En manos de las furias, de Lauren Groff


Sesión 73 (13 de junio de 2017)Lauren Groff (1978-)

En manos de las furias / Lauren Groff ; traducción de Ana Mata Buil.– [Barcelona] : Lumen, 2016.– 541 p.

Un hombre y una mujer caminan muy juntos por la playa. Hace frío, pero no importa. De repente se esconden detrás de unas dunas para celebrar su primer acto de amor carnal. Él es Lotto, ella es Mathilde, los dos tienen veintidós años y acaban de casarse, aunque solo llevan unos quince días juntos y saben muy poco el uno del otro. El hilo de sangre que mancha los muslos de Mathilde sella esta entrega que parece absoluta y exclusiva, y así será durante más de veinte años. Lotto y Mathilde se convierten en la pareja casi perfecta; basta una mirada para que se entiendan, un gesto cómplice para que los dos dejen una sala abarrotada de gente y aprovechen cualquier rincón para amarse. Lotto se dedica a escribir obras de teatro al hilo de su pasión por Shakespeare y Mathilde se convierte en la esposa ideal, que es musa, empresaria y ama de casa. Bien… Bien, hasta que de repente el destino se impone. Es entonces cuando descubrimos que el matrimonio, bien mirado, es una larga conversación, y que en esta charla caben huecos, omisiones, palabras sueltas que pueden ser mentiras piadosas o alfileres. Y es que toda historia tiene siempre al menos dos formas de ser contada.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

[En este caso la valoración del libro corresponde a Encina, una componente del grupo de lectura que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó el  comentario que se recoge a continuación]

El libro en general me ha gustado mucho, aunque no lo catalogaría de ‘mi lectura del año’ como hizo Obama (jeje).

Yo lo he leído en inglés, y el lenguaje me ha parecido difícil, sobre todo la primera parte, pues la autora utiliza un lenguaje muy actual, moderno, dinámico y vibrante, con muchas expresiones de jerga juvenil, tanto del medio estudiantil como de las esferas bohemias y artísticas neoyorquinas con mucho ‘postureo’. Por curiosidad y motivación propia fui contrastando muchos párrafos de la versión original con la traducción al español para ver cómo resolvía la traductora ciertos pasajes intrincados; ¡en algunos casos se saltó frases enteras ! (por ejemplo en la p. 54), aunque en otros casos lo fue resolviendo bastante airosamente. Creo que esta opinión sobre la dificultad del lenguaje está bastante extendida pues la leí reiteradamente en un foro de Goodreads.

[En este aspecto agregar a la crónica de Encina que para quienes lo hemos leído en castellano hay bastantes fallos evidentes, como por ejemplo llamar ‘luz del tráfico’ (página 337) a un semáforo, en una traducción literal del inglés al castellano; o preposiciones que sobran; o frases que no se terminan de entender. Da la impresión de que algunas editoriales quieren sacar cuanto antes los éxitos en otras lenguas sin cuidar como deberían la calidad de las traducciones.]

Desde el punto de vista del estilo creo que tiene sus luces y sus sombras, a veces establece unas metáforas muy bonitas y poéticas (cita de la página 486 [más abajo]) pero en otras ocasiones lo veo forzado y hasta presuntuoso, como el pasaje en que dice que la madre huele a escamas de pescado y el padre a polvo de piedra, etc… Tampoco me parece muy logrado ese juego que establece con la tragedia griega, desde el título (en inglés ‘Fates and Furies’, algo así como ‘Furia y Fatalidad’) hasta el recurso al coro que interviene entre paréntesis o el personaje heroico del ‘dios’ Lancelot [personaje coprotagonista de la novela].

En cuanto a la trama, a mí me gustó mucho, por inverosímil que la historia pueda parecer. La parte enigmática y detectivesca de la segunda parte me atrajo especialmente mientras que en la primera el narcisismo y homocentrismo de Lotto [o Lancelot] me llegó a cansar.

Es la historia de un matrimonio contada desde cada uno de los esposos, con puntos de vista tan radicalmente diferentes que parecen dos novelas. Y esto corrobora el hecho bien conocido de que a veces dos personas que llevan juntas toda la vida no se conocen o por lo menos una de las dos no conoce a la otra [véase cita de la página 284].

En este caso , y en contra de las apariencias, la que lleva la voz cantante es ella. Mathilde es mucho más lista que Lotto, maneja a su esposo, le organiza la vida, lo protege, lo estimula, lo moldea y es que ella busca preservar a toda costa el nido de seguridad y amor del que ha carecido toda su vida. Y para ello tiene que esconder ese pozo de maldad que ella siente que arrastra desde la infancia y en sus genes (de ahí que no quiera tener hijos).

[Para finizar dar las gracias a Encina por compartir sus opiniones del libro -que en su mayoría podríamos suscribir muchas de las componentes del grupo de lectura-  y agregar que sus últimas palabras me recordaron el siguiente párrafo de ‘La pasión turca’, de Antonio Gala: “… Claro, que hay que tener en cuenta lo que ha escrito la Beauvoir: hacerse la deseada es muy distinto de ser un objeto pasivo. Una amante no se está quieta nunca: se renueva. Debajo del aparente abandono femenino hay una auténtica promoción; si alguna es elegida es porque subrepticiamente eligió antes; el seductor es seducido de antemano, aunque no lo perciba. Ese juego de los instintos está a nuestro favor, pero hay cosas en contra…”]

Citas del libro

P. 284 [Lotto]: “Le habría gustado adentrarse más en ella… comprender qué pensaba Mathilde. Uf, pero sería redundante. La tranquila intimidad diaria ya se lo había enseñado. La paradoja del matrimonio: nunca puedes conocer por completo a alguien; aunque conoces por completo a alguien…

P. 288 [Lotto]: “Deseó haber podido conocerla de anciana. Pensó en lo magnífica que sería Mathilde entonces.

p. 325 [Mathilde]: “… ¿y ahora qué? Mathilde tenía cuarenta y seis años. Era demasiado joven para haberse despedido definitivamente del amor. Aún estaba en la flor de la vida. Guapa. Deseable. Y ahora sin pareja para siempre.

La historia que nos cuentan sobre las mujeres no es esta.

La historia de las mujeres es la historia del amor, de supeditarse al otro. Una ligera desviación: el anhelo de supeditarse y la incapacidad de hacerlo. Quedarse sola en miedo del naufragio, y tener que tomar las riendas de su propia vida: veneno para ratas, las ruedas de un tren ruso. Incluso la historia más romántica y suavizad no deja de ser una versión modificada de eso. En lo demótico, en la clave burguesa más baja, es la promesa del amor en la ancianidad para todas las niñas buenas del mundo.

P. 338 [Mathilde]: “Sin saber cómo, a pesar de sus convicciones y de su inteligencia, se había convertido en una esposa, y las esposas, como todo el mundo sabe, son invisibles. Los duendes de medianoche del matrimonio. La casa en el campo, el apartamento en la ciudad, los impuestos, el perro, todo era responsabilidad de Mathilde: Lotto no tenía ni idea de en qué invertía ella el tiempo.

P. 486 [Mathilde]: “Entonces se le ocurrió que la vida tenía una forma cónica, el pasado se ensanchaba más allá del punto conciso del momento vivido. Cuanta más vida acumulaba alguien más se expandía la base, de modo que las heridas y las traiciones que eran casi imperceptibles cuando ocurrían se ampliaban luego como puntos diminutos de un globo que es va hinchando poco a poco. Una manchita en el niño delgado se convierte en una enorme deformidad en el adulto, exagerada, con los bordes irregulares.

Más información sobre la obra

Obras de la autora en el catálogo del Centro de Documentación

https://www.juntadeandalucia.es/cultura/idea/opacidea/cdmz/abnetcl.cgi/?ACC=DOSEARCH&xsqf03=lauren+groff

 

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