Una habitación propia, de Virginia Woolf


SESIÓN DOBLE 38 (jueves 3 de octubre de 2013)

virginia-woolf

Virginia Woolf  (Londres, 1882 – Sussex, 1941)


Una habitación propia / Virginia Woolf ; traducción del inglés por Laura Pujol. — 1ª ed., 10ª imp. — Barcelona : Seix Barral, 2011.    155 p. — (Biblioteca Formentor)

habitacion-propiaResumen: ¿Qué necesitan las mujeres para escribir buenas novelas? independencia económica y personal: una habitación propia. Partiendo de un tratamiento directo y empleando un lenguaje afilado, irónico e incisivo, Virginia Woolf narra una parábola para ilustrar sus opiniones.

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Comentario

Texto ampliado de una conferencia que solicitaron a la autora sobre mujer y literatura, lo que le hizo reflexionar sobre el tema en profundidad, implicándose ella misma en la historia.

Con fina ironía, plantea la precariedad económica y, en consecuencia, social de las mujeres, las muchas sandeces que hombres “ilustres” han dicho sobre ellas por su necesidad de sentirse seres superiores, por qué ha habido tan pocas mujeres que hayan escrito a lo largo de la historia o la necesidad de contar con recursos económicos propios y con independencia personal para que las mujeres escriban.

Libro totalmente actual a pesar del tiempo transcurrido desde su edición original. De lectura imprescindible, más aún para quienes pretendemos “generar lecturas”.

Citas del libro

Como muestra de la sabiduría que se encierra en sus páginas, aquí vemos una  cita hablando de libros escritos por hombres sobre mujeres que había encontrado la autora en su investigación para la conferencia, muchos de los cuales sostenían la inferioridad de las mujeres ne todos los ámbitos:

Habían sido escritos a la luz roja de la emoción, no bajo la luz blanca de la verdad…

Posiblemente, cuando el profesor insistía con demasiado énfasis sobre la inferioridad de las mujeres, no era la inferioridad de éstas lo que le preocupaba, sino su propia superioridad… Para ambos sexos… la vida es ardua, difícil, una lucha perpetua. Requiere un coraje y una fuerza de gigante. Más que nada, viviendo como vivimos de ilusión, quizá lo más importante para nosotros sea la confianza en nosotros mismos… Y ¿cómo engendrar lo más deprisa posible esta cualidad imponderable y no obstante tan valiosa? Pensando que los demás son inferiores a nosotros. Creyendo que tenemos sobre la demás gente una superioridad innata, ya sea la riqueza, el rango, una nariz recta o un retrato del abuelo pintado por Rommey, porque no tienen fin los patéticos recursos de la imaginación humana. De ahí la enorme importancia que tiene para un patriarca, que debe conquistar, que deber gobernar, el creer que un gran número de personas, la mitad de la especie humana, son por naturaleza inferiores a él… Durante todos estos siglos, las mujeres han sido espejos dotados del mágico y delicioso poder de reflejar una silueta del hombre de tamaño doble del natural”  (p. 47, 49-50)

O contando los efectos que le había producido que su tía muriera dejándole una herencia de quinientas libras al año, tras una vida anterior de precariedad laboral:

“… De las dos cosas -el voto y el dinero- el dinero, lo confieso, me pareció mucho más importante… No necesito, creo, describir en detalle la dureza de esta clase de trabajo… ni la dificultad de vivir del dinero así ganado… Pero lo que sigo recordando como un yugo peor que estas dos cosas es el veneno del miedo y de la amargura que estos días me trajeron…

Pero, como decía, mi tía murió; y cada vez que cambio un billete de diez chelines, desaparece un poco de esta carcoma y de esta corrosión; se van el temor y la amargura… es notable el cambio de humor que unos ingresos fijos traen consigo… Por tanto, no solo cesan el esforzarse y el luchar, sino también el odio y la amargura. No necesito odiar a ningún hombre; no puede herirme. No necesito halagar a ningún hombre; no tiene nada que darme. De modo que, imperceptiblemente, fui adoptando una nueva actitud hacia la otra mitad de la especie humana. Era absurdo culpar a ninguna clase o sexo en su conjunto…

También ellos, los patriarcas, los profesores, tenían que combatir un sinfín de dificultades, tropezaban con terribles escollos. Su educación había sido, bajo algunos aspectos, tan deficiente como la mía propia. Habían engendrado en ellos defectos igual de grandes. Tenían, es cierto, dinero y poder, pero sólo a cambio de albergar en su seno un águila, un buitre que eternamente les mordía el hígado y les picoteaba los pulmones: el instinto de posesión, el frenesí de la adquisición, que les empujaba a desear perpetuamente los campos y los bienes ajenos, a hacer fronteras y banderas, barcos de guerra y gases venenosos; a ofrecer su propia vida y la de sus hijos… O ved en una soleada mañana de primavera al corredor de Bolsa y al gran abogado encerrándose en algún edificio para hacer más dinero, cuando es sabido que quinientas libras le mantendrán a uno vivo al sol…

el temor y la amargura se fueron transformando poco a poco en piedad y tolerancia; y luego, al cabo de un año o dos, desaparecieron la piedad y la tolerancia y llegó la mayor liberación de todas, la libertad de pensar directamente en las cosas” (p. 53 y 54)

Más citas del libro pulsando aquí.

Artículo relacionado con el libro

Una habitación aún impropia, por Mª Ángeles Cabré en el blog Mujeres, del diario El País. Trata de la presencia aún minoritaria de las mujeres en el mundo editorial.

Libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

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6 Respuestas a “Una habitación propia, de Virginia Woolf

  1. VIRGINIA WOOL SIEMPRE ME A INTERESADO COMO ESCRITORA COMO PERSONA, UNA MUJER NO ENTENDIDA EN SU TIEMPO.

  2. Sin duda, Virginia Woolf es una de las mejores escritoras del siglo pasado…cuyas reflexiones siguen estando -desgraciadamente- vigentes, no tanto porque las mujeres no estemos en espacios masculinizados, sino porque estando, no existimos en ellos, no somos en primera persona…me pregunto qué habría pensado Woolf de esto…Dice la autora “…una mujer tiene que tener dinero y un cuarto propio para poder escribir una novela…”, cómo podía imaginar Woolf que además ha de tener conciencia de sí misma…quizás sí lo imaginó

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