“Día de perros”, de Alicia Giménez Bartlett


SESIÓN 19 (25 de abril de 2011, de 18:00 a 20:00 h.)

Alicia Giménez Bartlett (Almansa, Albacete, 10 de junio de 1951)

Día de perros / Alicia Giménez Bartlett. — Barcelona : Grijalbo, 1997. –283 p.

Resumen: “A la inspectora Petra Delicado y al subinspector Fermín Garzón les cae un caso aparentemente poco brillante: se ha encontrado malherido, a consecuencia de una paliza, a un individuo a todas luces marginal. El único ser que le conoce es un perro con tan poco pedigrí como su amo. El hombre muere sin recobrar la conciencia. Para la pareja de detectives comienza una búsqueda en la que la única pista es el perro…” (Resumen tomado de la Web de la Autora)

Segunda de una serie de novelas policiacas con la inspectora de policía Petra Delicado como protagonista, que hasta ahora ha dado pie a 8 obras de la saga que han sido traducidas a diversos idiomas y que le ha reportado diversos galardones.

En 1999 se rodó una serie de televisión de 13 capítulos protagonizados por Ana Belén en el papel de la inspectora Petra Delicado y Santiago Segura en el de su inseparable compañero Fermín Garzón.

(Más información de la Autora y su Obra en su web o en Wikipedia)

(Lote de 20 ejemplares del libro y serie de televisión disponibles para su préstamo en el Centro de Documentación María Zambrano, del Instituto Andaluz de la Mujer)

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Una respuesta a ““Día de perros”, de Alicia Giménez Bartlett

  1. Ana Carriles Suárez

    “Día de perros” es la segunda entrega de una saga de novela negra protagonizada por la Inspectora de policía Petra Delicado y el Subinspector Fermín Garzón.
    Alicia Giménez Bartlett tiene un gran acierto al llamar a su protagonista “Petra Delicado”: una mujer que se ha endurecido para enfrentarse a lo más sórdido y violento de la sociedad, sin perder por ello la capacidad de sentir dolor o compasión por los demás.
    Todavía nos resulta inusual encontrar a una mujer con un puesto de mando en una estructura tan tradicionalmente masculina como el cuerpo de policía. Estábamos acostumbradas a seguir las huellas de asesinos y ladrones de la mano de detectives y comisarios masculinos, o bien de mujeres perspicaces como la Miss Marple de Agatha Christie, que colaboraban en las investigaciones tratando de no importunar a las autoridades, encontrando siempre la forma de hacerlo sin herir el ego de los que ostentan el poder.
    Ese poder femenino en la sombra, moviendo los hilos por debajo de la trama, ahora sale a la luz y se instala en un despacho con un rótulo que no deja lugar a dudas: la Inspectora es ella.
    Después de haber leído 5 de las novelas de la saga, me siento más cerca de esta mujer de cuarenta y tantos, que vive sola, sin hijos y con dos divorcios en su haber.
    La veo buscando el tono apropiado para relacionarse en un contexto brutal y muy masculino sin perder la autoridad y tampoco su alma. Observo su lenguaje agresivo, su impaciencia, su dedicación febril al trabajo y, sí, parece un hombre.
    Pero no se me ocurre de qué otra manera habría podido sobrevivir a la desconfianza, a estar siempre en el punto de mira de sus compañeros.
    Pienso en Anna María Mella, la inspectora de la saga creada por Assa Larsson y la encuentro mucho más relajada en su papel, sin tener que defender cada día su posición, permitiéndose un tono normal de conversación con sus colegas (sin ese contínuo ataque-contraatque entre la ironía y la chulería que caracteriza a los protagonistas de la saga española) y con sus cuatro hijos ¡cuatro!, que se quedan con su marido cuando ella sale de casa a las cinco de la mañana para ir a ver al forense.
    Entre la británica Miss Marple, con su efectiva y discreta participación de aficionada, y la tranquila autoridad de la sueca Anna María Mella, está nuestra Petra Delicado. Con poder y mucha rabia, escéptica y dura, protegiéndose de su entorno agresivo con más agresividad, eligiendo un trabajo muy exigente y renunciando a la familia -aquí, hoy por hoy, todavía no se pueden tener las dos cosas sin morir en el intento-, y sin embargo todavía capaz de sentirse conmovida, de llevarse a su casa al perro de un tipo que han apaleado hasta la muerte, de acompañar emocionalmente a su subordinado Fermín como una buena amiga, de ser humana y querible.
    Quizá la próxima heroína española no tenga que justificar tanto sus elecciones, no tenga que protegerse adoptando los modos de ser masculinos y pueda ejercer su profesión y su cargo con una autoridad menos combativa.
    En ello estamos.

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