“Un árbol crece en Brooklyn”, la lectura del verano


El nuevo curso comenzará con la reunión correspondiente al libro Un árbol crece en Brooklyn, lectura del verano 2009.

Fecha prevista para la próxima reunión (pendiente de confirmación definitiva): miércoles 7 de octubre de 2009.

Resumen del libro

El clásico norteamericano sobre la infancia y juventud de una hija de inmigrantes en el Brooklyn de la década de 1920. Francie Nolan adora leer, y lo hace sentada en las escaleras de emergencia de su casa, a la sombra de un árbol. Ésta es la entrañable historia de su vida y la de los Nolan en general, una familia pobre, de raíces irlandesas y austriacas, que llegó a América buscando prosperidad. Francie crece con un padre dulce pero débil y demasiado pegado a la botella, de manera que el verdadero soporte de la familia es su madre, que trabaja limpiando las escaleras de la vecindad. Un coro de familiares y amigos rodea a la familia, pero queda claro desde el principio que son las mujeres Nolan las que de verdad pisan fuerte en la vida. Como aquel árbol que le da sombra mientras lee, y que crece en el cemento, la ingeniosa Francie lucha contra toda clase de obstáculos para sobrevivir y salir adelante. Una novela repleta de personajes vivos, que recrea la década de 1920 en Brooklyn y el sueño americano de miles de inmigrantes.

Recursos relacionados

Basada en este libro está disponible en el Centro de Documentación la película Lazos humanos, con la que debutara el director de cine Elia Kazan.

Citas del libro

p. 26: … replicó Neeley, con ese simpático don que tenía de llevarse bien con todos sin renunciar a sus ideas:

-No le hacemos nada, señora– dijo Neely con la misma sonrisa conciliadora con que sabía conquistar a su madre.

p. 48: La tía –se decía Francie- comprende a las niñas… Otra personas, si bien creen que los niños son adorables, no ven en ellos sino una calamidad evitable. En cambio, Sissy los trata como a seres humanos dignos de consideración.

p. 76: Así eran las mujeres Rommely: Mary, la madre; Evy, Sissy y Katie, sus tres hijas, y también Francie, que de mayor acabaría siendo como las Rommely, a pesar de llevar el apellido Nolan. Todas eran criaturas frágiles, con ojos grandes de asombro y voces suaves y armoniosas. Pero forjadas en acero invisible.

p. 80: En ella había todo aquello y algo más que no provenía de los Nolan ni de los Rommely, ni de su afán por la lectura, ni de su don de observar, ni de su vida cotidiana. Era algo innato en ella y sólo en ella, diferente de los componentes de las dos familias. Ese toque sobrenatural que Dios o su equivalente pone en todas las almas a quienes infunde vida. Es lo que no permite que haya dos huellas dactilares iguales sobre la faz de la tierra.

p.95: … era buena porque allí donde aparecía había vida, alegría, bondad, ternura; se saboreaba su existencia.

p.165: La escuela no era siempre desagradable. Todas las semanas había media hora de gloriosa felicidad cuando el señor Morton daba clase de música al curso de Francie; era un profesor especializado que se ocupaba de la clase de música de todas las escuelas del distrito. Cuando llegaba era una fiesta. Usaba levita y un lazo bohemio. Era tan vibrante, alegre y gracioso, tan lleno de vida, que parecía un dios venido de las nubes. Era sencillo y a la vez galante y enérgico. Comprendía y amaba a los niños; ellos le adoraban. Las maestras le idolatraban. Cuando el señor Morton dictaba su clase imperaba una alegría carnavalesca. La maestra se ponía su mejor vestido y no era tan ruin. En esa ocasión solía perfumarse y rizarse el cabello. Éste era el efecto del profesor de música sobre las mujeres.

Entraba como un torbellino. Se abría la puerta y él se precipitaba en la clase con las colas de la levita revoloteando tras él, subía a la tarima, miraba a uno y otro lado sonriendo y decía: ¡Bien! ¡Bien! ¡Bien!

p.166: Dibujaba notas en el encerado. Sobre ellas trazaba pequeñas piernas para que pareciera que se escapaban del pentagrama. Dibujaba un bemol que se asemejaba a un gnomo y un sostenido como una nariz ganchuda asomándose detrás de aquél. Todo el tiempo cantaba alegremente con la espontaneidad de un pájaro. A veces su felicidad se desbordaba de tal manera que no podía contenerla y allá iban unos pasos de baile como desahogo.

p. 176: Francie descubrió  que la gran diferencia que existía entre uno y otro colegio era debido en gran parte al conserje. Éste era un hombre canoso, de rostro encendido. Hasta el mismo director, cuando se dirigía a él, le llamaba “señor Jenson”. Tenía hijos y nietos a quienes amaba mucho. Era paternal con todos los niños.

p. 177: Cuando algún niño se portaba mal no lo enviaban al despacho del director, sino al cuarto de Jenson para que él le diera un sermón. Él nunca regañaba a los niños. Les hablaba de su hijo menor, que era el pitcher del equipo de béisbol de los Dodgers; les hablaba de la democracia y de la mejor manera de ser un buen ciudadano, y de un mundo mejor donde cada uno trataba de hacer todo lo posible en beneficio de todos. Después de una charla con el señor Jenson, se podía contar con que aquel niño no seguiría dando problemas.

p.183: … Por lo que Tammany da al pueblo le saca el doble. Espera a que voten las mujeres….-Johnny la interrumpió con una estrepitosa carcajada-. ¿No crees que votaremos? Ese día llegará, y recuerda lo que estoy diciendo, ese día meteremos a todos los politiquillos de mala fe donde les corresponde estar: ¡entre rejas!

p. 184: Quiero ir porque me gusta vivir –fue la extraña razón.

p. 186: … pero generalmente no son las niñas las que pierden. Por lo general se aferran a lo que tienen, por poco que sea.

p. 200: En aquella época Francie dijo su primera mentira deliberada. Fue descubierta y decidió convertirse en escritora.

p. 201: Bondadosamente, la maestra le explicó la diferencia que existe entre un mentira y un cuento. Una mentira es lo que se dice por maldad o cobardía, un cuento es lo que uno inventa respecto de algo que pudo haber sucedido; en el cuento uno no relata las cosas como han sucedido, sino tal como uno cree que debieran haber ocurrido.

Mientras la maestra hablaba, en Francie se iba desvaneciendo una gran preocupación. Últimamente le había dado por exagerar las cosas. No se atenía a la realidad y deformaba los acontecimientos para darles colorido, para hacerlos palpitantes y dramáticos…

– Ya sabe, Francie, que mucha gente puede pensar que esos cuentos que inventa continuamente son mentiras, porque no es la realidad tal como ellos la ven. En adelante, cuando suceda algo, cuente lo sucedido exactamente, pero escriba para usted lo que crea que debería haber sucedido. Diga la verdad y escriba el cuento. Así no tendrá problemas.

p. 210: … con solo oírla podía mejorar. La señorita Jackson sabe muchas cosas, es comprensiva también. Puede vivir en medio de un barrio inmundo y seguir siendo limpia y fina como una actriz en el escenario, como algo tan delicado que se puede mirar pero no tocar. No se parece en nada a la señora McGarrity, que tiene tanto dinero y es demasiado obesa y trata tan mal a los que llevan mercancías al negocio de su marido. ¿Y cuál es la diferencia entre ella y la señorita Jackson que no tiene dinero?. En el cerebro de Katie súbitamente la respuesta, tan sencilla que fue como si un relámpago cruzara su mente. ¡Educación! Eso era. Era la educación lo que diferenciaba a las dos mujeres. La educación la colocaría por encima de la miseria y la inmundicia. ¿La prueba? La señorita Jackson era educada y la señora MacGarrity no lo era. ¡Ah! Eso era lo que Mary Rommely, su madre, le venía pregonando año tras año, pero su madre no había encontrado la palabra clara y precisa: educación.

p. 236: Esa amarga sumisión volvía al hombre cruel y  brutal. En la mayoría de los casos, el acto de amor era para ambos un acto de violencia, cuanto más rápido, mejor.

p. 300: No, Katie nunca era ridícula. Siempre movía sus bien formadas aunque maltrechas manos con seguridad, ya fuera para colocar en un vaso de agua una flor tras quebrar el tallo con un certero movimiento, o para escurrir un trapo de una sola retorcida, la mano derecha para un lado, la izquierda para el otro, simultáneamente. Cuando hablaba, decía la verdad directa y sin rodeos. Y sus pensamientos transitaban por una senda recta, inflexible.

p. 363:… Más guerras no surgieran si todas las mujeres dijeran: yo no crié a mi hijo para que fuera soldado…

p. 480: … ¿Qué era lo que había dicho la abuela Rommely? Hay que mirarlo todo como si fuese la primera o la última vez. Así tu paso por la tierra estará repleto de dicha.

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4 Respuestas a ““Un árbol crece en Brooklyn”, la lectura del verano

  1. Bueeeeeno! Enhorabuena por el trabajo.
    Daré clases todos los miércoles del primer cuatrimestre, si la hora es tardía. aun tendré posibilidad de asistir.
    En caso contrario, estaré conectada este periodo a través del blog.

    Un abrazo grande y ancho.
    Pepa.

  2. El blog ha quedado estupendo.
    Yo soy de las que voto por los miércoles pues los lunes me vienen fatal.
    Un beso

  3. Hola : A mi los lunes me va fatal, ya que la mayoría no estoy en Sevilla, así que voto el miercoles.

    Un abrazo
    Graciela

  4. Pingback: Los libros del 2015 | [ generando lecturas ]

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