Rosa cándida, de Auður Ava Ólafsdóttir


Sesión 28 (lunes 7 de mayo de 2012)

 Auður Ava Ólafsdóttir  (Reikiavik-Islandia, 1958-)

Rosa cándida / Auður Ava Ólafsdóttir. — Madrid : Alfaguara, 2011. —  271 p.

Resumen: “El joven Arnljótur decide abandonar su casa, a su hermano gemelo autista, a su padre octogenario y los paisajes crepusculares de montañas de lava cubiertas de líquenes. Su madre acaba de tener un accidente y, al borde de la muerte, aún reúne fuerzas para llamarle y darle unos últimos consejos. Un fuerte lazo les une: el invernadero donde ella cultivaba una extraña variedad de rosa: la rosa candida, de ocho pétalos y sin espinas. Fue allí donde una noche, imprevisiblemente, Arnljótur amó a Anna, una amiga de un amigo.

En un país cercano, en un antiguo monasterio, existe una rosaleda legendaria. De camino hacia ese destino, Arnljótur está, sin saberlo, iniciando un viaje en busca de sí mismo, y del amor perdido.” (Editorial Alfaguara)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer).

Valoración

Afortunadamente, este libro nos ha quitado el mal sabor de boca del anterior, pues, además de tener una calidad literaria muy superior, trata el tema de la maternidad y, fundamentalmente la paternidad, de una forma nueva y sin los prejuicios patriarcales habituales -tan presentes en El grupo de lectura-.

Y es que Rosa cándida, en palabras de la propia autora, trata “… sobre cómo un joven afronta la paternidad. ¿Quieres seguir siendo libre o comprometerte? Nadie nace siendo padre o madre y todos tenemos nuestros sueños”.

Y esto vale tanto para mujeres como para hombres: ambxs progenitores pueden -y deben- asumir las responsabilidades si deciden tener un bebé, pero procurando que sus decisiones estén guiadas por sus necesidades vitales.

En este caso, en concreto, el embarazo es fortuito y si bien la chica decide tener el fruto de la relación de una noche, con el tiempo decide optar -al menos temporalmente- por dedicarle más energía a un proyecto profesional bien definido y dejar a la cría con el padre, al comprobar la preciosa relación de cuidado, cariño, respeto –¡chica lista!, es lo que le dice cuando ésta le muestra sus aprendizajes-, entendimiento  y disfrute que había establecido con la hija de ambos.

Pero no solo la relación padre e hija es especial, también la relación del protagonista con su madre –recientemente fallecida en un accidente de tráfico-, su padre, su hermano gemelo, su amigo el monje cinéfilo o la madre de su propia hija son singulares y están llenas de respeto y de ternura -no siempre explícita-. Como comentó una componente del grupo todo en el libro, hasta el dolor, está tratado con naturalidad y sosiego, lo que es mucho en los tiempos que corren.

Y es que, como dice la autora, “Mi libro es una oda al hombre, a la nueva masculinidad”.  Si bien al respecto quedaron preguntas en el aire: ¿realmente  existen hombres así? (precisamente dentro del grupo de lectura hay una componente que en la reunión anterior contó cómo el padre de su hija se había hecho cargo de la misma, lo que a ella le permitió seguir estudiando sin tantas responsabilidades familiares), ¿se trata de una “idealización” de una mujer escritora? (ha habido escritores que se han puesto en la piel de mujeres, por qué no podría hacer lo mismo una escritora…), ¿puede una educación adecuada dar como fruto mujeres y hombres libres y solidarixs, sin los vicios que impone la cultura patriarcal? (al menos ayudaría, no?).

Todo ello sugiere la novela, que por su forma puede recordar –salvando las distancias-, a El guardián entre el centeno  o a Tokio blues, si bien al principio puede hacerse un poco pesada y como con falta de brío por parte del protagonista, que se compensa cuando éste llega al destino del viaje que emprende para recuperar un jardín de rosas mítico, pero, sobre todo, para encontrarse consigo mismo.

Nuestra enhorabuena, pues, a esta joven escritora islandesa por el libro y por los valores que pretende difundir en el mismo. No es de extrañar que en Islandia la mujeres se hayan hecho cargo del país y lo hayan arreglado.

Más críticas del libro

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Una respuesta a “Rosa cándida, de Auður Ava Ólafsdóttir

  1. Lector en la sombra

    Murillo entre las rosas

    Se agradece la lectura de un libro amable, especialmente en los azarosos tiempos en que vivimos. Afortunadamente amabilidad no está reñida con profundidad ni con creatividad y no todos los autores son como Sábato, que pedía disculpas por lo amargo de sus obras porque no sabía escribir de otra manera. Personalmente agradezco la forma amable de decir las cosas y músicos como Haydn, cineastas como Chaplin o pintores como Murillo están entre mis favoritos gracias y no a pesar de su amabilidad.

    Ciertamente el mundo está lleno de personas amables, los gestos generosos no son una excepción, el trato en los hospitales suele ser exquisito, hay niños que son tan buenos como el pan que llevan debajo del brazo y hay curas que charlan contigo y te echan una mano sin juzgar la forma de vida que has elegido o el orden en que lo has hecho. También hay (no es mi caso) hombres a los que no les gusta el fútbol ni ver la tele, e incluso estoy dispuesto a creer que puede haber muertes tan dulces como la de la madre de Arnjold. Además uno está un poco harto de libros y películas maniqueas con malvados de los más villano y buenos muy desgraciados o temerarios o violentos, todo eso es cierto… Pero después de haber leído Rosa Candida (esa rosa sin espinas) el primer comentario que me viene a la boca es que menos mal que la cosa no termina declaradamente en boda con celebración en el jardín del monasterio.

    Tal vez todo lo que he dicho pueda darse junto en la vida real, aunque creo más bien que el mundo y el ser humano, cada ser humano, está hecho de luces y sombras, como una pintura de Renoir…O de Murillo.

    Cosas buenas: Me parece muy creíble el personaje del padre, el electricista, con sus torpes intentos de evocar a la madre a través de sus recetas (si habéis visto la película Todas las mañanas del mundo recordaréis aquel músico jansenista francés que evocaba a su esposa muerta a través de la música) y me emocionó la última conversación del jardinero con su padre, cuando éste pregunta por Flora Sol primero, por la rosaleda después y de las sencillas respuestas de Arnjold se desprende que la madre, ha completado en su hijo su obra de creación de vida.

    Os habéis preguntado si hay hombres así ¿Por qué ahora, después de tantos libros, cuando el personaje es bueno, prudente, generoso y sereno? ¿Puede un hombre tener el carácter de Arnjold? No yo, que me impaciento con los trabajos manuales, me entusiasmo bastante más allá de lo que exige la discreción cuando el Barça marca un gol y me falta esa perspicacia, esa delicadeza y diplomacia que surge de modo natural en Arnjold en sus relaciones con las mujeres, gracias, quizá, a la que tuvo él con su madre; pero me resulta creíble, como hombre. Es más, no se muy bien por qué, pero se me ha metido en la cabeza que nuestro Murillo, incluso por encima de las diferencias culturales entre una y otra época (esa educación patriarcal) pudo acercarse mucho en su temperamento y forma de ser a nuestro protagonista. Personalmente en lo que más identificado me he sentido con Arnold ha sido en la forma de vivir su paternidad, en particular en los momentos de intimidad con su hija y, aunque yo no tenga su gusto y ausencia de problemas económicos comprándoles ropa ni su habilidad acicalándolos para salir a la calle, váyase lo uno por lo otro, estoy viviendo con ellos su, en todos los sentidos de la palabra, preciosa adolescencia. De todos modos he conocido en esa paternidad momentos muy duros que Arnjold no podría imaginar, y a pesar de ello encuentro en esa relación lo mejor de mí mismo. No es su forma de ser, opuesta totalmente al estereotipo de hombre que circula en los chistes, en los blogs más superficiales de internet y en las conversaciones insustanciales, lo que no me he creído de esta Rosa Candida, sino su escandalosa ausencia de espinas…

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