“Toda pasión apagada”, de Vita Sackville-West


SESIÓN 8 (martes 2 de marzo de 2010)


Toda pasión apagada / Vita Sackville-West. — Madrid : Alfaguara, 1990. — 212 p. — (Colección Literaturas ; 305)

Entrega: 1 de febrero de 2010
Devolución: 2 de marzo de 2010

Resumen: Lord Slane, baluarte del Imperio y gran estadista, ha muerto. Le sobreviven su viuda y seis hijos dispuestos a ocuparse de ella. Pero Lady Slane tiene otros planes: la sumisa esposa y complaciente madre quiere, al fin, vivir su propia vida.

En una pequeña casa en Hampstead, decide cambiar el curso de su historia personal, recuperar sus sueños y descubrir la pasión que empeñó por las estrechas convenciones de un matrimonio victoriano.

Más información:
Club de Críticos de NOSOLOLIBROS
Lesbianas.tv
Cultura lesbiana

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5 Respuestas a ““Toda pasión apagada”, de Vita Sackville-West

  1. respuesta hasta el momento ↓

    Ana Carriles // 25 Febrero 2010 a 10:30 am | Responder

    Lady Slane, una mujer de 88 años que ha sido la impecable esposa de un gran estadista, acaba de enviudar.
    Sus seis hijos, acostumbrados a la docilidad de la madre, organizan la vida de ésta sin sospechar que ella tiene otros planes.
    Tras haber hecho siempre lo que se esperaba de ella, Lady Slane decide irse a vivir sola a una casa alquilada lejos del bullicio social y familiar con su criada Genoux.
    Allí vivirá los últimos días de su vida encontrando una paz tan solo reservada a quienes ya no esperan grandes cosas de la vida pero que son capaces de asomarse al delicado disfrute de las pequeñas cosas.
    La 1ª parte de la novela contiene algunos momentos y reflexiones de gran belleza.
    Es muy hermosa la forma en que la casa es alquilada a través de una relación donde priman la sensibilidada y la confianza en lugar del beneficio.
    Una casa es algo que posee un “alma” y no se cede fácilmente a cualquiera. Quienes han cedido su propia casa temporalmente a alguien lo saben.
    Por eso la simpatía que surge de inmediato entre Lady Slane y su casero, Mister Bucktrout, hace que se cuiden mutuamente.
    Hermoso también el personaje de Mister Gosheron, ocupado en reformar la casa con gusto y dedicación. Un hombre que ama la madera y se toma su tiempo para conseguir un trabajo bien hecho.
    Todos ellos, Lady Slane, Genoux, y los dos caballeros, aprecian la paz que da la vejez sin esa premura, esa ambición, esa insatisfacción propia de los jóvenes que tanto les agota: “no les basta con hacer una cosa sino que además quieren saber para qué la hacen”.
    Un pensamiento muy de moda en nuestros días, muy “zen”, que tiene que ver con estar presente en lo que se hace, con estar sencillamente con lo que hay.
    Lady Slane tiene un temperamento contemplativo y recién ahora, a sus 88 años, puede al fin desentenderse de la frenética actividad a la que se vió arrastrada como esposa y madre.
    En la 2ª parte la protagonista, ya instalada en su nueva casa, puede por fin deslizarse por su vida con suavidad, recordando, deteniéndose, viendo el conjunto de su vida con la distancia con que se aprecia un cuadro.
    Aquí se relata cómo las mujeres de su época (entre finales del siglo XIX y primeras décadas del XX) no podían desarrollar su verdadera pasión -si es que la tenían- pues se esperaba que ésta se correspondiera y amoldara a un único tema, a un solo escenario: el matrimonio y la maternidad.
    Ella renuncia a sus deseos de ser pintora y esa renuncia siempre arderá por debajo de su papel perfectamente representado, crepitando como una hoguera cada vez más reducida a ascuas y finalmente a cenizas.
    Muy bien retratado el estado casi de “sonambulismo” que la lleva de acá para allá en una vida que parece haber elegido pero que en realidad han elegido para ella.
    Sin embargo aquí siento cierta incomodidad, pues ella en ningún momento pinta nada, ni antes ni después de casarse. No hace ningún intento real de dedicarse a su pasión por lo que no llega a tropezar con prohibiciones o desprecios a causa de su arte. Si Lady Slane hubiera hecho algún intento su vocación me parecería más auténtica, menos sospechosa de no ser sino una excusa para permanecer aferrada “a lo que puedo haber sido y no fue”.
    En la 3ª parte se produce el encuentro entre la dama y un caballero del que hemos tenido noticias en la 1ª parte, Fitz-George, amigo de Kay, uno de los hijos de Lady Slane.
    La relación entre ellos es un último regalo de la vida pues les da la oportunidad de compartir hermosos momentos después de haber estado recordándose el uno al otro durante 60 años por un efímero -y perturbador- encuentro.
    Lo que no me resulta nada coherente aquí es el personaje de Fitz-George, que en la 1ª parte aparece como alguien absolutamente incapaz de la menor intimidad -está a punto de perder a su mejor amigo por no ser capaz de darle el pésame por la muerte de su padre- y ahora se presenta (sin avisar) en casa de Lady Slane y le desnuda el alma sin ningún reparo.
    En cuanto al carácter desprendido en lo económico de Lady Slane, me parece un lujo propio de alguien a quien nunca le ha faltado nada, a quien el bienestar material le ha sido concedido sin ningún esfuerzo.
    La vida le dió “…todo lo que no quería. Ella miraba los lirios del campo…”
    Si hubiera nacido pobre quizá no habría tenido tiempo para admirar las flores y desde luego no habría rechazado la fortuna que heredó.
    No me parece pues tan meritoria esa renuncia ni el modo en que se desentiende de sus hijos, nietos y biznietos.
    Más bien me parece triste que el resultado de una vida dedicada a su familia se traduzca en una casi absoluta falta de amor por ella.
    O quizá sea eso lo que sucede cuando una mujer deja de ser ella misma y vive en función de los demás.
    Ojalá encontremos las mujeres la forma de vivir con plenitud nuestras pasiones sin que se anulen unas a otras, amando nuestro arte, nuestra familia y la vida que nos ha sido dada.

  2. CARMEN BALLESTER

    TODA PASIÓN APAGADA

    Me ha parecido un buen libro, interesante, intimista y sincero, su estilo es fluido aunque los capítulos me parecieron excesivamente largos.

    Las reflexiones y puntos de vista de la protagonista tienen un enfoque original y feminista considerando la época en que fue escrito y el momento crucial de la vida a que se refiere.

    Un libro revelador en cuanto trata de una etapa crucial en la vida de todas las personas y profundiza en sentimientos y reflexiones con sinceridad y profundidad.

    No puedo evitar ver la influencia de Wilde, que murió unos 40 años antes, en algunos aspectos básicos como la crítica a la clase alta británica con sus prejuicios y su hipocresía; también en sus paradojas como cuando se refiere a su hijo diciendo que solo valora las cosas por su precio y no por su belleza, recordando una de las múltiples paradojas de Wilde “he knows the prize of everything and the value of nothing”; por último también me recordó al final del Príncipe Feliz de Wilde, cuando los políticos ven la estatua del príncipe y frivolizan sobre su inutilidad y eminente destrucción, la escena de la hija ante su madre muerta, sus reflexiones y su escepticismo con respecto a la gente que su madre quería.

    El contenido de género es evidente a lo largo del libro, cuando relata cómo tuvo que sacrificar su sueño para apoyar a su marido e hijas e hijos a lograr los suyos, es irónico que no fueran ni la mitad de soñadores que la protagonista; también lo está en la dificultad de la mayoría de sus hijos para aceptar sus decisiones y opciones de vida, como si ella no tuviese derecho a vivir por sí misma.

    Es interesante que a pesar de pertenecer a la clase alta y cumplir con las convenciones sociales aceptando el papel que le correspondía durante toda una vida, opte en su vejez por su libertad.

    Su descripción de la clase alta británica me pareció muy certera, tocando temas tabú como la falta de afectividad entre miembros de familias y el estilo de vida de la sociedad imperialista de aquella época. Aún así me impresionó el desapego con el que habla de sus hijos y la frialdad de éstos hacia ella.

    Otro tema interesante en el que coincide con “La elegancia del erizo” es en destacar que hay dos tipos de seres humanos, aquellos que gustan de la acción, creen en el sistema y valoran lo material, el poder y lo establecido; y otros seres más libres o puros que gustan de la contemplación, aprecian la belleza y tienen un código moral y estético por el que se rigen. En el primer grupo entrarían sus hijas e hijos exceptuando a dos y en el segundo estos dos hijos, su sirvienta, sus nuevos amigos y su nieta.

    La lealtad de la sirvienta y el traslado de sus afectos sacrificados a los hijos y a la señora es un tema real y recurrente hasta hace pocos años, lo refleja con ternura y humor.

    Por último me pareció hermoso el final, su última charla con la nieta estaba cargada de magia y creaba un vínculo entre el principio y el final de la vida, la juventud y la vejez unidas por el cariño, la comprensión, la complicidad y el afecto, real como la vida misma.

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