“La buena letra”, de Rafael Chirbes


SESIÓN 9 (martes 6 de abril de 2010)

La buena letra / Rafael Chirbes. — Barcelona : Anagrama, 2002. — 156 p. — (Colección Narrativas Hispánicas ; 329)

Entrega: 2 de marzo de 2010
Devolución: 6 de abril de 2010

Guía de lectura elaborada por el Centro de Documentación.

Resumen: “Ana le cuenta a su hijo fragmentos de una vida de pequeñas miserias con las que se han tejido las relaciones personales y familiares. El autor renuncia a narrar los grandes acontecimientos históricos para poner su foco de atención en lo íntimo y cotidiano, en las vidas de unos personajes heridos por la traición y la deslealtad…” (quelibroleo.com)

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2 Respuestas a ““La buena letra”, de Rafael Chirbes

  1. “La buena letra es un libro descorazonador…o lo contrario, si una se lo toma como aprendizaje de lo que puede suceder cuando se silencia lo injusto, en especial con los seres más queridos.
    Nos enfrentamos a lo terrible haciendo frente común con nuestros semejantes. Sobrevivimos a la barbarie de la guerra haciendo la vida tolerable -a pesar de todo- por nuestra solidaridad con los que amamos.
    Luchamos juntos, ya sea por nuestros ideales o por algo tan básico como la supervivencia.
    Y al igual que la familia protagonista de esta novela, esa unión nos mantiene a salvo y nos da fuerzas para seguir adelante.
    Pero cuando “los nuestros” nos traicionan nos convertimos en piedra.
    La vergüenza nos hiela el alma y no somos capaces de denunciar lo que sucede, no podemos creer que aquellos por quienes hicimios tantos sacrificios nos traten ahora con desprecio, y ese silencio puede acabar siendo más letal que la cárcel o las bombas.
    Rafael Chirves dice en su “Nota a la edición de 2000” que “…no es misión del tiempo corregir injusticias, sino más bien hacerlas más profundas”.
    En lo personal yo aspiro a liberarme de ese silencio que lleva a la narradora de esta historia a llevar una vida triste, lastrada por el rencor, y a su marido al vacío y a la muerte.
    No espero que el tiempo corrija las injusticias pero sí aspiro a atreverme a denunciarlas, a soltar el peso de las pequeñas y grandes traiciones del pasado, a vivir ligera de equipaje y cantar con mi paisano Víctor Manuel “soy un corazón tendido al sol”.

  2. lector en la sombra

    Tras mi apagón ocasional sobre “toda pasión apagada” y, en general, sobre toda otra lectura (tengo rachas) tomé “la buena letra” y la leí prácticamente de un tirón. Me ha gustado su lenguaje sencillo, directo y eficaz, me ha interesado el escenario de posguerra en que se desarrolla y me ha intrigado la historia que cuenta. La madre de mi madre enviudó durante la guerra civil, huyó con sus hijos al campo de refugiados republicanos de Noirlac y volvió a España donde, sin saber leer ni escribir, sacó adelante a sus siete hijos, pasando hambre real y verdadero frío. A pesar de ello, cuando mi madre y mis tías y tíos se reunían, sus recuerdos de aquella época eran felices y reían de buena gana recordando las frases de preocupación por el futuro que expresaba mi abuela. ¿Por qué, por el contrario, el tono general de “La buena letra es tan amargo? Creo, y aquí podríamos enlazar con una perspectiva de género, que la clave está en el enigmático capítulo que empieza en la página 121, en el que Ana comprende la pasividad de su esposo y el dominio moral que sobre él ejerce su cuñado y dice: “Ahora sabía que la salvación era el calor que notaba cuando me acercaba a la cama de tu hermana, y también el silencio de tu padre viendo impasible cómo una desconocida empujaba a su mujer y a su hija. Eso era la salvación, el amor”. El problema es que Ana no se ama a sí misma y, por esa misma razón, es incapaz de amar y, por tanto, de salvarse. Ana reconoce vagamente el amor al calor de su hija y lo confunde con otra cosa cuando contempla la pasividad de su esposo ante la agresión de sus cuñados. “Tampoco a él su esfuerzo lo había salvado de nada”. Ana se esfuerza, es abnegada, acepta el sacrificio y el sufrimiento, pero Ana no se salva por el amor. Si Ana amase, empezando por amarse a sí misma, se rebelaría, se defendería ella y defendería a los suyos. Isabel tiene razón cuando retrata a la familia de Ana como una familia mezquina. Al no poder reaccionar, Ana acumula rencor contra todos, incluso, al principio del libro, contra su nuera porque le estropea unas sábanas por las que tampoco siente afecto y de las que se desprende fácilmente. Su rencor es tan grande que es la razón que le lleva a escribir todo su sentimiento a su hijo para que éste herede su rencor. Cuando su marido agoniza en el hospital, es incapaz de exigir o de pedir el coche de Mullor para poder ir a verle antes de que muera. Su rencor se extiende a su cuñado, cuyo amor por ella se limitó a guardar un retrato boca abajo en el cajón de su mesilla de noche, a su cuñada Gloria, otra persona que, de otro modo, también se autodestruye y a quien Ana considera un perrillo faldero de Antonio y de Isabel. Entonces ¿Es la postura de Isabel, ambiciosa y libre de escrúpulos, la correcta? Creo que no. Es el amor propio, y, en consecuencia, por los suyos, lo que le falta a Ana. No se si ésta habrá sido la intenciónde Rafael Chirbes cuando escribió el libro.

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