La ternura de los lobos, de Steff Penney


Sesión doble 65 (4 de octubre de 2016)

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Steff Penney, 1969-

ternuraLa ternura de los lobos/ Steff Penney. — [Barcelona] : Salamandra, D.L. 2008.– 448 p.

Resumen:  “Antes de que los rigores del invierno se ciernan sobre Dove River, un poblado fundado por pioneros escoceses en el noreste de Canadá, una mujer halla el cadáver de un trampero local al mismo tiempo que su hijo, de diecisiete años, desaparece en una excursión de pesca. Los hechos atraen hasta aquel remoto lugar a un variado grupo de personas dispuestas a esclarecer el crimen, o a beneficiarse de él, desde un joven delegado de la poderosa Hudson Bay Company hasta un curtido y arruinado periodista. Cuando la señora Ross decide emprender ella misma la búsqueda de su hijo, adentrándose en el bosque acompañada de un taciturno pero experto rastreador, se ponen en marcha también una serie de personajes cuyas insólitas historias confluyen hacia un destino común en el majestuoso e imponente marco de la tundra nevada… Los hombres y mujeres que conforman esta novela deberán saldar cuentas con el pasado antes de afrontar los desafíos del presente.”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

 

Valoración

Como se ha comentado en la entrada anterior, dedicada al Día de las Escritoras, esta novela, primera de la autora, es una mezcla de géneros -western, novela histórica, de misterio, psicológica, etc.- que te atrapa desde el primer momento.

Y es que la obra es una delicia que nos ha gustado por igual a todas las componentes del grupo de lectura; incluso, ha habido alguna que la ha definido como el libro del verano pues se lo ha recomendado a un montón de gente.

Se trata de una novela coral pero de una clara protagonista, la señora Ross. Muy curiosa, además, la forma de la autora de explicitarlo, haciendo que esta hable en primera persona del singular y refiriéndose al resto de personajes en tercera persona. Una protagonista que a lo largo de la novela se va revelando como inteligente, valiente, con corazón, incluso tierna…

Estupendos también los retratos de los personajes secundarios, algunos de ellos verdaderamente entrañables. Mis favoritos: María y Donald. María, un ser libre e inteligente que intenta cultivar su intelecto a pesar de las circunstancias adversas -ser chica en aquella época y vivir en un pueblo con poca capacidad para desarrollar todo su potencial-; preciosas, además, la relaciones de María con su padre y con su hermana, a la que reconoce no solo bella sino tan inteligente como ella misma. Y Donald, un chico sensible y cabal, en búsqueda siempre de la acción correcta y que no renuncia al amor, que, con el desarrollo de la novela, se va volviendo menos convencional de lo que podía parecer al principio (llamo aquí la atención sobre el emocionante párrafo que aparece en las páginas 440 y 441 de la edición reseñada, especialmente esclarecedor de cómo este personaje ‘vive’ la relación con su amada).

Sin olvidar el paisaje en el que se desarrolla la acción, el noreste de Canadá, maravillosamente descrito y muy presente siempre en la novela, tanto que una integrante del grupo dijo que era como un personaje más. Con más valor, si cabe, al decirnos otra compañera que al parecer la autora había querido ir a conocer en directo el escenario de su novela pero que, dada su agorafobia, se había tenido que conformar con documentarse con mapas y libros consultados en la Biblioteca Británica.

En definitiva, una delicia de libro que me ha hecho rememorar lo bien que lo pasaba leyendo novelas de aventuras cuando era adolescente, con el añadido, además, de que, siendo un libro de acción, incluso de misterio, a la vez es psicológico y profundo, trufado de frases y pensamientos de los que dejan poso.

Terminar, pues, diciendo que podemos afirmar de esta novela que con ella se disfruta del placer de la lectura, nada más y nada menos.

 

Citas del libro

p. 14 [Señora Ross] : … Ando deprisa, impulsada por la cólera, con la cabeza alta. Seguramente parezco contenta.

p. 15 [Señora Ross] : ¿Señor Jammet? empiezo con una voz que me suena de una afabilidad irritante-. Señor Jammet, perdone la molestia, pero es que quería preguntarle…

p. 25: [Sobre la señora Ross]: … tiene un porte regio y una cara francamente bonita, aunque su gesto adusto es incompatible con la verdadera belleza.

p. 61 [Señora Ross]: Cuando sólo pensaba en mí misma, no tenía más que chasquear los dedos para que los hombres me complacieran en todo. Ahora que trato de ser mejor persona, ya ves: mi marido me da la espalda y no me mira a la cara. Pero quizá sea sólo cosa de la edad: cuando una mujer se hace mayor pierde encanto y poder de persuasión, y eso no tiene remedio.

p. 69 [Señora Ross]: La primera vez que veo a alguien le miro las bocamangas, los zapatos, las uñas, etcétera, a fin de deducir posición social y económica.

p. 73 [Donald]: No era esto lo que esperaba él cuando salió de Escocia. Entonces parecía que este vasto y solitario país encerraba una promesa de dureza, que el clima riguroso y la vida simple forzosamente habían de templar el valor del hombre, limpiándolo de mezquindad. Pero no ha sido así, o quizá sea culpa suya, quizá sea que él no se dejó limpiar. Quizá, para empezar, le ha faltado solidez moral.

p. 73: Donald no sale de su asombro de cómo habla esta muchacha. Le parece oír vagamente la voz de su padre decir en aquel didáctico tono suyo: “El deso de escandalizar es un rasgo infantil que se pierde al madurar.” No obstante, María podría ser cualquier cosas menos inmadura. Entonces Donald recuerda que ya no tiene por qué estar de acuerdo en todo con su padre.

p. 147 [Señora Ross]: Mi marido me dio lo que yo no esperaba alcanzar: un sentimiento de legitimidad. Y la convicción de que aquí había una persona a la que no tendría por qué ocultarle nada. No tenda que fingir. Supongo que lo que quiero decir es que lo amaba. Sé que él también me quería, pero no estoy segura de cuándo dejó de ser así.

Angus da media vuelta y, dormido, me abraza, algo que no ha hecho en mucho tiempo. No me atrevo a moverme, porque no sé si se da cuenta de lo que hace o está soñando. Al cabo de un rato, gruñe y se vuelve otra vez de espaldas a mí. Me parece que nunca, ni en los peores momentos del manicomio, cuando murió mi padre, me había sentido tan sola.

p. 175 [Señora Ross. Pasaje revelador de un dato]: Me vuelvo a mirar a los perros, que se han tumbado en la nieve, muy juntos para darse calor. Curiosamente, el más pequeño, de color arena, es perra; se llama Lucie, que él pronuncia ‘Lucí’, a la francesa. Es mi nombre, por lo que siento cierta afinidad con ella: parece cariñosa y confiada, como se supone que son los perros, muy distinta de Sisco, su compañero, que tiene pinta de lobo, unos inquietantes ojos azules y un gruñido amenazador. Me da la impresión de que existe cierta simetría entre los dos perros y las dos personas que hacemos este viaje. Me pregunto si Parker también lo habrá pensado, a pesar de que, naturalmente, no le he dicho mi nombre de pila ni es probable que él lo pregunte.

p. 177 [Señora Ross]: Es curioso cómo nos mueve la vanidad hasta en las circunstancias menos apropiadas. Pero, me digo, la vanidad es uno de los atributos que nos distinguen de los animales, por lo que quizá deberíamos enorgullecernos de ella.

p. 186-187 [Señora Ross]: Cuando le pregunto a Parker si esto es prudente, él se ríe. Dice que en esta región no hay osos. ¿Y lobos?, pregunto. Él me dedica una mirada de conmiseración.

-Los lobos no atacan a las personas. Pueden acercarse por curiosidad, pero no las atacarían.

-No sé de ningún caso en que los lobos atacaran sin ser provocados. Nosotros no hemos sido atacados, y ha habido lobos observándonos.

-¿Está despierta, señora Ross?

-Sí, consigo susurrar con el corazón en la garganta, imaginado toda clase de horrores al otro lado de la lona.

-Si puede, acerque la cara a al abertura y mire fuera. No se asuste, no hay nada que temer. Quizá le interese.

Al principio no veo más, pero al cabo de unos momentos percibo un leve movimiento en las sombras… ¡Un lobo! Los tres animales se observan con intenso interés, al parecer sin agresividad, pero también sin intención de darse la espalda. Se oye un aullido, quizá del lobo…. Parece estar solo. Se acerca unos pasos y luego retrocede, como el niño tímido que quiere unirse al juego pero no está seguro de ser bien recibido.

Durante unos diez minutos, observo esta escena de casi muda comunicación entre perros y lobo y acabo por olvidar el miedo. A mi lado, Parker también observa. Aunque no vuelvo la cara, lo siento muy cerca, tanto que hasta puedo olerlo. Lo noto poco a poco; el aire es tan frío que mata los olores. Siempre me había parecido que esto era de agradecer, pero el olor que percibo ahora no es a perro, ni siquiera a sudor, es un olor vegetal, a vida…

p. 177 [Señora Ross]:

-Me alegro de que me avisara

-Hace años… -Se interrumpe, como sorprendido de sí mismo por su locuacidad. Yo espero-. Hace años encontré un cachorro de lobo abandonado. Quizá a la madre la habían matado o echado de la manada. Lo eduqué como a un perro. Durante un tiempo se mostró contengo y cariñoso, una buena mascota. Me lamía la mano y se revolcaba con ganas de jugar. Pero creció y se acabó el juego. Recordó que era un lobo, no una mascota. Miraba a lo lejos. Un día despareció. Los chippewas tienen parea eso una palabra que significa “el dolor de la memoria”. No puedes domesticar a un animal salvaje, porque siempre recuerda de dónde viene, y algún día querrá volver.

p. 217: … El sonido es ineludible: tenue pero insistente, como la voz de la conciencia.

p. 219 [Donald]: … Porque sólo si es respetado puede un hombre conquistar el amor, ya que en el amor de una mujer tiene que haber parte de admiración.

p. 391: Pero también una casa vacía tiene algo que ofrecer al buen observador… Cosas que la gente no se molesta en recoger porque no valen nada, porque nadie las querría, ni siquiera la persona que vivía aquí.

Es muy poco lo que queda de nosotros.

p. 409: … ¿Cuál es el hombre que no ansía hacer el bien si, al mismo tiempo, se beneficia con ello?

p. 421 [Señora Ross]: Cuántas veces advertimos la acción de fuerzas implacables en el momento en que están actuando? Yo no me daba cuenta. Y por el contrario, ¿cuántos hechos que imaginamos trascendentales se evapora como la bruma matinal sin dejar rastro?

p. 440-441 [Rememoración de una vida; no se recoge el párrafo por no desvelar el final de la novela]

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3 Respuestas a “La ternura de los lobos, de Steff Penney

  1. Pingback: 10+1 Libros para celebrar el Día de las Escritoras 2016 | [ generando lecturas ]

  2. Al enterarme que leíais este libro en el club, lo compré y lo leí. Me ha encantado. Efectivamente, me atrapó en la primera página.
    Estoy de acuerdo en que tiene muchas frases que dejan poso.

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