El verano sin hombres, de Siri Hustvedt


Sesión 54  (12 de mayo de 2015)

Siri Hustvedt, (Northfield,  19 de febrero de 1955 -)

El verano sin hombres / Siri Hustvedt; traducción de Cecilia Ceriani.— Barcelona: Anagrama, 2011.—228 p.

Resumen: “Cuando Boris Izcovich dijo la palabra «pausa», Mia Fredricksen, de cincuenta y cinco años, enloqueció. Porque lo que deseaba su marido era una pausa en su matrimonio, después de treinta años sin adulterios y una hija encantadora. Hay que decir que la «pausa» de Boris es francesa, compañera de trabajo, joven y con buenas tetas. Pero la locura de Mia no fue más que una breve psicosis, y ese verano regresa a Bonden, la ciudad de su infancia, donde aún vive su madre en una residencia para ancianas activas e independientes. Mia alquila una casa, se relaciona con sus vecinos, una joven recién casada con dos niños y un marido que le despierta sospechas de maltrato, y visita a su madre y a su grupo de amigas. Recupera los recuerdos de su infancia, y descubre algunos secretos de la femineidad de otras generaciones. También dirige un taller de poesía con un grupo de estudiantes. Y con todos estos incidentes, historias y vidas, Mia urde esta veloz, brillante comedia feminista, de inesperado final…” (Más información y acceso a un fragmento del libro en la web de la editorial)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Por su temática, difícilmente puede encontrarse una obra más adecuada para leer en un grupo de lectura como el nuestro.

Así pues, este libro nos gustó mucho en general, si bien algunas de las componentes del grupo le pusieron ciertas pegas, como la ruptura de ritmo con las digresiones de la voz narradora –coincidente con Mia, la protagonista-, lo convencional del final de la obra, o el retrato ‘idílico’ de la hija y la simplicidad, a veces, del marido.

No fue mi caso, ya que me gustaron mucho las reflexiones sobre distintos temas que Mia va mezclando con los hechos que narra, que no me resultaron ni excesivas ni poco pertinentes (muy interesante, por ejemplo, la comparación que hace entre la violencia física que se da entre los chicos y la que se produce entre las chicas –p. 133-134–; o el perspicaz cuestionamiento de la narradora de la afirmación de un científico amigo de su marido sobre que en el reino animal solo las mujeres tienen orgasmos –p. 128-131–).

Sí admito, en cambio, que el retrato de la hija resulta un poco empalagoso e irreal, o que el final no resulta tan inesperado como mantiene la editorial, si bien lo encuentro coherente con unos personajes y una historia que se sienten muy cercanos y reales, no solo por sus cualidades positivas sino también por sus contradicciones y debilidades, presentes en todo lo humano. Y la simplicidad del marido, como afirmó una de las componentes del grupo, más parece que se haya hecho así a propósito que por carencia de profundidad de la voz narradora.

En cualquier caso, el proceso de superación del trauma de la protagonista y la descripción inteligente y amable de los personajes femeninos con los que va teniendo relación en el verano narrado -como su querida e inteligente madre o la simpática vecina-, hacen que disfrutes enormemente de la lectura del libro y que te sientas agradecida por pertenecer a un sexo tan fuerte, tan activo en el disfrute de la cultura y tan empático, en general, con el resto de las mujeres. Interesantísima, también, la gestión por parte de la protagonista del episodio de ‘bullying’ que sucede en el grupo de chicas a las que está dando el taller de poesía durante ese tiempo.

En definitiva, una obra totalmente recomendable, si bien me queda la duda de si lo es solo para las mujeres o si también la encontrarán así los hombres, los grandes ausentes -si bien presentes en su ‘no estar’- de este libro con título tan sugerente como acertado. ¿Y es que lo masculino es universal y lo femenino es solo para mujeres? No hace falta decir que la respuesta a esta cuestión no puede ser otra por mi parte que sostener que la buena literatura es universal, independientemente del sexo de quien la protagonice, y que está muy bien que en este caso el protagonismo absoluto sea de las mujeres.

Citas del libro

Y ahora algunas citas para disfrutar en cierta medida del libro a pesar de no haberlo leído (o, precisamente, para incitar a hacerlo):

p. 125: Me he dado cuenta de que ocultar algo resulta tan interesante como contarlo. Me fascina cómo el habla, ese corto viaje entre nuestro interior y el exterior, puede ser tan doloroso bajo ciertas circunstancias…

p. 127: … La moraleja de todo esto es que la extrema relajación fomenta el placer y que la relajación es un estado de apertura casi completo ante cualquier cosa que pueda sobrevenir. También supone irreflexión…

p. 131: … Me di cuenta de que el rostro de la madre reflejaba difusamente cada expresión de la niña. Cuando Alice hablaba bajito, Ellen se inclinaba hacia ella con mirada intensa y sus labios repetían con un leve movimiento los insultos recibidos que su hija refería. Cuando Alice lloraba, los ojos de Ellen se achicaban y fruncía el ceño y apretaba los labios sin dejar escapar ni una lágrima. Un madre que escucha es un ser especial. Una madre debe escuchar, solidarizarse, pero no puede identificarse completamente con el hijo. En esas situaciones lo que procede es tomar prudente distancia y resistirse a aceptar, sin más, la versión de los hechos que te cuentan…

p. 135: … En la calle, caminando hacia ‘casa’, me vino a la mente un extraño pensamiento:

Pero no puedo seguir viviendo atemorizada,
ni, viendo lo que veo, reprimir las lágrimas.

Mientras iba, paso a paso, desandando el camino, me acordé de la fuente: Antígona…

p. 152: Todos empezamos iguales en el útero de nuestras madres. Cuando flotamos en el mar amniótico de nuestra primera inconsciencia, todos nosotros tenemos gónadas. Si el cromosoma Y no actuara sobre las gónadas de algunos para gestar unos testículos, todos seríamos mujeres. La biología revierte la historia del Génesis: Adán es Adán a partir de Eva y no al revés. Los hombres son las costillas metafóricas de las mujeres, en lugar de ser las mujeres quienes surjan de la costilla de un hombre…

p. 180: … Como habréis observado, los miembros de un club de lectura tienden a considerar a los personajes que viven dentro de una novela igual que si fueran gente que vive fuera. El hecho de que los primeros estén compuestos de las letras del alfabeto y los segundos de carne y hueso tiene poca relevancia…

p. 185-186: La sesión del grupo de lectura acabó a los pocos minutos y lo había hecho sin que yo pudiera añadir que no existe asunto humano que escape al escrutinio de la literatura. No necesito sumergirme en la historia de la filosofía para insistir en que NO EXISTEN REGLAS en el arte ni tampoco suelo que sustente los argumentos de los Bufones y Descerebrados que piensan que sí hay normas, leyes y territorios prohibidos, ni que tampoco existe razón para considerar que “ancho” es mejor que “estrecho” o “masculino” preferible a “femenino”. A excepción del prejuicio, en las artes no existen sentimientos que deban ser privados de expresión, ni historia que no pueda ser contada. La magia está en el sentimiento y en expresarlo, y eso es todo.

p. 188, 205: Y ahora el telón debe abrirse para mostrar el siguiente lunes, cuando siete incómodas chicas y una poeta, que luchaba por ocultar su ansiedad, se sentaron alrededor de una mesa en el Círculo de Bellas Artes […] Había llegado la hora de mi discurso y me puse a ello. Lo que dije, en esencia, fue que un relato con siete personajes también puede dar lugar a siete relatos, dependiendo de la identidad del narrador. Cada personaje contará los mismos acontecimientos desde su punto de vista, exponiendo los motivos personales que le llevaron a actuar así. Nuestra tarea era dar sentido a una historia verídica. Yo ya le había puesto un título: ‘El Aquelarre’. Una oleada de murmullos ahogados recorrió el aula […] En cuanto yo terminase de hablar, cada una leería su texto en voz alta y lo comentaríamos, pero durante los cuatro días siguientes cambiaríamos de identidad y escribiríamos la historia desde el punto de vista de otro personaje […] Cuando acabara la semana tendríamos un relato escrito por toda la clase. El objetivo era conseguir entre todas ponernos más o menos de acuerdo en el contenido.

[…]

El relato que las chicas se llevaron a casa el viernes no era la verdad, pero era una versión que todas podían aceptar, muy en el estilo de las historias nacionales que desdibujan y distorsionan las acciones de las personas y el desarrollo de los acontecimientos con el fin de preservar una imagen ideal.

p. 212: … Los Cisnes [las amigas de la madre] se estaban muriendo, uno a uno. Todos nos estamos muriendo, uno a uno. Olemos a mortalidad y no podemos desprendernos de ese aroma. No hay nada que podamos hacer excepto, quizá, romper a cantar.

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2 Respuestas a “El verano sin hombres, de Siri Hustvedt

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