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“Monólogos de la vagina”, de Eve Ensler


SESIÓN 16 (lunes 7 de febrero de 2011)

Monólogos de la vagina / Eve Ensler; traducción de Anna Plata. — 2ª ed. — Barcelona : Planeta, D.L. 2003

Resumen: “… Esta obra teatral, que en 2001 fue elegida en Estados Unidos para abanderar la lucha contra los malos tratos a mujeres, es el resultado de las entrevistas que Eve Ensler realizó a más de doscientas mujeres… Como cuenta la propia autora, ‘Estaba preocupada por las vaginas. Me preocupaba lo que pensamos sobre la vagina, y aún más que no pensáramos sobre ellas. Así que hablé con más de doscientas mujeres, hablé con mujeres mayores, jóvenes, casadas, solteras, lesbianas, profesoras universitarias, actrices, ejecutivas, prostitutas, norteamericanas, afroamericanas, asiáticas, hispanas, blancas y judías. Al principio se sentían cohibidas. Pero una vez que se animaban, ya no había forma de pararlas’…” (Babab: revista de cultura, www.babab.com/no04/vagina.htm).

Basándose en esta obra, a finales de los años noventa se puso en marcha el proyecto V-Day, una campaña sin fines de lucro que busca establecer una conexión entre el amor y respeto a las mujeres, y el fin de la violencia contra ellas. En el nombre, la “V” viene “Vagina” y “Victoria”, y se celebra el 14 de febrero, Día de San Valentín en muchos países occidentales. (Información tomada de http://es.wikipedia.org/wiki/V-day)

Valoración

Aunque está pensada como obra teatral, se lee como una sucesión de testimonios de distintas mujeres sobre la relación con sus vaginas, con una introducción que presenta el tema de una forma magistral.

¡Libro imprescindible, no te lo vayas a perder!

Monólogos de la vagina en imágenes

A continuación puede verse un vídeo de la serie que produjo el canal de cable HBO basada en esta obra.

Como se ha comentado y como informa la persona que ha colgado el vídeo en Youtube, la  obra, cuya primera versión fue escrita por Eve Ensler en 1996 después de entrevistar a más de 200 mujeres acerca del sexo, las relaciones amorosas y la violencia doméstica, se ha vuelto el epicentro de un movimiento sin ánimo de lucro que lucha en contra de la violencia doméstica, ganando un premio Obie y siendo traducida a más de 45 idiomas y llevada al escenario en casi 120 países.

Más información del libro:

Sobre la autora:

8 Respuestas a ““Monólogos de la vagina”, de Eve Ensler

  1. Elegimos esta obra de teatro de Eve Ensler para la reunión del grupo de lectura de febrero por haber tenido conocimiento de que desde 1998 se viene representado en Nueva York el Día de San Valentín, a beneficio de V-Day (V = Vagina = Victoria), una asociación cuyo objetivo es la erradicación de la violencia machista. Tradición que se está extendiendo por el resto de Estados Unidos y Europa, donde, coincidiendo con ese día, además, grupos de mujeres en diversos lugares se reúnen para leer fragmentos de la obra y comentar los pensamientos y vivencias que le sugieren la misma.
    Y es que idea original de la obra se le ocurrió a la autora después de un viaje que realizó en a mediados de los años noventa a Bosnia, en el que tuvo contacto con mujeres que habían sido violadas sistemáticamente como estrategia de guerra de las fuerzas serbias.
    Entonces, al volver del viaje trató de alertar a la gente para que hiciera algo contra de la violencia sexual que se infringe a las mujeres en todo el mundo y decidió escribir este texto, construido a partir de más de doscientas entrevistas con mujeres de todo tipo que le confiaron sus sensaciones, sus traumas, sus aspiraciones, sus angustias, sus alegrías, a veces las más íntimas: del aprendizaje de la sexualidad a la maternidad, del machismo reinante a la nueva libertad amorosa…
    Con ello, Eve Ensler ha creado una obra feminista, reivindicativa, política, en la que las mujeres (sus vaginas, como sugiere su título), hablan por fin, tras siglos de silencio impuesto.
    Así, en el espectáculo la palabra “vagina” es citada 128 veces, pues, según dice la autora, a pesar de la llamada “Revolución sexual” esta palabra sigue siendo un tabú, y lo que no se dice se convierte en secreto, y en los secretos a menudo arraiga la vergüenza, el miedo y los mitos, por lo que ella se ha propuesto contribuir a retirar los velos de la ignorancia y la opresión que han sometido a las mujeres mediante la anulación de sus sexualidad, embarcándose en la cruzada de devolver a las mujeres lo que les ha sido arrebatado a lo largo del tiempo: el amor a su cuerpo y a ellas mismas, y el derecho a disfrutar de él, contando por otra parte la alegría de ser mujer, el placer, el gozo de ser amante, el orgullo de ser madre. Atreverse al florecimiento tanto físico como intelectual. Atreverse a conocerse, reconocerse como cuerpo, como ser sensual, sensible, sensitivo… sin tabú y sin malestar.
    (Información tomada en gran parte del artículo de Reynon Muñoz reseñado en entrada)

  2. Ana Carriles Suárez

    Hola compañeras de lecturas, ayer tuvimos una reunión apasionante a propósito de “Los monólogos de la vagina” de Eve Ensler, una obra que nos trae el tema de la sexualidad femenina desde sus múltiples aspectos. Su lectura no nos ha dejado indiferentes: todas nos hemos sentido parte de lo que se cuenta en la obra, ya sea identificándonos con algunas de las historias que se narran, ya sea conectándonos con nuestras propias vivencias y opiniones.
    Desde el magnífico prólogo de Gloria Steinem encontramos multitud de temas interesantes para debatir y me apunto a la tradición que ya se ha creado en otros países de celebrar un encuentro entre mujeres para hablar de nuestras vaginas, de nuestra sexualidad, en torno al 14 de febrero, sustituyendo al romántico-comercial San Valentín por una celebración de nuestra realidad como mujeres.
    Del prólogo destaco algunas frases que hablan por sí mismas:
    “Las mujeres poseemos el único órgano en el cuerpo humano cuya función exclusiva es sentir placer (si semejante órgano fuese privativo del cuerpo masculino ¿pueden imaginarse lo mucho que oiríamos hablar de él…y las cosas que se justificarían con ello?)
    “El “no” de los años 50 fue sustituído por un “sí” constante y entusiasta”
    “…es el viaje de contar la verdad que llevamos haciendo desde hace tres décadas”
    “En cada página está el poder de decir lo indecible”
    “Volví a pensar en lo mismo al escuchar a un grupo de unas 20 chicas de edades comprendidas entre los 9 y los 16 años mientras decidían acuñar un término global que lo incluyera todo: vagina, labios y clítoris. Tras mucho discutir, la expresión que escogieron fue “mogollón de fuerza”
    “Ojalá mis propias antepasadas hubieran sabido que sus cuerpos eran sagrados. Con la ayuda de voces atrevidas y palabras honestas como las de este libro, creo que las abuelas, madres e hijas del futuro sanarán su “yo interior”…y arreglarán el mundo”
    Reunirnos para hablar de lo que no se menciona, de lo que se oculta, es en sí mismo un acto sanador. La autora lo expresa así: “Necesitaba el contexto de otras vaginas…una comunidad, una cultura de vaginas”.
    En nuestra reunión se escucharon opiniones diversas en el habitual clima de respeto que nos es propio. Me parece que el grupo de lectura sigue en sus encuentros un modo no patriarcal de sucederse, sin imposiciones, sin jerarquías, donde cada persona tiene un espacio para aportar su propia voz y aprender de las demás…¡una auténtica comunidad de vaginas! Y de todo lo que somos.
    A pesar de lo mucho que aporta esta obra eché en falta algunas cosas.
    Al presentar los relatos sobre la prostitución y sobre el sexo de una adulta y una menor a partir de ejemplos descritos como “placenteros” me parece que hace un flaco favor a la causa de denunciar dos prácticas que causan en la inmensa mayoría de los casos un dolor tremendo a quienes las padecen.
    Me parece que en la sexualidad humana hay dos cosas que no se deben permitir: una es inducir al otro a hacer algo que no desee y la otra es el sexo con menores.
    El sexo con menores es una forma de abuso de poder que puede causar daños irreparables y la prostitución sería un hecho residual en una sociedad en la que las mujeres no estuvieran alienadas hasta el punto de vender su intimidad por dinero. El muy patriarcal dicho de que “la prostiución es la profesión más antigua del mundo” me pone los pelos de punta.
    A las mujeres se nos ha sometido de todas las formas posibles y la negación de nuestro placer es una de ellas. Y una de las más eficaces.
    Se nos ha hecho creer durante siglos que no “debíamos” sentir placer y en las últimas décadas que “teníamos” que experimentarlo…siguiendo el modo masculino.
    Las mujeres hemos conquistado los espacios que se reservaban los hombres, los del mundo laboral remunerado, la independencia económica y la libertad sexual, pero lo hemos hecho imitando los modelos masculinos que nos despojan de nuestra sabiduría de mujeres capaces de cooperar, compartir, acompañar y cuidar de nuestro entorno y de nosotras mismas.
    Por eso cuando las mujeres hemos intentado practicar el sexo “a la manera masculina” y disfrutar con ello lo hemos hecho con gran dificultad. Sencillamente porque nuestros cuerpos de mujer tienen su propia manera de sentir y demandan otro modo de relacionarse sexualmente.
    Apropiarnos de nuestra propia manera de experimentar placer es todavía una tarea en curso. Aprender a tener sexo con una misma nos descubre qué nos gusta, cómo deseamos ser acariciadas. Atrevernos a ponerlo en juego durante el encuentro amoroso nos permite dejar de estar esperando que él (o ella) sepa qué y cómo, nos pone en una situación activa en lugar de pasiva, comprometida con nuestro propio ser.
    Otra de las cosas que eché en falta fue un relato contado en primera persona sobre el parto, ya fuera una experiencia representativa del modo habitual de parir en los hospitales, donde el médico es el protagonista y a la mujer no se la permite decidir apenas nada sobre su propia experiencia, ya fuera -y esto me parecería aún mejor- un relato de empoderamiento de una mujer en un momento tan crucial de su vida.
    Sé por experiencia cuánto cuesta en este país ser dueña de tu propia vida, poder decidir confiando en tu sabiduría innata, en tu propia capacidad de dar vida del modo más natural y gozoso posible.
    Cuando trataba de explicar a las ginecólogas-porque fueron varias, y mujeres- que no quería epidural, ni episiotomía, ni rasurado, ni enema, ni oxitocina, ni que me programaran el parto,ni ponerme en ese potro de tortura al que se somete del modo más espeluznante a las mujeres a la hora de parir, escuché todo tipo de respuestas, a cual más despreciativa hacia mí. Una de ellas me dijo: ¿pero tú quién te has creído que eres? ¿crees que vas a saber tú más que yo?. Otra me dijo: “querida, cuando te empiece a doler, me vas a pedir la epidural de rodillas”.
    No encontré matrona que quisiera venir a Ronda, donde entonces vivía, a atenderme en casa, y al final me fuí a parir a Alicante, a una clínica en la que facilitan el parto en el agua, con una matrona en un ambiente acogedor y no medicalizado y donde pude ser respetada y vivir junto con mi bebé una experiencia de fuerza, resistencia, confianza y libertad.
    Me decía una amiga que también parió así: “tuve la impresión de que tenía tanta fuerza que podría arrancar un árbol”.
    Creo que las mujeres estamos más en contacto con nuestro cuerpo que los hombres, que sentimos la vida con nuestro cuerpo de un modo más íntimo, que no separamos cuerpo y espiritualidad, ni espiritualidad y sexualidad. Y que ni las religiones patriarcales, con su negación del placer físico, ni la cultura mental en la que vivmos puede borrar ese vínculo profundo que tenemos con nosotras mismas, con nuesta totalidad, con nuestros hermosos cuerpos de mujer.

  3. Lector enla sombra

    Más que un comentario, se trata de divagaciones a las que me ha movido la lectura de los monólogos. Decir que leí el libro de un tirón es decir poco. Lo leí asomándome detrás del hombro de Concha sin poder aguardar a que ella lo dejase y no paré. A veces hay algún libro o alguna película (poco antes me pasó con “la llave de Sarah”, que me pareció excelente y que lleva a la pantalla el “best-seller” de Tatiana de Rosnay) que me han acompañado durante muchos días después de leídas o vistas, provocando intensos diálogos conmigo mismo.

    Las personas de mi generación recordarán conmigo la “educación antisexual” de hace cuarenta años o, mejor dicho, que desde hace cuarenta años nos viene persiguiendo y de la que cada uno se intenta defender como buenamente puede. Nadie nos enseñó nada sobre la geografía, la física o la química, ni mucho menos sobre la ética del sexo…Sí, sobre la ética, una ética de personas libres y maduras que se respetan a sí mismas, que respetan a los demás y que saben exigir de éstos el mismo respeto. Era una antiformación basada en el miedo y en la autocastración. Cuando la vida y la naturaleza intentaban abrirse paso, aquello- nosotros mismos- eran tentaciones diabólicas. Si “caíamos” en esas tentaciones éramos bestias que nos dejábamos llevar por instintos animales y nos exponíamos a toda una eternidad de sufrimientos inimaginables –pero imaginados- y, empeñados en esa lucha contra nuestra propia vida, nadie se preocupaba de ser sencillo, honesto, justo o veraz. La falta contra alguno de estos principios era, a lo sumo, pecado venial, pero el auténtico pecado mortal, el que nos podía llevar al infierno, era el del sexo. El sistema se completaba con la otra cara de la misma moneda: La chocarrería, la risa estúpida, el codazo, el guiño cómplice, la inmadurez…También con el abuso, con la explotación y con el morbo. Y el silencio, el terrible silencio. Silencio de nuestros padres, que hasta entonces nos habían acompañado en cada uno de nuestros pasos y, aun peor, nuestro propio silencio, el que nosotros mismos nos imponíamos porque intuíamos que de esos temas más nos valía callar. Silencio impuesto a los sentimientos, al respeto, a la buena educación. Frente a este silencio, que muchos años después aun lucha por imponerse y lo consigue en muchos casos, se alzan como un grito los monólogos de las vaginas, ocultas y amordazadas entre los ocultos y amordazados. Hablan y, como no puede ser de otro modo, lo hacen elegantemente, de forma sincera, expresando cada una de ellas diferentes facetas, hablan haciéndose oir, hablan para no callar nunca más.
    Tenía razón Gloria Steiner en el estupendo prólogo: Como hombre me siento más libre después de haber leído los monólogos. Debo reconocer que, aunque comprendo que así debía de ser, a medida que lo iba leyendo echaba de menos el sentirme plenamente partícipe de esas experiencias contadas, el expresar mi propia experiencia…Hasta que leí el último capítulo, en el que me sentí identificado con Eve Ensler, porque después de haber sido alejado cruelmente y, me atrevería a decir que con desprecio, en ocasiones anteriores, el 7 de septiembre de 2001, yo estaba allí, junto a lo que era para mí el centro del espacio y del tiempo, junto a lo que era para mí más entrañable que cualquiera de mis órganos, que mi alma o que cualquiera de mis pensamientos, porque ese día yo estaba presente en el nacimiento de nuestra hija Conchita…Y ella no habrá de callar.

    PD He tenido muchas dudas antes de mandar el comentario. Aunque deseaba compartir con vosotras estas reflexiones, me quedaba con la sensación de que, precisamente en relación con este libro, como hombre debía callar. Las compañeras del grupo de lectura que lo han leído me han animado a que lo remita.

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  7. Hola Eve!
    Sabes primero que nada quiero agradecerte tu preocupación por las vaginas! amo LOS MONÓLOGOS DE LA VAGINA los amo de verdad me han ayudado a comprender ciertas cosas y ahora que se trata de ver y mejorar la obra aquí en México quisiera pedirte que entrevistaras a la mujer mexicana pues aunque no lo queramos aceptar aun tenemos muchos tabús y machismo y la mujer mexicana es interesante puesto que decimos ser abiertas pero por otra parte estamos llenas de complejos, tabús, y traumas muy fuertes que no podemos o peor aun luego no queremos superar y aun peor que no sabemos que tenemos.
    Después de haber visto mil y un veces LOS MONÓLOGOS DE LA VAGINA quisiera ayudarte con tu proyecto quiero que me entrevistes sobre mi vagina y si pudieras hacerlo con el resto de mujeres mexicanas sería genial y estoy segura te llevarás una gran sorpresa.
    Bueno espero tener una respuesta tuya muy pronto y de nuevo FELICIDADES!!! y créeme que de verdad te admiro mucho y sería un honor me dejaras ayudarte con tu obra.

    • Gracias por tu comentario, Amelia, pero debo informarte de que por este medio no te comunicas con Eve Ensler, la autora de “Monólogos de la vagina”, sino con Generando Lecturas, un grupo de lectura andaluz compuesto por mujeres que ha leído el libro y lo ha comentado en su blog. Para contactar con Eve Ensler puedes hacerlo escribiendo a info@eveensler.org, que es el correo que se recoge en la web oficial de la autora (http://www.eveensler.org/).
      Saludos cordiales y suerte en tus gestiones para contactar con tan interesante mujer!

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