Diario de una dama de provincias, de E.M. Delafield


Sesión 48 (6 de noviembre de 2014)

E.M. Delafield (Steyning, Sussex, 9 de junio de 1890 – Oxford, 2 de diciembre de 1943)


Diario de una dama de provincias / E.M. Delafield. — Barcelona  : Libros del Asteroide, 2013. — 208 p.

Resumen: “La dama de provincias vive en una preciosa casa de campo, tiene dos hijos encantadores y un marido que, cuando está con ella, acostumbra a dormitar tras las páginas del Times. Lleva un diario que le sirve para poner un poco de distancia con las cosas que le suceden; en él escribe sobre sus esfuerzos para equilibrar la economía familiar y lidiar con su temperamental cocinera y la sensible institutriz francesa de sus hijos; así como sobre su lucha constante por mantener a raya a su engreída vecina, Lady B., y sus denotados esfuerzos por estar siempre a la altura de las circunstancias…

Publicado por primera vez de forma seriada en una revista de los años treinta y recogido después en forma de libro, Diario de una dama de provincias es un hilarante retrato de la clase alta británica y una de las más divertidas novelas de la literatura inglesa del XX” (La editorial)

Obra continuada por La dama de provincias prospera.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración del grupo

Parece que el libro no gustó a las integrantes del grupo que asistieron a la reunión por considerarlo vanal y repetivo.

Sin embargo, a quien esto suscribe -que lamentablemente no pudo asistir a dicha reunión- la obra le ha parecido deliciosa: irónica y sutil, dentro de la tradición del mejor humor anglosajón, del que este libro es considerado como uno de sus estupendos exponentes.

Una opinión, por lo demás, en la línea de lo que expresaba la reputada filóloga feminista Eulàlia Lledó Cunill en “Damas provincianas“, un artículo aparecido en el Huffintong Post el 19 de abril de este mismo año, del que escojo el párrafo siguiente:

“… En definitiva, una delicia de libro que se agradece especialmente en este tiempo de tribulación y miseria y que se hermana íntimamente con el espléndido humor, nunca superficial (al contrario, siempre cargado de intención y de actitud), y con el talento de tantas y tantas autoras a quien Delafield rinde inteligente y constante homenaje a lo largo del libro…”

Un artículo muy intesante, además, por recoger diversas obras de otras autoras, merecedoras, como E.H. Delafiled´-según la autora del mismo-, de estar en la “Antología del mejor humor inglés“, editada por Anagrama en 2009 (no disponible ya en su catálogo de títulos), que de forma inexplicable no incluyó el relato de ninguna mujer entre los muchos seleccionados.

Citas de la obra, a modo de muestra

p. 68: 28 de febrero. Advierto, muy contenta, la aparición de una gran mata de azafranes de primavera junto a la verja de entrada. Me gustaría referirme a ellos de manera juguetona y adorable, y trato de imaginar que soy la protagonista de Elizabeth y su jardín alemán, pero me veo interrumpida por la cocinera, quien me anuncia que ha llegado el pescadero, pero que solo trae bacalao y abadejo, y que como el abadejo no está muy fresco por cómo huele, qué me parece el bacalao?

He reparado muchas veces en que la vida es así.

p. 78: … Llego a casa sin haber sacado el más mínimo provecho del a visita y con una extraña tendencia a dirigirme de malos modos a todos los que me encuentro.

p. 94: … Caigo en la cuenta, y no por primera vez, de que como mejor pueden cumplir las mujeres inteligentes sus obligaciones para con su propio sexo es quizá mediante el devastador proceso de contarles la verdad sobre sí mismas…”

p. 102: … Aún más desconcertante resulta la aparición de Mademoiselle, presa de una lamentable y estridente alegría gala

p. 116: (Duda que se plantea por sí sola: ¿No es a menudo el silencio más eficaz que la elocuencia extrema? Respuesta afirmativa, probablemente. Debo intentar recordarlo más a menudo.)

p. 166: Se lo menciono a Robert [su marido], quien no apoya en absoluto mi proyecto y hace referencia a… En el momento no se me viene a la cabeza ninguna réplica, pero probablemente se me ocurrirá el domingo en la iglesia o en cualquie oro entorno igualmente inapropiado.

p. 169: (Nota bene: Quizá mi querido Robin [su hijo] no es tan distinto a su padre como a veces quisiera suponer.)

p. 171: … Acabo ocupándome yo de fregar los platos mientras Mademoiselle acuesta a los niños, luego subo y les leo los Cuentos de Tanglewood.

(Duda, básicamente retórica: ¿Por qúe la gente dice tantea veces de las mujeres casadas, con hijos y sin profesión que llevamos una vida “desahogada”? No encuentro respuesta)

p. 178: [tras una solicitud de su hija] … Un instinto indefinible pero evidentemente más fuerte que el maternal me empujó a dejar el asunto en manos de Mademoiselle, y eso hice sin un titubeo.

p. 179: … (Tengo el acierto de citar la balada de John Gilpin y su caballo desbocado, pero nadie me presta atención.)

p. 180-181: … Inicio de inmediato la enérgica búsqueda de un plato perdido a modo de distracción estratégica.

181: (Lamentaría pensar que los impulsos hospitalarios dependen casi por entero de nuestra propia conveniencia, pero no puedo dejar de sospechar que en efecto es así.)

182: … le pregunto a Robert si lo de ayer no le recordó a la señorita Edgeworth, a Rosamond y su excursión campestre, pero no obtengo respuesta, y la conversación -si se le puede llamar así- se rebaja una vez más hasta el nivel del ligero sabor amargo del café y la absoluta imposibilidad de encontrar beicon bueno en la región…

p. 182: … Eso me concede media horita sin interrupciones ante el escritorio, donde escribo al panadero…, a Rose…, a la esposa del director del colegio de Robin -le hablo sobre todo de calcetines, pero también de que, en el futuro, podría sustituirse el boxeo por la danza- y a lady Frobister… (Como no me hace gracia contestar que preferiría…, sacrifico una vez más la verdad a las exigencias de la cortesía.)

p. 183: … (Descubro, mucho después, que se me ha ido la mano considerablemente con la polvera, lo que me lleva a pensar, no por primera vez, que nos ahorramos muchas cosas gracias a la incapacidad -que tan erróneamente deplorara aquel poeta escocés, Burns- de vernos como nos ven los demás.)

p. 189: … 31 de agosto. Leo Los eduardianos, que todo el mundo ha leído hace meses, y lo encuentro delicioso y divertido. Me acuerdo de que V. Sackville-West y yo asistimos junta a clases de danza enel Albert Hall, hace muchos años, pero me parece que, si menciono el asunto, todos van a pensar que estoy presumiendo -y en efecto lo estaría haciendo-, así que más vale dejarlo estar…

[Nota explicativa de la forma de las citas: Las extrapolaciones van entre corchetes y los puntos suspensivos se ponen cuando la parte seleccionada no inicia o termina el párrafo]

Más críticas de la obra

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Una respuesta a “Diario de una dama de provincias, de E.M. Delafield

  1. Me ha encantado el libro. Es impresionante cómo una novela deliciosa consigue transmitir un mundo tan encorsetado, castrante e incluso decadente. Magistral la autora en su retrato irónico de esa sociedad inglesa que se jacta de sus propias deficiencias. Tierna y humana nuestra dama que no rompe pero se revuelve intentando encontrar un espacio propio. Magníficos los paréntesis, dignos parlamentos de un “Pepito Grillo” que nos obligan mas de una vez a parar la lectura y a preguntarnos “¿y yo?”. Hilarantes los retratos de personajes vomitivos como Lady B. Perfecto el reflejo del “quiero y no puedo” de una familia bien de provincias. Profundo a pesar de su aparente frivolidad.
    Aure ha seleccionado con mano experta muchos fragmentos de la obra. Añado uno de entre los muchos que me han hecho pensar, reir, sentir…
    “(Duda: ¿Conduce la maternidad al cinismo? Esto contradice todas las convenciones artísticas, literarias o morales, pero no consigo dejar de pensar que bien puede ser cierto.)”
    En definitiva, un hermoso descubrimiento. Gracias.

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