La hija del optimista, de Eudora Welty


Sesión 43 ( jueves 04 de marzo de 2014)

eudora

Eudora Welty (Jackson-Misisipi, 13 de abril de 1909-ibídem 23 de julio de 2001)


Welty-Hija_del_optimistaLa hija del optimista / Eudora Welty. — Palencia: Impedimenta, 2009. — 222 p.

Resumen: “La hija del optimista es, sin duda, la obra maestra de Eudora Welty. En la tradición de la más brillante novela sureña… una mujer de mediana edad que viaja a Nueva Orleans para hacerse cargo de su padre, un juez retirado que ha de someterse a una operación quirúrgica. El juez no logra recuperarse, y muere lentamente. Será entonces cuando Laurel emprenda un largo viaje de regreso a su hogar familiar en Mount Salus, Mississippi, llevando consigo el cuerpo de su padre, y siempre vigilada por la segunda esposa de éste, Fay, una mujer orgullosa y más joven que Laurel. En la enorme casa, rodeada de sus antiguos conocidos y de las paredes que la vieron crecer, Laurel ha de enfrentarse a los fantasmas de su juventud y a las deudas del pasado”

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Comentario

Al comienzo de la reunión en torno al libro la mayoría de las integrantes del grupo nos manifestamos un poco decepcionadas por el mismo, ya que su presentación como obra maestra de la autora y el hecho de que le hubieran otorgado el prestigioso Premio Pulitzer a la Novela en 1973 nos había creado grandes expectativas que no se habían visto del todo satisfechas. En cuaquier caso, algo de la narración nos había atrapado y nos había impulsado a todas el continuar su lectura hasta el final. Es precisamente entonces cuando la obra te atrapa y hace que comprendas -o intuyas, en gran medida- la especie de desapego de la protagonista por los hechos que suceden a su alrededor.

Y es que al principio parece que la historia no va mucho con la protagonista, a pesar de lo dolorosas que son las circunstancias que relata, como son la enfermedad y muerte de su padre, agravadas por la forma totalmente incoveniente de comportarse de la segunda esposa de este, beneficiaria final, además, de la casa familiar y de los objetos contenida en la misma. (Charo llamó la atención sobre la curiosa circunstancia de que a pesar de todo la protanista se ponga a limpiar el polvo de los libros de la biblioteca de su padre, en un gesto que puede parece inútil pero contiene una gran carga simbólica).

Por otra parte, tampoco entendían algunas muy bien el título de la obra pues el juez no parece especialmente optimista, a pesar de su autodefinición como tal. Esto nos llevó a la anécdota de mi sobrina Isabel cuando de pequeña, estando otra tía suya comentando que se había puesto lentillas, le dijo “pero, tita, lo tuyo es optimismo o miopía”. Sin darse cuenta, al cambiar “astigmatismo” por “optimismo” había hecho una frase verdaderamente ingeniosa. Pues eso, que el juez en vez de optimista lo que parece, más bien, es miope.

Pero, volviendo a la obra, todas estuvimos de acuerdo en que la narración toma un gran brío cuando la protagonista -en unas circunstancias de imagen visual muy potente- encuentra por casualidad los papeles de su madre, lo que le lleva a revisar la vida de sus padres y, con ello, su propia vida.

Como muestra de la belleza y profundidad de las reflexiones que esto le provoca a la protagonista, concluir este comentario con una cita de la misma que aparece casi al final del libro: “Los recuerdos no viven en un objeto concreto, sino en las manos libres, perdonadas y liberadas, y en el corazón que puede vaciarse y llenarse de nuevo; en los motivos renovados por los sueños…” (p. 221)

Para completar la versión del libro, agrego como Comentario de la entrada la visión de la obra de Lidia, una componte del grupo a la que el libro gustó mucho pero que no pudo asistir a la reunión, por lo que mandó un interesante mensaje al respecto por correo electrónico (parece que a no todo el mundo le gusta usar directamente el blog para estos menesteres).

 

Más libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

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2 Respuestas a “La hija del optimista, de Eudora Welty

  1. Centro de Documentación María Zambrano

    Mi comentario “La hija del optimista” (Lidia, componente del grupo de lectura)

    Leer “La hija del optimista” me ha alegrado. No conocía a Eudora Welty, me ha quedado un sabor agradable de su cuidada prosa de aparente sencillez pero gran profundidad… incluso alguna frase aún resuena en mi… “El recuerdo es como un sonámbulo”…

    Confieso que si bien el inicio, hasta la muerte del padre, me resultó prometedor, recién a partir de la pág.150 logré retomar el interés total. Lo intermedio lo sentí algo farragoso en situaciones y personajes.

    A partir del entierro, cuando Laurel vuelve sola a casa, Welty va dibujando sus emociones de pérdida y despedida con las que es imposible no sentirse conectada, algo nos toca a todas…

    Me pareció muy interesante la utilización del recurso del pájaro que, aunque le produce rechazo y temor, se convierte en el vehículo que le conecta a su pasado, a su memoria, a su identidad y le permite convertir los recuerdos desgarradores en la aceptación de su soledad.

    Me resultó una escritura de elegante melancolía que nos implica como lectoras, nos obliga a descifrar…

    Leí algo de su biografía y me encajó: Eudora antes de escritora fue fotógrafa, creo que se percibe en su forma de contar, en especial lo del pájaro y esa manera de describir cada habitación.

    Destaco la portada, muy cuidada, me llamó la atención.

  2. Estoy de acuerdo con Lidia en la “elegante melancolía” que la obra transmite con sencillez… pero no es una novela que me haya dejado huella. Me han gustado ciertos cuadros fotográficos (o más bien cinematográficos) de la cara costumbrista del libro, como el retrato del grupo de amigas “cotorronas” que rodea a la protagonista en esa casa de aires victorianos, pero poco más. Es verdad que la obra coge fuerza al final, cuando Laurel parece despertar de su aparente indolencia y recupera su historia… pero se acerca demasiado al tópico del “trauma americano”.
    Y lo peor de la lectura, por supuesto, ha sido no haber podido compartir impresiones con el grupo, ocasión que siempre me descubre matices nuevos y que supone una experiencia tan grata…

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