El cuerpo nunca miente, de Alice Miller


Sesión doble 56 (1 de octubre de 2015)

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Alice Miller (Polonia, 12 de enero de 1923Francia, 14 de abril de 2010)

cuerpoEl cuerpo nunca miente / Alice Miller; traducción de Marta Torent López de Lamadrid. — Barcelona : Tusquets, 2014. — 207 p.

Resumen: “El cuarto mandamiento -honrarás a tu padre y a tu madre-, heredado de la moral tradicional nos exige que honremos y queramos a nuestros padres, pero oculta una amenaza. El que quiera seguirlo pese a haber sido despreciado o maltratado por sus padres sólo podrá hacerlo reprimiendo sus verdaderas emociones. Sin embargo, el cuerpo a menudo se rebela, con graves enfermedades, contra esta negación y esta falta de reconocimiento de los traumas infantiles no superados… “

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración del grupo

La autora sostiene que los episodios traumáticos vividos en la infancia, normalmente causados por familiares directos, quedan registrados en el cuerpo, en la memoria corporal, por lo que el camino a una madurez sana no pasa por el autoengaño y la tolerancia a las crueldades sufridas siendo menores sino por el reconocimiento de la propia verdad y el aumento de la auto-empatía hacia la niña o el niño que fue maltratado.

Este planteamiento choca con la moral tradicional cristiana e, incluso, con teorías y prácticas psicoanalistas, dice, que mantienen que para sanar hay que perdonar. Al contrario, la autora aboga por el tratamiento de este tipo de pacientes mediante la empatía de un/a testigo cómplice que no les obligue a perdonar y sentir amor por quienes les hicieron daño en sus primeros años.

Lo que Miller, conocedora del tema en carne propia, pretende demostrar a lo largo del libro es que el autoengaño y el forzar a un amor no sentido en las entrañas a lo que lleva es al desequilibrio emocional y la enfermedad física, en ocasiones muy grave, mientras que el objetivo de todas las terapias, según ella, debería ser ayudar a las personas a que encuentren en su cuerpo un aliado que sepa cómo ayudarse a una o uno mismo.

Para demostrar sus tesis pone diversos ejemplos, entre ellos de personas de letras célebres, como Virginia Woolf, Joyce o Proust, u otras anónimas que fue conociendo a lo largo de su larga carrera de terapeuta, deteniéndose especialmente en alteraciones como la anorexia y la bulimia nerviosa y la drogadicción.

Si bien algunas integrantes del grupo sostuvieron durante la reunión que la autora parece transmitir en el libro su obsesión por el tema y que para ella no puede existir el perdón, esto no coincide con mi visión de lo leído, pues hay un momento en que la autora plantea que se puede modificar la relación con las personas que te hicieron sufrir en la infancia siempre que se parta de la verdad de lo que pasó y del respeto a la persona que siendo menor fue objeto de malos tratos.

Aunque hasta ahora desconocía totalmente el tema, pienso que la autora fue absolutamente rompedora en su época y después de leer el libro estoy convencida de que para sanar realmente hay que salir del círculo del autoengaño, facilitando así la desaparición de síntomas de las enfermedades con las que el cuerpo llama nuestra atención.

Encima de haber sufrido maltrato en la infancia, tienes que sentirte culpable por no albergar buenos sentimientos por las personas que actuaron de verdugos. Esto es lo que, en el fondo, sostienen terapias aún en la actualidad, en pos de un ‘buen rollo’ que lo que hace es negar la propia memoria y tu persona. Visto así parece un poco demencial, no? En fin, que el buen rollo lo tiene que tener cada persona consigo misma, siendo sincera y respetando las señales que emite tu cuerpo que, y esto parece una verdad incontestable, nunca miente.

Citas

p. 146: Una joven, durante mucho tiempo atormentada por sus sentimientos de odio, se sinceró por fin con su madre y le dijo, nerviosa y con miedo: “Cuando era pequeña no me gustabas como madre, te odiaba, pero no dejasteis que me diera cuenta”. La chica se sorprendió de que no sólo ella, sino también su madre, consciente de su culpabilidad, reaccionara con alivio a esta manifestación. Pues ambas, en silencio, sabían cómo se sentían, pero ahora, finalmente, habían dicho la verdad en voz alta. A partir de entonces pudieron entablar una relación nueva y sincera.

p. 147: … Solamente será posible una auténtica relación cuando las dos partes consigan admitir los sentimientos, vivirlos y comunicarlos sin miedo.

p. 151: … El camino a la madurez no pasa por la tolerancia a las crueldades sufridas, sino por el reconocimiento de la propia verdad y por el aumento de la empatía hacia el niño maltratado.

p. 152: … Esta carga sólo afecta a las personas que en el pasado fueron maltratadas, sobre todo cuando no están dispuestas a pagar el autoengaño con enfermedades…

p. 153: … Cuando dejen de participar en esta ocultación, tendrán la oportunidad de romper la cadena de violencia y autoengaño, y no convertir más a sus hijos en víctimas.

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

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