“El castillo de arena”, de Iris Murdoch


SESIÓN 18 (lunes 4 de abril de 2011, de 18:00 a 20:00 h.)

Iris Murdoch (Dublín, Irlanda, 1919 – 1999)

Cubierta del libroEl castillo de arena / Iris Murdoch ; traducido del inglés por Flora Casas. — 2ª ed. — Madrid : Alianza, 2007. — 372 p. — (Alianza Literaria)

“En `El castillo de arena´ Iris Murdoch traza una profunda reflexión sobre la contingencia, la libertad y el amor, tejida en el trasfondo de una relación matrimonial que se tambalea. Su inolvidable protagonista, Mor, instalado en su segura racionalidad académica, se siente incapaz de aceptar la irracionalidad que le rodea. Una irracionalidad que Murdoch plasma en un conjunto de personajes autónomos, distanciados del autor, que no se reducen a tipos sociológicos o a simples conflictos sicológicos. La responsabilidad, el sentido de culpa, las contradicciones humanas, las ambiciones, los intereses creados, el choque de individualidades, se entrecruzan en la búsqueda del amor, en la constante averiguación filosófica de Iris Murdoch de si es posible hallar la felicidad en la sociedad de nuestros días. La paradoja, el humor y la agilidad caracterizan una narración en la que el análisis de la condición humana camina en paralelo con las reflexiones sobre la naturaleza del arte.” (Alianza Editorial)

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Una respuesta a ““El castillo de arena”, de Iris Murdoch

  1. Ana Carriles Suárez

    Hemos comentado en el Club de Lectura “El castillo de arena” de Iris Murdoch y me ha quedado la misma impresión que al terminar la novela: escaso entusiasmo, pocas cosas que comentar desde una perspectiva de género, cierto aburrimiento.
    Se comentó que la novela resulta fría, convencional, estereotipada, poco creíble, difícil de “visualizar” y que no ha resistido el paso del tiempo.
    A mí me resultó interesante y fácil de leer, pude verme inmersa en el escenario con facilidad e incluso nostalgia -¡cuánto me gusta la campiña inglesa en verano! y me pareció que el tema de la infidelidad es universal y atemporal, aunque el modo de vivirlo vaya cambiando con el tiempo.
    Pero aquí siento el jarro de agua fría del desencanto, de la sensación de estar ante algo que no tiene solución. Y creo que ésta es la causa que me hace remolonear, quedarme un poco fuera del posible debate.
    Está claro que el matrimonio formado por Nan y Mor es aburrido, está falto de vida, de alegría e ilusión, que es lo que viene a traer Rain, la joven de la que Mor se enamora.
    Nan es áspera, un personaje que nos cae mal desde la primera página, una mujer dominante y que genera un clima de malestar permanente, criticando con despiadada ironía todo lo que sucede.
    Sin embargo no deja de ser cierto que mientras él tiene un trabajo como profesor en el que se siente reconocido por colegas y estudiantes, a su mujer, una vez que los hijos ya no viven en casa, pocas satisfacciones le quedan en la vida.
    Se habló en la reunión de la pasividad de Nan, de su falta de constancia para seguir adelante con distintas actividades que podrían haberle interesado, que podrían haberle dado un contenido a su vida.
    Sin que ello suponga justificar el mal carácter de Nan, sí me gustaría hacer aquí una apreciación de género porque si bien en la época en que transcurre la novela ella podría haberse puesto a trabajar, esto era infrecuente en su medio social y aún se consideraba que la tarea de las mujeres estaba en el hogar.
    Actualmente, si bien las mujeres hemos decidido cambiar las cosas y ser económicamente independientes, seguimos deseando formar una familia y aceptamos en ello una responsabilidad que excede con mucho a la de los hombres, dedicándole muhco más tiempo y energía de la que le dedican ellos.
    En nuestro entorno Europeo la mujeres hemos conquistado el mercado laboral tradicionalmente masculino, mientras que los hombres, si bien van compartiendo las tareas de la casa, siguen muy lejos de compartir al 50% el cuidado de los hijos.
    Sin ayuda institucional, a la mujer trabajadora no le queda más remedio que dejar a sus hijos al cuidado de las abuelas y abuelos -cuando los hay- y de jóvenes canguros -con el coste que ello conlleva- para poder seguir adelante con su vida profesional.
    Desde luego el sistema escolar inglés, en el que los alumnos permanecen internos en la escuela aunque ésta se halle a dos pasos de su casa, libera pronto a madres y padres de ocuparse de su educación, salvo en la toma de decisones y los períodos vacacionales.
    Pienso en las mujeres que, como Nan, han vivido para su familia y se han quedado sin objetivos al crecer los hijos, y en las mujeres que tratan de trabajar fuera y dentro de casa, siempre sobrepasadas por su doble tarea, y me entra un cansancio histórico. “Cómo ser mujer y no morir en el intento” me parece un buen título para este drama cotidiano.
    Será necesario que vayamos encontrando un equilibrio, un verdadero compartir las tareas de la vida entre hombres y mujeres y un apoyo institucional que refleje el reconocimiento de las necesidades de la crianza en el contexto de la vida laboral.
    Volviendo al tema principal de la novela, la infidelidad, el relato es clásico, casi estereotipado. Mor, un hombre maduro que no es feliz en su matrimonio, conoce a Rain, una mujer jóven, encantadora, libre y que está dispuesta a irse con él. ¿No hemos oído esto antes?
    Nada nuevo bajo el sol. Tampoco el desenlace lo es: el hombre convencional, tras haber vivido su aventura (que aquí ni siquiera incluye el encuentro sexual) elige lo malo conocido a lo bueno por conocer. Porque: ¿y si destruye su hogar y luego no le va bien con su nueva pareja? ¿quién le haría su comidita, aunque sea regada con el vino amargo del rencor?
    Menos previsible es la actuación calculada y manipuladora de Nan, que nos deja perplejos por su frialdad, pero lo que realmente me impresiona es la actitud de los hijos, que logran intervenir de forma decisiva en los hechos sin llegar en ningún momento a hablar de lo que ocurre..
    Me impresiona la iniciativa KamiKaze del hijo, que está a punto de matarse en un intento desesperado e inconsciente de llamar la atención de un padre lejano y con el que no hay modo de entenderse o de expresar el cariño.
    También me conmueve el modo en que interviene la hija, con una pavorosa invocación mágica destinada a hacer que sus padres sigan juntos, siempre sin hablar con ninguno de ellos, con ese desolado silencio que la “buena” educación inglesa les impone a todos.
    Sí, mucho frío…

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