Vida hogareña, de Marilynne Robinson


Sesión 75 (7 de noviembre de 2017)

Marilynne Robinson (Idaho, 1943-)

Vida hogareña / Marilynne Robinson ; traducción de Vicente Campos.– 1ª ed., marzo 2016.– Barcelona : Galaxia Gutenberg, 2016.
217 p.– (Galaxia Gutenberg ; 144)

“Vida hogareña es la historia de Ruth y de su hermana menor, Lucille, que crecen a merced del azar, primero al cuidado de su abuela, una mujer sensata y responsable, a continuación de dos cómicas tías abuelas solteras y negadas para todo, y finalmente de Sylvie, una mujer excéntrica y disparatada, hermana de su madre. […] Con la maestría que le caracteriza, Marilynne Robinson cuenta en este, su primer libro, la historia de una familia devastada, arrastrada por los golpes del destino que parece oponerse con terquedad a cualquier voluntad de construcción […]”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Este libro levantó grandes pasiones en algunas de las asistentes a la reunión y a otras, en cambio, no les había gustado tanto, incluso dijeron que se habían aburrido un poco con su lectura.

Mi caso se encuadra en el primer grupo: el libro me fascinó desde su comienzo, con el planteamiento de unos personajes, unas relaciones y unos paisajes que percibiéndose como posibles a la vez están marcados de ‘irrealidad’. Dentro del realismo mágico -creo recordar- que categorizó la novela alguna compañera del grupo, pero nada ocurre en la misma que no pueda ocurrir en el mundo real.

Y quizá también se podría describir la obra como de narrativa poética, dado que  toda ella está plagada de fragmentos para ‘enmarcar’ (ver una muestra en las citas que se recogen en el siguiente epígrafe).

Leyendo el libro desde la perspectiva de género decir que es claramente ‘femenino’ (no puntualizaré que en sentido positivo pues esto en nuestro contexto siempre es con ese sentido), al estar absolutamente protagonizado por mujeres: desde la niña que narra la historia al resto de personajes que le rodean, como son su hermana, su abuela y su tía materna, fundamental en la deriva que esta niña dará finalmente a su vida.

Cuestiones que se plantearon en la reunión: cuál es la forma ‘correcta’ de vivir, la convencional, con las normas sociales y obligaciones a cumplir -y sus recompensas, todo hay que decirlo- o seguir un camino alternativo, libre, sin imposiciones sociales -con las inseguridades e incomodidades que esto puede generar, que también hay que decirlo-; o la gran responsabilidad de las personas mayores con menores a su cargo, teniendo en cuenta la gran ‘maleabilidad’ de las personas a edades tempranas.

Otra cosa que se dijo en la reunión es que se trata de un libro muy pictórico, con paisajes especialmente evocadorres -“paisaje desproporcionado”, se dice en el propio libro-.

En cambio, poco se habló de los pasajes del principio del libro en los que aparecen las tías abuelas de las niñas, unos personajes curiosos y cómicos donde los haya.

Y lo más importante, en mi opinión, de esta novela: acercarnos a un mundo tan distante, tanto en el espacio como en la forma de pensar y, sobre todo, de vivir de sus personajes. Esa es la realidad -y la fantasía- que nos hacen vivir los buenos libros, como es el caso.

Citas de la obra

P. 9 [Primeras líneas de la novela, a modo de presentación de la misma]: “Me llamo Ruth. Me crié con mi hermana pequeña, Lucille, al cuidado de mi abuela, la señora Sylvia Foster y, cuando ella murió, al de sus cuñadas, las señoritas Lily y Nona Foster, y cuando ellas se marcharon, al de su hija, la señora Sylvia Fisher… ”

P. 20: “…Y la deseada normalidad había cicatrizado sin dejar huella como una imagen sobre el agua.

P. 22: “Así que el viento que hinchaba las sábanas le anunciaba la resurrección de la vida ordinaria. Pronto brotaría la col mofeta, el olor a manzana se propagaría por el huerto, y las chicas lavarían, almidonarían y plancharían sus vestidos de algodón…

P. 43-44: “... la muerte de mi abuela dio pie a la publicación de una página con márgenes en negro en el Dispatch, en las que aparecían fotografías del tren tomadas el día de su estreno […] No había ninguna fotografía de mi abuela. Y, ya puestos, tampoco se mencionaba la hora del funeral […]

A pesar de la omisión de información incluso esencial sobre mi abuela […] se consideró un homenaje impresionante a la difunta y se esperaba que a nosotras nos enorgulleciera...”

P. 49: “… Sylvie entró en la cocina […] con una calma que parecía compuesta de amabilidad, cautela y modestia…”

P. 67: “Fingerbone nunca fue un pueblo espectacular. Estaba mortificado por un paisaje desproporcionado y un clima extremo, y más mortificado aún por la conciencia de que la historia humana en su totalidad había sucedido en otra parte...”

P. 92: “«Una nunca sabe cuándo está viendo a alguien por última vez», dijo Sylvie…

P. 104: “… Yo sabía lo que significaba aquel silencio, y Lucille también. Significaba que en una noche tan serena, tan iridiscente y azulada […] percibíamos nuestra mutua compañía con sentidos más aguzados. Como, por ejemplo, cuando uno de los dos miembros de una pareja tumbada en silencio en una habitación oscura sabe si el otro está despierto.

P. 108: “… ¿Cómo reaccionaba la gente razonable y seria a esas historias? Lucille era en ese momento la intermediaria entre Sylvie y esos árbiros, recatados pero incuestionables, que continuamente enjuiciaban nuestras vidas...”

P. 109: “… Tenía la impresión de que no dejaba huella alguna en el mundo, y de que, a cambio, gozaba del privilegio de observarlo sin ser vista…

P. 125: “… Tal confianza era como la sensación de una presencia inminente, un desplazamiento palpable, el movimiento del aire que precede a la llegada del viento…

P. 151”… Los estragos de los glaciares a lo largo de eones de violencia sostenida había dejado el paisaje sumido en la confusión…

P. 153: “… Porque la necesidad puede florecer y dar frutos que satisfagan cuanto requiere. Anhelar y tener son tan similares como la cosa y su sombra. Porque ¿cuándo se deshace una baya con más dulzura en la lengua que cuando uno desea comerla, y cuándo su sabor se refracta en los incontables matices y aromas de la madurez y la tierra, y cuándo nuestros sentidos conocen algo más perfectamente que cuando carecemos de ello? Y aquí de nuevo hay un presagio: el mundo será uno, una totalidad. Porque anhelar una mano sobre el cabello es casi sentirla. Así que, sea lo que sea lo que perdamos, el anhelo nos lo devuelve. Aunque soñemos y raramente seamos conscientes de ello, el anhelo, como un ángel, nos acoge, nos alisa el pelo y nos trae fresas silvestres.

P. 158-159: “… La soledad es un descubrimiento absoluto. Cuando uno mira desde dentro a una ventana iluminada […] ve la imagen de sí mismo en una habitación iluminada […] el engaño es obvio, pero no por ello menos halagador. Sin embargo, cuando uno mira desde la oscuridad hacia la luz, percibe toda la diferencia entre el aquí y el allí, entre esto y aquello. Tal vez toda la gente desamparada esté enfadada en el fondo de su corazón, y le gustaría romper el tejado, la columna y las costillas de la casa, hacer trizas las ventanas…

P. 181: “… El salón estaba lleno de periódicos y revistas que Sylvie traía a casa. Se apilaban con bastante orden […] ¿Quién iba a pensar en quitar el polvo o las telarañas de un cuarto utilizado para almacenar latas y periódicos, que carecen por completo de valor? Sylvie sólo los guardaba, creo, porque pensaba que acumular cosas era la esencia misma de la vida doméstica, y porque creía que guardar cosas inútiles era la prueba fehaciente del especial cuidado que se ponía en el ahorro.

P. 195-196: “… Sylvie no quería perderme. No quería que creciera gigantesca y múltiple […] No quería acordarse de mí. Prefería mucho más mi presencia sencilla y ordinaria, por más silenciosa y torpe que yo pudiera ser. Porque podía mirarme sin sentir emociones fuertes: una forma familiar, un rostro familiar, un silencio familiar. Podía olvidarse de que yo estaba en la misma habitación que ella. Podía hablar sola, o con alguien en su imaginación, alegre y animadamente, incluso mientras yo estaba sentada a su lado: eso daba la medida de nuestra intimidad, el que ella casi no pensara en mí para nada.”

Más sobre la obra

  • Reseña en el blog Cuéntame una historia
  • Reseña en el blog Libros y Literatura, de Galaxia Gutenberg

Obras de la autora en el Centro de Documentación

Pulsar en el enlace.

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