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El amor no es como nos contaron…

Como el año pasado, celebramos el Día de Enamoradas y Enamorados con una reflexión sobre el amor; en este caso se trata de la introducción del libro de El amor no es como nos contaron… ni como lo inventamos, de Clara Coria (Paidós, 2011):

Acceso a la introducción

Lo que desarrolla esta introducción es la teoría -sostenida también por George Duby y otras autoras y autores- de que el amor de pareja ha sido construido socialmente a lo largo de la historia y cómo, aun cuando esta construcción ha desplegado a lo largo de los siglos una amplia diversidad de contenidos, ha mantenido, a pesar de ello, la constante vinculada a los lugares asignados a mujeres y a varones en la dinámica amorosa: el lugar asignado a la mujeres ha sido siempre el lugar de objeto, y este lugar de objeto “significa claramente ser objeto de deseo de otro”, lo que supone, entre otras cosas, que las mujeres quedan instaladas en el papel de espectadoras dependientes de las necesidades de otros, convencidas de que el deseo es patrimonio ajeno, convicción reforzada culturalmente por siglos de marginación en todos los niveles.

Y, entre otras cosas, a lo largo del libro se sostiene que la concepción del amor de pareja por parte de las mujeres que confunde amor con cuidado excesivo está construida a imagen y semejanza del amor maternal y pone en situación de clara desventaja vital a las mujeres respecto de los hombres.

En este sentido, en las páginas preliminares se puede leer: 

“Muchas mujeres cuidan a los hombres como si fueran sus hijos pero les reclaman como a padres, y muchos varones tratan a las mujeres como hijas pero exigiéndoles como a madres”.

A las mujeres, pues, nos quedan muchas revoluciones pendientes –además de mantener los logros ya alcanzados, cosa que nos ponen difícil casi cada día-, como es la de modificar las relaciones de pareja y otras relaciones amorosas, adoptando el papel que nos corresponde de sujeto pensante y actuante, que sabe lo que quiere y necesita y actúa en consecuencia.

Recomendamos, pues, la lectura de la introducción y del libro completo de Clara Coria, además del texto sobre el amor de Victoria Sau  que propusimos el año pasado por estas fechas, en el que esta ilustre psicóloga feminista planteaba que solo puede darse amor en relaciones verdaderamente igualitarias, contrariamente a lo que sucede en la sociedad patriarcal actual.

Mencionar también que desde hace un tiempo el 14 de febrero se celebra, sobre todo en ámbitos anglosajones, el V-Day (V de Vagina o de Victoria), proyecto que busca establecer una conexión entre el amor y el respeto a las mujeres, puesto en marcha a raíz de la respresentación de Monólogos de la vagina, el libro de monólogos de Eve Ensler que el grupo de lectura abordó el año pasado para sumarse a esta celebración.

Reflexión sobre el amor para celebrar el 14 de febrero

Ahora que se acerca el Día de San Valentín -para cuya celebración ya abrimos boca en nuestra reunión del mes de febrero con la estupenda y reivindicativa lectura de Monólogos de la vagina- quiero compartir con el resto de “congéneres” esta reflexión de Victoria Sau sobre el amor, incluida en las actas de unas Jornadas sobre Mujer y Cultura organizadas por el Instituto Andaluz de la Mujer en 1992 a las que tuve la suerte de asistir.

En el texto, la insigne feminista catalana plantea que solo puede darse amor en relaciones verdaderamente igualitarias, contrariamente a lo que sucede en la sociedad patriarcal actual.

Así que aquí está mi regalo y mi enhorabuena para quienes aman con respeto!:

El amor, entre la barbarie y la cultura, por Victoria Sau

Aure Daza, Centro de Documentación María Zambrano

“La hija de Robert Poste”, de Stella Gibbons

SESIÓN 15 (lunes 10 de enero de 2011)

Stella Gibons (Inglaterra, 1902-1989)

 La hija de Robert Poste/ Stella Gibbons; traducción del inglés a cargo de José C. Vales. — Madrid : Impedimenta, D.L. 2010. 357 p.

Fecha de entrega: 29 de noviembre de 2010
Fecha de devolución: 10 de de enerode 2011

Resumen: “Ganadora del Prix Femina-Vie Hereuse en 1933, y mítico long-seller, La hija de Robert Poste está considerada la novela cómica más perfecta de la literatura inglesa del XX. Brutalmente divertida, dotada de un ingenio irreverente, narra la historia de Flora Poste, una joven que, tras haber recibido una educación «cara, deportiva y larga», se queda huérfana y acaba siendo acogida por sus parientes, los rústicos y asilvestrados Starkadder, en la bucólica granja de Cold Comfort Farm, en plena Inglaterra profunda. Una vez allí, Flora tendrá ocasión de intimar con toda una galería de extraños y taciturnos personajes: Amos, llamado por Dios; Seth, dominado por el despertar de su prominente sexualidad; Meriam, la chica que se queda preñada cada año «cuando florece la parravirgen»; o la tía Ada Doom, la solitaria matriarca, ya entrada en años, que en una ocasión «vio algo sucio en la leñera». Flora, entonces, decide poner orden en la vida de Cold Comfort Farm, y allí empezará su desgracia.” (La Editorial)

La novela fue llevada al cine en 1995 con el título original de “Cold Comfort Farm“.

Valoración

Parece que la mayoría del grupo no ha apreciado el humor de este libro, si bien algunas lo hemos pasado muy bien leyéndolo -no tanto, quizá, como prometían las críticas, que lo calificaban de hilarante-.

Flora, el personaje central, es un poco cínica y manipuladora, al gusto de componentes de nuestro grupo, y sí, parece bastante frívola y con unos planteamientos poco feministas, pero su modo de influir en las personas es ayudándoles a que encuentren su verdadero camino, y, en el fondo, es una sentimental, aunque ella pretenda ir de todo lo contrario.

Ella misma se define a sí misma diciendo que cree que tiene mucho en común con Jane Austen, pues, como le pasaba a ella, le gusta que todo a su alrededor sea pulcro y agradable y amable.

Más información y críticas del libro:

 Más información de la autora:

Citas del libro:

p. 24: El carácter de la señora Smiling [la amiga de Flora] era firme, y sus gustos muy refinados. Su método para tratar con la caprichosa naturaleza humana, cuando ésta insistía en imponer la grosería en su modo de vida, era rápida y efectiva; ella fingía que las cosas no eran como eran, y habitualmente, después de un tiempo, dejaban de serlo… “Desde luego, si tú animas a la gente a pensar que son desordenados, al final serán desordenados”; ésta era una de las máximas favoritas de la señora Smiling. Y otra era: “Tonterías, Flora. Son imaginaciones tuyas”.

p. 27: [Flora contesta a su amiga] … y me  preguntó qué era lo que me interesaba.

Así que le dije que, bueno, la verdad era que no estaba muy segura, pero que en términos generales me gustaría que todo a mi alrededor estuviera ordenado y tranquilo, y que no me molestaran mandándome hacer cosas, y poder reírme con la clase de chistes que otras personas no consideran en absoluto divertidos, y que no me pidieran expresar opiniones sobre cualquier cosa (como el amor, y “¿no te parece fulanita un tanto peculiar?”)…

p. 36: Si quieres que te diga la verdad –añadió Flora-, creo que tengo mucho en común con la señorita Austen. A ella le gustaba que todo a su alrededor fuera pulcro y agradable y amable, y a mí me pasa lo mismo. Ya ves, Mary –y aquí Flora comenzó a hablar con seriedad y a negar con el dedo índice-, a menos que todo sea pulcro y agradable y amable, la gente no puede siquiera comenzar a disfrutar de la vida. No puedo soportar el desorden.

p. 211: [Describiendo a la chica que Flora acoge bajo su protección] … una muchachita honesta, capaz de amar profunda y sosegadamente, amable y de dulce carácter, y enamorada de las cosas bonitas.

p. 250: [Describiendo a un amigo de Flora] … Había visto morir a sus amigos en la guerra, entre horribles sufrimientos. Para él, todo lo que le quedaba en la vida era un juego divertido que ningún hombre de gusto e inteligente podría tomarse en serio.

p. 332: … y Flora salió de su alcoba tranquila, alegre, y elegante, y dispuesta a disfrutar de los placeres del día.

p. 333: Flora reprimió en su interior las estúpida idea de que…

p. 334: [Clara hablando de su bruta familia en una fiesta en Cold Comfort Farm] Estaban todos allí. Disfrutando de aquel amable acontecimiento. Y disfrutándolo del modo más usual entre el común de la raza humana. No porque estuvieran violando a alguien, o porque lo estuvieran golpeando, o porque lo estuvieran sometiendo a una persecución religioso o condenándolo al ostracismo por culpa de un orgullo sádico y vicioso, o porque adoraran el terruño con el feroz deseo de un pervertido, ni ningún motivo parecido. No, simplemente estaban disfrutando de un sencillo acontecimiento mundano, como lo haría cualquier ser humano en el mundo.

Fragmento del relato “Un árbol. Una roca. Una nube”, de Carson McCullers

Amigas, para compensar mi ausencia en la última reunión os envío el extracto que os prometí sobre el amor que aparece en un relato del libro “El aliento del cielo”, de Carson McCullers. Aquí va para vosotras con todo mi cariño… Carmen Ballester

“Lo que pasó fue esto. Ahí estaban esos sentimientos hermosos y esos pequeños placeres sueltos, dentro de mí. Y esta mujer era para mi alma algo así como una cinta de montaje. Hacía pasar por ella esos poquitos de mí mismo y salía completo. ¿Me sigues ahora? (…) En esas circunstancias, ya te puedes imaginar cómo me quedé cuando me dejó. (…) Fuí a todas las ciudades que había mencionado alguna vez, buscando a todos los hombres que habían tenido alguna relación con ella. Tulsa, Atlanta, Chicago, Cheehaw, Memphis… Durante casi dos años corrí por el país tratando de encontrarla. La verdad es que el amor es una cosa extraña. Al principio no pensaba más que en que volviera. Era una especie de manía. Luego, según pasaba el tiempo, trataba de recordarla, pero ¿sabes qué ocurría? (…) Cuando me tumbaba en la cama y trataba de pensar en ella, mi cabeza se quedaba en blanco. No podía verla. Y entonces sacaba sus fotografías y las miraba. Nada, no había nada que hacer. Era como si no la viera. ¿Puedes imaginarlo? (…) Pero un pedazo de cristal inesperado en la acera o una canción de cinco centavos en un gramófono automático, una sombra en una pared por la noche, y recordaba. A veces eso me ocurría por la calle y yo me echaba a llorar y me golpeaba la cabeza contra un farol. ¿Me comprendes? (…) Cualquier cosa. Daba vueltas por ahí y no tenía poder sobre cómo y cuándo recordarla. Uno cree que se puede poner encima una especie de blindaje. Pero el recuerdo no viene al hombre así, de frente, viene por las esquinas, dando rodeos. Estaba a merced de todo lo que oía o veía. De repente, en vez de ser yo el que atravesara el país para encontrarla, empezó ella a perseguirme en mi propia alma. Ella persiguiéndome a mí, !fíjate! Y en mi alma. (…) Yo era un pobre mortal enfermo. Era como la viruela. Te confieso, hijo, que me emborraché, forniqué, cometí cualquier pecado que de pronto me apeteciera. Me avergüenza confesarlo, pero así es. Cuando recuerdo esa temporada, está todo confuso en mi mente; fue terrible.

-Pasó el quinto año. Y con él empezó mi ciencia. (…) Es difícil explicarlo científicamente, hijo. Me figuro que la explicación lógica es que ella y yo nos habíamos perseguido tanto tiempo que al fin nos hicimos un lío, nos echamos atrás y lo dejamos. Paz. Un vacío extraño y hermoso. (…) Yo me quedába allí, en mi cama, echado en la oscuridad. Y así me vino la sabiduría. (…) Es esto. Escucha atentamente. Medité sobre el amor y saqué la conclusión. Me di cuenta de qué es lo que nos pasa. Los hombres se enamoran por primera vez. Y ¿de qué se enamoran? (…) De una mujer. Sin sabiduría, sin nada para poder ir por ahí, emprenden la experiencia más sagrada y peligrosa de este mundo. Se enamoran de una mujer. (…) Empiezan por el revés del amor. Empiezan por el punto crítico. ¿Te das cuenta de por qué es algo tan desgraciado? ¿Sabes cómo deberían querer los hombres? (…) Hijo, ¿sabes cómo debería empezarse el amor? (…) Un árbol. Una roca. Una nube. (…) Medité y empecé con precaución. Cogía cualquier cosa de la calle y me la llevaba a casa. Compré un pececillo dorado y me concentré en él y lo amé. Pasaba gradualmente de una cosa a otra. Día a día iba adquiriendo esa técnica. (…) Ya hace seis años que voy por ahí solo haciéndome mi saber. Y ahora soy un maestro, hijo. Puedo amarlo todo. No tengo ya ni que pensar en ello. Veo una calle llena de gente y una luz hermosa entra dentro de mí. Miro a un pájaro en el cielo o me encuentro con un viajero en el camino. Cualquier cosa, hijo, o cualquier persona. ¡Todos desconocidos y todos amados! ¿Te das cuenta de lo que puede significar una ciencia como la mía?.”

Al final de “Una roca. Un árbol. Una nube” el chico que escucha la historia del viejo que predica las virtudes y riesgos del estudio de la ciencia del amor, le pregunta si se ha vuelto a enamorar de alguna mujer. El viejo –que tiene agarrado al niño por el cuello de su chaqueta de cuero- lo suelta, bebe un trago largo de cerveza y por fin responde:
“-No, hijo. Fíjate, ése es el último paso de mi ciencia. Voy con cuidado. Todavía no estoy preparado del todo.”