Malala: mi historia, Malala Yousafzai


Sesión 59 (12 de enero de 2016)

malalaMalala Yousafzai (Mingora -Pakistán-, 1997-   )

MalalaMalala: mi historia / Malala Yousafzai, con Patricia McCormick. — Madrid : Alianza, 2014. —250 p.

Resumen: Malala Yousafzai sólo tenía diez años cuando los talibanes se apoderaron de su región. Decían que la música era pecado. Decían que las mujeres no debían ir al mercado. Decían que las niñas no debían ir al colegio. Malala creció en una pacífica región de Pakistán transformada por el terrorismo. Aprendió a defender sus convicciones y luchó por su derecho a la educación. El 9 de octubre de 2012 estuvo a punto de perder la vida por la causa: le dispararon a quemarropa en el autobús cuando volvía a casa del colegio. Nadie creía que fuera a sobrevivir. Se ha convertido en un símbolo inernacional de la protesta pacífica y es la nominada más joven de la historia para el Premio Nobel de la Paz.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

Conocer con un poco más de profundidad la historia de la joven pakistaní Premio Nobel de la Paz 2014 nos ha conmovido a la mayoría de las componentes del grupo de lectura, un personaje que, desde que supimos de su historia hace ya unos años, contó con nuestra admiración y respeto por su valentía y tesón en la defensa de una causa tan justa como es el derecho a la educación de todas las niñas del planeta.

En la reunión se comentó lo importante que es que conozcamos la historia de mujeres que desde todas las partes del mundo luchan por nuestros derechos, y una de las componentes del grupo abogó porque abordemos más lecturas de este tipo.

Se hicieron, no obstante, algunas objeciones, como es la posible idealización del personaje y la instrumentalización del mismo por parte los medios de comunicación occidentales. Al respecto algunas opinamos que una niña así no es muy común, es cierto, pero afortunadamente en el mundo hay personas admirables, como es el caso, y que bien está que los medios tomen como modelo a este tipo de personas que defienden causas tan importantes para el desarrollo de las mujeres y de la humanidad en general.

(A modo de paréntesis comentar que también se dijo que existían multitud de pequeñas heroínas y pequeños héroes que hacen grandes esfuerzos para acceder a su formación en condiciones muy adversas, como puede verse en la conmovedora película documental Camino a la escuela.)

De todas formas, señalar que Malala se muestra en el libro como una niña normal, que se pelea frecuentemente con sus hermanos y con su mejor amiga por tonterías, que se le pegan las sábanas por la mañana y tiene que correr para llegar tiempo a clase, que compite con otras estudiantes para obtener el reconocimiento como mejor alumna del colegio, que le gusta jugar en la calle y ver en la tele sus programas favoritos, que se preocupa de su aspecto físico al crecer, etc. Pero siempre subyace en la narración su fuerte arraigo religioso y, sobre todo, su gran determinación en aprender y formarse para contribuir al desarrollo futuro de su país, para lo que cuenta con el apoyo de su padre, admirable director de un colegio de niñas en una zona de cultura tan patriarcal como es Pakistán, y activista por la democracia de su país y el derecho a la libertad de sus compatriotas.

También llama atención en el libro lo que Malala dice sobre el terrorismo -ver la cita al respecto en el epígrafe correspondiente- y la semejanza con lo que el Estado Islámico está intentando trasladar a Occidente. Y es que convendría recordar que las principales personas que sufren el terrorismo yihadistas son las y los habitantes de los países árabe, como lo muestran numerosos hechos que suceden con tanta frecuencia y a la que los medios prestan menos atención de la que debieran.

Pero, retomando el tema de la aparente idealización del relato que se hace en el libro, quizá es cierto que se echen en falta algunas cuestiones, como sería una visión más crítica de Malala sobre su nuevo entorno -actualmente vive en Birmingham, Reino Unido-, de donde sí comenta someramente cómo le llama la atención el individualismo de la gente que vive como ensimismada en sus casas, con poca interacción con el vecindario próximo, lo que se manifiesta, por ejemplo, en la inexistencia de niñas y niños jugando en la calle, o la forma de vestir de las mujeres occidentales, de lo que solo parece sorprenderle la fortaleza física que muestran algunas en la escasez de la ropa incluso, cuando la temperatura es baja. Y es que debe estar muy agradecida al acogimiento que se le ha hecho en Occidente y a la libertad de movimientos que puede tener aquí, si bien echa tremendamente de menos su hermoso país de origen.

Y con el tema de la ropa surgió un debate muy interesante sobre la hipersexualización actual de las mujeres occidentales, y cómo muchas chicas -y algunas mujeres- visten de una forma que ellas estiman que es manifestación de su libertad pero que más bien lo que demuestra es que siguen acriticamente modelos de sexualidad establecidos por la sociedad patriarcal circundante. Al respecto se mencionó Hipersexualidad, la espléndida canción de la percoautora Virginia Rodrigo, o el estupendo artículo El Eros perdido de la adolescencia, de Charo Altable (revista Mujer y Salud, n. 25 invierno 2008-2009).

Citas del libro

P. 80: Yo había crecido oyendo la palabra ‘terrorismo’, pero nunca había entendido realmente qué significaba. Hasta ese momento. El terrorismo es diferente de la guerra, donde los soldados se enfrentan en la batalla. Terrorismo es sentir el miedo a tu alrededor. Es irte a dormir de noche sin saber qué horrores traerá el día siguiente. Es abrazarte a tu familia en la habitación central de la casa porque habéis decidido que es el lugar más seguro. Es caminar por tu propia calle sin saber en quién puedes confiar. Terrorismo es el miedo de que cuanto tu padre sale de casa por la mañana no regrese por la noche.
Ahora el enemigo estaba en todas por todas partes y los ataques llegaban como de la nada. Un día destruían un comercio. Al día siguiente, una casa. Circulaban toda clase de rumores… Un día volaban un puente; al día siguiente, una escuela. Ningún lugar era seguro. Nadie estaba a salvo.

P. 195: ¡Qué grande es Dios! Nos ha dado ojos para ver la belleza del mundo, manos para tocarlo, una nariz para percibir toda su fragancia y un corazón para apreciarlo todo. Pero no nos damos cuenta de lo milagrosos que son nuestros sentidos hasta que perdemos uno.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

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