Los otros son más felices, de Laura Freixas


Sesión 24 (lunes 9 de enero de 2012)

imagen Laura Freixas

Laura Freixas (Barcelona, 1958)

Los otros son más felices / Laura Freixas. Destino, 2011. 256 p.

Resumen: “Áurea es una chica de 14 años, madrileña de origen manchego, que va a pasar el verano a la casa de unos familiares lejanos en un pueblecito de la costa Brava. El contraste entre los esfuerzos inútiles de su madre por sacudirse de encima la catetez, que la hacen caer en el ridículo, y el aire aparentemente desenfadado, abierto y culto de sus«primos ricos» compondrán el germen de un malestar que hará que su vida cambie de rumbo radicalmente. Muchos años después, Áurea desentraña algunas respuestas a las preguntas que se ha hecho durante todo ese tiempo. Preguntas acerca de un verano rico en acontecimientos y en el que Áurea conocerá el arte, la belleza, el estilo, la elegancia y la cultura. Una vida verdadera que sin embargo esconderá también mentira, fingimiento y decepción, y que encerrará la clave de un secreto vital que no acierta a desvelar.” (Planeta de Libros)

(Lote de 20 ejemplares del libro disponible para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

Valoración

Las participantes en la reunión expresaron diversas opiniones sobre esta novela, habiendo quienes nos había gustado e interesado bastante hasta otras a las que no les había motivado apenas.

Respecto al contenido algunas coincidieron en que había tópicos y lugares comunes, como presentar a Cataluña como rica e ilustrada y a Extremadura –también podrían hacer sido Andalucía, o Murcia…- como pobre y atrasada.

Pero a quienes la obra nos llegó,  veíamos en esto cierta concomitancia con nuestro pasado, cuando éramos niñas o adolescentes en un pueblo -para nosotras- perdido y lo que sonaba a capital, a fuera, tenía un hálito de prestigio y de posibilidades difícilmente alcanzables en nuestro limitado entorno, habiendo necesitado tomar distancias para valorar lo que el pueblo nos aportaba.

También fue cuestionado el estilo: el texto se desarrolla como un diálogo en el que solamente se oye a una de las interlocutoras, teniendo que imaginar qué va preguntando la otra persona, cuya personalidad no se revela hasta bien entrada la obra y que no parece -decían- muy significativa como para asignarle ese papel.

En cualquier caso, el diálogo pronto se centró en las relaciones entre madres e hijas, que en la novela están muy bien descritas y son muy reveladoras. Las conclusiones finales al respecto –aún perdiendo la riqueza de lo dicho en la reunión- se pueden resumir diciendo que nuestras madres no tuvieron las posibilidades que tuvimos nosotras, muchas de las cuales provienen de su lucha al respecto, y que es importante saber corresponder al cariño y los cuidados que nos han dado en la mayoría de los casos, pero sin chantajes emocionales sino de una forma que cada cual, madre e hija, vivamos finalmente la vida que queramos y seamos capaces de forjarnos de la forma más libremente posible.

Gracias, pues, a la autora por sugerirnos un tema tan interesante, más todavía si se analiza desde el punto de vista del género!

(Para profundizar en el tema Charo sugiere leer el apartado correspondiente del libro  Ser mujer: el fin de una imagen tradicional, de Victoria Sau)

Citas del libro

– … ¿tenemos el deber de amar?… hay una primera respuesta que ahora me parece obvia: de amar, no, el amor nunca puede ser un deber, porque no se gobierna con la voluntad; pero ¿tenemos el deber de visitar y cuidar a nuestros padres, de comportarnos, materialmente al menos, como si les amáramos, sean cuales sean nuestros sentimientos y sea cual se la conducta que ellos han tenido con nosotros?… (p. 107)

– … Eso era para mí Inglaterra: gente respetuosa, que no le pone a los demás en el pecho la pistola de sus lágrimas… (p.162)

– … Claro, es muy fácil de decir, pero es muy difícil saberlo, saber qué quieres, qué quieres tú, qué te va a hacer feliz… (p. 168)

OTRAS OBRAS DE LA AUTORA EN NUESTRO CENTRO

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2 Respuestas a “Los otros son más felices, de Laura Freixas

  1. Lector en la sombra

    Feliz año a todas las lectoras.

    Yo considero un bonito regalo de Navidad la lectura de esta novela. La primera sensación que me ha proporcionado ha sido de empatia con Aurea (Laura). Tenemos la misma edad, y creo que es de las primeras novelas que leo en “tiempo real” en el sentido de que las cosas le ocurren a la protagonista simultáneamente a lo que ha sido mi vida, con lo que todas sus experiencias me resultan particularmente cercanas, coincido también en una cierta vinculación con Cataluña, en una admiración por lo adecuado, quizá por visceral, que resulta el idioma catalán para expresar ciertos sentimientos (como el ara mateix que tan pronto aprende Áurea, o ese t’has fixat? que sigue a cada visita, yo añadiría el “prou”, cuando ya basta de algo, el “mai mes” que expresa la firme resolución de no repetir una mala experiencia o esa palabra sin equivalente en castellano, tan adecuada para expresar el fin de una jornada de trabajo, como el cierre de una empresa, que es “plegar”). Otra coincidencia es la existencia de un viaje en tren, que cambia la vida y del que recordamos hasta la fecha exacta (en mi caso fue de Barcelona a Sevilla el 20 y el 21 de marzo de 1963). Me ha entretenido el descubrimiento del significado de los nombres no solo de cada personaje, sino de cada lugar. Por ejemplo la Tramontana, similar a nuestro Levante, nombre de viento asociado a la montaña, al mar y a la locura y que, como la familia Soley en Aura, arrasa con todo y todo lo renueva, o el de La Era, palabra que huele a campo, pero que es también expresión de un periodo de tiempo y pretérito imperfecto. O adivinar en el despertar de Áurea a la creación artística una metáfora de la diferente percepción por cada alma de una misma cosa. Dicho sea de paso, la reflexión de la pagina 180 sobre la posibilidad de hacer arte descubriendo “algo” en temas aparentemente anodinos, me parece tan profunda como elegante. La lectura me ha traído también el recuerdo precioso de mis primeras vacaciones en una granja del Alt Emporda, muy cerca de Roses y me ha encantado la sensibilidad de Áurea no solo ante las personas, sino ante la luz y la personalidad de las ciudades y aun de los barrios (preciosa, por ejemplo, y auténtica la descripción que hace de la luz del atardecer en el barrio de Argüelles de Madrid).
    Me ha divertido recordar y reconocer algunos elementos olvidados de la vida de las personas de nuestra generación, como Ferrándiz, en quien me ha parecido reconocer al autor de los Christmas que mandaba la madre de Áurea a los primos catalanes y que ella veía como pocholadas; sin ser un genio de la pintura, Ferrándiz fue un magnifico ilustrador, o como la palabra chupóptero, que invariablemente utilizaba el periodista José María García para referirse a los presidentes de los clubes de futbol en una época en que no se podía criticar a otras autoridades.
    Áurea Moreno, chica criada en el seno de una familia media de la época del franquismo a caballo entre la casa de su barrio, Ciudad Lineal, de Madrid, donde la mesa del comedor brilla porque solo se usa en Navidad y no ha entrado otro libro que “La Larousse” y las vacaciones en la cueva de La Era, el pueblo de su madre, anclado en viejas y aparentemente eternas formas de existencia, descubre de golpe una diferente forma de vida personalizada en los Soley que, primero, como el mar, la deslumbra, pero en la que, como en el mar al llegar a la playa, llena de guijarros, no deja de descubrir mezquindades y miserias que, de rebote, la llevarán a conocer la verdad sobre su familia disfrazada cuidadosamente por su madre, y su verdadera vocación por la creación.
    Como un lienzo en blanco se va convirtiendo en obra acabada, a lo largo de la conversación en la que solo oímos a Áurea, técnica a través de la cual Laura Freixas consigue no caer en el “massa dit”, se nos va revelando la verdad sobre Áurea, sobre sus padres, sobre la familia de los Soley. La conversación es aparentemente caótica, pero en realidad sigue un orden vital y emocional, que es en el que en la vida real las personas vamos descubriendo nuestra verdad, y no mediante métodos científicos, académicos o sistemáticos. Poco a poco vamos descubriendo caracteres, lugares, relaciones, mentiras y errores de estos personajes que forman la rica galería que rodea la vida de esta mujer apasionada, sensible, perspicaz y reflexiva.
    La verdad sobre la vida de Áurea se nos va descubriendo como un cuadro impresionista, una pincelada tras otra, cuyo sentido no podremos descubrir si no las vemos desde una cierta distancia. Este descubrimiento que Áurea hace de su propia vida no deja de ser también el descubrimiento de los otros. (“Al fin y al cabo ¿Qué sabemos de los otros?”)

  2. Carmen Ballester

    Encantada de leer esta crítica positiva e inteligente del libro, mas aún después de haberme perdido tan interesante cita.
    Estoy de acuerdo en que los tiempos van paralelos a los nuestros y a veces conectas con esa realidad, ahora tan lejana, sin embargo no pude evitar sentirme decepcionada porque lo que para la autora es emocionante y novedoso, a mí me no me llega a atrapar o interesar, hasta la página 156 en que conecté y me creé expectativas que luego no se cumplieron.
    Me parece sincera en lo que concierne a sus sentimientos y opiniones sobre padres y amigos, una lectura inteligente sin duda pero no compartía con la autora ese interés desmesurado por los Soley y su hija, no sentía que este tema mereciera una novela, me irritaba la relación desigual que mantenían, cómo ella mitificaba a una gente que desde el principio no me parecieron para tanto y que no le prestaban la menor atención para colmo.
    También compartía con la autora mi marcha a Inglaterra por esa época y comprendo su impresión de libertad al sentirse anónima y libre en un lugar ajeno en el que nadie te juzga..
    . ,

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