El vino de la soledad, de Irène Némirovsky


Sesión 37 (jueves 13 de junio de 2013)

irene-nemirovsky

Irène Némirovsky (Kiev, 1903 – campo de concentración de Auschwitz, 1942)


vino-soledadEl vino de la soledad / Irène Némirovsky. — Barcelona : Salamandra, 2011. — 221 p.

Resumen: De carácter marcadamente autobiogáfico, recrea el destino de una adinerada familia rusa refugiada finalmente en París, describiendo la compleja relación de una hija con su madre, motivo que la escritora ya había tratado en El baile. Con una mirada inteligente y ácida, la novela sigue a la pequeña Elena de los ocho años a la mayoría de edad, desde Ucrania hasta San Petersburgo, Finlandia y finalmente París, donde la familia se instala tras el estallido de la revolución rusa, en un recorrido paralelo al que realizó la propia Némirovsky.

Nota: El lote de veinte ejemplares de este libro ha sido prestado por el Centro Andaluz de las Letras por pertenecer nuestro grupo de lectura a la Red Andaluza de Clubes de Lectura.

Valoración

Como con el resto de sus libros, esta autora no defrauda.

A destacar la fuerza de Elena, personaje principal y trasunto de la propia autora, que, tras imitar en parte los comportamientos de sus mayores y ver que eso no le hace sentirse bien, logra liberarse del pasado y optar por una nueva vida propia .

También se comentó que lo que hizo más daño al personaje real fue el desprecio de que fue objeto por parte de su madre cuando era niña y la falta de modelos positivos dentro de su familia.

Finalmente destacar lo precioso de la escritura de esta autora, que llevó a una componente del grupo a leer el párrafo con el que se inicia la novela:

“En la región del mundo donde había nacido Elena Karol, el atardecer se anunciaba con una espesa polvarde que giraba lentamente en el aire y luego volvía a posarse en la tierra con el relente nocturano. Una turbia luz rojiza vagaba por la franja inferior celeste. El viento llevaba  a la ciudad los aromas de las llanura ucranianas, un tenue y acre olor a humo y la frescura del agua y los juncos que crecían en las márgenes del Dniéper. El viento procedía de Asia. Pasaba entre los Urales y el mar Caspio y levantaba olas de un polvo amarillento que crujía entre los dientes. Áspero y cortante, llenaba el aire de un sordo fragor que se alejaba hacia el oeste. Luego todo volvía a la calma. Apagado y sin fuerzas, el sol poniente se hundía en el río, velado por una nuebe lívida.”

Libros de la autora en el Centro de Documentación María Zambrano

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