Sab, de Gertrudis Gómez de Avellaneda


Sesión 55 (11 de junio de 2015)

Gertrudis Gómez de Avellaneda (Camagüey, 23 de marzo de 1814 – Madrid, 1 de febrero de 1873)

Sab / Gertrudis Gómez de Avellaneda; José Servera, ed. lit.– Madrid : Cátedra, 1998.– 280 p.– (Letras Hispánicas ; 437)

Resumen: “… singular aportación a la novela antiesclavista. La autora sigue en ella los modelos típicos de la novela romántica y mezcla reminiscencias autobiográficas y modelos literarios. Hay en ella alegato reivindicador de la dura vida de los negros, solidaridad con los indios víctimas de la barbarie española y compromiso en el sentimiento y pasión por dar un testimonio social. Publicada aún en tiempo de la colonia, esta obra relata una historia de amor, romántica y sentimental, basada en la exaltación de las pasiones y los sentimientos, que propugna la igualdad de los seres humanos por su igual capacidad de amar a partir de la historia del protagonista, el esclavo Sab.” (Noticias culturales)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

En la reunión la mayoría de las asistentes estuvimos de acuerdo en la belleza de esta obra, claramente enmarcada dentro de la literatura romántica, o, para entendernos mejor, de la literatura del Romanticismo.

A pesar de alguna ‘voz disidente’ que solo quiere leer literatura actual, elegimos esta novela para su lectura en el grupo por haber asistido varias de las integrantes del mismo al VII Congreso de Mujeres Singulares que tuvo lugar en Sevilla en 2014, dedicado en esta ocasión a Gertrudis Gómez de Avellaneda para celebrar el bicentenario del nacimiento de una autora que, tras salir de su Cuba natal, estuvo residiendo durante un tiempo en nuestra ciudad, al ser su padre originario de la zona. Y porque es bueno conocer y leer a las autoras clásicas, que por algo lo son (y buen trabajo que les costó llegar a ello).

Y es que lo que se dijo en el Congreso llamó vivamente nuestra atención, como por ejemplo el hecho de que se trata de la primera novela antiesclavista, al ser anterior -data de 1841-, incluso, a ‘La cabaña del tío Tom‘, de Harriet Beecher Stowe, editada por primera vez en 1852. También nos atrajo la figura de una mujer adelantada a su tiempo en sus ambiciones literarias y su libertad vital, lo que se manifestó, por ejemplo, en sus amores, si bien estos estuvieron sujetos a los ideales del romanticismo, muy cuestionados -y con mucha razón- en la actualidad. O la lectura de la ‘humilde’ presentación de la autora de su obra -hecha Josune Muñoz, especialista en la materia y alma Skolastica, importante y singular proyecto de cultura de mujeres y género con sede en Bilbao-, presentación que por su interés y encanto reproduciremos más adelante en el apartado de citas.

Así que la obra se puede decir que cubrió nuestras expectativas, al acercarnos a una figura literaria de primer orden, que, si bien fue valorada en su tiempo, no consiguió todas sus ambiciones literarias, como, por ejemplo, ser la primera mujer en ingresar en la Real Academia Española, hecho que no sucedería hasta 1979 (!), año en que fuera admitida Carmen Conde.

La obra, como se ha dicho, transcurre por la senda de la literatura romántica al uso, con un persona principal, el mulato Sab, de grandes capacidades y ambiciones pero con ninguna posibilidad de desarrollarlas dada su condición de esclavo, enamorado apasionadamente de Carlota, una joven ‘princesita’ que nada sabe de la vida al haber estado siempre rodeada de personas que le han adorado, enamorada esta a su vez de un apuesto y rubio joven, más interesado en ella por su supuesta riqueza que por su belleza física y espiritual.

Tengo que confesar que tanta pasión sublime me hizo bastante antipático al protagonista de la historia, si bien una carta final de este a Teresa -una prima pobre de Carlota que también juega un importante papel en la obra-, en la que reflexiona sobre la pasión amorosa, la ambición (sana en este caso, agrego), la virtud, la esclavitud o la situación de inferioridad de las mujeres hizo que comprendiera los motivos que llevaban a la autora a presentarlo como a un héroe, y es que para la descripción de esta carta se me ocurren calificativos como extraordinaria o sublime, cosa que se entenderá con las citas de la misma que se incluyen al final a modo de acercamiento a esta singular obra.

Y destacar, cómo no, la defensa de la mujer en la novela -hecho que la autora llevó a cabo repetidamente en su vida, como se expone en la introducción del libro-, ya que identifica la condición de la mujer con la esclavitud, saliendo incluso peor parada.

Señalar, finalmente, que la belleza formal de la obra -obviando los fallos de puntuación y gramaticales- hace que te sumerjas en los hechos y paisajes que va narrando: espectacular, por ejemplo, la descripción de la calma anterior al estallido a una terrible tormenta que tiene lugar al principio del relato.

Terminar comentando las alabanzas que se hicieron en la reunión a esta edición en concreto de la novela, a cargo de José Servera, que muestra un profundo conocimiento de la autora y de su obra, si bien se hubiera agradecido que el tamaño de la letra del libro fuera un poco mayor, que ya vamos teniendo la vista regular…

Citas

p. 97 [Presentación de la obra a cargo de su propia autora]:

Dos palabras al lector

Por distraerse de momentos de ocio y melancolía han sido escritas esta páginas: la autora no tenía entonces la intención de someterlas al terrible tribunal del público.

Tres años ha dormido esta novelita casi olvidada en el fondo de su papelera: leída después por algunas personas inteligentes que la han juzgado con benevolencia y habiéndose interesado muchos amigos de la autora en poseer un ejemplar de ella, se determina a imprimirla, creyéndose dispensada de hacer una manifestación del pensamiento, plan y desempeño de la de la obra, al declarar que la publica sin ningún género de pretensiones.

Acaso si esta novelita se escribiese en el día, la autora, cuyas ideas han sido modificadas, haría en ella algunas variaciones: pero sea por pereza, sea por la repugnancia que sentimos en alterar lo que hemos escrito con una verdadera convicción (aun cuando ésta llegue a vacilar), la autora no he hecho ninguna mudanza en sus borradores primitivos, y espera que si las personas sensatas encuentran algunos errores esparcidos en estas páginas, no olvidarán que han sido dictadas por los sentimientos algunas veces exagerados pero siempre generosos de la primera juventud.

p. 258: En efecto, Teresa había alcanzado aquella felicidad tranquila y solemne que da la virtud. Su alma altiva y fuerte había dominado su destino y sus pasiones, y su elevado carácter, firme y decidido, la había permitido alcanzar esa alta resignación que es tan difícil a las almas apasionadas como a los caracteres débiles…

p. 264: [Habla Sab] … por ti que no te has avergonzado de amar al siervo, y que has dicho “levanta tu frente, hijo de la esclava, las cadenas que aprisionan las manos no deben oprimir el alma”…

p. 265: [Habla Sab] … Pero ¿qué es la virtud? ¿en qué consiste?… Yo he deseado comprenderlo, pero en vano he preguntado la verdad a los hombres. Me acuerdo que cuando mi amo me enviaba a confesar mis culpas a los pies de un sacerdote, yo preguntaba al ministro de Dios qué haría para alcanzar la virtud. La virtud del esclavo, me respondía, es obedecer y callar, servir con humildad y resignación a sus legítimos dueños, y no juzgarlos nunca.

Esta explicación no me satisfacía. ¡Y qué!, pensaba yo: ¿la virtud puede ser relativa? ¿La virtud no es la misma para todos los hombres? ¿El gran jefe de esta gran familia humana, habrá establecido diferentes leyes para los que nacen con la tez negra y la tez blanca? ¿No tienen todos las mismas necesidades, las mismas pasiones, los mismos defectos? ¿Por qué, pues, tendrán los unos el derecho de esclavizar y los otros la obligación de obedecer? Dios, cuya mano suprema ha repartidos sus beneficios con equidad sobre todos los países del globo, que hace salir al sol para toda su gran familia dispersa sobre la tierra, que ha escrito el gran dogma de la igualdad sobre la tumba, ¿Dios podrá sancionar los códigos inicuos en los que el hombre funda sus derechos para comprar y vender la hombre…

p. 270-271: [Habla Sab] … ¡Oh!, ¡las mujeres! ¿Pobres y ciegas víctimas! Como los esclavos, ellas arrastran pacientemente su cadena y bajan la cabeza bajo el yugo de las leyes humanas. Sin otra guía que su corazón ignorante y crédulo eligen un dueño para toda la vida. El esclavo, al menos, puede cambiar de amo, puede esperar que juntando oro comprará algún día su libertad: pero la mujer, cuando levanta sus mandos enflaquecidas y su frente ultrajada para pedir libertad, oye al monstruo de voz sepulcral que le grita: “En la tumba”…

Otras obras de la autora en nuestro Centro de Documentación

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