“Un matrimonio perfecto”, de Elizabeth von Arnim


SESIÓN 13 (lunes 8 de noviembre de 2010)

Un matrimonio perfectoUn matrimonio perfecto / Elizabeth von Arnim; traducción de Silvia Pons Pradilla. — Barcelona : Lumen, 2010

Fecha de entrega
: 4 de octubre de 2010
Fecha de devolución: 8 de noviembre de 2010

Resumen: “… ‘Un matrimonio perfecto’ comienza con Lucy, una jovencita inglesa de vacaciones en Cornualles, mirando al mar. Su padre ha muerto inesperadamente hace tan sólo unas horas y aún no termina de creérselo. De repente aparece Wemyss, un hombre de unos cuarenta años, enérgico y nervioso, que ha perdido a su esposa hace unas pocas semanas. Entre los dos nacerá un sentimiento de mutua comprensión ante su dolor y lo que comienza como una amistad, pronto se convertirá en otro sentimiento más profundo… (Papel en blanco, www.papelenblanco.com/novela/un-matrimonio-perfecto-de-elizabeth-von-arnim).

Historia de una opresión psicológica que se esconde en la apariencia de un matrimonio feliz, parece que inspirada en la propia relación de la autora con su primer marido,

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5 Respuestas a ““Un matrimonio perfecto”, de Elizabeth von Arnim

  1. Lector en la sombra

    Hola a todas.

    Novela psicológica en la que los acontecimientos son consecuencia de los procesos mentales de los personajes (escrita en 1920 no hay en ella referencia alguna a acontecimientos históricos que tanta repercusión hubieron de tener en aquella época como la recientemente terminada Gran Guerra.) Desde figuras secundarias, como la cocinera Chesterton (fantástica la escena del té y las tostadas), el matrimonio de sirvientes de Londres y sus apuros ante el teléfono o el médico, que tan equivocada idea se había hecho de Lucy, hasta Wemyss, el verdadero protagonista de la obra, Von Arnim se asoma a las mentes y a los motivos de todos los personajes que pasan por su novela.

    La novela es terrible, desde su comienzo con una muerte hasta su final abierto a la destrucción de la vida de una joven y sensible Lucy, por Wemyss, ese ególatra carcelero de libros y silenciador de pianos, que causó la muerte de Vera, la esposa de la que enviudó, de la que decía que no le gustaba viajar, pero que vivía rodeada de guías de viajes Baedeckers, con las que evadirse de su terrible realidad que la termina llevando al suicidio.

    Wemyss (me complazco, como Von Arnim, en llamarle de este modo irrespetuoso) es insufrible, maniático, manipulador, capaz de crear un infierno a su alrededor, por encima de las normas de la ética y aun de los sagrados modales victorianos, a los que califica de estúpidos convencionalismos cuando le estorban (“esos pantalones grises”, como se le viene a la cabeza a la señorita Entwhistle), vive dedicado a crear un monumento a sí mismo (Wyllows), sin que se lo impida el suicidio de su primera esposa, a la que sin mayor esfuerzo emocional sustituye por Lucy, que sufre la muerte de su padre Jim, antes de haber madurado lo suficiente como para poder hacer frente con independencia a la vida.

    La tercera figura principal es la tía de Lucy, la señorita Entwhistle, que, si en un primer momento queda deslumbrada por Wemyss, creyendo que era un buen amigo de su hermano, Jim, aun ha de pasar por un largo proceso hasta llegar a terminar de conocer y experimentar el verdadero fondo de su sobrino político, a quien, por amor a Lucy ha estado dispuesta a aceptar contra viento y marea.

    Amarga, como el té en Willows, estridente como el gong de la hora de la comida, y profundamente perturbadora, así me ha resultado la lectura de “Un matrimonio perfecto”

  2. Ana Carriles | 11 Noviembre 2010 en 10:23 am | Responder
    “Un matrimonio perfecto” es una novela sobre el maltrato psicológico.
    Sí, parece una descripción “de manual”, con los ingredientes habituales, que siguen siendo los mismos casi un siglo después.
    Leemos la novela sabiendo que las cosas no han cambiado tanto como a veces creemos, que muchas mujeres siguen sufriendo escenas como las descritas en el libro a pesar de toda la evolución que hemos podido hacer en las sociedades occidentales. Ni que decir tiene que hay mucha más violencia, tanto psicológica como física, en otras sociedades en las que las mujeres siguen siendo propiedad de sus maridos y carecen de las libertades básicas enunciadas en la “Decalración de los Derechos Humanos”. Pero no olvidemos que aquí, el el bloque de al lado, siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas o ex- parejas. Y que diversas formas de maltrato se producen en nuestra propia casa…
    El libro se titula en el original “Vera”, aludiendo a la poderosa presencia de la primera esposa Wemys, aún después de muerta. Desde el principio sospechamos que algo extraño sucedió en torno a su muerte y poco a poco descubrimos que probablemente se suicidó al no poder soportar el calvario de vivir con un maltratador como su marido o incluso cabe pensar que él mismo la empujó al vacío: sea como fuere, ya estamos en antecedentes sobre hasta dónde puede llegar una situación de violencia doméstica.
    Lucy es una joven inocente, acostumbrada a tratar con su padre y su círculo de amigos amables y cultivados, permaneciendo en una especie de burbuja social en la que nada parece prepararla para manejar su propia vida una vez que el padre ha muerto.
    La ausencia de madre y de amigos de su edad la vuelven vulnerable, pues sólo cuenta con la amistad y protección de una tía, personaje “necesario pero no suficiente” para servirle de guía en su nueva vida, para ayudarla a abrir los ojos.
    Como toda joven inexperta y confiada, acepta sin reservas la ayuda aparentemente desinteresada de un caballero desconocido, que aparece justo en el momento en que ella debe enfrentarse a la muerte de su padre, y deja que él se ocupe de todo.
    Aquí me viene a la memoria el tema de “La doncella sin manos”, un cuento tradicional en el que vemos cómo a veces se hacen “pactos con el diablo” en el sentido de aceptar algo valioso cediendo a esa parte infantil y dormida de la psique que no quiere renunciar a ser “la niñita que recibe sólo por existir” , creyendo que no tendrá que dar nada a cambio. O bien el tema de “Barba Azul” en el que una ingenua joven se casa con un caballero generoso pero algo extraño y ella se empeña en ver sólo el lado luminoso, negando la importancia del lado oscuro: “en realidad su barba, vista al trasluz, no es tan azul…”
    Para casi todas las parejas el tiempo de la conquista es el de sacar a relucir lo mejor de cada uno y aveces es difícil estar atenta a las señales de que algo más denso y desgradable late por debajo de la amabilidad.
    Y lo es sobre todo cuando el deseo ciega y la necesidad de ser querida impide aceptar que habrá que renunciar a la nueva relación.
    Se encuentran así de un lado la necesidad de ella de que alguien se haga cargo de su vida y la de de él de ser adorado y obedecido.
    Lucy se da cuenta de que Wemys la trata cada vez con más despotismo, cada vez con más crueldad, pero lo disculpa, se siente insegura, cede y se somete. Él, por su parte, está tan seguro de lo que desea y de su derecho a tenerlo, que no puede ver más que su propio deseo, no puede considerar que ella tenga su propia soberanía, su propio punto de vista, su propia autoridad.
    Y la va aislando, la obliga a prescindir de la única persona que podría apoyarla, esa tía que trata de no presionarla y al mismo tiempo darle pistas sobre lo que está sucediendo, para que sea ella misma quien comprenda.
    Qué difícil intervenir cuando algo así le sucede a alguien a quien quieres, cómo hacer que no se rebele contra tus advertencias enconándose más en su ceguera, cómo ayudarla sin dejarse desalentar por su negativa a ver la realidad.
    Hay un aspecto de la conducta de Wemys que suele ser típico del comportamiento femenino: ese darle un importancia exagerada a las celebraciones, a saberse celebrado en los cumpleaños o en los aniversarios.
    En la vida monótona y sin ambiciones personales de tantas mujeres cuya existencia transcurre en función de los demás -el marido, los hijos- y donde no hay un desarrollo profesional autónomo, una labor creativa socialmente reconocida, el único momento en que se sienten centro de atención, en que ellas son objeto de agasajo, es en los aniversarios. Porque evocan el tiempo del romanticismo, de los primeros tiempos de noviazgo en los que lo especial era frecuente, lo extraordinario formaba parte de la vida y salir a cenar a un lugar elegante era parte de la ilusión de una vida feliz junto al hombre amado.
    De ahí la insistencia de muchas mujeres en que se recuerden sus cumpleaños o sus aniversarios de boda, en recibir regalos y tarjetas de felicitación. Por eso se sienten tan frustradas cuando al marido (y a los hijos) se les olvida felicitarlas y suelen recurrir a la culpabilización, esa forma de poder que utilizan las mujeres que no pueden ejercer la autoridad directa, monopolizada por los maridos.
    En la novela es sin embargo Wemys quien arma un escándalo porque su cumpleaños no está siendo celebrado con la puntillosa sucesión de acontecimientos exigida. La importante diferencia es que, mientras las mujeres normalmente se lamentan y acusan a los suyos de que no las aman, Wemys crea un estado de terror en el que Lucy se siente acobardada e incapaz de decir una palabra, porque comprende que no habrá forma de que él no se enfade más aún, diga lo que diga, haga lo que haga.
    Desgraciadamente la reacción habitual para las mujeres sigue siendo la tristeza -y su correlato de impotencia, debilidad, sometimiento- y para los hombres la rabia -y su equivalente en furia, violencia, dominio-.
    A las mujeres víctimas de la violencia de género se las acusa de ser culpables por permitirla. Son objeto de una triple victimización: son víctimas de sus parejas, de su propio juicio interno y de la condena social.
    Y sin embargo, como apuntaba Aure, es cuando las mujeres dicen “basta”, cuando la rabia es más grande que la tristeza y deciden que ya no van a soportarlo más, cuando los asesinos entran en acción: “si no puedes ser mía, no serás de nadie, ni tuya siquiera”.

  3. Me quedo pensando que, aunque la novela nos deja con la sensación de que Lucy no conseguirá salir de la cárcel de su matrimonio, y aunque – como apunté más arriba- muchas mujeres han perdido la vida en el intento, son también muchas las que sí lo han conseguido.
    Echo de menos más novelas que muestren un posible camino de liberación, no a través de historias heroicas con las que en vez de identificarnos terminamos sintiéndonos aún más incapaces, sino de procesos en los que podamos reconocer alguna posibilidad real para nuestra propia vida.
    Para detectar al maltratador cuando aún estamos a tiempo de retirarnos de la relación, cuando todavía la dependencia no nos atenaza y para darnos cuenta de cuál es nuestro propio perfil psicológico (ése que atrae a un tipo de maltratador en particular) me gustaría mencionar el libro de Walter Riso “Amores altamente peligrosos”. Creo que también puede servir para comprender mejor por qué se producen las llamadas “microviolencias” de la vida cotidiana.

  4. Como comenté en la reunión, decir también por este medio que me parece que el libro describe un proceso de malos tratos psicológicos “de manual”, en el sentido de que el principal personaje masculino, el tal Wemyss, sigue las pautas habituales de los maltratadores, según he oído comentar a especialistas en la materia:
    · al principio se muestra encantador con Lucy -si es lo es en algún momento, pues a mí me parece repulsivo desde el principio, pero la pobre Lucy no puede saber cuáles son sus pensamientos, que yo sí puedo leer en el texto- y, dando “una de cal y otra de arena” -más bien varias de arena-, se va haciendo con la voluntad de Lucy, que, al no estar preparada psicológicamente para detectar la táctica, va disminuyendo su autoestima y aumentando su confusión, hasta tal punto que llega a dudar constantemente de si sus percepciones son correctas, para finalizar echándose la culpa de las situaciones de conflicto, que terminan siendo constantes pues un tipo así es lo que tiene…
    · va alejando a Lucy de todos sus apoyos sociales hasta dejarla totalmente aislada y a su merced –la del maltratador-.
    También cabría hablar de la personalidad egocéntrica y narcisista del maltratador -cosa que al parecer esconde, precisamente, complejo de inferioridad-, pero prefiero hablar de la personalidad de Lucy, que, según reflexiones de la señorita Entwhistle, la tía Dot, otro de los personajes fundamentales del libro: “… conocía tan bien el rostro de Lucy que le pareció ridículo detenerse a observarlo y buscar en sus rasgos o en su expresión alguna señal de suficiente carácter, de suficiente valor o de sentido del humor, esto último fundamental, porque si tuviera suficiente le bastaría para salir adelante…”. Aparte de la mención al sentido del humor, al que me encanta que le de ese valor (entre otras cosas ayuda a ver las situaciones desde fuera y apreciar los comportamientos ridículos), este tipo de argumentaciones, si no se va más allá, pueden hacer “recaer” la responsabilidad del maltrato en la propia maltratada, por su debilidad de carácter, algo muy grave y muy extendido en la mentalidad colectiva actual, según se refleja en encuestas, etc.
    Para rebatir esto: sí, Lucy es una chica joven y buena, con poco carácter –parece-, poco preparada por la vida para enfrentarse con un energúmeno como Wemyss; pero y Vera, no se intuye como una mujer fuerte y con experiencia? Y es que las tácticas aviesas de los maltratadores pueden hacer mucho daño a cualquiera que tenga la mala suerte de encontrarse con ellos, y si se consigue salir de su círculo siguen buscando a su víctima, llegando a veces a causarle la muerte, como desafortunadamente tenemos ocasión de ver en tantas ocasiones.
    Cuáles serían las soluciones, según mi punto de vista? Para no extenderme más en mi comentario seré muy –quizá demasiado- concisa:
    · salir corriendo en la dirección contraria si te encuentras un tipo de estas características
    · si es una persona cercana quien está sufriendo la situación, intentar ayudarle a que analice la situación correctamente y que llegue a sus propias conclusiones, y hacerle saber que le apoyamos totalmente para salir de las garras de su verdugo.
    En la reunión también se habló sobre si es que Lucy está muy enamorada de Wemyss o si se trata de una relación de dependencia que nada tiene que ver con el amor, pero ya el comentario es muy largo y dejaré mis opiniones al respecto para otra ocasión…

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