Nada crece a la luz de la luna, de Torborg Nedreass


Sesión 87 (5 de marzo de 2019)Torborg Nedreaas (Bergen, 1906 – Nesodden, 1987)

Nada crece a la luz de la luna / Torborg Nedreass; traducción de Mariano González Campo– Madrid: Errata Naturae, 2016.– 270 p.

“Esta fascinante novela comienza de un modo tan sugerente como misterioso: en la estación de tren de una gran ciudad, un paseante, casi un voyeur, descubre a una mujer todavía joven que deambula solitaria ya de noche. La mujer sigue al hombre hasta la casa de éste, y allí le ofrece o su cuerpo o su historia, como en los cuentos del lejano Oriente. El hombre elige conocer la vida de la mujer. Así, a lo largo de una noche sabremos quién fue ella, quién fue aquel profesor y amante al que veneró de jovencita, cuáles fueron sus deseos y sus esperanzas, sus ansias y sus frustraciones, cuál fue su amor tormentoso y clandestino…”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

En la contraportada del libro pone que se trata de uno de los grandes clásicos modernos nórdicos, leído por las distintas generaciones desde que se publicó originalmente en 1947 y que incluso se ha convertido en obra de teatro y película décadas después de su publicación.

No he conseguido encontrar la película basada en la obra -imagino que su distribución se limitaría al ámbito geográfico en que fue producida- pero hay un párrafo que seguramente os suene:

Entré en la habitación donde estaba Johanes. Se había dado la vuelta haciéndose un ovillo, así que no había sitio para mí. Al intentar hacerme un hueco se despertó e hicimos el amor, pero la soledad me acompañaba y no lograba expulsarla de mi corazón. Estábamos todo lo cerca que dos personas pueden estar, pero cada uno en su mundo. (P. 93)

Y es que el mismo es leído por el protagonista Dolor y gloria, la nueva película de Almodóvar, imagino que porque refleja muy bien el estado de desánimo inicial del mismo.

Como se dice en el resumen, en la novela una viajera se va a la casa de un hombre que encuentra en la estación de tren de una gran ciudad y a lo largo de una noche le cuenta su vida, centrada fundamentalmente en la tormentosa relación amorosa mantenida a lo largo del tiempo con el que fuera profesor suyo.

Tengo que confesar que la primera parte de la obra se me hizo pesada, sobre todo por las continuas interrupciones del relato con la gran cantidad de tazas de café, copas de vino y cigarrillos que se dice que toman a lo largo de la noche, en un intento de la autora de reflejar el ambiente de la conversación que relata la obra.

Tampoco la temática me resultaba demasiado interesante: un gran amor mantenido por la protagonista a lo largo del tiempo a pesar de que no le lleve si no a la desesperación y a la desgracia.

Pero poco a poco la obra me fue atrapando, gracias fundamentalmente a su humanidad, la profundidad de los sentimientos mostrados, el ambiente familiar y social magistralmente reflejados y los maravillosos paisajes descritos.

¿Y qué valoración hizo el grupo del libro? Pues todas estuvimos de acuerdo en que se trata de un relato desgarrador, que muestra como pocos la alienación amorosa de una relación tóxica, la miseria y la pobreza física, cultural y espiritual del sector social donde nace y se desarrolla la protagonista, sin esperanza apenas en la posibilidad de una vida mejor que sí intuye la misma. También se comentó la forma magistral en que la autora muestra las sensaciones, el estado de ánimo de sus personajes y su relación con la naturaleza que le rodea, que en la contraportada del libro se define como prodigiosa. Y se dijo que se trataba de una obra existencialista, de calado filosófico, que muestra cómo se nos juzga y de cómo nos juzgamos y justificamos las personas a nosotras mismas… Una narración excepcional, en suma.

No hablaremos aquí de los abortos que se muestran en la obra. Solo decir que a mí me recordó épocas pasadas -que esperemos que no se repitan pese a que haya quienes se empeñan en lo contrario-, cuando amigas de la juventud llegaron hasta a poner en riesgo su vida por no querer o poder tener una descendencia no deseada por varios motivos, entre ellos imperativos económicos y sociales. Eso si nos limitamos a nuestro entorno inmediato, pues en gran parte del mundo estas situaciones de violencia social sobre la vida y los cuerpos de las mujeres siguen más que vigentes. Una componente del grupo, de hecho, comentó que había sido incapaz de continuar con la lectura del libro, que le había recordado a ‘4 meses, 3 semanas, 2 días‘, una película sobre esta misma temática que le había había dejado conmocionda cuando la vio en su momento (también disponible en el Centro de Documentación).

En este sentido decir que la autora denuncia claramente la hipocresía de la sociedad en este y en otros temas, como se puede colegir en parte por las citas del libros que se recogen abajo, si bien hay momentos en que idealiza el tema de la maternidad, cuestión que hay que situar dentro del contexto de la época en que le tocó vivir. (Aunque ahora que me doy cuenta, he vuelto a caer en un vicio tan extendido como confundir el pensamiento de la autora del libro con el de la  protagonista del mismo…).

Para ampliar un poco más el semblante de la autora decir que la misma fue feminista y comunista y que a menudo fue llamada la Simone de Beauvoir noruega, aunque es una novelista de mayor altura literaria, según se sostiene en Literatura nórdica, un blog de Aurora Boreal, en donde se puede ampliar el semblante de esta interesantísima escritora.

Para terminar decir que el libro me recordó algo que oí en la primera charla de Laura Freixas a la que asistí sobre el controvertido tema de si existe o no una literatura femenina y si hay o no diferencias con respecto a la de sus homólogos masculinos, manteniendo la conferenciante que hay ciertos temas que, pese a su interés humano y, por tanto, universal, han sido históricamente obviados por los hombres y que no aparecieron en la literatura hasta que las mujeres se incorporaron a misma. A las pruebas me remito.

Citas

P. 13: Su voz no transmitía melancolía alguna, ni alegría. Se limitó a decir aquello, a modo de constatación, sin asombro … Al fin y al cabo, es lo único que anhelamos, el calor de otro ser humano a nuestro lado.

P. 34: … Ya sabes, dicen que el carácter es el destino. Pero habría que añadir: el entorno es el carácter…

P. 57: … No hallaba mucho consuelo en lo que el cura decía.

Decía que fornicar era el peor de los pecados… Sin embrago, hablaba poco sobre los pecados que las personas comenten entre sí. Las murmuraciones, las mezquindades, las mentiras… No decía nada del veneno con el que nos matamos unos a otros.

P. 73: Se matan lentamente, con celo y rencor. Son prisioneros el uno del otro. El uno se convierte para el otro en enfermedad, cansancio y amargura. Engendran críos juntos, y se odian mutuamente tras haberlos engendrado.

P. 82: ¿Te has fijado en la belleza que hay en la vida? No se puede tocar ni sentir. No se puede agarrar ni retener. Pero uno puede absorber un poco y experimentarla mientras pasa a tu lado escabulléndose. Tal vez así se conserva un poco. Se halla en la sensación que se tiene tras haber concluido un buen trabajo … Ocurre cuando te sientes tan fuerte que puedes contemplar las hogueras de San Juan y alegrarte al ver que los demás están bailando …

P. 106: Fue vergonzoso volver a salir por las escaleras del sótano. ¡Oh, Dios! ¡Qué miseria! Él miraba mi espalda y yo percibía que él miraba la miseria que portaba a mis espaldas al marcharme …

P. 119: … Aunque lo peor de todo es el dinero. Sí, al fin y al cabo es el dinero lo que determina la moral.

P. 137: …Cada día se mata ese fragmento de eternidad que es el ser humano. Ja, ja, ja… ¡Ya pueden prohibirnos que nos deshagamos de él en nombre de la moral y de la Biblia! ¡Pero a la vez nos fuerzan a deshacernos de él en nombre de la moral y de la Biblia!

P. 153: … ¿Cuál es la diferencia entre el orgullo y la miseria? El orgullo no es más que admiración, respeto y amor hacia uno mismo hasta que el ego se vuelve más grande que el amor hacia el otro. La miseria aparece cuando uno da imprudentemente mucho más de lo que puede permitirse.

P. 177: Miró hacia la luna y luego hacia mí y dijo con una voz tremendamente cansada: «Los seres humanos sienten debilidad por la luna. No los ciega. No los abrasa».

Entonces caminamos en silencio un buen rato. Al despedirnos me dijo: «Nada crece a la luz de la luna».

P. 180-181: … Trajo unos libros que me prestó… Me encantaba leer biografías y todo lo que él seleccionaba para mí …

Y entonces aprendí cosas sobre reyes y estadistas … sobre gente que pasaba hambre y trabajaba duro, sobre mujeres anónimas que tenían poder sobre quienes tenían poder …

Le pregunté qué pensaba cuando leía aquellos libros. Dijo que eran interesantes. Podía haberle escupido a la cara por pura indignación porque uno ha de comprender que lo interesante de la historia es lo que nos enseña sobre nuestra propia época, ¿verdad? Pero de ello no oyes ni una palabra en la escuela y por eso supuso una novedad para mí desde el momento en que pude adquirir un poco de experiencia y pensar por mí misma.

P. 183: Por el mundo había huelgas y disturbios … En Rusia se había producido recientemente la mayor de todas las revoluciones, pero yo no lograba entender lo que decían los periódicos al respecto … No, no me enteraba de nada. Algunas veces me daban unas ganas tremendas de mandar todo aquello a paseo. Pero no me libraba de la sensación de que aquello me concernía. Todo me concernía y todo tenía que ver con todo …

P. 184: Fuera estaba lloviendo. Una lluvia suave y afligida. La tierra que rodeaba la ciudad y el bosque de abedules en eclosión despedían fuertes aromas, mientras el mar cantaba allá en la playa …

P. 191: … Y yo estaba allí porque él quería que yo estuviera allí. Era una pendona. Sí. Hay una puta en el interior de casi todas las mujeres.

P. 217: Cuando ves que las mujeres, que han sido creadas para tener hijos y aman los bebés, comenten en secreto crímenes terribles con su cuerpo para deshacerse de un hijo, es que algo va mal en alguna parte …

P. 118: Mi hermana se casó después de Navidad. Al principio él se puso difícil, provocó algunos disgustos y no quería pagar la manutención, pero luego decidió que, ya puestos, era mejor casarse. Pero, sabes, cuando todos lloraban de alegría porque ya se iba a casar y todo iba a ir bien, a mí me embargó una indignación que no podía explicar … Sentía en cada uno de mis poros que aquello no podría ir bien. No, era imposible que aquello acabara bien. Pensaba que algo saldría mal con aquel bodorrio. Pero a la vez me daba cuenta de que era imposible tener un hijo sin casarse. Empecé a reflexionar sobre por qué era imposible. ¿Por qué es algo así una vergüenza o una desgracia? ¡Oh, sí! La moral. Enamoramiento y locura. Pero, ¿qué hay de moral en forzar a un hombre a acostarse con una chica de la que ya no está enamorado? Sí, qué pasa con el acto cuando se le despoja del enamoramiento y la locura, y casi se practica a regañadientes?

Imagínate. Eso es la moral.

P. 176: … No intercambiamos ni una palabra durante el tiempo que estuvimos en la iglesia. Cuando salimos afuera y él cerró la puerta, le pregunté con bastante parsimonia cómo se llamaba lo que había interpretado para mí. Me respondió que se trataba de la Tocata y fuga en re menor de Bach

P. 220: … en los jardines de alrededor se oía el enconado ajetreo de los pájaros. Y allá en la colina, una canción surcaba el viento como un refulgente manantial de alegría. Se alzaba al aire, donde estallaba en miles de gotitas doradas que se esparcían por el espacio. Parecía que el pequeño cantor apostado allá en el árbol fuera a estallar de júbilo. Permanecí junto a una valla dejando que toda aquella alegría de vivir permeara mis heridas y mis cicatrices y las cauterizara.

P. 229: … Me dijo que la vida me marcaría el camino porque yo era de esas personas que tienen las emociones a flor de piel y un infrecuente tipo de ojos: los que están hechos para ver …

P. 235: … El odio de la desesperanza …

P. 248: … La piel de las palmas de mis mandos ansiaban un poco de ternura… Tenía que tocar su nuca.

P. 250: … Y mi repentina compasión hacia Carl estuvo por encima de todo lo demás. Pensaba que me había comprado. «Me ha comprado, ha pagado por mí. Y yo le he defraudado no siendo lo que él creía que compraba… Una mujer que fuera suya nada más».

P. 258: Sabes qué me dijo una noche alguien que conocí una vez? Me dijo: «Nada crece a la luz de la luna».

Hace un tiempo empecé a pensar en ello mientras el hombrea al que he querido toda mi vida roncaba a mi lado. Y al final me exasperé tanto de él, de mí misma y de toda mi existencia que estuve a punto de matarlo.

Pero no es culpa suya que yo lo quiera. Él representa todas las energía que he desperdiciado en mi vida. Eso es lo que hace que las personas digan tantos disparates, que dejen que el mundo prosiga su torcido curso y vivan en su propia luz de luna sin poder ver -sin querer ver- que la luz de la luna tan sólo es un frío reflejo de la luz del sol.

Más sobre el libro

Libros de la autora en nuestro Centro de Documentación

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