por qué debería una joven, o cualquier otra mujer, dar explicaciones sobre lo que hace? ¿Por qué está obligada a recordar su nombre si no quiere hacerlo? Todo cuanto tenemos derecho a preguntar es: ¿predominan en su carácter los más elevados ideales? ¿Recorre la senda que conduce a la dicha? ¿Se encuentra en armonía con el nuevo siglo?

P. 195:

Después de que Fred regresara a su asiento, la señora Wrayburn prestó juramento y dijo que se dedicaba a sus labores.

Sería licenciada –dijo–, si la universidad permitiera licenciarse a las mujeres.

Señora Wrayburn, se dedica usted a sus labores –prosiguió el inspector– […]

Más noticias y opiniones sobre la obra

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Presentamos ‘Seducción y género en la Sevilla Barroca…’, de Eva Manzano Pérez

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seduccion-en-la-sevilla-barrocaEl mes pasado nuestro Centro de Documentación María Zambrano, en colaboración con la Fundación María Fulmen, presentó el libro ‘Seducción y género en la Sevilla Barroca. Historias de amores públicos, peticiones de honra y buena vecindad‘ (Triskel, 2015), una investigación sobre el incumplimiento de promesas de matrimonio en la Sevilla del siglo XVII con el que su autora, la joven historiadora Eva Manzano Pérez -que tenemos la suerte de que pertenezca a nuestro grupo de lectura-, concluyó sus estudios de postgrado.

En la presentación, Eva Manzano Pérez, cuya labor como historiadora complementa en la actualidad con la gestión de proyectos culturales y de investigación en la Universidad Pablo de Olavide, destacando por su labor en la organización de distintos eventos de ámbito local orientados al fomento de la igualdad de género, estuvo acompañada por Ainara Aguirre Narros, psicóloga especializado en mediación y terapia familiar sistémica cuya actividad como activista por la igualdad de género le ha relacionado con el tejido asociativo sevillano, trabajando y formando parte de varias asociaciones de igualdad, diversidad sexual y de psicología.

En palabras de la autora, este ensayo histórico trata de amoríos y relaciones sexuales que se entablaban bajo palabra de matrimonio en la Sevilla Barroca que transgredían las normas religiosas y morales de la época, y que podían concluir o no con el enlace de la pareja. Las rupturas de estas promesas, normalmente por parte del seductor, perjudicaban la reputación pública y la honra de las muchachas seducidas. Con el objetivo de certificar y reparar su honor, estas jóvenes y sus parientes, emprenderían querellas judiciales y todo tipo de tratativas privadas.

Así, a través de fuentes testimoniales y procesales Eva Manzano Pérez ha reconstruido fragmentos de historias de vida, analizando la formación de parejas y la regulación del matrimonio en los sectores más modestos de la sociedad sevillana del Seiscientos.

Mediante dichas fuentes, la autora ha seguido la lucha de tres mujeres por atestiguar su honra y contraer matrimonio con el hombre de su elección -coincidente en el caso de dos de ellas-, cuyas relaciones pasionales se iniciaron en el sevillano barrio de Triana en un caso y en la villa ducal de Osuna en los otros dos casos restantes.

Uno de los descubrimientos de la autora al respecto es la participación activa de la vecindad en los asuntos del honor y su papel preponderante en la definición de enlaces matrimoniales, que se materializaban en formas de solidaridad y tejidos de apoyo con una fuerte influencia femenina.

Como lega en la materia, comentar lo curioso que me resultó ver cómo mediante fuentes documentales se puede llegar a conocer la forma de vida, las relaciones -familiares, de amistad y vecinales-, la forma de hablar…. y hasta el carácter de las personas a que se refieren dichas fuentes, así que tanto la presentación como el debate posterior estuvo lleno de vida, como lo está, sin duda, el libro que recoge la investigación completa que animamos a leer para adentrarse en la vida del barroco Sevillano de una forma amena y llena de autenticidad histórica.

Para más información también puede consultarse ‘Mujeres y hombres en el Barroco sevillano‘, un interesante artículo de Eva Manzano Pérez sobre el tema para El Correo de Andalucía (18 enero 2016).

Una buena ocupación esto de leer sobre el Barroco en Sevilla para acercarse a la ciudad en estas fechas de semana santa, fiesta barroca donde las haya.

La Tribuna, de Emilia Pardo Bazán

Sesión 57 (5 de noviembre de 2015)

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Emilia Pardo Bazán (La Coruña, 16 de septiembre de 1851 – Madrid, 12 de mayo de 1921)

la-tribuna-pardo-bazanLa Tribuna / Emilia Pardo Bazán; edición Benito Varela Jácome.– 16ª ed. — Madrid : Cátedra, 2009

Resumen: “Se ha considerado siempre a ‘La Tribuna’ como la novela en que Emilia Pardo Bazán ensaya la nueva técnica naturalista. No en vano aparece el mismo año que su defensa ardiente en ‘La cuestión palpitante’. En ella el obrero, como capa social bien determinada, con sus connotaciones políticas y sociales, aparece por primera vez en el panorama novelístico español. La crisis marcada por la Revolución de 1868, la emancipación de la mujer trabajadora, las reivindicaciones laborales del incipiente proletariado, etcétera, constituyen la atmósfera espiritual que envuelve el mundo narrativo de esta obra.” (La editorial)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Lectura propuesta por una integrante del grupo de lectura, profesora de Literatura jubilada, que al principio nos comentó como esta obra, publicada originalmente en 1983, había supuesto a Emilia Pardo Bazán una gran cantidad de críticas, lo que provocó que su marido le exigiera que cesara de escribir y que se retractase públicamente de sus escritos, cosa que la autora no solo no hizo, sino que decidió separarse de él un año (más información sobre el tema en el artículo ‘Emilia Pardo Bazán, la escritora aristócrata‘, por Juan Antonio Cebrián en el número 261 (2004) del Magazine de El Mundo).

La obra tiene un indudable valor histórico, ya que, como recoge José Francisco Durán Vázquez en un artículo titulado ‘La Tribuna, una novela a caballo entre dos mundos‘, publicado en el número 15 (2007) de la revista Nómadas: Revista de Ciencias Sociales y Jurídicas, se trata de la “… primera novela que en España describe el mundo obrero con el afán documentalista que caracterizó al movimiento naturalista. Desde esta perspectiva la obra tiene un importante interés histórico y sociológico…”, aspecto, este último, en el que explora el artículo mencionado.

Así, podemos hacernos una idea, leyendo esta obra, sobre la vida y la lucha del incipiente proletariado en los inicios de la revolución industrial y de la vida en una ciudad de provincias del norte de España en la época, así como de las limitaciones y la pobreza moral de las convencionales relaciones de la burguesía de dicha ciudad, tanto entre sí como con personas de más bajo nivel económico.

Y es que Pardo Bazán hace de protagonista de su obra a una joven pobre que entra a trabajar en una fábrica de tabaco, donde vive los hechos que rodean la Revolución de 1868, tomando cierto protagonismo político que le llevan a que le asignen el sobrenombre de La Tribuna, a la vez de establecer relaciones con un joven militar de ‘buena familia’. Este tema sirve de escusa a la autora, como comentó una compañera del grupo, para tratar de reivindicaciones laborales -derecho al trabajo, condiciones laborales, etc.-, sociales -derecho a pensar, a tomar partido, etc.- y sexuales -equiparación de sexos y de clases en este tema, derecho a la honra y el honor, etc-.

En el grupo se comentó que notaba que la autora había tomado un claro partido por las personas más desfavorecidas, si bien alguna componente observó que no lo tenía tan claro pues tampoco parece que la protagonista de la obra quede tan bien parada. Pero dada la condición de gallega de la autora, tampoco parecía tan raro que tomara cierta distancia sobre lo hechos, si definir claramente sus posiciones. En mi opinión, en cualquier caso, decir que las relaciones de amistad y compañerismo entre las obreras sí que responden a unos principios de sinceridad y solidaridad ausentes entre la ‘buena sociedad’ de provincias.

Sobre el estilo de escritura comentar que a algunas compañeras del grupo les pareció precioso, con una riqueza de imágenes y, sobre todo, de lenguaje difíciles de encontrar en escritos actuales, aunque a otras, si bien estando de acuerdo con lo anterior, la narración nos había parecido quizá excesivamente prolija, lo que había hecho que nos aburriéramos un poco en algunos pasajes.

Sobre la edición de la obra, de Cátedra, comentar su buen y completo estudio introductorio, si bien el tamaño de la letra -se trata de una edición de bolsillo- dificulta la lectura por parte de las personas con problemas de presbicia, como es el caso de la mayoría de componentes del grupo de lectura

Y dado que hoy es el 25 de noviembre, día internacional contra las violencias machistas, finalizar mencionando específicamente el episodio sobre la obrera maltratada por su esposo, tema este de la violencia machista que preocupaba a la autora, como se puede ver, por ejemplo, en ‘Las medias rojas‘, un relato breve publicado en 1904 por la escritora gallega recogido por Monserrat Barba Pan en About.com.

Entradas en nuestro blog relacionadas con Emilia Pardo Bazán

Cita

p. 128: …Por espacio de diez segundos imperaban la confusión y el desorden, y había empujones, pellizcos convulsivos, arañazos, violentos repelones; pero apenas iban aproximándose a las cercanías de la fábrica, donde el severo reglamento prohibía los escándalos, cesaba el griterío, comenzaba el torrente femenil a precipitarse dentro del patio y restablecíase la paz, ya que no la serenidad interior, en la fiel imagen abreviada de la nación española.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

Vídeo

Medio sol amarillo, de Chimamanda Ngozi Adichie

Sesión doble 56 (1 de octubre  de 2015)

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Chimamanda Ngozi Adichie (Abba, Enugu, 15 de septiembre de 1977)

solMedio sol amarillo / Chimamanda Ngozi Adichie. — Barcelona : Random House, 2014. — 537 p.

Resumen: “Obra que recrea un período de la historia contemporánea de África: la lucha de Biafra por conseguir una república independiente de Nigeria, y la consecuente guerra civil que segó la vida de miles de personas. Según la crítica, se trata de una novela épica y magistral que cuestiona el colonialismo, las alianzas étnicas y la responsabilidad moral de un conflicto apoyado por las potencias mundiales. Todo ello recreado en la vida de tres personajes atrapados en las turbulencias de la década…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

La novela ha gustado mucho a todas las integrantes del grupo de lectura.

Y es que es especialmente interesante por acercarnos a la historia de un país y de un conflicto del que no teníamos apenas conocimiento. Por ejemplo, en mi caso -y con ello manifiesto mi gran incultura al respecto- el mayor acercamiento al tema que había tenido se remonta a cuando de pequeña en el colegio (de religiosas, por supuesto) se organizó una recogida de alimentos y de dinero para “los negritos de Biafra”, con las connotaciones de prejuicios y de mirada de superioridad que siempre se adoptaba -y se sigue haciendo, me temo- cuando se hablaba de África y de sus habitantes en el mismo nombre de la campaña.

Pero, volviendo a la obra, lo que más sorprende quizá es ver lo mucho que se podría parecer -sociológimanente hablando- nuestro país a la Nigeria (y Biafra) de la década de los sesenta del siglo pasado, época en la que transcurre la novela. Con personas que ya habían podido acercarse a la formación universitaria y que tenían un alto nivel cultural y una conciencia crítica considerable, incluyendo mujeres, protagonistas fundamentales de la obra; la existencia de una clase social ‘pudiente’ cuyos capitales estaban directamente relacionados con sus tejemanejes con la clase política dirigente; con una mayoría de pobres al servicio de las clases sociales emergentes; etc., etc. Incluso, desde el punto de vista religioso, vemos en la novela que se trataba de un país en que la religión católica estaba bastante extendida, en concreto dentro de la etnia igbo, que es a la que pertenecen los personajes protagonistas. Y hasta podría tener ciertos ecos con nuestra historia patria más o menos reciente la cruenta guerra civil que estalla en el país africano, fundamentalmente por motivos económicos y deseos de preponderancia social y política, además de por odios más o menos ancestrales -puestos en cuestión en la novela, ya que más bien se achaca a intereses espurios de las grandes potencias- entre las distintas etnias que hasta ese momento habían cohabitado pacíficamente en Nigeria.

Por poner alguna pega: la mirada un poco sesgada, quizá, de los sucesos acaecidos en Nigeria (Biafra) por la pertenencia de los personajes protagonistas -y de la autora que los ha creado- a una etnia y una clase social determinada; o la prolijidad de las descripciones que da como resultado una novela más extensa de lo deseable, si bien es una opinión personal no compartida por la mayoría del grupo, según se manifestó en la reunión.

Concluir diciendo que el libro nos acerca de una forma humana y amena al pasado de un país (y, por extensión, al del continente al que pertenece, África) no tan lejano como a veces nos empeñamos en creer, y que es preciso conocer la historia desde diversos puntos de vista -sobre todo del de sus protagonistas- pues si solo escuchamos una versión de la misma corremos el riesgo de caer en una incomprensión grave, tal como tan sabiamente manifiesta la propia autora en El peligro de la historia única, una interesantísima conferencia dictada por la misma para la prestigiosa organización TED, centrada en la divulgación de ideas que merecen la pena ser conocidas.

Para finalizar, mencionar la existencia de una película basada en la obra, si bien parece que es de difícil adquisición por el Centro de Documentación, como nos gustaría. De momento, aquí se puede visionar el tráiler:

 

Cita

A continuación recojo una cita del libro que me dejó un poco confusa pues, si bien por un lado es una afirmación de la potencia y la libertad de las mujeres, por otro lado…

p. 285-286:

No puedo volver a su casa, tía.
– No te pido que vuelvas a su casa. Te digo que vuelvas a Nsukka. ¿No tienes allí un piso y un trabajo? Odenigbo ha hecho lo mismo que hacen todos los hombres, meter el pene en el primer agujero que encuentran cuando una está lejos. ¿Es que se ha muerto alguien?
Olanna dejó de abanicarse y notó cómo el sudor le empapaba el cuero cabelludo.
– Cuando tu tío se casó conmigo, me preocupaba que alguna de aquellas mujeres pudiera echarme de mi casa. Ahora sé que nada de lo que él haga cambiará mi vida. Mi vida solo cambiará si yo lo quiero así.
– Pero ¿qué estás diciendo, tía?
– Ahora va con más cuidado porque sabe que ya no me asusta. Le he advertido que, si me hace desgraciada de alguna forma, le cortaré esa serpiente que tiene entre las piernas. -Tía Ifeka siguió removiendo la masa mientas la imagen que Olanna tenía de su matrimonio empezaba a hacerse añicos-. Nunca debes comportarte como si tu vida dependiera de un hombre. ¿Me oyes? -le dijo tía Ifeka-. Tu vida solo te pertenece a ti, soso gi. Volverás el sábado…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación