“La bastarda de Estambul”, de Elif Shafak


SESIÓN 11 (lunes 14 de junio de 2010)

La bastarda de Estambul / Elif Shafak ; traducción de Sonia Tapia. — Barcelona : Lumen, 2009. — 381 p.

Fecha de entrega: 4 de mayo de 2010
Fecha de devolución: 14 de junio de 2010

Resumen: “Una novela que cabalga entre lo doméstico y lo histórico y que evoca los colores, los aromas y la magia de las calles de Estambul.

Para Armanoush, recién llegada de Arizona en busca de sus raíces, Estambul es como un gran barco de ruta incierta. Acogida por la familia de su padrastro, esta joven armenia- norteamericana irá desgranando los secretos de dos familias unidas por la tragedia que separó a turcos y armenios a principios del siglo XX. Una apasionante saga familiar sobre uno de los episodios más turbios de la historia de Occidente: el tantas veces negado genocidio armenio.
El libro ha sido un auténtico éxito de ventas internacional. Una novela que sublima el valor de la amistad: dos mujeres capaces de traspasar el dolor de la historia. Un relato valiente y poderoso que entrelaza secretos, colores y aromas.” (Casa del Libro, http://www.casadellibro.com/libro-la-bastarda-de-estambul/1237719/2900001298115)

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4 Respuestas a ““La bastarda de Estambul”, de Elif Shafak

  1. El pasado lunes tuvimos la última reunión del grupo de lectura antes del paréntesis veraniego.
    Me pareció de una enorme riqueza la cantidad de temas y opiniones que pudimos contrastar ese día (¡y qué bueno salir a tomar algo juntas después!).
    No me había sentido motivada a escribir algo sobre el libro antes de nuestro encuentro pero ahora me apetece resumir algo de lo que dijimos en la reunión y aportar algunas reflexiones que me rondan estos días.
    Me interesaron sobre todo tres temas:
    el debate en torno al mundo de la moda, el referente a la “herida histórica” y el desenlace del libro con ese final que me sigue inquietando. Añadiré un último tema que Susana me recordó al haber recogido una cita del libro sobre “pedir luz para conocer la verdad y fuerza para asumirla y obrar en consecuencia”.
    Me encantó encontrar soluciones que incluían sentimientos aparentemente contradictorios.
    Recordé que “la paradoja tiene más posibilidades de acercarse a la realidad” a pesar de que en nuestra manera dualista de ver el mundo tendemos a sentirnos más segur@s cuando nos posicionamos de un lado o del otro, a favor o en contra.
    Sobre el tema de la moda me pareció interesante ver que, si bien hemos vivido un movimiento de liberación respecto a las restricciones que el patriarcado impuso a las mujeres, seguimos padeciendo otras y a veces ni siquiera nos damos cuenta.
    Nos parece liberador que ya no se nos obligue a llever corsé, ese invento destinado a realzar nuestra cintura al coste de una opresión que impedía a las mujeres respirar con normalidad y sin embargo seguimos llevando tacones, un invento destinado a proporcionar esbeltez y altura a las mujeres al coste de dolores de pies, desviaciones de la columna, acortamiento de los músculos posteriores del cuerpo, dificultades en el equilibrio y en la “toma de tierra”, en la capacidad para arraigarse, moverse con libertad o incluso ¡echar a correr!.
    “Estos zapatos me están matando pero estoy divina de la muerte” es una frase que hemos escuchado o vivido muchas veces.
    El patriarcado sigue dictaminando qué cuerpos son “apropiados” y cuáles no.
    Hay que ser o parecer joven, esbelta, degada, alta, con unas determinadas proporciones, cierto tamaño de los pechos, las caderas, la nariz, etcétera, para recibir aprobación.
    La autoestima de las mujeres se vende en forma de liftings, maquillajes, tintes, depilaciones y todo lo que hacemos para encajar con el modelo imperante.
    Cualquier novela contemoránea de entretenimiento nos presentará a una mujer que se prueba prenda tras prenda, se esmera durante toda una tarde para llegar “impecable” a su primera cita con un hombre, cita a la que él llegará tras haber invertido diez minutos en arreglarse.
    Las mujeres tenemos una capacidad maravillosa para crear nuestra propia belleza, sin que tengamos que atenernos a ningún cánon establecido de antemano.
    Y sobre todo, no necesitamos sufrir para estar guapas.
    El “cuerpo-dolor” de las mujeres incluye el sufrimiento emocional, mental, espiritual y también físico y nuestra reacción a las imposiciones del patriarcado a veces nos ha llevado a comportamientos que siguen siendo agresivos hacia nosotras mismas.
    Es fácil entender que una mujer como la madre de Asya, sienta la necesidad de rebelarse poniéndose minifaldas y tacones.
    Muchas mujeres han sentido lo mismo y yo saludo su valor y su fuerza al oponerse a las prohibiciones respecto a cómo debe vestirse una mujer.
    Sólo deseo que podamos cada vez más elegir desde el buen trato hacia nosotras mismas, aquello que nos haga sentir bellas sin agredirnos, sin provocarnos dolor, sin que le pongamos restricciones a la salud y la libertad de nuestros cuerpos.
    Cuando le preguntaron a Teresa de Calcuta si apoyaría una manifestación en contra de la guerra ella contestó: yo apoyaría una manifestación a favor de la paz.
    Yo no haría una manifestación en contra de la moda sino a favor de nuestros cuerpos de mujer.
    El segundo tema que quiero comentar es el que trata de la “herida histórica”, que en la novela se refiere al genocidio armenio por parte de los turcos.
    Los testimonios de Pepa y de Amri (disculpa si no he escrito bien tu nombre) me parecieron preciosos y me dieron mucha luz sobre lo que siento.
    Aquí la paradoja en mi opinión resuelve la contradicción entre sentirse y al mismo tiempo no sentirse responsable de lo que ocurrió en el pasado.
    Yo no he participado en los hechos traumáticos de la “conquista” de América. Y al mismo tiempo soy un eslabón más en la cadena de generaciones que me vincula a esos hechos.
    Creo que una mirada compasiva ayuda a restaurar la paz, a sanar las heridas, a “ponerme tus zapatos” para poder sentir lo que tú sientes.
    No necesito sentirme culpable. La culpa pide castigo y yo no quiero jugar ese juego.
    Y al mismo tiempo puedo ver el dolor acumulado y que sigue pesando en tí. Puedo acercarme y decirte: te comprendo, a mí también me duele lo que pasó, también habría deseado que no hubiera sucedido.
    Reconozco los horrores cometidos y deseo que nunca más vuelvan a suceder.
    Creo que a los hombres les está pasando algo parecido en su relación con las mujeres.
    Por un lado no se sienten responsables de lo que sigue sucediendo en el mundo, de los horrores que se cometen con las mujeres en nuestro entorno más cercano y no digamos en otras partes del mundo.
    Y al mismo tiempo forman parte de ello, a veces participando personalmente en los abusos (sean conscientes de ello o no) y otras sencilamente porque están ligados por su género a los demás hombres.
    La idea del “inconsciente colectivo” de Jung me parece que arroja luz sobre este tema.
    Como mujer me siento personalmente estremecida y furiosa cada vez que pienso en las 6000 niñas que sufren la mutilación genital cada día.
    Mi sensación, cuando hablo con un hombre sobre estas cosas, es que por un lado están abiertamente en contra y que al mismo tiempo algo les frena a la hora de posicionarse con más claridad, de solidarizarse profundamente con lo que pasa. Y creo que es el peso de la responsabilidad colectiva, el miedo a ser acusados de formar parte de ese horror. Por que en el fondo se sienten responsables y al mismo tiempo necesitan saber que “no soy yo quien hace esto”.
    Creo que el reconocimiento de las heridas, ya sean pasadas o presentes, es necesario para que algún día podamos sanarlas, para que podamos sentirnos en paz.
    El tercer tema que mencioné más arriba es un dilema que me ronda a partir de la solución propuesta por la autora al drama de la violación-incesto que aún no veo con claridad.
    Quiero creer que podemos encontrar el modo de saldar nuestra deuda con aquellos a quienes hemos herido, que existe la redención y que puede darse en esta vida.
    Estoy en contra de la pena de muerte y la solución de “inducir” al suicidio al perpetrador no me parece en el fondo muy distinta, pues se ha llegado a la conclusión de que “tiene que pagar con su vida”.
    ¿Es ésta la mayor justicia posible?
    ¿Se consigue así el mayor bien para todos los implicados?
    Alguien sugirió en la reunión que ni el hermano ni la hermana podían vivir con ese peso, que la solución del suicidio era necesaria para que puieran descansar. ¿Se trata entonces de una solución compasiva?
    Por más abyecto que me resulte un acto como la violación, aún creo que no se debe pagar con la vida. Deseo la posibilidad del perdón, de la restitución de la dignidad para las víctimas y también para el que cometió una falta gravísima.
    ¿De qué otro modo podría haberse conseguido?
    Me asaltan las dudas. Denunciar los hechos, como bien me decíais en la reunión, habría sido muy doloroso para las mujeres directamente implicadas y para todo el sistema familiar.
    Pero entonces, mantenerlo en silencio, como toda la vida se ha hecho, evitar el dolor y la vergüenza, la posibilidad de un juicio en los tribunales, ¿no se presta a que se sigan cometiendo estos crímenes con la impunidad que conocemos?
    Se apuntó también que si se hubieran denunciado los hechos, los tribunales no le habrían condenado.
    ¿Y no es ésta una de las razones por las que seguimos creyendo las mujeres que no merece la pena intentarlo?
    El miedo al escarnio público no se me escapa que es algo durísimo de afrontar, no sólo para el que viola, sino incluso peor aún para la persona violada, que se ve acusada tantas veces ella misma de haberlo provocado, de ser “tan culpable como él de lo que pasó”.
    Se me ocurre una solución que pasaría por sacar a la luz la verdad en el ámbito familiar (pues de todos modos la madre acaba por decirle a su hija quién fue su padre), y puesto que el violador es consciente de la gravedad de los hechos -hasta el punto de aceptar quitarse la vida- pedirle en cambio que pida perdón a su hermana, a su hija y a toda la familia, y se entregue a la justicia, declarándose culpable y cumpliendo la condena que determine la ley.
    Uf! No sé si alguna de vosotras leerá todo esto. Está saliendo muy extenso pero parece que tenía muchas cosas que contar.
    Os digo para terminar algo sobre el cuarto punto, el que trata de la necesidad de conocer la verdad y el miedo que nos da tener que lidiar con ella.
    La tía vidente de Asya, les pide a los jins que le muestren lo que pasó y también que le den fuerza para soportarlo.
    Y así estamos tod@s.
    Queriendo saber y no saber qué pasó en la Guerra del Golfo.
    Qué pasa con los animales que nos comemos.
    Qué pasa con las marcas que utilizan mano de obra infantil esclava.
    Qué pasa con todo lo que este orden mundial nos proporciona a nosotros, occidentales de clase media, a costa de la explotación del planeta, de sus recursos, de los hombres, mujeres y niños que fabrican esos productos tan baratos que consumimos…
    La verdad nos reta a reaccionar, pide una acción que se corresponda con lo que sabemos. Ya no podemos ignorar que los huevos que comemos vienen de gallinas hacinadas que viven en un espacio equivalente a un folio y a las que les cortan el pico para que no se agredan.
    ¿Seguiremos comprando esos huevos, los más baratos, los que hay en la tienda de la esquina, o iremos más lejos y pagaremos un poco más y consumiremos huevos biológicos?
    Cariñosamente, aceptando que no siempre responderé a lo que sé con la acción más honesta, más respetuosa, deseo ir encontrando el modo de avanzar hacia el buen trato tanto hacia mí misma como hacia todo lo que me rodea, pues ya he aprendido que no somos difenentes, que no estamos separados.
    Feliz verano a todas!
    Ana

  2. Hola de nuevo, se me ha ocurrido otra solución al dilema de la violación. Me he dado cuenta de que la tía vidente podría haberle dicho a Zelya que sabía lo que pasó y preguntarle qué necesibaba para restaurar su herida. Creo que sería más justo que fuera ella (y no la tía ¡ni yo misma!) quien decidiera de qué modo quería tratar el asunto, y ayudarla a llevar a cabo su decisión.

  3. Montse Izaguirre

    Gracias Ana por tu reflexión sobre la novela, especialmente sobre el tema de la violación, la verdad y la fuerza para afrontarla…..Me habría gustado mucho estar allí el día que os reunisteis, Aurea me invitó a participar pero no pude acudir. No me conoceis, creo.
    Desde entonces me preguntaba qué se habría dicho. Tus palabras me ayudan y me sirven.
    Gracias otra vez.
    Un abrazo,
    Montse

  4. Teresa carrascal cruzado

    Buenos días compañeras.
    Me he incorporado hace muy poco al libro-forum, el primer libro que he leido “La bastarda de Estambul” me ha resultado facil de leer y el tema muy interesante. Me hubiera gustado estar en el coloquio, pero ya habia pasado, gracias Ana por tu comentario, el proximo libro intentare ir.
    Soy de Málaga, y puesto que lo haceis en Sevilla, ¿hay alguna apuntada mas, de mi localidad para ir juntas?

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